martes, 19 de enero de 2016

SIXTO MEDINA, HORA DE DECISIONES SABIAS

Luego de escuchar a Nicolás Maduro en su mensaje a la Asamblea Nacional, para hablar a la nación y presentar su Memoria y Cuenta del año 2015, no es necesario abundar en mayores detalles para afirmar que en su discurso no rindió cuentas acerca de la labor cumplida. Su mal gobierno no da pie para las exaltaciones. No hay respuesta para los problemas de fondo, que no es otro que el empobrecimiento del país, el deterioro social y la cada vez más injusta distribución del ingreso. Sigue así, tras decretar el “estado de emergencia económica“, su gobierno trabajando con el futuro, con la evasión, escapando a la realidad, moviéndose en el ámbito de las promesas. Está visto que dentro del actual sistema  no hay solución para los problemas planteados

El 6 de diciembre las urnas no le dijeron que no al progresismo. Se lo dijeron a Nicolás Maduro Moros como pretendida expresión de ese progresismo. Le  probaron que esa bandera no está en sus manos. El progresismo cabal es inconciliable con el populismo. No disocia la justicia social del desarrollo. Ni el desarrollo de la educación. El progresismo, en suma, no existe en donde la ley es un pretexto para la autocracia y la instrumentación perversa del poder y la pobreza.

¿Qué sentido puede tener para Nicolás Maduro abandonar sus prácticas autoritarias y retrogradas y empezar a ser de veras progresista? ¿Qué sentido, en todo caso, puede tener para él renunciar al monopolio de la palabra? Quienes lo conocen saben que procederá como siempre. Aún, en circunstancias tan apremiantes como las actuales.

Saben que, a consecuencia de ello, aguardan al país horas difíciles. A su vez, las circunstancias exigen a la Mesa de la Unidad Democrática una perspicacia que, hasta hoy, ha demostrado: aptitud para prever lo que vendrá. Es hora de pensar y hay que saber hacerlo. La campaña pacifica y electoral,  ya rindió sus frutos. Las patrañas oficialistas quedaron al desnudo. Es preciso, que la denuncia deje de ser el eje articulador del discurso opositor. Maduro ya no tiene futuro.

El desafió es complejísimo. Sin realismo y sin un orden cierto de convivencia no se irá a ninguna parte. Menos aún, sin sabiduría. La gobernabilidad debe ser preservada, y, a la vez, las transformaciones indispensables tienen que empezar a producirse.

¿En estas condiciones, le importara al oficialismo que esté en juego algo más que su exclusivo interés sectorial? Mientras tanto, la alianza opositora tendrá que desarrollarse. Demostrar que está en condiciones de convertirse en autentica alternativa de gobierno. El arte de consensuar y de diálogo se impone en todos los casos. Pocas veces un reclamo ha sido tan unánime. Hoy todo lo deseable parece depender de la aptitud para convivir. Pero, para ello hacen falta condiciones personales y partidarias cuya concreción no se puede improvisar.

La expectativa social predominante ya no recae sobre el oficialismo. Nadie sino él mismo ha contribuido a dañar tanto su propia credibilidad. Es sobre la MUD y sus diputados sobre la que recae mucho más esa expectativa. Esa expectativa y una clara exigencia: que sepa desempeñase como herramienta legislativa capaz de reconciliar al Estado con la ley y la República.

La intransigencia debe ceder el paso a la práctica honesta de la tolerancia, que es el presupuesto del pluralismo que hace posible el disenso y la diversidad, que, enriquece a las personas y al mundo de la política. Esta parece ser la fórmula adecuada para unir a los venezolanos. Es la empecinada esperanza de una mayoría la que reivindica ese cambio. La MUD tendrá que probar que esa mayoría no se equivocó al privilegiarla con su voto.

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto

Miranda - Venezuela

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