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viernes, 5 de abril de 2019

JEAN MANINAT, ABRAZADO AL PRECIPICIO


Como en unos dibujos animados trágicos –todos lo son, de alguna manera- el régimen sigue abrazado al precipicio, prendido de una rama que aguanta –por ahora- su letal peso. Patalea en el aire mientras se aferra a la protuberancia vegetal en la roca que impide su despeño, a pesar de su pesarosa consistencia. ¿Cuán enraizada está? ¿Cuánto tiempo soportará el deslave que todo se lleva a su alrededor? ¿Hay como calibrar el peso que lo empuja hacia el vacío?

Está visto que no basta con las imprecaciones de los chamanes del: ¡Cede ya maldito rebrote! Ni las amenazas de cortarlo de una sola tajada con un machete de filo mellado. Menos aún de prestarle oído a los Chance Gardiner que desde el jardín, recurren a una inanimada respuesta vegetal para responder preguntas cruciales. La política y la botánica nunca se han llevado bien, salvo en el reinado de los hippies. El régimen patalea con la destreza torpe de quien no se quiere ahogar, cuando se percata de que no sabe nadar. Recurre a Hollywood -of all places- para excusar su inaudita incapacidad para preservar lo que los primeros homínidos se agenciaron frotando dos palitos sobre una yesca: la lumbre que iluminó la oscuridad y desató la civilización.

La oscuridad la manejaron los poderosos en la Edad Media como ardid para dejar sin luces a la humanidad. Despojarse de las tinieblas ha sido la lucha de hombres y mujeres por hacerse un espacio en el libre albedrío heredado. ¡Tremendo regalo, para quien no lo exigió! Nos enseñó a pensar, por cuenta propia, y nos resguarda de la repetición monocorde de consignas y rezos mágicos.

Aferrado a su precipicio, el régimen quiere ahora espantar evocando paredones y anunciando terribles condenas. Veremos si tiene bríos para hacerlo. La oposición debería seguir presionando por una salida democrática negociada, que contemple un proceso electoral transparente, tal como lo sugiere la gran mayoría de la comunidad internacional.

Cuando todas las opciones sobre la mesa son válidas, se corre el peligro de que ninguna termine teniendo asidero en la realidad. Es la política del como vaya viniendo, le vamos dando. Es decir, la no política. ¡Qué mejor regalo para la nomenclatura gobernante!

Si es verdad que el régimen nunca aceptará elecciones libres, quiere decir que le teme como Drácula a una ristra de ajo. ¿Por qué no empujarlo entonces hacia ese precipicio democrático como sugiere la gran mayoría de los países que acompañan la lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela?

Jean Maninat
@jeanmaninat

miércoles, 2 de enero de 2019

GLORIA CUENCA, NOCHE EN SILENCIO


Sí, como la canción, “Silent Night, Holly Night” así fue la Navidad de 2018. (Noche en silencio, noche de paz) 

No deben haber ocurrido accidentes con los juegos pirotécnicos, no hubo. Recuerdo cuando era comunista, y preguntaba: ¿Qué se hace en estas fiestas en los países comunistas? “Nada, la gente es tan felíz que no se necesita más nada, el sistema les da todo”. Sí, como no. 

Ahora las navidades en Moscú, son otra cosa. Los amigos chinos, las tienen prohibidas, desde 1949, en tiempos de Mao, por cuanto el presidente Xi Jinping no quiere nada con los cristianos, menos con los católicos. Igual que, los sectores radicales de los mulsumanes, saben que el amor y el perdón, dos legados fundamentales de Jesus Cristo nacido en Belén como judio, creador y propagador de una doctrina de amor y perdón pueden transformarse en enemigos terribles e invencibles, solo con ese predicado: el amor y el perdón. 

Lo que no se puede combatir con armas, ni con nada. Sin embargo, los comunistas ateos afirman que la vida, este paso fugaz por la tierra, es todo. Una vez muertos, no hay más nada que hacer, todo acabó. Cuando se les acerca la muerte, empiezan a tener dudas, como se dice corrientemente: “se acuerdan de Santa Bárbara, solo cuando truena”. Y, en el “por sí acaso” empiezan a aproximarse a la espiritualidad y, a hacer peticiones, además de algunos cambios. Del arrepentimiento y la reparación nada. Dos cuestiones fundamentales a la hora del balance. 

Con amor inmenso, Dios está dispuesto a perdonar a quien ha cometido horrores: solo pide que se arrepientan, que no lo repitan y que reparen el daño. Es aquello del propósito de enmienda, que muchos olvidan. Una de las doctrinas surgidas del cristianismo, dice que basta con arrepentirse. No es suficiente. El arrepentimento es necesario, pero no puede seguir la persona en el mismo camino. He visto, algunos que se arrepienten en la noche y al día siguiente vuelven a lo mismo. De eso trata el propósito de enmienda, de no repetir, ni cometer el mismo acto que ha llevado a la persona al arrepentimiento. Es perfecto, si además ocurre la reparación de lo realizado.

¡Dios! Casi me vuelvo una predicadora. Deseo a ustedes todo lo bueno para el próximo año, contradictorios lectores.

Gloria Cuenca
@editorialgloria