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sábado, 16 de abril de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), ¿ERROR POLÍTICO?,

La primera entrevista política que hice, recién graduado como Comunicador Social, fue al doctor Rafael Caldera. Eran los años de mis inicios en el oficio. Trabajaba en Radio Capital como disc jockey, haciendo el resumen musical, alejado de la política y las noticias. Un día, previo a las elecciones presidenciales, el Jefe del Departamento de Prensa de la emisora, Luis Armando Rueda, convoca a su equipo de periodistas para asignar las pautas y cubrir el evento electoral. Sin haber sido invitado, me colé en esa reunión y pregunté qué pauta me asignarían. No sé si fue por mi insistencia -o para deshacerse de mí- pero, Rueda me pidió que cubriera el momento cuando el doctor Caldera estuviera sufragando.

Entusiasmado con mi primera oportunidad periodística me presenté, grabadorcito en mano, en el colegio donde votaba Rafael Caldera. Por supuesto, por más que intenté aproximarme, era tanta la gente que lo rodeaba que no logré acercarle el grabador para obtener su declaración. Confieso que salí de allí desencantado; pero, no me di por vencido. Decidido, me fui hasta la casa del doctor Caldera, me identifiqué ante el personal que lo asistía y dije que quería entrevistarlo. Si bien, de entrada, no se mostraron muy receptivos, hicieron la gestión de ir a notificarle mi intención. Regresaron con su repuesta: “el Doctor Caldera apenas está comenzando a desayunar; pero dice que, si estás dispuesto a esperarlo, con todo gusto te recibe”. Y me senté –consumido por la impaciencia y el nerviosismo-  a contemplar el tinajero que le daba nombre a su casa, con mis “veintipocos” años a cuestas, y mi batería de preguntas previamente elaboradas.

No sé si fueron cuarenta y cinco minutos o más los que aguardé. Pero, Rafael Caldera apareció y contestó cada uno de los cuestionamientos sin filtro que un muchacho, recién graduado de Periodista, tenía que hacerle… Y el recuerdo vino hoy a mi memoria porque, en el programa del jueves 14 de abril, mi entrevistado fue el menor de sus hijos, Andrés. Lo invitamos para hablar de los cien años del natalicio de su papá. Conversamos sobre el libro “Rafael Caldera, con orgullo de ser venezolano” -que editaron para la ocasión, y que resume en estampas se prolífera vida política. Hablamos de anécdotas, de las actividades que tienen programadas para celebrar el centenario de su nacimiento y de su amor por Venezuela.  Pero, aunque tenía la intención de solo centrarme en este tema, no pude resistirme y le pregunté acerca de lo que muchos consideran el peor error de Caldera durante su segundo mandato.

“Dicen que un error tapa mil aciertos” fue lo primero que le comenté a Andrés antes de lanzarle la inevitable pregunta: “hoy estamos sumidos en el debate de la Ley de Amnistía para los presos políticos, dígale a quienes nos escuchan ¿qué fue lo que hizo Caldera con el sobreseimiento a Chávez?” Supongo que Andrés está acostumbrado a que le hagan siempre la misma pregunta porque respondió con la seguridad de quien sabe que, para aquel momento, la decisión de otorgarle el sobreseimiento a Chávez, era un clamor popular. Era lo que pedían a gritos –según menciona- actores políticos y sociales, muy reconocidos, de esa época. Define al sobreseimiento como la terminación de un juicio por razones de interés nacional. Era, según rememora, la petición unánime del país que rogaba para que liberaran a los que aún permanecían presos por los hechos del 4F y 27N.

Como a veces, los venezolanos somos de memoria corta, nos recordó que sólo quedaban unos veinte golpistas encarcelados, porque CAP y Ramón J. Velásquez ya habían sobreseído unas cuantas causas. Y es verdad, sólo que a veces se nos olvida. Inmediatamente, me vienen a la memoria las caras y los nombres de esos golpistas de 1992 que recibieron el perdón de la pena, de manos de Carlos Andrés Pérez o en el corto mandato de Velásquez. Esos militares que intentaron un golpe de Estado y que son tan culpables como Chávez de lo que ocurre actualmente en el país. Incluso, el presidente de la Conferencia Episcopal de ese momento, Monseñor Mario Moronta, imploraba por la liberación de los asesinos del 4F. Y podríamos estar horas enumerando personeros importantes de aquel entonces, que se sumaron a la petición de soltar a los protagonistas de la asonada.

El menor de los Caldera hace énfasis en que, su padre, era un hombre apegado y muy respetuoso de las leyes; por tanto, era lo que, por ley, correspondía hacer. Alega que, ciertamente, su papá le concedió el sobreseimiento al responsable de toda esta miseria que hoy vivimos; pero, nunca fue quien hizo a Hugo Chávez presidente. Menciona cómo los sondeos de la época, cuando lo sobreseyó, apenas le otorgaban a Hugo Rafael el 3% de la preferencia electoral y cómo Irene Sáez –su exnovia y aspirante a la presidencia- era quien “reinaba” en las encuestas.

Pero, Hugo Rafael remontó en las preferencias de los electores quizá por la cantidad de errores que cometieron los principales actores de las clases políticas dominantes. Y el pueblo fue embelesándose con el discurso del golpista y lo “empoderó” y lo eligió como Presidente en el 98. Y todos fuimos testigos de cómo ese Hugo, frente a su tocayo Rafael, juró colocando su mano sobre “la moribunda Constitución”, que conduciría los destinos del país. Quizá el desatino estuvo en que, para su infortunio, al doctor Caldera el destino le reservó para otorgarle el perdón a -nada más y nada menos- que al causante de las desgracias más horrendas que ha padecido la nación que tanto amó.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1

Miranda - Venezula

sábado, 9 de abril de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), EXTERMINIO

Cuatro meses cumplirá de muerto el hijito de Richard Medina. Y aunque este padre habla con la entereza de quien hizo todo lo posible por salvar la vida de su pequeño, sus palabras encierran la impotencia que provoca la actitud de un régimen que se ha dado a la tarea de diezmar a la población. Aún no entiende por qué, el gobierno que encabeza Maduro rechazó la ayuda humanitaria que le hubiera prolongado la vida a su bebé. Desconoce cuál pudo ser la piedra de tranca que bloqueó toda esperanza de vida para su hijo de apenas 3 años. Mientras lo escucho –debatiéndome entre la solidaridad, la rabia y la tristeza que me genera escuchar este drama que, además, lamentablemente, no es de su exclusividad- pienso en los personeros del régimen y la facilidad con la que resuelven sus problemillas de salud: tomar dinero de las arcas de la Nación, montarse en un avión –también de la Nación- y recibir en otros países la atención médica que necesitan, sin las angustias de ir de hospital en hospital o de farmacia en farmacia, como ocurre hoy en nuestro país.

Es muy duro saber que un hijo padece cáncer. Eso lo deja bien claro Richard; pero, no por eso, a pesar de las pocas esperanzas de vida, un padre se queda de brazos cruzados esperando el desenlace. Richard luchó: pidió ayuda, caminó horas buscando los remedios, movió cielo y tierra con la esperanza de alargar en el tiempo ese abrazo y ese beso de buenas noches que, desde hace cuatro meses, ya no puede dar. Esta vez, como seguirá ocurriendo si el desgobierno no reacciona, la batalla la ganó el cáncer. Pero cuesta resignarse ante la pérdida de lo que uno más ama. No hay razones que expliquen tanta indolencia de un gobierno. Tantas ganas de que la muerte se encargue de someter a una Nación. Porque al final, pareciera eso, el deseo perverso de exterminar a la población. Nadie, por más que se esfuerce, puede encontrar razones que justifiquen tanto desprecio por la vida de los venezolanos.

Por eso, Richard Medina, no se ha callado. Y, quizá, se ha transformado en el portavoz de otros padres que están a punto de correr su misma suerte. Aclara y recalca que no pertenece a ninguna tolda política. Que no ha militado en ningún partido. Su intención, y eso se evidencia, es denunciar una situación que, a mi juicio, va adquiriendo dimensiones de crimen de lesa humanidad. Por eso, repite incansable lo que dijo en enero en la Asamblea Nacional: “Dejen de politizar la salud, porque mi hijo no eligió color, no tuvo elección, no eligió a nadie. Hay personas que están ahorita luchando por sobrevivir porque no consiguen medicamentos”. Ese es el reclamo. Sin más aristas ni intenciones politiqueras ocultas. De seguir así, no será sólo su pequeño de 3 años, sino muchos más lo que verán truncados sus sueños, sus planes, su futuro…su vida.

Se une a este drama -del que cuesta recuperarse- la situación de los pacienticos del Hospital J.M de Los Ríos. A la escasez de medicamentos, se le suma la falta de comida, equipos para atenderlos y la insalubridad. Ni siquiera una licuadora tienen para preparar el que tal vez represente el único alimento que recibirán esos niñitos en todo el día. Mientras, escucho a Huniades Urbina, presidente de la Sociedad Venezolana de Pediatría, quien fue mi invitado al programa el jueves 7 de abril, me viene a la memoria el caso del oncólogo pediatra del Hospital de Niños que murió en manos del hampa. Y pienso en esa muerte inesperada y prematura –sobre la que escribí un artículo- que dejó acéfalos a tantos niños cuyas esperanzas de curación estaban en manos de ese doctor que vio su vida prematura e injustamente truncada. Porque el hampa, en este país gobernado por malandros, es otros de los brazos ejecutores con los que cuenta el régimen para acabar con la población.

Están muriendo los venezolanos de relevo. Están muriendo nuestros niños, nacidos para su desgracia en una Venezuela muy pobre, irreconocible y miserable. La Venezuela concebida por una cuerda de ineptos morbosos que se rehúsa a reconocer sus errores y, peor aún, rectificar. Una Venezuela gobernada por indolentes que parecieran disfrutar cada vez que bloquean las soluciones a esta situación crítica que está acabando con nuestras existencias. Una cofradía de malandros que asumió el poder para saquear al país y dejarlo sumido en la más profunda pobreza. Pero, como he dicho y escrito en otras ocasiones, los crímenes de lesa humanidad no prescriben y algún día, la justicia se encargará de castigar a los culpables de este exterminio.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1
Caracas - Venezuela

sábado, 19 de marzo de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), O LLORAMOS O VENDEMOS PAÑUELOS

Gerardo Antonio, en la plenitud de sus 67 años, me confiesa que aún en las circunstancias actuales, a pesar de lo que ocurre en Venezuela, vive el mejor momento de su vida porque decidió ser feliz. Se siente mejor que nunca. Y en todos los planos. Su afirmación, debo confesarles, me tomó por sorpresa. Pero, también me generó mucha curiosidad. Una curiosidad que debe haberme notado en el rostro. Por unos segundos pensé que iba a confesarme que hacía negocios con el gobierno –porque, si a ver vamos, y muchos tal vez coincidan conmigo, los únicos que en este momento pudieran asegurar que son felices, que viven sin preocupaciones ni apremios de ningún tipo, son los que están aferrados como parásitos, chupando de la teta del poder. Luego, imaginé que me revelaría una aventura amorosa, a lo Caballo Viejo, con una joven de esas que parecen de mentira de lo tan perfectas que son; de esas que contemplas como si fueran diosas y que no entiendes qué les atrajo de ti: si las canas, la sensibilidad o la billetera. Pero, también descarté esa “confesión” rápidamente cuando vi la cara de María Luisa, su esposa, sentada -sonriente y apacible- a su lado. La confesión de un affair, delante de la esposa, por muy modernos que fueran, quedaba definitivamente desechada.

Así de malpensados somos cuando vemos que alguien confiesa que es inmensamente feliz; nos parece una rareza que solo es atribuible a esas dos razones: un flirteo otoñal de esos que suenan a cliché o una comisión jugosa por algún chanchullo con el gobierno. La verdad me costaba creer que alguien, en este momento, sin pertenecer ni trabajar para el régimen, consciente de todo lo que está pasando en Venezuela, me dijera que hoy está mejor que nunca.

Lo primero que me espeta es que todo lo que podía pasarle, le pasó: perdió su negocio, lo estafaron, se quedó sin dinero y prácticamente en la calle, tuvo un primer divorcio traumático… calamidades que, lejos de anularlo y hundirlo en la más profunda de las depresiones, lo alentaron a levantarse, sacudirse las derrotas y comenzar de nuevo. Resiliente, diría mi apreciado amigo el doctor Ricardo Montiel.  Pero, Gerardo Antonio asegura que llegó a una etapa en la vida en la que se decidió apostar a la felicidad ¡y ganar! A pesar de todo: a pesar del país –del que no piensa marcharse-, a pesar del régimen, de la escasez, de la inseguridad. Está consciente, como cualquier venezolano, de la terrible situación que atravesamos; pero adoptó una filosofía muy antigua, en donde la capacidad de rectificar para mejorar y ser feliz, es clave. Metanoia, me explica que se llama la técnica psicológica que le permitió salir adelante. Confieso que era la primera vez que escuchaba el término, por lo que me aseguré de retenerlo bien en la memoria, para buscar su significado apenas llegara a casa. Trae a colación la frase de la legendaria diva mexicana María Félix: “A hombre ido, tres días de duelo. Al cuarto, tacones y vestido nuevo”. Como para que no me queden dudas de que sentirse abatido tiene un tiempo límite, el que cada quien le otorga; pero que, luego de transcurrido ese tiempo, hay que levantarse y dejar de llorar.

Casualmente –aunque hay quienes dicen que nada es casual y que el tiempo de Dios es perfecto- en esos días también conversé con un destacado profesor de la Unimet quien me aseguró que, para poder vivir con tranquilidad en el país que actualmente tenemos, se repite como mantra: “soy lo que pienso”; por tanto, se asegura de pensar sólo en opciones que lo hagan sentir bien. “Y el cerebro les obedece, Mingo. Eso es pura Programación Neuro Lingüïstica. La gente que piensa de esa manera, obtiene todo lo que quiere porque no malgasta energías en pensamientos autodestructivos, compasivos o de derrota; sino todo lo contrario” me dice otra amiga, después de que le echo el cuento de la filosofía de Gerardo Antonio y del profe de la Unimet.

Sé que, a simple vista, no parece fácil. Mucho menos, la recomendación de mis amigos apunta hacia la construcción de una burbuja -que parezca la réplica de Disneyland-  y vivir dentro de ella. La realidad está ahí, y disfrazarla, causa más daños que beneficios. De pronto, me acuerdo de esas entrevistas que le hice a Jazmín Sambrano, una pionera en eso de la resiliencia, el superaprendizaje y las técnicas de relajación. Recuerdo que ella siempre hacía énfasis en la respiración (inhalar, retener, exhalar y esperar para volver a comenzar). Con distintos nombres, en esencia, todos convergen en una misma recomendación: somos nosotros los responsables de labrarnos nuestros éxitos o fracasos.

Y todas estas filosofías de vida -la metanoia, la resiliencia, la programación neurolingüística o los otros nombres que se le puedan dar a teorías similares- me parecen excelentes recomendaciones para que comencemos a aplicarlas a nuestra nación entera. Unirnos todos los venezolanos en un pensamiento que nos impulse a salir de esta situación en la que estamos encallados. O lloramos, o vendemos pañuelos… Yo me decidí por los pañuelos.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1
Caracas - Venezuela 

miércoles, 9 de marzo de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), HASHTAGVENEZUELA

Quienes me conocen, saben las razones por las cuales no me voy del país. Es más, este ha sido un tema que he planteado en algunos de mis artículos. Pero, el mejor ejemplo de mi apego a Venezuela, me lo dio mi pana Rafael: “Tú sigues siendo fanático de los Tiburones de la Guaira, a pesar de que, desde hace 30 años, no ganan. Sin embargo, tú sigues ahí: fiel a tu equipo. Para ti, todos los años, ¡es el año! Repites Tiburones Pa’ encima, con el orgullo de quien, ¡ahora sí! se sabe ganador. Nadie te convencería de apoyar a los Leones del Caracas. ¿Cierto o no? Lo mismo ocurre con los venezolanos que no queremos emigrar. Nadie nos convencería de que en otro lugar nos va a ir mejor, aun cuando en estos momentos las cosas no estén marchando como deberían”.
La conversación transcurre mientras desayuno con Rafael y su esposa en una trattoria italiana que, quién lo diría, sirven las mejores empanadas criollas que he probado en tiempo. Pero, es que así es nuestra Venezuela: un país noble que supo enamorar a esos emigrantes que huían de la postguerra y que se adueñaron de nuestras costumbres y nuestros sabores, a pesar de que al hablar no puedan esconder su procedencia. Mientras comemos, la esposa de Rafael, quien recientemente había pasado unos días en Miami, contaba cómo su familia -la que vive allá, la que emigró- no entendía por qué ellos seguían aquí, “en esta tierra de nadie, donde ocurren cosas tan horrendas”.
¿Será que los venezolanos que viven afuera conocen una realidad país que nosotros, que lo vivimos y padecemos, desconocemos? Llamó mucho mi atención algo que ella dijera: “Son tan espantosas las cosas que se dicen de Venezuela afuera que, a veces creo que los venezolanos que emigraron desean que el país termine de hundirse para justificar que ellos tomaron la mejor decisión. No critico a quienes lo hicieron; pero, lo único que pido es que tampoco critiquen mi decisión de permanecer aquí. Llegaron al extremo de asegurar que Rafa y yo estamos equivocados y que, cuando queramos emigrar, será demasiado tarde. Nosotros queremos seguir echándole piernas en Venezuela. 
Que hay inseguridad; sí, es cierto, y mucha. Que hay escasez; nadie lo pone en duda. Pero, Venezuela es Venezuela Mingo, y nosotros vamos a seguir apostando a ella porque esta situación, algún día, estoy segura, se va a terminar”.
Más allá del respeto y la tolerancia a las decisiones que toma cada quien, su reflexión me hizo recordar un episodio reciente que viví con mi hija menor, a propósito de ese manejo de información -veraz o no- que tienen nuestros compatriotas en el extranjero. Estábamos a punto de entrar al cine, cuando mi muchacha recibe un mensaje en el celular de un familiar que vive en Estados Unidos preguntándole dónde estaba porque tenía información de que había disturbios por un intento de golpe de Estado. Es verdad que en Caracas -y el resto del país- la situación está muy tensa. Que el descontento crece aceleradamente y que la popularidad del régimen se resquebraja. Pero, les puedo asegurar que, ese viernes, en ese Centro Comercial donde íbamos a ver una película, lo menos que había era una réplica del 4F… ¡gracias a Dios!
Uno el comentario de la esposa de Rafael con el de otra amiga, quien también recientemente visitó a su familia radicada en Florida. Su viaje, me comenta, básicamente era para ver -y no a través de Skype o Facetime- a sus padres y a su hermana, con quienes no se reunía personalmente desde hacía mucho tiempo. Por supuesto, me confiesa, que aprovechó para comprar jabones, desodorante, champú y otras cositas que, en otra época, jamás hubiera ni siquiera pensado meter en la maleta. Me cuenta con tristeza, que el primer lugar que quiso visitar fue el automercado, quizá para recordar que así, con estantes llenos, eran los mercados en Venezuela. Y que, rechazó una invitación de unos paisanos quienes querían llevarla a ver a un comediante venezolano, que vive en Miami, y hace un Stand Up Comedy “divertidísimo” sobre lo que ocurre en Venezuela. “No pude ir Mingo; cómo crees tú que voy a ir a un local, pagar y sentarme a ver a un compatriota haciendo chistes con lo que nosotros vivimos todos los días”.
La verdad, nuestra situación no está para más chistes. Aunque hay buen material para, más adelante, hacer de todo esto una gran parodia. Pero, en este instante, estamos en un momento crucial. Necesitamos echar el resto, proteger lo que nos queda y rescatar lo que se ha ido. Ya no para nosotros, porque la reconstrucción del país tardará años y quizá algunos no la viviremos. Pero, tenemos que pensar en nuestros hijos y en los cientos de jóvenes venezolanos que merecen tener una mejor Venezuela. Un país digno del cual puedan sentirse infinitamente orgullosos. Un país del que no necesiten marcharse porque aquí se les ofrece la seguridad, los empleos y las oportunidades de superarse que buscan. Que nuestros jóvenes salgan, para recorrer mundo, aprender de los contrastes y regresar a esta, su patria, para aplicar lo que vieron y aprendieron en otras naciones. Que nosotros -sus padres, sus abuelos- podamos decir con orgullo que nuestros hijos están triunfando -aquí, en su suelo natal- y haciendo grande a nuestra tierra.
José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1
Caracas - Venezuela

miércoles, 2 de marzo de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), “SOCIEDAD ENGATILLADA”

 “La frustración del venezolano se está transformando en rabia. Y eso genera algo muy delicado: la sociedad está engatillada. Los niveles de conflictividad aumentan; porque, es real que no hay recursos y estamos viviendo el empobrecimiento de Venezuela. El gobierno asumió el poder, y llegó ofreciendo cambios que elevaron las expectativas de la población. Cuando esos niveles caen, se genera una situación muy delicada en el país”.

“¡Sociedad engatillada!” Repito, admitiendo que la frase de Roberto Briceño León, del Observatorio Venezolano de Violencia -mi entrevistado de este jueves- es contundente y perfecta para describir lo que muchos percibimos: Venezuela está de a toque, como decimos en criollo. Pero, el doctor Briceño León fue mucho más allá, un poco para responder a mi pregunta de si estamos o no a punto de otro estallido social: “Es muy difícil prever cuándo una chispa se convierte en un incendio en la pradera”.
No obstante, aclara basado en sus estudios, que en nuestro país están dadas todas las condiciones para la conflictividad porque hay pobreza. Y este empobrecimiento ocurre después de altas expectativas y muchas promesas. Promesas formuladas para lograr un objetivo: llegar al poder. “A los venezolanos de escasos recursos les ofrecieron no solo viviendas, sino viviendas muy bien equipadas. Nos ofrecieron independencia de poderes, seguridad y un bolívar fuerte. No cumplieron con nada de eso. Llegaron hablando de una revolución que prometía cambios y la revolución es una gran estafa. Un fraude. El gobierno se convierte en un gran estafador: nos prometió oro y nos entregó baratijas”, dice.
Uno su comentario con lo que leí en el artículo de Alejando Moreno, “En masa”, publicado el pasado martes 21 de febrero, quien describe que la violencia masiva tenía rasgos de defensa, y que la gente se reunía circunstancialmente, para enfrentar al delincuente. Pero, que ahora, “el ciudadano común imita al hampón impune y con él se mezcla y se confunde”. Le pregunto si acaso esa no es la reacción natural de quien se tropieza con un Estado que en vez de proteger lo que hace es matar, disparando en la población el derecho a asumir una situación de auto defensa.
“El ciudadano no aprueba el delito. Lo que pasa es que está desprotegido y no tiene a quién acudir”. Insiste en que el discurso de Chávez sirvió para quebrantar la ley y aumentar las expectativas con propósitos electorales a corto plazo; pero no para alentar a la gente a superarse. Rescata de sus investigaciones la capacidad del pueblo y su apego a la democracia. “La población venezolana tiene una idea muy clara de lo que es la ley y cómo cumplirla; sin embargo, está enfocada luchando con los problemas porque no cuenta con las autoridades. El gobierno no da la cara por la gente honesta”. Asegura que el cambio es muy difícil debido a que existe un abismo muy grande entre las expectativas y la capacidad de satisfacerlas. Y esto genera mucha tensión, caldo de cultivo para la violencia y la conflictividad.
Es duro saber que, en los actuales momentos, Caracas superó a Ciudad Juárez –la que en su momento fuera la ciudad más violenta de México- y a Medellín, registrando en 2015 la tasa más elevada de homicidios. Y esto, con toda certeza, alentado desde el mismo gobierno. Porque la delincuencia desbordada es la meta de todo gobierno autoritario. “El mensaje con el que Chávez llega al poder, no era más que un elogio sistemático de la violencia. Y el mejor ejemplo es que Chávez nunca festejó el día que ganó sino el día de su fallido alzamiento”, asevera.
No podemos dejar a un lado la corrupción. El Estado autoritario que nos desgobierna impuso controles en todos los órdenes lo que, para Briceño León, propicia “negocios” para saltar estos controles; y, por supuesto, los “negocios” generan crimen. Un gran círculo vicioso que nos hunde y nos proyecta como una de las naciones más corruptas del mundo.
Esto me lleva a reconocer lo astuto que ha sido el régimen, todo en aras de mantenerse al mando de la nación. La situación en la que estamos es parte de su estrategia para perpetuarse en el poder. Es un juego político perverso de las actuales autoridades que, a propósito del progresivo descenso en credibilidad y popularidad de su liderazgo, están jugando con el estallido social para, de esa manera, tirar a la FANB a la calle, con el consabido proceso de suspensión de garantías constitucionales y así abrogarse el poder absoluto de la violencia, oficializando un gobierno de facto; sin importarle incluso la posible abismada observancia del concierto internacional de países hermanos.
Por eso, no creo que estemos frente a ninguna crisis humanitaria. Es mentira. Porque para este modelo Estado/Comunista/Autoritario todo forma parte de un plan concebido con cinismo y alevosía. Mientras más débiles se vuelven el individuo y la sociedad, más fuerte se hace el modelo Estado/Comunista/Autoritario, garantizando su perpetuación en el poder. Al modelo Estado/Comunista/Autoritario no le importan ni le interesan las carencias: le importa el hampa, que son ellos mismos. Al fin de cuenta, en qué consiste este modelo: ¿calidad? ¿abundancia? ¿mejoras? ¿prosperidad? ¿modernidad? ¿felicidad? No, es todo lo contrario. Este modelo aboga por el debilitamiento de la sociedad. Infunde terror para neutralizarla, aun cuando está engatillada.
José Domingo Blanco (Mingo)
@mingo_1

Caracas - Venezuela

martes, 16 de febrero de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), TE ACORDARÁS DE MI

Los cubanos ya no sienten que son los miserables de la región. Andan diciendo que ese puesto ahora lo ocupamos los venezolanos quienes estamos viviendo en peores condiciones que ellos; unas condiciones que en la isla lograron superar, entre otras cosas, gracias al caudal de dinero que los Castro supieron sacarle a Chávez y a Maduro. Y la verdad, no me sorprende el comentario de los cubanos. Si hasta lograron reanudar las relaciones con EEUU y abrirles las puertas a los españoles, que están entusiasmados con la idea de invertir en la isla. Lo que impacta es que ellos, que por décadas han sabido de racionamientos, imposiciones, controles, escasez, muerte, miedo y miseria, estén sorprendidos de que ya no son los menesterosos sino nosotros. Tal vez no les falte razón y para colmo, ahora que nos impusieron toque de queda eléctrico.

Recuerdo que cuando Chávez ganó por primera vez las elecciones, y se quitó la careta de falso demócrata, fueron muchos los exiliados que me aseguraron que terminaríamos como Cuba. Cosa que, en el año 99, parecía una exageración. Me insistían que lo que venía para nuestro país, ellos lo habían vivido con Fidel y su revolución. Y que el comportamiento de Chávez era una copia actualizada y mejorada del modelo totalitario de Castro. Costaba creer que, repito, en 1999, un país con tantos recursos –pero maltratado- como Venezuela, pudiera terminar en una situación tan ruinosa como la que por años hubo en Cuba. También recuerdo, a principios de 2000, el comentario de un señor mayor que me aseguraba que con la llegada de Chávez al poder ocurriría algo insólito: “Te acordarás de mí. Yo sé por qué te lo digo. Lo que le viene a Venezuela es candanga con burrundanga. Chávez nos llevará derechito al comunismo mientras, poco a poco, Cuba se enrumbará hacia la apertura y el capitalismo”. Pues, algo de cierto hubo en las visiones de este pronosticador.
Revisando en mi archivo encontré un artículo que escribí en 2013, titulado “¡Revolución Criminal!”. Qué lamentable comprobar que nada ha cambiado. Peor aún, que las cosas hayan recrudecido. Aquí les dejo algunos extractos, con una lamentable tarea, actualicen ustedes las cifras:
Los venezolanos vamos en caída libre. ¡Y nada que se abre el paracaídas! ¡Qué impotencia! Porque, la verdad, es que es urgente que pongamos coto a lo que vivimos. ¿Cuál es la razón de tanto retroceso en todos los órdenes de la vida nacional? No encuentro otra explicación que la incapacidad –más que demostrada- de quienes nos desgobiernan. Cuántas veces tendremos que repetirlo: ¡son unos ineptos! Están improvisando, versionando, ensayando y probando fórmulas cubanas, de comprobada eficiencia para destrozar una nación.
¿Saben lo que es peor, además de los 15 años que llevamos en esto? Que estos incapaces lo han hecho tan bien en su plan maquiavélico de hundirnos, que nos tienen a todos ocupados en cosas tan estúpidas y absurdas como la persecución de un rollo de papel toilette o un litro de leche. ¡Algo sin precedentes! Debemos apartar el doble de horas de las que invertíamos para proveernos de artículos básicos de nuestra canasta alimentaria: una cesta que, por cierto, es el doble de costosa y no siempre llega a nuestros hogares completa. ¡Pero, cómo va a llegar completa si aquí dejó de producirse! Otro logro de la revolución.
Otro mérito que no me cansaré de atribuirle a la “revolución bonita” es el estado de descomposición moral al que hemos llegado. Los valores se invirtieron de tal forma que ahora es “normal” que los delincuentes, los pranes y los capos, sean los que impongan los patrones y normas de convivencia ciudadana. El hampa supera en número, y en estrategias asertivas para ramificarse y profundizarse, a los que están encargados de reprimirla.
Aún estoy sorprendido por los datos que arrojó la primera encuesta sobre delito organizado que realizó el Observatorio Venezolano de Violencia, conjuntamente con la ONG Paz Activa. Uno de los resultados, con el que no dudo todos estaremos de acuerdo, es como el 70 por ciento de los entrevistados afirmó que la inseguridad personal ha aumentado este año.
Pero otro dato que arrojó la encuesta y que, debo reconocer me dejó perplejo, es una variable nunca antes vista en nuestra nación: ahora los asesinatos por encargo son cada vez más comunes. Es decir, que la gente puede contratar un sicario para que mate a alguien, así como si encargase un flux en la sastrería. De seguir así, los tribunales y los organismos encargados de impartir justicia, pasarán a la historia. Total, ¿quién necesitará de ellos si existe el sicariato? Otro hecho sin precedente en nuestra maltratada Venezuela que no podemos permitir que se arraigue
Maduro, Rodríguez Torres y a todos a quienes les competa el tema de la seguridad: los invito a revisar minuciosamente esta encuesta. No es cuento, no es una estrategia mediática, ni un plan de sabotaje para empañarles la gestión. El asunto del delito, y peor aún, el del delito organizado –ese que mueve dinero, el que se negocia y tiene tarifas- es uno de los problemas urgentes que deben atender porque nos está afectando gravemente. El Plan Patria Segura es y seguirá siendo un fracaso en la medida que los choros dupliquen el número de efectivos policiales y violar la ley, sin que por ello haya consecuencias, sea tan fácil como pelar mandarinas. La violencia, el caos y el desorden aumentan a pasos agigantados como la revolución. No podemos permitir que esta situación caótica se consolide y pase a ser tan normal como respirar.
José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1

Caracas - Venezuela

miércoles, 10 de febrero de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), ¡SE COGIERON ESOS REALES!,

Mientras la señora Nancy perdía la batalla contra el Guillain-Barré por falta de tratamiento y sus familiares la lloraban con la impotencia de quien no se resigna ante la pérdida que pudo ser evitada; en algunos de los paraísos fiscales -de esos que alcahuetean a los corruptos inescrupulosos de turno- un funcionario del gobierno venezolano chequeaba que sus milloncitos de dólares estuviesen a buen resguardo y engordando ceros a la derecha…

Mientras miles de venezolanos hacen cola para tratar de comprar un pote de leche, un jabón de baño o un paquete de arroz, en plena 5ª Avenida de New York, cargado de bolsas y derrochando lujos, otro “digno” representante de esta “revolución” se divierte haciendo compras y mofándose de la gentuza que no supo aprovechar, como él, las ventajas del carnet del Psuv, el cargo en el ministerio, las licitaciones que lo favorecieron con comisiones sabrosas y los proyectos aprobados –que nunca se hicieron- pero que recibieron cuantiosas partidas en dólares a Bs. 6,30 que él sí supo cómo embolsillarse…
Mientras en la Maternidad Concepción Palacios los médicos hacen maromas para atender a las embarazadas afectadas por el Zika, y ruegan en silencio para que sus bebés no nazcan con microcefalia; en Francia, la concubina de otro “líder” de este Socialismo del Siglo XXI, hace las compras previas de la lingerie que le lucirá a “su papi” luego del retoque de glúteos, cara y tetas que se hará en el Spa Suizo…
Mientras en el Hospital Oncológico Luis Razetti se quedaron sin equipos para hacer las radioterapias; el “maraco” consentido y bueno para nada, llega al despacho de su mamá –decorado hasta el techo con afiches alusivos a los 13 motores de la revolución- para buscar las llaves de su nueva camionetota que, sólo con lo invertido en periquitos, podría pagar el tratamiento de 10 niños con leucemia.
Esta es la Venezuela luego de 17 años de revolución. Llena de contrastes que asquean, provocados por un régimen cuyo único logro es haber saqueado al país. Diecisiete años viendo como los mismos mediocres de siempre, que llegaron al poder sin un centavo en la cartera, hoy no pueden esconder las riquezas súbitas que disfrutan y derrochan. Son 17 años de una corrupción desmedida, de robar y robar, con la impunidad de quien sabe que, con un chequecito, un testaferro o un soborno, jamás tendrá que justificar el origen de los bienes o cumplir una condena por corrupción. Son más de tres lustros viendo cómo se anuncian obras, se entregan los reales –¡se cogen los reales! – y luego todo desaparece.
Las cifras de lo que se ha perdido o hurtado es astronómica. Los invito a que agarremos la calculadora y comencemos a sumar, para que tengamos un aproximado de los montos a los que estoy refiriéndome. ¡Sólo de casos conocidos! porque, me atrevo a asegurar, que me voy a quedar corto:
Dos ex ministros de este régimen hablan hoy del desfalco de 200 millardos de dólares a través de asignaciones de Cadivi. Hasta el momento, ninguna instancia le ha parado a su denuncia. Y supongo que ese monto que mencionan es sólo una minucia.
La represa de Yacambú en Lara, un proyecto de vieja data que arrancó en el año 72 y avanzó un 60% durante la Cuarta, recibió entre 2001-2011 un millardo de dólares. La obra, a la fecha, sigue estancada.
Para el saneamiento del Guaire, proyecto comandado por la entonces titular del despacho Jacqueline Farías, en la primera fase se asignaron Bs. 653 millardos. Para la segunda fase, 600 millones de dólares. El monto total invertido para el saneamiento fue de 14 mil millones de dólares. Hoy, el Guaire sigue putrefacto y están solicitando otros 700 millones de dólares más porque ¡ahora sí! van a cumplir con la promesa del Difunto de que podríamos bañarnos en él.
A estas perlitas, súmenle esta lista que un distinguido amigo se dio a la tarea de recopilar:
40 mil millones de bolívares asignados para la remodelación del Hospital Luis Razetti de Barinas. El dinero se perdió y la remodelación nunca se ejecutó.
Cinco mil millones de dólares para construir una planta procesadora de leche en Falcón. En el terreno donde debería estar la planta solo hay escombros. ¿Y los dólares? Bien, gracias. Seiscientos millones de dólares aprobados para desarrollar en Barquisimeto un terminal que sería la envidia de cualquier país desarrollado. Para la fecha, no hay terminal y los reales se esfumaron. 850 millones de dólares para una empresa socialista revolucionaria de papel que se llamaría “Pulpaca”. Los dólares fueron aprobados, desaparecieron y no existe Pulpaca. 5.996 millones de dólares aprobados y asignados para construir la gran central hidroeléctrica “Manuel Piar”, ofrecida para 2010. ¿Qué pasó? La respuesta la sabemos todos.
Tres mil quinientos millones de dólares destinados para el saneamiento del Lago de Maracaibo. Los zulianos pueden dar fe de que el lago sigue contaminado. 2.500 millones de dólares para la construcción del tercer puente sobre el Orinoco. 7.000 millones de dólares que fueron destinados para el tramo ferroviario de Puerto Cabello-Valencia, la obra no se ha terminado pero el dinero se entregó en su totalidad. ¡Si hasta Danny Glover recibió su tajada cuando le dieron 18 millones de dólares para que filmara una película sobre el Difunto! Todavía no hemos visto ni el tráiler del culebrón; mucho menos al Glover reembolsando el dinerito.
¿Cuánto les da la cifra? ¡Un monto grosero, ¿verdad?! Y lo que falta por ventilar. Porque ese dinero que durante estos 17 años se cogieron, en cualquier otro país gobernado por funcionarios con escrúpulos, y no por rateros, se invertiría en obras, en salud, en seguridad, en educación, en calidad de vida y progreso para toda la población. Lo triste de todo esto es que, mientras estos desfalcadores de oficio nos sigan gobernando, difícilmente se hará justicia y mucho menos lograremos repatriar esa millonada de dólares –que en este momento hacen tanta falta- a nuestra nación.
José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1

Caracas – Venezuela

sábado, 30 de enero de 2016

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), CULPAR A LA VÍCTIMA

Pobre de la víctima que, además de recibir los maltratos, termina recibiendo el castigo que debieron recibir sus victimarios. Y algo así nos está ocurriendo a los venezolanos. Padecemos y sufrimos las consecuencias del despilfarro, la corrupción, el saqueo, la escasez y las malas políticas económicas impuestas por esta especie tóxica que nos ha mal gobernando desde hace 17 años. Somos las víctimas de estos mediocres improvisados que asumieron el mando sin una pizca de capacidad, pero con mucha ambición, resentimiento, hambre de poder y deseos venganza.

Y resulta que ellos, los responsables, a pesar de ser los ineptos que por años han tenido el control absoluto de las riendas del país, cuando se ven acorralados por la catástrofe –que, insistiré hasta el cansancio, ellos generaron- quieren responsabilizarnos a nosotros -la sociedad civil que no los apoya, los ciudadanos comunes y de a pie- de sus terribles errores. Pues, no señores, la culpa no es, para nada, nuestra. ¡La situación caótica y miserable que atraviesa el país no la provocamos quienes la padecemos! Ya hemos sido demasiado masoquistas resistiéndolos en el gobierno por tanto tiempo. Hemos sido los penitentes de sus errores, los cuales hemos pagado bien caros.

Mi queja se fundamenta en declaraciones tan infelices y torpes como las de la ministra esa que, a la ligera –y a mi juicio, sin una pizca de vergüenza- aseguró que los anaqueles están vacíos porque nuestras neveras están llenas. ¡Pues serán sus neveras: las de los ministros, jueces, diputados y militares afectos al gobierno! Me consta que las neveras de una buena parte de los venezolanos están a punto de ser desenchufadas, porque ni agua hay para llenar las jarras.

La emergencia económica que atraviesa Venezuela (tan solo una de las múltiples emergencias que estamos viviendo en el país), no la generamos nosotros, ni los industriales, ni los agricultores, ni los propietarios de fábricas que, dicho sea de paso, muchas de ellas pasaron a manos del Estado vía expropiación y hoy están en la ruina. Maduro y sus acólitos no pueden seguir culpando a las víctimas cuando han sido ellos, y no otros, los victimarios. Nicolás no puede seguir argumentando que, si la Asamblea no le aprueba el decreto para afrontar la emergencia económica –decreto que, por cierto, no rectifica los errores que ellos han venido cometiendo- la culpa de lo que pase en el país será de los diputados que se niegan a aprobarlo; es decir, responsabilizar a quienes intentan hacerle ver que no son las medidas acertadas, sino que, por el contrario, nos estrellaremos –esta vez mortalmente- con la misma piedra.

Este comportamiento no es nuevo. Reconozco que se requiere de mucha entereza, gallardía, madurez política y valentía, para aceptar y reconocer, públicamente, los errores. Eso de “culpar a la víctima” es de vieja data. Viene de una expresión que acuñó William Ryan, en su clásico Blaming the Victim, para criticar la obra escrita por Daniel Patrick Moynihan, en 1965, The Negro Family: The Case for National Action, mejor conocido como el Informe Moynihan, un informe que resumía las teorías del autor sobre la formación de ghettos y la pobreza intergeneracional. Esto, como era de esperar, generó algunas reacciones, entre ellas las de William Ryan, quien se encargó de mostrar que las teorías de Moynihan eran intentos sutiles de desviar la responsabilidad de la pobreza de factores sociales estructurales, hacia las conductas y patrones culturales de los pobres. La frase, culpar a la víctima, fue rápidamente adoptada por los defensores de las víctimas de crímenes; principalmente, las víctimas de violación acusadas de promover su victimización.

Y este desgobierno ha sido en los últimos meses, experto en incriminarnos a nosotros de los graves problemas que tenemos. Son tan descarados que la culpa de la sequía y el racionamiento del agua es solo del Niño y no de ellos que, a lo largo de 17 años, se cogieron y desviaron los recursos que debieron destinarse para la construcción de nuevos embalses. Eso es lo que hacen los gobiernos que planifican de cara al futuro y para enfrentar las contingencias que pudieran presentarse. No éste, el que lastimosamente preside Nicolás, que ostenta el sitial de honor en el ranking de la corrupción.

Una apreciada amiga y reconocida abogada, a propósito de esta situación país que enfrentamos, calificó acertadamente a los oficialistas y a este modelo que insisten en implantarnos: “el comunismo es la fachada del crimen organizado”. Contundente frase que resume a la perfección lo que durante estos agotadores, terribles, inhumanos, insólitos y dantescos 17 años ha hecho el Socialismo del Siglo XXI con nuestro país.

Tampoco nos dejemos engañar con las manifestaciones de rechazo de algunos chavistas que ahora quieren aparentar que están contra el proceso. Cuando tengan la tentación de apoyar sus argumentos contra Nicolás, deténganse tan sólo por un momento y recuerden a Arias Cárdenas, una ficha de Chávez –su partner del alma- quien fingió estar contra Hugo y ser su contrincante en una elección presidencial. Piensen mal de todo lo que huela a chavismo arrepentido. Arrepentirse es válido, cómo no; pero cuando el arrepentimiento viene acompañado con las acciones honestas y pertinentes que confirmen la disposición real a enmendar el error.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
@mingo_1

Caracas - Venezuela

sábado, 5 de diciembre de 2015

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), TOY CONTENTO…

Como me gustaría que, mayoritariamente, los venezolanos –los que se sienten auténticos ciudadanos democráticos, cívicos y decentes- pudiéramos entonar este lunes 7 de diciembre la vieja canción del maestro Billo, Toy Contento que, según relatan algunos historiadores, fue la que cantaron los caraqueños el 23 de enero de 1958 cuando salió volando el dictador Marcos Pérez Jiménez. ¿Cómo amanecerá el 7D? Esa ha sido la pregunta más recurrente que me han hecho en los últimos días. Y quisiera, para serles muy sincero, poder tener el don de vaticinar el futuro con tal grado de acierto que lo que les pronostique sobre el resultado electoral de este domingo, sea “irreversible”, como le encanta decir en la madrugada a la presidente del CNE.

¿Cuál será el escenario después del 6D? ¿Cómo quedará compuesta nuestra Asamblea Nacional? ¿Se sentarán en los curules diputados que lucharán por los intereses del pueblo que lo eligió o de nuevo tendremos a los “levanta-brazos” de siempre que obedecerán exclusivamente a los dictámenes de sus toldas políticas? Porque no podemos olvidar que el poder Legislativo es para representar y ser la voz del pueblo, que lo coloca con su voto debajo de la cúpula del Capitolio. Recordemos que los parlamentarios no podrán asfaltar calles, ni mejorar el servicio de recolección de basura, ni reestablecer el alumbrado público; pero sí podrán aprobar leyes que nos alejen de este modelo comunista -que no sirve- y luchar para que esos mandatos se cumplan, sin olvidar su función contralora.
Pero si algo ha llamado poderosamente mi atención, es la “serenidad” (así, entre comillas, porque a veces no sé si más bien es apatía o mesura) que he observado en los electores. Si bien algunos aún expresan cierto aire triunfalista –en ambos bandos, porque tanto oficialistas como opositores se saben ganadores- he percibido en muchos otros una cautela que no había apreciado en elecciones anteriores. Supongo que los desengaños de los procesos pasados han hecho su efecto. Muchos me aseguran que esta vez esperarán los resultados con la racionalidad de quien cree que cualquier cosa puede pasar, aun cuando las encuestas proyecten resultados alentadores. Algunos me han dicho, a pesar de no estar convencidos de la transparencia del proceso, que no se abstendrán de ir a votar, porque insisten en que es la única vía que les queda para expresar su descontento. Y hay otros que, con cara de pesar, me han adelantado que esta es la última elección en la que participarán porque, si los resultados vuelven a ser favorables para este régimen, se largan del país.
Al final, la motivación de la mayoría de los ciudadanos que irán este domingo a votar, es presionar para que la rueda de los cambios comience a girar y se produzcan las enmiendas que se necesitan para salir de esta payasada comunistoide del Siglo XXI. Porque los ciudadanos de este gran país que el 6D, una vez más, ejerceremos nuestro derecho al voto, merecemos que se imponga la voluntad del pueblo, y no la de un partido político. Nos urgen instituciones públicas imparciales, despolitizadas, que obedezcan a los mandatos de la Constitución y al interés colectivo, y no a los caprichos de un anteproyecto de déspota, que apela en sus argumentos al arma que utilizan aquellos que no tienen razón. Porque necesitamos rediseño, reconstrucción y reunificación en torno a un objetivo común: Venezuela. Porque una nación se edifica cuando sus ciudadanos están conscientes de que de ellos depende el progreso del país, y no de las dádivas o sobras que lanzan los que se atornillan en el poder. Porque los ciudadanos tenemos un derecho, libre y democrático, a expresarnos de la forma que queramos, y nadie puede cercenárnoslo, por más miedo y odio que quieran sembrarnos. Porque Venezuela es amplia, es bella, es diversa hasta en sus paisajes. Y esas diferencias las tenemos sembradas en nuestros genes. Porque Venezuela es una nación de muchas gamas, matices y tonos. Es imposible, por más que hayan intentado, que nuestro país sea monocromático y gire en torno a un pensamiento único. Porque las diferencias han existido desde siempre; pero también, desde siempre, supimos convivir con ellas. Porque ya vimos en qué consistió este proyecto y no funcionó. Pero, todavía estamos a tiempo de tenderle la mano a nuestro país, para ayudarlo a salir de este atolladero. Somos mayoría los que amamos a Venezuela. Somos mayoría los que aún creemos en ella y apostamos a su resiliencia. Por eso, los invito a no perder jamás las esperanzas…Yo, por mi parte, no me dejaré intimidar por los  resultados, porque mi apuesta siempre será a favor de Venezuela y los venezolanos que, como yo, el lunes esperan amanecer cantando…
Hoy todo me parece más bonito,
hoy canta más alegre el ruiseñór,
hoy siento la canción del arroyito
y siento como brilla más el sol.

Toy contento, yo no sé qué es lo que siento,
voy saltando como el río, como el viento,
como el colibrí que besa la flor por la mañana,
como paraulata que deja su canto en la sabana.
Toy contento, yo no sé qué es lo que siento,
voy saltando como el río, como el viento;
 me pongo a bailar, no puedo explicar
qué es lo que siento
que reviento con las ganas de cantar…

Queridos amigos…les deseo a todos la más esperanzadora de las Navidades. Nos reencontraremos con más ideas y palabras el año que viene.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
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Caracas - Venezuela

sábado, 28 de noviembre de 2015

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), ESCLAVOS ROJOS

Que el Cendas nos diga que, para cubrir la canasta básica de octubre, una familia de cinco miembros tuvo que desembolsar Bs. 110.116,47, escandaliza. Se necesitan 14,8 salarios mínimos para cubrirla. Son muchos los recortes que hay que hacer en un hogar para llegar a final de mes. Pero, permita Dios que esa familia no esté en la nómina del Estado, porque además de los gastos fijos que deben cubrir, su empleador los obligará –corrijo, los “exhortará”- a realizar “aportes voluntarios” para la causa, que en estos días se traduce como “campaña electoral”. Un aporte monetario para que el PSUV, logre su “victoria perfecta” y estas sabandijas que nos desgobiernan sigan perpetuándose en el poder.

Por estos días, días previos a las elecciones, el memorándum de los “chivos” máximos de los organismos públicos -invitando a hacer una “contribución” a la campaña del PSUV- no se ha hecho esperar. El depósito de la “donación” en los bancos del Estado es de obligatorio cumplimiento para los funcionarios del gobierno que ocupan altos cargos. En condiciones normales, estas órdenes jamás serían acatadas con beneplácito. Y menos aún con el costo de la vida que nos recuerda mes a mes el Cendas. Para nadie, por más adicto que sea de la revolución y de los pensamientos de Chávez, debe ser fácil desprenderse de un dinerito que seguramente tenía destinado para otro fin más mundano y menos ideológico. Me gusta pensar que alguno de esos empleados públicos, mínimo, se le escapa una mentada de madre cuando recibe una orden de esta naturaleza. Porque eso es lo que es: una orden de obligatorio cumplimiento, de la que no pueden escapar porque los tienen vigilados. Y para comprobar que hicieron el aporte, tienen que enviar la copia del voucher escaneada. Quisiera creer que por más alineados que estén con la doctrina del desgobierno, a estos funcionarios les molesta la imposición de  hacer un cheque para la revolución.

Pero, el asunto es que esta obligación no es sólo para los altos cargos gerenciales dentro de la nómina del Estado. Los otros empleados, los que tal vez ganen solo un poco más del salario mínimo, los que tal vez no están enchufados, ni cobrando comisiones sino recibiendo su “quince y último”, también son “víctimas” de este abuso de poder. Así nos lo dejaron saber algunos de ellos –cuyos nombres pidieron no ser revelados. Les obligan a realizar aportes, los obligan a marchar, los obligan a arrastrar a diez personas más a los “Puntos Rojos” donde se realizan los simulacros de las parlamentarias. Los hacen asistir a las concentraciones de Maduro. Los montan en un autobús y los llevan como ganado a aplaudir las bobadas del mandatario. Los hacen vestirse de rojo. Les ponen en las oficinas el canal 8 y en el “hilo musical”, las arengas del difunto. A eso, ¿cómo lo llamamos? Para mí, es la versión moderna de la esclavitud; esclavos rojos a quienes no les queda otra opción que buscar trabajo con el mayor empleador de este país. Y puedo entender que muchas de estas personas lo hagan por la necesidad de mantener a las familias, pagar las deudas, alimentarse y subsistir. Sin embargo, lamento enormemente que nuestra fuerza trabajadora, nuestros profesionales, técnicos y obreros hayan caído en esta especie de opresión moderna. Es válida la excusa de la necesidad de mantener a las familias; pero, ¿por qué permitir vejaciones y acatar mandatos que son propios de una dictadura de partido? Necesitamos una rebelión de empleados públicos. Que se levanten y sean capaces de decir: “no me calo más esta vaina”. Empleados públicos que se alcen  y le pongan freno a los abusos y a las coerciones de libertad de pensamiento y acción. Ya basta de que, como el Estado es el partido de gobierno, los empleados públicos -que son pagados por nosotros-  tengan forzosamente que militar y ser fiel a la línea partidista. Incluso tendrían que ser lo suficientemente valientes como para impedir que les exijan este 6D tomarle una foto a la papeleta que emita la máquina de votación como prueba de que eligieron – así no les guste- a los candidatos del PSUV. Una flagrante violación a la Constitución y al secreto del voto.

Además, como para azuzarles las molestias, muchos de estos funcionarios públicos cuentan que, en los últimos meses, han visto como a sus oficinas están llegando a “trabajar” una gran cantidad de personas contratadas, que solo están sentadas en los escritorios o deambulando por los pasillos; entorpeciendo las labores de los que sí tienen trabajo que hacer. Tercerizados que lo único que hacen es mirar para el techo y “cumplir” con el horario. Nadie sabe qué hacen, ni para qué fueron contratados; solo saben que cada vez incorporan más personas que no se necesitan. Algunos se aventuran a decir que “tal vez son patriotas cooperantes, vigilando para sapear a quienes se quejen del gobierno”.

Aun cuando la esclavitud en Venezuela se abolió hace muchos años, la nómina del Estado es tan inmensa que, para pertenecer a ella, los obligan a venderle el alma a Maduro, como en su momento se la vendieron a Chávez. Los empleados públicos son unos sometidos a los mandatos del régimen. Tiene que haber alguien capaz de rebelarse contra esa dictadura del pensamiento. El rojo rojito de las dependencias del gobierno es la mejor representación del infierno de quienes se ven en la necesidad de trabajar para el Estado, vestirse con la camisa roja que los obliga a vestir el Estado, leer los periódicos que le indica el régimen, marchar alabando y gritando consignas a favor del desgobierno. Aprenderse de memoria el Plan de Patria que, como nuevo contrato de la vida laboral del empleado público, obedece a las líneas del partido de gobierno. El Estado termina siendo el Gran Polo Patriótico y, como al mismo tiempo es el mayor empleador, tiene las herramientas para mantener sumisos -como presos de conciencia y esclavos de su ideología- a nuestros empleados. 

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
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Caracas - Venezuela

viernes, 20 de noviembre de 2015

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), DAMOS PENA

Recientemente, tuve la oportunidad de conocer los informes que publican el Instituto Legatum y la Fundación Konrad Adenauer. Ambos estudios se encargan de decirnos, de manera seria, formal y académica, lo que todos los venezolanos sabemos: el país está muy mal. Venezuela ha descendido en ambos rankings a niveles que dan  vergüenza. Como imaginarán, estamos ubicados en las últimas posiciones. Si bien cada uno de estos informes estudian variables distintas, al final ambos revelan las consecuencias de llevar muchos años aplicando políticas erradas y modelos económicos fracasados.

En el caso del Índice de Desarrollo Democrático de América Latina 2015, del Konrad Adenauer, el grupo se encargó de analizar, medir y evaluar, comparativamente, el desempeño del desarrollo democrático en dieciocho países de Latinoamérica, con la finalidad de resaltar “los caminos virtuosos de la democracia regional”, como reseñan en su introducción. La evaluación se centró en cinco dimensiones, claramente establecidas, las cuales me permito transcribir para que se hagan una mejor idea de los puntos en los que salimos raspados:

Dimensión I. «Democracia de los ciudadanos». Evalúa el respeto de los derechos políticos y las libertades civiles.
Dimensión II. «Democracia de las instituciones». Mide la calidad institucional y la eficiencia del sistema político.
Dimensión III. «Democracia social y humana». Analiza la capacidad del sistema democrático para generar políticas que aseguren bienestar y desarrollo humano.
Dimensión IV. «Democracia económica». Pondera la capacidad del sistema democrático para generar políticas que aseguren eficiencia económica.

Luego de leer estas categorías ¿no es obvio suponer que quedaríamos muy mal parados? Porque si lo que estaba en evaluación era la democracia, desde hace rato Venezuela emprendió el camino contrario. De las dieciochos naciones latinoamericanas analizadas, nosotros nos disputamos a mordiscos los últimos lugares con Nicaragua.

Me llamó poderosamente la atención que la gente del Konrad Adenauer señala que, en esta edición, hubo una recuperación del 5,7% en el promedio regional, lo cual detuvo el proceso de deterioro que se venía registrando desde el año 2009. Pero, que sólo ocho países mejoraron su posición en este ranking regional; tres mantuvieron la misma posición que tenían en 2014 y siete descendieron. ¿Adivinan qué países están entre los que descendieron?

En líneas generales, entre las naciones que lideran la lista están Uruguay, Costa Rica, Chile, Panamá y Perú, en ese orden. Mientras que Nicaragua, Venezuela y Guatemala obtuvieron las peores puntuaciones de la región; incluso, hacen la acotación de que tanto Nicaragua como Venezuela registraron las caídas más importantes respecto de 2014. Estamos en la posición 17. Y 18 países fueron objeto de este estudio…hagan ustedes sus propias interpretaciones.

Si nos detenemos en la dimensión que midió la gestión democrática en relación con el desarrollo económico, ocho países mejoraron su posición en el ranking regional, con el liderazgo de Uruguay, Panamá, México, Chile, Perú y Colombia, países que se abocaron a la tarea de encabezar el ordenamiento, demostrando un alto desarrollo. Por el contrario, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala ocupan los últimos lugares este año, con un nivel de desarrollo mínimo. Me atrevería a asegurar que, en nuestro caso, el empeño por mejorar en este aspecto, fue casi nulo.

Y es en este punto donde quiero enlazar con el otro informe: con el del Instituto Legatum, organización que se encargó de evaluar la prosperidad en 142 países y analizar la calidad de vida de los ciudadanos de distintos lugares del mundo. Pues, permítanme comentarles que aquí no salimos mucho mejor, aun cuando fuimos comparados con muchas más naciones. Estamos ocupando la posición 105 según el índice general. Y no es consuelo pensar que por debajo de nosotros están otros que salieron mucho peor; porque si vemos con quienes compartimos los últimos puestos, encontraremos países tradicionalmente muy pobres, sin los recursos que tiene Venezuela y gobernados por los tiranos de siempre, esos a los que cada vez más se parecen los nuestros. Somos el único país latinoamericano que ocupa una posición tan deshonrosa.
En este ranking incluyeron las mismas variables que intervienen todos los años: economía, gobernanza, educación, salud, seguridad, libertad personal, capital social, emprendimiento y oportunidad. Y al observar las posiciones que ocupamos según cada una de estas variables, sólo educación, nos ubica en la posición 56; mientras que, al evaluar la libertad personal, descendemos hasta el puesto 132. Otro dato que llamó mi atención, a pesar de que pensé que ocuparíamos la última casilla, es que en materia de seguridad estamos ocupando el renglón 108…pero recuerden que estudiaron a 142 naciones.
Como deben imaginar, revisar estos informes me remueve la tristeza. Venezuela da pena. Por más que me empeño no encuentro, en estos momentos, nada de lo que pueda sentirme orgulloso de mi país. Era lógico suponer que saldríamos “ponchados” en estas evaluaciones; pero, leerlo me llena de vergüenza.
 Los que permanecemos en Venezuela, somos testigos permanentes de cómo aumenta la pobreza. De cómo en las noches, las calles quedan desiertas por miedo a morir en ellas. Podemos dar fe del abuso e impunidad con las que actúan las autoridades. Vemos con horror como la corrupción y el narcotráfico se desbordan, los dineros públicos se despilfarran, las reservas internacionales desaparecen, los mandatos de la Constitución se incumplen y el nepotismo reina en las instituciones del Estado. 
Descendemos, estrepitosamente, hacia los lugares más deshonrosos de todos los rankings, y lo peor es que no vemos intenciones en nuestros mandatarios de aplicar los correctivos para que esta tendencia se revierta.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
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Caracas - Venezuela

viernes, 13 de noviembre de 2015

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO), NO PIENSES: ¡VOTA!

No importa lo que piense la gente sobre si votas o no. Lo que importa es lo que tú finalmente hagas. El voto es tú decisión. Por eso creo que no podemos permitir que nadie, del grupo que sea, nos esté diciendo lo que hay que hacer. O nos obligue a votar. O nos quiera hacer creer que, si lo hacemos o no, somos menos o más venezolanos. Es un insulto a nuestra inteligencia. Porque votar, al final, es un acto íntimo entre lo que quieres expresar y cómo lo quieres expresar. Votar es un acto voluntario, que no puede ser impuesto por nadie. Es un acto estrictamente personal. Es un momento de reflexión donde, si votas o no, sólo estás obedeciendo a tu libre albedrío.

Cuando votas o no, debes hacerlo con conciencia. Y, si apelamos a ella, entonces deberíamos hablar de un voto moral; de un voto ético. ¿Cuántas veces al día, desde que supimos que el 6D habría elecciones, has escuchado que debes ir a votar? No es un exhorto: por lo general es un mandato. Distintos actores sociales y políticos, más un sinfín de personeros públicos, en sus conversaciones, discursos, comentarios o artículos, nos imponen la tarea de votar. Y además, dejan colar, como quien no quiere la cosa, una advertencia sobre las consecuencias de no hacerlo por sus candidatos.

La mayoría de los venezolanos está consciente de la situación que padecemos y conocemos quiénes son los responsables de tanta barbarie. Sabemos también lo que es este régimen. Si todos hacemos el ejercicio de analizar nuestra realidad, llegaríamos a la conclusión de que el país actual no es el que queremos; entonces, es obvio que no debemos elegir a los mismos dirigentes que hoy lo conducen.

Siempre me ha gustado revisar nuestra Constitución. Y en medio de ese ejercicio, me topé con el artículo 201 que dice: “Los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, no sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal”. Allí tenemos un ejemplo. La Constitución lo establece. Si trasladamos eso a estas elecciones, el mensaje es claro: nuestro voto también tiene que ser personal.

Pero, una cosa que atenta contra ese voto personal, es la modalidad del voto lista ¿Qué significa el voto lista? No es más que el mandato del PSUV, por citar a alguno de los grupos, diciéndole a sus electores por quiénes deben votar: en bloque, sin mucho pensar. Porque, al final, cuando los partidarios del oficialismo se encuentran frente al tarjetón y lo que ven son los “ojitos de Chávez”, no saben –o quizá sí- que detrás de la mirada del Difunto Comandante, se esconde la misma cuerda de bandidos que, una vez más, lo que buscan es mantener sus beneficios, sus dietas, sus corruptelas, sus abusos de poder, su inmunidad parlamentaria. Porque, detrás de ese voto lista que reelegirá a los mismos diputados del PSUV, se esconde la voluntad del partido y no la del Pueblo, que es al que deberían representar. Pero, igual ocurre del otro lado…

No podemos seguir entregando un cheque en blanco a esos diputados. ¿Cuál de esos legisladores que aspira a la reelección, y está dentro del voto lista, ya te ha rendido cuentas de su gestión como exige la Ley? Sin embargo, hoy tienen las agallas ensanchadas pidiendo de nuevo tu voto. Haciendo caso omiso del artículo 197 de nuestra carta magna: “Los diputados o diputadas a la Asamblea Nacional están obligados y obligadas a cumplir sus labores a dedicación exclusiva, en beneficio de los intereses del pueblo y a mantener una vinculación permanente con sus electores y electoras, atendiendo sus opiniones y sugerencias y manteniéndolos informados e informadas acerca de su gestión y la de la Asamblea. Deben dar cuenta anualmente de su gestión a los electores y electoras de la circunscripción por la cual fueron elegidos o elegidas y estarán sometidos al referendo revocatorio del mandato en los términos previstos en esta Constitución y en la ley sobre la materia”.

Entonces: ¿votar o no votar? En Cuba se ha votado durante 50 años; ¿y ha servido para algo? Al final de cada elección, sigue haciéndose lo que diga Fidel. En Estados Unidos, cuando hay procesos electorales, no se manda a nadie a votar, y la democracia funciona. Pero, funciona porque se cumplen las leyes. En Venezuela, no. Aquí no. La democracia venezolana se fundamenta en si votamos o no. Se concentra en lo que una y otra vez califican con el remoquete de la “Gran Fiesta Democrática”. Pero, la verdadera “Gran Fiesta Democrática” ocurrirá, por ejemplo, cuando todos los venezolanos, en conjunto, exijamos un nuevo CNE con rectores no vinculados a partidos políticos. Eso sí sería un acto democrático y participativo.

No quiero, como ha pasado en otras ocasiones, que interpreten que estoy llamando a la abstención; porque, no es así. Mucho menos desactivando la emoción política. Llevamos a cuesta, desde que se instaló este régimen en el poder, demasiados comicios. Aún no aprendemos las lecciones, ni aplicamos correctivos para que, finalmente, salgamos victoriosos. Y así se lo hicimos saber a la MUD, en varios documentos; incluyendo el de la ONG Ciudadanía Activa titulado “20 garantías mínimas para la realización de los Comicios”. Todos escritos por un grupo de venezolanos preocupado por el destino político, errante y cíclico, que vive el país en cada elección.

Recuerdo con pesar  que hace mucho tiempo, un conocido abogado constitucionalista, se dio a la tarea de conjugar el verbo votar: “Yo voto, tú votas, él vota, nosotros votamos…ellos deciden”. ¿Esto ha cambiado? Y eso fue en la época cuando existía el Consejo Supremo Electoral de la Cuarta República.

¡Qué nadie insulte nuestra inteligencia! Que ese sagrado acto civilista, personal y voluntario, obedezca a nuestra conciencia, con entera tranquilidad y a lo que mejor deseamos para el país.

José Domingo Blanco (Mingo)
mingo.blanco@gmail.com
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Caracas - Venezuela