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miércoles, 19 de agosto de 2020

CARLOS BLANCO, EL FIN DEL RÉGIMEN

1.- La tarea encomendada a Guaidó y asumida por él en mejores horas que las actuales, fue la de liderar “el cese de la usurpación”, como la denominó. Ese objetivo fue abandonado y ya no forma parte de la retórica interina. Fue sustituido por algo que podría ser equivalente, pero no lo es. Fue sustituido por la necesidad de elecciones libres y limpias.

2.- En términos estrictos, elecciones libres implican “el cese de la usurpación” y un gobierno de transición que las convoque, lo cual haría equivalente ambos objetivos. Sin embargo, como se sabe, en los sucesivos y funestos diálogos de la representación de Guaidó y el G4 se discutió con los emisarios del régimen la posibilidad de unas elecciones con Maduro en Miraflores, o de elecciones sin Maduro allí, pero con la estructura del régimen intacta; hasta se coqueteó con un Consejo de Estado “plural” para tener allí representantes del régimen y del G4 de Guaidó. Sabemos que todo esto fracasó y que no parece tener vida, a pesar de que la idea de vez en cuando saca una manito flaca, blanquecina y temblorosa del sarcófago donde se encuentra.

3.- La idea de la salida del régimen la perdió el interinato en ese gobierno colegiado, de la AN, en el cual no todos tienen idénticas metas. Los partidos que manejaban a su voluntad la Asamblea Nacional han tenido posiciones divergentes en algunos temas: no todos estuvieron de acuerdo en la juramentación de Guaidó como presidente interino en enero de 2019, aunque guardaron discreto silencio; no todos estaban en la línea de la mamarrachada del 30 de abril; algunos se enteraron en el G4 de los diálogos cuando ya estaban en marcha; en fin, ha habido varios temas de discrepancia con excepción de los mecanismos para el control de las empresas de capital venezolano en el exterior y la búsqueda de los activos que por allí andan,

4.- El objetivo estratégico se perdió y fue sustituido por jugadas tácticas, con el argumento de que “afuera quieren tal cosa o no quieren tal otra”; como para mostrar que a los de “afuera” no se les puede pedir lo que no quieren dar. Así se cometió un gravísimo y tal vez irreparable error: colocar la dirección del proceso en las manos de los quieren o dejan de querer tal o cual política; y, por otra parte, renunciar a construir el apoyo necesario para el objetivo estratégico de salir del régimen.

5.- La construcción de una fuerza poderosa alrededor de un objetivo y una estrategia se perdió en el enredo de los diferentes objetivos de los diferentes partidos de la AN y se sustituyó por lo que ha devenido en una ficción: el apoyo de casi 60 países al interinato, ocultando, de modo conveniente, que ese apoyo a la legítima AN y a su presidente, no es extensivo en todos los casos a Guaidó como presidente interino ni menos a una estrategia de derrocamiento de Maduro y su régimen. Salvo Estados Unidos, Colombia y Brasil, y algunos otros países, muchos han flirteado con la idea peregrina de “convencer” a Maduro o invitarlo a que, voluntariamente, se refugie en las Antillas.

6.- En este batiburrillo, la idea de prolongar el interinato sine die que puede parecer útil ante la elección de la AN que pretende Maduro y sobre la cual se volcará una descomunal abstención, en caso de realizarse, en realidad está divorciada de elementos fundamentales de la realidad: a. Hablar de la prolongación del interinato en 2021 es admitir la prolongación del régimen de Maduro y la ausencia de planes para reemplazar su régimen (distinto sería una política que no se planteara la prolongación de esta ambigüedad porque en enero estaría derrocado el tipo); b. Es no entender que sin control de territorio, de instituciones nacionales y de legitimidad popular real, el interinato se reduce a cuatro o cinco embajadores, al control de recursos externos y a las directivas de empresas; cierto que hay reconocimiento fuerte de varios aliados pero no bastará cuando tras unas elecciones chimbas (si se realizan), vendrá una presión de Maduro y de los colaboradores que participen para que el “realismo” se imponga en ciertas cancillerías.

7.- Si Guaidó y el G4 se propusieran el fin de la usurpación no necesitarían de sus cargos para procurarlo. Si bien requirió de la plataforma de la AN y del sustento constitucional para asumir la Presidencia interina, ya la tarea no depende de ese cargo; si se convierte en el líder político que no ha sido, al converger con otros que se propongan los mismos objetivos de generar un gobierno de transición con la fuerza para imponerlo, se verá obligado a abandonar el gobierno colegiado que lo amarra e inmoviliza.

8.- Finalmente, la idea de prolongar a Guaidó hasta que el régimen caiga es una fantasía poco ilustrada. Si Maduro cae por la acción dirigida por el presidente interino, la Presidencia efectiva será suya; pero si Maduro cae por la acción de un movimiento cívico-militar diferente; si cae por obra de una revuelta social incontenible; si cae por la acción milagrosa del Venerable; asumirán la conducción del país los que allí estén, en ese momento, en el ejercicio del liderazgo efectivo. No existe en los procesos sociales tal cosa como “cuídame la silla un ratico que ya vengo”.

9.- En una situación de caos como la actual, con tantas incógnitas acumuladas, el sectarismo, el populismo y la viveza son malos consejeros. Solo la grandeza para acabar con la tiranía y vivir en un país libre es suficiente recompensa para los que conduzcan.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

sábado, 25 de julio de 2020

CARLOS E. AGUILERA A., EL BANDIDAJE SIN LÍMITES, DE UN RÉGIMEN CORRUPTO

“ Para Heinz Dieterich, Nicolás Maduro es un “político convencional que nada tiene de revolucionario”

La expresión “socialismo del siglo XXI” la introduce el sociólogo y escritor alemán Heinz Dieterich Steffan, residente en México e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de la capital mexicana, frase de la cual se apropio luego el difunto Presidente Chávez en el año 2005, cuando en el V Foro Social Mundial la pronunció vehementemente.

Después de la caída de los modelos socialistas de Europa del Este, según Dieterich había que recuperar los valores del marxismo haciéndolos más viables en el desarrollo regional, con democracia participativa y protagónica y con organizaciones de base.

Para Dieterich, el proceso cubano tenía las virtualidades de su lealtad a los principios revolucionarios, pero con problemas de renovación de cuadros y una economía sin mayor posibilidad de recomponerse por varias circunstancias, entre estas el bloqueo del gobierno norteamericano, circunstancia que Chávez–de 45 años de edad, para ese momento - con la riqueza petrolera de Venezuela y un carisma extraordinario, asumió el rol protagónico.

El sociólogo y escritor alemán acompañó a Chávez hasta el año 2007 y se alejó señalando discrepancias que se produjeron por la profundización del caudillismo en Venezuela, por el abandono de principios ideológicos, y porque a las organizaciones de base se les privó de su razón de existir, evitando convertirse en expresión participativa, para deformarlas en lo actualmente son, grupos que deben movilizarse, a fin de enfrentar a quienes confrontan con el poder, ejercido en forma totalitaria.

Acusó Dieterich entonces la existencia - que aún persiste - de una burocracia en la sede del poder, es decir en Miraflores, con visos de corrupción y de alejamiento de lo que debió ser la esencia del socialismo del siglo XXI, que a su juicio era conjugar igualdad con libertad.

Dieterich no dudó de que en las elecciones presidenciales del 14-F, Maduro tenía la primera opción, pero al mismo tiempo expresaba que este es un “político convencional que nada tiene de revolucionario”.

Siempre los pueblos han expresado ante grandes circunstancias su solidaridad con el voto, y en el caso venezolano Maduro siendo Presidente encargado, para ese momento manejaba las cuentas del petróleo de Venezuela, lo cual le permitió ofrecer todo lo que se le ocurriera y eso en la coyuntura estaba por encima de la realidad que vivía el país con escasez y el encarecimiento de bienes de servicio y de la gravísima inseguridad.

Pero, además, Maduro recogió el sincretismo religioso que en los últimos tiempos caracterizó al presidente Chávez, cuando había dejado atrás las frases del 2007, dirigidas a los obispos venezolanos: “Les recomiendo a los obispos que lean a Marx, a Lenin, que vayan a buscar la Biblia para que vean el Socialismo en sus líneas, en el viejo y nuevo testamento”.

Por eso, lo del “pajarito chiquitico” que le silbó a Maduro en el templo, recoge la simbología del bautismo de Jesús por Juan Bautista en el río Jordán, que relata el evangelista Marcos “mientras –Jesús– subía del agua, los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre él como paloma; y se escuchó una voz desde el cielo: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

Un tuit de @piter_kant que se reprodujo en varios diarios del mundo en los días previos a las elecciones presidenciales venezolanas, expresa: “Los borrachos, los niños y Mujica siempre dicen la verdad”.

La referencia es porque en Latinoamérica existían gobernantes socialistas que fueron perseguidos, torturados y encarcelados, por dictaduras represivas y fascistas, que en el ejercicio de sus gobiernos defendían la libertad y el derecho de quienes discrepaban con ellos a expresarse libremente, y respetaban a las instituciones y los espacios de información y opinión, pese a ser críticos de sus decisiones y acciones. Son ejemplos del socialismo del siglo XXI, la ex presidente Bachelet en Chile, la entonces presidente Dilma Rousseff, de Brasil, y el ex presidente Mujica, de Uruguay.

Se dice que quien sufre en carne propia la represión y la cárcel y llega al poder, tiene dos posibilidades, o hacerle lo mismo a otros, o repudiar su práctica y gobernar en democracia y libertad. Esta última fue la opción de los gobernantes antes indicados, y ni se diga Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro, que simbolizan la represión, tortura y atropello de los derechos humanos en su máxima expresión, como jamás ni nunca había padecido Venezuela desde su nacimiento republicano.

En nuestro país, creemos con fe y optimismo que vamos a salir de este laberinto, y estamos seguros ocurrirá pronto y ver en el futuro una transición de dictadura a democracia, tal como lo expresó en cierta ocasión el ex presidente brasileño Fernando Cardoso al señalar: “Cuando parece llegar lo inevitable, surge lo inesperado”, Claro está, que para obtener éxito en este propósito es necesario combatir y ampliar la base de apoyo para enfrentar al régimen autoritario de Maduro, con una visión positiva del futuro, aún cuando la gente acumule una gran indignación y críticas por la situación existente: hambre, desempleo, represión, corrupción, incapacidad, ineficiencia y narcoterrorismo, entre otros males que aquejan al cuerpo social del país.

A estas alturas, el obstáculo a vencer es el temor de la gente. Pese a ello, será posible acabar con esta terrible pesadilla del siglo XXI, representada por este régimen socialista, marxista y mal llamado bolivariano, tutelado por el bandidaje de su par cubano, que se aprovecha al máximo de la torpe ingenuidad de quien valido de artilugios y malabarismos tramposos, permanece aún en el poder.

Carlos Aguilera
careduagui@gmail.com
@_toquedediana
Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

sábado, 20 de junio de 2020

VÍCTOR A. BOLÍVAR, COMENZÓ UNA NUEVA TEMPORADA

Pareciera que nada puede hacerse ante a la arrolladora y abusiva demostración del régimen que marca la pauta, día a día, en la política nacional. Ya el asunto no se puede contar por capítulos sino por temporadas interminables. Nuevamente, por enésima vez, cayó la oposición en la trampa cazabobos de un inviable entendimiento con el oficialismo. No entiende o no quiere entenderlo la dirigencia opositora. En cualquiera de los casos es imperdonable.

Para muestra bastaría preguntarse algo elemental: cómo pudo esa dirigencia cometer el desatino de convenir con el régimen la conformación del Comité de Postulaciones Electorales, a sabiendas que ellos no lo integrarían para darle curso a unas elecciones presidenciales. Obvio que sabían que el acuerdo solo comprendía unas elecciones parlamentarias. ¿Lo entendía la dirigencia opositora o no quería entenderlo?

Por supuesto, con Maduro en el poder, antes y después de esas elecciones parlamentarias. Y este es el punto más neurálgico del relato: la contradicción entre el discurso opositor y sus acciones. Los venezolanos debíamos asumir tácitamente que la dirigencia opositora ya no tenía en sus planes el cese de la usurpación, ni antes ni después de esas parlamentarias. Solo imaginemos lo que constituiría una elección que generase otra AN con mayoría del chavismo, Nos percataríamos de que, además de legitimar a Maduro esa nueva AN, con una garantizada mayoría calificada, estos malandros iban a designar o ratificar al fiscal, al contralor, al defensor, al TSJ, aprobarían leyes de presupuesto y de endeudamiento público e internacional. China, Rusia, Irán, Turquía y otros, ya no tendrían temor en contratar con el Estado. Se darían un baño de “legitimidad”. ¿Lo entendía la dirigencia opositora o no quería entenderlo?

Así nos tenían con el célebre 2-2 y 1, que aprobaron conjuntamente en reuniones al más alto nivel de los jefes políticos de ambos bandos, que contaba con el obligado visto bueno de Maduro como invitado de honor, quien aceptaría ir a unas parlamentarias que, de ganarlas la oposición, mantuviera en la persona de Guaidó u otro presidente de turno del órgano legislativo, la presidencia interina del país disputándole a él el ejercicio de su cargo. ¿Lo entendía la dirigencia opositora o no querían entenderlo?

Dios se apiadó en ese instante de este maltratado país. Metió sus manos y -con su poder divino- reprodujo una pequeña Torre de Babel en esas conversaciones y nos salvamos milagrosamente por malos entendidos marginales por el 2-2 y 1, o por razones crematísticas. El “ya no vamos a las parlamentarias” y el “con dictaduras no se negocia” se convirtieron de nuevo en lemas nacionales.  ¡Uff, ya nos tenían montados en la olla¡

Satanás, que nunca se da por vencido, de nuevo entró a la cancha. Quedaron rezagos en esos partidos que se sintieron traicionados por  la inexplicable decisión de última hora de sus jefes. Aún más importante es que sus pugnas internas dejan expuestos a los compañeritos que -no teniendo la culpa- pagan los platos rotos de de sus jefes, cuando los meten en el mismo saco, haciéndolos a todos blanco de comentarios adversos. Comenzó una nueva temporada.

Víctor Antonio Bolívar Castillo 
vabolivar@gmail.com
@vabolivar

sábado, 25 de abril de 2020

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, UN RÉGIMEN QUE AGONIZA

Todo proceso político tiene un comienzo, un auge, una plenitud, un deterioro y un inevitable final cuya agonía es, muchas veces, desastrosa. Tanto así, que desgasta no sólo el ámbito político en el cual suscribe su declinación y frente a lo cual busca reaccionar con la mayor violencia posible. También, carcome el medio social y el terreno que ocupa la economía. Esto hace que las consecuencias sean profundamente devastadoras. Pero al igual que sucumben las realidades ante la magnitud de los problemas que desata dicha calamidad, asimismo pareciera fenecer la memoria histórica de los pueblos. Particularmente, porque la política es definitivamente expresión de todo proceso histórico.  

No ha habido forma exacta, metodológicamente hablando, de concienciar el daño que significa desatender el llamado de la historia política contemporánea toda vez que sus capítulos son calcados de intensas crisis que han zarandeado actitudes de poblaciones cuya desvergüenza tiende a confundirse con la ignorancia. Así puede inferirse cómo siguen repitiéndose situaciones caracterizadas por aberraciones ineludibles. Incluso, a pesar del esfuerzo por evitarlas. Sin embargo, deberá reconocerse que la obstinación del hombre aferrado al poder ofusca su visión llevándolo a refrendar su equivocación. Por eso el glosario popular recoge aquello que reza: “el ser humano es el único animal que se tropieza dos veces en la misma piedra”. Quizás más, si los hechos se atienen a que dicho problema ocurre asediado por la multiplicidad de variables que configura la realidad. Cualquier realidad. 

El caso venezolano, permite una explicación politológica que ilustra el problema que padece el régimen como resultado de estar viviendo su ocaso. No sólo por causa de haber apostado erráticamente a lo que el juego político dejó asomar en un principio cuando su popularidad llegó a alcanzar significativos niveles. Su declinación, aunque ungida de testarudez por la persistencia demostrada, es inequívoca o infalible. No hay la menor duda de su mengua dado el bajón de fuerza que viene penando. Lo poco que soporta el tiempo que retrasa su desplome, es el apalancamiento, por demás descaradamente sobornado, que le brinda la cúpula militar y grupos paramilitares sembradores de violencia. Inclusive, su estructura político-partidista se halla bastante fracturada lo que ha determinado que algunas facciones hayan retirado su apoyo a dictámenes gubernamentales enmarcados por un grosero autoritarismo que roza con un insolente desconocimiento de la norma constitucional. 

Fases de la agonía 

El drama que vive el régimen, puede advertirse y hasta medirse el impacto que los frecuentes desafueros, cometidos en nombre de la presunta revolución bolivariana, vienen ocasionándole. Son momentos que revelan la proximidad a su impetuosa y concluyente caída. Ya inició el tránsito hacia su final. De hecho, ya vivió un primer tiempo: de Negación: Fue el que gastó en argucias con las cuales buscó justificar grotescas e ilegales decisiones. Así, pretendió validar su autoridad a pesar de los exabruptos impunemente cometidos.  

Luego experimentó la Rabia, cuando reconoció que no podía asumir por mas tiempo la negación como actitud. Acá, el régimen político complicó toda intención o planteamiento de ayuda que le ofreciera cualquier agente político o factor que no compartiera su ideología.  

Un tercer momento fue de Negociación, cuando se dio a la tarea de animar, solapadamente, posibles acuerdos con la oposición para procurar salidas que le facilitarían remozar promesas incumplidas que alentaran esperanzas. Aunque todas fueron falsas.  

Luego vino un ciclo de Decadencia. Acá, el régimen comprendió la certeza de su innegable declive. Debido a esto, varió su estrategia. En consecuencia, se tornó más tramposo y conflictivo para mostrar un talante que reconoce no tener. Sus antiguos apoyos han dejado de manifestarle solidaridad. Entendieron la magnitud de problemas bajo el cual está atrapado. Sin embargo, el régimen ha apelado a los medios de comunicación para proyectar una imagen de fortaleza que no puede seguir arrogándose. Es un momento importante cuya observación debe comedirse para evitar equivocadas interpretaciones de terceros.  

Y en la etapa final, o de Aceptaciónde que su defenestración es inminente, se ve aterrado y desesperado ante la situación última que lo domina. Así, ha recurrido a la represión y graves amenazas como último mecanismo de control social pues perdió todo lo que le infundió su disposición de “gobernar”.  

De manera que el régimen ha quedado desprovisto de autoridad, apoyo y consistencia. Sólo cuenta con la capacidad de angustiar al país con el fin de alterar el curso de los tiempos pues el reloj se convirtió en su enemigo implacable. Es innegable que está comportándose como un abatido e iracundo estamento público pues sabe que ya comenzó su caída. Es decir, que ya conoce lo que ha de suceder cuando se tiene un régimen agoniza.

Antonio José Monagas  
antoniomonagas@gmail.com 
@ajmonagas 

jueves, 20 de febrero de 2020

TRINO MÁRQUEZ: LAS SANCIONES: LAMENTABLES E INEVITABLES

Las sanciones que los factores de poder internacional –Estados Unidos, la Unión Europea, el Grupo de Lima- están aplicándole al gobierno de Nicolás Maduro, no constituyen ninguna victoria de la oposición. En realidad, representan el signo de la decadencia de un régimen que optó por atornillarse al poder, aunque esa obsesión siga causando el aislamiento y la destrucción del país. No celebro que los norteamericanos hayan sancionado a Pdvsa y, ahora, a Rosneft Trading, mampara utilizada por Maduro  para colocar en el mercado internacional el crudo que producido en el país, para de ese modo evadir las sanciones aplicadas por la administración de Donald Trump. Todo esto me parece una tragedia que daña a la nación.

Venezuela pasó, gracias a la ambición desmedida del madurismo –y antes, del chavismo- a ser el tablero en el que se juegan los intereses geopolíticos de los Estados Unidos y Rusia, las dos principales potencias militares del planeta. Reducida la capacidad de compra de los petrodólares y venida a menos la influencia de la dictadura cubana, Maduro optó por aferrarse al cinturón de Putin para sobrevivir en medio del cerco que lo asfixia. El autócrata ruso decidió competir con Trump en el terreno que los norteamericanos han considerado su área de influencia desde el siglo XIX.  La osadía de Putin colocó el conflicto en una zona peligrosa: los gringos no permitirán impunemente que Putin expanda su influencia en América Latina, utilizando como punta de lanza a Venezuela,  ubicada en una zona  clave.

Los Estados Unidos no desean intervenir militarmente a Venezuela. No lo consideran conveniente porque no conseguirán el apoyo de sus principales  aliados internacionales: la Unión Europea, Colombia y Brasil. Tampoco están ganados para abrir una línea de confrontación con la mayoría de los gobiernos de la región, que sin duda se opondrían a una intromisión violenta. Sin embargo, no aceptarán que los rusos, los cubanos, los guerrilleros colombianos y grupos extremistas del Medio Oriente, sigan desplazándose por el territorio venezolano, como si estuviesen en sus propios hogares. Quienes promovieron la invasión extranjera  fueron los chavistas y los maduristas. La incursión cubana, bielorrusa e iraní comenzó hace veintiún años, cuando Hugo Chávez ascendió al poder. Luego, con Nicolás Maduro,  esa presencia se ha hecho más avasallante con el arribo de los chinos, los turcos y los rusos.   

        Estos últimos, con la excusa de asistir y adiestrar a los militares venezolanos en el uso de las armas que el gobierno les compra, se han instalado en Venezuela. Desde hace dos década el régimen renunció a la soberanía nacional y se entregó en los brazos de países extranjeros. A partir de 2015, cuando Maduro perdió la Asamblea Nacional por mayoría abrumadora y vio cerca su final y el de la era chavista, optó por profundizar sus alianzas estratégicas con esos países, privilegiando la cercanía con Rusia. Su interés de atornillarse a Miraflores coincidió con el proyecto expansionista de Vladimir Putin. Por esta convergencia de intereses objetivos, el nuevo zar de Rusia ha respaldado todas las arbitrariedades cometidas por Maduro. Avaló la ‘institucionalidad’ madurista: el TSJ presidido por Maikel Moreno, creado en diciembre de 2015; la asamblea nacional constituyente, presidida por Diosdado Cabello; las elecciones de mayo de 2018, cuando Maduro fue reelecto, y causa fundamental de la insondable crisis  política y económica que vivimos.

     La anexión a las aspiraciones expansionistas del caudillo ruso y la tutela militar del nuevo imperialismo a Maduro, han sido recompensadas con la solidaridad automática de Putin a todos los atropellos al estado de derecho perpetrados por el régimen venezolano.

         La aspiración de Maduro de permanecer en el poder se complementa con el deseo de Putin de convertir a Venezuela en la plataforma de lanzamiento de su proyecto imperial en Latinoamérica. Putin necesita tiempo para que el plan se consolide. El régimen autoritario liderado por Maduro, también. 

        Es ideal: desprecia la alternancia en el poder y las elecciones libres, al igual que su tutor. Este panorama geopolítico lo ven despejado los países aliados de la democracia venezolana. Por ahora, han desechado la incursión militar. Lo que no han descartado, ni descartarán, son las sanciones contra el gobierno de Maduro. El objetivo luce claro: aislarlo, cercarlo, debilitarlo, hasta obligarlo a ceder en lo único que le exigen: que convoque unas elecciones presidenciales justas y competitivas, con la presencia de supervisores internacionales.

        Maduro se refugió en la cápsula que le fabricaron los rusos. Basta que Putin, con su frío pragmatismo, se convenza de que el costo de ese apoyo resulta mucho alto que la ganancia, para que el jefe del Psuv quede guindado de la brocha. En ese momento solo dependerá  de la fortaleza que le brinden los militares, quienes en la Venezuela  actual piensan más con las manos en los bolsillos, que con las manos en el corazón.    

         En términos muy comprimidos, este el cuadro actual. Las sanciones resultan lamentables, pero serán inevitables mientras Maduro se niegue a convocar elecciones presidenciales libres.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

viernes, 18 de octubre de 2019

FROILÁN BARRIOS: LA FARSA DEL SALARIO MÍNIMO INTEGRAL

De nuevo recurre el régimen madurista a sus prácticas autoritarias al decidir unilateralmente el nuevo salario mínimo nacional, sin haber consultado a empleadores privados, ni a trabajadores representados en centrales sindicales o federaciones nacionales su opinión en la materia.

Con su actitud este gobierno bandolero no escatima esfuerzos en demostrarlo, a nivel interno y ante la comunidad internacional, al desestimar que este año 2019 específicamente en julio, vino una Comisión de Encuesta de la OIT a propósito de la queja introducida por FEDECAMARAS en torno a la urgencia de la consulta tripartita establecido en el convenio 26 de los estatutos del organismo.

Pues bien, la actitud contumaz de la tiranía se agrava luego del Informe final de esta misión internacional, emitido el pasado 30 de septiembre, donde se conmina al gobierno su obligación de sentarse en la mesa tripartita con empleadores y trabajadores, a fin de decidir sobre salarios específicamente, y adicionalmente le indica la liberación inmediata de Rubén González y Rodney Álvarez, sindicalistas de la empresa básica FERROMINERA, entre otras decisiones del organismo internacional.

De esta manera a tan solo 14 días del pronunciamiento de este órgano de la OIT, impone un nuevo salario mínimo que en nada resuelve el tema del poder adquisitivo tan resaltado en el Informe de la Comisión de DDHH de la ONU  dado a conocer por la Comisionada Michelle Bachelet este mismo año.

El nuevo aumento alcanza la cantidad de 300000 bs. según la nota gubernamental emitida por redes sociales, es presentada en forma fraudulenta como salario integral, cuando en realidad es solo salario la cantidad de 150.000 bs, utilizable para el cálculo de utilidades, prestaciones sociales, vacaciones, horas extras, etc. El resto es solo un bono sin ninguna incidencia salarial.

En realidad este nuevo aumento tendrá el mismo destino de los otros, y es demostrar su incapacidad de restaurar el poder adquisitivo, ante una canasta alimentaria según el CENDAS-FVM cercana a los 5.000.000 de bs. y una canasta básica de bienes y servicios próxima a los 8.000.000 de bs., lo que significaría adquirir un 6% de la primera y un 3.75% de la segunda.

Esta realidad no la reconoce un vocero de marras oficialista, diputado de la fraudulenta ANC, al informar que si es suficiente el aumento al poder adquirir con esa cantidad todos los productos de la caja CLAP, argumento risible ya que ese mecanismo de distribución alcanza un 30% de la población y sus productos son de pésima calidad, en muchos casos descompuestos.

Lo que es evidente es la manipulación de un régimen tirano y farsante, que ofertó en agosto 2018 un salario mensual equivalente a 30 $ mensuales, para hoy luego de 14 meses con indicadores de inflación de 7 cifras,  implanta un ingreso mensual cercano a los 15 $. Datos que nos colocan en el Inframundo de la pobreza extrema, al indicar la OIT y el BM que el salario de pobreza extrema es de 1,9 $ diarios, entre tanto el nuevo ingreso mínimo alcanza solo 0.5 $ diarios, como resultado de la política económica mas brutal y exterminadora contra un pueblo.

Situación que se complica más con la actual distribución de la población en Venezuela, donde los adultos mayores, pensionados y jubilados, quienes representan hoy la data de 4.500.000 personas, obligados a sobrevivir con  la pensión o jubilación de 150000 bs, y condenados al infortunio luego de haber aportado tras décadas de labor su trabajo y esfuerzo a la prosperidad del país.

Froilán Barrios N.
@froilanbarriosf

martes, 1 de octubre de 2019

MARYCLEN STELLING: AVATARES

La internacionalización del conflicto venezolano ha conducido indefectiblemente a la internacionalización del diálogo, sometido en consecuencia al influjo de actores y factores externos.

Estamos en presencia de la internacionalización cuando, “explícita y conscientemente”, uno o más actores domésticos deciden incluir agentes externos en cualquier fase de un conflicto interno. La internacionalización, se refiere entonces al grado de exposición de un asunto interno a la comunidad de naciones y actores del sistema mundial.

La internacionalización puede ser política o de carácter militar. La primera persigue obtener respaldo político para una causa, y para ello es fundamental el apoyo y legitimación de actores internacionales. La militar pretende el apoyo logístico o militar como vía para resolver el conflicto interno, tal como lo plantean sectores radicalizados de la oposición.

En el caso venezolano, el Gobierno busca legitimidad para obtener apoyo internacional a favor de su derecho a gobernar y atacar las amenazas internas y externas. La oposición procura legitimidad para obtener apoyo internacional en su lucha contra lo que consideran un “Gobierno ilegítimo, opresor y violador de los DDHH”.

La comunidad internacional, en concordancia con la polarización interna, se debate entre incrementar las sanciones o promover el diálogo, la paz y garantizar las decisiones que tomemos internamente. La mediación de Noruega – actor invitado a participar por las partes en conflicto- está oficialmente suspendida, aun cuando para otros espacios políticos se encuentra definitivamente cancelada. Situación objeto de todo tipo de rumores y especulaciones catastróficas especialmente en sectores radicalizados de oposición. Se afirma “el fracaso de Barbados”, se pronostica el recalentamiento de la conflictividad y el surgimiento de nuevos conflictos.

Internacionalizados tanto el conflicto como la negociación, el diálogo –en tanto víctima- transita por una suerte de calvario plagado de avatares, problemas, vicisitudes, acusaciones y nuevos desacuerdos que obstaculizan “sin querer queriendo” su feliz término.

A ello se añade el peloteo de la culpa entre los actores políticos, con la consecuente preocupación y el alto nivel de angustia en la población.

Maryclen Stelling:  
@maryclens 

lunes, 2 de septiembre de 2019

RICHARD CASANOVA: ELECCIONES PARA SUPERAR LA CRISIS, NO PARA ATORNILLAR AL RÉGIMEN

Desde algunos sectores de la oposición se insiste en participar a todo evento en las elecciones parlamentarias que pretende convocar arbitrariamente el gobierno ¿Una nueva Asamblea Nacional es la solución a esta pavorosa crisis que padece el país? ¿Acaso hoy no tenemos mayoría en el parlamento y antes de que se instalara, ya el gobierno había actuado desde el írrito TSJ para burlar la voluntad de los venezolanos y secuestrar al Poder Legislativo?  ¿Acaso no montaron una ilegal y oprobiosa Asamblea Constituyente para intentar liquidar al parlamento? ¿Qué garantías hay de que esta truculenta historia no se repita?  Ninguna!  

La dictadura calcula que con esas elecciones (solo parlamentarias) gana tiempo y se garantiza su permanencia hasta final del período.  No se percata de que la situación es insostenible y el gobierno se ha hecho inviable.  Al contrario, si esos comicios no incluyen la elección de un nuevo presidente y un cambio de gobierno, la crisis se prolongará y con total certeza se agudizará, elevando la conflictividad social y abriendo la puerta a salidas violentas,  golpistas, intervencionistas y otros atajos de consecuencias inimaginables.      

A pesar de ello, algunos sectores autodefinidos como opositores plantean que indefectiblemente hay que participar en cualquier elección sin importar las condiciones, ni la unidad y mucho menos la opinión del resto del país. Argumentan a partir de falsos supuestos, interpretaciones maniqueas de la democracia y otros alegatos de orden principista. En algunos casos, la intención de tergiversar el debate es deliberada.  Decir que los "participacionistas" son demócratas y todos los demás solo buscan un desenlace bélico o están a favor de una intervención militar, es una falacia ¿Quién les dijo que Guaidó, la AN o algún factor de la coalición opositora mayoritaria, no desea una salida electoral a la crisis?    

A eso apostamos todos y en el G4 (principales partidos de oposición), no hay la menor duda sobre el particular.  Lo que hay es una ruta para lograr que esas elecciones (parlamentarias y presidenciales) se den en las mejores condiciones posibles y por eso se agotan todos los esfuerzos de negociación con la intermediación de Noruega y mucha presión internacional.  Lo que hay es una determinación absoluta de ir a un proceso que contribuya o se traduzca en una real salida a la crisis, no unas elecciones para complacer al régimen, atornillarlo y como dijimos antes, prolongar la crisis, agudizando la tragedia que sufren los venezolanos.   Una salida electoral es lo ideal pero tenemos el compromiso de tomar una decisión consustanciada con la realidad y atendiendo a la opinión del país: gremios profesionales y empresariales, sindicatos, universidades, la iglesia y en general, la sociedad civil organizada.  

No hay duda alguna, lo que hay es un propósito firme de actuar de manera unitaria y a partir de lo antes expuesto: dependiendo de las circunstancias, vamos todos o no va nadie.  A diferencia de otros que piensan “vamos nosotros así no vaya nadie”. Queremos unas elecciones que sean realmente una salida y si no lo son, habrá que evaluar otras opciones.   

A esa oposición que insiste en enturbiar el debate, les decimos que participar en una farsa no está alineado con los principios democráticos con que pretenden arropar sus opiniones.  En todo caso, no es el peor escenario que el gobierno compita solo -contra sí mismo o contra candidatos prefabricados-  pues se trata de un régimen desprestigiado e ilegítimo, que pocos reconocen, que está internacionalmente acorralado y financieramente arruinado. Nuestra preferencia es clara a favor de un desenlace electoral pero no es incondicional, ni es la única opción que tienen las fuerzas democráticas, eso es bueno que lo tenga claro la dictadura y quienes estén pensando en ponerle el hombro en esta hora agónica. 

Richard Casanova
@RichCasanova 
Dirigente progresista / Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Vzla.  

viernes, 16 de agosto de 2019

GONZALO VILLAMIZAR A : NECESITAMOS OTRA MENTE SUPERIOR

Aparece nueva manera de simular y disimular en las maniobras emanadas del Palacio de Miraflores, propias de mentes imposibles de sanar, porque  sus trucos se adivinan desde lejos, no logran engañar, como se evidencia en el acto político del pasado sábado 10 de este mes de agosto, realizado en las cercanías de Catia, por ellos considerada morada devota del chavismo. Por allí congregaron para mostrar al mundo los extremos del frenesí, cánticos y gritos de un grupo  colmado de banderas y carteles, con estruendos que todo lo cubrían, aplaudiendo  a Maduro, Vladimir, Cabello, los Rodríguez y el resto de los gobernantes y enchufados que llevan vida de multimillonarios. 

El gentío presente son los que perciben una bolsa diaria de comida como recompensa por su entrega incondicional. No cesan las algarabías y de pronto un silencio para agradecer la presencia del contingente “militar” procedente de Fuerte Tiuna; es parte de la milicia bolivariana formada por Maduro, de dos millones de efectivos, anuncios dicen van para cuatro; son gente de ambos sexos, sin límite de edad ni educación, han aprendido solo a disparar rifles; con ellos y  la enorme plataforma bélica rusa instalada por doquier, amenazan al gigante capitalista, un pleito entre mono y tigre, desgracia para Venezuela. 

No son imperios los que han acabado con nuestro país, son estos homenajeados, durante 20 años han destruido a PDVESA que nos daba el alimento,  eliminaron nuestra Soberanía Alimentaria, abatieron la economía, la educación, la salud, robaron mil millones de millones de dólares al erario nacional, nos han llevado a la mayor inflación a nivel mundial, atentado permanente contra la Constitución Nacional al golpear a la Asamblea Nacional y mantener activa otra asamblea electa solo para redactar nueva constitución que nadie conoce y permanece ejerciendo  los tres poderes junto a Maduro. Insólito: hambre generalizada en un país de los más ricos de la Tierra por el regalo que Dios nos ha depositado en el subsuelo.

      La concentración mencionada fue  para enviar al mundo impresionante mensaje de solidaridad venezolana con Maduro y su séquito, pero  aquel lugar, lo muestra la televisión, solo puede albergar treinta mil personas, ninguna de las calles adyacentes mostró manifestantes, un extraordinario contraste con las multitudes de  la Oposición de hasta un millón de compatriotas  en las calles de Caracas, confirmando con sondeos  actuales que dan 10% con Maduro, 90% con la Oposición.

          A nivel nacional e internacional se espera el desenlace de esta situación que no es posible soportarla más, la conmoción se generaliza al paso de los días que muchos esperan sea de horas. Ellos pregonan que se enfrentan a un “imperialismo” culpable de esta situación de caos, pero el pueblo venezolano y la objetiva opinión internacional, lo dicen sesenta países, señalan exclusiva responsabilidad del grupo sectario y malévolo de este gobierno que insiste en llamarse revolucionario chavista, con retratos del malhechor Hugo junto a Simón Bolívar, igualándolos, pervirtiendo la historia y golpeando el honor del Padre de la Patria, humillación para los venezolanos, vista en gestos y palabras de Maduro y los altos militares que lo rodean, haciéndose indignos de las glorias que honran a nuestras Fuerzas Armadas en la Historia.

       La solución está dentro de nuestras Fuerzas Armadas, no sucederá la matanza escalofriante de la invasión porque alguien dará un paso adelante para derribar la cúpula militar cómplice eliminando el gobierno actual y devolviendo la dignidad a nuestra Fuerza Armada. Ya dimos el Genio de América, esta vez necesitamos un hombre digno, valiente, de cerebro superior a sus compañeros de milicia, capaz de vencer los centenares de obstáculos donde prevalecen espionajes de Cuba, Rusia, China, India, Irán, Islamismo. Venceremos porque entre nosotros aún existen los componentes genéticos y la forma de conducirse la naturaleza, con capacidad para elaborar  otro hombre, grande por su valentía y cerebro superior, muy por encima de humanos actuales.   ESPERAMOS LA AYUDA DE DIOS Y DEL         ALMA DE Simón Bolívar     

Gonzalo Villamizar A 
@GonzaloVillami2 
Desde Caracas Asociación de Médicos Escritores FMV

sábado, 25 de mayo de 2019

AMÉRICO MARTÍN: NEGOCIACIÓN NORUEGA

La negociación que se habría celebrado en Noruega resultó cuando menos discutible. ¿Acaso habrá sido un fantasma de la imaginación, quizá con la perversa intención de asociar con la impotencia a Juan Guaidó y a los diputados de la –fuera de serie– Asamblea Nacional? La iniciativa partió del solidario gobierno de Noruega y por supuesto merecía ser atendida como lo fue. Guaidó precisó que no se prestarían a una negociación falsa. Se supone pues que el régimen tiene que aceptar la realidad sin intentar malearla con alusiones equívocas. Y la realidad es que la negociación aceptable es la que se basa en agenda seria y completa y supervisión internacional eficaz.

Las invasiones, las insurrecciones militares, los golpes de estado en nombre de los cuales se destruyen reputaciones, se rebaja la estatura de líderes sobresalientes, se siembran dudas sobre probidad, moral o intenciones de opositores con criterio propio y distinto, confluyen en el tema de la “negociación” y las secretas conspiraciones que se esconderían tras ellas, según pregonan con guiños socarrones los que conocen cosas que ignoramos los demás. La opción parece ser guerra o guerra.

Dadas las complejidades de la tragedia venezolana, ya nada es descartable, ni siquiera los desenlaces bélicos que algunos anuncian con pífanos, como si una guerra fuera motivo de orgullo o de alegría. No obstante, las masivas violaciones a los DDHH y el lenguaje sobrancero y provocador de los altos funcionarios del poder, los atentados homicidas de colectivos y paramilitares alentados desde la cúpula revolucionaria, riegan la metástasis de nuestro maltratado país, derramándola más allá de sus fronteras. Por eso estoy consciente de que los desenlaces bélicos realmente pueden estallar.

Se condena a Chamberlain por qué no pudo calmar la ferocidad de la bestia. Se le tachó de “apaciguador” y en efecto lo fue desde que aceptó el despojo por Hitler de los sudetes checoslovacos, pero su principal crítico, Churchill, era un prodigio de inteligencia que supo distinguir entre el grave error político de Chamberlain y su empeño de evitar una guerra atroz que destruiría millones de almas. Lo trató con nobleza y respeto. ¡Claro, era Churchill!

El caso es que si esa negociación no pudo con un fanático obsesionado contra las democracias occidentales, otras lograron éxitos decisivos. Stalin, no menos diabólico que Hitler, pactó mansamente con EEUU y Gran Bretaña para sellar la derrota del eje nazi-fascista. Y en tiempos recientes se negocian sin dejarse arrastrar por el odio –así sea legítimo– o por un eticismo de ornato. No toda negociación con tiranos es negativa. Es más, puede ser efectiva por eso mismo, porque son los que deciden a su aire.

Lo que cuenta en las negociaciones es la fuerza y la necesidad manejadas por el talento. Si las partes se sientan a negociar es porque no tienen más remedio.Y ese es el punto. No hay que recibir como una maldición estas posibilidades

Maldición sería desaprovecharlas por falta de talento, fuerza e imaginación. Es lo que debe esperarse del Presidente Guaidó y la Asamblea Nacional. Tan malo como descartar de plano es aceptar lo que se dé, tipo Chamberlain.

¿Puede haber paz democrática sin jinetes del apocalipsis? La iniciativa noruega sigue en curso. Ojalá se vislumbre un horizonte irisado que nos salve del horror e impulse un cambio democrático hacia la libertad y la prosperidad.

¡Así son las cosas! repetía mi amigo Oscar Yánez. No tan buenas ni tan malas como parecen, agrego yo. Las grandes decisiones se toman en el helado cerebro, y no en el ardiente corazón.

Américo Martín
@AmericoMartin

miércoles, 22 de mayo de 2019

CARLOS BLANCO: LA MESA DE LAS OPCIONES NO TIENE PATAS

¿Las negociaciones, diálogos o acuerdos con el régimen de Maduro pueden conducir a que el régimen se vaya? Si la respuesta es positiva, desde luego que sería excelente noticia; si la respuesta es negativa, tales tratativas son inútiles y peligrosas.

El régimen no cesará porque sus próceres se cansen o se atengan a algún código de honor que los obligue a apartarse si pierden el favor popular o si el mundo los rechaza; para este régimen esos son motivos más contundentes para aferrarse al poder; después no los espera un posible come back o el disfrute plácido en una dacha estilo Putin sino la furia popular doméstica o la justicia internacional, con las salvedades de quienes faciliten el tránsito a la libertad.

Es indispensable entender que lo que gobierna a Venezuela no es solo la sangrienta dictadura de Maduro sino una corporación criminal que integran cubanos y rusos, narcotraficantes, Hezbolá, mafias mineras, FARC, ELN, y todo ese bichaje que ha encontrado madriguera al amparo del chavismo. Aunque algunos del madurismo puedan tener la tentación del salto en el acantilado a ver si allá abajo flotan, solo lo harán los que estén en los márgenes.

En esa Corporación Criminal las acciones de Maduro pueden estar a la baja, pero los otros socios están dispuestos a mantener el control del territorio nacional, indispensable para sus tropelías, beneficios y fechorías particulares; eso explica que ni que Maduro quiera negociar –que no quiere- lo van a dejar.

Por eso es una ilusión (ciertamente muy perversa) imaginarse un gobierno de Guaidó, como dicen que algunos pretendían el 30 de abril, flanqueado por Padrino López y Maikel Moreno; es un tipo de gobierno que acabaría con Maduro y Guaidó, al mismo tiempo.

Es obvio que los generales del Alto Mando y varios oligarcas rojos envían mensajes cifrados de tiempo en tiempo; pero, a estas alturas, se debería haber aprendido que cuando no son maniobras cubanas de diversión, son seguros contra todo riesgo que tratan de comprar en la acera de acá.

Lo nuevo de este proceso es que los intentos de marginar, por ejemplo, a Diosdado Cabello, para dejar a Maduro mayor capacidad de maniobra, se han traducido en que Cabello se coló por el hombrillo, y hecho el tonto, saltando sobre cauchos y haciendo de gordito rampando, se puso al frente de “la solución militar” del régimen, eso sí, con la plegaria diaria por el diálogo que él dice adorar.

Los fracasos del 23 de febrero y del 30 de abril, de la controversia sobre el pago de los intereses de los bonos 2020, de la amenaza de invocar el TIAR pasándolo luego a una comisión, la omisión del llamado a la Responsabilidad de Proteger y al artículo 187.11, cualquier fuerza negociadora que podría haberse necesitado, ha mermado.

Carlos Blanco
@carlosblancog

sábado, 4 de mayo de 2019

THAYS PEÑALVER: GUAIDÓ, COMBATIENDO A TODO EL RÉGIMEN

Para mí, la frase aquella atribuida a Simón Bolívar de que “Colombia era una universidad, Quito un convento y Venezuela un cuartel”, me pareció siempre una exageración. Porque ser un cuartel, lo que se dice cuartel, eso nunca ha sido mi país en toda su historia. Un cuartel es sinónimo de orden, respeto, disciplina, planificación, logística, en fin, muchas otras cosas que en la pequeña Venecia brillan por su ausencia.

De hecho, a mi parecer, Venezuela es y ha sido siempre todo lo contrario a un cuartel. Por eso es tan difícil responder a los españoles a la pregunta “¿Por qué Guaidó no ha logrado su cometido?“. Que no es otra cosa que un eufemismo para ocultar una pregunta más directa: “¿Están realmente los militares venezolanos con el régimen?”. Por eso siempre será muy difícil responder “¿qué ocurrió, ocurre y qué ocurrirá en Venezuela?”.

Lo primero que usted debe saber, apreciado lector, no es si los militares están con Maduro, porque le puedo asegurar que no, no lo están, de hecho la mayoría siente por él un desprecio interesante. Ni siquiera lo quieren aquellos que usted ha llegado a creer que se rasgan las vestiduras por él o matarían por él. De hecho, la inmensa mayoría de ellos piensan que no está a la altura de su anterior comandante en jefe, piensan que está llevando al país al colapso total y, además, que habría que reemplazarlo y rápido.

Quienes no me conocen, dirán que puedo estar diciendo esto porque soy una opositora recalcitrante y porque apoyo al presidente encargado Juan Guaidó y a la recientemente institución que representa, razón por la que tiendo a analizar esta coyuntura histórica de Venezuela como si fueran mis deseos los que hablan. De hecho, usted con toda razón me diría: “¡Venga ya! Si Guaidó no ha podido convencerles de nada!”.

El problema, amigos míos, es que yo no digo esto porque Guaidó me caiga bien, lo digo porque me he ocupado, a lo largo de estos 20 años de chavismo en mi país, de estudiar minuciosamente a los militares, de quienes podría asegurar saben perfectamente el rumbo que lleva la nación, son conscientes de la gravedad de la situación y de que, si no ocurre un cambio en las próximas horas, podrían perderlo todo. Y, principalmente, entienden perfectamente que ya Venezuela es un estado fallido. Ahora bien, aquí está la confusión en la que todos caen en este momento delicado para mi país y que nadie o muy pocos entienden, inclusive la dirigencia política interna y externa. Y es que no se trata de un asunto de buscar con pinzas dentro de la FAN (Fuerza Armada Nacional) a quienes estén o no con el régimen: el problema es que todos en su conjunto son el régimen.

No se trata de buscar dentro de las Fuerzas Armadas a quienes estén o no con el régimen: el problema es que todos en su conjunto son el régimen

Nicolás Maduro es incidental. Un mal accidente, un error histórico tras la muerte de Hugo Chávez y es por esto que usted leerá lo mismo, no de mí -una conspicua socialdemócrata-, sino de boca de Juan Carlos Monedero, Heinz Dietrich o Alan Woods, por nombrar a alguno de los asesores reales del modelo venezolano. Porque saben de qué hablo, Maduro no existe, solo “el régimen” y los regímenes alternativos que lo usufructúan como un títere, mientras los hijos del “régimen” ya viven en España y creen que algo como Vox es la solución para Venezuela.

Por eso no deja de ser poético ver cómo hoy Garzón, Iglesias o Monedero saltan en la defensa de un Maduro que no puede salir de Venezuela, ni asilarse porque es un preso más, de los millones que tiene “el régimen”. Uno que comenzó establecido por el caudillo a imagen y semejanza no de la Cuba revolucionaria, aquella que inició su mito en Bahía de Cochinos, invadió Angola y peleó en las selvas de Vietnam, convirtiéndose en una leyenda latinoamericana para los comunistas del tercer mundo, sino precisamente en el régimen sobreviviente posterior, ese surgido tras el derrumbe del campo soviético, destinado a la supervivencia absoluta. En fin, no la Cuba de Fidel que pretendía cubrir de rojo el continente, sino la del pragmático Raúl, un solitario destinado a sostenerse en la precariedad.

No deja de ser poético ver cómo Garzón, Iglesias o Monedero saltan en la defensa de un Maduro que no puede salir de Venezuela

Por eso, Chávez a los militares les delegó no solamente funciones, sino que les encomendó ramas completas de la economía de Venezuela. La industria siderúrgica -empresas básicas-, por ejemplo, era regentada por un mayor general y cada uno de los rubros derivados estaban comandados por generales, es decir, había uno para el hierro, otro para el aluminio y así como para el cobre, el estaño, las briquetas y pare usted de contar.

Si el rubro económico eran las minas y canteras, pues había otro mayor general a cargo y varios a quienes les fue adjudicada la administración del oro, la plata, los diamantes, el coltán, etc. Si se trataba del rubro dedicado al trasporte, pues ese comandante del transporte respondía como si se tratara de una División de Infantería. Había pues un mayor general siempre a cargo de posiciones en la administración pública, como por ejemplo el transporte aéreo, naval, terrestre, las líneas aéreas y las navieras; en fin, que todo era gobernado por los generales de Hugo Chávez.

A la muerte de Chávez, cerca de la mitad de la economía real de Venezuela era manejada por los militares

A la muerte de Chávez, cerca de la mitad de la economía real de Venezuela era manejada por los militares, pero Hugo como buen comunista se reservó para los “otros suyos” -es decir, para sí mismo- el poder real económico. Tenía a la inmensa mayoría de la fuerza armada tratando de producir desde bombillos hasta briquetas, mientras su planificación estaba a cargo de civiles comunistas principalmente europeos, su ministro de planificación era un ministro comunista cuyo padre combatió en la Guerra Civil española y el 90% del flujo de caja respondía directamente a él.

Pero muerto Chávez el panorama cambió, todos esos ministros civiles comunistas fueron expulsados, junto a los asesores extranjeros y no pocos fueron purgados, encarcelados y sustituidos por “el régimen”. Cuando Maduro empezó a darse cuenta del error que había cometido, ya era demasiado tarde y trató de cambiarlo, pero en vez de eliminarlo buscó afectos propios, dando paradójicamente cada vez más poder al “régimen”, a tal punto que hoy, el 96% de la economía o lo que queda de ésta, responde al estamento militar.

Es allí donde usted entenderá mis palabras iniciales. ¿Quiere el régimen a Maduro? La respuesta es no. Lo detesta. Pero es útil para que Iglesias o Garzón salten a protegerlo en el nombre de quien sabe que, como la gran paradoja que es, un nacionalismo militarista que consume como un parásito las rentas, que ascienden a miles de millones de dólares y que por ahora no cederán hasta verles los huesos. El régimen es la peor de las derechas, una que está más allá de “ultra”, es casi decimonónica, es un modelo diseñado para que se capaz de usar al pobre, para explotar al pobre.

De ahí la difícil y grave crisis política que usted ha visto en Venezuela en estos últimos meses. Que el liderazgo democrático exija el “cese de la usurpación” es una tarea muy compleja de cumplir si entendemos bien a qué clase de enemigo nos estamos enfrentando. Usted se preguntará como algo obvio que el presidente Guaidó le ha ofrecido a Maduro marcharse y de igual forma le ha propuesto a los militares una ley para perdonarlos si estaban dispuestos a abrir los caminos hacia la democracia. ¿Y cómo es posible que se negaran a semejante idea? Pues la respuesta ya la sabe, es simple una vez que se conoce la complejidad: Maduro es una máscara que oculta el rostro del “régimen”. No es un tema de rusos o cubanos (aunque lo es indirectamente), no es se trata de un hombre, nuestro problema es mucho más inquietante.

¿Quiere el régimen a Maduro? La respuesta es no. Lo detesta. Pero es útil para que Iglesias o Garzón salten a protegerlo

Por eso usted ha visto cómo en las últimas horas el presidente Guaidó ha pasado a la ofensiva y ya no pide el cese de la usurpación, ya ha decidido salir en su condición de comandante en jefe de la Fuerza Armada de Venezuela con hombres armados, a conquistar él mismo ese tan necesario “cese de la usurpación”. Pero en la Venezuela moderna o menos bárbara, y luego de 1939, solo existe una referencia real de pronunciamiento militar exitoso, y ese fue en 1958: “Conforme a los deseos de las Fuerzas Armadas”, como dijo el general Marcos Pérez Jiménez, “que trajo 40 años de democracia”.

Pero en el mundo civil y político venezolano, de tanto repetir una mentira muchos han terminado por creerla y por eso existe un mito que todos sin excepción creen, una épica fantástica que sostiene que han sido los civiles los que lograron que el 23 de enero se consiguiera la democracia en Venezuela, cuando la realidad es que el tirano salió, porque desde el 1 de enero las bombas le estaban cayendo en la cabeza y además porque la poderosa División de Infantería de Maracay estaba en su contra. A la semana siguiente el dictador Pérez Jiménez ya sabía que 32 de las 36 guarniciones a nivel nacional estaban alzadas y solo contaba con el apoyo de los nada despreciables y emblemáticos batallones Bolívar y Caracas.

En apenas una semana, el día 18 de enero, los principales periódicos españoles explicaban que le sucedería lo mismo que a Perón y el día 19 de enero ya Marcos Pérez Jiménez había caído técnicamente, solo era cuestión de horas para que los jefes que lo apoyaban en los dos últimos batallones le retiraran su respaldo.

El propio general, quien murió plácidamente en su palacete de La Moraleja de Madrid, en su biografía explicaría que: “Cuando ya los recluidos en los sótanos –incluido Miraflores- sobrepasaban los dos mil quinientos oficiales (..) y la situación lucía irreversible (..) llamé al Batallón Bolívar y, cuando no me contestaron, sabía que estaba todo perdido (..) nadie se me acercó a decirme: tiene usted que irse”.

Quería decir con esto Pérez Jiménez que en Venezuela solo se puede ser exitoso en un pronunciamiento militar si se tiene prácticamente a todos los militares consigo. De hecho, todo presidente de la democracia sabia perfectamente que nunca habría golpe posible si controlaban, como Pérez Jiménez, los dos batallones más grandes de Caracas y además la casa militar, a la que Chávez convirtió en una poderosísima Brigada. Todos los presidentes de la democracia sabían que aunque cualquier golpista contara con todas las demás guarniciones de Venezuela, nadie marcharía a Caracas contra estas unidades. Y esto es lo que ocurrió en los dos intentos de golpes contra de democracia en el año 1992.

¿Puede el pueblo de Venezuela saltar a las calles y vencer el tableteo de las ametralladoras? No. ¿Forzar una negociación? Quizás

¿Qué está hoy pasando en Venezuela y mientras escribo estas líneas? Veamos, aquí lo único que está claro es que el pronunciamiento ha sido hecho a muchas millas de donde está el verdadero poder militar y todo luce que las bayonetas, de manera desproporcionada, siguen del lado del régimen que usurpa el poder y tiene a todo un país secuestrado. Por eso es difícil entender qué es lo que se pretendía ayer martes con esta extraña movida.  ¿Habrá una carta bajo la manga? Esa es para hoy la esperanza de la inmensa mayoría.

¿Puede el pueblo de Venezuela saltar a las calles y vencer el tableteo de las ametralladoras? No. ¿Forzar una negociación? Quizás.

El problema es que primero hay que decidir con quién se pelea y con quién se negociará realmente, con Maduro o con “el régimen”. Y eso deben tenerlo a esta hora muy claro los actores tanto a nivel nacional como internacional.

Venezuela se está jugando su libertad, que Dios ilumine y guíe a los decisores.

Thays Peñalver
@thayspenalver 

domingo, 7 de abril de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, EL GOBIERNO QUE NO ES GOBIERNO PERO GOBIERNA


El gobierno venezolano (mejor lo llamo régimen para que los locos me sigan leyendo), que se dice inexistente, que se desconoce por inconstitucional, ilegítimo, tracalero, corrupto; que no es reconocido por un número de países que sin embargo mantienen sus embajadas abiertas y funcionando, sigue avanzando en sus acciones contra la oposición extremista de la Asamblea Nacional, y lo hace ante el debilitamiento evidente y muy acelerado de la política de su Presidente, Juan Guaidó. 

Desde que se inició la famosa hoja de ruta del “1, 2, 3, fuera”, señalé que esa oposición no había aprendido nada desde 1999 para acá, y que se empeñaba en repetir los graves errores de todos
estos 20 año, errores producto de la inmediatez en que siempre ha trabajado. No puede esperar “porque Venezuela no aguanta ni un día más” y resulta que han contribuido a que el régimen “revolucionario se mantenga por más de 20 años.

La última declaración gringa afirma que la aplicación (inconstitucional de paso) del artículo 187-11 sería hoy muy prematura. Esto se suma a las afirmaciones del propio Trump que, aunque siempre dice que todas las opciones están en la mesa, ha señalado que prioriza las sanciones económicas y diplomáticas, por lo que la militar, si existe, está de última. Esta posición unida al rechazo internacional a una invasión militar, al espectáculo grotesco ocurrido con la supuesta ayuda humanitaria, que entraba al país sí o sí; al regaño dado por Trump al Presidente colombiano, en relación a su inacción ante el narcotráfico, y a las opiniones ya tajantes contra la ruta Guaidó de su gente amiga o muy cercana, entre ellos el padre Ugalde, implican una derrota clara de la política impulsada desde el 5 de enero pasado por la AN. En este momento piensan cómo insertarse en una ruta distinta, abandonando el “cese de la usurpación” como primera opción.

Maduro y su claque, a pesar del desastre de los servicios, más que evidente con la electricidad y el agua, ha pasado a la ofensiva como se desprende de sus últimas acciones: la prisión de Marrero, mano derecha de Guaidó; el levantamiento de la inmunidad parlamentaria a éste último y las represión directa y a través de sus paramilitares mercenarios de las movilizaciones opositoras de calle, las cuales había venido permitiendo sin mayores problemas.

El gobierno avanza y de esa manera descubre hasta dónde están dispuestos a llegar los factores internacionales que apoyan al extremismo opositor. Al no existir respuestas importantes, continuará su avance, lo que a su vez significa que se fortalece, sin que esto quiera decir que está cómodo ni mucho menos, pero sin duda que está en una mucho mejor posición que la que tenía a finales del mes de enero.

Aceptar las realidades es algo imprescindible para poder enfrentarlas cuando nos sean adversas. No prometer lo que no se puede cumplir también es importante. Maduro puede políticamente ser todo lo que señalé en el primer párrafo de este artículo, pero es el Presidente, es decir es el ente que preside, nos guste o nos disguste. Entender que está muy golpeado (mucho menos que el país, por supuesto) pero que no está derrotado, es vital para la elaboración de una política que termine por desplazarlo del poder en el momento oportuno. Y este momento no depende de los deseos de nadie, ni del corazón que le metamos a su derrocamiento. Hay que construir una nueva forma de hacer oposición, sobre todo por el bien de la nación.

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro

viernes, 5 de abril de 2019

JEAN MANINAT, ABRAZADO AL PRECIPICIO


Como en unos dibujos animados trágicos –todos lo son, de alguna manera- el régimen sigue abrazado al precipicio, prendido de una rama que aguanta –por ahora- su letal peso. Patalea en el aire mientras se aferra a la protuberancia vegetal en la roca que impide su despeño, a pesar de su pesarosa consistencia. ¿Cuán enraizada está? ¿Cuánto tiempo soportará el deslave que todo se lleva a su alrededor? ¿Hay como calibrar el peso que lo empuja hacia el vacío?

Está visto que no basta con las imprecaciones de los chamanes del: ¡Cede ya maldito rebrote! Ni las amenazas de cortarlo de una sola tajada con un machete de filo mellado. Menos aún de prestarle oído a los Chance Gardiner que desde el jardín, recurren a una inanimada respuesta vegetal para responder preguntas cruciales. La política y la botánica nunca se han llevado bien, salvo en el reinado de los hippies. El régimen patalea con la destreza torpe de quien no se quiere ahogar, cuando se percata de que no sabe nadar. Recurre a Hollywood -of all places- para excusar su inaudita incapacidad para preservar lo que los primeros homínidos se agenciaron frotando dos palitos sobre una yesca: la lumbre que iluminó la oscuridad y desató la civilización.

La oscuridad la manejaron los poderosos en la Edad Media como ardid para dejar sin luces a la humanidad. Despojarse de las tinieblas ha sido la lucha de hombres y mujeres por hacerse un espacio en el libre albedrío heredado. ¡Tremendo regalo, para quien no lo exigió! Nos enseñó a pensar, por cuenta propia, y nos resguarda de la repetición monocorde de consignas y rezos mágicos.

Aferrado a su precipicio, el régimen quiere ahora espantar evocando paredones y anunciando terribles condenas. Veremos si tiene bríos para hacerlo. La oposición debería seguir presionando por una salida democrática negociada, que contemple un proceso electoral transparente, tal como lo sugiere la gran mayoría de la comunidad internacional.

Cuando todas las opciones sobre la mesa son válidas, se corre el peligro de que ninguna termine teniendo asidero en la realidad. Es la política del como vaya viniendo, le vamos dando. Es decir, la no política. ¡Qué mejor regalo para la nomenclatura gobernante!

Si es verdad que el régimen nunca aceptará elecciones libres, quiere decir que le teme como Drácula a una ristra de ajo. ¿Por qué no empujarlo entonces hacia ese precipicio democrático como sugiere la gran mayoría de los países que acompañan la lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela?

Jean Maninat
@jeanmaninat

domingo, 31 de marzo de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, ¡VAMOS BIEN! O ¿VAMOS BIEN?


Guaidó en casi tres meses ha logrado afectar al régimen castrista mucho más que la oposición en su conjunto en los 20 años previos, se ha logrado despojar a los rojos rojitos de importantísimos bienes, recursos económicos y financieros que servirán (es lo planteado) para la recuperación de la nación tras sucumbir este oscurantismo, sin embargo, las sanciones ya parecen haber cumplido su vida útil, aparte de afectar en paralelo al pueblo, nuestra nación es inconmensurablemente rica en recursos, recursos que el régimen aún controla y administra. No debemos olvidar que de las casi 50 dictaduras existentes en el planeta todas han sido sancionadas hasta la saciedad y allí permanecen en el poder…muchas por décadas.

Otro logro de Guaidó es la unión opositora, misma que es relevante en cuento logró extrapolar las barreras partidistas; educadores, obreros, trabajadores, amas de casa, etc. se han unido bajo una misma meta: Democratizar al país. Ahora, el presidente interino debe cuidar las formas, creemos cuenta con mucho asesoramiento externo lo cual lo distancia un poco de la realpolitik venezolana, recibe mucho asesoramiento influenciado por culturas políticas distintas a la nuestra, por tal motivo, incurre en ciertos errores. Haberse retratado con Rosales y Capriles lo percibimos como un error táctico, una de las características más importantes de Guaidó es su frescura política, su condición de relevo, lo cual no debe colocar en riesgo. Las uniones y estrategias político partidista son importantes, pero deben tener bajo perfil.

La calle es importante, probablemente es lo más importante, la presión social es la joya de la corona. Las marchas, protestas, concentraciones, en fin, todo cuanto haga saber al régimen, al mundo, a las instituciones que deberían ser del pueblo y hoy están secuestradas por una maleva élite inhumana, es vital, ello mantiene viva la llama del cambio, es el detonante para las grandes transformaciones. Pero hay más, el venezolano anhela, necesita cambios prontamente, a pesar que en la política invisible, la de las alianzas/estrategias Guaidó suma puntos diariamente, en la política visible, la palpable, el desgaste ante el desespero de una nación conducida intencionalmente a pobreza, se le agota la paciencia, pueblo que además se encuentra fuertemente controlado a través de la violencia institucionalizada del castrismo venezolano.

En el plano internacional lo propio, Guaidó suma los apoyos más importantes de los gobiernos, pueblos e instituciones más importantes/determinantes del globo terráqueo, ha logrado como cabeza de una circunstancia histórica reconocimiento oficial como presidente encargado, desplazando a Maduro y su régimen. Maduro probablemente cuenta solo con China como protectorado determinante, el asunto es que los chinos no son amigos ni aliados incondicionales, son inversionistas, solo velan por sus propios intereses, en el momento que China se convenza que un gobierno distinto al chavismo garantiza de mejor manera sus inversiones en Venezuela hasta ese momento Maduro ocupará Miraflores. Las demás naciones que “apoyan al hijo de Chávez” solo prestan servicios de represión al pueblo, control mediático y persecución a los opositores, tretas del todo insuficientes para retener el poder.

¡Vamos bien! O ¿Vamos bien? En lo que respecta a ese slogan guaidiano la respuesta es afirmativa no interrogativa, Guaidó y su proyecto de transición ¡va bien! el asunto es que va lento, paso a paso y ello, ante el desespero de un pueblo arrastrado a una sobrevivencia indigna, es lo que genera inconformidad. Asimismo, debe procurar tropicalizar su asesoramiento externo para no incurrir en más errores tácticos. En líneas generales, creemos que Guaidó va firme en la obtención de sus objetivos.

Leandro Rodríguez Linárez
@leandrotango

viernes, 22 de marzo de 2019

ROMÁN IBARRA, DESESPERACIÓN Y LOCURA


Luego de tanta presión nacional, e internacional para que la alta comisionada de los DDHH de la ONU produjera un informe acerca de la situación en nuestro país, finalmente envió una comisión de sus funcionarios, y el resultado en contra de la dictadura de Maduro, es harto elocuente por la gravedad de las violaciones encontradas, tales como la sistematización de la tortura, y ejecuciones sumarias realizadas por el SEBIN; DGCIM; FAES, y Colectivos Paramilitares.

Ya era hora de que produjera un informe, puesto que antes había adelantado opinión diciendo que:  ̈si bien era cierta la crisis, ello se había exacerbado por las sanciones internacionales ̈. No señora Bachelet, las sanciones fueron contra funcionarios específicos, y no contra el país.

Desde luego, la dictadura intentó –como siempre- tapar evidencias ordenando pintar, y maquillar hospitales, escondidos tras la mentira y la estafa que les son características. A través de sus colectivos asesinos intentaron ahorcar a un médico para esconder evidencias.

Ya no hay forma de ocultar las tropelías y delitos de la dictadura feroz que hay en Venezuela; no importa la censura y auto censura de medios de comunicación, hasta en eso la tecnología con sus redes ayuda para decirle al mundo la verdad de lo que ocurre en nuestro país.

Vistas las evidencias y como respuesta a Bachelet, la dictadura sin importar la presencia en el país de la comisión de la ONU, procedió a allanar la vivienda de dos importantes figuras de la oposición y del entorno presidencial como son: Roberto Marrero, Jefe de la Oficina del Presidente (e) Juan Guaidó, a quien además de atropellarlo le sembraron armamento de guerra para inculparlo, y al Diputado Sergio Vergara.

Hasta el momento de escribir este artículo, el Fiscal de la usurpación no ha dicho nada a favor de los atropellados. Eso también es costumbre, pues cuando era Defensor del Pueblo, solo defendía al gobierno del cual es militante, y ahora como Fiscal usurpador, exactamente igual. Solo defiende los intereses de la tiranía, con lo cual, se hace cómplice de la comisión de delitos de lesa humanidad. Más tarde, o más temprano, tendrá que encarar la justicia internacional.

Están desesperados en la cúpula de la dictadura, y saben que tienen los días contados. Por eso reaccionan con la violencia típica de los sátrapas.

Ellos son y representan el delito; la mediocridad; el odio; la destrucción, y la muerte!
Ahora, volvieron a traer al negociador impresentable de Rodríguez Zapatero, quien está buscándoles un exilio dorado en España para el disfrute de sus fortunas mal habidas, por las cuales, hoy los venezolanos somos más pobres que nunca.

Pues que se vayan muy lejos, y nos dejen comenzar el tortuoso camino de la reconstrucción de nuestro país. Tendremos que hacerlo todo de nuevo, pues el socialismo ladrón que ellos encarnan acabó con todo lo bueno que había sembrado la democracia civil que en mala hora fue desplazada por la antipolítica, el militarismo, y el odio del payaso eterno, y ahora de su mediocre heredero.

Al Presidente Guaidó y su equipo más cercano, que se cuiden. Esto es una señal clara de que en la desesperación, son capaces de lo peor, y luego –cobardes al fin- echarle la culpa al  ̈imperio ̈, la  ̈ultraderecha ̈, o a quien sea con tal de librarse ellos.

Nuestra solidaridad plena con Roberto Marrero, y Sergio Vergara, así como con todos los presos políticos injustamente humillados.

Respaldemos al Presidente Guaidó, y sigamos acorralando a la dictadura para que se vaya cuanto antes. Presionemos por la liberación de todos los presos políticos.
Cada hora cuenta; cuidemos al Presidente Guaidó.

Román Ibarra
@romanibarra