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miércoles, 4 de noviembre de 2015

LEONARDO FERNANDEZ, PERDERÁN “COMO SEA”

La tristemente ya célebre frase que desde el gobierno se pronunció: “ganaremos las elecciones como sea”, se ha convertido en una muestra del autoritarismo y  la falta de verdadera democracia en Venezuela. Pero la realidad política ha demostrado en la historia, y sigue demostrando en nuestro país, que cuando se inicia una avalancha ciudadana a favor de un cambio es el pueblo quien termina imponiendo su voluntad “como sea”.

Las encuestas a Nivel nacional, incluyendo las que el gobierno encarga, reflejan una intención de votos arrolladoramente a favor de la Unidad, y vaticinan una derrota apabullante a quienes se han encargado de arruinar al país. Los cuentos de guerra económica, los chantajes de una “derecha” que viene a eliminar las misiones, las predicas nacionalistas contra el imperio, son prácticas que ya no rinden frutos, por la nula credibilidad del madurismo.
Pero los sondeos a nivel nacional no son lo más sorprendente, sino las tendencias  en circuitos donde tradicionalmente los resultados han sido ampliamente favorables al oficialismo, donde ahora los candidatos del cambio y la modernidad  tienen la preferencia. Uno de los casos emblemáticos ha sido el resultado que arrojó la encuestadora Datanálisis en el circuito del 23 de enero, todos sabemos que esa zona de Caracas era un bastión del oficialismo, donde los grupos armados “defensores de la revolución” controlaban la vida de los habitantes; ahora los números indican que ni siquiera el factor miedo podrá detener un resultado negativo en ese circuito.
En Maracaibo, el oeste de la ciudad, donde el madurismo esperaba apelar a su voto fuerte, se puede apreciar un cambio en la actitud de la gente, en lugares donde los dirigentes de la Unidad eran rechazados, ahora abren sus puertas a los candidatos del cambio. El trabajo encomiable tanto de William Barrientos como de Elimar Díaz, así como el peso de la crisis han sido el catalizador para un vuelco en las preferencias de los ciudadanos.
El 6-D será un triunfo de los ciudadanos contra un gobierno autocrático, que no se ruboriza el proclamar que piensa ganar “como sea”, que está dispuesto a intimidar presionar y amenazar para conseguir el voto forzado de los venezolanos. Pero esta vez el pueblo le pasará por encima a todos los trucos a los que están dispuestos, la ola ciudadana que crece día tras día es indetenible, para decepción del gobierno ya sus métodos antidemocráticos no surten efecto entre un pueblo que camina hacia el futuro.

Leonardo Fernandez
leocat100@hotmail.com
@leofernandezf

Zulia - Venzuela

viernes, 30 de octubre de 2015

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), “COMO SEA”

Las elocuciones de Maduro, en más ocasiones de las que imaginan, me parecen extraídas de las rancheras mexicanas. A veces pienso que, con sólo transcribirlas, harían las delicias de cualquier compositor. Pero, no estoy hablando de cualquier ranchera; no, no señor. Me refiero a esas, a las que están cargadas de odio o pasiones arrabaleras. Esas donde el intérprete promete un terrible y nefasto porvenir al que se atreva a llevarle la contraria.

Cuando Maduro habla, irremediablemente pienso que sólo le faltan los mariachis al fondo. De resto, el drama y las amenazas, al mejor estilo de Pedro Infante, están allí. 

Nicolás promete pruebas (que nunca presenta), se equivoca hablando, insulta a sus oponentes y de nuevo arremete: “Camino a las alturas se ven los gavilanes/Se pierden en las nubes y se acercan al sol/ Regresan pensativos mirando al infinito/ No sabes si en la lucha alguno se quedó. Según sus propias leyes aplican la justicia/ Poniendo por delante su noble corazón/ Las garras afiladas ya prontas al ataque/ Esperan el momento para entrar en acción.” Esta, por ejemplo, que cantaba Pedro Infante y se llama Los Gavilanes, me vino a la mente a raíz de sus últimas declaraciones, en las que les explicaba a sus partidarios lo que representaría para el país si la oposición gana las próximas elecciones del 6D; por supuesto, entendiendo como país al disminuido sector chavista que, como es de imaginar, perdería los sabrosos y arrogantes beneficios que han acaparado a lo largo de casi 17 años.

Por eso, Nicolás describe las derrotas de sus candidatos como una hecatombe de igual magnitud a la que provocaría el lanzamiento de una bomba nuclear. Él, además, no es el portaaviones que era Chávez. En estos momentos, no llega ni a chalana. Y él y su entorno más cercano lo saben. Así que no le queda otra que vaticinar oscurantismo, violencia y muerte si el triunfo del 6 de Diciembre venidero es para la oposición. Por eso, sus exhortos –ruegos, sugerencias o amenazas- son a votar por los candidatos del PSUV y sus secuaces. Él y su círculo saben que no es una elección que deba dejarse al azar, mucho menos a la voluntad del elector. Es una imposición, una obligación. Y por eso, de cara a esas elecciones, deben hacer el esfuerzo por lucir cohesionados como nunca.

La obsesión de este régimen con el poder, y por mantenerse en él “como sea”, los ha llevado a torcer, modificar, exigir y reestructurar –a su antojo- las leyes y reglamentos, con el aval de unos poderes públicos complacientes y un CNE totalmente subyugado a la voluntad del gobernante. Al igual que los gavilanes de la ranchera, Maduro, su gente y lo que pueda quedar del PSUV, están afilando las garras para arremeter y evitar que la oposición logre lo que a todas luces reflejan las encuestas: los niveles de aceptación de la gestión de Nicolás están en caída libre. Y esta baja en la popularidad del mandatario incide directamente en la intención de votos de los partidarios de su tolda. Sin embargo, una cosa son las encuestas y otras las artimañas del régimen, como bien lo explica José Antonio Gil Yepes, director de Datanálisis, cuando asegura que “si las reglas para elegir diputados fuesen tan sencillas como la que rige la elección presidencial (quien saca más votos populares, gana la elección), ya sabríamos que la Unidad Democrática tendería a sacar una amplia mayoría de diputados dado que el mejor predictor de votos totales es el nivel de aprobación de gestión del Presidente. Si Maduro está en 21%, los candidatos oficialistas recibirían cerca de esa proporción”.

De lograr que esta tendencia se respete y se mantenga, ya sabríamos, sin temor a equivocarnos, cómo quedaría conformada la Asamblea. Incluso podríamos fantasear, escogiendo el nombre del nuevo  -o nueva- presidente del parlamento. Solo que Gil Yepes, nos saca del embeleso y  acuña otras razones por las cuales son tan impredecibles los resultados del 6D. Si bien es cierto que el descontento de la población  es palpable, tangible, cuantificable y real, el régimen se ha encargado de diseñar “su traje a la medida”; ese con el que pretende hacerse eterno en la conducción de los destinos del país. Por ello, la exigencia de último minuto de la paridad de géneros para los aspirantes a diputados; por ello, la modificación de las circunscripciones electorales; por ello, la aplicación del gerrymandering –que dicho sea de paso, solo se ha aplicado en países cuyos regímenes de gobierno, se parecen más a los dictatoriales que a los democráticos.

El gerrymandering, para quienes no les resulta familiar la expresión, tal como lo explica magistralmente el colega Eugenio Martínez en uno de sus más recientes trabajos, es un término que fue una invención periodística, y “que suele utilizarse para resumir los intentos de un gobierno para manipular las circunscripciones de votación (uniéndolas o separándolas) y así provocar distorsiones que le permitan mantener el poder”.

Gerrymandering aderezado con la viveza criolla. Eso es lo que se hizo aquí, con el aval del PSUV y el PCV que se encargaron de modificar en el 2009 la Ley Electoral para que las circunscripciones se ajustaran a la voluntad política de quienes aspiran a cargos de elección popular, y quieren aparentar que son electos libre y democráticamente. Un trajecito electoral con las medidas exactas de quien ostenta el poder y no quiere entregarlo.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1

Miranda - Venezuela

miércoles, 28 de octubre de 2015

PACIANO JOSÉ PADRÓN VALLADARES, “COMO SEA” SUENA A POQUITO

El líder intergaláctico y eterno nos tenía acostumbrados a expresiones apabullantes que pretendían hacer ver su “poderío”. Antes de cualquier elección, de manera contundente y con voz de trueno, exclamaba: “Los haremos polvo cósmico”. Al lado de eso, el pobre Nicolás ha llegado a confesar que “Estas son las elecciones más difíciles a la que nos hemos enfrentado”, confesión que se corresponde a la verdad de quien ve que el poder se le escapa de las manos, que el pueblo no le sigue y los santos están de espalda.

Con un nuevo aire, a Nicolás le sale un grito que suena a poquito: “Ganaremos como sea”. Seguramente en ese instante miró al cielo intentando ver el pajarito, y probablemente exclamó, “¿Dónde estás, por qué me dejaste solo?”. Ese “como sea” es un pataleo, es un mensaje a los suyos intentando hacerlos confiar en el triunfo, para que la desbandada no sea mayor, y simultáneamente es un mensaje a la gente de la oposición, procurando desalentarla para que no vote, para que digan “como siempre, van a ganar”, entonces, ¿pa’qué voy a votar? No obstante, ese “como sea” suena a poquito.

Por supuesto que no puede permitirse que alguien que ejerza la presidencia de un país que dice regirse por la democracia, pueda decir impunemente que ganará las elecciones como sea, lo que significa pasando por encima de todo, violando derechos y pisando a los contendores. Ya numerosas personalidades e instituciones fuera y dentro del país se han pronunciado y condenado el “como sea”, el cual se presenta a todas luces atropellante, inconstitucional y parcializado.

“Como sea” significa que harán más de lo que siempre han hecho al margen de la ley. Si las tropelías fueran iguales a la de los comicios anteriores seguramente diría “como siempre” y no “como sea”. Entiéndase pues que habrá más uso y abuso de los dineros del Estado, de los bienes públicos, carros, oficinas y otros, y del tiempo hábil para el trabajo de los funcionarios públicos. Es la expresión más clara e indubitable de que el Presidente está en campaña y que esta es su primera prioridad; “como sea” significa que es más importante ganar las elecciones que alimentar al pueblo, proveerlo de medicinas, de agua, luz vialidad o de atender cualquiera de sus inmensas carencias producto de un régimen corrupto e ineficaz, que permite que la delincuencia avance como río en conuco.

El “como sea” nos obliga a un doble alerta; en primer lugar, debemos estar atentos, muy atentos a los abusos del gobierno para denunciar esos desafueros tanto dentro como fuera del país. La solidaridad internacional es bien importante y la conciencia nacional es vital. En segundo lugar, debemos impedir que el deseo de cambio, que la voluntad inmensamente mayoritaria que quiere ver renacer el país, la democracia y la libertad no se frustre en un ¿pa’qué votar?; o peor todavía en una afirmación tal como “vamos a perder”, “es imposible ganarles”. Debe ser firme y recia la decisión de ganar y cobrar, la convicción de que ahora vamos a defender con todo el voto popular.

Las del 6 de diciembre, si bien son elecciones parlamentarias, su efecto y resultado va más allá del cambio en el Parlamento. Nadie dudaría que de ganar los candidatos del PSUV, respaldados por todo el poder del Estado, sería un “triunfo” para Nicolás. De acuerdo. Entonces que tampoco nadie dude que un triunfo de los candidatos de la oposición debe entenderse como un “vete Nicolás”. Lo he dicho y lo reitero ahora, cada voto por la alternativa democrática es una voz que se alza, un grito que se dispara exigiéndole a Nicolás no hacer más difícil el camino, apartarse para reordenar más prontamente el país. Es bueno el triunfo parlamentario, pero no sería suficiente.

La semana pasada, desde esta misma página, desafié a Nicolás, hoy lo reitero. Sepárate Nicolás, harías más fácil el camino¸ renuncia y ahórrale esfuerzos al pueblo que hasta ahora has maltratado sin límite. De no hacerlo, nos quedaría la vía del referendo revocatorio y también la vía de la convocatoria a una Constituyente que depusiera al Presidente, dejando la libertad necesaria para reorientar y refundar la República. Si pierdes las parlamentarias, renuncia Nicolás.

Paciano José Padrón Valladares
pacianopadron@gmail.com

@padronpaciano