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miércoles, 29 de abril de 2020

LUIS FUENMAYOR TORO, CORONAVIRUS Y CONSPIRACIONES

En este cotidiano proceso tienen mucha influencia el nivel de conocimientos y la cultura general de las personas, su educación formal, su práctica laboral o profesional, pero también sus creencias, supersticiones y afectos y las posiciones ideológicas y políticas que se defiendan. Ni que hablar del papel de los medios de comunicación, la Internet incluida, en la transmisión de informaciones ciertas o falsificaciones desinformativas y la manipulación de voluntades, con propósitos que van desde los económico-mercantiles hasta los políticos nacionales y mundiales. Se trata de una pléyade de factores que terminan en el establecimiento de matrices generales de opinión. 

Las enfermedades y las epidemias, por afectar peligrosamente a los seres humanos, son un desencadenante importante de opiniones y elucubraciones diversas. La actual pandemia por el SARS-CoV-2, no sólo no es una excepción a la regla sino que ha sido el caso más brutal que se haya visto, en relación con su gigantesca difusión informativa mundial y nacional desde sus mismos inicios en enero de este año, lo cual es un hecho que tiene que llamar la atención independientemente de que no se tenga completa ni certera explicación del mismo. Por esta razón es que luce ridícula o motivada por otras causas, la acusación de Donald Trump contra la Organización Mundial de la Salud de que retuvo información inicial importante para el enfrentamiento de la pandemia.

Hay cuatro elucubraciones principales en relación a la existencia de conspiraciones mundiales detrás de la epidemia por el coronavirus. Ninguna tiene base científica, ni puede ser soportada en pruebas de ningún tipo. Es más, circulan como el viento en el mundo entero aun en contra de resultados, más que confirmados, de distintas investigaciones científicas realizadas en diferentes países. En el caso de Venezuela, me atrevo a afirmar que este fenómeno es incluso más intenso que en otras partes, pues se ha insertado en la confrontación política de las últimas dos décadas. Y no es sólo la gente común la que cree este tipo de fantasías, intelectuales y profesionales, muchas veces con excelente formación, nos sorprenden con gran frecuencia con una vehemente defensa de alguna de estas creaciones, cuyo origen no es tan inocente como se pudiera pensar.

Una primera elucubración, muy frecuente en Venezuela entre los opositores viscerales y extremistas del gobierno de Maduro, que odian a China porque la consideran un soporte del régimen, es que el virus es una creación científica de un laboratorio chino, para perjudicar la economía de EEUU y posicionarse como la primera potencia económica mundial actual. Algunos, los más fanáticos e ignorantes, llegan a decir que es la forma en que el comunismo chino se extenderá por el mundo. Se trata de gente muy conservadora, admiradores de Trump y de las “proezas” estadounidenses en invasiones de países atrasados. La expresión xenofóbica de Trump, cuando habló del “virus chino”, impulsó este tipo de conducta.

Para otros, adversarios ideológicos y políticos de los anteriores, pero con sus mismos prejuicios y limitaciones intelectuales, el virus es un arma biológica hecha en EEUU para detener el crecimiento económico de China, que ya los superó en valores absolutos, y que amenaza su hegemonía también en otros renglones. Con el VIH, hace muchísimos años, se dijo que era una creación estadounidense para acabar con los negros africanos. Y, así como hoy se estigmatiza la cultura alimentaria de los chinos, basados en el error de creer que el coronavirus actual es el mismo que existe en ciertos tipos de murciélagos comercializados en China, en el pasado se llegó a decir que el salto del HIV a los humanos era por la existencia de aberrantes conductas sexuales africanas.

Un tercera hipótesis, menos difundida pero más sólidamente argumentada, es que lo que actualmente ocurre es una conspiración del capitalismo mundial, que incluye a EEUU, Europa y a los tigres asiáticos, pero también a China y Rusia, que se han puesto de acuerdo en la necesidad de redefinir al mundo en sus relaciones futuras, en la necesidad de reducir la población mundial, en garantizar el total y absoluto sometimiento de los pueblos, los trabajadores incluidos, para una profundización de la explotación y una maximización de la ganancia y la acumulación. La cuarentena mundial sería el instrumento básico para la aceptación posterior de este nuevo orden. Las permanentes referencias a que luego de la pandemia “todo será distinto”, hechas por la prensa transnacionalizada y por muchísimas figuras mundiales, entre ellas Henry Kissinger, apoyan esta argumentación.

Una cuarta consideración hecha, aparentemente muy popular fuera de Venezuela, es que el virus es una invención de Bill Gates, el multimillonario dueño de Microsoft, quien en una conferencia en San Francisco en 2015 dijo que el mayor peligro para la Humanidad era la aparición de alguna enfermedad infecciosa producida por un virus. El video de esta declaración tiene millones de visitas mensuales y sobre las mismas la imaginación ha cimentado sus locuras. Existen además consideraciones diversas de carácter ético sobre la conducta de los seres humanos y el supuesto “respiro” dado a la naturaleza, con la paralización de la actividad industrial mundial, la caída en el consumo de combustibles fósiles, que deberían llamar la atención para una nueva forma de relación productiva con el planeta.

Lo cierto es que los coronavirus, incluso el actual, han estado entre nosotros desde hace décadas; han sido causantes de otras epidemias inclusive en este siglo, el Covid-19 no es una creación humana, las manipulaciones genéticas dejan huellas que los científicos pueden identificar y que, si bien existen investigaciones en virus, que pudieran ser usados como armas biológicas, con éstas pasa lo mismo que con las armas nucleares. Su uso conlleva el grave riesgo de destruir también a quien las tiene. Si se ve lo ocurrido con el Covid-19, se comprenderá lo que afirmamos.

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro

jueves, 24 de marzo de 2016

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, TOGETHER, (“JUNTOS”)

En la mañana del 3 de agosto de 1492, bajo los efectos ardientes del sol de los veranos españoles, en Puerto de Palos, próximo a Moguer, cerca de Huelva, una entusiasta poblada de hombres del mar, embarcaba, dispuesta, en las tres Carabelas del Almirante Cristóbal Colón, con destino incierto, de espaldas a la brújula de la historia. No había rumbo definido, ni justificación precisa para la aventura. Surcarían el océano y ¡quién sabe adónde irían! Tal cual como sucedió, setenta días más tarde, cuando se les atravesó en el camino un islote imprevisto, ocupado por extraños, al que llamaban “Guahananí” y el cual posteriormente los visitantes náuticos terminaron por llamar “San Salvador”, como profesión de fe a su concreta formación religiosa. América toda quedaba al descubierto para el conocimiento del mundo.

         Siglos más tarde, desde el meridiano 120 Oeste, en el Norte de América, un emisario consciente, representando más que a un Estado soberano, a una inteligencia consumada, partía hacia el Sur, con claridad de rumbo, precisión estratégica  y propósito suficientemente estudiado, a fin de abrir las puertas intocadas del futuro y darle al mundo, lo que el mundo siempre ha esperado del “nuevo mundo”. Barack Obama pone un pie sobre La Habana, en las Antillas y da un gran salto sobre el ecuador, para colocar sus ideas en la boca de las aguas del río de La Plata. El manto de ignorancia del primer viajero, quien no sabía, al partir de la Europa del Siglo XV,  para dónde iba y adónde llegaría, permitió, ciertamente, que al último trashumante de referencia, el Presidente de los Estados Unidos de América, --¡un mestizo, un hombre de color!-- las coordenadas, escrutadas y previstas con estricto orden, le guiaran hacia el destino necesario, en nombre de los siete mil millones de seres humanos que ocupan el planeta Tierra.
         ¡Curiosas circunstancias de la historia! Para el tiempo de Colón, el oro lo valía todo. En estos días, son el saber y el conocimiento los que mueven a un mundo que está obligado a avanzar con el pensamiento. Hoy por hoy, si existe algún imperio, --palabra y significado enterrados para siempre--  sería el “imperio de la inteligencia”, porque lo único que los nuevos tiempos no le permiten al hombre es que deje de pensar. Obama se alza en los aires, en el mero occidente, recorriendo el perfil de Norte a Sur de todo un Continente, porque son así, las circunstancias de la nueva historia, quienes se lo exigen. No hay aventura; no hay pasión personal; no hay un libre albedrío que se mueva al azar. Es América quien lo mueve y lo acompaña, convencida de que el mundo vale la pena ser salvado.
         En la Plaza de la Revolución dijo lo que tenía que decir: los cubanos son los únicos dueños de Cuba; pero los cubanos tienen que “inventar y no copiar”. Ser auténticos; no vivir de ideologías prestadas. Saber para qué viven; saber cómo viven y cómo deben vivir, porque tienen un “por qué” vivir. Así como la Naturaleza tiene una vocación solidaria y requiere del equilibrio en el comportamiento de todas sus especies, porque nada ni nadie debe ser el punto de quiebre, el “breakpoint”, del Universo, los seres humanos, las Naciones, los Continentes, tienen que tender a ser aliados, a unirse, a confederarse, para que el nuevo tiempo los reciba con la fuerza indispensable de la integración. Particularmente, América no debe seguir siendo “del Norte; del Centro; del Sur”. América debe ser una sola en todo el hemisferio. Organizar todas sus unidades de producción para el cumplimiento de objetivos específicos, así como todas sus expresiones sociales, su cultura, en apoyo a su propia sobrevivencia y en función de la salvación del mundo. Europa, hoy disminuida, tardó mucho tiempo en unirse. Sus recursos fueron estrechándose y ya todo lo que se podía hacer, se hizo. Pero América está demasiado joven para rendirse en una rutina sin justificación alguna. Debe ya, levantar la cabeza y acelerar el paso. Creemos que este aspecto fue el fundamental en el discurso de Obama. Sobre todo, cuando en el centro del gran Buenos Aires, dijo a los gauchos: “together”. La vida no es un tango; pero tampoco un “spiritual” de rebeldía racial.
         Seamos justos: América tiene todas las riquezas materiales; las mayores cuencas hidrográficas del mundo; las tierras más feraces; los climas mejor distribuidos. América es una bondadosa potencia, hipotéticamente unida. Pero todavía los americanos no se quieren entre sí. No son capaces de integrarse en grandes corporaciones continentales; privan los pequeños egoísmos nacionales y el discurso de la “integración” se queda en las palabras rimbombantes de políticos de moda. Obama vino al Sur a decirnos, en nombre del Silicon Valley, en nombre de la inteligencia, de Harvard, de los millones de pensadores, de investigadores, de innovadores, de revolucionarios de la expansión creativa, que sólo podemos responder al reto del mundo, con una actitud, con una palabra llena de magia y persuasión colectiva: “together”. Comenzó la hora de la unión de todos los americanos. No lo perdamos de vista y entendámonos “juntos” para crecer y vencer. “Thanks, mister Obama”.
Rafael Grooscors
grooscors81@gmail.com
@grooscorscaball
Miranda - Venezuela