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miércoles, 29 de junio de 2022
AQUÍ TITULARES DE HOY MIÉRCOLES 29/06/2022, DESDE VENEZUELA PARA EL MUNDO, PARA LEER PULSAR SOBRE EL TITULAR ESPECÍFICO
MARTA DE LA VEGA: GOBERNABILIDAD Y DEMOCRACIA. DESDE VENEZUELA
LEANDRO AREA PEREIRA: LAS RELACIONES ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA. PRÓLOGO A UN RECIENTE LIBRO. DESDE VENEZUELA
Presentar el libro La Historia Secreta. Crisis en el golfo de Venezuela contada por sus protagonistas, de Jesús Aveledo Urdaneta, implica al menos una triple responsabilidad: la primera es la que tiene que ver con los que me escuchan o leen;
en segundo lugar, la que debo para con el amable autor, y la tercera, no menos importante que las anteriores, la que tengo para conmigo mismo.
Establecidas estas precisiones formales, informo que encontrará usted, cuando lea el libro, una narración a varias voces, ya verá lo que tiene de diversa, que Jesús Antonio Aveledo Urdaneta ha tenido a bien poner en nuestras manos con destreza e hilo de buen costurero.
Lo ha hecho de manera muy especial, vivida, diríamos que visual, con intenciones casi que cinematográficas, en la que se ponen en movimiento y relieve con documentos oficiales o no, unos ya conocidos y otros hasta ahora inéditos, o conversaciones personales con actores y voces fundamentales de la trama que aquí nos ocupa, eventos acaecidos entre el 9 y el 18 del mes de agosto de 1987. De ello hace tan solo 35 años que parecen más bien un siglo si nos atenemos a la velocidad y voracidad de los nuevos tiempos que nos toca vivir.
Estuvimos, Colombia y Venezuela en ese agosto de 1987 al borde de una guerra que no fue pero que pudo ser, entre naciones hermanas por desavenencias territoriales en el golfo de Venezuela, avivadas y llevadas a cabo arteramente desde determinados centros de poder.
Hombres, estrategias, máquinas, instituciones, países, se pusieron en movimiento intenso durante esos largos días, creando una tensión binacional e internacional de mediana envergadura, aunque no por ello menos significativa, comparada con otras entre las que destacan o se vienen a mi mente la de los misiles en Cuba en 1962 también conocida como “Crisis de los cohetes”, o la actual invasión que se ejecuta en territorio ucraniano por parte del gobierno ruso que ha puesto en vilo las reglas del orden internacional y encendido las alarmas de alerta en todo el mundo.
A los hechos aquí narrados y analizados por Jesús Aveledo, se les conoce con el nombre de la Crisis de la Corbeta Caldas o también el incidente del Caldas, que se analiza profusamente y con lujo de detalles en este trabajo que viene a complementar y enriquecer la bibliografía sobre el tema.
Vale la pena destacar a manera de ubicación de nuestras perspectivas, textos dentro de contextos, que los sucesos aquí reseñados ocurren en una época en la que la Unión Soviética está por terminar sus días, así como también la Guerra Fría. Para entonces, el papel y presencia de la URSS en las áreas del conflicto entre Venezuela y Colombia, que orbitaban casi que exclusivamente alrededor de los intereses del hegemón, los Estados Unidos, eran totalmente distintos a los actuales.
Hoy por hoy, en tiempos de pandemias, Rusia se involucra aceleradamente, con la anuencia activa de varias naciones y poderes de la región, en asuntos concernientes a nuestras economías y soberanías, inversiones militares e intereses políticos, es decir en áreas que hasta hace poco eran relativamente distantes a sus capacidades y ambiciones protagónicas y a nuestros gustos ideológicos.
La geopolítica de hoy es totalmente distinta a la de los años finales de la década de los 80 y las realidades o el contexto dentro del cual pudiera ocurrir un caso como el aquí narrado sería completamente distinto y sus consecuencias inimaginables.
¿Se regolfizaran las tensiones entre Colombia y Venezuela? Qué intereses pudieran estar detrás de tales aventuras; qué consecuencias mundiales tendrían dichos eventos; cuál es el nuevo mapa de las relaciones colombo-venezolanas; cuál es el papel que los Estados Unidos, Rusia y demás factores de poder pudieran jugar en una tensión como la vivida en 1987; qué lugar ocupa el Golfo de Venezuela dentro de las prioridades estratégicas del nuevo gobierno colombiano. Preguntas importantes para la reflexión, el estudio y la acción preventiva.
Una aclaratoria es pertinente. A pesar de que la obra en su presentación y contenido tiene una mirada fundamentalmente militar de los eventos, no hay que olvidar que una de las razones de esta circunstancia es que el padre del autor era para el momento de los hechos aquí analizados el General de División, Comandante general de la Fuerza Aérea Venezolana, Jesús Aveledo Penso a quien se rinde, como es natural, merecido homenaje filial en estas páginas.
No obstante, el autor presenta y defiende una perspectiva global e incluyente en la que asigna a cada actor su significación e importancia dentro de un ámbito de coordinación institucional y democrática, en concordancia con lo establecido en la Constitución Nacional de 1961 vigente para la época.
Bajo esas circunstancias, la jefatura y control político operativo de todas las acciones recaen en el Jefe del Estado, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, en este caso el para ese momento Presidente de Venezuela, doctor Jaime Lusinchi, que se sostuvo en tres pilares fundamentales, a saber, el brazo político e institucional, el diplomático y el militar. La soberanía reside en el pueblo y en sus representantes, no solo en una de las partes de la nación.
Así entonces nos apoyamos en el ámbito político y moral de la nación; en el diplomático cuya misión fundamental es la de buscar y preservar la paz, resolver conflictos con los demás países, entre ellos los vecinos, a través del diálogo y la conciliación; y el brazo armado, cuyo objetivo es el de prevenir y disuadir al oponente de cualquier ambición de irrumpir, más allá de los límites que la integridad territorial, la soberanía y la seguridad del Estado imponen. En suma, contra los intereses de la nación.
Por otra parte, hay que subrayarlo ya que tiene una connotación muy especial para el autor, el manejo y solución de la crisis se llevó a cabo dentro del Estado Democrático y de Derecho, y con la contundente fuerza esgrimida por Venezuela que se debió a una reacción coordinada y coherente del sistema político venezolano en su conjunto.
Dicho sistema operativo de decisión incluyó, ahora es distinto, a las instituciones propiamente dichas, así como también a los partidos políticos, las Fuerzas Armadas, sectores sociales, económicos, religiosos, académicos, medios de comunicación, y la opinión pública en general. A ello se agregó el juicio adecuado y efectivo de la comunidad internacional cuya prudente auctoritas desempeñó un papel extraordinario en el reforzamiento de los vínculos de hermandad latinoamericana y de integración regional, frente a apetitos bélicos.
No fue entonces exclusivamente un evento militar, sino un problema de Estado al que la nación como un todo encontró solución y frente a lo cual el Presidente de Colombia, Virgilio Barco, a fin de cuentas y no sin dificultades internas, se decidió por la paz y ordenó consecuentemente el retiro de las naves agresoras.
Toda crisis, como lo fue la originada por la incursión de la Corbeta ARC - Caldas en áreas marinas y submarinas indiscutiblemente venezolanas, se supera, lidiamos con ella pacíficamente o nos arrastra consigo.
En el caso de la experiencia histórica entre Colombia y Venezuela ha funcionado persistentemente la racionalidad por sobre los pasajeros brotes de histeria nacionalista y a veces xenófobos, pues hemos logrado superar cuantas situaciones difíciles se nos han presentado, sin haber llegado a un conflicto bélico.
Desde 1830, cuando ambas naciones decidieron separarse del sueño de El Libertador Simón Bolívar, La Gran Colombia, nuestros países han vivido ocasionalmente tiempos de tensión que hemos sabido superar a través de distintos mecanismos de acercamiento y comprensión mutua que de manera realista y exitosa han dado prioridad a lo que nos une, que es casi todo, más allá y por encima de lo que nos separa, que proviene siempre de manos infames, turbias y criminales. Lo que ocurre en Colombia repercute un Venezuela y viceversa. Somos vecinos interiores.
Es por eso mismo que lo que se narra en este libro, dentro de su singular y novedosa estructura, es tan importante y significativo. Las nuevas generaciones, tan distantes de los acontecimientos que aquí se explican tienen la oportunidad de acercarse a ellos y conocer de primera mano, narrado por algunos de sus principales actores, los detalles y circunstancias históricas, geográficas, políticas, militares y tantas veces personales, que generaron un conflicto que supimos resolver para bien pero que estuvo a punto de llevarnos al monstruoso escenario de una confrontación bélica que hubiera dejado huellas imborrables en la estructura emocional de ambas naciones.
Y este mensaje no es solo válido para venezolanos y colombianos sino para todo hombre de bien que aspire a la paz y el progreso en democracia, con respeto por los derechos humanos, frente a toda ambición hegemónica y dictatorial, hoy tan en boga, que pretende pisotear la condición humana y ciudadana de hombres y mujeres por doquier.
Este libro, apreciado lector, abre sus páginas al debate que se vive como una novela trepidante, en el mar, en el aire, en la tierra, en las instituciones y los hombres. Una crisis que se convirtió, hoy la vemos así, en una enseñanza para las nuevas generaciones. Para que no ocurra nuevamente. El autor del libro así nos lo demuestra y observa. Memoria imborrable de coraje, prudencia y respeto.
Leandro Area Pereira
leandro.area@gmail.com
@leandroarea
Venezuela
JESÚS ENRIQUE MATHEUS: 103 AÑOS DE LA MUERTE JOSE GREGORIO BEATIFICADO . DESDE VENEZUELA
OMAR ÁVILA: HAGAMOS POLITICA. DESDE VENEZUELA
GERMÁN GIL RICO: ACECHADOS POR LA HAMBRUNA. DESDE VENEZUELA
La hambruna y la pandemia han perseguido a la humanidad, desde que la planta del primer neandertal hoyó el suelo del globo terráqueo. Están adheridas a ella como la cola al perro, por eso no han desaparecido. Forman parte del entorno humano y tenemos que cargar con ellas. No desaparecen, solo mutan. Con diferentes empaques y modalidades reaparecen para copar espacios que se creyó haber sido liberados y, con brutal ferocidad, atacan a muerte. Los orígenes diversos y el mimetismo les permite cambiar de identidad, tal como hacen los terroristas para preservarse y garantizar la continuidad del accionar destructivo de la organización a la cual pertenecen, ocultos en cambuchos, fuera del foco de los organismos de seguridad.
Las hambrunas, como las pestes tienen diferentes orígenes. Las pestes que son transmitidas a los humanos por agentes como la pulga o el mosquito, requieren de la acción gubernamental para mantenerlas a raya, mediante el saneamiento de espacios que sirven de viveros a los insectos, y con campañas de inmunización colectiva. No se ha comprobado que, en tiempos de paz, un gobierno diseminara virus de peste alguna, usándolo como arma, para diezmar la población, contraer la actividad económica del país vecino y proceder a su ocupación. Pero es notoria la negligencia culpable en la falta de control, vacunación y eliminación de los agentes trasmisores, en países oprimidos por la férula comunista. En Venezuela han reaparecido el paludismo, la varicela y la tuberculosis, escoltados por la anquilostomiasis responsable de la mortalidad infantil.
En cuanto a las hambrunas, existen abundantes pruebas de la vesania criminal de los gobernantes comunistas y sus derivados socialcomunistas de haber condenado a morir por hambre, tanto a sus connacionales como a los habitantes del país que mantienen aplastado con sus botas tintas en sangre y a los del que pretenden anexarse. Lo demuestra el homolodomor, con el cual el gobierno comunista ruso asesinó 6 millones ucranianos en 1932-33.
Venezuela sufrió una prolongada hambruna, producto de 100 años de guerras que comenzaron con la de la Independencia y culminaron el de Julio de 1903, cuando el Ejército Nacional derrotó, en Ciudad Bolívar, al Ejército de la Revolución Liberal Restauradora. A partir de esa fecha, la nación comenzó a trepar la empinada cuesta de la reconstrucción política, económica y social, pero atada al dogal asido por la férrea mano de tirano Juan Vicente Gómez hasta su muerte en 1935. Fue en 1936 cuando comenzó un tímido proceso de democratización, que incluyó batidas de saneamiento ambiental, apertura de frentes de trabajo y escuelas nocturnas de educación primaria para los trabajadores. En 1945, derrocado el último exponente de la zaga militar andina, comenzó el crecimiento económico, social y cultural sostenido que, a pesar de la dictadura militar entre 1948-1958, se mantuvo fructífero en muchas actividades humanas. En 1998 un chafarote socialcomunista, teniente-coronel Hugo Chávez, fue electo Presidente de la República. No tomó posesión, asaltó el poder y emprendió el retroceso del país a 100 kilómetros por hora y sin espejo retrovisor.
La segunda década de este siglo está siendo calamitosa. Inició con la pandemia que se mantiene activa y mutante, cobrando vidas y dañando el desempeño económico-social del país. Como las desgracias no andan solas, se teme una hambruna mundial desencadenada por la “Guerra de Putin” en Ucrania, para “gloria” del imperial expansionismo Ruso.
En Venezuela más del 60% no come tres veces al día y eso es pasar hambre, cerquita de la hambruna. Disminuida su capacidad productiva, efecto de las expropiaciones que echaron fuera de sus fronteras cerca de 6 millones de sus habitantes, saldrá de la pandemia en estado preagónico.
¿Cuántos morirán de hambre si somos atrapados por la acechante hambruna.
ROMÁN IBARRA:PRIMEROS PASOS. DESDE VENEZUELA
El triunfo del nuevo Presidente colombiano, Gustavo Petro, ha despertado todo tipo de comentarios entre los vinculados a la política, y también entre quienes opinan desde su particular visión de la vida e intereses.
Los colombianos de manera mayoritaria decidieron libremente en segunda vuelta por la opción de Petro, y afortunadamente para los fines de la seriedad y la gobernabilidad, fue reconocido de inmediato, tanto por el contendor derrotado Rodolfo Hernández, como por el resto de los factores políticos que hacen vida en la hermana República.
Tanto el Presidente Duque, como los ex presidentes Uribe, y Santos, felicitaron como corresponde en democracia al ganador, y han estado reuniéndose con el Presidente electo, el primero para organizar las comisiones de enlace que hagan entrega del poder al nuevo gobierno en la fecha prevista, y los otros, para intercambiar opiniones acerca del destino que a todos les preocupa. En nuestra opinión, eso es lo correcto, no solo por la cordialidad, sino para ofrecer alternativas para el sostenimiento de las instituciones democráticas.
Todo lo demás, acerca de su pasado guerrillero ya no cuenta en esta hora, porque se acogió al sistema, y este lo asumió; razón por la cual, debe acatarse su participación y su triunfo.
Todo va a depender de la intención verdadera que traiga Petro, y eso solo se verá en el desempeño de su cargo. El interés general de los colombianos debe ser la preservación del sistema democrático, y que el nuevo gobierno cumpla con la redención social prometida en campaña.
No olvidemos la separación de poderes, y en este caso él va a representar uno muy importante como es el ejecutivo, como jefe del Estado y del Gobierno; jefe supremo de las Fuerzas Armadas; jefe responsable de las relaciones exteriores, de la política interior, y de la Hacienda nacional. Tareas todas complejas, que por competencias constitucionales le corresponden como prerrogativas.
Menuda tarea la de los Presidentes, de manera que lo se impone de entrada es un amplio espíritu de colaboración entre poderes, a objeto de la consecución de los fines del Estado, y la tranquilidad de todos los colombianos.
El anuncio de conversaciones con el gobierno del Presidente Maduro para retomar las relaciones diplomáticas, y comerciales entre ambas naciones es un excelente mensaje inicial, porque ya basta de la diatriba en materia política y diplomática entre vecinos, y especialmente, porque del comercio binacional a lo largo de más de 2,000 kilómetros de frontera dependen muchas empresas y ciudadanos de ambos países.
Otro hallazgo interesante desde el triunfo de Petro, es que la guerrilla del ELN ha anunciado su disposición a negociar con el nuevo gobierno, lo cual, podría contribuir -con las garantías internacionales del caso- a abrir nuevas posibilidades para la gobernabilidad de Colombia.
Apostar por la paz, y el buen desempeño democrático en Colombia, es un deber de todos, y para lograrlo, los colombianos en primer lugar, vecinos de la región, y los interesados en el desarrollo del hemisferio y del mundo, debemos contribuir.
Tiene una gran oportunidad Petro de demostrar que las etiquetas de ex guerrillero, son parte del pasado, y garantizar entonces que está preparado para gobernar a todos los colombianos, y no solo para sus socios partidistas, donde no faltarán presiones obviamente.
Ahora es cuando viene la parte difícil del trabajo para Petro: gobernar!
No es lo mismo hacer promesas de campaña, que cumplir; pero la sociedad organizada en partidos; gremios; sindicatos, así como la gente común y los medios están para recordar la necesidad del cumplimiento de esas promesas.
Suerte para los colombianos en esta nueva empresa, y ojalá haya desarrollo y progreso en paz. Más de 60 años en guerra son más que suficientes. Nuestros mejores deseos por la paz y la felicidad de Colombia.