martes, 23 de noviembre de 2021

CARLOS E. AGUILERA A.: DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA

“Cuando los partidos carecen de autoridad,, ora por falta de poder, ya por el triunfo de sus contrarios, nace el descontento y los debilita” / SIMÓN BOLÍVAR

Desafortunadamente, el pasado aún está presente entre nosotros. El problema de las dictaduras es profundo. En muchos países el pueblo ha vivido experiencias de décadas y hasta siglos de opresión, bien sea doméstica o de origen extranjero. Con frecuencia se les ha inculcado insistentemente la sumisión incondicional a las figuras y gobernantes que detentan la autoridad. En casos extremos, las instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas de la sociedad—aquellas fuera del control estatal—han sido deliberadamente debilitadas, subordinadas o aún reemplazadas por otras nuevas, y regimentadas. El estado o el partido en el poder las usa para dominar a la sociedad.

A menudo la población ha sido atomizada (convertida en una masa de individuos aislados), incapaces de trabajar juntos para conseguir su libertad, de confiar los unos en los otros y hasta de hacer algo por su propia iniciativa. El resultado es predecible: la población se ha vuelto débil, carece de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna. Las personas por lo general están demasiado asustadas para compartir su odio por la dictadura y su hambre de libertad ni aún con su familia y amigos. Se encuentran, con frecuencia, demasiado aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular.

En lugar de ello, asumen el sufrimiento sin objetivo y un futuro sin esperanza. Las condiciones bajo las dictaduras contemporáneas pueden ser peores que antes. En el pasado, algunas personas pudieron haber tratado de resistir. Quizá hubo breves manifestaciones y protestas. Quizá los ánimos se levantaron temporalmente. En otras ocasiones, organizaciones o grupos pudieron haber hecho valientes pero impotentes demostraciones, afirmando algún principio o simplemente su desafío. Por muy nobles que hayan sido los motivos, estos actos de resistencia pasados frecuentemente han sido insuficientes para vencer el miedo de la gente y su habitual obediencia, condición esencial para destruir una dictadura. Esas acciones, lamentablemente, pueden en cambio haber causado solamente más sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una esperanza.

Bien lo afirma Gene Sharp, autor del libro “De la Dictadura a la Democracia” que se publicó primero en Bangkok en 1993 por el Comité para la Restauración de la Democracia en Birmania conjuntamente con Khit Pyaing (El Periódico de la Nueva Era). Desde entonces se ha traducido a más de ocho idiomas y se ha publicado en Serbia, Indonesia y Tailandia, entre otros países.. En su obra refiere ejemplos que van desde la Primavera Árabe que se inició en Túnez, hasta la “Revolución Naranja” de la fría Ucrania y sostiene que el siglo XXI acrisola ejemplos de cuando la soberanía vence la opresión. Unos son casos de éxito, otros de reflexión, pero sin duda todos de valentía, por cuanto cuando el derecho inalienable de libertad apremia hasta su última fibra, parece no haber gobierno en el mundo que lo pare.

El desafío contra los dictadores no siempre ha sido una empresa fácil y poco costosa. Todas las formas de lucha tienen sus complicaciones y costos. El combate contra los dictadores por supuesto causa bajas. Sin embargo, la caída de un régimen no trae por consecuencia una utopía. Más bien abre el camino a un trabajo ingente y a denodados esfuerzos, a fin de construir unas relaciones políticas, económicas y sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión. Es una esperanza de cómo puede desintegrarse una dictadura, en cualquier lugar donde la gente vive dominada y desea ser libre.

Las ansias de libertad no tienen límites geográficos. Los brotes de justicia se despliegan con fuerza en el mundo en el que nacen, sobreviven o están por morir los regímenes autoritarios. Potenciado por las redes sociales, los pueblos protestan contra dictaduras, guerras civiles, injusticias electorales y legislativas. Venezuela es uno de estos países que elevan su voz contra la opresión y el autoritarismo de Nicolás Maduro y por ello prosigue su lucha con el más firme ideal de no dejar de luchar por sus ideales libertarios, como se vio en el 2002, y en 2014.

Razón tiene el pueblo venezolano de estar cansado hasta el hastío de las atrocidades perpetradas por el régimen de Maduro, tal como lo presenta un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el cual generó conmoción en la opinión pública internacional y que fuera auspiciado por Michelle Bachelet, quien presentó cifras oficiales de homicidios y muertes en manos de las fuerzas de seguridad del Estado para el año 2018, que hasta la presente fecha eran desconocidas. Se trató de una masacre, con impacto en los barrios populares, a lo cual se suma la crisis económicas que rebasa todos los límites, y tiene a todo un pueblo pasando la más difícil situación de su vida: hambre y pobreza extrema en un 85% por ciento.

La paradoja de todo lo anteriormente señalado, es que en las elecciones regionales del pasado domingo, un resultado abrumador le dio el triunfo al régimen el cual había sido anunciado desde mayo pasado por el propio Maduro, cuando afirmó: “Los enemigos de la revolución que se olviden que van a llegar al poder ni con votos ni con balas”. Y así lo anunció también el Secretario de Estado de los EEUU que señalo: “El gobierno estadounidense está pendiente de las elecciones regionales de Venezuela, porque sabe de las irregularidades que siempre han cometido”.

La ausencia de una visión estratégica por parte de la oposición dividida, condujo a la desconexión con importantes sectores de la población, lo cual se reflejó en una abstención de más de un 60% a nivel nacional, por no haber articulado una estrategia coherente para construir una sólida mayoría social capaz de desalojar a Maduro del poder. Ahora solo habrá que esperar que en marzo del próximo año 2022, esta oposición dividida tome conciencia y sus absolutistas líderes exijan a una sola voz la realización del referendo revocatorio, previsto en la propia Constitución, “la más hermosa del mundo” como afirmaba el hijo de….Sabaneta..

Al margen de lo anteriormente indicado, se suma que el gobierno de Maduro se encuentra en los actuales momentos bajo la lupa de la justicia internacional, y tiene a todo un pueblo ávido y anhelante de un cambio de rumbo de la dictadura a la democracia. .

Carlos Aguilera
careduagui@gmail.com
@_toquedediana
Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)
Venezuela

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