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sábado, 16 de enero de 2021
ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ DOMINGO 17/01/2021
MIBELIS ACEVEDO DONÍS, RENUNCIAR A LO PERDIDO
“Quiero
el país que ya no tengo, el país que se fue. Quiero que me lo devuelvan los que
me lo arrebataron”, declaran abiertamente algunos ante la noción de la oquedad,
de lo lastimosamente ido. Y no sorprende. Ya Sigmund Freud se había paseado por
las espinas de esa “exigencia de eternidad”, un producto tan propio de nuestra vida
desiderativa “como para reclamar un valor de realidad”. Sin embargo, en “La
transitoriedad” (1916), una peculiar, casi poética y alentadora reflexión sobre
la melancolía y los enigmas del duelo, nos invita a pensar sobre la belleza de
lo perentorio. Sobre la utilidad de perder, desprendernos genuinamente de lo
que ya no se tiene, re-encauzar el impulso vital hacia lo próximo, lo que
espera y nos renueva. Hela allí, pues, la esperanza.
Tras
dialogar con un poeta escamado por la fragilidad de toda belleza natural o
humana, Freud se pregunta: “¿por qué este desasimiento de la libido de sus
objetos habría de ser un proceso tan doloroso? No lo comprendemos, ni por el
momento podemos deducirlo de ningún supuesto. Sólo vemos que la libido se
aferra a sus objetos y no quiere abandonar los perdidos, aunque el sustituto ya
esté aguardando. Eso, entonces, es el duelo”. Así Freud ilustra su propio
asombro, su incertidumbre ante la cura. Eso no le impide ver, sin desazones,
que lo transitorio tiene valor cuanto menos tiempo perdura. Esa brevedad,
paradójicamente, suma resbaladizo encanto a los objetos, los reviste de
significación, hace más tenso el ritual de tener y perder. De regocijarse,
superarlo y crecer, finalmente.
En
esta Venezuela acogotada por el "dolus" y el "duellum",
donde la mordiente melancolía ha ido naturalizando las parálisis, tales
pensamientos caen como un propicio volitivo. Esa energía individual y colectiva
que luce tan enflaquecida sin duda tiene chance -debe hacerlo- de recomponerse.
El asunto es saber exactamente de dónde partir, a cuenta de qué insumos
emprender ese camino, cómo reencauzar ese impulso sin que haya cargas que, por
innecesarias, lo atajen a priori.
Entre
la dirigencia política se habla de rectificación, por ejemplo, de retomar la
vía electoral desatendida, de restablecer la conexión con la sociedad civil y
sus agendas. Y la pregunta que cabe es si implícito en ese propósito hay una
genuina comprensión del empobrecimiento, la adulta aceptación de un fin y la
gestión de su inevitable malestar, el compromiso con la evolución. Esto, porque
nos consta que el pasado de toda índole, desde el más remoto al más cercano,
desde el más épico al más profano, siempre insiste en ser reanimado, no siempre
para bien. Y no es que no tengamos derecho a la añoranza de tiempos que
juzgamos gloriosos, a condenar el infame retroceso o a abrazar, como a la tabla
que auxilia en medio de un mar picado, hitos que surcan el gentil abecedario de
nuestra idiosincrasia. Pero hay peligro en no advertir cuán desnudos o no
estamos para emprender aquí y ahora un recomienzo, para “corregir una cosa para
que sea más exacta o perfecta”. No es lo mismo rectificar un rumbo ligeramente
desviado que asumir una obra prácticamente desde la base y sin recursos.
Este
es quizás nuestro caso. Durante los últimos años ha habido demasiada distorsión
y menoscabo identitario, demasiado descenso y catacumba como para no notarlo.
Un plan realista consideraría entonces ajustar nuestros paradigmas a los nuevos
contextos y sus nuevas estrecheces, fluir con la circunstancia sin dejar de
apelar a una honesta, madura consciencia del fracaso. Sin eso, que supone
distinguir cuánto de nuestra amarga resistencia remite a una rebelión contra el
duelo, costará más aprehender la esquiva democracia. El atasco en el Taedium
Vitae, la “revuelta contra esa facticidad aseverada” frena la capacidad para
sustituir lo malogrado por otros objetos que, plenos de verdad, también
pudiesen resultarnos entrañables y valiosos.
Dolor
y reestructuración. Separación, discernimiento de la ausencia y
auto-recomposición. Todo eso nos está pidiendo este vidrioso pero no menos
interesante momento. Pensar otro país -no uno que calce en las hormas siempre pulcras
e irrepetibles de la memoria, sí uno que se vaya rearmando a partir de estos
deshilachados fondos- parece ser lo saludable. Lejos de cualquier bellaca
acusación de conformismo, se trata de restañar la vieja llaga, de reconciliarse
con lo disponible y enfocar esa energía hacia el cambio posible. En ese
sentido, y habiendo sido testigo de las feas pulsiones que la historia de la
humanidad hizo patentes, incluso el incisivo Freud se permitió un gesto de
optimismo: tras superar el duelo, tras renunciar a todo lo perdido, “lo
construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido, y quizá sobre
un fundamento más sólido y más duraderamente que antes”.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis
@ElUniversal
Venezuela
ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ¿Y AHORA QUÉ?
Es
un problema acogido bajo el concepto de “incertidumbre”. Ante la pregunta ¿y
ahora qué?, se alza la incertidumbre. Su condición etimológica implica el
desconocimiento que se tiene sobre el futuro que se abalanza en lo que viene de
un nuevo trazo de tiempo.
En
lo específico, no es posible conocer la probabilidad de ocurrencias de eventos
en el tiempo inmediato o siguiente. Aunque pudieran esbozarse conjeturas. Pero
sin que las mismas comprometan la previsibilidad exacta de los hechos a
ocurrir.
La
teoría de planificación, intenta resolver esos problemas. Sin embargo, aclara
que deben distinguirse problemas bien estructurados, de problemas no bien
estructurados. Luego de superar tal diferencia, propone algunas soluciones.
Siempre desde distintas perspectivas situacionales, ya que lo contrario sería
caer en el oficio del timador que juega a ser “pronosticador de coyunturas”.
Lidiar
con la incertidumbre aunque esté mal definida, es lo que más puede acercar una
conjetura a una postura algo próxima a una realidad posible. Aún así, es un
atrevimiento que podría resultar oneroso. O ser costoso en todo sentido. Sin embargo, la política no escarmienta ni
tampoco escatima esfuerzos al momento de apostar a responder preguntas como la
que esta disertación busca analizar. ¿Y ahora qué?
La
política es tan osada, que se lanza a “lo loco” a una carrera. Sólo para
convencer a quienes se prestan a caer en su juego. Y lo hace con el mayor
descaro que las circunstancias permiten. Sin medir consecuencia alguna. Más
aún, con presumida actitud. Sin sentido de la desvergüenza ante la pretensión
asumida. Quizás, fue la razón que llevó al actor estadounidense metido en
política, a decir que “la política es el arte de buscar problemas,
encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios más
equivocados”
¿Y
ahora qué?Es la pregunta que muchos venezolanos, a sabiendas de las amenazas,
peligros y problemas en ciernes, se hacen. Sin que nadie pueda responder. Sin
embargo, nadie duda de que la política es osada. Más, cuando a decir del léxico
ordinario, la desinformación es el mejor caldo de cultivo para fecundar
realidades. O sea, para preñarlas de presunciones, exageraciones o
tribulaciones. Y que después se acojan a cualquier desparpajo emitido. Tal vez,
así puede sopesar, calibrar o pulsar el
ambiente político imperante. Y por tanto, sembrar la trampa calculada. Incluso,
tantear la ingenuidad de ilusos prosélitos.
Lo
arriba referido, no es óbice para suponer que, en efecto, la vida política,
social y económica en Venezuela, no será igual. Podría menguar más aún. O
arreciar. O como pregona el saber popular: “Todo depende del color cristal con
que se mire”.
En
todo caso, no es inmoderado decir que la Consulta Popular, entendida como
“medio de protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía(…)” abrió un
compás de deducciones con una fuerza narrativa capaz de despejar caminos
conducentes a forjar decisiones fundamentales en lo que concierne al
ordenamiento jurídico nacional.
Respecto
de lo que es posible inferir, luce indiscutible negarle importancia al hecho
cuantitativo que significó tan reconocido acaecimiento político. También de
condición jurídica, dado el carácter vinculante que la Constitución le otorga.
Numéricamente, dicho evento superó las expectativas. Asimismo, hizo ver el
calado de la sociedad democrática que impugna la actual situación
político-económica que tiene atascado el desarrollo nacional. En todas sus
manifestaciones.
Aunque
resulta algo forzado, el hecho de cotejar estos resultados con la situación que
el régimen estableció al imponer elecciones parlamentarias el 6-D, sirve para
inferir lo que pudiera dar algunas respuestas a la pregunta que intitula esta
disertación: ¿Y ahora qué?Por demás, cuestionadas y poco o nada creíbles.
Y
es que si bien se sabe que la idea que animó la ejecución de tan fraudulento
evento comicial, fue la reconquista de los escaños de la Asamblea Nacional,
igualmente dicha realidad ya consumada permite nuevamente reconocer el talante
represivo que caracteriza al régimen cuando quiere tomar para sí cualquier
instancia pública que considere necesaria a sus intereses.
¿Y
ahora qué? A decir de por dónde viene o han ido las tendencias, es posible que
algunas conjeturas no se atasquen en los predios de la incertidumbre. Habida
cuenta, el régimen no ha dejado de funcionar sin olvidar que su gestión
política la ha podido apuntalar detonando dignidades y principios a punta de
arreglos de toda calaña y cuantía.
Y
aunque en el fondo de la pregunta ¿Y ahora qué? rondan las secuelas de la
incertidumbre, el desconocimiento de situaciones conexas o de información
veraz, sus posibles respuestas no dejarán de inquietar. Particularmente, a
venezolanos que mantengan, entre sus prioridades, el propósito de prestar la
posible colaboración a la tarea de hacer que Venezuela recupere la democracia
sobre la que escribe la teoría política. Tanto como del país con el cual sueñan
tantos venezolanos que bien merecen vivir bajo las libertades por las que
precursores y libertadores, lucharon y regaron su sangre.
Así
que ante la falta de certeza sobre las realidades próximas, o de eventos que
habrán de cabalgar sobre un conocimiento cierto en torno a los tiempos que
pesan en el futuro inmediato de Venezuela, siempre seguirá deambulando la
interrogante ¿Y ahora qué?
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela
LEANDRO RODRÍGUEZ, BANANISMO POLÍTICO
El
gran secreto del chavismo ha sido la desinstitucionalización del país, hacer de
lo público agencias del partido de gobierno. Por tal motivo, cuando el exfiscal
General Javier Elechiguerra acusó a Chávez de haber malversado el Fondo de
Estabilización Macroeconómica (FIEM) a principio de su gestión, inmediatamente
fue depuesto en el 2000 por el parlamento de mayoría chavista, designando a
Isaías Rodríguez como sucesor, públicamente chavista.
Poco
tiempo después, el país tuvo que padecer la tragedia del conflicto político
desde 2002 ante la negativa de Chávez de medirse en un referéndum consultivo
con un CNE que no controlaba totalmente. No fue sino hasta 2004 cuando Jorge
Rodríguez fue nombrado presidente del CNE que finalmente aceptó. Luego del
revocatorio, Rodríguez fue premiado por su labor siendo nombrado por Chávez
como vicepresidente de la nación. Al poco tiempo, 2006, quienes en terreno de
lo civil debían resguardar la constitucionalidad sucumbieron, los magistrados
TSJ vociferaron en acto oficial “Uh ah Chávez no se va”… la institucionalidad
formalmente había fallecido.
Una
notoriedad del momento, fíjense: En la recientemente ocurrida “Toma del
Capitolio de EEUU”, inmediatamente se tomaron medidas como toque de queda,
búsqueda, detención y procesamiento de los detenidos, posible destitución de
Trump, entre otras acciones. El 5 de julio 2017 hordas chavistas vinculadas a
Jorge Rodríguez tomaron la AN ocasionando daños, heridos, lesiones a los
parlamentarios y NO HUBO ninguna acción del Estado… es la diferencia entre lo
que llaman primer mundo y las repúblicas bananeras… esto, como simple ejemplo
de lo que ocurre cuando no hay constitucionalidad, cuando las instituciones del
Estado se convierten en parcelas partidistas.
2021
comienza mal, con una oposición legítima muy cuestionada, pero siendo sinceros,
con margen de maniobrabilidad cero dentro del país, ejercer oposición
partidista o ciudadana es un terreno muy cuesta arriba cuando la represión del
régimen contra toda disidencia es atroz.
Este
año, el régimen una vez más tratará de desviar la atención del país hacia lo
electoral, un terreno donde su control absoluto sobre las instituciones del
Estado le augura no perder ni perdiendo, con un escenario mucho más favorable
en cuanto la comunidad internacional tiene sus propias preocupaciones con el
covid-19 y sus secuelas económicas-políticas.
La
mejor estrategia opositora ha sido la abstención ¡sumarse a ella! pues la
abstención no es ordenada por éstos, sino que es el sentimiento más sublime
enclaustrado en los venezolanos como rechazo, justamente, a la
desinstitucionalización del país, donde el voto desde hace mucho tiempo no
premia, no castiga, ni genera cambios. Sin embargo, la abstención por si sola
no basta, se debe acompañar con otras estrategias aún ausentes.
Entiéndase,
lo electoral/abstención ya dio sus frutos, para generar cambios Venezuela
necesita un liderazgo político muy capaz y decidido, donde “formalmente” el
chavismo tiene todas la de perder porque todo lo que detenta es ilegal e
ilegitimo, pero en la “práctica” es amo y señor del país al controlar a su real
placer no solo las instituciones del Estado, sino sus recursos y armas. Es una
estrategia que, queramos o no, involucra a los aliados internacionales de los
venezolanos y del chavismo.
leandrotango@gmail.com
@leandrotango
Venezuela
SOLEDAD MORILLO BELLOSO, SOBREVIVIREMOS.
Los
economistas nos dirán que la inversión a borbotones que vamos a observar va a
provenir de dineros "de dudosa procedencia" (eufemismo que define a
esos miles de millones que nos fueron robados) pero nos apuntarán que esas
inversiones son "necesarias" para sacarnos de estas arenas movedizas.
Que hay que bien venirlas pues sin ellas no hay paraíso. Nos dirán que esos
capitales permitirán que los servicios públicos y privados mejoren y que
entonces el aparato productivo tendrá menos obstáculos y podrá arrancar. Nos
anunciarán también que el dólar seguirá rumbo arriba y que eso le viene de
perlas al régimen, que es el único que opera en bolívares.
Cualquier
politólogo con dos dedos de frente nos explicará, sin frases churriguerescas,
que absorber las alcaldías (nuevo plan del abigeato político del régimen) no
soluciona problemas operativos de los vecinos y que este nuevo espelucamiento
no es sino una jugarreta de poder político. Sirve para irritar.
Los
sociólogos nos dirán que la
migración aumentará. Que para fines de este se habrán ido unos 2 millones más.
Y nos explicarán cómo eso es un tremendo dolor de cabeza para los países
receptores, sobre todo para Colombia, que no puede rechazar a los migrantes
porque muchos de ellos tienen derechos civiles y políticos que no se pueden
despachar así nomás, por mucha xenofobia que escupa doña Claudia. Y el asunto
no es dato menor considerando que en 2022 hay elecciones presidenciales en
Colombia. Como quien dice, a la vuelta de la esquina. Y esos votos valen.
Muchos
analistas nos van a explicar, algunos por fortuna en lenguaje comprensible y
sin cursis citas en otros idiomas, que sin embargo, aunque por la gritamentazón
el régimen no parezca proclive a ella, la negociación entre los apoltronadosen
Miraflores y cuarteles y la oposición (la de verdad) va a ocurrir. Que no hay
de otra. De hecho, está en antesala. Y en este caso nadie será triunfador.
Nadie cantará victoria. Y eso hará que las posibilidades de acuerdo aumenten.
Algunos
consultores nos anunciarán que los liderazgos cambiarán. Que algunos
sobrevivirán pero otros caerán con callos y todo por el barranco, previo ser
carcomidos por las hordas. Y vaticinarán que aparecerán nuevos actores, tanto
en un bando como en otro.
Alguien
declarará que sin los militares, sin Cuba, sin la Unión Europea y sin los
países de América Latina, no hay acuerdo posible. Y a pesar de correr el riesgo
de ser acribillados en las redes, algunos puntualizarán una verdad difícil de
tragar: que cuando
se está en una situación tan grave, ningún bando tiene
"irrenunciables", porque ambos necesitan sobrevivir.
¿Qué
puede estar al final de este año? Quizás un gobierno transitorio, mixto, medio
extraño y que en realidad guste a pocos, con inversión privada pero manteniendo
la propiedad del estado. Sí, con muchas cosas a media luz y con muchas más a
medias. Y con muchos y variados atajaperros.
Los
extremistas de uno y otro bando terminarán desactivados. Este país ya no tiene
los recursos que tuvo en abundancia en el siglo XX y ya no hay cómo creer en
pajaritos preñados volando en retroceso. El país ya no tiene cómo ni con qué
apalancar fantasías. Muchos países que no tienen recursos naturales saben
trabajar sin recursos. Nosotros no. Pero lo aprenderemos. Maestra vida.
La
menguada clase media venezolana sufre todavía de delirios de grandeza. Pero a
punta de coger más palos que gata ladrona agarrará mínimo y entenderá que tiene
que dejar de mirarse el ombligo.
Tenemos
que vernos a nosotros mismos como un país pequeño, un bueno, pujante,
progresista. Que dé pasos pequeños pero seguros, que abandone la visión de
héroes, gestas, batallas y la cambie por ese aburrido asunto de la rutina.
Menos altibajos. Con buenas aspiraciones pero sin delirios de grandeza.
Los
nuevos jóvenes lo tienen clarito. Me refiero al país que será, el país que
quieren que sea para ellos, para sus hijos y sus nietos. Incluso los jóvenes de
la Revolución. Un país pequeño, multiproductivo, con un Estado eficiente, con
equidad social. Si sentáramos en una mesa a Guaidó y a Héctor Rodríguez nos
sorprendería la cantidad de cosas en las que coinciden. Cuando se quitan las
etiquetas babosas y se deja de hablar para los titulares, ajá, ahí surge el
encuentro que deshace el desencuentro. Pero tienen correas que los restringen.
Porque cada uno depende de apoyos. Si patean a sus respectivos apoyos, pierden.
Todavía hay mucho vetusto en ambos bandos.
Esa
nueva Venezuela la lideran los jóvenes. Hay que escuchar a los jóvenes metidos
en política, a eso que tienen menos 50 años. Esos son los constructores.
Los
políticos construyen la infraestructura para que la sociedad pueda producir. La
carrera más importante en Japón es la educación. Y la segunda más importante es
la política.
El
mayor error de la oposición en Venezuela no ha sido los traspiés que ha dado;
ha sido el comunicar más los horrores del régimen y no enfocarse en vender su
propuesta, que la tiene, estructurada y escrita. Cualquiera sabe más de los
horrores que dice y hace el régimen que de la propuesta de la oposición. Y eso
es un disparate.
Hay
que comportarse como alternativa , no como oposición. El ser "anti"
sirve un rato, unos meses. Luego hay que conquistar.
En
Venezuela a la oposición le va a caer la locha; va a entender que no sirve ser
oposición, sirve ser la alternativa. Y para ello tiene que conquistar más o
menos unos 3.3 millones de venezolanos que no están con el régimen pero que no
apoyan a la oposición.
La
señora Venezuela si no le gusta un marido y tampoco le gusta el otro, va a
buscar un tercer marido.
En
fin, año difícil. Sí. Pero, sobreviviremos.
Soledad
Morillo Belloso
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
Venezuela
ROMÁN IBARRA, VERDAD VS CINISMO
Para
las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar, y Católica Andrés Bello,
responsables de la encuesta de condiciones de vida, ENCOVI, las cifras que
reflejan ambas categorías (pobreza y pobreza extrema), son radicalmente
opuestas a las ofrecidas por el gobierno de Maduro. La encuesta ENCOVI-2019,
refleja los datos siguientes: Pobreza 96,3 %, y Pobreza Extrema, 79,2 % de la
población. Es de suponer que con la profundización de la crisis en nuestro
país, las cifras respectivas de 2020, deben ser peores aún.
Para
las naciones Unidas, el tratamiento de la pobreza cuenta con varias aristas que
obviamente no está tomando en cuenta el gobierno para dar su versión falsa e
interesada.
Dice
la ONU, que con relación al 2020 nadie en el mundo ha resultado indemne al tema
de la pandemia Covid-19, y que en consecuencia es un elemento a ser considerado
en el análisis y balance que de la pobreza se pueda hacer. Cita además, que
deben ser tomados en cuenta –por lo menos- asuntos, como: la desigualdad; la
economía; la educación; la migración, y la lucha científica contra la pandemia.
Dos
agencias de la ONU: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
y la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), advierten que
solo con motivo de la pandemia del Covid-19, podrían sumarse unos 207 millones
de personas a las filas de la población que vive por debajo de la línea de
pobreza como consecuencia de la crisis, para alcanzar unos mil millones de
personas en el mundo en tales condiciones.
Estos
datos dramáticos en sí mismos, se agravan más en los países menos
desarrollados, en vista de que tienen menos recursos financieros e
instituciones para enfrentar y responder a este tipo de emergencias. Cuánto de
esa nueva cifra de pobreza recae sobre Venezuela? Está por saberse, pero no por
las cifras oficiales, lamentablemente.
En
los otros considerandos que hace la ONU, es decir, la desigualdad; la economía;
la educación; la migración, y la lucha científica contra la pandemia, el
gobierno de Maduro está raspado en todos penosamente.
Pero
más allá de que las cifras que ofrece Maduro acerca de la pobreza sean la
expresión de un gobierno mentiroso, el asunto está en que la respuesta
contundente que dan las universidades citadas, se conoce muy poco en vista de
que cada día se cierran más espacios informativos por la censura, la
persecución a periodistas y medios, y el sometimiento a la justicia controlada
por el Estado-Psuv de todo intento de información independiente.
Es
aquí cuando se advierte, y se pone de bulto la necesidad imperiosa de contar
con una organización política poderosa, y coherente que luche para controvertir
las pretensiones del oficialismo, que sin contendor real, puede hacer y decir
lo que le venga en gana, sin que haya respuesta.
Esto
es una advertencia para quienes sostenían que el llamado a la Abstención era
correcto, y además hicieron una consulta a la población para preguntar lo
obvio, siendo ellos su propio árbitro. Con el añadido burlón y mentiroso, según
el cual la consulta tenía carácter vinculante. Vale la pena preguntar entonces,
si ya Maduro se fue, o hay que notificarle?
En
fin, una estafa la del oficialismo, y otra la de la oposición que al abandonar
la AN, dejan ambos a la población en estado de total indefensión.
Desesperanza,
frustración, miseria, enfermedad, hambre y muerte, son las dueñas de la escena
venezolana. Hasta cuándo?
romanibarra@gmail.com
@romanibarra
Venezuela
VICENTE BRITO, ¿PODREMOS VOLVER A TENER LA CALIDAD DE VIDA DE HACE 30 AÑOS?
A lo largo de nuestra historia hemos visto cómo hemos superado guerras, enfermedades tales como el paludismo, gripe española, etc. Igualmente hemos alcanzado niveles de crecimientos económicos como en el siglo XIX con la explotación ganadera, la producción y exportación de café y cacao. En el siglo XX la explotación petrolera trajo grandes beneficios a nuestro desarrollo donde los gobiernos de turnos utilizan buena parte de los ingresos petroleros, para mejorar las condiciones de vida de la población, al invertirlos en el desarrollo de: vialidad, agua, electricidad, viviendas, planteles educativos, hospitales, etc. Logramos convertirnos en la década de los 50 y 60 dentro de los 20 países del mundo con mejor infraestructura pública. Fuimos el país con mayor flujo de inmigrantes a nivel mundial, siendo beneficiados con millones de ciudadanos procedentes de más de 20 países. Lo cual le dio un gran impulso a nuestro desarrollo por sus conocimientos y pujanza para el trabajo.
El crecimiento de la actividad privada fue un factor determinante en ese desarrollo con su evidente impulso en alcanzar mejoras en calidad de vida, al poder cancelar salarios que nos colocaron a nuestros trabajadores en los segundos mejores pagados del continente. La construcción de más de un millón y medio de viviendas para beneficiar a la clase trabajadora está a la vista siendo financiadas por la banca hipotecaria y el sistema de ahorro y préstamo a más de 20 años permitiendo que nuestros trabajadores tengan vivienda propia. La industria privada permitió producir en el país casi el 80% de lo que antes se importaba generando más de un millón de puestos de trabajo directos e indirectos. La agricultura y ganadería crecieron multiplicando su capacidad productiva en cuatro veces en menos de 10 años. El crecimiento de la producción avícola fue impresionante pasando a ser exportadores de pollo, igual sucedió con la producción porcina convirtiéndolos a las empresas procesadoras de jamones en exportadores al mercado caribeño. Alcanzamos a ser el quinto productor de atún del mundo con un gran impulso en el desarrollo socioeconómico de varios estados como Sucre, Falcón, Anzoátegui y Nueva Esparta. El turismo nacional e internacional aumentó tres veces en 8 años y pasamos a ser un destino turístico que competía con los demás países del caribe, siendo una fuente de empleo que impulsó el desarrollo y crecimiento social de 8 estados. La empresa privada era el motor que impulsaba el bienestar de la gran mayoría de las familias Venezolanas al generar el 80% del empleo
Por estas razones el venezolano sostiene sus expectativas de que si podemos alcanzar nuestra anterior calidad de vida y las mejoras sociales de las cuales disfrutamos. Gracias que a pesar de todas las trabas y afectaciones de la propiedad privada. La empresa privada se sostiene activa, así lo demuestra que produce y comercializa el 80% de lo que no se importa, sigue sosteniendo su capacidad de empleo en casi cuatro millones de trabajadores directos e indirectos, son los mejores remunerados donde sus salarios están por encima del establecido oficialmente entre 5 y hasta 30 veces del salario mínimo, a pesar de que muchas empresas sus propietarios sostienen sus pérdidas y hacen magia para seguir operando. Es por ello que la empresa privada es parte de las esperanzas de los venezolanos de recuperar su calidad de vida a través del trabajo y esfuerzo propio. Así lo demuestra el grado de aceptación y confianza que ha logrado obtener nuestra empresa privada al alcanzar un 70% de aprobación popular.
Vicente Brito
vicent.brito@gmail.com
@vicentejbrito
Presidente Red por la defensa al
Trabajo, la Propiedad y la Constitución