martes, 20 de octubre de 2020

EDUARDO MARTINEZ, AMANECIMOS ENTRE BOLIVIA Y CHILE

Lo que pasa en nuestra América hispana, nos pasa a todos. Somos herederos de la misma tradición. Tenemos el mismo idioma, la mismas creencias, las mismas virtudes -que son muchas, y hasta los mismos defectos –que no son pocos.

Desde las comunidades hispanas o latinas en los Estados Unidos, hasta la Patagonia, los herederos de España en América no somos distintos, aunque tenemos obviamente diferencias.

Este domingo 18 de octubre nos ocurrieron dos eventos que deben llamarnos a la reflexión.

En Bolivia se repitieron las elecciones presidenciales, que se habían realizado el 20 de octubre del 2019. El país civil se había alzado en lo que calificaron de fraude.

Como consecuencia, el ya casi eterno presidente Evo Morales renunció, y el Congreso de Bolivia designó una presidente encargada para que organizara unas nuevas elecciones.

A un año de ese suceso nefasto para la democracia, el domingo volvieron a realizarse las elecciones. En esta ocasión, y por lo menos hasta ahora, habría ganado el candidato Luis Arce, del partido de Morales.

Con elecciones se estarían resolviendo los problemas políticos en Bolivia, y ojalá siga siendo así. La coyuntura no es fácil, pero con voluntad y dedicación tanto el que ganó como los que perdieron, tienen la oportunidad de construir una Bolivia más grande.

En las mismas horas, y más al sur, de Chile todavía tenemos frescas las imágenes de los incendios de una Iglesia Católica en Asunción.

Para los que profesamos la fe católica, que en Chile como en el resto de Hispanoamérica somos alrededor del 90 % de la población, este suceso es atentatorio a nuestras creencias y tradiciones.

Desde 1989, en Chile se ha venido conformando un sólido sistema democrática y una recuperación económica que ha traído bienestar a los chilenos.

Sin embargo, desde hace unos meses grupos minoritarios se han dado a la tarea de subvertir las principales ciudades chilenas. La metodología no nos es desconocida. Sigue un patrón que ya hemos visto.

El concepto de esta estrategia no es otro que el uso de la violencia, la cual se justifica, para “desestructurar” las instituciones y tradiciones de una sociedad. Utilizando el procedimiento de la “tierra arrasada”, sobre la cual se construirá una “nueva sociedad”.

Esta estrategia, de origen marxista y sin ser nueva, fue refinada por Toni Negri. Un filósofo post marxista italiano, cuyos ensayos incendiarían Italia en la década de los 70, al inspirar a dos grupos: Autonomia Operaria y a las tristemente célebres Brigate Rosse.

En uno de sus libros, de lectura críptica, Neri sentencia en los capítulos finales: “hay que acabar con el maldito cielo”. Lo que no es otra cosa que la desconstrucción de la esperanza cristiana, que está a la base de nuestra civilización.

Así amanecimos este lunes entre Bolivia y Chile.

Eduardo Martínez
eduardomartinez@eastwebside.com 
ermartinezd@gmail.com
@ermartinezd
Editor
www.eastwebside.com / www.economiavenezolana.com
editor@eastwebside.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario