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miércoles, 8 de febrero de 2017

ANGÉLICA MORA, "JUSTOS POR PECADORES"

APUNTES DE UNA PERIODISTA DESDE NUEVA YORK

Una fábula de Esopo, "El labrador y la cigüeña", narra la historia de un campesino que no perdonó a una de esas aves, que había caído en una trampa tendida a otros pájaros que le comïan sus semillas. Le dijo, "Te capturé junto con ellos y te corresponde el mismo destino."

Es lo que está pasando con el Decreto de Inmigración del Presidente Donald Trump que afecta a justos por pecadores.

La orden legal ha sido diseñada para proteger a los ciudadanos de Estados Unidos, dice la Casa Blanca pero el veto afecta a millones de inmigrantes y refugiados que pretendían llegar a la nación del Norte.

Se intenta detener el terrorismo, infiltrado entre los que llegan y se busca analizar los nombres de presuntos elementos que tratan de entrar a la nación para causar el caos, como ha ocurrido en varios paises europeos, golpeados por violentos actos terroristas.

Ya Estados Unidos cuenta con numerosas "células dormidas" que podrían irrumpir en cualquier momento.

El decreto de Trump suspende por 120 días el ingreso de refugiados (para los refugiados provenientes de Siria el plazo es indefinido) y por 90 días para ciudadanos de Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen.

La batalla para imponer el decreto ha generado debates que mantienen dividido al país y al resto del mundo. Millones han dado a conocer sus objeciones a la nueva política de Washington sobre restricciones de viajes para  personas de siete naciones de mayoría musulmana.

  También ha producido la salida de su puesto a la fiscal general interina Sally Yates nombrada por Obama, quien había ordenado a sus subordinados en el Departamento de Justicia no defender el veto, porque no estaba segura de que dicha medida fuera "legal".

El caos ha alcanzado las esferas diplomáticas y se ha registrado una petición pública de millones de firmas en el Reino Unido para cancelar la visita oficial de Trump a Londres. La primera ministra, Theresa May, extendió durante su reciente viaje a Estados Unidos, una invitación de la reina al presidente para una visita de Estado que se celebraría a finales de este mismo año. 

La confusión es aún mayor entre las grandes aerolíneas que cubren las rutas transatlánticas. La IATA, la asociación que representa a 265 compañías de todo el mundo, denunció que la acción ejecutiva firmada por el Presidente Donald Trump está creando confusión y caos entre los viajeros y las propias compañías aéreas.

Los venezolanos que huyen de la represión generada por el gobierno de Nicolás Maduro han sido afectados.

También los cubanos que fueron sorprendidos a medio camino desde la Isla hacia los Estados Unidos. Miles han quedado en el limbo, varados donde los alcanzó la orden migratoria de Trump y hoy están a la espera de lo que se decida sobre su suerte. La mayoría está esperanzada en que la nueva administración les permita a este último grupo arribar al destino que buscaban. Muchos vendieron todas sus posesiones en Cuba para intentar el viaje y hoy varados en México y Panamá son víctimas de abogados inescrupulosos que les prometen, sin garantías, abrirles camino a cambio de miles de dólares  


El decreto migratorio de Donald Trump fue hecho con buenos propósitos para la defensa de Estados Unidos frente al terrorismo, pero eso no quiere decir que no haya afectado fuertemente a millones de inocentes.

Angelica Mora
angelicamorabeals@yahoo.com
@copihueblanco
Nueva York - Estado Unidos

martes, 12 de abril de 2016

JUAN CARLOS HIDALGO, ¿QUÉ LEGITIMIDAD TIENE EL GOBIERNO DE MADURO SINO GARANTIZA QUE HAYA JUSTICIA?

Un gobierno será “legítimo” hasta tanto el pueblo bajo su jurisdicción lo considere como tal y lo obedezca. La máxima de San Agustín de inicios del siglo V estableció un principio que, sometido a prueba en múltiples ocasiones a lo largo de la historia, hoy bien podría invocarse en Venezuela: bajo ciertas circunstancias, un pueblo está en el derecho de desconocer la autoridad de su gobierno y buscar su reemplazo.

Fue John Locke quien en el Segundo Tratado del Gobierno Civil de 1689 desarrolló la idea de que los gobiernos pueden perder su legitimidad al asumir talantes totalitarios, entrando así en un “estado de anarquía” vis-à-vis la sociedad. Esta situación se presenta, según el filósofo inglés, cuando existe una concentración de poderes y “no existe juez ni recurso de apelación alguna a alguien que justa e imparcialmente y con autoridad pueda decidir”.

Nótese la relevancia que Locke le otorga al papel que juega la independencia de las cortes en una sociedad: cuando un gobierno carece de límites y “no hubiera en este mundo recurso de apelación para protegerse frente a los daños” que cometiera, entonces deja de ser legítimo.

En Venezuela la situación no puede ser más evidente. En el libro El TSJ al servicio de la revolución (Galipán, 2014), cuatro juristas analizaron cada una de las más de 45.000 sentencias emitidas por el Tribunal Supremo de Justicia desde el 2005 —año en que el chavismo tomó control de dicho órgano— y encontraron que ni en un solo caso falló contra el gobierno.

El servilismo del máximo tribunal se ha acentuado tras la asunción de una Asamblea Nacional dominada por la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en enero. En tres controversiales fallos, el TSJ ha dejado muy claro que no permitirá que el Legislativo desafíe el poder absoluto del gobierno.

El primero de ellos ordenó la desincorporación de tres diputados opositores, negándole así la decisiva mayoría calificada a la MUD. Al acatar este fallo, la nueva Asamblea Nacional legitimó la autoridad del cuestionado TSJ, una decisión que puede llegar a lamentar. El segundo declaró la validez y vigencia “irrevocablemente incólume” de un decreto de emergencia económica promulgado por Nicolás Maduro que había sido rechazado por la Asamblea. Este fue el primer salvo del nuevo modus operandi del oficialismo: impugnar judicialmente las decisiones emitidas por el flamante cuerpo Legislativo.

El tercer fallo es el más espinoso de todos, ya que reinterpreta las atribuciones constitucionales de la Asamblea Nacional y la despoja de muchas de sus facultades de control sobre otros poderes y órganos del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas. Según el abogado venezolano José Ignacio Hernández, esta decisión deja en manifiesto que el fin último (e inconstitucional) del TSJ es desacatar la voluntad popular expresada en la elección legislativa del 6 de diciembre.

Esto nos lleva al siguiente punto: si bien la independencia de las cortes es un elemento fundamental para juzgar la legitimidad de un gobierno, no es el único. Una idea que Occidente desarrolló desde los tiempos de Locke es que el consentimiento de los gobernados también es un factor determinante. Y que la mejor manera para reflejar dicha aquiescencia —así como la única vía pacífica que existe para cambiar gobernantes— son las elecciones periódicas. Pero, ¿qué ocurre cuando un gobierno, mediante subterfugios, opta por subvertir el mandato del soberano?

Ha quedado en evidencia que el chavismo no dejará que una elección le quite el poder. La razón yace en parte en la ideología de un proyecto político que se cree el vehículo exclusivo de la voluntad popular. Otro motivo más mundano —y probablemente más poderoso— son los enormes niveles de corrupción y narcotráfico del que participa el régimen. Para muchas figuras influyentes del chavismo, la alternativa al poder no es el retiro en una hacienda, sino la prisión, la extradición o el exilio. Por eso están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias para mantenerse en el poder, así esto signifique transgredir principios democráticos o la misma Constitución.

Thomas Jefferson, en la Declaración de Independencia de EE.UU., señaló como principio universal el derecho que tiene cada pueblo “de cambiar o abolir” a un gobierno si este se vuelve destructivo de las libertades que debe garantizar. Para Jefferson, así como para Locke, son los gobernantes tiránicos —y no quienes se alzan contra ellos— los que han violado la ley; son ellos los verdaderos subversivos de la institucionalidad.

¿Se trataría esta de una salida extra constitucional al abuso de poder y violación sistemática de las libertades en Venezuela? Curiosamente no. La misma Constitución de 1999, que Hugo Chávez impulsó al tomar la presidencia, en su artículo 350 hace eco de Locke y Jefferson al establecer que “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”.

Al final de cuentas, “sin la justicia, ¿qué son los reinos sino una gran partida de ladrones?”, se preguntó San Agustín. La interrogante que dieciséis siglos después tendrá que hacerse el pueblo venezolano es: ¿qué justicia y legitimidad le queda al gobierno de Nicolás Maduro?

Este artículo fue publicado originalmente en El País (España) el 29 de marzo de 2016.


Juan Carlos Hidalgo
gcalderon@cato.org
@jchidalgo

Washington DC

domingo, 10 de abril de 2016

ALEXIS ORTIZ, CANALLAS, CRÒNICAS DE MIAMI

Muchos de los dèspotas que la humanidad sufriò en estos tiempos contemporàneos, tuvieron sus esbirros implacables y obsecuentes. Algunas veces eran fanáticos ideologizados, otras policías alevosos y, también, aunque cueste entenderlo, intelectuales pusilánimes y/o trepadores.

          Vemos entonces como Stalin tuvo al siniestro Lavrenti Beria; Hitler al amoral genio de la propaganda, el doctor Goebbels; Peròn al mañoso Apold; Marcos Pèrez Jimènez al elegante chacal, Pedro Estrada; Chapita Trujillo al sàdico Johnny Abbey; Fujimori al corrupto Montesinos; Daniel Ortega al delirante Tomàs Borge; y Fidel Castro al llamado carnicero de Artemisa, Ramiro Valdès.

          Y Hugo Chàvez y Maduro han tenido a Josè Vicente Rangel, un abogado y columnista que en los años de la Democracia Civil impostò de defensor de los derechos humanos y denunciador de venales y, en estos días ruinosos del castrochavismo, se afana en la adulancia bien pagada.

          El prestigioso comunicador  venezolano Cèsar Miguel Rondòn, en su reciente libro “PAIS DE SALIDA, bitácora de la debacle”, nos dibuja  al Josè Vicente Rangel del 2013:

          “Sin duda, uno de los personajes màs oscuros, siniestros y nefastos, de todos estos casi 15 años de régimen chavista es el periodista y abogado Josè Vicente Rangel. Hombre destacado en tiempos de la república civil, siempre estuvo aliado a la izquierda y en varias oportunidades fue candidato presidencial. Luego, de la mano de Luis Miquilena, se incorpora plenamente al régimen. Recuerdo haberlo entrevistado –cuando todavía lo entrevistaba-, poco después de la victoria de Chàvez en el año 99. Le preguntè si irìa al gobierno y me dijo: “No, nada màs alejado del poder que yo, nada màs alejado del gobierno que yo”. Sin embargo, par de semanas después de haberme declarado eso, estaba allì estrenándose como canciller y entrando en el poder que nunca abandonarìa por el resto de estos lustros”.   

Alexis Ortiz
jalexisortiz@gmail.com
@alexisortizb

Estados Unidos

miércoles, 23 de marzo de 2016

ALEXIS ORTIZ, MIMETISMO CASTROCHAVISTA

El comediante eterno Hugo Chávez Frías se enamoró de Fidel Castro con arrobo de quinceañera, o para decirlo con versos del poeta  Andrés Eloy Blanco: “Con un temblor de novia que se inicia, con un azoramiento de novicia”.

          El embeleso de Chávez con el déspota antillano, lo llevó a  importar para Venezuela el modelo comunista que empobreció a Cuba y les cerró las puertas del futuro a sus mejores hijos.

          Y aparte de la ruina política, económica y moral, del castrochavismo brotaron tres mimetismos igualmente perniciosos.

          Asumir como en Cuba, el control absoluto de todos los poderes para convertir a los ciudadanos en sumisos limosneros del estado, al tiempo que se practica una represión cruel y sistemática destinada también a mantener a la gente temerosa y obediente. Esa fue la enseñanza de Fidel a su dócil cheerleader Hugo Chávez, para lograr el indefinido continuismo en el mando arbitrario. 

          El segundo gastar el grueso del presupuesto de la nación en soborno individual y social, compra de conciencias, financiamiento de intervenciones en otros países y propaganda masiva afincada en la ingenuidad del izquierdismo mundial, siempre dispuesto a creer y difundir lo que aparezca como enemistad con el sistema norteamericano.

          Y el tercer deletéreo mimetismo es el del lenguaje: violento, atropellador, viperino, difamatorio, manipulador, que sujetos como Fidel, Musolini, Hitler y Perón usaron y Chávez imitó, para adormecer y asustar a las masas propias e impresionar a los diletantes foráneos.

          Debemos pedirle eso si a los voceros de la oposición democrática venezolana que eviten la virulencia, la chabacanería y el tono mitinesco en los discursos, sobre todo los que se expresan en el Parlamento, porque siempre será una impostura y una desgracia, parecerse a Fidel y Chávez en la forma o en el fondo, en el estilo o la falta de sustancia.

 Alexis Ortiz
jalexisortiz@gmail.com
@alexisortizb
Estados Unidos

jueves, 7 de enero de 2016

ALFREDO M. CEPERO, OBAMA EN LA HABANA, DESDE LOS ESTADOS UNIDOS

Va a promover su agenda de apaciguamiento a tiranos y su legado de gran pacificador de un mundo diseñado según sus parámetros ideológicos.

El Consejero de Seguridad Nacional de Barack Obama declaró hace unos días que su jefe planeaba visitar la isla de los Castro antes de finalizar su mandato. Sin embargo, consciente de la desvergüenza de una reunión entre un presidente elegido democráticamente y unos tiranos que no han celebrado elecciones en 57 años, Ben Rhodes cubrió la declaración con la consabida hoja de parra. Dijo y cito que: "Washington quiere que La Habana mejore en materia de derechos humanos y que estimule la actividad económica permitiendo operar a empresas privadas."

La mentira queda descubierta por el propio modo de operación de la tiranía. En vez de respetar los derechos humanos, los tiranos han aumentado el hostigamiento contra la disidencia después del acuerdo Obama-Castro, como para que nadie se haga ilusiones de que el mismo traerá consigo cambio alguno en la naturaleza represiva del régimen. Y las empresas privadas dispuestas a aceptar a los Castro como socios mayoritarios, tal como ha sido desde hace ya mucho tiempo, serán siempre bienvenidas en Cuba comunista. Luego nada ha cambiado y nada cambiará mientras los Castro sigan usurpando el poder.

Todo esto lo sabe Barack Obama pero no le importa en grado alguno. Este fanático de la izquierda decadente no va a Cuba a mejorar las condiciones de vida de los cubanos como no ha mejorado las condiciones de vida de los norteamericanos. Va a promover su agenda de apaciguamiento a tiranos y su legado de gran pacificador de un mundo diseñado según sus parámetros ideológicos.

Un mundo donde ninguna nación sea más poderosa que otra. Donde tengan igual influencia las ideas y las acciones de los países ricos y los países pobres, de los grandes y los pequeños, de las democracias y las dictaduras, de los violadores y los respetuosos del derecho internacional. Donde los Estados Unidos no sean una potencia estabilizadora sino una más entre naciones, muchas de las cuales son agresoras de sus vecinos y violadoras de derechos humanos. El problema es que cuando el policía se echa a dormir los maleantes hacen su zafra. Por eso tenemos a Putin cogiéndose el mundo, los clérigos iraníes en camino a detonar el polvorín del Oriente Medio, ISIS degollando a víctimas inocentes y Raúl Castro repartiendo palos a sus opositores con la tranquilidad de que no sufrirá consecuencias adversas por parte de su hermano ideológico Barack Obama.

En Cuba, Barack Obama se sentirá a sus anchas porque recibirá la adulación que le niegan los norteamericanos que han sufrido siete años de su arrogancia, su fanatismo y su incompetencia. Disfrutará de los ritmos cadenciosos de nuestras orquestas populares y hasta quizás se atreva a enfrentar la rabia de la belicosa Michelle bailando una salsa con Mariela Castro. Ese es el estilo de vida que disfruta este personaje que llegó a la Casa Blanca apoyado por los zurdos de Hollywood y la ha convertido en un escenario del rock, el hip hop y la salsa. Un petulante que se considera superior a todo el que lo rodea, un holgazán que se aburre con las labores ordinarias de gobierno y un narcisista que está enamorado del sonido de su propia voz. Su viaje a La Habana no tendrá sentido ni contenido, como tampoco cambiará en un ápice el ritmo de nuestra lucha por la libertad. No será otra cosa que la culminación de lo que ha sido la pachanga política de un diletante con habilidad histriónica que le ha costado muy cara a los Estados Unidos. ¡Qué tremendo parecido con el loro perverso que se apoderó de Cuba un primero de enero!

Pero ese no es el único parecido de Obama con los anfitriones que lo recibirán en La Habana. Están sin dudas la total falta de principios morales y de escrúpulos humanos. La Cuba de los Castro ha sido por 57 años la capital de la corrupción y de la represión en América. La cumbre de su gobierno está integrada por asesinos, ladrones y terroristas como Raúl Castro y Ramiro Valdés. Los antecedentes de Obama muestran su identificación con gentuza tan miserable como la que gobierna en Cuba.

Antes de ser electo presidente, Obama asistió por veinte años a una iglesia donde el pastor Jeremiah Wright acusaba de genocidio y de racismo a los Estados Unidos, inició su vida política en la residencia del terrorista que dinamitó el Pentágono, William Ayers, mantuvo estrechos lazos de amistad con otro terrorista, el dirigente palestino Rashid Kalidi, y fue asesor legal de la organización militante negra ACORN. A mayor abundamiento, Obama cultivó la amistad del orate antisemita Louis Farrakhan y compró su residencia de Chicago con las larguezas financieras del delincuente convicto Tony Rezko.

Por otra parte, es cierto que Obama ostentará como una medalla de honor el haber sido el primer presidente norteamericano en visitar La Habana después de la instauración de la tiranía y el hombre que ayudó a prolongar la opresión de los Castro sobre el pueblo de Cuba. Pero, en honor a la verdad, no ha sido el único presidente que nos ha mentido y manipulado para obtener el voto cubano en el crucial estado de la Florida. Los diez mandatarios que le antecedieron cerraron los ojos ante el drama de Cuba, nos pusieron al final de su agenda de gobierno y llegaron al extremo de traicionarnos como el engreído y cobarde de John Kennedy. Quienes no hayan despertado a esta realidad necesitan con urgencia un electroshock político.

En lo que a mí respecta, el viaje de Obama a La Habana no me quita el sueño ni me disminuye la energía para contribuir en la medida de mis limitadas posibilidades a la lucha por la libertad de Cuba, Esa lucha es nuestra, no se la delegamos a nadie, ni tampoco permitiremos que nos tracen pautas o nos dicten condiciones. Cuba será libre por el esfuerzos de unos hijos que ya hemos aprendido que nada podemos esperar del mundo.

Alfredo Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com

Estados Unidos