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John Bolton, en su polémico libro “La habitación donde sucedió: una memoria de la Casa Blanca”, ha dedicado un capítulo a Venezuela, el cual comienza con un “No estuvimos a la altura”. Nada nuevo para quienes hemos mantenido una postura crítica sobre la larga lista de errores cometidos desde Washington en el manejo de esta crisis.
En artículos anteriores he señalado el desatino de la administración estadounidense en “comprar” el plan de un sector de la oposición venezolana que carece de estrategia; traza sus acciones inmediatistas a partir de escenarios irreales; desconoce los códigos del chavismo y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Ahora bien, de las treinta y nueve páginas de “Venezuela Libre”, se confirma que al menos Donald Trump tenía claridad sobre las “debilidades” de Juan Guaidó, la “fortaleza” de Maduro y el mal camino que se avizoraba. Dice Bolton, “El 3 de marzo, Trump me dijo: Guaidó no tiene lo que se necesita (…) Aléjate un poco de eso, no te involucres tanto”; siendo así ¿por qué han continuado con el mismo plan sin ningún correctivo?, ¿cuál sería el interés del Presidente Trump en avanzar con alguien que visualiza como un “niño débil”?
Sobre la valoración del Presidente Trump hacia Nicolás Maduro, lo dicho por Bolton coincide con las recientes declaraciones de Fernando Cutz, ex funcionario del National Security Council of The White House, en entrevista con Juan Carlos López de CNN, quien dijo “en privado Trump había comenzado a manifestar respeto por Maduro”.
Todavía no sabemos cuál será el destino final del libro que confirma la opción militar como parte del menú puesto sobre la mesa, sin embargo, para John Bolton, reafirmado en su propio escrito, “la intervención militar no es la solución”.
El diez de septiembre de 2019, Bolton abandona su puesto en la Casa Blanca. Después de la tristeza colectiva de los radicales venezolanos, quienes creían estar perdiendo a su mejor aliado para la guerra, Donald Trump escribe un tweet posicionando a Bolton como el “obstáculo que lo frenaba” para enviar la séptima flota a Venezuela.
Surge una contradicción. El 18 de junio el Presidente Trump coloca un trino en referencia a Bolton “es un tonto aburrido descontento que solo quería ir a la guerra”, pero mucho antes, el 29 de enero de este año, cuando ya se sabía de la existencia del famoso libro, Trump dijo: “si lo hubiera escuchado estaríamos ahora en la Sexta Guerra Mundial”, entonces, ¿John Bolton es o no el freno para la guerra?
La administración estadounidense debe definir y responder si su compromiso está con un sector del país, con todos los venezolanos o con sus propios intereses. De confirmarse las memorias de Bolton, sería sumamente preocupante que la intervención militar sea considerada como algo “cool” y que todavía, en pleno siglo XXI, alguien pueda pensar en la posibilidad de revivir la doctrina Monroe, ¿el plan es redemocratización o colonización?
Ahora, ¿por qué tenemos que creer en un Bolton “resentido y enojado”? De la gloria a la “nada” en un tweet, así cierra su paso por la Casa Blanca el ex asesor de seguridad John Bolton. Tiempos aquellos cuando era ovacionado y considerado el hombre que le pondría la braga naranja a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y al Ministro de la Defensa Padrino López.
Así paga el diablo a quien le sirve, dicen en mi pueblo. El presidente Donald Trump lo ha calificado de “traidor”, “loco”, “mentiroso”, “tonto”, “aburrido”. Desde Venezuela, ninguno de sus antiguos aduladores ha salido en apoyo solidario.
Bolton fue utilizado para impulsar una política propia de un circo y ahora es desechado. Primero fue con el show de la famosa libreta amarilla con la nota sobre las 5000 tropas por enviar a Colombia; luego con la cantidad de tweets incoherentes que día y noche dirigía a los altos jerarcas del entorno de Maduro los cuales llegaron a ser tan contraproducentes, que una tarde me atreví a decirle a un alto funcionario estadounidense: “por favor, alguien que le esconda el Twitter”.
En un apartado del capítulo, Bolton cuenta: “Trump periódicamente decía que quería reunirse con Maduro para resolver todos nuestros problemas con Venezuela, cosa que ni Pompeo ni yo pensábamos que era una buena idea”. Es una lástima leer esto, estoy segura hubiese funcionado mucho más que todos los “planes” ejecutados hasta ahora; era la oportunidad perfecta para darle un bálsamo al golpeado ego de Maduro, quien tiene tiempo deseando ese encuentro, no olvidemos cuando lo intentó en el marco de la reunión de Naciones Unidas.
Como anécdota personal, una tarde del verano del año pasado, estábamos reunidos parte de grupo de trabajo informal en un importante tanque de pensamiento de Washington DC, analizábamos la posibilidad de un encuentro Trump con Maduro y posteriormente Guaidó. La propuesta la llamamos “Cumbre de Mar–A-Lago”, pensamos en repetir la historia Clinton, Arafat, Barak en Camp David, tratar de construir una ruta realista para una solución negociada al tiempo que reposicionábamos la diplomacia norteamericana. Esta idea llegó a altos niveles pero no devolvieron el último feedback.
Definitivamente el libro de Bolton es un repaso de sus propias contradicciones y las de la administración. Por un lado se habla de intervención cool, anexionismo Monroe, pero también de reuniones, diálogos; se confirman valoraciones poco favorables a la persona de Juan Guaidó, pero por otro lado se reafirma el respaldo continuado; habla sobre la seriedad de la amnistía ofrecida a militares venezolanos para que abandonaran a Nicolás Maduro, pero olvida que él mismo alejó a esos militares con la grosera y torpe actitud de influencer en Twitter.
Por último, si Guaidó leyó el pdf del libro, debe reconsiderar bien su papel en esta historia. Debo reconocer que el único mérito indiscutible de Juan Guaidó es su coraje. Indistintamente de tener las espaldas cubiertas por un amplio sector de la comunidad internacional, se requiere valentía para verle la cara al “perro con rabia” tan de cerca, sin embargo, es muy mala señal que los presidentes de dos superpotencias no tengan una imagen bien definida de ti, el de Rusia lo visualiza como una Hillary Clinton y el de Estados Unidos como un Beto O’Rourke.
Después de un largo e intenso año, le cambiaría el título al libro de Bolton, le llamaría “La habitación donde ocurrió y no ocurrió nada”.
El reconocimiento del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de que detrás de los problemas de agitación política en su país están Maduro y Rafael Correa, comprueba el plan desestabilizador del castrochavismo en la región.
Los cambios
Desde finales de 2015, el panorama regional y local reflejaba el inicio de un proceso de cambio al producirse dos triunfos sumamente importantes: el de Mauricio Macri en Argentina y el de la oposición venezolana organizada en la MUD. Al año siguiente, en Brasil, Dilma Rousseff era execrada del poder y en Colombia, Juan Manuel Santos, quién había asumido una línea ambigua frente al régimen venezolano, mostraba una actitud un poco más dura, luego de los acuerdos de paz con la narcoguerrilla de las FARC. En 2017 salían de la presidencia Rafael Correa en Ecuador y Barack Obama en EE.UU.
Llegaba Donald Trump a Washington y al año siguiente Sebastián Piñera en Chile e Iván Duque en Colombia. El panorama regional había cambiado estrepitosamente. Las fuerzas del castrochavismo se habían recogido. La marea rosada había sufrido una fuerte resaca y apenas quedaba en el continente su núcleo duro: Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia.
La alianza
Estos cambios permitieron la creación de una alianza a favor del retorno de la democracia en Venezuela. Ella ha venido avanzando fuertemente, no sólo dentro de la Organización de los Estados Americanos (OEA), sino en la constitución de Grupos ad hoc, como el Grupo de Lima y más recientemente con el Órgano de Consulta del TIAR, que estableció mayores sanciones hacia los funcionarios del régimen.
Pero el otro equipo también juega y ha venido preparando su estrategia para reconquistar el terreno perdido. Solo que en medio del debilitamiento que ha sufrido, es más fácil observar sus acciones y estrategia. A este fin se ha propuesto articular una lucha al nivel continental para reconquistar el poder, como fue postulado en XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo, celebrado recientemente en Caracas. Según este plan, hay que pasar a la acción y tomar la iniciativa, declaraba recientemente el excanciller ecuatoriano, ahora asilado en México.
Populismo
Estamos frente a una izquierda postmarxista (¿o populista?); esa que ya no cree en lo de las contradicciones entre la burguesía y el proletariado, sino que está empeñada en explotar cualquier diferencia interna (“cleavages”) en la sociedad, para exacerbarla y así crear caos, promover el caudillismo y tomar el poder para perpetuarse en él.
La reconstrucción de un país sometido a un gobierno populista ha sido siempre un problema serio. Sus ciudadanos – de todas las clases- acostumbrados al estado benefactor resienten que sus “conquistas sociales o económicas” deban ser recortadas para promover el desarrollo económico. Resienten pasar de un estado orientado por la política a uno orientado por la economía. Y eso, que ya vivimos en Venezuela, está pasando en Argentina, pareciera comenzar a pasar en Brasil y ha estallado en Ecuador, permitiendo un movimiento hacia la vuelta del populismo de izquierda, que tiño a la región hasta mediados de esta década.
Migración y agitación
Una de las más descarnadas tácticas de este grupo es aprovechar las masivas migraciones de venezolanos para causar desestabilidad en los países receptores. Lo hacen rebasando la capacidad de la sociedad de acogida de metabolizar este flujo y profundizando el malestar, sobresaturando las redes sociales y noticieros con pequeños y localizados incidentes así como con las “fake news”, que se van sumando para crear una especie de bola de nieve que se retroalimenta hasta que estalla. A este fin el régimen venezolano ha creado el “Ejército de Trolls de la revolución Bolivariana”.
No es que sólo hayan migrado los venezolanos buenos en esta estampida incontrolada, sin duda los malandros también tomaron “las de Villa Diego”, pero es que también, como en el caso del flujo de los cubanos que salieron del puerto de Mariel en los años 80 (los marielitos), muchos de ellos fueron plantados allí para crear problemas. A esto hay que agregar que también salieron fichas del castrochavismo y otras organizaciones criminales y terroristas a cumplir su papel de agitadores.
Desestabilización
Comenzaron explotando la xenofobia en los países de acogida en especial en Ecuador y Perú, donde han tenido una buena caja de resonancia. Pero su papel es ir más allá y desestabilizar a esos gobiernos. Y están listos para exacerbar las contradicciones (“clevages”) internos.
Esto se ha hecho patente en Ecuador. Recientemente fue denunciada por su presidente y vicepresidente, la participación de extranjeros y en especial de venezolanos en los procesos de agitación política que sufre el hermano país. Incluso miembros de las Fuerzas Armadas venezolanas han sido señaladas en estas tareas.
Sin duda hay un financiamiento por el régimen de Caracas. No sólo se financia a Cuba enviándole petróleo, cuando la crisis humanitaria requiere de esas divisas para palearla, sino que evidentemente se financia a estos cuadros. El caso más patente es el del expresidente Rafael Correa, quien está detrás de la agitación política ecuatoriana.
Un enemigo que se crece
Los promotores de esta vuelta del castrochavismo comienzan a mostrar diferentes caras, unas más radicales que otras. Así a la par del Foro de São Pablo, con toda su connotación comunista, surge el Grupo de Puebla, orientado a cerrarle el paso a la “derecha neoliberal”, pero desde una posición más edulcorada. Allí encontramos personalidades como J. M. Insulsa y Ernesto Samper, pero también a Rodríguez Zapatero, Rafael Correa, Lula da Silva, Dilma Rousseff así como Alberto Fernández de la Argentina. Es la reunión de lo que se llama el “progresismo”. A los que conocen a estos personajes, ya les hemos dicho suficiente.
Así pues, nos encontramos frente a un enemigo que se va transmutando y va trascendiendo lo regional, pasando hacia lo global y articulándose con las viejas potencias de la Guerra Fría: Rusia y China. Con eso, actúa coordinadamente para reconquistar la región.
Las políticas de apaciguamiento y contención – sabemos que no los detienen. Es necesario tomar medidas contundentes para desarticular esta alianza y restaurar la democracia en nuestro continente. Si la experiencia del castrismo no ha sido suficiente para entender a lo que nos enfrentamos, esperemos que ante su forma potenciada, la del castrochavismo con sus variadas caras, se actúe contundentemente.
España pidió a la Unión Europea (UE) "sanciones" contra los responsables de torturas en Venezuela, al tiempo que consideró "prioritario" que la negociación entre Gobierno y oposición "fructifique".
"Han ocurrido muertes trágicas de personas detenidas bajo el control de la policía política venezolana", apuntó este lunes el canciller español, Josep Borrell, quien llamó a sancionar a las personas "que se han visto involucradas en torturas seguidas de muertes."
"Pero las sanciones no pueden ser un instrumento que perturbe la esperanza que ha levantado el proceso de Oslo. La primera prioridad es que este proceso continúe", dijo el canciller español en rueda de prensa en Bruselas, según el reporte de AFP.
Aunque no figuraba como un punto en la agenda, consagrada principalmente al acuerdo nuclear con Irán, los ministros de Exteriores de la UE también repasaron durante su reunión mensual la situación en Venezuela.
Borrell, propuesto como próximo jefe de la diplomacia de la UE, expresó el apoyo al informe de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que dio cuenta de un panorama de crímenes, ejecuciones y torturas extrajudiciales, entre otros, perpetrados al amparo del régimen o por sus efectivos.
Venezuela se encuentra sumida en una profunda crisis política, económica y humanitaria, que se agudizó en 2018 con la reelección de Nicolás Maduro al frente del país, en unos comicios desconocidos por la oposición.
La mayoría de los países de la UE, que cuestiona la legitimidad actual de Maduro, reconocen al opositor Juan Guaidó como presidente interino del país sudamericano.
Delegados oficialistas y del líder opositor acordaron establecer una mesa de trabajo permanente para intentar resolver la crisis tras una serie de diálogos bajo la mediación de Noruega, que auspicia una solución desde mayo.
"Creemos que el proceso de Oslo es la mejor opción que tenemos sobre la mesa" para que ambas partes "negocien", dijo Borrell, quien subrayó que Maduro controla "la Administración, el Ejército y el territorio."
La UE, que desde 2017 sancionó a 18 funcionarios venezolanos, lanzó en febrero, junto a países latinoamericanos y europeos, el Grupo de Contacto Internacional, iniciativa que busca elecciones presidenciales "libres y justas" en Venezuela.
Para mí, la frase aquella atribuida a Simón Bolívar de que “Colombia era una universidad, Quito un convento y Venezuela un cuartel”, me pareció siempre una exageración. Porque ser un cuartel, lo que se dice cuartel, eso nunca ha sido mi país en toda su historia. Un cuartel es sinónimo de orden, respeto, disciplina, planificación, logística, en fin, muchas otras cosas que en la pequeña Venecia brillan por su ausencia.
De hecho, a mi parecer, Venezuela es y ha sido siempre todo lo contrario a un cuartel. Por eso es tan difícil responder a los españoles a la pregunta “¿Por qué Guaidó no ha logrado su cometido?“. Que no es otra cosa que un eufemismo para ocultar una pregunta más directa: “¿Están realmente los militares venezolanos con el régimen?”. Por eso siempre será muy difícil responder “¿qué ocurrió, ocurre y qué ocurrirá en Venezuela?”.
Lo primero que usted debe saber, apreciado lector, no es si los militares están con Maduro, porque le puedo asegurar que no, no lo están, de hecho la mayoría siente por él un desprecio interesante. Ni siquiera lo quieren aquellos que usted ha llegado a creer que se rasgan las vestiduras por él o matarían por él. De hecho, la inmensa mayoría de ellos piensan que no está a la altura de su anterior comandante en jefe, piensan que está llevando al país al colapso total y, además, que habría que reemplazarlo y rápido.
Quienes no me conocen, dirán que puedo estar diciendo esto porque soy una opositora recalcitrante y porque apoyo al presidente encargado Juan Guaidó y a la recientemente institución que representa, razón por la que tiendo a analizar esta coyuntura histórica de Venezuela como si fueran mis deseos los que hablan. De hecho, usted con toda razón me diría: “¡Venga ya! Si Guaidó no ha podido convencerles de nada!”.
El problema, amigos míos, es que yo no digo esto porque Guaidó me caiga bien, lo digo porque me he ocupado, a lo largo de estos 20 años de chavismo en mi país, de estudiar minuciosamente a los militares, de quienes podría asegurar saben perfectamente el rumbo que lleva la nación, son conscientes de la gravedad de la situación y de que, si no ocurre un cambio en las próximas horas, podrían perderlo todo. Y, principalmente, entienden perfectamente que ya Venezuela es un estado fallido. Ahora bien, aquí está la confusión en la que todos caen en este momento delicado para mi país y que nadie o muy pocos entienden, inclusive la dirigencia política interna y externa. Y es que no se trata de un asunto de buscar con pinzas dentro de la FAN (Fuerza Armada Nacional) a quienes estén o no con el régimen: el problema es que todos en su conjunto son el régimen.
No se trata de buscar dentro de las Fuerzas Armadas a quienes estén o no con el régimen: el problema es que todos en su conjunto son el régimen
Nicolás Maduro es incidental. Un mal accidente, un error histórico tras la muerte de Hugo Chávez y es por esto que usted leerá lo mismo, no de mí -una conspicua socialdemócrata-, sino de boca de Juan Carlos Monedero, Heinz Dietrich o Alan Woods, por nombrar a alguno de los asesores reales del modelo venezolano. Porque saben de qué hablo, Maduro no existe, solo “el régimen” y los regímenes alternativos que lo usufructúan como un títere, mientras los hijos del “régimen” ya viven en España y creen que algo como Vox es la solución para Venezuela.
Por eso no deja de ser poético ver cómo hoy Garzón, Iglesias o Monedero saltan en la defensa de un Maduro que no puede salir de Venezuela, ni asilarse porque es un preso más, de los millones que tiene “el régimen”. Uno que comenzó establecido por el caudillo a imagen y semejanza no de la Cuba revolucionaria, aquella que inició su mito en Bahía de Cochinos, invadió Angola y peleó en las selvas de Vietnam, convirtiéndose en una leyenda latinoamericana para los comunistas del tercer mundo, sino precisamente en el régimen sobreviviente posterior, ese surgido tras el derrumbe del campo soviético, destinado a la supervivencia absoluta. En fin, no la Cuba de Fidel que pretendía cubrir de rojo el continente, sino la del pragmático Raúl, un solitario destinado a sostenerse en la precariedad.
No deja de ser poético ver cómo Garzón, Iglesias o Monedero saltan en la defensa de un Maduro que no puede salir de Venezuela
Por eso, Chávez a los militares les delegó no solamente funciones, sino que les encomendó ramas completas de la economía de Venezuela. La industria siderúrgica -empresas básicas-, por ejemplo, era regentada por un mayor general y cada uno de los rubros derivados estaban comandados por generales, es decir, había uno para el hierro, otro para el aluminio y así como para el cobre, el estaño, las briquetas y pare usted de contar.
Si el rubro económico eran las minas y canteras, pues había otro mayor general a cargo y varios a quienes les fue adjudicada la administración del oro, la plata, los diamantes, el coltán, etc. Si se trataba del rubro dedicado al trasporte, pues ese comandante del transporte respondía como si se tratara de una División de Infantería. Había pues un mayor general siempre a cargo de posiciones en la administración pública, como por ejemplo el transporte aéreo, naval, terrestre, las líneas aéreas y las navieras; en fin, que todo era gobernado por los generales de Hugo Chávez.
A la muerte de Chávez, cerca de la mitad de la economía real de Venezuela era manejada por los militares
A la muerte de Chávez, cerca de la mitad de la economía real de Venezuela era manejada por los militares, pero Hugo como buen comunista se reservó para los “otros suyos” -es decir, para sí mismo- el poder real económico. Tenía a la inmensa mayoría de la fuerza armada tratando de producir desde bombillos hasta briquetas, mientras su planificación estaba a cargo de civiles comunistas principalmente europeos, su ministro de planificación era un ministro comunista cuyo padre combatió en la Guerra Civil española y el 90% del flujo de caja respondía directamente a él.
Pero muerto Chávez el panorama cambió, todos esos ministros civiles comunistas fueron expulsados, junto a los asesores extranjeros y no pocos fueron purgados, encarcelados y sustituidos por “el régimen”. Cuando Maduro empezó a darse cuenta del error que había cometido, ya era demasiado tarde y trató de cambiarlo, pero en vez de eliminarlo buscó afectos propios, dando paradójicamente cada vez más poder al “régimen”, a tal punto que hoy, el 96% de la economía o lo que queda de ésta, responde al estamento militar.
Es allí donde usted entenderá mis palabras iniciales. ¿Quiere el régimen a Maduro? La respuesta es no. Lo detesta. Pero es útil para que Iglesias o Garzón salten a protegerlo en el nombre de quien sabe que, como la gran paradoja que es, un nacionalismo militarista que consume como un parásito las rentas, que ascienden a miles de millones de dólares y que por ahora no cederán hasta verles los huesos. El régimen es la peor de las derechas, una que está más allá de “ultra”, es casi decimonónica, es un modelo diseñado para que se capaz de usar al pobre, para explotar al pobre.
De ahí la difícil y grave crisis política que usted ha visto en Venezuela en estos últimos meses. Que el liderazgo democrático exija el “cese de la usurpación” es una tarea muy compleja de cumplir si entendemos bien a qué clase de enemigo nos estamos enfrentando. Usted se preguntará como algo obvio que el presidente Guaidó le ha ofrecido a Maduro marcharse y de igual forma le ha propuesto a los militares una ley para perdonarlos si estaban dispuestos a abrir los caminos hacia la democracia. ¿Y cómo es posible que se negaran a semejante idea? Pues la respuesta ya la sabe, es simple una vez que se conoce la complejidad: Maduro es una máscara que oculta el rostro del “régimen”. No es un tema de rusos o cubanos (aunque lo es indirectamente), no es se trata de un hombre, nuestro problema es mucho más inquietante.
¿Quiere el régimen a Maduro? La respuesta es no. Lo detesta. Pero es útil para que Iglesias o Garzón salten a protegerlo
Por eso usted ha visto cómo en las últimas horas el presidente Guaidó ha pasado a la ofensiva y ya no pide el cese de la usurpación, ya ha decidido salir en su condición de comandante en jefe de la Fuerza Armada de Venezuela con hombres armados, a conquistar él mismo ese tan necesario “cese de la usurpación”. Pero en la Venezuela moderna o menos bárbara, y luego de 1939, solo existe una referencia real de pronunciamiento militar exitoso, y ese fue en 1958: “Conforme a los deseos de las Fuerzas Armadas”, como dijo el general Marcos Pérez Jiménez, “que trajo 40 años de democracia”.
Pero en el mundo civil y político venezolano, de tanto repetir una mentira muchos han terminado por creerla y por eso existe un mito que todos sin excepción creen, una épica fantástica que sostiene que han sido los civiles los que lograron que el 23 de enero se consiguiera la democracia en Venezuela, cuando la realidad es que el tirano salió, porque desde el 1 de enero las bombas le estaban cayendo en la cabeza y además porque la poderosa División de Infantería de Maracay estaba en su contra. A la semana siguiente el dictador Pérez Jiménez ya sabía que 32 de las 36 guarniciones a nivel nacional estaban alzadas y solo contaba con el apoyo de los nada despreciables y emblemáticos batallones Bolívar y Caracas.
En apenas una semana, el día 18 de enero, los principales periódicos españoles explicaban que le sucedería lo mismo que a Perón y el día 19 de enero ya Marcos Pérez Jiménez había caído técnicamente, solo era cuestión de horas para que los jefes que lo apoyaban en los dos últimos batallones le retiraran su respaldo.
El propio general, quien murió plácidamente en su palacete de La Moraleja de Madrid, en su biografía explicaría que: “Cuando ya los recluidos en los sótanos –incluido Miraflores- sobrepasaban los dos mil quinientos oficiales (..) y la situación lucía irreversible (..) llamé al Batallón Bolívar y, cuando no me contestaron, sabía que estaba todo perdido (..) nadie se me acercó a decirme: tiene usted que irse”.
Quería decir con esto Pérez Jiménez que en Venezuela solo se puede ser exitoso en un pronunciamiento militar si se tiene prácticamente a todos los militares consigo. De hecho, todo presidente de la democracia sabia perfectamente que nunca habría golpe posible si controlaban, como Pérez Jiménez, los dos batallones más grandes de Caracas y además la casa militar, a la que Chávez convirtió en una poderosísima Brigada. Todos los presidentes de la democracia sabían que aunque cualquier golpista contara con todas las demás guarniciones de Venezuela, nadie marcharía a Caracas contra estas unidades. Y esto es lo que ocurrió en los dos intentos de golpes contra de democracia en el año 1992.
¿Puede el pueblo de Venezuela saltar a las calles y vencer el tableteo de las ametralladoras? No. ¿Forzar una negociación? Quizás
¿Qué está hoy pasando en Venezuela y mientras escribo estas líneas? Veamos, aquí lo único que está claro es que el pronunciamiento ha sido hecho a muchas millas de donde está el verdadero poder militar y todo luce que las bayonetas, de manera desproporcionada, siguen del lado del régimen que usurpa el poder y tiene a todo un país secuestrado. Por eso es difícil entender qué es lo que se pretendía ayer martes con esta extraña movida. ¿Habrá una carta bajo la manga? Esa es para hoy la esperanza de la inmensa mayoría.
¿Puede el pueblo de Venezuela saltar a las calles y vencer el tableteo de las ametralladoras? No. ¿Forzar una negociación? Quizás.
El problema es que primero hay que decidir con quién se pelea y con quién se negociará realmente, con Maduro o con “el régimen”. Y eso deben tenerlo a esta hora muy claro los actores tanto a nivel nacional como internacional.
Venezuela se está jugando su libertad, que Dios ilumine y guíe a los decisores.
Oposición evita confrontación y va a elecciones de gobernadores ganando abrumadoramente y luego convoca de inmediato a constituyente.
La nueva constituyente establece nuevas normas, poderes y una nueva constitución y llama a ungobierno de concentración nacionalcon todos los factores militares, económicos, sociales y políticos. (Al final otras dos opciones factibles)
En los escenarios posibles de lo que va a ocurrir en Venezuela en los próximos meses, las fuerzas armadas jugarán un papel determinante. Lo más probable es que asuman el gobierno.
El centro del poder no reside en el Palacio de Miraflores ni en el Palacio Legislativo. El poder real, radica en Venezuela en doscentrales,vertical representado por las Fuerzas Armadas, el eje militar, y uno horizontal, el eje criminal, conformado por el narcotráfico, la corrupción y el contrabando.
Las fuerzas castrenses fundamentan su poder en las armas y en el eventual control militar que ejercen en la población. El eje criminal en estos momentos ejerce una actividad económica que se puede calcular en más de 40 mil millones de dólares anuales. El gobierno nacional deberá ingresar aproximadamente este año alrededor de 20 mil millones de dólares por concepto petrolero, pero con un costo de producción de aproximadamente 11 mil millones, lo que queda libre para ejecutar el presupuesto de 40 mil millones de dólares, es una cantidad de 9 mil millones de dólares, presentándose un déficit fiscal de más del 75 por ciento.
El eje criminal maneja una economía 4 veces mayor que el gobierno
De acuerdo a estimados del Departamento de Estado de EEUU, por Venezuela trafican más de 300 toneladas de cocaína por año que representan más de 30 mil millones de dólares. De acuerdo a las denuncias realizadas por altos funcionarios delde Hugo Chávez la corrupción alcanza al 25 % del presupuesto nacional por año.
El Contrabando de extracción dey de otros productos se estima que podría superar los 5 mil millones de dólares anuales, lo que desarrolla una economía de 40 mil millones de dólares.
Existen acusaciones e informaciones de que este colosal manejo doloso de dólares involucra a altos funcionarios del Estado, en quienes han reposado importantes toma de decisiones. Lo cual explica –de por sí- la parálisis gubernamental. Tanto el narcotráfico, como el contrabando y la corrupción tienen creado un “paraíso” funcional a través del control de cambio, el cual es altamente beneficioso para producir dinero en la compra-venta de dólares preferenciales, y lavar dinero procedente de actividades ilícitas, igualmente es útil para ello, el cierre de fronteras, el no revelar datos económicos y oficiales, y la omisión de compartir información con otros países para el control del crimen organizado.
¿Cómo podría algún funcionario del Estado involucrado en estas actividades delincuenciales sugerir eliminar el control de cambio si de su permanencia depende el “negocio” de su organización criminal?
La participación militar
Seguramente el alto mando militar está consciente que detenta el verdadero poder de la República, y que en sus manos descansa el destino y la paz del país.
Es muy factible que consideren que el mejor escenario es ceñirse a la Constitución Nacional evitando una confrontación que lleve a una salida supra constitucional.
Es de suponer que el alto mando militar no aspiraría a hacerse del poder en este momento. Hacerlo, sería someterse a un escrutinio nacional e internacional que los colocaría, en menos de tres meses, en una situación económica, militar, política y social peor que la que enfrenta Nicolás Maduro en la actualidad.
El cálculo que se debe hacer es que el liderazgo castrense, solamente intervendría en caso de una conmoción nacional como una explosión social, una intentona militar de los mandos medios, o una circunstancia como el llamado “caracazo”.
El líder militar actual, Vladimir Padrino ha manifestado que no dispararían en contra del pueblo, ni actuarían como en el “caracazo”. Esta declaración que podría interpretarse erróneamente como un estímulo a esta conducta, en realidad nos señala que el alto mando podría considerar “sumarse al pueblo” en caso de este escenario presentarse, y en lugar de dirigir su acción a restablecer el orden, su objetivo fuera apuntar hacia Miraflores y asumir el poder “conjuntamente con el pueblo” como diría el peronista y ya fallecido sociólogo y politólogo argentino Norberto Ceresole.
Asimismo, otro escenario es que el alto mando militar podría activar una salida de fuerza presionado por los mandos medios que se puedan encontrar entre la expectativa de apoyar al alto mando o prescindir de el mismo, y actuar por su cuenta en una insurrección similar a la del 4 de febrero. De esta producirse, el peor escenario –la conflagración- pudiera presentarse.
El poder militar
El alto mando militar agregó a su inmenso poder político, social y militar, el poder económico, el poder petrolero y minero, al constituir –con la anuencia de Nicolás Maduro- la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (CAMIMPEG).
Esta empresa se encargará de prestar servicios petroleros, de gas y de explotación minera, sin limitación alguna, conforme al Decreto número 2231 de la presidencia de la República.
El PSUV
El partido socialista se encuentra dividido entre las fuerzas “maduristas” cada vez más reducidas, pero que detentan el poder de la presidencia, la cual se respalda en el poder económico que representa –con su firma- el presidente.
Además cuenta con los servicios de inteligencia venezolano y cubano, y las fuerzas militares y paramilitares que sustentan al presidente, aunque la mayoría de las fuerzas “maduristas” son civiles.
La fortaleza de Nicolás Maduro es su propia debilidad
Estamos convencidos que las fuerzas en pugna dentro del oficialismo no tienen, ninguna de ellas, la dimensión para hacerse del poder por sí solas. De manera que Maduro le asigna a cada una su cuota de poder y las mantiene divididas.
Ninguna de estas fuerzas ejerce el liderazgo en el alto mando castrense aunque los sectores militares dentro del chavismo tengan alguna influencia.
La creciente disidencia dentro del chavismo a Maduro la conforman sectores civiles como los ex ministros Jorge Giordani y Héctor Navarro, y organizaciones como Marea Socialista, Aporrea, y otras personalidades o dirigentes del chavismo. Estos factores han planteado la renuncia de Nicolás Maduro a la presidencia y pregonan por regresar a un “chavismo puro”.
La fuerza política más organizada del oficialismo es liderada por Diosdado Cabello
Si vemos los actos de conmemoración del pasado 4 de febrero, pareciera que Diosdado habría reactivado al MBR-200. Esta fuerza se encuentra conformada en su jefatura por los militares de la logia golpista del 4F. Paralelo a ello se encuentra el grupo de gobernadores militares encabezados por el gobernador Arias Cárdenas.
Estos dos grupos aunque independientes el uno del otro operan en una misma dirección.
Existe un tercer grupo de militares participantes del 4 de febrero que han pedido la renuncia de Nicolás Maduro.
Pensamos que estos tres sectores militares del PSUV podrían ejercer algún poder eventualmente por su conexión al mundo militar activo, y por las informaciones públicas sobre supuesta conexión de algunos de sus componentes con el mundo del narcotráfico, del contrabando y de la corrupción, con el poder económico que ello implica. Igualmente, porque algunos grupos paramilitares del chavismo, en buena proporción responden al liderazgo de este sector.
Un escenario que podría presentarse es que este grupo castrense del oficialismo propugne el enfrentamiento con la oposición.
Dado que según declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, pareciera evidente y pública la influencia en algunos magistrados del poder judicial del líder del sector militar del PSUV, uno de las opciones, es que se procure el conflicto de poderes entre alguna Sala de la Corte Suprema de Justicia con la Asamblea Nacional, para radicalizar la lucha política y llegar a una confrontación definitiva.
Es creíble que este sector suponga que radicalizando la denominada revolución, obligarían a las fuerzas armadas a asumir un gobierno autoritario, pensando que ellos se mantendrían en el poder como fuerza originaria chavista, lo cual podría resultar incierto.
La Oposición
Los sectores contrarios al chavismo, básicamente está constituida por dos factores:Los moderados, y laoposición radical.
En la MUD, Mesa de la Unidad, conviven ambas tendencias. A la posición de buscar unasalida electoralestán principalmentePrimero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, y en la posición de buscar unasalida lo antes posibledel oficialismo en el poder se encuentranVoluntad Popular(Leopoldo López),Alianza Bravo Pueblo(Antonio Ledezma) yVente Venezuela(María Corina Machado).
Escenarios previstos en la MUD
La tendencia moderadade la oposición, plantea que cualquier escenario que intente una salida precipitada del poder de Nicolás Maduro acarrearía una medición de fuerzas con el oficialismo que llevaría a una confrontación y luego a un régimen autoritario militar, cerrando el paso a un gobierno presidido por la oposición.
Esta tendencia considera que se debe primero ir a las elecciones de gobernadores a finales de este año y ganar entre 17 a 20 gobernaciones. De esta manera las fuerzas de la unidad se fortalecerían al punto de controlar el poder legislativo y el control de la mayoría de los territorios o estados venezolanos.
Luego, a principios del año entrante, con todo ese poder establecido, llamar a una enmienda constitucional que recorte el período del presidente actual, o ir a un referéndum revocatorio, y celebrar luego unas elecciones presidenciales. Se examinan alternativas como convocar una Asamblea Constituyente.
La tendencia radical plantea la salida del oficialismo lo antes posible, mediante una enmienda constitucional, un revocatorio, o destituir al presidente mediante el procedimiento de declarar el “abandono del cargo” permanente, por parte de Nicolás Maduro.
Hasta el presente, ambos factores “conviven” porque están conscientes que la división de la oposición destruiría las posibilidades.
No descartando ningún escenario en el análisis, es dable que algunos opositores podrían estar alentando o en contacto con grupos militares para buscar una salida supra constitucional.
Sociedad civil
Los sectores económicos, empresariales, medios de comunicación, Iglesia y sindicatos, aunque desprovistos de poder real, ejercen alguna influencia en los sectores militares y políticos, y más recientemente son más escuchados a nivel de población general, como es el caso de la Iglesia y del Grupo Polar (Lorenzo Mendoza).
Recorridos y escenarios previsibles
1. En este escenario laoposiciónmantiene unaactividad legislativa agresivaperosin aprobar leyes críticas. De esta formadifiere la salida de Maduro y evita la confrontación. Por su parte, eloficialismo, ignora a la Asamblea Nacional pero convive con la asamblea opositora.
De esta forma, gobierno y oposición evitan que las fuerzas militares sigan asumiendo cada vez más participación en la toma del poder. Así, ambos factores logran mayor nivel de gobernabilidad.
El problema es que no resuelve lacrisis económica en ascenso.
2. En el segundo escenario, laoposiciónmantiene unaactividad legislativa agresivayaprueba leyes críticascomo la enmienda constitucional, el llamado a constituyente o la destitución del presidente por parte de la Asamblea.
Eloficialismo, desconoce a la Asamblea Nacional.
De esta manera, se presenta elconflicto de poderes.
Gobierno y oposición van a lamedición de fuerzasen la calle, lo cualprovoca la confrontación.
Aumenta laingobernabilidad
Lacrisis económica pronuncia su ascenso.
Lasfuerzas militares siguen asumiendo cada vez más su participación hasta la toma del poder.
3. Escenario poco probable o difícilmente posible:
El presidente Maduro llama a Gobierno de concentración y de unidad nacional y evita la confrontación.
La oposición acepta formar parte de un gobierno presidido por el PSUV, no necesariamente con Nicolás Maduro como presidente. Personalidades de la sociedad civil, la iglesia, rectores universitarios, miembros de las Academias y empresarios de primer nivel como Lorenzo Mendoza participan del esfuerzo. Todos se comprometen a respetar un programa común de gobierno aprobado con el mayor consenso de las partes y se programan elecciones una vez superada la crisis actual en un plazo máximo de dos años.
4.Escenario no predecible
El malestar generalizado provoca una explosión social que conduce al saqueo generalizado.
Lasfuerzas militaresrespaldan al gobierno de Nicolás Maduro o asumen latoma del poder.
Escenarios del nuevo poder en caso de presentarse la confrontación
1. Escenario donde el Alto Mando Toma el poder
Opción uno: Reivindica al MBR 200 y ejecuta un gobierno nacionalista no comunista.
Opción dos: Llama a ungobierno de concentración nacionalcon todos los factores económicos, sociales y políticos de la sociedad.
Se estabiliza el país.
Opción tres: Alto Mando Militar apoya a Nicolás Maduro y consolida gobierno socialista-comunista.
2. Escenario donde los Mandos medios toman el poder
Opción uno: Llama a ungobierno de concentración nacionalcon todos los factores económicos, sociales y políticos de la sociedad.
Se estabiliza el país.
Opción dos: Asumen posición anti PSUV y van a un gobierno autoritario de corte impredecible.
3. Oposición toma el poder
Oposición evita confrontación y va a elecciones de gobernadores ganando abrumadoramente y luego convoca de inmediato a constituyente.
La nueva constituyente establece nuevas normas, poderes y una nueva constitución y llama a ungobierno de concentración nacionalcon todos los factores militares, económicos, sociales y políticos.
Se estabiliza el país.
Lo haga la actual administración, los militares, el oficialismo o la oposición, la opción de llamar a un gobierno de concentración nacional sería la única para superar la crisis política, militar, económica y social que vive Venezuela.