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domingo, 22 de enero de 2017

RICARDO VALENZUELA, LIBRE COMERCIO O MEDIO LIBRE II

REFLEXIONES LIBERTARIAS

Mientras que los defensores del verdadero libre comercio observan  los mercados y al comercio, doméstico o internacional, desde el punto de vista del consumidor, el mercantilista los observa desde el punto de vista de la élite de poder, las grandes empresas en alianza con el gobierno. Los partidarios del genuino libre comercio, consideran las exportaciones como medios para pagar por importaciones. Pero los mercantilistas pretenden privilegiar a la elite de gobernantes y empresas a costa de los consumidores, domésticos o extranjeros. Para dejarlo claro; El mercado libre y el libre comercio, no son pro empresarios, pro trabajadores, pro gobierno, son exclusivamente pro consumidores, si no es así, no es libre.

Murray Rothbard se oponía al TLC y demostró que lo que los orwellianos estaban llamando acuerdo de “libre comercio”, en realidad era un medio para incrementar el control estatal sobre las economías, sin lucir tan mal ante los ciudadanos que no se dan cuenta de la trampa que les están tendiendo. Hay muchas señales que nos llevan a la conclusión de que, las políticas proteccionistas a menudo se esconden en la trastienda de acuerdos de libre comercio, pues, como afirmaba el mismo Rothbard, “el genuino libre comercio no requiere de tratados y, si es necesario, debe ser unilateral”.

No hay necesidad de tratados ya que lo que tratan de armonizar, se puede armonizar por sí mismo. Esta era la doctrina de J.B. Say y de toda la escuela económica francesa hasta Michel Chevalier. Es el modelo exacto que León Say adoptó en Francia en esos momentos de la historia. Era la doctrina de la escuela económica inglesa hasta Cobden. Cobden, al asumir la responsabilidad del tratado de 1860 entre Francia e Inglaterra, se acercó más a la recuperación de la odiosa política de los tratados de reciprocidad, y coqueteó al olvidar la doctrina de la economía política de la cual, en la primera parte de su vida, había sido un defensor intransigente.

El libre comercio no requiere cooperación interestatal. Por el contrario, para que funcione mejor, puede y tiene que ser realizado unilateralmente. Igual que la libertad de expresión no necesita cooperación internacional, la verdadera libertad de comercio con los extranjeros, no necesita de gobiernos ni tratados.

Art Laffer en alguna ocasión explicaba lo que debería ser libre comercio: “Imaginemos que en EU se inventa un medicamento para curar el cáncer. Al mismo tiempo en Japón se inventa una vacuna para prevenir ataques al corazón. Los japoneses inician la venta de su vacuna en EU, y desaparecen los ataques al corazón. Pero cuando nosotros tratamos de vender en Japón nuestro invento para curar el cáncer, el gobierno no lo permite. ¿Qué vamos hacer? ¿Prohibir que ellos vendan su vacuna en EU? Por supuesto que no. Si ellos quieren seguir muriendo de cáncer, su problema. Nosotros no queremos seguir muriendo del corazón”.

Los verdaderos creyentes del libre comercio no temen el unilateralismo. El obtuso hecho de que burócratas no conciban la economía internacional, fuera de un marco legal establecido por acuerdos intergubernamentales, basta para entender la desconfianza que expresan hacia la libertad individual. Esto refuerza la convicción de que estos acuerdos están motivados por las preocupaciones mercantilistas, en lugar de los genuinos objetivos de libre comercio.

En 1859, el economista liberal francés, Michel Chevalier, se reunió con Richard Cobden (padre del libre comercio internacional) para negociar un tratado de libre comercio entre Francia e Inglaterra. Es verdad que este tratado, aprobado en 1860, fue un éxito temporal para los amantes de la libertad. Sin embargo, lo que muy poca gente sabe es que, al principio, Cobden, de acuerdo con la doctrina de libertad, rechazó considerar, negociar o firmar ningún tratado. Su argumento era que el libre comercio debería ser unilateral, que no consiste en tratados, sino en completa y total libertad en el comercio internacional, independientemente de dónde proceden los productos. Pero ya coqueteaba con la idea de reciprocidad.

Chevalier finalmente tuvo éxito en conseguir el apoyo de Cobden. Pero Cobden expresaba una profunda confusión por el completo secreto que rodeaba las negociaciones y, en una carta a Lord Palmerston, atribuía este secreto a la “falta de coraje y honestidad” del gobierno francés. Hoy día persiste esa la falta de transparencia con respecto a las negociaciones de libre comercio, ello que provoca una ignorancia peligrosa de sus contenidos, para luego sorprendernos con sus resultados los cuales, algunos no son lo que pensábamos.

En negociaciones de EU con otros países, el que hayan sido conducidas por Reagan o Bush o Clinton, o Bush II, Obama, el objetivo siempre ha sido forzar a esos países a comprar más productos americanos a cambio de lo que EU, gentilmente, pero de mala gana, permitiera a los japoneses, chinos, coreanos, mexicanos etc, vender sus productos a los consumidores americanos. Las importaciones son el precio que los gobiernos pagan para que otras naciones acepten las suyas. Pero además, como afirmaba Adam Smith, la única razón de un país para exportar, es tener las divisas para poder importar.

Otra característica crucial de la política comercial del establishment, fue establecer fuertes subsidios a las exportaciones en nombre del “libre comercio”. Uno de los métodos favoritos para ello, ha sido el popular sistema de ayuda a países extranjeros el cual, bajo el disfraz de reconstruir Europa, detener al comunismo, o esparcir la democracia, el proceso se convierte en un fraude mediante el cual se obliga a los contribuyentes a subsidiar a las empresas exportadoras, y a los gobiernos extranjeros que apoyan este sistema. El TLC siempre ha representado la continuación de éste sistema, enlistando al gobierno de los Estados Unidos y sus contribuyentes en ésta causa.

El TLC, fue establecido solamente como un tratado de comercio entre grandes empresas. Es parte de una muy larga campaña para integrar y cartelizar al gobierno, buscando fortalecer la economía mixta intervencionista que ya existe. En Europa, la campaña que culminó en el Tratado de Maastricht, fue la estrategia para imponer una moneda común, un poderoso banco central europeo, y forzar a sus economías, relativamente libres, para avanzar hacia los descarados estadios regulatorios y asistencialistas. Y en estos momentos está a punto de desintegrarse.

Finalmente, como señalaba Vilfredo Pareto: “Desde el punto de vista del proteccionista, los tratados de comercio son lo más importante para el futuro económico de un país. Pero cada vez que se aprueba uno nuevo, lo que emerge a simple vista, sí es la atenuación de las barreras arancelarias, pero lo que no se ve es la agresiva proliferación de barreras no arancelarias, que impiden la libre empresa y crean monopolios a escala internacional a costa del consumidor. Es la hora del verdadero libre comercio”.

"Si pudiésemos correr el velo oscuro de la antigüedad [en lo referente al origen de los reyes, del Estado y los impuestos] y pudiéramos rastrearlos hasta sus orígenes, encontraríamos que el primero de ellos no fue más que el rufián principal de alguna banda desenfrenada; su salvaje modo de ser o su preeminencia en el engaño, le hicieron merecer el título de jefe entre canallas. Incrementando su poder y depredación, obligó a los pacíficos e indefensos a comprar su seguridad con frecuentes contribuciones." Thomas Paine.

Ricardo Valenzuela Torres
chero@refugioliberal.net
chero@reflexioneslibertarias.com
@elchero  
México-Estados Unidos

domingo, 15 de enero de 2017

RICARDO VALENZUELA, LIBRE COMERCIO, Y COMERCIO MEDIO LIBRE, PRIMERA PARTE,

REFLEXIONES LIBERTARIAS

Durante el último año, primero como candidato y ya como presidente electo, Donald Trump fue origen de tumultuosas olas de confusión, desconfianza, pánico, tal vez, por declaraciones que hacía en relación a Mexico, los mexicanos y, sobre todo, el futuro de la relación comercial entre los dos países y, en general, el futuro del comercio mundial. No es secreto que el nuevo presidente de EU, considera que esta relación con nuestro país ha sido desventajosa para los EU y muy ventajosa para Mexico y otros países.

Ello me ha provocado analizar de nuevo el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, EU, y Mexico, en el aniversario 23 de su inicio. Revisé primero las pláticas preliminares, las negociaciones, hasta llegar a la firma, el inicio de su ejecución aquel mes de Enero de 1994. Este análisis lo he basado en infinidad de artículos publicados por Murray Rothbar en aquella época, en la cual se oponía al TLC. Pienso que en estos momentos es importante entender lo que realmente es, o debería ser, libre comercio. Es igualmente importante identificar las dos corrientes filosóficas, que tradicionalmente se han enfrentado en el campo de batalla de los mercados mundiales; Mercantilismo y Liberalismo.

Pareciera que el establishment norteamericano está formado por la gente más ingenua de este planeta. Cuando en Rusia Gorbachev intentó vender sus tímidas reformas como “socialismo de mercado,” solo el establishment estadounidense celebró con júbilo lo que consideraban un gran avance. Pero el pueblo soviético inmediatamente se dio cuenta de lo superficial que eran y no las aceptó, puesto que ellos exigían cambios más profundos. Cuando el Stalinista polaco Oskar Lange afirmaba abrazar el “socialismo de mercado”, solo los economistas en EU echaron porras festejando el evento. El pueblo polaco conocía lo que eso significaba, pues ya lo habían experimentado y los resultados eran hambre y pobreza. 

Desgraciadamente para mucha gente, el único requisito para convencer del contenido “liberal— empresarial” de cualquier esfuerzo, es simplemente colgarle la etiqueta “de mercado”, y así hemos atestiguado el surgimiento de grotescas creaturas como el “socialismo de mercado” o el “liberalismo social de mercado”. Igualmente, la palabra “Libertad” también es usada para justificaciones, pero es solo otra forma de conseguir simpatizantes en una era que se exalta la retórica sobre la sustancia. Por eso, el simplemente llamar a cualquier propuesta, “libre mercado” o “libre comercio”, es misión cumplida, pues las potentes etiquetas suelen ser suficiente para sorprender a los atarantados y desinformados.

Y así, entre los más grandes apasionados del libre comercio, la etiqueta, “Tratado de libre comercio de América del Norte”, garantiza una aceptación total y gran admiración. “¿Quién se puede oponer al libre comercio?” Los profesionales que lo inventaron y decidieron bautizarlo como libre comercio, son los que llaman al gasto de gobierno “inversión”, a los impuestos “contribuciones”, y a las alzas de impuestos “reducción del déficit.” Los comunistas también conjugaban su sistema con la palabra libertad.

El libre comercio genuino no debería requerir de acuerdos. Si el establishment quisiera un país navegando en el paraíso del libre comercio, lo único que tiene que hacer es revocar los numerosos aranceles, las cuotas de importación, las leyes anti-dumping, las aduanas con su corrupción, manipulaciones de monedas etc. En resumen, todas las restricciones impuestas al comercio. No se requiere maniobras de política exterior. La libertad es uno de los derechos naturales y no deberíamos solicitarlo a los gobiernos.

Si algún día se anuncia la emergencia de un proyecto de auténtico libre mercado, hay una forma fácil para comprobarlo. El gobierno, grandes empresas, todos los medios, sindicatos, la iglesia, de inmediato se atrincherarían para combatirlo con todas las armas en su  arsenal. Veríamos encendidos editoriales previniéndonos sobre el retorno del colonial siglo XIX. Los académicos volverían a referirse a las viejas historias de explotación afirmando que, sin una coordinación y regulación del gobierno, esto se convierte en anarquía y fracasa.

La proclama tan especial de “libre comercio” propiedad del establishment, alberga lo opuesto de la verdadera libertad de intercambio. Sus políticas, metas y tácticas, han sido consistentes con aquellas del enemigo tradicional del libre comercio, el mercantilismo. Un conjunto de ideas políticas y económicas que se desarrollaron durante los siglos XVI, XVII y la primera mitad del siglo XVIII en Europa, y que se caracterizaron por una fuerte intervención del estado en la economía, al mismo tiempo que se desarrollaba el absolutismo monárquico.

Las medidas del Mercantilismo se centraron en tres ámbitos: relaciones entre el poder político y la actividad económica; intervención del Estado en la economía; y control de la moneda. Procedieron a la regulación total de la economía, la unificación del mercado interno, el aumento de la producción propia, controlando recursos naturales y mercados exteriores e interiores, protegiendo la producción local de la competencia extranjera, subsidiando empresas privadas creando monopolios privilegiados, imposición de aranceles a los productos extranjeros,  incremento de la oferta monetaria—mediante la prohibición de exportar metales preciosos y la acuñación inflacionaria, buscando la multiplicación de ingresos fiscales. Todo ello con la última finalidad de la formación de Estados-Nación lo más fuertes posible.

Pero el mercantilismo tendría un enfrentamiento con la ideología que se oponía a todos sus principios, el Liberalismo. Una filosofía política que defiende la libertad individual, la iniciativa privada, limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural. Se identifica como una actitud que propugna libertad y tolerancia en las relaciones humanas, basadas en el libre albedrio. Promueve las libertades civiles, económicas, y se opone al absolutismo, al despotismo y al conservadurismo. Es la corriente en la que se fundamenta el Estado de derecho, así como la democracia participativa y la división de poderes.

El pensamiento político liberal se ha edificado sobre tres grandes ideas:

Los seres humanos son racionales y poseen derechos individuales inviolables, entre ellos, el derecho a configurar la propia vida en la esfera privada con plena libertad, derecho a la propiedad y la felicidad. Este enunciado se basa en los derechos naturales expuestos por John Locke: vida, libertad y propiedad privada.

El gobierno y la autoridad política, deben resultar del consentimiento de las personas libres, debiendo regular la vida pública sin interferir en la esfera privada de los ciudadanos.

El Estado de Derecho obliga a gobernantes y gobernados a respetar las reglas, impidiendo el ejercicio arbitrario del poder.

La primera constitución liberal de la era moderna, fue la de EEUU claramente exponiendo, el documento no era para controlar a los ciudadanos, era para controlar al gobierno.


"Si pudiésemos correr el velo oscuro de la antigüedad [en lo referente al origen de los reyes, del Estado y los impuestos] y pudiéramos rastrearlos hasta sus orígenes, encontraríamos que el primero de ellos no fue más que el rufián principal de alguna banda desenfrenada; su salvaje modo de ser o su preeminencia en el engaño, le hicieron merecer el título de jefe entre canallas. Incrementando su poder y depredación, obligó a los pacíficos e indefensos a comprar su seguridad con frecuentes contribuciones." Thomas Paine.

Ricardo Valenzuela Torres
chero@refugioliberal.net
chero@reflexioneslibertarias.com
@elchero  
México-Estados Unidos

lunes, 22 de febrero de 2016

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ, AMÉRICA COLONIAL Y EL LIBRE COMERCIO

Cuando los diputados suplentes americanos en el Congreso de Cádiz (1812) solicitaron que la Monarquía reconociera mayores derechos a las Indias, propusieron la libertad de comercio con naciones extranjeras. Tal planteamiento significaba la eliminación del monopolio que mantenía la península en el intercambio con sus posesiones coloniales las cuales se dedicaban a la agricultura, a la ganadería y a la minería.

Sin embargo, la aprobación de tal asunto, según sus adversarios, podía comprometer la estabilidad del sistema colonial español ante sus enemigos exteriores que por diversos medios intentaban destruirlo apoyando movimientos de independencia, aspirando conquistar territorios y procurando obtener beneficios mercantiles.

Los parlamentarios señalaban que logrando tal medida: "se contentan aquellos habitantes...", y que asimilada la condición de las provincias americanas y las peninsulares aquellas serían a plenitud parte integrante de la monarquía y en tal carácter: "no puede negárseles lo que está concedido a España" y si ello se ocurriera, se corría el riesgo de perderlas impulsando el proceso de independencia.

A fin de conservar y pacificar los territorios de ultramar se evaluó la posibilidad de acordar tales pedimentos pero muchos se opusieron a que el Cuerpo Nacional lo estableciera, como fue el caso de don Juan López Cancelada autor del libro: "La Ruina de Nueva España si se Declara el Comercio Libre con los Extranjeros" publicado en el significativo año de 1811.

A su juicio, existían importantes razones económicas y políticas para no implementar esas acciones y que era preciso considerar el efecto sobre otras potencias rivales de España en particular la Gran Bretaña, la cual si bien no disponía de extensos territorios en América, dominaba los mares y el comercio y pugnaba por arrebatarle a aquella sus privilegios en el continente y, en particular, en Venezuela ambicionando sin ningún fundamento alguno la posesión del Orinoco para acceder así a las demás provincias interiores de América del Sur.

Entre las consideraciones políticas alegadas en contra de la apertura comercial en referencia a los derechos españoles en la Nueva España (México, Guatemala y otras regiones), se indicaba, por ejemplo, la situación de la provincia de Texas, formada en el año de 1690, y acerca de la cual citaba López Cancelada que: "habrán venido a la Corte mas de mil representaciones sobre la grande utilidad que puede dar a España; uno de los estados mas exactos probaba que en pocos años recibiría el real Erario duplo de lo que daba toda la provincia de Caracas". Por otra parte, advertía: "el necesario gran cuidado sobre que los extranjeros no abriese Comercio en aquellos países" ya que: "uno y otro punto facilitan el apoderarse de la Provincia de grado ó por fuerza; y si esta empresa era por los Estados Unidos, nos hayamos atacados por tierra y por mar, y en gran peligro de las Provincias Internas, por ser esta la llave".

Además de los asuntos concernientes a las relaciones exteriores de España se evaluó el aspecto interno de América que fue tratado en las sesiones del Congreso de Cádiz y en los debates públicos del momento, tal y como lo publicó  el: "Telégrafo Americano" (1811-1812) que dio cuenta de: "las acciones de guerra del General Calleja, en Nueva España (hoy Virrey) contra las grandes fuerzas que presentó en campaña el primer rebelde Hidalgo...", así como también la: "Conducta atroz de los rebeldes de Caracas y Buenos Ayres, con el retrato de nuestro amado Monarca Fernando VII, y otros pasajes de la perfidia y malicia de los malos criollos...".

Las amenazas exteriores se hicieron evidentes, tal y como lo expuso López Cancelada al describir el estado de las poblaciones en el norte de Nueva España, en las cuales no obstante la  lealtad de sus súbditos: "Los Estados Unidos son los que se van aprovechando de nuestra indolencia, como que ya están a 36 leguas, y no tardarán en quitar ese estorbo entre ellos y la Nueva España, según las observaciones de D. Simón de Herrera en el año de 1806 quando estuvo á la frente de nuestras tropas junto al rio Sabinas, amenazadas por las que mandaba Wilkinson...".

La Constitución de Cádiz (1812) que avanzó en lo político en materias de soberanía nacional, división de los poderes, control presupuestario, representación nacional de hemisferios y elección de diputados a nivel parroquial, partido y provincias, sin embargo, no atemperó el modelo proteccionista y centralista contrario al libre comercio de las provincias americanas, que justamente reclamaban las mismas para intercambiar con igualdad entre ellas y recibir equitativamente las riquezas y beneficios que expandieron como nunca en su historia al imperio español.

La economía colonial creció en la segunda mitad del siglo XVIII hecho que se detuvo por la guerra de independencia y mientras se organizaban las nuevas repúblicas que abolieron el monopolio comercial.

Jose Felix Diaz Bermudez
jfd599@gmail.com
@jfdiazbermudez
Anzoategui - Venezuela