sábado, 11 de diciembre de 2021

LUIS FUENMAYOR TORO: LA UNIDAD OPOSITORA Y LAS ELECCIONES DE BARINAS

El caso de las elecciones de Barinas ha servido para profundizar nuestro conocimiento de la conducta del gobierno, la sinceridad de sus promesas, la coherencia de sus actos y sus motivaciones más allá de las simplezas dichas por la oposición extremista. Pero también ha servido para comprender las serias limitaciones del liderazgo, que se le presenta al país como opción democrática de cambio, su franqueza, sus odios viscerales y su carencia de conducta plural. Parecía imposible, que luego de perder unas 15 gobernaciones y un centenar de alcaldías por el hecho de ir divididos, luego de un triunfo muy cerrado en el estado emblemático del chavecismo, se dispongan a actuar de la misma o peor manera. Un factor claramente perturbador, sin duda ninguna, lo constituye la presencia de las fracciones divididas de Acción Democrática (AD) en el campo opositor, pues están más interesadas en destruirse que en enfrentar inteligentemente al gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo, para ser justos, tenemos que decir que la actitud de los dos bandos adecos enfrentados no es la misma, aunque sus características autoritarias y pretensiones hegemónicas están presentes en ambos. En el caso de Barinas, se puede afirmar responsablemente, con la información que se tiene, que la fracción de Ramos Allup se ha comportado con un sectarismo negligente, agresivo y descalificador, que la hace la principal responsable, junto con sus cómplices en el llamado G4, de que haya en este momento dos candidaturas opositoras principales en Barinas, situación que va a llevar al triunfo del candidato del gobierno en las elecciones del 9 de enero. A esta conducta suicida se suma la del liderazgo agresivo, sectario y fracasado de Voluntad Popular e incluso la del candidato escogido para representarlos: Sergio Garrido.

A los claros llamados de unidad efectuados por quienes hoy apoyan a Claudio Fermín, han respondido destemplada y groseramente afirmando que ellos son la verdadera oposición y calificándolos de “alacranes” Se olvidan de quién puede ser considerado como el “alacrán originario”, por haber recibido las riendas de Acción Democrática a través de una decisión judicial del TSJ hace unos 20 años. Parecieran orgullosos de haber atornillado al gobierno de Maduro, de haber mantenido una conducta violenta, responsable de muertes y detenciones; de haber lanzado a las calles a decenas de jóvenes, utilizados como carne de cañón desde la comodidad de lujosos hoteles en el exterior. De haber organizado incursiones mercenarias contra nuestro país, de haber usado las “ayudas humanitarias” en francachelas, de haberse enriquecido con los activos de Monómeros y CITGO y de suplicar por una invasión extranjera.

La política venezolana, luego de más de 20 años de supuesta revolución, sigue en la órbita de AD, esta vez como partido opositor en sus dos versiones antagónicas, resultado que le debemos a la peor gestión gubernamental de los últimos 60 años. Si hay una demostración del fracaso estrepitoso de la llamada revolución bonita es precisamente el renacer del mal llamado partido del pueblo. La suerte de la oposición venezolana depende hoy de una confrontación adeca. ¡Inaudito! Ambas fracciones pretenden zanjar sus contradicciones y conflictos a costa de del futuro de los venezolanos, independientemente, como ya dije, de no tener las mismas responsabilidades. Sería hora ya que la oposición democrática, aquélla que tuvo la valentía de asumir el diálogo, la negociación y la paz, como condiciones para resolver los conflictos, se sacuda el padroteo ejercido por las AD sobre sus conductas.

En Barinas, la presencia hoy del gobierno nacional es avasallante. Lo que no le dieron a su población durante años, están tratando de repartirlo en los pocos días que faltan para las elecciones. La movilización es gigantesca, y no será adecuadamente combatida con un frente más que dividido. La MUD debería públicamente aceptar el apoyo ofrecido por la Alianza Democrática; sus aliados circunstanciales deberían presionarla públicamente en ese sentido.

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro
Venezuela

SIGFRIDO LANZ DELGADO: LA MILITARIZACIÓN DE LA POLÍTICA EN VENEZUELA

No es cosa rara en la historia de Venezuela ver a los hombres de uniforme ejerciendo de administradores de la cosa pública, gobernando el país. Es la constante histórica, es lo que se repite, el lugar común. Ocurre desde hace mucho tiempo atrás, desde los orígenes mismos de la república de Venezuela, una vez roto el lazo colonial con España y fragmentada Colombia, La Grande. Y el fenómeno se extiende hasta los tiempos presentes, con algunos breves momentos de civilidad.

En casi dos siglos de historia republicana venezolana los hombres pertenecientes a la corporación militar han sido los que han mantenido durante más tiempo el control del gobierno. Ningún otro sector social venezolano ha disfrutado del privilegio de ocupar los puestos fundamentales de la administración pública nacional tanto tiempo como lo han hecho los hombres armadas uniformados.

En el siglo XIX esa fue la regla, la tónica dominante. Los militares de esos tiempos se creyeron con el derecho de gobernar el país en razón de su participación protagónica en la guerra de independencia. Pensaban ellos que haber expuesto su vida en los combates libertadores, proporcionaba a cada jefe de tropa títulos políticos sobre el país. Venezuela fue así una prenda ganada a fuerza de sables y pistolas. Y los que no se habían batido en combate quedaban fuera de la repartición. Y así ocurrió en los hechos. José Antonio Páez, Carlos Soublette, y los hermanos José Tadeo y José Gregorio Monagas, se turnaron en la primera magistratura nacional, hegemonía que duró hasta 1859, cuando se dispararon los primeros tiros de la Guerra Federal. Fueron 29 años de predominio de tales caudillos militares venidos del gran conflicto independentista. Y no solo fue el poder político lo que se repartieron, sino que también se prorratearon las riquezas económicas de la nación: las mejores tierras para el cultivo y la ganadería, la compraventa de artículos comercializables, el cobro de impuestos a la exportación e importación, etc.

Luego vinieron en la misma tónica los generales de la Federación, triunfadores en la Guerra Larga o Guerra Federal. Gobernaron estos unos 36 años, desde 1863 hasta 1899. Integraron una nueva hegemonía de caudillos militares, iniciada por Juan Crisóstomo Falcón, seguida por Antonio Guzmán Blanco y culminada por Joaquín Crespo e Ignacio Andrade. Todos fueron también grandes latifundistas. Y el gran latifundio que era Venezuela entonces fue su mejor botín, el botín de los propietarios militares, de nadie más.

En esos tiempos se incursionaba en política para hacer negocios y obtener riquezas, jamás para servir a la nación y a los más necesitados. Por ello la imagen de Venezuela del siglo XIX fue la de un pobre país. Las realizaciones concretas de sus gobernantes en este tiempo fueron demasiado exiguas. La población mayoritaria del país padeció epidemias propias de los países miserables, tales como: paludismo, analfabetismo, desnutrición, altas tasas de mortalidad infantil, esperanza de vida promediando los cuarenta años; exigua población escolar, apenas dos universidades donde cursaban unos quinientos alumnos por año. En síntesis, Venezuela, el país cuyos soldados andinos, llaneros, caraqueños, margariteños, guayaneses, hicieron la independencia de casi todo el continente, era a fines del diecinueve una pobrísima nación compuesta de gente hambrienta, desnutrida, analfabeta, enferma, mal vestida.

En esas siete décadas del siglo XIX, extendidas desde 1830 hasta 1899, contados fueron los meses con presidentes civiles en nuestro país. La suma de esos meses no da más de cinco años, mismos que fueron cubiertos por el médico José María Vargas, y por los abogados Pedro Gual, Manuel Felipe Tovar, Raimundo Andueza Palacio y Juan Pablo Rojas Paul. Estos presidentes, sin embargo, no gozaron de plena autonomía de gestión, pues detrás suyo, pendiente de sus ejecutorias, estaba el gran elector, el poder detrás del trono, el dueño del negocio, el caudillo militar que los había seleccionado para que le cuidaran la silla presidencial durante los meses que estos la ocuparían.

En el siglo XX tal dinámica política, con los militares hegemonizando el poder, se mantuvo sin alteraciones durante un trecho bastante largo. Este siglo se inauguró con la Revolución Restauradora, el levantamiento militar de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, que derrocó al presidente Andrade y permitió a los andinos tachirenses apropiarse del gobierno nacional. Con los recién llegados continuó el mismo esquema político de predominancia militar. Generalatos ganados a punta de pistola se reafirmaron como el mérito necesario para ocupar los puestos de mando en el país. Presidente, ministros y gobernadores de estado fueron otra vez seleccionados entre los generales de la Restauradora, paisanos de los andes, preferentemente tachirenses, de donde eran originarios el presidente Castro y el vicepresidente Gómez, el par de gamonales dueños ahora del coroto nacional. Éste último, propietario en los comienzos del régimen castrogomecista, de una modesta finca en San Antonio del Táchira, pasó a ser literalmente el dueño del país: hatos en casi todos los estados de la república, haciendas de café y cacao repartidas en diferentes lugares de la geografía nacional, fábricas, concesiones petroleras, decenas de inmuebles urbanos, carnicerías, frigoríficos, plantas eléctricas, mataderos, acciones en bancos, empresas navieras y ferrocarriles, todo esto y más era suyo y de sus familiares más cercanos. A su muerte, en 1935, fue considerado el hombre más rico de Venezuela. El valor de sus propiedades se consideró equivalente al 15% del producto Territorial Bruto del país. Éste bárbaro, el presidente de Venezuela, era un obseso por amasar propiedades, y casi toda Venezuela fue suya. Con él se reitera la tragedia nacional arrastrada desde los comienzos republicanos, según la cual la política es un medio para que, los pocos escogidos, hagan negocios, amasen riquezas, despilfarren las arcas del país, a costa del hambre y sufrimiento del resto nacional. Fueron treinta y cinco años de un modelo de gestión así concebido, con consecuencias nefastas para Venezuela. El país salió de allí con agudas carencias.

Pero no concluyó, con la muerte de Juan Vicente en 1935, allí la tragedia nacional, ni tampoco terminó el predominio de los militares en el mundo político. El fenómeno continuó con los gobiernos presididos por los generales provenientes del gomecismo, Eleazar López Contreras (1935-1941) e Isaías Medina Angarita (1941-1945); a los que siguió el de la junta cívico-militar integrada por los civiles Rómulo Betancourt, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios, además de militares como el Mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Vargas. Esta vez los militares compartieron por tres años, entre 1945 y 1948, con hombres provenientes del mundo universitario, la dirección del gobierno nacional. No se desprendieron de lo que había sido su pertenencia exclusiva por muchas décadas. Ese paso, alejarse completamente de la política, no se atrevieron a darlo. Era demasiado lo que iban a perder, pues ahora el país disfrutaba de ingresos económicos cuantiosos provenientes de la renta petrolera. Ya no solo eran las actividades agrícola y pecuaria las generadoras de fortuna en nuestro país. Ahora se contaba con la inmensa renta petrolera en manos del grupito de afortunados administradores de la cosa pública nacional. La tajada era demasiado suculenta para entregarla sin más. Por esto mismo los militares dieron el golpe de estado al ilustre presidente Rómulo Gallegos, electo en diciembre de 1947, para un mandato de cinco años, hasta 1952, conferido por el pueblo venezolano en elecciones libérrimas. No tuvo tiempo el ilustre presidente de iniciar siquiera la ejecución de su programa de gobierno. Ocho meses apenas se mantuvo en la primera magistratura, y eso lo hizo sorteando, en este breve tiempo, diferentes intentonas golpistas de parte del ejército. No hubo para su gobierno un momento de sosiego. Finalmente, en octubre de 1948 fue destituido y ocuparon su lugar los mismos de siempre, los hombres de uniforme, los vestidos de verde olivo, un triunvirato constituido por los coroneles del ejército Marcos Pérez Jiménez, Felipe Llovera Páez y el mayor Carlos Delgado Chalbaud, régimen que se extendió hasta enero del año 1958, cuando terminó sus días como resultado de una movilización popular de varios días, a la cabeza de la cual estuvieron líderes provenientes de las organizaciones políticas, Acción Democrática y el Partido Comunista de Venezuela.

Si sumamos todos estos años de gobiernos militares en Venezuela, contados desde 1830 hasta 1958, eso proporciona una cifra demasiado llamativa. En ese largo trayecto de 128 años, 112 fueron de dominio absoluto de los militares en la política nacional. El resultado de ello ha sido para desgracia nuestra la existencia de una república chucuta, incompleta, deforme, una republiqueta incivil, una deformación que impidió a los venezolanos disfrutar de un verdadero sistema republicano, uno donde los ciudadanos gobernaran el país, ejercieran el mando, sin interferencias de generales, almirantes, coroneles.

Y ahora, en el siglo XXI, otra vez nos encontramos los venezolanos sometidos a la bota militar. Se repite el fenómeno, con la particularidad de que se trata de una circunstancia política donde un gobierno salido de un proceso comicial, resultado de la voluntad soberana del pueblo venezolano, designa para ejercer las más altas responsabilidades ejecutivas a hombres de sable y pistolera. Es lo distinto de la tradición anterior y también lo que hace paradójico el momento presente. Pero para los efectos es lo mismo. Son los militares sosteniendo en sus manos las riendas del gobierno, no en forma parcial sino en términos hegemónicos.

En el actual gobierno del presidente Maduro, los miembros de tal fuerza corporativa cubren casi todos los puestos de la administración pública. A estos hombres de armas y uniforme los encontramos hoy en distintos espacios de la vida nacional cumpliendo tareas variopintas. Los encontramos en las gobernaciones de los estados y en las alcaldías, en los ministerios y viceministerios, en la Asamblea Nacional, en las presidencias de Institutos autónomos, como gerentes de las empresas públicas e instituciones financieras, como autoridades universitarias, en consulados y embajadas, en las distintas y numerosas Misiones, al frente de hospitales, puertos y aeropuertos, administrando fincas y haciendas de propiedad estatal, y pare de mencionar. Y, por supuesto, los encontramos haciendo negocios de todo tipo con la gasolina y otros combustibles, con el oro de Guayana, con los vehículos y motos chinos, con los productos de las empresas de Guayana, con divisas extranjeras, tal como ha sido publicado en los medios de comunicación del país. No ha cambiado mucho en este aspecto la política venezolana, se repite lo que aquí pasó antes con los militares de la independencia, con los de la federación, con los del gomecismo y los del perezjimenismo.

De manera que, cómo se desprende de lo expuesto en estas páginas, los militares tienen una inmensa responsabilidad respecto a los pocos logros e inmensas carencias que muestra hoy Venezuela al mundo, pues buena parte del largo tiempo republicano venezolano, este país ha sido conducido por ellos. En estos 191 años de historia, trascurridos desde 1830 hasta hoy, los militares han estado al frente de la nación, no menos de 150. De manera que su responsabilidad en las falencias provocadas por la pésima conducción del país es bastante pronunciada. No pueden acudir ellos al gesto de Pilatos y desentenderse de los problemas, calamidades, carencias, derivadas de tal conducción, que hoy afectan la vida diaria de los venezolanos comunes y corrientes. Deben aceptar el dedo acusador del país, es lo mínimo que corresponde de su parte ante la gran tragedia nacional de los tiempos que corren, tragedia que es el acumulado de años de pésima conducción gubernativa, donde son más los fracasos que los éxitos.

Si en nuestro país hoy cualquier venezolano con alguna enfermedad no encuentra medicina para combatir su sufrimiento, eso es responsabilidad de los militares, de antes y de ahora, pues después de todos estos años de estar ellos administrando el destino de la nación, no contamos aún con una industria farmacéutica nacional ni con centros de investigación capaces de generar las vacunas y medicinas requeridas por los venezolanos; si en nuestra nación tenemos una economía atrasada, dependiente, monoproductora, endeudada, no pueden los integrantes de las fuerzas armadas ver para otro lado y decir que es de otros la culpa; si en Venezuela campea la corrupción y en consecuencia las riquezas económicas extraídas del suelo nacional, o producidas por el esfuerzo de los trabajadores, han sido en gran parte dilapidadas o sacadas del país, para engrosar las arcas particulares de propios y extraños, esa llaga es también responsabilidad de los militares gobernantes; si nuestro país no cuenta con un parque industrial diversificado y una producción agrícola capaz de garantizar el sustento diario de nuestros habitantes, eso es también consecuencia de la predominancia militar en los cargos públicos; si las bandas de malandros, ladrones y asesinos controlan las cárceles, calles y muchos espacios públicos de la nación, de esto son responsables los hombres de uniforme; si Venezuela es hoy día un país con una enorme deuda financiera, contraída con bancos y gobiernos foráneos, tal calamidad es responsabilidad del sector castrense.

En fin, si nuestra nación se muestra hoy día como un país fallido, donde el desfalco del dinero público es asunto de todos los días, donde la política sigue siendo un oficio de negociantes; donde el modelo económico predominante es de tipo tercermundista, caracterizado por su atraso, dependencia y condición monoproductora; con servicios médicos deficitarios y deficientes; con un sistema educativo de mala calidad, con universidades y escuelas arruinadas, con escasos centros de investigación, con un pobre desarrollo tecnológico, con pobrísima calidad de vida entre sus habitantes, con las libertades públicas conculcadas, todo ello es responsabilidad de los distintos grupos de poder en cuyas manos han descansado las tareas gubernativas, pero en especial del sector castrense, pues las instituciones del Estado Venezolano han sido predio casi exclusivo de los hombres y mujeres salidos de sus filas, la mayor parte del tiempo de nuestra historia, desde la muerte de Simón Bolívar hasta los días actuales.

De manera que, señores uniformados con fusil al hombro, asuman sus culpas, rectifiquen y pidan perdón. Pues, es evidente que, para nosotros, los ciudadanos venezolanos, ustedes son culpabilísimos de la tragedia multidimensional que nos azota y del pobre país en el que hoy malvivimos.

Sigfrido Lanz Delgado
siglanz53@yahoo.es
sigfridolanz1953@mail.com
@Sigfrid65073577
Venezuela

LEANDRO RODRIGUEZ: EL CHAVISMO YA PERDIÓ

No importa lo que haga, incluso, después de usar todo su faraónico ventajismo el régimen se dará cuenta que Sergio Garrido en Barinas ganará de calle, porque esa elección va mucho más de la simple política, en ella se interpreta el rechazo a un proyecto donde especialmente los barineses han sabido de qué se trata.

Al chavismo, a pesar de sus implicaciones, sabe no tendrá más remedio que inhabilitar a Sergio Garrido para que Arreaza pueda alzarse con la victoria de anime, después de todo, el régimen no solo perdió el 21N, ya perdió el 9E porque entregando finalmente a Sergio Garrido por temor a las secuelas o forzando el triunfo de Arreaza perderá ¿Por qué?

Porque de forzar el triunfo de Arreaza a través de la violencia institucionalizada habrá sumado otra institución no reconocida, además de abultar los motivos que originan las sanciones y demás actos punitivos por parte de la comunidad internacional. No hay manera que el régimen gane, desde hace mucho tiempo ya tiene todo el poder que puede abarcar a lo interno de Venezuela, los procesos electorales son pantomimas.

Pero el chavismo no es el único que pierde en estas condiciones, pierde usted, su familia, la nación, pierde el Estado, porque nada de lo requerido para desarrollarnos se fomenta, al contrario, se destruye contundentemente. Al respecto, se ha hecho viral un video de Emilio Lovera elogiando las bondades naturales de Venezuela, sin embargo, Venezuela, Haití y Cuba son los países más depauperados de la región, Haití por catástrofes naturales y la conflictividad política, pero Cuba y Venezuela producto de una conducción hacedora de pobreza con fines tiránicos, dominar a la población a través de sus necesidades básicas.

Nada hacemos los venezolanos con innumerables bellezas e incuantificables riquezas naturales sí no se nos permite que nuestro talento y esfuerzo puedan desarrollarlos, tan es así, que el año venidero nuestro país será la nación con la mayor emigración del planeta ¡Imagínese! Miles venezolanos huyen del país a pesar de todas las bondades que la madre naturaleza nos obsequió, huyen por culpa de un puñado de hombres que no nos arrebatan la espectacular calidad de vida que podríamos tener todos.

Barinas es un atolladero en el que el régimen se trabó solo, ya lo hemos explicado. Ahora bien, la variable de estudio en este momento es la explosividad social, la reacción de los barineses en caso que el chavismo esparza su gorilismo en esa entidad federal, el chavismo sabe ese torbellino social pudiera desencadenar otro mayor, a nivel nacional, así como más acciones foráneas, en este momento estudia lo que hará, sí le da con el palo a la lámpara o la deja pobremente encendida.

Desde que el chavismo llegó a Miraflores en 1999 hasta la fecha ha tenido todo el poder posible dentro del país, la desinstitucionalización tuvo el éxito planeado, con ella ninguna elección será democrática, será real, pone en riesgo al castrismo. Pero como todo exceso es malo, en la forma como el chavismo retiene el poder es muy complicado retenerlo, de las 23 gobernaciones, de los 365 municipios este 21N se les escapó una liebre, Barinas, que puede significar un desencadenante, así como cualquier otro hecho sobrevenido.

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango
Venezuela

viernes, 10 de diciembre de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL II: DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com HOY VIERNES 10/12/2021

 

AQUÍ TITULARES DE HOY VIERNES 10/12/2021, DIARIO DE OPINIÓN, PULSAR SOBRE EL TÍTULO PARA LEER

   

TITULARES DE HOY - NACIONALES - 10/12/2021


JUAN GUERRERO: LA PALABRA ESENCIAL


SOLEDAD MORILLO: LA MAR ESTÁ REVUELTA

LUIS MANUEL AGUANA: LOS MITOS DEL GOBIERNO ENCARGADO


GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS: EL ABANDONO DEL IVIC

Era 1967. Recién graduada en la Escuela de Química, UCV, a la que debo mi formación inicial, me dirigí hacia el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en búsqueda de nuevos rumbos para encauzar mis ansias de superación y saber. Con apenas 8 años, el IVIC se labraba fama internacional como instituto de alto nivel académico que contribuía con el país a la solución de problemas y formación de recursos mientras hacía investigación de frontera, publicada en prestigiosas revistas especializadas.

Por un lado, proyectos experimentales, muchos de ellos centrados en la resolución de problemas nacionales: investigaciones sobre microbios patógenos, pruebas genéticas de paternidad, estudios nutricionales, física nuclear aplicada a la esterilización de equipos hospitalarios, proyectos en petróleo, pruebas diagnósticas novedosas surgidas de sus laboratorios y tantos otros programas exitosos también en formación de recursos humanos de alto nivel, en prueba de aporte al país; por el otro lado, Jesús Soto, Marisol Escobar, Alejandro Otero, Carlos Cruz Diez, Lía Bermúdez… y sus magníficas obras de arte, acompañándonos en nuestro discurrir académico, mudos testigos de alegrías y tristezas.

Hoy el IVIC está abandonado a su suerte. Ni director tiene. El pasado 14 de octubre, hace ya casi dos meses, el ministerio de ciencia y tecnología presentó a la comunidad del IVIC a su único candidato a suceder al actual director en la dirección institucional. Desde entonces, nada más ha pasado. El director vigente ha abandonado de hecho sus responsabilidades institucionales, dejando al instituto y a su personal al garete, mientras el director designado (que no electo) no puede asumir funciones por carecer de nombramiento oficial.

La pandemia que nos azota desde marzo de 2020 y la plaga «revolucionaria» que nos castiga desde hace casi 23 años se han llevado por los cachos al país y por supuesto, al IVIC. No podía ser de otra forma. El país es otro, más triste, más menesteroso; también el IVIC. La infraestructura, deteriorada por años de abandono y su biblioteca desactualizada, otrora orgulloso centro de referencia bibliográfica científica para América Latina y el Caribe, dan fe de la orfandad institucional.

Del instituto estudioso y pujante queda todavía gente valiosa que trabaja y se esfuerza por salir adelante en laboratorios carentes de recursos, gente que tozudamente insiste en mantener vivo al IVIC a pesar del deterioro institucional representado en magros presupuestos para investigación y en numerosas vacantes, surgidas del alejamiento de un personal altamente calificado que ha abandonado sus mal remunerados cargos en busca de un futuro mejor, casi siempre fuera del país, huyendo de la miseria circundante. Un personal remanente ahora más dedicado, como es natural en estos tiempos tormentosos, a sobrevivir en medio de la penuria nacional, más pendiente de recibir míseras bolsas de comida que rara vez llegan y aguinaldos que no compran ni una docena de huevos.

El desprecio por el conocimiento como política de estado y la esencia totalitaria del régimen han hecho que todos los institutos de investigación y las universidades nacionales fueran ahogados por falta de recursos para ejercer sus funciones, fueran perseguidos o amedrentados sus profesores e investigadores y sometidos a sueldos humillantes, en un intento vano por acallar las voces libertarias propias de las instituciones académicas. El desprecio por el conocimiento, la ignorancia como virtud son ahora política de Estado.

El IVIC apenas sobrevive a la espera de ese tiempo futuro que marque el nacimiento de una Venezuela próspera. También sufren Soto, Cruz Diez, Escobar… cubiertos de maleza y suciedad, perdido el brillo de épocas pasadas, huérfanos de las miradas cómplices de quienes se acogían a su sombra para contarles sus cuitas y explicarles sus hallazgos. Ya no hay tiempo para ellos. La dureza de la vida venezolana bajo la revolución fallida nos ha cegado a las bellezas del entorno, nos impide disfrutar de los atardeceres magníficos que de vez en cuando desparraman sus colores en nuestra montaña, nos hace sordos al sonido del viento entre las hojas. El IVIC apenas sobrevive a la espera de ese tiempo futuro que marque el nacimiento de una Venezuela próspera.

Por los momentos, el encanto del quehacer científico y su armonía con la poesía del paisaje circundante parecen remotos. Pero regresarán, seguro que sí, y el IVIC volverá un día ojalá cercano a resplandecer con sus jardines cuidados, las obras de arte valoradas y una actividad científica rutilante, cuando este país, nuestro país, retome la senda de la civilidad hacia un destino mejor.

Gioconda San-Blas
sanblas@gmail.com
@daVinci1412
@DiarioTalCual
http://giocondasanblas.blogspot.com
Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales,
Individuo de Número, Sillón XX
Caracas, Venezuela
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"Allí donde se niega el conocimiento científico, se difunden las teorías de la conspiración y la agitación". Angela Merkel, discurso de despedida como Canciller de Alemania. 02/12/2021

TRINO MÁRQUEZ: BORGES Y LÓPEZ: UN POCO DE SINDÉRESIS, POR FAVOR

Una lectura equivocada de los resultados de las elecciones del 21 de noviembre exacerbó la crisis dentro de la oposición, golpeada tras años de exilios, inhabilitaciones, deserciones, fracturas, errores y fracasos. Las recientes declaraciones de Julio Borges en las que renuncia a su cargo de encargado de la relaciones internacionales del equipo de Juan Guaidó y la entrevista que Leopoldo López sostuvo con la periodista Idania Chirinos en la emisora colombiana NTN24, han mostrado cuán profunda es la división y el desconcierto existente en las filas democráticas.

La postura de Borges me pareció insólita. No pudo haber escogido un momento más inadecuado. Propuso terminar abruptamente con el interinato de Juan Guaidó en una coyuntura en la cual el presidente de Estados Unidos convocó la Cumbre para la Democracia los días 9 y 10 de diciembre, evento virtual que congregará a los líderes políticos, de la sociedad civil y del sector privado más importantes del planeta, con la finalidad de discutir en torno de las graves dificultades que enfrenta la democracia en gran parte del planeta. De ese foro fueron excluidos Nicolás Maduro, desde luego, y los mandatarios de El Salvador, Guatemala y Honduras, gobiernos que no pueden calificarse aún de dictaduras abiertas, pero que si se les deja van a hacerlo. Por lo visto, la invitación a Juan Guaidó no tiene nada que ver con la gestión diplomática de Borges. A pesar de ello, debería haberse sentido muy satisfecho de que a su jefe lo convocasen a ese magno encuentro, claro espaldarazo al esfuerzo que realiza para recuperar el sistema de libertades y una forma de expresar el compromiso de la primera potencia mundial con el sector opositor representado por Guaidó.

Entonces, no solo nada tuvo que ver con la iniciativa estadounidense, sino que se aprecia el enorme celo que le produjo el que Joe Biden exaltara la figura de Guaidó.

El otro aspecto que no consideró Borges en sus desafortunadas declaraciones es la situación sobrevenida luego de la conspiración urdida en Barinas, de acuerdo con las declaraciones del rector Roberto Picón. En ese estado, el régimen perpetró un asalto que exigía la respuesta cohesionada de la oposición, tanto para denunciar el delito cometido, como para concurrir en una sola fórmula a las elecciones del 9 de enero, arbitraria solución impuesta por el TSJ. En medio de una coyuntura en la cual había que acorralar al gobierno con los pocos recursos de los que se dispone, Julio Borges lanzó una granada fragmentaria para causar destrozos en la ya averiada oposición.

Finalmente, propone acabar con el ‘gobierno interino’, pero sin sugerir una fórmula o un plan concreto que sustituya esa plataforma. Se limita a hablar generalidades y a repetir lugares comunes acerca de renovar el liderazgo. Un dirigente político de su talla está obligado a presentar un plan con objetivos y lapsos definidos. Ese proyecto podría incluir, por ejemplo, comenzar por la revisión dentro de los partidos existentes de sus tesis sobre la coyuntura nacional, con el fin de avanzar hacia un congreso que reúna a los líderes de las diferentes organizaciones y defina la manera de encarar al régimen de Maduro. No resulta aceptable que pretenda eliminar la plataforma conformada por Guaidó –aunque sea criticable- a partir de abstracciones.

El otro episodio lamentable fue el protagonizado por Leopoldo López contra Henrique Capriles. En esa confrontación, con rasgos viscerales, da la impresión de que para López resulta más importe anular a Capriles, que salir de Maduro, el destructor del país.

No creo que valga el argumento según el cual para derrotar a Maduro, hay que acabar primero con el protagonismo de Capriles en el escenario nacional. Capriles, al igual que López, están instalados en la conciencia de los venezolanos. Todos los sondeos rigurosos de opinión que conozco, indican que ambos forman parte del cuarteto de líderes democráticos más reconocidos en Venezuela. Los otros dos son Juan Guaidó y María Corina Machado. Los demás dirigentes opositores marchan lejos de ese pelotón. Modificar esa percepción no será fácil, y tampoco considero que sea positivo. Si aparecen nuevos liderazgos nacionales, no será por decreto ni por combinaciones de laboratorio, sino porque esos líderes emergentes habrán sabido ganarse el apoyo popular. No creo en esas consignas tremendistas que plantean ‘váyanse todos’, como si formar líderes de alcance nacional fuese una operación sencilla. Los obstáculos que deben superar las nuevas figuras para alcanzar ese peldaño son enormes. Uno de ellos reside en eludir la férrea hegemonía comunicacional, uno de cuyos propósitos consiste en invisibilizar la oposición.

Hasta nuevo aviso, Capriles y López tendrán que girar en la misma órbita, y les convendría que lo hagan de la manera más armónica posible. Nadie puede pedirles que se quieran como hermanos, pero sí hay que exigirles que coexistan en sana paz porque la recuperación de la democracia y la nación los obliga a convivir. En Venezuela y el mundo abundan los ejemplos de cohabitación entre personajes que se tenían animadversión.

Los comportamientos de Borges y López fomentan la decepción y el ascetismo, y alejan las posibilidades de cambio. Están obligados a enmendar.

Trino Márquez
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc
Venezuela

JUAN GUERRERO: LA PALABRA ESENCIAL

A la memoria de mi sobrino, Dr. Pedro Belisario Guerrero

Hay palabras fundacionales, telúricas, estremecedoras, como muerte, olvido, poesía, amor, amistad, vivir, leer, recordar. En sí mismas no pueden ser aprehendidas ni mucho menos, definidas, conceptualizadas. No admiten sinónimos, ni mucho menos, antónimos. Ellas son así, etéreas, están en la propia ingravidez de su ser. No pueden ser impuestas. A nadie se le puede obligar a amar, olvidar, por ejemplo, ¡olvide!, ¡ame!, ¡lea!

Las palabras se encarnan mientras vivimos, existimos. Por eso es tan importante entender que las palabras son esenciales en nuestra vida. De niños aprendimos el lenguaje y las primeras palabras. Antes de encerrarlas en conceptos y definirlas ellas gravitaban en nuestro ser, se dejaban sentir mientras aprendíamos a pronunciarlas. Nos importaba más el sonido y su dibujo que el propio significado.

Por eso las palabras tienen poder, estructura, dimensiones y fuerza de movimiento. Hay palabras que tienen una cadencia, un ritmo y musicalidad impresionantes. Pronunciar ruiseñor, infinito, nostalgia, crea sensaciones en nuestro cuerpo. Lo estremece, lo prepara para algo inmenso, que siempre va más allá, hacia lo afuera, eso que se abre al mundo y es eternidad.

En la vida aprendí que al estar con un maestro espiritual hay que pedirle una palabra. Una vez que la otorga, quedas introducido en el bautismo de la intimidad donde él nunca jamás ha de abandonarte. Donde quiera que estés, podrás refugiarte en esa palabra. Ella queda grabada en el universo y es un mantra, un talismán que te abriga y es luz que ilumina y es refugio en nuestra soledad, mientras acompaña nuestro silencio.

No a cualquiera se le brindan nuestras palabras más íntimas, sagradas y ocultas. En los pueblos antiguos, los viajeros y forasteros que llegaban de visita, recibían como ofrenda, agua y palabras. Lo primero era obsequiado por mujeres; un agua para saciar la sed de los caminos. Lo segundo, palabras de los ancianos que orientaban e iluminaban caminos y daban seguridad y compañía. Por eso los antiguos apreciaban las palabras, respetaban y se comprometían a cumplirla, a honrarla. Era la palabra oral aquello que regía toda relación, y estaba íntimamente ligada al cuerpo y al ser de quien la pronunciaba. La palabra yacía al fondo, estaba dormida en la lengua y encerrada entre los dientes y cercada por los labios. Era entonces un tesoro, una espada flamígera, un poder, y por eso los sabios y los ancianos son, así: silenciosos.

Por ello, siempre debemos esperar de quien nos habla que cierre su ciclo, la secuencia de su diálogo. Apreciar siempre la entonación, el ritmo, la cadencia y timbre en su vocalización. Así sabremos desde su manera de respirar, hasta el tiempo que marcan sus palabras. Después vendrá el momento de comprender la secuencia discursiva, su significado y cómo conceptualiza su realidad idiomática.

Pero, aunque comprendamos, estemos o no de acuerdo en sus conceptos, siempre va a permanecer en nosotros, la marca de su fuerza verbal en sus sonidos. Hay música entonces en las palabras, como un brillo, un juego antiguo que nos acercará siempre a la primera vez cuando de niños, disfrutábamos pronunciarlas.
Por ello, es menester volver siempre al punto de inicio, porque volvemos nuestro rostro y sentimos el rocío de un hálito de vida que recubre en su pronunciación el misterio de nombrarlas.

Debe ser terrible, espantoso, morir sin haber vivido. Y vivido significa haber sentido en la intimidad el poder infinito de una palabra, de quien, en nuestro entorno, alguna vez nos estremeció cuando nos llamó por nuestro nombre, cuando nos dijo, ¡amor!, ¡hermano!, ¡amigo!

Siempre habrá tiempo y lugar para regresar al hogar donde nuestras primeras palabras fueron pronunciadas. ¡Siempre! Siempre tendremos la oportunidad de encontrar el sitio, el momento donde estaremos cercanos, preparados para comulgar en el rito mágico que nos conecte con nuestra palabra esencial, única, estremecedora. Esa que palpita y es emoción y dicha eterna.

Los tiempos para comulgar con nuestra palabra que vibra en su esencialidad, nos humanizan, nos elevan a una categoría diferente que nos libera de toda efímera atadura. Brindemos, pues, a nuestro semejante la mejor palabra, ofrecida en libertad. Esa palabra que le nutra, que sea alimento espiritual y que brinde la huella eterna por la que un día seremos recordados.

Juan Guerrero

camilodeasis@hotmail.com    

@camilodeasis  

@camilodeasis1

Venezuela

SOLEDAD MORILLO: LA MAR ESTÁ REVUELTA

Perdemos cada día una pestaña de esas que necesitamos para la capacidad de asombro. Ya poco fruncimos el ceño ante las barbaridades que ocurren. Y caemos en el ejercicio de la anomia, que es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveernos de lo necesario para lograr las metas de la sociedad. En pocas palabras, la nuestra es una sociedad anémica, flaca, o como canta el tango, “fané y descanyá”.

Pero para lo que sí parece haber fuerzas es para el ejercicio de la destrucción. En las redes, sobre todo. Allí se tira piedras a placer y hay gente actuando como las tejedoras frente a la guillotina en aquella Francia que estudiamos.

Para algunos, cuántos no sé, es equiparable lo que ha hecho el régimen con los fracasos de la oposición, como si pesaran lo mismo los horrores del régimen y los errores de la oposición. Pero hay más en esta novela del género del absurdo. Maduro, arbitrariamente, le quita competencias al gobernador Rosales. Y la gente se lanza como fieras depredadoras a despedazar a Rosales y no a Maduro.

Claudio Fermín, en un alarde insolente, se lanza como candidato a la gobernación de Barinas. Es un disfraz. Pero ahí está, apoyado por unos cuantos esquiroles (que sigo el consejo de Caleca y ya no los llamo alacranes), alterando la escena ya de suyo complicada. Muy generosamente, tanto a Fermín como a Arreaza el CNE los mudó para Barinas. Poco importó que no hayan vivido en Barinas o que aparecieran como electores en Caracas. Fácil. Cuando el CNE quiere, el CNE puede. Ojalá los electores de esa entidad estén con los ojos claros y con mucha vista.

El lío se armó otra vez en la oposición. Pasa cada diciembre. Estamos en tiempos de discursos altisonantes alentados por managers de tribuna. Gozan los “mesitos”. Pero en enero se calmarán esas aguas y entenderán lo que no hay cómo disimular, que los buenos somos más pero que eso solo sirve si hay unidad.

Va terminando este duro, cruento y difícil año. Comenzamos en crisis y terminamos con ella elevada a la n potencia. El llevadero no existe. Esa frase se le ocurrió a algún cursi de esos que escriben libros de auto ayuda. Prefiero entonces dotarme el alma de pensamientos más inteligentes, como por ejemplo “el que camina en el lodazal no puede quedarse quieto, porque se hundirá en él”. No es mía; es de un tal José Eustacio Rivera, de su novela “La vorágine”.

Y cierro estas líneas con una declaración de principios: las hallacas sin adornos (aceitunas, alcaparras, tocino, tiritas de pimentón, rueda de cebolla, encurtidos, pasitas, huevo duro) no son hallacas, a lo sumo y con suerte son bollos. ¡Bendición, abuela!

Soledad Morillo Belloso
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
Venezuela 

LUIS MANUEL AGUANA: LOS MITOS DEL GOBIERNO ENCARGADO

Se ha planteado un debate –de ninguna manera nuevo, solo que ahora tiene más volumen público- acerca de pertinencia de la continuidad del Gobierno Encargado de Juan Guaidó Márquez, esta vez por la afirmación de Julio Borges en su renuncia del Gobierno Encargado como Comisionado de Relaciones Exteriores (ver El Nacional Julio Borges: El gobierno Interino tiene que desaparecer, en https://www.elnacional.com/venezuela/julio-borges-el-gobierno-interino-tiene-que-desaparecer/).

La renuncia de este personaje nefasto de la política venezolana, jefe de uno de los partidos del G4, puede interpretarse se muchas maneras, comenzando por la lucha intestina que se tiene dentro de la Asamblea Nacional de 2015 por la “sucesión” que deberá darse en la oposición oficial después del 5 de Enero de 2022. Borges salta del barco del Gobierno que ellos mismos se dieron con el Estatuto inconstitucional de la Transición, para examinar desde afuera “como quedarán ellos”, el partido Primero Justicia, en la nueva realidad política que se debe dar a comienzos del año entrante.

Pero la cuestión de fondo no es que Borges o cualquiera diga que el “Gobierno Interino tiene que desaparecer” sino si su continuidad es beneficiosa o no para los venezolanos.

Hasta que Borges lo dijo en su renuncia, varios venezolanos ya nos habíamos hecho la pregunta de las “64 mil lochas” del viejo programa de concursos de Efraín de la Cerda: ¿De qué nos sirve un Gobierno Encargado que no ha incidido positivamente en nada de lo que nos está pasando en Venezuela? ¿Tiene algún sentido la continuación de una presidencia que teniendo el reconocimiento internacional no hay nombrado un Gabinete de Crisis –con Alto Mando Militar incluido- para combatir precisamente con la ayuda de esa Comunidad Internacional, la tiranía que está destruyendo a Venezuela y a los venezolanos? Al no tener territorio sobre el cual gobernar, su obligación no era otra que expulsar al régimen. De hecho ya tenía, por si no lo recuerdan, la autorización de 6,4 millones de venezolanos debido a la 3ra. Pregunta de la Consulta Popular realizada del 7 al 12 de Diciembre de 2020.

Pero esas preguntas ya las conocía Julio Borges antes de su noticiosa renuncia, y durante su gestión no se movió ni un milímetro para conseguir eso, utilizando esas posiciones para hacer lo acostumbrado: ubicar a su gente. Pero manifestó que el Gobierno del cual formaba parte es inservible justamente en el momento preciso, no para la conveniencia de los venezolanos sino para la conveniencia política de él y su partido, viendo que cada vez más personas nos estamos preguntando eso, demostrando una supuesta empatía que definitivamente no tiene con los venezolanos. Eso lo demostró con esa declaración.

Muchos opinadores y anclas de programas de televisión, muy famosos ahora por internet, y otros “influencers” venezolanos han salido en la defensa a ultranza del Gobierno Encargado. Estos mismos personajes fueron los constructores mediáticos de esas joyas de la política venezolana actual cuando tenían sus programas en Globovisión y Radio Caracas, y columnas muy leídas en El Nacional y El Universal. Y desde sus nuevas trincheras en las redes sociales aun los siguen defendiendo en sus posiciones sin hacer un análisis mínimo de si mantener o no un Gobierno Encargado es positivo o no para Venezuela.

Para muchos pareciera obvio que Juan Guaidó debería permanecer en su puesto y su figura como Presidente Encargado debe continuar porque “es el único reconocido internacionalmente” y “perderíamos los activos que de otra manera tendría la tiranía de Maduro”. Estos mitos del Gobierno Encargado son repetidos hasta la saciedad. Pero lo obvio siempre me ha resultado sospechoso por evidente.

Es cierto que la Comunidad Internacional, comenzando por los EEUU le ha inyectado legitimidad externa a ese Gobierno Encargado porque hasta ahora ha sido conveniente para sus intereses, no para los nuestros. Hay razones de Estado en los países de la Comunidad Internacional que apuntan a que hay que reconocer a alguien aquí como legitimo, so pena de asumir unos costos que de otra manera tendrían que asumir ellos al dejar correr en el tiempo este cáncer que significa Maduro y sus criminales en el poder para todos los países de la región.

De forma que al “reconocer” a Guaidó (habría que ver de qué se trata ese reconocimiento ya que la mayoría de los países del mundo aun mantienen relaciones diplomáticas formales con el régimen de Maduro, aun cuando exista un enviado de Guaidó) se establece una suerte de “sanción” -sin serlo- al régimen, pero que le endilga a ese Gobierno Encargado “reconocido” la responsabilidad de “salir de Maduro” (después de todo ese problema es de los venezolanos) sin tener rabo con que sentarse.

Hay que reconocer que la Constitución venezolana dio la fórmula mágica para desentenderse del problema con la figura de un “Gobierno Encargado por 30 días hasta convocar elecciones” y les ha funcionado muy bien tanto a la Comunidad Internacional como a los políticos opositores al aprovecharse de la administración de las ayudas. Pero ¿Y los venezolanos? Esos están bien jodidos… Ojalá entendieran afuera que ¡no queremos “ayudas”, queremos que nos ayuden a salir de Maduro y sus criminales a la brevedad! Esa sería la mejor ayuda. Y eternizar una figura comodín intermediaria definitivamente no colabora para lograr eso.

Ahora bien, indicar que “si no fuera por el Gobierno Encargado” se hubieran perdido los activos de PDVSA en el exterior o el oro del Banco Central que está en custodia en Inglaterra, es otro mito de carretera de los políticos de la oposición oficial. Pregúntenle a Horacio Medina como Presidente de la Junta Ad Hoc de PDVSA si le aprobaron los recursos que solicito al Gobierno Encargado y su Comisión Delegada para defender los activos de la industria en los Estados Unidos desde hace más de un año. Si, adivinaron, no se los aprobaron (ver Junta ad hoc de PDVSA exhorta a que se apruebe su presupuesto para continuar con la defensa de activos en el extranjero – Comunicado de PDVSA Ad Hoc a la Opinión Pública General – Tercer aspecto – 9 de Noviembre de 2021, en https://www.bancaynegocios.com/junta-ad-hoc-de-pdvsa-exhorta-a-que-se-apruebe-su-presupuesto-para-continuar-con-la-defensa-de-activos-en-el-extranjero-comunicado/).

Si los activos venezolanos no se han perdido es porque los gobiernos internacionales respectivos han protegido esos activos como consecuencia de las sanciones al régimen de Maduro. Y eso seguirá pasando esté o no esté Juan Guaidó en una Presidencia Encargada hasta que vaya Maduro y exista un gobierno que sea verdaderamente legitimo en Venezuela. Y lamentablemente de cara a ellos, ese no es el de Juan Guaidó hasta que no exista una elección válida en Venezuela por más que lo hayan “reconocido” en el año 2019. Para ellos Guaidó será desechable de acuerdo a la circunstancia y los intereses que se manejen en el complejo ajedrez de las potencias internacionales.

Entonces, ¿adónde nos lleva esta situación? ¿Es la Presidencia Encargada un estorbo o no para la recuperación de Venezuela? Esa es la verdadera pregunta. Y la respondí en una nota pasada, por cierto antes de la renuncia de Borges: “Ya es hora de empezar a buscarle una solución al engendro creado por la oposición política. Una manera simple sería que Juan Guaidó actuando honorablemente como el Dr. Jekyll, “suicide” a la Presidencia Encargada y el Estatuto de la Transición, dando muerte así al Dr. Hyde, y asumiendo pura y claramente la Presidencia de la República, cumpliendo a cabalidad las obligaciones que le exige la Constitución. De otra manera será preferible para los venezolanos que el engendro desaparezca con él. Pero después de 3 años de pedírselo creo que es inútil seguir exigiendo ese ejercicio de madurez política” (ver El extraño caso de Guaidó y los partidos del G4, en https://ticsddhh.blogspot.com/2021/11/el-extrano-caso-de-guaido-y-los.html).

¿Será capaz Juan Guaidó de “suicidar” la Presidencia Encargada y el Estatuto de la Transición a favor de las necesidades de los venezolanos, declarándose Presidente Constitucional de la República con las competencias y obligaciones que le exige la Constitución, sin más “estatuto” que su propia conciencia? En ese momento indiqué que era inútil seguir exigiendo después de 3 años ese ejercicio de madurez política. Pero al ver que el castillo de barajitas que se construyeron en el 2019 esta cayéndose sobre sus cabezas, esta vez con la ayuda interesada de uno de sus pilares fundamentales, tal vez, solo tal vez, pueda ser posible que se lo piense mejor.

Y en el caso de que no sea así, para los venezolanos es preferible seguir el camino solos que mal acompañados. Creo que tendríamos un mejor chance de salir de la usurpación en tanto y en cuanto la Comunidad Internacional (y en especial los EEUU) entiendan que nuestro problema no es para el 2024 es para ayer y todos los años previos que el régimen nos ha robado las elecciones. Que preferimos una elección de representantes Constituyentes que decidan el futuro de Maduro, de su régimen y de Venezuela sin la intervención de los poderes constituidos y con la participación de un árbitro internacional imparcial, con la fuerza coercitiva de las naciones. Esa sería la verdadera ayuda, si es que todavía existe ese respaldo de la Comunidad Internacional A VENEZUELA, no a Juan Guaidó…

Luis Manuel Aguana
https://ticsddhh.blogspot.com/
luismanuel.aguana@gmail.com
@laguana
Venezuela

JESUS ELORZA: JUEGOS DEPORTIVOS NACIONALES "UN DESASTRE CONTINUADO"

Durante los 22 años de el régimen socialista-bolivariano-revolucionario del siglo XXI, los Juegos Deportivos Nacionales (JDN) han sufrido los embates de una gestión gubernamental caracterizada por el totalitarismo autocrático centralizado de sus incompetentes autoridades deportivas. Sumado a ello, los casos de corrupción derivados de los contratos de mantenimiento o construcción de las instalaciones deportivas, los comedores, la compra de materiales deportivos y el negocio de los uniformes deportivos. En su loco afán de “control revolucionario” el régimen optó por centralizar toda la actividad deportiva trasladando, en primer lugar, al Instituto Nacional de Deporte IND, la administración de las instalaciones deportivas localizadas en los estados gobernados por opositores al régimen. Los primeros estados en sufrir las consecuencias de esta dictatorial medida fueron Zulia y Táchira y posteriormente la medida fue extendida a la región capital, al quitarle la sede de los juegos nacionales a Caracas, porqué el Alcalde de la región era opositor.

Para favorecer los incrementos a los presupuestos y las ganancias de los corruptos, el régimen con sus incapaces autoridades deportivas, impuso la multiplicación de las sedes y dieron paso a Los Juegos Nacionales de los Andes con sus sedes en Mérida, Táchira y Trujillo y a los Juegos Nacionales de Los Llanos con sus sedes en Guárico, Apure y Barinas.

Finalmente, para el 2013 los Juegos fueron asignados a la región capital con sus sedes en Caracas, Miranda y Vargas. Siendo esta la última edición de los juegos. Desaparecidos los dineros del Fondo Nacional del Deporte, la escalada hiperinflacionaria y la progresiva devaluación de nuestro signo monetario marcaron definitivamente la suspensión de la realización bi-anual de los Juegos Deportivos Nacionales.

Durante 22 años consecutivos, hemos sido testigos del desastre continuado de los Juegos y en particular, de la permanente suspensión en estos últimos ocho años. Por ello, en su momento, llamó la atención, a los atletas, entrenadores y dirigentes deportivos de todo el país, el anuncio del Ministro del Deporte en el pasado mes de octubre en donde señalaba “el regreso de los JDN para el 8 de diciembre en las sedes de Caracas, Miranda y La Guaira”

En su discurso, el presidente del IND, Juan Carlos Amarante dio rienda suelta a su demagógica e irresponsable conducta al anunciar con bombos y platillos que:

“…la vigésima edición de los JDN se celebrará del 8 al 19 de diciembre y contará con la participación de 10.655 atletas de todas las regiones del país. En esta oportunidad entrarán en acción en busca de los máximos honores, 5.217 atletas en femenino y 5.448 en masculino en un total de 63 modalidades deportivas. La capital del país servirá de escenario para 23 disciplinas deportivas. La región mirandina acogerá 16 especialidades. La Guaria albergará seis deportes. Carabobo 3. Lara 3. Guárico 2 y Yaracuy 3. Además, participaran 2.077 entrenadores, 1.123 delegados, 1.474 árbitros, 186 federativos y 400 miembros del Comité Organizador. Estos serán los mejores JDN de la historia…”

Luego de escuchar semejante perorata demagógica, la realidad dejó al desnudo a la fracasada revolución y sus incapaces autoridades. Las observaciones y reclamos críticos en todo el país no se hicieron esperar:

-Los atletas reclamaban que no tenían instalaciones adecuadas para sus entrenamientos, no tenían asistencia social de ningún tipo: becas, comedores, transporte, viáticos ni protección para su salud.

-Los entrenadores luchaban contra los salarios de hambre que les pagaban, no tenían seguros de HCM, no disponían de material deportivo, nunca tenían respuestas a sus planes de entrenamiento y sus centros de trabajo estaban en abandono total.

-Los dirigentes deportivos, comenzaron a reclamar que a pesar de haber logrado clasificar a sus equipos en los eventos zonales, ahora eran informados que estaban eliminados y en los deportes individuales les comunicaban que por órdenes del IND debían reducir sus delegaciones.

-Los directivos de los organismos deportivos regionales señalaban carecer de recursos para asistir a unos juegos y con múltiples sedes las necesidades también se multiplicaban y no eran atendidas por ninguna autoridad.

Al final, el Ministro del Deporte Mervin Maldonado, con el caradurismo de los incapaces, anuncia que “los JDN que iban a celebrarse en diciembre de este año, fueron pospuestos para enero del 2022 debido a que los Institutos Regionales, por los cambios de autoridades resultados de las elecciones, pidieron un poco más de tiempo”. Argumento este que se cae por su propio peso, puesto que la fecha de las elecciones regionales estaba establecida desde comienzo de año y no haber tomado esa previsión solo demuestra la incompetencia e incapacidad de las autoridades deportivas.

Las verdaderas razones están a la vista: falta de recursos, instalaciones destartaladas, atletas y entrenadores sin protección social, la no aprobación de los Programas Operativos Anuales y la descabellada decisión de eliminar, sin fundamento alguno, disciplinas deportivas o número de atletas que se habían ganado su derecho a participar en los eventos clasificatorios.

Ahora vienen con el cuento chino de las elecciones de gobernadores y alcaldes. Lo más probable es que en el próximo mes de enero, anuncien una nueva suspensión por la cercanía de los carnavales.

Al conocerse la suspensión de los JDN, en las instalaciones deportivas de todo el país, se escuchaba un grito de protesta ¡Esta revolución es la muerte de los juegos! …seguimos en lo mismo.

Jesus Elorza Garrido
jesuselorza@hotmail.com
@jesuselorza
Venezuela