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martes, 8 de diciembre de 2015

CESAR MIGUEL RONDON, LAS LECCIONES DEL 6D

  Amanece un día distinto. Será porque no hay clases, será porque hay feriado bancario, será porque el país se trasnochó. En todo caso las calles bien tempranito estaban desiertas. No había ninguna turbulencia, no salió ningún “pueblo” a reclamar nada, el país amaneció en paz, muy en paz; me atrevo a decir que satisfecho, tranquilo y feliz.

El 6 de diciembre de 2015 pasará a la historia porque es la fecha en la que se la ha propinado la primera derrota contundente a esta pesadilla que hemos vivido los venezolanos llamada revolución bolivariana.

El pueblo salió a votar de manera masiva, tranquilo y en paz. Pero pasó el día a ciegas. Fue vergonzosa la cobertura que le dio la mayoría de los medios radioeléctricos a los importantes acontecimientos de ayer. Venevisión, por ejemplo, dio asco en sus transmisiones: un silencio total para lo que no fueran voces del oficialismo.

Pero los venezolanos se las arreglaron buscando en internet, en las redes sociales; y es de destacar la magnífica iniciativa de la sala de prensa de la Unidad, medios que permitieron llevar alguna información al pueblo, al país ansioso por saber lo que estaba ocurriendo.

Con el paso de las horas todo cambió. A las 3:43pm ya el Vicepresidente Arreaza se había delatado con un tuit que borró casi de inmediato: “Allende gobernó con mayoría opositora en el parlamento”. Era la primera confesión.

Después vinieron las medidas absurdas e ilegales, el desespero. La rectora Sandra Oblitas prorrogando inútilmente el cierre de las mesas porque ya todo estaba cantado.

Ocurrió entonces una intervención del general Padrino López. Flanqueado por el Alto Mando, destacó que el país había votado en paz, que el Plan República había hecho su trabajo y que ahora solo nos quedaba esperar por la señora Lucena. Fue un exhorto nada velado para que el CNE cumpliera, ya sin más dilaciones, con su responsabilidad.

Pasaban las horas y horas y eso que llaman el carómetro ya revelaba demasiado. Por fin, pasada la medianoche, se dijeron los primeros resultados en los que la MUD duplicaba la votación del PSUV. Se estima que la MUD puede llegar hasta 113 diputados, lo cual sería una mayoría calificada impresionante.

Ante esto, ¿cómo reaccionó el Presidente de la República? Da pena comentarlo, pero el presidente no estuvo a la altura de la lección cívica y democrática que dio el país. No puede decir Maduro que ganó la guerra económica o que ganó la contrarrevolución. Señor Maduro, por una vez en su vida ponga los pies en la tierra y asuma la realidad: ganó el pueblo, ganó la democracia.

Lo comentamos varias veces antes de la fecha electoral: usted, torpemente, convirtió esta elección en un plebiscito. Usted es el gran derrotado. Usted, Maduro, y todo lo que representa este proyecto. Así como gran derrotado es también Diosdado Cabello, el ya virtual ex presidente de la Asamblea Nacional.

Saliendo Cabello de la Asamblea vendrá otra radicalmente distinta. Una asamblea civil, nada cuartelaría. Una asamblea para debatir, para ponerle límites y controles a la desmesura del Poder Ejecutivo. Definitivamente vendrá una Venezuela distinta.

¿Qué lecciones nos quedan del día de ayer?

1.- Que nada sustituye al voto como verdadero instrumento de nosotros los ciudadanos civiles que somos mayoría. Nada por encima del voto, ni siquiera con las marramucias del CNE.

2.- Que intimidar, amenazar, no le cabe a un gobernante. El presidente y sus seguidores más cercanos no hicieron sino amenazar al venezolano, tratando de amedrentarlo e intimidarlo. A un pueblo no se le amenaza, porque un pueblo siempre sabe dar la cara. Esa es la verdadera victoria, esa es la verdadera lección.

Y 3: Democracia, democracia, democracia, solo así podremos poner orden de nuevo en el país.

Queridos venezolanos, comparto inmensamente esta mañana liviana y feliz. Que Dios nos bendiga a todos.

Cesar Miguel Rondon
cmrondon@gmail.com
@cmrondon
Miranda - Venezuela


http://www.cesarmiguelrondon.com/opinion-2/editoriales/las-lecciones-del-6d/

jueves, 29 de octubre de 2015

EDITORIAL DE CESAR MIGUEL RONDON DEL DIA VIERNES 25 DE SEPT. 2015

Queridos lectores, permítanme en el día de hoy contarles una pequeña historia. Corría el año de 1951, Venezuela estaba bajo una férrea y cruel dictadura militar. En la Penitenciaría Nacional de Venezuela, en San Juan de Los Morros, estaba preso César Rondón Lovera. Era evidentemente un preso político. Militante de Acción Democrática era un activista contra la dictadura.

  En la ciudad de Caracas, otra joven activista política contra la dictadura había superado ya el arresto domiciliario. Ella, Roselena Tejeda, vivía en una pequeña y modesta casa en las veredas de Propatria. Un tercero logró, gracias a sus buenos oficios, que la dictadura los sacase del país, expulsados, exiliados. Pero los jóvenes rebeldes estaban enamorados y era perentorio casarse antes que nada. Así, acompañada por un par de vecinos, la jovencita Roselena fue hasta San Juan de Los Morros y allí, en la cárcel, se casó con el preso político César Rondón Lovera. No hubo noche de bodas, no hubo luna de miel. Ella regresó a Caracas, a Propatria, con sus, y, como si fuese Scarlett O’Hara, Roselena, siempre tan ingeniosa ella, se armó de una cortina, la pantalla de una lámpara e improvisó un traje de novia. Entonces en su bicicleta salió a recorrer las veredas de Propatria. De inmediato la acompañaron todos los vecinos, y el guardia nacional que la vigilaba también se montó en su bicicleta para seguirla y quizá también para celebrar. Así fue la boda de Roselena.

Dos semanas después, volvieron a encontrarse los novios recién casados en el aeropuerto de Maiquetía dos vecinos. Pero una boda siempre es algo importante, siempre es algo para celebrar así el novio no esté presente. Los vecinos le prestaron un traje blanco. Los guardias nacionales le quitaron las esposas a César Rondón Lovera, y a la parejita la montaron en el primer avión que saliera sin importar el destino. Luego de unos cuantos días en La Habana, terminaron llegando a México. En la inmigración le preguntan a César Rondón Lovera, en su condición de exiliado político, si ya tiene trabajo. Y él dice sí, yo voy a ser el chofer del poeta Andrés Eloy Blanco. Eso era lo que habían acordado. El detalle, Andrés Eloy no tenía carro. Para agradecerle tanta gentileza y solidaridad, los recién casados decidieron que su primogénito sería ahijado del gran poeta cumanés.

Comenzó así una vida en el exilio dura, llena de penurias. Y un par de años después nació el primogénito. Ese primogénito es el que en esta dolorosa mañana les habla.

Fueron años complicados, de persistente escasez económica, de dificultades de todo tipo. Después de mí vinieron mis dos hermanos menores. Y como no había familia, porque no teníamos tíos ni tías ni abuelos, la inmensa comunidad de adecos y comunistas exilados pasó a ser nuestra familia. Así comenzó la sana costumbre de pedirle la bendición a la periodista Ana Luisa Llovera, como si fuera nuestra abuela, o a la poeta Lucila Velásquez, como si fuera nuestra tía.

Así crecí, en mucha modestia. Y me llamaba mucho la atención que la conversación recurrente en esa casa, llena de exilados políticos, era siempre Venezuela Venezuela Venezuela Venezuela. Venezuela hasta el cansancio, Venezuela siempre.

En la casa había un cuarto de huéspedes. Pero en el exilio no hay huéspedes sino compañeros que son como hermanos. Y en ese cuarto de huéspedes dormía Justo Camargo, otro exilado venezolano. En la noche del 23 de Enero de 1958, el niño que alguna vez yo fui tuvo miedo. No sé, miedo a la oscuridad, miedo a tantas cosas. Y como tantos niños asustados decidí ir a dormir con mis papás. Me acosté en medio de los dos. De repente la puerta del cuarto empieza a retumbar. Un estruendo de golpes. Sobresaltados se despiertan mi papá y mi mamá y el niño que yo era también. Y cuando abren la puerta aparece Justo Camargo despeinado, como alumbrado por dentro y grita: ¡Cayó Pérez Jiménez! En ese instante pasó una cosa extraordinaria. Esos tres adultos empezaron a brincar en la cama, agarrados, como si hicieran una rueda infantil. Gritaban felices, lloraban de alegría. ¡Cayó la dictadura! ¡Cayó Pérez Jiménez! Yo, muy asustado, los veía desde abajo. Desde ese día entendí que la libertad es una fiesta.

Pronto, en el primer vuelo que salió a Caracas, vinimos mi papá mi mamá y mis dos hermanos. Al llegar a Maiquetía un sol inmenso me encandiló, y conocí entonces por fin a mis tíos verdaderos, a mi familia verdadera.

Mi papá fue electo diputado y un día me llevó a conocer el Congreso Nacional. Era yo muy pequeñito y me mostró los jardines del palacio. Sus palabras jamás se me olvidaron: “Hijo este es el Congreso, aquí manda el pueblo. Esto es la democracia y eso tienes que entenderlo y tienes que respetarlo. Y algo muy importante, más nunca nos vamos de Venezuela”.

Desde ese día entendí que había que querer la democracia, respetarla y defenderla. Defender el país, defender sus instituciones, defenderlo todo. Como en mi infancia, siempre la misma palabra: Venezuela Venezuela Venezuela Venezuela.

Lamento mucho tener que contar esta historia. Y lo lamento porque en estos tiempos absurdos, crueles, oscuros, injustos, terribles y miserables que vivimos hay que aclarar lo que está claro. Yo soy venezolano por nacimiento. Lo garantizan la Constitución Bolivariana de Venezuela y mi vida misma.

Como diría César Vallejo, perdonen la tristeza.

César Miguel Rondón
@cmrondon


http://joacoramon.blogspot.com/2015/09/editorial-de-cesar-miguel-rondon-del.html