viernes, 6 de septiembre de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ: DEUDA PÚBLICA Y ENCAJE BANCARIO EN LENGUAJE SENCILLO.

El pasado 14 de agosto 2019, el régimen madurista, según Decreto No 3. 958, incrementó el monto del endeudamiento público interno para el presente Ejercicio Fiscal en ¡36 billones de bolívares! sobre el monto de 500.000 millones de bolívares autorizados en el endeudamiento previsto en la Ley de Presupuesto 2019, aunado a tres emisiones de deuda pública por 23 billones de bolívares; tal endeudamiento, habrá de ser adquirido (casi en su totalidad) por la banca comercial mediante una liberación del encaje bancario depositado en el Banco Central de Venezuela (BCV) habida cuenta que dicha banca no dispone de liquidez; lo cual constituye, en realidad, un financiamiento soterrado del gasto público.

Es una verdad evidente por sí misma, que el régimen chavista-madurista ha venido financiando el déficit y acelerando el gasto gubernamental a través de la deuda interna, entendida como la parte de la deuda pública cuyos acreedores son ciudadanos del país a diferencia de la deuda externa que es el monto de la deuda que tiene Venezuela con entidades extranjeras; según lo cual se genera una distorsión implícita ya que los bonos emitidos no serán adquiridos por agentes privados (como es lo ortodoxo) sino por la banca comercial mediante el subterfugio de liberarles el encaje bancario en poder del BCV. 

Vale recordar, que el encaje bancario es el porcentaje de los depósitos recibidos de cada entidad financiera que no puede ser utilizado para otorgar préstamos al público ni destinarlo a inversiones, siendo igualmente un instrumento de política restrictiva de la liquidez (no vinculado con el caso en comento). Tal “operación” le facilitará al régimen mantener un déficit sin hacer uso de unas reservas que no tiene ni aumentar la oferta monetaria, con la “bondad adicional” de disponer del encaje bancario y en lo sucesivo no pagar intereses por ese dinero.

Es de acotar, que la estrategia de utilizar el encaje bancario para financiar el déficit fiscal con un aumento de la deuda interna, así como para contener la presión inflacionaria ¿? sólo postergará, por corto tiempo, un nuevo impacto a la hiperinflación (actualmente supera el 666%); al tiempo que deteriorará (aún más) la relación entre deuda y PIB reflejando cuantitativamente que Venezuela no produce y vende bienes y servicios suficientes pagar sus deudas, en un contexto donde la deuda pública se situó para el cierre de 2018, según la Asamblea Nacional, en ¡US$ 130.633 millones! que en los últimos años se sextuplicó al pasar de US$ 22.586 millones hasta el monto antes citado. 

En tal sentido, Venezuela muestra el fenómeno de “sueldos y salarios retrasados” frente a la hiperinflación, lo cual constituye una caída de los ingresos fijos reales (el sueldo mínimo actual de 40.000 bolívares representa unos ¡2 US$ mensuales!) que los ciudadanos intentan enfrentar con una dolarización de facto (por la fuerza de los hechos) renunciando al uso de nuestro signo monetario, en un escenario que está induciendo inflación en dólares USA (en 2019 el US$ ha perdido un 57% de su poder de compra) imposible de ser causada por emisión monetaria de US$ (es de manifiesta obviedad que Venezuela no puede emitir US$) sino que el impacto inflacionario es propiciado por el “negocio” de la especulación adelantado por aquellos que tienen acceso a la moneda estadounidense lo cual está estimulado por la incertidumbre país, al extremo que en lo especifico del sector inmobiliario el precio de los inmuebles muestran una permanente caída ante el tenebroso panorama que representa la permanencia en el poder del chavismo-madurismo; o lo que es lo mismo, para el caso venezolano del presente no es la emisión monetaria, per se, la causa de la hiperinflación sino el decrecimiento económico al punto que el socialismo “revolucionario” con fachada capitalista mantiene la intención de eliminar el sistema de mercado y la propiedad privada de los medios de producción, al extremo que ha reducido hasta un tercio el tamaño de la economía; es decir ha desaparecido el 75% del potencial económico-productivo como consecuencia de un decrecimiento por ¡24 trimestres consecutivos! (6 años de contracción económica), en el entendido que a la luz de la ortodoxia de la ciencia económica una recesión por más de tres trimestres consecutivos da paso a una depresión que de continuar (como es predecible “por ahora” para el caso venezolano) se convierte en una ¡catástrofe económica! que cobra mayor intensidad cuando se está inmerso (caso Venezuela) en una desestabilidad nominal como consecuencia de un fuerte desajuste fiscal y monetario, que se traduce en la disponibilidad de menos bolívares para demandar US$ en el mercado paralelo, y por ende se desvía hacia el tipo de cambio oficial magnificando la corrupción.

Reflexión final: Vale destacar, que Venezuela muestra una catástrofe económica-social desde mucho antes del pequeño impulso marginal que imprimieron las recientes sanciones impuestas por EEUU; con el agravante de estar sumergida en una ingobernabilidad que dificulta observar signos de expansión económica. Siendo así, la reversión de la catástrofe será sólo posible luego del ¡cese de la usurpación!

Jesús Alexis González
@JesusAlexis_Gon 

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