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martes, 25 de abril de 2017

LEONARDO MORALES P., LA TROPA Y MADURO

AGORA DE IDEAS

Es la calle la protagonista, son las avenidas, las veredas y las autopistas las que albergan a millares de ciudadanos hartos de un gobierno indolente y deslegitimado por su incompetencia para atender los reclamos ciudadanos. No es solo Caracas, son también los pueblos y las grandes ciudades de Venezuela, las que al no ser oídos se asoman en grandes manifestaciones para ver, sí así, el gobierno se da por enterado.

Dos respuestas alegan Maduro y su comando militar: la primera, copia fiel y exacta de su antecesor y de algún otro gobernante, la atribuye a un plan desestabilizador, agregando para vestirla de nacionalismo, a intenciones imperiales. Algo de razón les asiste, pero apuntan en dirección equivocada, la desestabilización es una consecuencia de un gobierno que llevó al país una tremenda crisis y a una violación reiterada de una Constitución que es patrimonio de los venezolanos y que, por lo tanto, nadie tiene derecho a violarlo según su mezquino parecer.

La otra salida del gobierno está dirigida a cargar la culpa a la falta de disposición de diálogo de la oposición. Esta no es más que una salida para cargar la responsabilidad a terceros. Un diálogo exige el cumplimiento de los acuerdos y ese es un bien escaso en Maduro y su tropa.

El gran desestabilizador es el gobierno a quien Venezuela le quedó enorme.
Los pueblos toman la calle de tanto en tanto cuando los gobiernos no atienden sus peticiones. El TSJ, ese cuerpo de magistrados nombrados apuraditos por la antigua AN, actuó en violación de la Constitución, desafiando el ordenamiento jurídico y promoviendo la ruptura del hilo constitucional. Ese “impase” revela la falta de cualidad de quienes allí fueron nombrados y, además, pone de manifiesto una infracción mayúscula que debe ser castigada.

Los venezolanos, en atención a la violación de la Carta Magna, tienen derecho a ejercer una petición, consagrada en el artículo 51 de la Constitución, ante el Poder Ciudadano. Ante la certidumbre de un golpe de estado los venezolanos tienen el derecho y el deber de pedir investigación y sanciones.

Impedir el ejercicio de un derecho consagrado en la Constitución conduce a escalar el reclamo. Las instituciones del Estado son públicas y todo ciudadano tiene el derecho a asistir a ellas a elevar sus peticiones. Su impedimento implica otra violación, una nueva de muchas otras, en la que incurre Maduro y su tropa.

La tropa y Maduro, que solo pueden comparecer ante la opinión pública sentados y encerrados en sus Palacios, a buen resguardo de recibir los “amores del pueblo”, agreden y violan los derechos civiles de los venezolanos cuando de manera reiterada reprimen las manifestaciones cívicas y pacíficas, claramente establecidas en el artículo 68 de la Constitución.

La represión, su intensificación y la forma que toma en manos de policías y efectivos militares define su naturaleza. La propia actuación reafirma la certeza de muchos acerca de la complicidad mutua, TSJ, Gobierno y tropa, en la violación de la Constitución que condujo al golpe de estado, porque eso fue lo que ocurrió.

Cuando la agresión es despiadada contra unos manifestantes que, con razón o sin ella, toman las calles para reclamar lo que suponen un derecho, y en este caso la tienen, la masa allí presente, como diría Canetti, “…quedan despojados de sus diferencias y se siente como iguales.” Las calles están tomadas por quienes creen que deben crearse los mecanismos para superar las dificultades presentes, pero también por quienes exigen algo así como la “solución final”. El gobierno, insensato e irracional, los iguala en sus reclamos.

Maduro y su tropa, o viceversa, es lo mismo, torpemente escalan el conflicto y se agudiza la crisis; se aíslan cada vez más, aquí y allende nuestras fronteras.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

jueves, 30 de marzo de 2017

LEONARDO MORALES P., NORMALIDAD USURPADA

AGORA DE IDEAS 
LOS NIÑOS DE LA PATRIA   

Lo insólito se convierte en cotidiano, lo extraño en habitual, cambian las cosas y comenzamos a considerarlas como normales. Así ha ido transcurriendo la vida del venezolano en lo que va del siglo que recién comienza ¿Vamos avanzado o nos estamos regresando?

En algún momento se pensó que la vida en sociedad era una conquista de la civilización que le permitiría la libertad necesaria para desarrollarse y progresar, así como, relacionarse con sus semejantes de acuerdo a ciertas convenciones claramente establecidas y debidamente compartidas, sancionando las infracciones a los acuerdos establecidos de acuerdo a normas.

Un gobierno y unas leyes a las cuales se sometan gobernantes y gobernados para la organización de la nación es la aspiración de toda sociedad que desee vivir en paz y concordia. Hace ya bastante tiempo esa idea dejó de reinar en la sociedad venezolana, en particular porque tenemos un gobierno que hace su ley para perpetuarse en el poder y, por otra parte, la sociedad civil ha comenzado a considerar cualquier truculencia como normal.

Que una niña de 15 años dirija una banda compuesta por otros menores de edad que dan muerte a cuchillazo limpio a dos individuos en Sabana Grande, es un hecho insólito y grave, pero la sociedad comienza a mirarla con normalidad. Esas cosas suceden, dirán algunos refugiados y enrejados en sus casas, presos y temerosos de la vida sin saberlo. Pero sí, eso ocurre, mas no es normal sino todo lo contrario.

Esa niña debió haber estado en su casa, con sus padres, estudiando o durmiendo para asistir a clase al día siguiente, pero no, la niña vivía en la calle, dirigía una banda. El niño de 6 años, que dicen integraba la banda, debía haber estado en lo mismo, pero la revolución lo puso en la calle.

Esa es la realidad que lego Chávez y sigue edificando su heredero. La revolución bonita nos está llevando a un estado de incivilidad, suerte de anacronismo que nos sirve para ilustrar esta realidad; desgajó a las familias, los puso en la calle, les mató la niñez y la juventud. Los convirtió tempranamente en monstruos capaces de atentar contra la vida humana. No son niños, ni jóvenes, ni viejos, son seres que andan por allí buscando, sin imaginarlo, vengar su tragedia, esa condición a la que los llevó un gobierno que en nombre del socialismo y del humanismo, ha engendrado y estimulado los instintos más despreciables que puede haber en el fondo de un ser humano.

El gobierno pareciera regresar a la sociedad a tiempos superados, a aquella que describió Hobbes: “La condición humana es la lucha de todos contra todos de tal modo que cada cual se gobierna por su propia razón.”

La sociedad venezolana que ya ve estos hechos como normales se preocupa por la debilidad de la ley para castigar a estos infractores. ¿Qué hacer con estos jóvenes? ¿Cómo imputar al de 6 años -en mis tiempos de escuela recuerdo aquello de que se tiene uso de razón a los 7?

Es un problema de la ley o quizá se apunta exclusivamente a la consecuencia y se libera de culpa a los que originan con su inacción esta anormalidad en la vida del país.

Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

jueves, 16 de marzo de 2017

LEONARDO MORALES P., MUD Y OPOSICIÓN RENOVADA

AGORA DE IDEAS 

Los dirigentes de los partidos políticos, luego de la inmolación que significo acudir a las elecciones parlamentarias 2015 sin sus respectivas tarjetas partidistas, han optado por salir a defender el derecho político de la libre asociación; los partidos políticos no han de entenderse como organizaciones efímeras y fugaces, sino como instituciones que tienden a enraizarse en diversos sectores de la sociedad que terminan por compartir los ideales y programas de esas instituciones partidistas.

Avanzada Progresista (AP), organización que lidera y preside el gobernador larense Henri Falcón, salió a ejercer ese derecho, abrió el camino para que las otras organizaciones partidistas, a la luz de la experiencia de los progresistas venezolanos, puedan al igual que ellos cubrir exitosamente su renovación. Ya, al punto de llegar al último pétalo, Voluntad Popular (VP) ha decido responsablemente, con elevado sentido político, concurrir a un proceso de renovación, que estimamos obtendrá.

Mientras los partidos de la opción democrática han entendido la importancia de no ceder sus espacios a ideas hegemónicas, algunos individuos elevados a la categoría de analistas por algún togado repartidor de dignidades “online”, se dan a la tarea de colocar en duda las capacidades y responsabilidades de los partidos políticos venezolanos.

La idiotez de algunos los lleva a sugerir que el gobierno busca la oposición que desea, otorgándole al gobierno virtudes que no tiene, pero, peor aún, evidenciando escasa profundidad analítica al no percatarse que la oposición de hoy no busca ese rol, sino que aspira las funciones que otros ejercen desde el poder. Así las cosas, debe quedar claro para los analistas de Tablet y Mocaccino, que la oposición dejará de ser lo que es para pasar a ejercer el gobierno. Claro, desde las frías salas desde donde escriben y cobran seguirán pariendo, por fórceps, pero pariendo, novedosas truculencias y otras cuantas ficciones que tropezarán contra una realidad que se manifiesta en la legitimidad que, cada vez más, adquieren los partidos políticos.

El gobierno no se plantea la construcción de una oposición cómoda, sino que comienza a armar su futuro en condición de oposición, de modo que no resulte competido por otras fuerzas del mismo signo. A eso es a lo que juega el gobierno, lo que busca afanosamente; qué importa los años del PCV como fuerza política, pequeña pero presente en la vida de la nación. A quién le importa el MEP, cuando ya Prieto descansa en paz. Quién quiebra lanzas por el “gordo” Barreto y sus Redes.

En el pensamiento de Chávez siempre estuvo bien definido una visión hegemónica que no solo se traducía en el ejercicio de un poder autoritario, sino que también tenía su correlato con la existencia de un partido único de izquierda. Tal simplificación se resumía en el nacimiento del Partido Único de Socialista de Venezuela, propuesto en el 2006, pero que tropezó con la terquedad afortunada del PCV, Podemos y otros. No pudo Chávez en aquella oportunidad, pero ahora lo instrumentan sus herederos.

A los partidos de la oposición democrática les toca no ceder sus espacios, insistir en existir, entre otras cosas porque tienen como renovarse, pero además porque son esenciales para el ejercicio democrático. Ya no solo se dispone de la MUD, sino con los progresistas con AP quienes se afianzaron y consolidaron como una fuerza nacional. En el transcurso del difícil proceso de renovación se irán incorporando otras importantes organizaciones políticas que significarán la energía necesaria para un cambio de rumbo.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

sábado, 28 de enero de 2017

LEONARDO MORALES P., ¡REGIONALES YA!

AGORA DE IDEAS

En los regímenes democráticos no resulta extraño que con alguna regularidad se realicen elecciones, de hecho, el cuerpo normativo de éstos establece claramente el momento en que se deberán realizar esos comicios. Esto nos lleva a confimar la idea de que todo régimen que se precie de ser democrático realiza consultas a la ciudadanía sobre los asuntos públicos.

Es a partir de las elecciones como en los sistemas democráticos se superan las diferencias y además se legitiman los liderazgos y las políticas de quienes ejercen el poder. No existen argumentos sensatos y verosímiles para desdeñar su valor para superar las disímiles dificultades nacionales. Aludir a dificultades económicas y financieras la suspensión de consultas electorales no son más que necios argumentos, en particular, cuando se erogan cantidades enormes de dinero para sufragar parrandas a los que nadie va y, además, se dilapida el dinero en ejercicios militares para defendernos de un supuesto agresor externo cuando se ha sido incapaz en el mantenimiento orden interno, sometiéndose a la ciudadanía a un auto-toque de queda.

La legislación venezolana, la que deviene de la última Constitución, es relativamente laxa en el establecimiento de lapsos en materia electoral, pero en el caso de la realización de comicios para legitimar los poderes del Estado, que se someten al veredicto popular, sí están nítidamente establecidos. Dicho esto, no queda duda de la violación constitucional en la que incurrió el CNE al no convocar en el 2016 las elecciones regionales, creyendo que con anunciarlas para el primer semestre del 2017 se despojaba de pecados.

Son derechos

El deterioro, la desconfianza, la incompetencia e insatisfacción ciudadana por el desempeño de los titulares de los poderes no se circunscriben a la dimensión horizontal del poder. Esa misma visión la tienen los ciudadanos en cada entidad federal respecto de quienes hace 4 años fueron electos gobernadores.

Nadie tiene el derecho ni la autoridad para soslayar las aspiraciones de cambio de aquellos venezolanos que soportan, además de esa tragedia llamada Maduro, a otra más cercana como la de sus actuales gobernadores regionales, que compiten por superar al presidente de la Republica en la más baja calificación. Esa autoridad o competencia no la tiene ningún poder y mucho menos quienes creen que por encima de ese anhelo regional está la aspiración particular de pretender ejercer el más alto cargo de gobierno.

No hay dudas de que aun cuando el Poder Electoral anunció las elecciones regionales para el 2017 -lo hizo en octubre del 2016- continuará recibiendo presiones desde el cenit del poder, en ejercicio de sus convicciones antidemocráticas y dictatoriales, para que no se realicen, no obstante, es especialmente relevante que algunas organizaciones políticas y de la sociedad civil hayan dado un paso importante en la solicitud de un cronograma detallado sobre la realización de los comicios regionales, cosa que también hizo el rector Luis Emilio Rondón. La MUD pareciera, un año después, haber encontrado la brújula y ha colocado la atención en el sentimiento de cambio que fluye y emerge en el sentimiento de cada región. Esperemos que no vuelvan a ser encandilados por Miraflores.

Todo vale

Insistir en los comicios regionales este año es una ruta necesaria para el cambio futuro; protestar en la calle exigiendo un cronograma detallado, pero no solo y exclusivamente en Caracas. Cada región debe ser protagonista de su propia exigencia. Los negociadores que van y vienen, también las organizaciones internacionales, deben sentir la exigencia no como capricho sino como cumplimiento del contrato que los venezolanos se dieron en 1999.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

lunes, 16 de enero de 2017

LEONARDO MORALES P., FICCIONES TÓXICAS

AGORA DE IDEAS
SINDÉRESIS, RESPONSABILIDAD, REALISMO

La vida de los seres humanos se desarrolla en el mundo de lo real y de lo posible, ofreciendo a los mortales alternativas y distintas opciones para desarrollarse de acuerdo a las aspiraciones de cada cual. La vida es una eterna tensión entre aquello que se aspira, que se anhela intensamente y lo que la realidad posibilita.

La racionalidad nos incita a recorrer los caminos que nos conducen al logro de nuestros deseos y de nuestras aspiraciones. No siempre es posible conseguir todo cuanto se quiere, de hecho, siempre será deficitaria o en todo caso nunca estarán plenamente satisfechas. Sin embargo, todo aquel que se platee retos en un plano realista obtendrá logros que valorará como positivos.

La imperfección humana a veces lleva al hombre a vivir en el mundo de la ficción y la fantasía; verán palacios donde no existen, lagos y mares en desiertos. Vivir en un mundo irreal nos proporciona frustración, enajenación, pérdida del sentido de la realidad y de lo posible que puede arrimar a otros a precipicios no buscados.

En la política sucede algo parecido. Hay quienes se empeñan en ver lo inexistente; otros ofrecen verdades empíricamente refutables, pero aspiran que su ficción y su fantasía se apodere del entendimiento de los demás.

La política venezolana está llena de inexactitudes que se ofrecen como verdades universales; se ha pretendido calificar la transición venezolana a la democracia (Pacto de Punto Fijo) como el peor de los males de la república sin valorar los extraordinarios alcances vividos por los venezolanos en esa etapa; se insiste en que dictaduras no salen con votos cuando la historia está repleta de ejemplos contrarios y de acuerdos entre élites que propiciaron democracias relativamente saludables; se ha demonizado el diálogo, los acuerdos y las negociaciones cuando política no puede prescindir de ellos.

Hacer política falseando y ocultado la realidad, pretendiendo que la fantasía y la ficción dirijan la acción humana es un acto que lleva a trágicos desenlaces. Quienes así se conducen, que los hay, adolecen de valores morales para el ejercicio de la política por lo que su conducta solo puede calificarse de innoble.

A la Venezuela de ahora no le ha bastado con un infame gobierno, sino que también buena parte de élite política opositora le dio por buscar en lo irreal, en lo inexistente y en lo ineficaz salidas a la crisis política.

Van para varios años calificando al gobierno de dictadura, de régimen totalitario, de autocracia despiadada, pero de pronto, sin salvar las formas, se percatan que quien ejerce tal forma de gobierno, el tirano, está ausente, abandonó su cargo. Vaya supina estupidez.

Se quiso buscar la salida del gobierno durante todo el 2016. De la enmienda a la renuncia y de allí al revocatorio, este último solo para ese año. El gobierno actuó y rebanó cada una de ellas haciendo un uso obsceno de los poderes plenamente subordinados al ejecutivo. Las expectativas creadas se desvanecieron.

La genialidad del 2017 fue o es el abandono del cargo y, por si fuera poco, en 30 días elecciones presidenciales y nuevo presidente. Bien, ni lo diputados que votaron la moción estaban convencidos de lo apropiado de la decisión, pero la votaron favorablemente, salvo Avanzada Progresista que se atrevió a decir las cosas como son, entre otras cosas porque los partidos de la MUD jamás discutieron la materia.

No habrá frustración porque a la sociedad le pareció un sinsentido, una truculencia irresponsable fundada en una ficción que poco colabora con la reinstitucionalización de los poderes del estado, sino que extiende una crisis de la que todos quieren salir.

Esperemos que la sindéresis, la responsabilidad y el realismo retornen a la política por el bien de la sociedad.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela