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martes, 22 de marzo de 2016

LAUREANO MÁRQUEZ, PARTIDA DE NACIMIENTO, EDITORIAL TAL CUAL

El suscrito, prefecto ad hoc de la itinerancia natal, de la circuncisión judicial adjunta de los Municipios sucesivos, certifica la exactitud de la presente copia Número 6.996, capicúa y hace constar, como consta, que en día impreciso del año en curso (En curso del momento de la presentación del susodicho, que no siendo dicho, se infiere, según la lógica del sentido común interpretativo de la gente, que no es bolsa). Me fue presentado un muchacho varón. Inmediatamente se procedió a multar a los padres por haber esperado dos años para presentar al niño, pero la madre alegó que apenas tenía tres días de nacido, pero que aparentaba dos años por lo grandote. 

Aclarado el punto con testimonio oral de la comadrona (que no era la partera, sino una comadre bastante buena gente y solidaria y por tanto llamada así), se procedió a la inscripción del niño neonato. El niño me fue presentado por su papá y su mamá quienes en alta, clara e inteligible voz le dijeron al suscrito: “aquí venimos a presentarle a este niño”, a lo que yo respondí, según la fórmula establecida: “mucho gusto, niño”. A lo que el niño se acarició los bigotes, como pensando lo que iba a decir, pero no dijo nada, como es de esperarse en un niño de tan tierna edad.

El padre del recién nacido declaró lo siguiente: que la criatura era producto de su unión conyugal legítima y que el niño nació bastante temprano, porque es madrugador, como el resto de la familia. Preguntados los progenitores por mi persona en alta clara e ininteligible voz: “¿y ustedes de dónde son?”, respondió el aludido: “no soy de aquí, ni soy de alla, no tengo edad ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”.

Como autoridad competente tome nota precisa de tan detallada declaración de datos para que quedaran asentados en esta partida y de paso también los invité a asentarse a ellos mismos porque ese niño tenía que pesar por lo menos 10 kilogramos y la progenitora lo cargaba en brazos al no caber en el cochecito. Según testimonios de los progenitores los datos de filiación del infante son los siguientes: si bien es cierto que el niño fue concebido en territorio nacional, parte del embarazo transcurrió en el vecino país. Alimentada su madre con productos de allá, quién le quita a ese niño, lo que tiene en su sustancia de la alimentación de las zonas circunvecinas. Si digamos que el puente hubiese estado cerrado a efectos de transito, esa inocente criatura, que los avatares del destino obligaban a nacer allá, (o sea aquí) habría nacido aquí (es decir allá) por fuerza.

Pero sí que es cierto que nació aquí (es decir, allá, dependiendo de donde usted esté leyendo la presente partida). Es que se nota apenas uno lo ve, esa inclinación patriota que traslucen los ojos del neonato. Según consta en registro el niño nació muy específicamente en la localidad de Los Chaguaramos, Valle Abajo, Parroquia El Valle, en una Policlínica ubicada en La Candelaria, Santa Rosalía, en la zona limítrofe del río Orinoco del poblado conocido como El Palotal. Los testigos de este acto son Frnlstin Kasrtirn, Rimsenr Olibrts y la señora Quientl Rapurdt, quien como se dijo anteriormente es la comadrona. Dichos testigos presentaron su cédula de identidad y se ve clarito que son ellos. La presente certificación es copia supremamente fiel y exacta del original, lo que sí que el original, la verdad, no se ve muy bien, pero ya se sabe que esos libros envejecen también. Pero yo creo que sí. Y se expide en la ciudad capital (la que fue fundada por los españoles) a los 18 días del mes de marzo de 2016.

Jairo Restrepo

Perfecto.​

Laureano Márquez
@laureanomar
http://www.laureanomarquez.com
Caracas Vnezuela

domingo, 6 de marzo de 2016

LAUREANO MÁRQUEZ , T.S.J (TODO SE JODIÓ), EDITORIAL TAL CUAL

Este capítulo de la historia venezolana que comenzó su devenir aprobando una nueva constitución y declarando moribunda a la anterior mientras estaba aún vigente, se cierra desconociendo su propia carta magna. En cierto sentido, lo sucedido esta semana tiene la significación simbólica de un punto final. No importa cuánto más dure, ya este tiempo, en el alma nacional, ha concluido. La percepción de fracaso ha inundado incluso las filas de los copartidarios más fieles, aunque no les sea permitido decirlo abiertamente. Solo la nomenclatura del PSUV sostiene este régimen y la fuerza de las armas, claro está.

El país está prácticamente en ruinas. Tiene todos los efectos devastadores de una guerra, solo con la ventaja de que los edificios no están destruidos. En 5 años de conflicto, la tragedia de Siria ha dejado más de 250 mil muertos. En nuestro país en el mismo lapso de tiempo, sin tanques de guerra ni bombardeos tenemos casi la mitad. La electricidad está a punto de colapso, el suministro de agua también, estamos al borde de una tragedia humanitaria en materia de alimentación y salud. Los refugiados del conflicto venezolano ya suman cerca de dos millones. No se van en balsas (aún), pero las causas son similares. El aparato productivo está destruido, la moneda no vale nada, el oro se lo han choreado y -como Alemania luego de la I Guerra Mundial- estamos a merced de potencias y empréstitos extranjeros (curiosamente en nombre de la independencia).

La angustia se apodera de la ciudadanía. Hace poco cayó en mis manos un libro de Dale Carnegie, Cómo eliminar las preocupaciones y vivir plenamente. En el texto el autor comenta algunos métodos de gente exitosa para evadir las preocupaciones que lo corroen a uno afectando la vida y la salud inútilmente. La tesis del libro es que el preocuparse no ayuda en nada y por el contrario puede bloquear la posibilidad de hallar soluciones. Hay que encontrar métodos que ayuden a encontrar opciones más allá de la pura angustia. Uno de ellos es el de Willis H. Carrier, el de los aires acondicionados. El Sr. Carrier, ante un grave problema que se presentó en los inicios de su vida laboral, adoptó el siguiente principio: pregúntese qué es lo peor que puede sucederle. Los venezolanos ya prácticamente tenemos respondida esta pregunta (TSJ). Como en el viejo chiste, casi que lo único que falta es que el tipo nos “empreñe”. O. K., resuelto este problema porque estamos prácticamente en el foso (sin subestimar la capacidad destructiva, que siempre puede ser infinita en el caso de los países), la otra pregunta es qué podemos hacer. Aquí entra en acción el método de Frank Bettger, citado en el mismo libro. Hágase estas 4 preguntas:

¿En qué consiste el problema?
¿Cuál es la causa del problema?
¿Cuáles son las posibles soluciones?
¿Qué solución propone usted?
Para ahorrar espacio, creo que las dos primeras preguntas las tenemos respondidas. Vamos con la tercera. Posibles soluciones:

Una salida de fuerza.
Una salida legal, constitucional.
Una salida impredecible.
Una salida inteligente, que no sabemos cuál es.
Respondamos ahora la última pregunta, evaluando las opciones:

La primera salida esta descartada por dos razones: la primera una cuestión de principios, uno no cree en la fuerza ni en la violencia como motores de cambio. Aunque este primer argumento es suficiente, la segunda razón es práctica: tampoco se tiene la fuerza por tanto sería peor el remedio que la enfermedad.
La segunda salida tampoco funciona. La ley ya en Venezuela no tiene ninguna importancia ni validez para sus administradores, es solo una excusa para adornar el autoritarismo arbitrario. Todo intento por esta vía se estrellara al final con una pared, que han edificado los que casualmente tendrían que ser los guardianes de la ley.
La tercera salida es desconocida, por tanto no puede planificarse nada en torno a ella. Como el altar del “dios desconocido” de los habitantes de Éfeso, es un pedestal vacío. A lo sumo solo cabe diseñar acciones una vez que se produzca, si se produce. Por tanto no perdamos tiempo en lo desconocido. Solo anotemos que lo impredecible casi siempre suele ser lo peor.
Solo nos queda la última opción. Con lo único que verdaderamente contamos de este lado es con inteligencia, no mucha, es verdad, pero suficiente (inteligencia para el bien, porque en la otra también nos revuelcan feo): economistas brillantes, planificadores, administradores exitosos, juristas respetuosos de la ley, gente productiva, artistas creativos, gente de cultura y formación de primera.
Uno no sabe cuál es esa salida inteligente, justa, ecuánime y equitativa, pero hay que hallarla. No es momento para ponernos brutos. Relajados ya, sin la preocupación de que el país se va a hundir, porque ya naufragó. Sin estrés, con habilidad e ingenio hay que convocar a las mentes más brillantes a pensar. Una especie de conclave de la intelligentsia nacional.

Yo voto por la última opción y que el Espiritu Santo nos ilumine.

Veni Creator Spiritus

Laureano Márquez
@laureanomar

Caracas Vnezuela

sábado, 30 de enero de 2016

LAUREANO MÁRQUEZ, MISIÓN RESCATE, EDITORIAL TAL CUAL

No, no se trata de una nueva misión del gobierno. “Misión rescate” es el nombre que en Latinoamérica se ha dado a la película “The Martian” (el marciano) del afamado director Ridley Scott. Se trata de la historia de un astronauta que se queda atrapado en Marte cuando sus compañeros del Ares III, huyendo de una inesperada tormenta, le abandonan al creerle muerto. Los hechos se sitúan en el 2030 (tercera presidencia de Maduro). Mark Watney tendrá que sobrevivir en medio de circunstancias atroces: sin comida, sin agua, sin medicinas, sin electricidad y sin ningún medio de comunicación…. En fin, como los venezolanos de hoy, para que se entienda mejor. Lo único que el no tiene, en comparación con nosotros, son malandros, pero si tomamos en cuenta que Marte es un planeta deshabitado, de haber existido uno solo, le habría tocado a él.

La película de lo que trata, en definitiva, es de la lucha de un ser humano que intenta buscar salidas en medio de una situación límite y desesperada. Es una oda a la esperanza, contraria a toda forma de fatalismo y resignación. Es la historia de como el ingenio humano puede aportar soluciones a problemas que parecen irresolubles, de la supervivencia en condiciones extremas. Mark pone a funcionar su ingenio: repara los paneles solares para cargar las baterías, hace un listado de la comida que le queda y de como rendirla, como si viviera en una economía hiperinflacionaria. Gracias a sus conocimientos de botánica, desarrolla un sistema para cultivar papas en el balcón de su estación espacial, usando sus propias heces como abono, según recomendaba una ministra de Houston. Mantiene su vehículo en condiciones, aún sabiendo que le será imposible conseguir cauchos, así como ningún tipo de repuestos ni batería.

Al final, gracias a su ingenio y su espíritu optimista, el astronauta logra ser rescatado por sus compañeros de misión para traerle de vuelta la tierra. Esta película nos deja algunas enseñanzas a los venezolanos en medio de esta intensa lucha por sobrevivir al gobierno que desarrollamos:

Cuando todo parece que esta en tu contra y tus posibilidades de supervivencia parecen nulas, tienes dos opciones: resignarte o ponerte a trabajar. Si tomas el segundo camino hay muchas probabilidades de que fracases, es verdad, pero si tomas el primero, puedes estar completamente seguro de que fracasaras. Tener esperanza es tomar algún camino, por distante, imposible y remoto que parezca.
Si no haces nada por tu cuenta y esperas solo por la ayuda del gobierno, seguro vas a morir y puede que en Houston nadie se entere ni siquiera de que estás vivo en Marte. Eso traducido en lenguaje criollo quiere decir que tendrás que salir adelante, aun a sabiendas de que el encargado de defender tus intereses puede ser tu principal enemigo.

Toda preparación técnica, toda habilidad debe ser potenciada. Dependes sólo de tu ingenio para sobrevivir. Tendrás que descubrir como se sustituye la proteína de los huevos y la carne. A vivir sin desodorante ni champú.

Un hombre es también la humanidad entera. Por más que pienses que no te ha tocado a ti, que estás libre y que has podido salvarte, cuando le friegan la vida alguien, es decir a tu prójimo, aunque no te des cuenta, te la están fregando a ti también. Ponte pilas, el espacio exterior es lo más parecido un gobierno arbitrario: si no estás atento te devora.

Cuando se te presente un problema, resuélvelo. Seguramente detrás de ese problema vendrá otro, también tendrás que resolverlo. De eso se trata la vida, según nos enseña Scott, de ir resolviendo problemas en la medida en que se presentan. Ganar la asamblea parecía imposible, ahora parece imposible que la asamblea funcione. Funcionará.

En definitiva, luego de ver la película, uno comprende que lo más parecido a estar desesperado en Marte en el 2030, es vivir en Venezuela en el 2016. Allá porque hay ausencia de gravedad, aquí porque la gravedad es excesiva.

Ojalá nuestra película tenga final feliz.​ 

Laureano Márquez
eventos@laureanomarquez.com
@laureanomar
http://www.laureanomarquez.com

Caracas Vnezuela