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jueves, 17 de diciembre de 2015

ALFREDO SCHMILINSKY OCHOA, LA GUERRA ECONÓMICA

Comentarios a un correo: "Comparto en casi su totalidad el contenido de este correo. Y una de las cosas con la que no estoy de acuerdo es que acepta que la guerra económica sea una realidad. No, la guerra económica es una excusa para justificar un desabastecimiento provocado por el propio gobierno con sus ataque de toda índole contra los sectores productivos del país. Y para probarlo, sólo habría que hacerse la siguiente pregunta: ¿cuánta cantidad de alimentos tendrían que guardar o esconder diariamente los productores del país para dejar sin comida a una población de 37 millones de habitantes? Millones de toneladas diarias. ¿Y dónde, en qué parte, se podría esconder esta gigantesca cantidad de rubros alimentarios, incluyendo la leche en polvo? ¿Dónde, en qué parte, se podrían almacenar los millones de litros de leche  dejados de enviar diariamente al mercado? ¿De qué tamaño tendrían que ser los equipos de  refrigeración para conservar en buen estado ese alimento durante más de cuatro años? No existen esos equipos ni esos lugares, porque ni siquiera en los distintos estadios del país se podría alojar tal cantidad de alimentos. 

De manera que lo que en realidad sucede es algo muy distinto: lo que ocurre es que los productores, en desacuerdo con los precios que el gobierno les fija a sus productos, en algunos casos han cerrado y en otros  simplemente han reducido la producción para no tener que bajar definitivamente la santamaría.  

Lo sucedido recientemente con los huevos es muy revelador de lo que en realidad está ocurriendo. Estos productores, o al menos algunos de ellos, optaron por dejar que se pudriera esta mercancía. Pero otros apelaron a acciones más radicales y extremas, como la de destruir la mercancía en plena vía pública. Y todo, como ya dijimos, por no estar de cuerdo con los precios que les impuso el gobierno. Algo de razón debían tener cuando prefirieron perder las inversiones hechas y el esfuerzo realizado antes que vender los huevos a esos precios.

Pero, además, la escalada inflacionaria, que ya ha colocado este indicador en los tres dígitos y que ha elevado el costo de la vida a niveles como jamás se habían registrado en nuestro país, ¿también será, por casualidad, consecuencia de la guerra económica? Cuál será la explicación que estos gobiernos chavistas podrían ofrecer en relación con este fenómeno? No ofrecen ninguna, porque la que podrían dar les resultaría demasiado comprometedora. Ya que una de las causas que ha provocado el desmadre de los precios es sin duda el torrente de dinero que el gobierno, a través de mecanismos como las pensiones y otros gastos improductivos -Chávez otorgó 2 millones quinientas mil y éste otras 500 mil- ha echado a la calle, con el consiguiente desbarajuste del proceso económico nacional. En relación con este hecho que  no dudamos de calificar de insensato, tal vez sería conveniente aclarar que además de las implicaciones negativas que en el aspecto económico esta irresponsable regaladera de dinero ha tenido, la misma constituye un delito de malversación. Y eso no es todo, porque esa malentendida política social practicada en favor de unos pocos, ha tenido, mediante la grave distorsión de la economía provocada por esa política, unas consecuencias sociales desastrosas para la mayoría. Es decir, se les regala dinero a unos pocos y otros muchos pagan las consecuencias. ¿Dónde están entonces las ventajas de la tan cacareada política social del gobierno? Lo cierto del caso es que esa política de la regaladera no podía quedar impune y tarde o temprano tenía que pasarles factura y se las pasó.

Por otra parte, el profundo deterioro del valor adquisitivo del bolívar ¿también podría atribuirse a la guerra económica? Estos gobernantes todo lo que hacen, como lo demuestra la práctica sistemática del nepotismo, es pensando en su intereses particulares y, especialmente, en su permanencia en el gobierno. En ellos no existe otra preocupación que esa. De allí que nunca hayan dudado en tomar decisiones populistas´y electoreras, sin importar las nefastas consecuencias que las mismas pudieran tener. Un buen ejemplo de esto son las mencionadas pensiones.Como se podrá suponer, para poder cumplir con este descomunal compromiso el ejecutivo tiene que disponer de una gigantesca masa de bolívares que no tenía ni tiene ahora, porque más bien desde hace bastante tiempo viene arrastrando un importante déficit fiscal y los precios del petróleos se han venido desplomando. ¿Qué hacer entonces? Bueno, a la mentalidad tan simplista de nuestros gobernantes no se les ha ocurrido otra cosa mejor que devaluar, obtener más bolívares por los dólares que le vende al Banco Central. Esta práctica era la que el ejecutivo venía utilizando para obtener los mencionados recursos, pero como a la misma resultaba ya completamente imposible seguir apelando, han empezado a emplear otra no menos nefasta que la anterior. Se trata, como lo ha denunciado Rodríguo Cabeza, de imprimir y echar a la calle un dinero carente por completo de respaldo. Es decir, para abreviar, una masa dineraria que supera ampliamente las necesidades del mercado y de las transacciones comerciales y económicas del país. Resultados de la utilización inmoral de la maquinita de hacer billetes, ha sido una elevada inflación y la consiguiente pérdida del valor del bolívar. Por eso volvemos a preguntar: ¿este profundo deterioro del valor de nuestra moneda ¿también se debe a la guerra económica?

Pero volviendo a los controles de precios, en torno de este tema publicamos varios artículos en Aporrea solicitándole al gobierno la derogatoria de estos controles, porque estimábamos que esa era la causa principal del desabastecimiento y de los elevados precios que la gente estaba pagando por los artículos que en el mercado negro lograba conseguir. Pero, además, hacíamos esa solicitud, porque era evidente que lo importante para las personas era conseguir los productos sin importarle casi lo que tuvieran que pagar por los mismos. Sin embargo, con una soberbia inaudita que nada tenía ni tiene de revolucionaria, sin importarle a Maduro las tribulaciones que la gente estaba pasando debido a la crítica escasez de alimentos, desoyó estas recomendaciones y continuó y aun continúa con los malhadados controles de precios. Con lo cual consiguió entre otras cosas terriblemente funestas, que los niños en edad de lactancia tuvieran que renunciar a sus teteros. Es decir, que prefirió regalar pensiones, prefirió regalar canaimitas y centenares de miles de tabletas, realizar actos de un dudoso beneficio para el país, que abastecer el mercado de leche a fin de que nuestros niños pudieran contar con un alimento para el cual, en el caso de ellos, no existe sustituto. Sólo por esta vía, por la vía de la desaparición de la leche, el gobierno perdió como mínimo el voto de 2 millones o dos millones y medios de madres que han pasado por el trago amargo de tener que dejarle de dar el tetero a sus hijos, y eso, como ya dijimos, por la crónica e injustificable escasez de leche. Es decir,  por la desaparición de uno de los tres alimentos completos que existen y que es indispensable sobretodo durante el período de la formación de los huesos. Con lo cual se está creando una generación, la generación Maduro, de raquíticos y desnutridos en Venezuela. Y ese flamante organismo que es la LOPNA, cuya función es velar por la niñez de nuestro país ¿Qué? ¿Qué ha dicho al respecto? Nada, porque si se atreve a abrir el hocico para protestar por esta dramática situación que vive la niñez en nuestro país, serían botados sin contemplaciones. Ya que ellos no están allí para realizar las funciones que supuestamente deberían realizar sino con fines propagandísticos y publicitarios.

En torno de esta importante cuestión de los controles de precios,  llegamos a escribir en la propia página del PSUV lo siguiente: "¿Qué sentido tiene mantener en pie una medida como los controles de precios que no controlan nada. Que por el contrario, han resultado un rotundo y estrepitoso  fracaso, y que más bien han servido para incrementar desorbitadamente el costo de la vida, provocar desabastecimiento y ahuyentar a quienes tendrían interés de invertir en Venezuela? Estos controles, como lo ha estado exigiendo la experiencia, deben desaparecer. Y hacerlo en el marco de un política de incentivos a las inversiones. Pero también, en lugar de estar atacando a los productores, lo que se debe hacer es ofrecerles incentivos fiscales que los induzcan a incrementar la producción  y a la creación de nuevas empresas. Es así como se construye en nuestros días el progreso y prosperidad de las naciones, y no con fantasiosas quimeras irrealizables, que lo único que han logrado es conducir a otros países a dolorosos y decepcionantes fracasos". Como es ya la característica de estos gobiernos, cero respuesta.  

Alfredo Schmilinsky Ochoa
alfredoen_schmili@hotmail.com

Zulia – Venezuela

miércoles, 28 de octubre de 2015

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, "EL CALL OF DUTY DE LA GUERRA ECONÓMICA".

Ya las horas pesan después de estar sumergido en el sempiterno videojuego bélico llamado “Call of Duty”, cuyas entregas han saturado de balas, empellones y refriegas agresivas a los más asiduos de este tipo de género.

Bajo camuflajes en selva agreste o sorteando vericuetos de escarpados en una sarta de escenarios, año tras años los realizadores de estos videojuegos entregan una fórmula que parece ya desgastada. Pero hoy Venezuela pudiese inspirar y catapultar una historia nueva, casi surrealista, con personajes dignos de enconos y soporíferos hechos noticiosos que no cabrían ni en la cabeza de los más ingeniosos creadores de estas fabuladas vivencias de echar plomo en una pantalla.
Perfecto escenario para iniciar la acometida de jugar sin freno, con presos políticos, burlescos subterfugios de los jerarcas gubernamentales y una población apabullada para conseguir alimento.
Me digno a sentarme a jugar esta cruenta e imaginaria comparativa de la realidad de un videojuego, con las desavenencias cotidianas de mi amado país. Soy un soldado que mantiene su arsenal repleto en ideas e intenciones concretas. Pese a poderse escapar la bala del desconcierto, la batalla apenas comienza. El propósito es repeler el ataque demagógico de escaramuzas, referidas al show guyanés, las bufonadas irresponsabilidades en la frontera o subir el salario mínimo en el tiempo más inapropiado, que no han fortalecido a la trinchera enemiga.
El batallón está repleto de intenciones reformadoras. El disparo certero se realizará con el índice en el blanco de un tarjetón, que modificará todos los vértices nacionales, para levantar a un país de las ruinas.
Los fusiles están prestos, pero para flamear paz, justicia y bienaventuranza. Basta de ver desplomarse muertos, para coleccionar desdichas. La idea es irrumpir con la posibilidad de una nación progresista, apañada de valores y no de envidias perturbadoras. Los estrategas tienen su mapa de batalla bien trazado. Los flancos están reguarnecidos con la propia sazón del interés colectivo.
Antes los escuadrones de los dos bandos eran parejos en números y combatientes. Hoy un descontento masivo por subidas constantes de precios, inapropiadas colas, inseguridad extrema y una pésima calidad de vida, han permitido que el bando azul posea más soldados de la verdad, que en el rojo de la ingenuidad, pues permanecen alistados con la gualdrapa de la equidad y con sueños perfumados con el bien de las mayorías.
Será una batalla asistida con la funda cerrada, pero con el corazón franco hacia una nueva alborada. No más derramamiento de sangre. Esta guerra se gana con alegatos; con la furia amatoria de un país lleno de riqueza, pero ahogado con la inmundicia de los engaños, abaratados en discursos que sólo buscan el empobrecimiento de una nación.
No hace falta estar asido a un control de un ficticio “Call of Brutis”, para entender que vivimos en un país en guerra. No esa idiotizante excusa de una “guerra económica”, sostenida por supuestos empresarios que, tras expropiaciones, han emigrado a otros países a invertir sus recursos, sino con el entendimiento claro que el socialismo sólo hunde cada día a una Venezuela que, desde sus ancestros, posee todas las virtudes para prosperar.
EL LLAMADO DEL DEBER

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com

@Joseluis5571