
EL REPUBLICANO LIBERAL II - DIARIO DE OPINIÓN - NACIONALES – INTERNACIONALES -EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS, TWITTER Y/O PAGINAS WEB QUE SEGUIMOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, - ACOMPAÑAMOS LA GESTIÓN DE LAS FUERZAS OPOSITORAS Y DISIDENTES EN EL PROCESO DE LOGRAR UNA DEMOCRACIA REAL MEDIANTE LA UNIDAD CIUDADANA Y SU ORGANIZACIÓN EN UNA NUEVA MAYORÍA EN LUCHA CON MORAL DE VICTORIA.
sábado, 13 de marzo de 2021
ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ SÁBADO 13/03/2021
CAROLINA ESPADA, PRÊT-À-PORTER
In memoriam
“¡Ese Fidias es un ladrón! ¡Ese corrupto se cogió ese
oro y cuidado si tiene un chanchullo montando con Pericles!”.
Al noroeste de la Acrópolis, pasando el bosquecillo de olivos y luego a la derecha, estaba el ágora, y el escándalo que estaba formando Cleón -el vendedor de aceitunas negras- era de dimensiones ciclópeas.
Atenas era la cuna de la democracia y, por lo tanto,
también arrullaba a la oposición, pues no puede existir una sin la otra.
Y allí estaba Cleón, ejerciendo su derecho democrático
a disentir, pero batido de pitillo y espumita contra el escultor de, nada más y
nada menos, una de las siete maravillas del mundo: la estatua de Zeus en el
templo de Olimpia. Mas aquí la furia de Cleón no era contra ese glorioso
monumento, sino contra otro: la colosal efigie de Palas Atenea allá arriba en
el Partenón.
Tanto alboroto estaba armando Cleón, que la gente que
hacía el mercadito se arremolinó a su alrededor. Los demás mercaderes: Lámaco,
el del queso feta; Trásilo, el de las vasijas; Mnesicles, el del aceite;
Escopas, el del vino; Calícrates con sus cabras; Nicia con sus higuitos y
Pausanias, el aguador (no confundir con el que era historiador, viajero y
geógrafo, pues el Pausanias del mercado era mejor conocido como “El
Desmemoriado”), todos dejaron sus puestos y se acercaron a escuchar con sumo
interés las denuncias. Recordemos que el ágora no era precisamente Quinta
Crespo, originariamente fue el lugar de la asamblea popular y luego, rodeada
por edificios administrativos y la famosa sala hipóstila, se convirtió en el
centro de la vida política, comercial, religiosa y social de Atenas. Ese era el
corazón de la localidad.
“¡Para nadie es secreto que Pericles, nuestro tan
admirado gobernante, es amigo personal del tal Fidias! Todos sabemos que al
artista este le dieron algo así como el monte Olimpo en oro para que esculpiera
a la diosa de la sabiduría y protectora de nuestra ciudad. ¿Y qué fue lo que
hizo el que les conté? ¡Sí, usó parte del oro, pero se robó más de la mitad! ¡Y
eso, cambiado a talentos áticos, es una de las mayores fortunas de esta
talasocracia!”.
Del ágora, la acusación pasó a mayores y Fidias fue
enjuciado. Nadie entendió la extrema serenidad del escultor, los ojitos
brillantes y esa sonrisita de triunfo mal contenida cuando cruzó el pórtico de
los Propileos, pasó junto al Erecteion (y las cariátides lo vieron
petrificadas) y entró al templo. Allí lo esperaban: Pericles, los jueces y el
pueblo ateniense con cara de “¡Aaay, Fiiidias!…”. Todos estaban a los pies de
la gigantesca Atenea Parthenos (“la Virgen”) que, al igual que la estatua de
Zeus Olímpico, era criselefantina: de oro y marfil. Veintiséis codos (unos 12
metros) de oro y marfil.
Para asombro de la concurrencia, Fidias y sus ayudantes
-Alcámenes, Colotes y Agorácrito- comenzaron a desvestir a la diosa. Ella
estaba hecha de madera con revestimiento de marfil, pero su casco, su quitón,
sus sandalias y su escudo eran de oro. Era un vestuario de “quita y pon”.
Atenea quedó expuesta, blanca y desnuda… y su tocado, traje y accesorios fueron
pesados. Allí estaba toda la cantidad de oro -exacta, ni un gramo más ni un gramo menos- que Fidias había recibido
de Pericles. Cuarenta y cuatro talentos -unos 1140 kilos- del más dúctil de los
metales preciosos. Fidias miró a su difamador con cara de: “¡Recoge tu gallo
muerto!” y, de inmediato, le levantaron el cargo de malversación.
¿Y Cleón?… Pensó “¡Trágame, Hades!” y tuvo que tragarse sus palabras y sus aceitunas, porque, después de semejante gaffe, la ciudadanía completa le hizo el fo por camorrero.
Hay gente que elige darle un fin amargo a la historia
y hablan de un Fidias muriendo en prisión o en el exilio unos cuantos años
después, pues como decía mi mamá: “La vida es como una cachapa, que en
cualquier momento se voltea”. Hoy prefiero detener la narración en el día en
que el gobernante y el pueblo ateniense celebraron la genialidad y la honradez
del escultor. Lo que sí no le perdonaron a Fidias fue lo que hizo en el escudo
de la diosa. Atenea, como hija favorita de Zeus y “nacida” ya adulta de la
frente del máximo de los dioses, recibió de su padre un gran regalo. Él le
confió su escudo adornado con la cabeza de la gorgona Medusa (su égida) y el
rayo (su arma principal). Fidias esculpió todo esto, pero tuvo la osadía de
agregar, allí mismo, como quien no quiere la cosa, su retrato y el de Pericles.
Ese intento por congraciarse aún más con su amigo y, de paso, inmortalizarse, sí es verdad que no se lo perdonaron
nunca. Él sería muy talentoso y honesto, pero no llegaba a ser ni un semidiós.
¿¡Qué se había creído!? Jamás olvidemos que es muy peligroso ser mortal,
parejero e igualado… los dioses montan en cólera rapidito y son implacables
castigando al insolente.
¿Y qué podemos aprender de este maravilloso relato? ¿Cuál es la moraleja? ¡Tan bueno que sería que personas acusadas de corrupción pudieran rendir tan buenas cuentas como lo hizo el honesto Fidias cuatrocientos cuarenta años a.C.!
RAFAEL GARCÍA MARVEZ, 7+7= PROTESTAS, GASOIL, AEROPUERTO
Sabemos, tanto como el resto de nuestros compatriotas,
que la desgracia, las penurias, el hambre, a las que están sometidos algo más
de 85 % de los venezolanos produce sus efectos como el: desaliento,
desmoralización, impotencia, angustia, que son aprovechados por el gobierno
fraudulento de Nicolas Maduro para mantener a raya a sus adversarios. Este
escabroso escenario se combate con la unidad, con un accionar en conjunto de
los diferentes dirigentes que conforman el universo de las fuerzas opositoras.
Muy diferente sería la situación hoy día si apareciera Guaidó rodeado de
dirigentes de la estatura política de María Corina Machado, Henrique Capriles,
Henri Ramos. Vegetar, vivir sin ninguna movilidad es un grave diagnóstico para
cualquier político que aspire no mantenerse anquilosado en el pasado, condenado
a un ostracismo irreversible. La oportunidad de estos políticos de seguir
avanzado estará estrechamente ligado al éxito que a la vez pueda tener la
democracia liderada por el actual presidente de la legítima Asamblea Nacional.
Los brutales golpes que ha recibido ese espacioso
grupo que conforma la oposición venezolana no solo provienen del gobierno
ilegítimo de Nicolas Maduro; también se han lanzado “torpedos” que provienen de
allá dentro, me refiero de la misma oposición. Los llamados alacranes, pienso
que estos deben ser execrados para siempre, no así los conversos del chavismo a
quienes hay que abrirles las puertas e integrarlos a la lucha por el rescate de
la democracia. Cuesta comprender cómo los compañeros piden elecciones
regionales, pero por ninguna parte aparece la solicitud de paridad y respeto a
la voluntad de los electores; esto para ellos no tiene ningún valor, cuestión
que no deja de ser sospechosa. Por ejemplo, la rectora de la Universidad de
Carabobo, Jessy Divo, es un acto infeliz. Asistir a un evento político en el
capitolio valenciano donde además del gobernador Lacava estuvieron Jorge
Rodríguez y el hijo de Nicolás Maduro, luego que de pronunciar un discurso que
fue repudiado por el pueblo carabobeño. Termino con unas palabras que copié del
intelectual y político brasilero Rui Barbosa que tienen un sentido que calza
muy bien en estos momentos: “De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver
prosperar el deshonor, de tanto ver crecer las injusticias, de tanto ver
agigantarse el poder en malas manos, el hombre llega a desanimarse de la
virtud, a reírse de la honra y a tener vergüenza de ser honesto.”
JOSÉ RAFAEL HERRERA, LA OTRA MITAD: DEL CONTRACTUALISMO Y LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO DE LA MUJER Y DEL HOMBRE
Hobbes, Locke y Rousseau
A mi pequeña “Coco”
Del mismo modo como la mujer y el hombre son términos
opuestos correlativos complementarios, el contractualismo es, desde la
perspectiva de la estructura lógica de la oposición correlativa, una doctrina
incompatible con el concepto de amor. Y su presencia activa en la historia
moderna y contemporánea es la confirmación y realización efectiva de la
negación abstracta del sentimiento de amar. Después de Descartes y de su
elevación de la existencia como principio supremo del “yo pienso”, las cartas
que se jugó la humanidad fueron arrojadas sobre la mesa de apuestas del más
despiadado y frío interés. Y apenas era el comienzo. Sobre su in nuce, el
concepto contractualista del ser social no sólo fue confeccionando su
incompatibilidad con toda relación mediada por el amor intellectualis dei, sino
que pronto mostró el hecho de que sólo puede existir sobre la base de dicha
incompatibilidad. El universo de Shakespeare no es el reino del individuo de
Hobbes ni de Locke. Ni la historia invertida de la inocencia salvaje de
Rousseau puede dar cuenta de ello, más allá de sus tropiezos y confusiones en
tropel.
El contractualismo, en efecto, no solo invirtió la
historia de la humanidad sino que tuvo el atrevimiento de convertir una ficción
-devenida precepto matemático- en el origen de la sociedad. Fue el Estado
romano -SPQR- el gran promotor de los derechos civiles e individuales, y no los
derechos civiles e individuales los promotores del Estado. La lógica del
contractualismo es la del entendimiento abstracto, reflexivo, a la que Hegel
tuvo el privilegio de sorprender y denunciar en su inevitable e insalvable condición
de infelicidad, de “mala infinitud”. En todo caso, se trata de la teología
devenida lógica de la momificación de todo y de todos, la misma que, hasta la
fecha, ha insistido en “instruir” al mundo en nombre de la libertad y de la
razón, vístase de barras rojas y azules, de rojo sanguinolento, de estrellas
amarillas circulares, de despotismos ancestrales o de novísimos gansteratos
perrunos. “¡Pero funciona!”, se dirá, haciendo con ello irresponsable
abstracción de las ruinas -las muertes- que ha ido dejando a su paso por la
historia de la cultura moderna y contemporánea. Bajo el concepto de contrato se
establece el grueso de las relaciones sociales actuales, lo cual incluye a las
relaciones familiares, matrimoniales y, por supuesto, las relaciones entre el
hombre y la mujer. La vida misma resulta ser, en consecuencia, un gran
contrato. De “depravado” acusa Hegel a Kant por esta “torpe ocurrencia”.
Es “el reino animal del Espíritu”. El reino de lo
puramente extrínseco, mediado por el interés y el cálculo entre las voluntades
bajo la figura de la prestación. Eso es -y eso genera- el modelo contractual
una vez que, por extensión mecánica, ha sido aplicado como modelo universal,
más allá de las relaciones estrictamente comerciales, a la vida social y política,
trasmutando -torciendo- con ello las relaciones humanas en relaciones
mercantiles y a los Estados en corporciones utilitarias. Y fue justamente a
este tipo de representación de la sociedad, devenida hegemonía cultural y
leitmotiv de las relaciones sociales, a lo que Spinoza -el más digno entre
todos los filósofos- designó como la doctrina del finalismo: “todas las causas
finales son, sencillamente ficciones humanas. Esta doctrina acerca del fin
transtorna por completo la naturaleza, pues considera como efecto lo que en
realidad es causa y convierte en posterior lo que en realidad es anterior.
Trueca en imperfectísimo lo que es supremo y perfectísimo”, además de que de
dicha doctrina surgen “los prejuicios acerca del bien y el mal, el mérito y el
pecado, la alabanza y el vituperio, el orden y la confusión, la belleza y la
fealdad”, géneros a los que bien podrían agregarse las segregaciones raciales,
la depredación de la naturaleza o la supremacía, según el punto de vista
contractual, del hombre sobre la mujer o de la mujer sobre el hombre, más allá
de los extremismos que las hipócritas manipulaciones orquestadas por los
regímenes totalitarios habitúan hacer de estos temas y problemas del presente.
La verdadera unificación que supera y conserva a un
tiempo las miserias de la hostil relación establecida como criterio de
demarcación entre la mujer y el hombre está situada muy por encima del actual
tejido contractual de las relaciones humanas. La recuperación de la
Sittlichkeit –o de la civilidad, como
bien la supieron traducir en su momento García Bacca y José Gaos– es, tal vez,
la tarea más importante -y, sin duda, la más ardua- del presente. El pleno
reconocimiento del indiscutible valor femenino está muy por encima de sus
incuestionables sacrificios históricos, de sus conquistas -no pocas veces a
codazos- o de sus capacidades profesionales o técnicas. No se trata de competir
ni de demostrar, a la manera de Darwin, quién es o no más apto. Todas estas son
representaciones marcadamente
contractuales, calculadas e instrumentalizadas. Lo importante está en
comprender que, ontológicamente hablando, resulta imposible pensar siquiera en
la posibilidad de la existencia de hombres sin la necesaria existencia de las
mujeres, o a la inversa. Que se trata de polos opuestos recíprocos en el que
cada uno no sólo es correlato para el otro sino que, por esa misma razón, son
interdependientes. Cada uno es, al decir de Platón, la otra mitad: el otro del
otro, el “sí mismo”. Amor no es contrato ni se sustenta en el interés o en la
finalidad. Sólo se puede cambiar amor por amor y confianza por confianza. El
amor –y el Ethos es una determinación del amor– supera las oposiciones, porque
no es entendimiento abstracto, cuyas relaciones fijan y establecen que la
individualidad siga siendo mera individualidad –”lo mío” y “lo tuyo”– y cuyas
unificaciones son de naturaleza contractual. “Cuanto más te doy más tengo”,
afirmaba Shakespeare. Esta debería ser la consigna para el porvenir de una
humanidad justa y efectivamente equitativa.
jrherreraucv2000@gmail.com
@jrherreraucv
Venezuela
EDUARDO MARTÍNEZ, MIÉRCOLES HORRIBLE PARA NICOLÁS MADURO
Eduardo Martínez
ermartinezd@gmail.com
eduardo rafael martinez
@ermartinezd
Editor
www.eastwebside.com – www.economiavenezolana.com
ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA INFINITUD DE LA UNIVERSIDAD
Y aunque en principio, no hay forma posible de una
comparación que se justiprecie de su alcance, es insensato pretender tanto lo
primero como lo segundo. Ni Dios está muerto por cuanto es infinito, ni tampoco
la Universidad. Esta gran institución es imperecedera por tantas razones que
comprenden su magnanimidad, perseverancia, estoicismo, continuidad y
longanimidad. Es más perenne que el oro.
Sin embargo, buena parte de la justificación que
esgrimen quienes han supuesto que “la Universidad está muerta”, se apoyan en la
animadversión que sienten contra la institución. Independientemente de si
hablan en nombre del resentimiento o repulsión a la inteligencia, dado lo
crítica, democrática y plural, como tal cual la desnudan sus acciones, procesos
y momentos propios de la vida académica que la Universidad tiene.
Desde que la Universidad abrió sus puertas para formar
hombres y mujeres alrededor del conocimiento de las ciencias, las humanidades,
las tecnologías y las artes, ahí mismo nació para la infinitud, para la
inmortalidad. Dispuesta a trascender por encima de cuanto obstáculo se le
atravesara. Podría verse afectada por las circunstancias, como en efecto ha
sido a lo largo de más de 8 siglos. Pero nunca, para dejar vencerse por los
avatares.
Cada crisis por la que ha transitado la Universidad,
la ha fortalecido. En los problemas vivenciados, ha hallado una oportunidad
para resarcirse. Para consolidarse de cara a lo que exalta su compromiso
pedagógico-institucional-académico.
Sus periplos, equivalen a procesos graduales de
aprendizaje-enseñanza que convocan las potencialidades que en su esencia
radican. Así ha sido su recorrido. Entre tiempos y espacios. Y es, lo que le ha
permitido salvar brechas, diatribas y empellones demostrativos de su fuerza
para imponerse a las incertidumbres. Tan igual, como para fulgurar entre las
penumbras que intentan oscurecer su brillo.
Estas realidades son las que han motivado, en la
historia de los pueblos, a encumbrar la razón de ser de la Universidad.
Indistintamente del lugar en el cual esté enclavada su institucionalidad. Un
ejemplo de lo que concierne a estas verdades, es el caso de los académicos Luis
Pastori y Tomás Alfaro Calatrava, cuando escribieron: “Esta casa que vence las
sombras, con su lumbre de fiel claridad (…)” para destacar la condición de
“Alma Mater” de la universidad venezolana ante su razón académica. (Del himno de
la Universidad Central de Venezuela, UCV)
La Universidad no ha muerto
En los último tiempos, algunos agoreros vienen
diciendo que “la Universidad ha muerto”. ¡Crasa equivocación! No hay referencia
que admita un caso de expiración de alguna universidad. Aunque no es de negar
que ha habido tiempos en que la universidad se vio constreñida a cerrar sus
puertas, aulas y laboratorios por causas de nimia temporalidad. Incluso, por
intereses que sólo explica un obtuso, abusivo y aprovechado poder político.
Pero siempre, el atasco en su condición de problema, ha sido coyuntural.
Venezuela no ha sido la excepción. Muy a pesar de los
cambios que ha adolecido el país. Particularmente, desde que fue instituida la
primera Universidad, la UCV. (Fundada el 22 Diciembre de 1721, con antecedentes
en el Colegio-Seminario de Santa Rosa de Lima, desde 1673).
Siempre, las universidades venezolanas han sabido
sortear los embates que en algún momento las ha afectado. La historia política
contemporánea, es fiel testigo de múltiples impases en esa línea de
confrontación.
Sin embargo, la puja por creaciones de educación
universitaria de toda especie, rango y dimensión, o por eliminaciones y
reemplazos de cualquier género y clase por otras de igual o peor configuración
organizacional, no ha sido ni será causa de supresión, exterminio y desarraigo
de universidad alguna. Ni siquiera, porque algunas han sido de factura
gubernamental.
Además, resultaría imposible dejar de reconocer que,
en lo que va de vida republicana venezolana, no ha habido ninguna actividad o
creación de bien colectivo que no haya tenido su raíz o motivación al margen
del esfuerzo universitario. O de las capacidades creativas que en ellas
residen.
Así que no tiene cabida de ningún tipo, sintonizarse
con tan desacreditada expresión. Con la apesadumbrada frase que declara la
muerte de la Universidad. Tan imperturbable y permanente es la Universidad,
desde todo punto de vista, que ni siquiera los allanamientos o las reducciones
presupuestarias de las cuales han sido víctimas las universidades autónomas
(venezolanas), han podido derrumbarlas. Y si alguna vez el gobierno, por miedo
a sus críticas, llegó a desmantelarlas, como sí en efecto ha sucedido, su
capacidad de recuperación no ha hecho esperar.
Y todo así ha sucedido, porque la Universidad, ha
continuado fortaleciéndose. Más, por cuanto es un acto de fe académica
consolidarse institucionalmente como artífice del progreso en tiempo presente y
de cara al porvenir. O como lo expresara el rector Dr. Renato Esteva Ríos, con
motivo del aniversario de la fundación de la Universidad de Los Andes, el 29 de
Marzo de 1952, la Universidad (…) ha de imponerse como un poder espiritual frente a
todo, representando la serenidad frente al frenesí, la seria agudeza frente a
la frivolidad. Entonces así, la Universidad volverá a ser lo que fue en su hora
mejor: un principio promotor de la historia.
En contra de la perturbadora frase que afirma que “la
Universidad está muerta”, vale replicar que la Universidad se renueva día a
día. Su florido y hermoso prado, es un cultivo de inteligencia, y que
convertido en realidades, seguirá abonando y honrando el desarrollo nacional.
Es así, porque la Universidad siempre ha vibrado con el sentimiento que embarga
toda situación social, política o económica. O que incluso, vaya más allá de
sus fronteras. Pues la Universidad, en un sentido estricto, la hacen sus
hombres y mujeres. Sus obras y vidas.
Por eso, que quienes insisten en asesinar la Universidad, o declararla sucumbida, deben
saber que esa intención jamás podría patentizarse. Porque la Universidad es eco
defensivo y resonante de toda crisis que amenace el devenir del país, con
hambre de ideas, de trabajo y de conciliación. Eximia razón para haber definido
a la Universidad como “una sociedad de intereses espirituales” cuya “(…) tarea
es buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre” ( Del
artículo 1 de la Ley de Universidades. Caracas, 1970)
Por consiguiente, sobran razones para asentir su
perennidad. Por tanto su permanencia. Eso explica otras razones más para aducir
por qué y para qué haber disertado sobre la infinitud de la Universidad.
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela
LUIS FUENMAYOR TORO, ENTRE ILEGITIMIDADES Y USURPADORES TE VEAS
Se trata de un club de amigos que se reúne, que hace
oposición política al gobierno ilegítimo y para muchos de ellos inexistente de
Maduro. Este ilegítimo cuerpo dispone de grandes recursos financieros, dinero
ilegítimamente obtenido de fondos bancarios del pueblo venezolano, que han sido
secuestrados por gobiernos pillos, valiéndose de que gozan en esta acción
delictiva del apoyo del Departamento de Estado, cuyas actividades delictivas en
el ámbito internacional son conocidas por el mundo entero. Se le suma además el
dinero robado de empresas venezolanas en el exterior, que manejan
ilegítimamente, sin control ninguno, sin supervisión, con total discrecionalidad
y sin obligaciones ningunas para con los venezolanos, ni los que están en el
país ni los que emigraron buscando mejores condiciones de vida.
Y si vamos a los usurpadores, pues también tenemos
dos: Maduro, quien fue electo en comicios ilegítimos en mayo de 2018, comicios
donde votó casi el 50 por ciento de los electores registrados por el CNE
legítimo de aquel momento, y comicios hechos de acuerdo a lo estipulado por la
Constitución legítima vigente. Pero desde enero de 2019 tenemos a otro usurpador:
Juan Guaidó, a quien designaron Presidente por 30 días, según lo que dice la
Constitución, y ya lleva más de dos años ejerciendo la figura, ilegal e
ilegítima, de Presidente interino o encargado, la cual pretende seguir
asumiendo hasta que muera biológicamente, algo que no le deseo, por supuesto.
Según estos actores, el pueblo venezolano está condenado a vivir entre
usurpadores de algún tipo. Ya no se habla de legalidad, eso dejó de ser
importante hace bastante tiempo, para dar paso a una situación de ambigüedades
increíbles.
El ilegítimo, y además usurpador de una diputación y
de la Presidencia de la República, Juan Guaidó, llama a no participar en las
ilegítimas elecciones establecidas por la Constitución Nacional legítima,
aunque una buena parte de sus supuestos seguidores ya han hecho alianzas y
están en campaña electoral ilegítima, por lo que puede asegurarse que las
elecciones mencionadas se realizarán a finales de este año y contarán con mayor
participación que las de diciembre pasado. El usurpador ilegítimo, denominación
pleonástica, pues en principio todos los usurpadores son ilegítimos, tiene
además los riñones de decir que su inexistente AN es la que debe designar al
nuevo CNE, algo que no hizo cuando pudo, pese a que los diputados del PSUV,
algunos ilegítimos, se reincorporaron a la AN legítima, para hacer posible la
conformación del quorum necesario para la designación de un CNE legítimo.
Dicho en otra forma, los dirigentes del G4 y sus
bozaleados seguidores de otros partidos trabajaron ilegítimamente, para que no
pudiera designarse un nuevo CNE legítimo, pues de esa manera continuarían con
su ilegítima política de desconocer toda elección que se realizare sin estar
bajo su total control. Ellos no aceptan ningún proceso electoral con el ilegítimo
Maduro en la Presidencia. Pero incluso si Maduro se fuere, no aceptarían un CNE
que ellos no hayan designado, pues al igual que el gobierno ilegítimo lo que
desean es ganar las elecciones a todo trance, sin importar que no tengan votos
suficientes para hacerlo. Los hoy usurpadores de cargos legislativos, que no
tienen porque no existen, pretenden que los venezolanos, que sí existimos, los
declaremos nuestros amos o nuestros jefes. Ellos son los llamados a decidir
nuestro destino por obra y gracia del gobierno gringo, porque no creo que el
Espíritu Santo los acompañe en esas tropelías.
Y en los partidos las cosas también se debaten de esa
manera. La ilegítima AD de Ramos Allup, nacida hace 20 años de una decisión del
TSJ y no del voto de sus bases partidistas, que además tienen ese mismo tiempo
sin poder expresarse, está enfrentada a la ilegítima AD de Bernabé Gutiérrez,
nacida de otra decisión del TSJ, esta vez además ilegítimo porque incorporó a
unos magistrados llamados “exprés”, seleccionados por una AN legítima que no
respetó el debido proceso. Pero es la ilegítima AD de Bernabé la que tiene el
uso legal de la tarjeta del partido, por lo que la ilegítima AD de Ramos Allup
no podrá postular candidatos a las ilegítimas mega elecciones de gobernadores,
alcaldes y cuerpos representativos, que está organizando la ilegítima AN.
Para Maduro, la legitimidad la da precisamente su
presencia en la Presidencia de la República y del PSUV como mayoría en el resto
de los poderes. Para Guaidó y el extremismo injerencista violento, la
legitimidad la daría la presencia hegemónica de su política. Con ellos
mandando, la legitimidad habrá regresado. No hay otra forma de que regrese. Ni
siquiera si votaran todos los electores del registro electoral y quienes
ganaran lo hicieran con el cien por ciento de los votos emitidos. Si el CNE no
lo designan ellos, si Maduro continúa en la Presidencia, esas elecciones serán
ilegítimas y el usurpador ilegítimo de Guaidó seguirá llamándose Presidente de
la República, aunque ya no sea reconocido internacionalmente.