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martes, 26 de enero de 2021
ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ MIÉRCOLES 27/01/2021
BEATRIZ DE MAJO, PEKÍN DESCARGA SU RESPONSABILIDAD, CHINA HOY
La censura enturbia la reconstrucción que intente hacer cualquier investigador sobre los inicios y las causas de la pandemia en China. Es que un tema de tanta gravitación sobre la humanidad y tan lesivo de la imagen propia ha sido para el gobierno y para el Partido Comunista más un dilema político que sanitario. La “verdad verdadera” sobre el fatídico arranque de los contagios no la sabremos nunca y, a lo más que podemos aspirar es a reconstruir algunos de los hechos y tratar de hacer énfasis en aquellos que puedan ser útiles para la ciencia. Lo demás formará parte del anecdotario.
La presencia en China de la delegación de la OMS que
viajó a Wuhan con el propósito de hacer luz sobre el asunto ha provocado un
efecto repetidor en la prensa mundial. Los corresponsales que hacen vida en las
grandes ciudades chinas se han visto reforzados por centenares de enviados por
los medios que ingresan al país sin hacer notoria ante las autoridades la
naturaleza de su viaje, asunto arriesgado en demasía por ser ampliamente
conocida la represión orquestada en contra de cualquiera que haga un aporte
para reconstruir los hechos. Se cuentan por centenares los ciudadanos chinos
del común que por disponer de imágenes sobre la tragedia de las primeras
semanas de los contagios, han sido castigados severamente e incluso hasta
desaparecidos.
Casi nada de lo que la oficialidad pone al alcance de
los investigadores formales o informales se apega a la realidad sino muy
parcialmente. La propia historia de la pandemia en Wuhan puesta al alcance de
la prensa y los investigadores tiene más huecos que un colador.
La ciudad de 11 millones de habitantes sufrió en enero
de 2020 la más absoluta y hermética de las cuarentenas durante 76 días, al
haber sido aislada por todas las vías, de contacto con el resto del país. Ello
era la respuesta oficial a los contagios ya desatados. Al día de hoy, no
obstante, los registros de enfermos de COVID apenas dan cuenta de 50.000
personas y menos de 10% de fallecidos. Algo no cuadra y las evidencias que
logran recogerse de la ciudadanía revelan una crisis de salud de proporciones
épicas en sus inicios que se da de la mano con el desarrollo de una respuesta
hospitalaria superlativa: una docena de hospitales provisionales fueron
levantados en pocas semanas.
La falsedad para alimentar la tesis de la falta de
responsabilidad de China frente al crecimiento global y exponencial de la
enfermedad es la regla. La autocomplacencia también. El hombre de a pie no dirá
una palabra que señale a las autoridades de un manejo ineficiente ya que la
lealtad de la ciudadanía se mide en función de cuánto cada individuo aporta al
desarrollo de la especie de que la pandemia en China tuvo un origen importado.
De la misma manera, el vulgo ha “aprendido” a sostener la tesis del éxito de su
país en el combate al flagelo del virus, parafraseando la declaración del
Partido Comunista la víspera de la llegada de la Misión de la OMS: “una
perspectiva a largo plazo permitió una victoria gloriosa y extremadamente
extraordinaria en este año totalmente insólito”.
El gigante de Asia está embarcado hoy en una
estrategia de prestar su concurso a promover el acceso de la vacuna a los
países menos capaces económicamente. Con ello intenta remendar el capote de sus
equivocaciones tempranas. A China lo que se le reprocha en lo científico y en
lo político- sin que exista escapatoria posible- es haber ocultado la aparición
del virus, lo cual facilitó la carrera letal que lo extendió por el mundo
entero.
beatrizdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo1
España-Venezuela
LEANDRO AREA PEREIRA, AMBICIONES Y MISERIAS
Desde el miradero en el que me encuentro se observa un panorama de país inhumano y ruinoso que requiere de respuestas urgentes que no son siempre de encuentro fácil ni de provecho definitivo.
No se visualizan desde aquí ni escenarios internos ni externos, ni púlpitos valederos, ni voluntad política concertada, que nos permitan predecir, tan siquiera imaginar en el corto plazo, salida satisfactoria a la profunda crisis que vive Venezuela.
En estas interrogo, a falta de hombres vivos y sabios, a aquellos que nos precedieron en el tiempo y dedicaron toda una vida de esfuerzo por comprender y escribir tantas veces sobre estos ultrajes a la vida de las naciones y de la mayoría de los seres humanos que las habitan y las sienten, y tanto las padecen.
Son ellos monumentos que se sostienen en el milagro insuficiente de construir felicidad en ideas pero echando mano del salvavidas según el cual no aspiran a la verdad sino a la duda que alumbre nuestra afanosa búsqueda. Pero esa no es la respuesta que persigo.
Necesito, el país requiere, de certidumbres orientadoras y así escojo al azar de multitud de biblioteca un libro escrito por uno de esos seres que uno supone y desea sabio y me encuentro y dejo llevar por “El pecado original de América” donde H. A. Murena afirma en párrafo casual y resaltado en amarillo por el dueño anterior de tal volumen, que: “!Cuánta desesperanza, cuánta tensión, cuántas posibilidades y cuánto fracaso!”.
La frase me encontró y ya sé que razón no le falta pero huyo de tal constatación empírica, tan poco auspiciosa de tan cierta, que cierra el capítulo a la posibilidad de ser, de construir, de dar, aunque difícil sea en este caso, mensaje de optimismo y esperanza.
Sigo confieso distraído entre los volúmenes maravillosos cada uno mientras la realidad me exige disimulada en los ruidos que llegan de la calle y me detengo en nuevo brinco de casualidad en el título “Los libros de mi vida” de Henry Miller y busco entre sus líneas, y me lee : “Nuestro mundo acercase rápidamente a su fin. Está por abrirse otro mundo nuevo. Para que florezca ese mundo nuevo tendrá que descansar tanto en los actos como en la fe. El mundo tendrá que hacerse carne”.
Utopías, cierro el libro, discurso, fantasías del espíritu, canciones, aspiraciones milagrosas y románticas, falsos ídolos, dictaduras, palabras, Iba a decir literatura, religiones, pensamiento mágico al servicio de la mano de todos sin siquiera movernos de la casa cada uno. Soluciones delivery, express y además a la carta.
Lo siento, les reclamo, allí no está lo que buscamos. Lo que nos urge es de paciencia y tino, aunque estemos hartos de tanta paciencia y de tan poco tino para nombrar y construir una posibilidad cierta, una intención creíble mayoritariamente de superación de realidad y de constitución de una conciencia.
Pareciera fácil repetir hasta el cansancio, al papel qué le importa, pero seguimos atascados en la orilla de nuestros desencuentros sin saber qué hacer frente a los ojos atónitos y expectantes de tantos que nos miran ansiosos y de otros que gustosos y satisfechos se burlan desde el poder que nos domina y amilana.
!Qué se sepa que estamos aprendiendo en dictadura lo que queremos ser en Democracia! No se olvide tampoco una tendencia perniciosa a vivir aletargados bajo los efectos del Lexotanil de la nostalgia; de la mala por que la buena hay que conservarla. Pero en verdad estamos reconociendo lo que deseamos como sociedad desde las penurias que impone la dictadura. Y el deseo es libre y habilidoso para lograr desde la miseria de lo que no tenemos o de lo que perdimos, desde la necesidad, lo que anhelamos.
Los que no vieron o no vivieron en la bonanza de ciudadanía que teníamos pareciera tuvieran esa ambición, ese gen democrático, memoria de lo no vivido, en lo que la democracia alienta de apetito insatisfecho. Pareciera nuestra fatalidad esta la de la permanente lucha por alcanzar lo que no tenemos o lo que bien tuvimos y al fin perdimos.
La democracia que queremos es un largo camino y es tiempo ahora de destrezas, de ponerlas en marcha para satisfacer nuestra histórica ambición de República civil y ciudadana tantas veces repetida pero no por ella lograda o de inútil recuerdo, con posibilidades de progreso en libertad y paz
No menos que eso esperamos aunque haya que comenzar por aprender desde el principio el abecedario germinal que dejaron los que nos precedieron para que pudiéramos soñar y trasmitir lo que soñaron.
Leandro Area Pereiraleandro.area@gmail.com
@leandroarea
Venezuela
LUIS MARÍN, DÍA DE REYES
Joe Biden fue certificado como 46º presidente de Estados Unidos “entre gallos y medianoche”, en sentido estricto, lo que no puede pasar inadvertido para ningún venezolano, por la fuerte connotación que se atribuye en este país a los eventos que ocurren en esa circunstancia.
El contexto no puede ser más sugestivo: el presidente
Trump habría ganado las elecciones del 3 de noviembre en forma abrumadora y
alegado que le están robando su triunfo en una no menos avasallante operación
de fraude electoral masivo, con la cobertura de los medios de comunicación que
le son desaforadamente adversos.
No hay que probar la parcialidad de los medios a los
que se aplica el viejo adagio “lo que es evidente no requiere demostración”;
pero no hay ni uno solo de ellos que mencione la palabra “fraude” o los
alegatos del presidente y sus seguidores sin añadir de inmediato que estos se
hacen “sin pruebas”, que son acusaciones infundadas, con lo cual no se limitan
a informar sino que juzgan y condenan.
Se ha repetido mil veces y hay que seguir repitiendo
que esto es montar un atropello sobre otro, porque el principio más elemental
del Derecho reza que las personas deben ser escuchadas y sus reclamos justos
deben ser atendidos; lo contrario, abre el camino a las vías de hecho. Por esto
califican de “incitación a la violencia” cualquier alegato de fraude.
Tampoco es necesario probar la censura en los medios, no
solo contra el presidente Trump sino contra millones de sus seguidores, porque
esta es rampante y descarada. En principio, la verdad se revela a sí misma de
forma irresistible, por esto, el motivo de la censura es que la mentira no
puede competir limpiamente con ella.
Hay que preguntarles a los venezolanos que niegan el
fraude en Estados Unidos y se unen al coro que clama por las pruebas, si ellos
saben, conocen y les consta que en Venezuela se haya perpetrado alguna vez un
fraude electoral en lo que va de siglo. Si es así, ¿cómo lo saben? ¿Dónde están
las pruebas?
Ocurre que la retahíla de evidencias colectadas aquí
son coincidencialmente las mismas presentadas allá, más la decisiva
intervención del voto por correo, masificado por el temor al virus chino, lo
que hace inexplicable el acto de presencia en manifestaciones exigiendo que se
cuente hasta el último de estos votos en ausencia.
Pero las pruebas pueden ser no admitidas,
desestimadas, insuficientes, al punto que no se pueda demostrar ni siquiera que
el mundo exista. El comunista italiano Antonio Gramsci, que vuelve a estar en
boga, decía que “el público en general ni siquiera cree que pueda haber un
problema semejante al de si existe objetivamente el mundo exterior; sólo hay
que plantear la cuestión en estos términos para suscitar un ataque irreprimible
de risa”.
Immanuel Kant considera que la falta de una prueba
contundente de “la existencia de las cosas fuera de nosotros” es el “escándalo
de la filosofía” y el terreno abonado para el escepticismo. Martín Heidegger,
filósofo nacionalsocialista, que comenta esta tesis de Kant, dice que más bien
el “escándalo de la filosofía” es el hecho de que “se esperen y se intenten sin
cesar semejantes pruebas”.
Las pruebas que se presentan en los tribunales son
estrictamente convencionales, sean documentos, testimonios o experticias; por
su parte los medios de comunicación no tienen atribuciones ni competencia para
exigir pruebas. Deben limitarse a mostrar los hechos y declaraciones que sean
noticiosos y nada más, sin juzgar, por esto la conducta que tienen es criminal,
porque se burlan impunemente de la fe pública.
El fraude no es contra un presidente derrocado, el
verdadero agraviado es el electorado, 75 millones que votaron por él pero
también los demás, que tienen derecho a un sistema justo, transparente y
confiable. Visto que en los Estados occidentales el principio de legitimidad
del gobierno se basa en elecciones populares, el ataque enemigo contra estos se
dirige muy atinadamente contra el sistema electoral. Si este pierde
credibilidad, se tambalea el edificio.
En los países de Europa del Este después de la II
Guerra Mundial los partidos comunistas impusieron su dominio exclusivo mediante
elecciones caracterizadas por el fraude y la violencia, bajo el amparo de la
URSS, con un esquema que vemos reproducido en Iberoamérica y Estados Unidos,
con variaciones que combinan distintas formas de lucha, articulando disturbios
callejeros, guerrilla urbana con participación electoral y una propaganda
insidiosa.
La supuesta toma del Capitolio es una acción de manual (capítulo dedicado al agente provocador) en que se ven claramente todos estos elementos, dándose la mano dirigentes de partido, funcionarios corruptos, elementos insurgentes y los altoparlantes de los medios, que todos, unánimemente, sin exigir pruebas, culparon al presidente Trump, aunque es imposible establecer el móvil, en qué lo podía beneficiar una acción de esta naturaleza.
“Dime a quién favorece el hecho y te diré quién la
realizó” es una frase que en Venezuela popularizó José Vicente Rangel, no la
derecha, y desde que los nacionalsocialistas incendiaron el Reichstag para
acusar de ello a sus enemigos políticos, los socialistas han actuado siempre de
la misma manera: culpan a otros de lo que ellos hacen.
Joe Biden, que a veces deja escapar la verdad por
error o inadvertencia, como cuando confesó haber montado el mayor fraude
electoral de la historia, atinó a decir que se estaba produciendo un asalto a
las instituciones, algo rigurosamente cierto, porque ellos lo estaban
perpetrando. Un acto dramático como la toma de La Bastilla, el asalto al
Palacio de Invierno o al cuartel Moncada, que tiene el impacto simbólico que
requiere toda revolución.
Lo original de la revolución americana es que se
realiza mientras los revolucionarios niegan que la estén realizando, en un caso
extraordinario de contra lenguaje, porque a la vez que subvierten el orden los
conjurados se presentan a sí mismos como si ellos fueran los mayores defensores
del establishment. Pero, ¿cómo hacer compatible el ataque al racismo sistémico
de las instituciones americanas con la defensa de “nuestras” instituciones?
El problema es que la farsa no puede prolongarse, como
decía Abraham Lincoln, fundador del Partido Republicano: “Se puede engañar a
todo el mundo algún tiempo, a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar
a todo el mundo todo el tiempo”.
Los socialdemócratas eliminaron la elección indirecta
del presidente de la República prevista en la Constitución para imponer de
facto la elección directa, tomaron por asalto al Poder Ejecutivo mediante la
violencia y el fraude, tienen la Cámara de Representantes y el Senado,
pretenden ampliar el número de Magistrados de la Corte Suprema para, con los
tres poderes, adelantar su agenda globalista.
Aborto, esterilización, eutanasia, “matrimonio”
genérico, uso de drogas, internacionalismo, serán la Ley de la Tierra, con lo
que remozan, una vez más, las viejas consignas revolucionarias de abolir “Dios,
familia y propiedad”, hasta la misma idea de nación. El terror, censura,
persecución, proscripción de quienes no se arrodillen ante el Nuevo Orden y
repitan la verdad oficial es el orden del día.
Los supersabios del Valle del Silicón y de la
Universidad de Harvard se proponen salvar al mundo, paradójicamente, con el
exterminio de la mitad de su población, al menos en esta primera etapa, porque
la humanidad, más allá de toda duda, está depredando al planeta.
Los nuevos reyes de la élite global vienen cargados de regalos, bienes y servicios supuestamente gratuitos, filántropos omniscientes y omnipotentes.
Quienes matan a Dios tienen su condena: erigirse ellos
mismos en dioses.
lumarinre@gmail.com
@lumarinre
Venezuela
OMAR ÁVILA, ¿CUÁL ES LA VENEZUELA QUE QUEREMOS?
Sin lugar a dudas, no es mejor momento para despertar
y no solo defender a nuestros municipios Baruta, El Hatillo, Chacao y Sucre, y
que nuestro estado Miranda no sea desmembrado, sino aprovechar la ocasión para
recuperar los 18 municipios restantes de nuestra región -así como a la
Gobernación- del caos, el abandono, la desidia, la miseria; en fin, de la
oscuridad en que se encuentran, para llevarla a la excelencia, para que se
parezcan a gestiones como las que se están llevando a cabo en 3 de estas 4
jurisdicciones, para que vuelva a brillar la luz a todos los mirandinos.
Caracas necesita recuperar la gobernabilidad, y
nuestra Constitución habla claramente de un gobierno a dos niveles, sin
desmembrar Miranda. En fin, la descentralización debe avanzar, lo cual no se
debe confundir con más burocracia. Por ello, es propicia la ocasión para poner
nuevamente sobre la mesa la propuesta de dividir al municipio Libertador, de
eliminar esa figura designada a dedo del Distrito Capital y que podamos los
habitantes del Área Metropolitana de Caracas, elegir nuevamente a nuestro
Alcalde Mayor, y que este sea el que coordine los 5 municipios que por ahora lo
conforman.
Es momento además de reflexionar y preguntarnos:
¿Vamos a seguir permitiendo que quien tienen menos del 20% de apoyo, nos sigan
gobernando y mandando al 80% que queremos y apostamos por un mejor país? ¿Cuál
es la Venezuela que queremos? ¿La que vemos de Chacaíto para el Oeste de
nuestra ciudad, la que tenemos de Parque del Este para el otro lado del Este de
la capital, o la que tenemos en Chacao, Baruta y El Hatillo?
Llegó la hora de visualizar, priorizar y ver lo
positivo que tenemos no solo en estos 3 municipios del Área Metropolitana de
Caracas, son gobiernos regionales como el de Nueva Esparta, administraciones
municipales como Maneiro, Lecherías en Anzoátegui, San Diego en el estado
Carabobo. Este año tenemos la oportunidad de elegir gobernadores, diputados
regionales, alcaldes y concejales. Necesitamos más gobernantes que estén al
servicio de los ciudadanos las 24 horas del día, servidores públicos de verdad,
que les duela sus estados, municipios, que sepan y se pongan del lado de los
ciudadanos. Necesitamos líderes que quieran recuperar a Venezuela, no políticos
que quieran recuperar el poder.
Son más las coincidencias, que las diferencias.
Concentremos en ellas y avancemos, con disciplina, organización y la fuerza
necesaria para salir adelante e ir logrando el cambio de abajo hacia arriba,
hasta lograr salir del peor gobierno que hayamos tenido en la historia y lograr
recuperar 100% a nuestra amada Venezuela
Ha llegado el momento de amalgamarnos, porque el
sufrimiento no tiene fin y ejemplos hay muchísimos como: Haití, El Salvador y
Honduras. Debemos tener claro que siempre podemos estar peor, que los países no
pisan fondo, por ello no podemos quedarnos dormidos en los laureles.
Desde Unidad Visión Venezuela nos unimos a este
esfuerzo que se viene haciendo, a pesar de todos los obstáculos e
inconvenientes que han tenido que afrontar estos burgomaestres, para que con la
única arma efectiva que tenemos los demócratas, rescatar los municipios Sucre,
Libertador, a nuestros Valles del Tuy, Barlovento, el eje Guarenas-Guatire,
nuestra región central (que incluye nuestro estado Miranda), la Región
Oriental, el Occidente del país, Los Llanos, nuestros Andes venezolanos, y con
ello podamos en el mediano plazo salvar a todo el país de la desidia, la
miseria y el abandono.
Finalizo invitando a que desde nuestros espacios
sigamos aportando nuestro granito de arena por ayudar a salir de este
atolladero al que nos ha llevado una minoría, hagamos lo correcto, hagamos el
bien sin mirar a quien, los buenos somos más y continuemos construyendo.
Unámonos por nuestros hijos, por el futuro de nuestros nietos, por ese país que
no solo soñamos, sino que nos merecemos. Esta Patria es grande, sabemos que no
es una tarea fácil, que no es un trabajo de hoy para mañana. Nuestro compromiso
y deseo de salir adelante y superar esta grave crisis debe prevalecer.
dip.omaravila@gmail.com
@OmarAvilaVzla
Venezuela
NOEL ÁLVAREZ, POLÍTICA PARA TONTOS
En nuestros días, la política vive momentos de descrédito, justamente cuando más la necesitamos, en medio de esta pandemia que acosa al mundo entero y que no pide ni da cuartel. La democracia está desvencijada. Los distintos colores que hacen vida en una comunidad, sean de izquierda o de derecha, se aferran a ella con determinación como en el juego de la soga, en una enconada pugna para llevarla a campo propio, sin darse cuenta que, de tanto manoseo la cuerda suele partirse y quienes se la disputan, ruedan por el suelo a causa de la inercia. José Ortega y Gasset hizo una clara distinción entre el gran político y el hombre de acción: "Todo gran político es un hombre de acción, más no todo hombre de acción es un gran político".
Es habitual en estos tiempos presenciar una férrea competencia dialéctica en la que unos y otros discuten para dilucidar quién es más demócrata. Mientras tanto, ¿Qué pasa con la pandemia? Bien, gracias. Lo que Interesa es el poder. La destrucción de la política, principal fuerza civilizadora de nuestro planeta, “solo nos puede conducir a una nueva barbarie”, aprecia el escritor catalán Quim Brugué Torruella en su libro, Es la política, idiotas. Es posible que esta situación convenga a algunos sectores, pero, la mayoría de ciudadanos, las personas que no forman parte de estos sectores privilegiados, deberían coincidir en la defensa de la política; la buena política, aquella que nos ha permitido y nos permitirá convivir y alcanzar una existencia plena, dice Brugué.
Todo buen político debe reconocer que la incertidumbre se ha apoderado de los gobernantes, pero también de los gobernados, que podemos indignarnos e incluso sustituirlos por otros, pero no siempre tendremos la razón ni disfrutaremos de ninguna inmunidad frente a los desconciertos que a todos nos provoca el mundo actual. Si es malo el elitismo aristocrático también lo es el elitismo popular. El catedrático español, Daniel Innerarity señala que la crisis política en la que nos encontramos no se arregla sustituyendo a los gobernantes por la gente o suprimiendo la dimensión representativa de la democracia. Se trata de que unos y otros, sociedad y sistema político, gestionemos juntos la misma incertidumbre, porque hasta hora, pareciera que vivimos en un mundo en el que la verdadera política ha sido arrinconada por la idiotez política.
En esa idiotez, su protagonista, el idiota político, es un ciudadano pasivo que no se considera parte de un todo, ni miembro de una comunidad sino una persona aislada, nómada. El idiota político se cree básicamente un sujeto de derechos: yo tengo derechos desde la letra a hasta la z, dicen algunos, sin darse cuenta de que, el derecho de uno es la obligación de otro, y que además para que los derechos sean efectivos tiene que haber una comunidad que los ampare y legitime. Existe otro tipo de idiotas políticos en el que se encuentran quienes tienen una actitud indiferente hacia la política. Por supuesto que los pasivos tienen todo el derecho a serlo, pero si quieren que les dejen en paz no han elegido el mejor camino para lograrlo. Es muy frecuente que se produzca una alianza implícita entre quienes se desinteresan por la política y quienes aspiran al poder, pero rechazan las incómodas formalidades de la política. Al final, lo que tenemos es lo de siempre pero camuflado: personas que ejercen el poder, pero que actúan como si no lo tuvieran, asegurando que no son políticos.
Leyendo algunos textos de escritores prominentes, encontré un cuento de Jorge Luis Borges sobre el cansancio del hombre, fuese cual fuese su coloración o su apetito político. “Los gobiernos fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos".
Hablaba
el escritor andaluz Ángel Ganivet García, pocos años de tirarse al rio Dvina,
en Letonia, del cansancio y la decadencia de la democracia: "El
decadentismo es cansancio, es duda, es tristeza, y lo que hace falta es fuerza,
resolución y fe en algo, aunque sea en nuestro instinto; que, cuando nos
impulsa, a alguna parte nos llevará". Por cierto, Ganivet fue rescatado
con vida, pero reincidió en el tema y esta vez sí logró su propósito.
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
RICHARD CASANOVA, CINCO DESAFÍOS DE LA OPOSICIÓN DEMOCRÁTICA
El primer desafío
Resulta insólito que en un país azotado por una brutal dictadura y una crisis devastadora, la oposición no sea capaz de ponerse de acuerdo en torno a una hoja de ruta para enfrentar al régimen. La tarea no es nada fácil: hay distintas visiones e incluso intereses diversos pero nada justifica la insensatez de no centrarse en ese objetivo. ¿Qué hacer?
Hace años participe en una reunión con el dirigente del Partido Socialista Chileno, ex Ministro de Estado de los gobierno de Allende, Ricardo Lagos y Bachelet –el senador Sergio Bitar- quien valoraba con gratitud la mediación de Venezuela para consolidar la unidad opositora y dar al traste con el régimen de Pinochet. Visto en perspectiva, consideró inexplicable que frente a esa cruenta dictadura militar, ellos estuviera centrados en sus diferencias y atacándose mutuamente de manera despiadada, un cuadro que le sonará familiar a mis admirados lectores. Para superar aquella absurda discordia, en junio de 1975 -con la anuencia de los principales partidos venezolanos- el presidente Carlos Andrés Pérez invitó a figuras prominentes del mundo opositor chileno a un encierro en la Colonia Tovar, el cual se prolongó hasta que se logró un acuerdo mínimo para enfrentar al tirano.
Regresando a nuestra realidad actual, hasta ahora en Venezuela se han promovido iniciativas internacionales de mediación ante el régimen para negociar una transición democrática. Pero ¿Hará falta una mediación internacional para lograr la unidad interna indispensable para emprender cualquier iniciativa de cambio? ¿O está el liderazgo a la altura de las circunstancias y es capaz de demostrar madurez política, sentido de responsabilidad y capacidad para enfrentar la coyuntura? Estas son las preguntas que se hacen los venezolanos y en la medida que no encuentran respuesta, se distancian de la política, crece la frustración y se alejan las esperanzas de superar la crisis. Estas preguntas también deben hacérsela los observadores internacionales con consecuencias similares. Unos y otros deben recordar a Einstein y sus reflexiones sobre la estupidez humana.
Respeto y tolerancia
Insisto, cualquiera sea la ruta adoptada -electoral o no- estará condenada al fracaso si no existe cohesión interna entre las fuerzas democráticas. La dictadura lo sabe y juega siempre a dividirnos, le dan volumen a nuestras diferencias e invisibilizan nuestros logros, que son muchos, por cierto. Cuando vemos a un opositor descalificando a otro, o nos hacemos ecos de tales agresiones, simplemente se le hace el juego al régimen. Comencemos entonces por respetar las opiniones diversas y ser tolerantes con las posturas contrarias para garantizar la convivencia. Increíble pero esta práctica que debería ser habitual entre demócratas, ha sido arrollada por el canibalismo que impera hoy en el mundo opositor. Y no me refiero solo al liderazgo político, desafortunadamente recuperar el respeto y la tolerancia como valores esenciales de la cultura del venezolano, termina siendo una tarea primordial.
¿Cómo construir una propuesta unitaria, si cada vez que alguien promueva una reflexión sobre la ruta a seguir y sugiera revisar la estrategia, se le descalifica e insulta, es lanzado al mismo saco de los “opositores” que abiertamente colaboran con el régimen? Si vemos una conspiración malévola cada vez que alguien exprese sus diferencias –que podemos compartir o no, eso es otro asunto- será imposible recomponer la unidad. Quienes piensan que todos están equivocados, son traidores, vendidos o conspiradores, “excepto mi líder y yo”, en nada se diferencian del chavismo. ¿Cuál es el futuro del país por ese camino? Ha llegado la hora que cada ciudadano demuestre su condición de demócrata y quienes aspiren conducir, muestren sus capacidades políticas en la construcción de una alternativa unitaria, integradora. La crisis son desafíos para los verdaderos liderazgos y la historia no perdona.
Cerrar la brecha
Se ha producido un distanciamiento entre el ciudadano común y la política, muchos sienten que los políticos están centrados en sus problemas de partido, sus rivalidades y que la acción política nada tiene que ver con las penurias que padecen a diario. Una prolongada y muy dura lucha contra el régimen -sin lograr el cambio anhelado- puede haber minado las esperanzas de la población y abrir esta brecha pero además de la falta de unidad, lo más lesivo para el ánimo opositor ha sido una agenda política tan distante de las expectativas reales de un país agobiado por esta pavorosa crisis. Una Venezuela que sufre el colapso de los servicios públicos, donde el desempleo galopa, el salario de los trabajadores lo han pulverizado y el alto costo de la vida tiene pasando hambre a amplias capas de la población, debe ser la prioridad política en la agenda opositora. Hoy es vital recomponer y consolidar la relación entre el liderazgo político y la gente. Cerrar la brecha para organizar y movilizar a la sociedad, ello nos sugiere el desafío de innovar y rediseñar la agenda para hacer política enfocados en los necesidades y demandas de la población.
El valor del voto
La abstención en la coyuntura no puede interpretarse jamás como una renuncia al voto como instrumento de cambio. Esa equivocada lectura ha llevado a algunos dirigentes a plantear que es necesario "recuperar la ruta electoral", como si alguna vez la oposición democrática ha estado fuera de ella. En la ruta electoral hemos estado siempre: toda la presión internacional, incluyendo las sanciones, apuntaban y apuntan a forzar al régimen a unas elecciones libres ¿O acaso esa no ha sido una exigencia constante? Por eso no hablo de recuperar la ruta electoral sino de "rescatar el valor del voto", tanto en el ámbito de la opinión pública como en la praxis político-electoral. Recuperar el valor del voto no supone participar en futuras elecciones porque si, a todo evento y en las condiciones que sean. ¡No! Pero abrir cauces a la participación debe ser un objetivo, de manera que el desafío es como replantear la acción política en el plano nacional e internacional para torcerle el brazo al gobierno y arrancarle las condiciones mínimas que efectivamente permitan rescatar el valor del voto.
Se trata también de elevar la conciencia colectiva sobre nuestro poder en el terreno electoral, generar confianza y ampliar nuestras capacidades para movilizar a la sociedad en condiciones adversas y defender la voluntad expresada. Hay que borrar del imaginario popular pendejadas como "dictadura no sale con votos" y otros slogans necios que se han convertido en credos para una parte de la oposición y sólo han servido para fortalecer al régimen. Los dogmas tienen validez en la iglesia, no en la política. Este debate hay que abrirlo sin prejuicios ni complejos ¿O nos encadenamos a una única estrategia? ¿Nos quedamos eternamente en la abstención, así el gobierno tenga 95% de rechazo y logremos observación internacional o algunas condiciones mínimas que permitan la derrota del régimen? Participar o abstenerse, ambas son posiciones válidas en un determinado contexto estratégico, en una coyuntura, pero ninguna de ellas puede ser permanente o incondicional.
La negociación viable
¿Realmente será posible una negociación con la dictadura? ¿Negociar con delincuentes es un problema ético? Veamos... La situación de la oposición no es fácil pero la del gobierno es mucho peor. Repudiado por una inmensa mayoría, aislado, bajo sanciones, con juicios penales en puerta y sus cabezas con precio. Además, tiene conflictos internos ocultos bajo el manto de la corrupción. Ha engañado tanto que no tiene capacidad para generar confianza y así, no hay posibilidad alguna de revertir la crisis, cuya profundización conduce a un colapso que amenaza su permanencia en el poder.
Pudiéramos decir que tal permanencia depende del financiamiento y del apoyo de China y Rusia. Pero ¿Hasta cuándo estos países lanzarán dinero en ese saco roto? ¿Cuánto tiempo financiarán la corrupción de la élite boliburguesa? Un país en ruinas amenaza sus inversiones y lanza a fondo perdido una cuantiosa deuda. ¿O este gobierno fracasado y corrupto tendrá capacidad de pagar esa deuda mil millonaria? En la política -sobre todo en la internacional- no hay amigos o enemigos, solo intereses. Por eso, supuestos aliados -como España- ya le exigen a Maduro elecciones libres y justas. O sea, desconocen la farsa del 6D, un duro golpe para la dictadura, tratándose del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Claro, ninguna dictadura quiere negociar y mucho menos entregar el poder pero todas terminan haciéndolo en determinadas circunstancias. En este cuadro, el gobierno debe pensar en negociar, necesita una salida que le permita preservar un espacio político y debe hacerlo antes que la bomba le estalle en la cara, lo cual sucederá cuando los pocos aliados que quedan le saquen la alfombra. Con relación al dilema ético de negociar con malandros, hay que decir que si no fueran delincuentes, cumplirían con las leyes y no fuese necesario negociar. Repetir esa falacia solo demuestra ignorancia, basta revisar la historia. Si ese dilema ético existiera, Churchill, Roosevelt y luego Truman, no se hubieran sentado a negociar con Stalin -uno de los más grandes genocidas de la historia- para garantizar la paz mundial.
El desafío entonces es como forzar al régimen a una negociación y como evitar que la utilice nuevamente para ganar tiempo o para burlarse de los venezolanos: como garantizar que la negociación derive efectivamente en una salida electoral. Asumir el reto supone redefinir la estrategia en ese terreno, entendiendo que desde hace tiempo el caso venezolano está en el tablero de la geopolítica mundial y que es necesario involucrar a China y Rusia en el proceso, a partir de sus propios intereses. En este momento es cuando no podemos olvidar que se trata de un régimen con amplia e inocultable vocación delictiva.
Optimismo, como punto final
Si el liderazgo opositor está o no en capacidad de asumir estos desafíos lo sabremos en poco tiempo, la exigencia de unidad es un clamor en la calle y el país espera.... Una cosa mantiene el optimismo encendido: luego de más de dos décadas, con todo el poder imaginable, el régimen no ha podido doblegar el espíritu democrático de los venezolanos. No hay razones para pensar que puedan lograrlo ahora, en esta hora menguada. ¡Venezuela no se rinde!
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@richcasanova
Dirigente progresista / PJ / Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Venezuela.