Mostrando entradas con la etiqueta OVIDIO PÉREZ MORALES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta OVIDIO PÉREZ MORALES. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de diciembre de 2019

OVIDIO PÉREZ MORALES: CORRUPCIÓN CREATIVA

La biografía de la corrupción ofrece un material abundante, pues cubre toda la historia de la humanidad, dado que esta es pecadora desde el inicio, como leemos en el libro del Génesis. Y si la corrupción es amplia en su extensión, es de una gran riqueza en comprensión. En su vasto escenario se despliegan de modo impresionante la inteligencia, la imaginación, la creatividad y la innovación humanas.

La corrupción, fenómeno multiforme, se ejemplifica en el trueque que hizo la dirigencia sacerdotal de Israel con el apóstol Judas: un inocente profeta galileo por treinta monedas contantes y sonantes. Jesús, que vino a salvarnos del mal uso de la libertad y comunicarnos vida nueva, sufrió en su persona las consecuencias de uno de los primeros pecados capitales, la avaricia. En los libros del Antiguo Testamento encontramos casos patentes de trampas -aun en los patriarcas Abraham y Jacob- al igual que una repetitiva condena de faltas morales como sobornos, balanzas fraudulentas y falsos testimonios.

El pecado no es, por cierto, un tema que aparece en los libros de economía y política, como tampoco en los de tecnología, ya que son su lugar propio, pero sí se manifiesta muy activo en quienes administran bienes, manejan la res pública y utilizan los maravillosos inventos comunicacionales.

La corrupción administrativa y política está hoy sobre el tapete de la actualidad nacional. Pero ¿cuándo no lo ha estado? Antes de hacer memoria resulta pertinente, sin embargo, reflexionar acerca de la admonición del Señor Jesús a los acusadores de una mujer sorprendida en flagrancia: “Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn 8, 7).


Los obispos de Venezuela en 1904 -por entonces eran solo una media docena- en una Instrucción Pastoral dirigida al clero y demás fieles del país, dice en el capítulo titulado “De la obligación de extirpar los vicios” algo que parece escrito en estos finales de 2019: “De semejante perturbación del criterio moral proceden los fraudes y latrocinios y otros horrendos crímenes contra la justicia que mancillan las conciencias y llevan la miseria a infinitos hogares” (No. 667).

Abuso del lector citando in extenso lo que denunciaron entonces los obispos porque nos debe servir para la urgente reconstrucción nacional: “Lamentamos aquí el robo no solo en una forma ordinaria y vulgar (…) sino muy particularmente en la forma que llamaríamos decente si pudiera caberle tal epíteto a tan fea iniquidad. Nos referimos, en efecto, a ese género de fraude ya tan generalizado que consiste en apropiarse con harta facilidad lo ajeno por medio de ganancias exageradas en negociaciones ilícitas: nos referimos a la lepra del peculado, que corroe todo el organismo nacional, siendo ya principio aceptado por la casi universalidad de los criterios que defraudar el erario público no es pecado; por lo cual ya nadie se contenta con los proventos legítimos de su empleo, sino que cada uno se sirve del suyo para aumentar por medios reprobables sus recursos y fortuna, o para dilapidar mayores sumas de dinero en las exigencia del lujo y la satisfacción de todos los apetitos de la sensualidad: nos referimos a los contratos escandalosos (…) ya casi no se conceptúa como robo sino la obra brutal y grosera del ratero o del salteador, mientras el campo vastísimo de las otras especies de latrocinio, de donde proviene el mayor desequilibrio moral y material de los pueblos, está completamente abierto a la humana codicia (…) no hay remisión posible para los pecados de que tratamos si a la penitencia no se agrega la restitución”(Instrucción  667). No sobra subrayar que la corrupción se da tanto en lo público y como en lo privado.

Para reconstruir el país no basta el cambio de dirección política. Se requiere, junto a medidas contraloras y judiciales efectivas, un cambio moral y cultural. La corrupción ha penetrado hasta los tuétanos. Se roba desde las alcabalas de guardias y policías, hasta los altos mandos de las empresas, pasando por notarías, alcaldías y servicios públicos. Por eso la Venezuela de las mayores reservas petroleras del mundo está en lo que en criollo llamamos “la carraplana”. Pero ¡ánimo!, saldremos adelante con nuestro esfuerzo y el favor de Dios.

Mons Ovidio Pérez Morales
coroconcert@hotmail.com
@OvidioPerezM

jueves, 15 de agosto de 2019

OVIDIO PÉREZ MORALES: LO ELECTORAL NO AGOTA LO CONSTITUCIONAL

Resulta necesario y urgente en el marco de la gravísima crisis nacional aclarar la distinción entre solución electoral y constitucional

Sectores de la oposición han venido insistiendo que es preciso lograr la superación de la crisis nacional la por la vía electoral. Algo obvio, por lo demás, en un sistema aun medianamente democrático. La Constitución al hablar de “los derechos políticos y del referéndum popular” (Capítulo IV) establece el sufragio como el camino ordinario para solucionar crisis y cambios de gobierno.

A propósito de la revolución de 1989, que desmontó el andamiaje del bloque comunista, Juan Pablo II afirmó: “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica” (Encíclica Centesimus Annus 46). Esto lo dice inmediatamente después de denunciar la concepción totalitaria marxista-leninista,  que niega la dignidad trascendente de la persona humana y propugna un Estado absorbente de todo: nación, sociedad,  familia, organizaciones e instituciones.


Un cambio político por vía electoral es lo ordinario y normal en un país democrático. Fue lo que se vivió en Venezuela  durante casi toda la segunda mitad del siglo pasado. Nuestra historia nacional no ha sido, por tanto, una simple sucesión de gobiernos despóticos o dictatoriales, de rupturas institucionales. Registra, en efecto, experiencias positivas de Estado de Derecho, de ordenamiento constitucional, de convivencia pacífica, pluralista, beneficiosa no solo para los venezolanos sino para gentes venidas de otros países latinoamericanos sometidos a regímenes de fuerza y violadores de derechos humanos. Esto es conveniente recordarlo hoy cuando nuestro país  necesita fortalecer su esperanza.

Desgraciadamente este siglo ha sido para Venezuela un crescendo en el deterioro de vida y de convivencia democrática. El Plan de la Patria es un programa destructivo; apunta al control total económico, político y cultural de la población, en violación abierta de la Constitución y de fundamentales derechos humanos. Fundamento y guía del así llamado “socialismo del siglo XXI” es una ideología hegemónica y masificante, que contradice el “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” definido por la Constitución (Artículo 2).

Este régimen  ha cerrado las puertas a una genuina salida electoral de la crisis. El Ejecutivo ha convertido las otra ramas del Poder Público Nacional (pensemos en el Electoral y el Judicial) en instrumentos suyos. Con respecto al Legislativo no solo lo ha desconocido y agredido, sino que para desplazarlo monta un parapeto constituyente con pretensiones de supraconstitucionalidad y aun de poder originario. Ha profundizado la represión y convertido a la Fuerza Armada de la República en el sostén principal de la dictadura.

El régimen cerró las puertas a una solución electoral de la crisis. Pero no las puede cerrar a toda solución constitucional. La carta magna, en efecto, prevé soluciones especiales para situaciones excepcionales; en este sentido, además de referendos (Artículos 70 y 71) cuenta con recursos extraordinarios para restablecer el orden democrático constitucional. Es el caso de los artículos 333 y 350. Aquí  la Constitución no solo permite o aconseja, sino que ordena: todo ciudadano, investido o no de autoridad (ya civil, ya militar conviene explicitar) “tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento” de la efectiva vigencia de la Constitución (Artículo 333).

Lo constitucional (género) tiene en lo electoral (especie) su camino ordinario, pero no se agota en él. Cuando las aguas sobrepasan el nivel soportable, es obligatorio utilizar otros medios. Es lo que el desastre-colapso plantea hoy a la ciudadanía venezolana.

Es tarea entonces de la imaginación y la sensatez, de la lucidez y el coraje, pero sobre todo del amor a este país, escoger y transitar el camino más conveniente para salvarlo y construirlo.

Ovidio Perez Morales
@OvidioPerezM

viernes, 2 de agosto de 2019

OVIDIO PÉREZ MORALES: POLÍTICA Y PECADOS CAPITALES

¿Qué se hizo la plata? Es la pregunta que nos hacemos ante el empobrecimiento de un país petrolero, salido de un huracán de muy altos precios del producto. La chequera abultada del comandante permitía pasear la dadivosa espada de Bolívar por una abultada nómina de personas, organizaciones y países de este y otros continentes.

Después de esos tiempos dorados el país experimenta un cortejo de males sin precedentes en cuanto a salud, alimentación y otros servicios y necesidades fundamentales. Venezolanos salen en masa a pedir limosna por otros lares e innumerables compatriotas tienen que hurgar en depósitos de basura lo que no pueden comprar.

Junto a esto, páginas de periódicos y mensajes de redes abundan en noticias de corrupción y sus protagonistas, que gastan en centros chic europeos y  norteamericanos la cosecha de trácalas y hurtos en esta tierra bolivariana. El diccionario de la corrupción se ve enriquecido con nuevos vocablos como “bolichicos” y reedita la vieja nomenclatura de testaferros. La “oligarquía” del socialismo del siglo XXI caracteriza los nuevos tiempos.

Hay dramas inevitables como los provenientes de catástrofes naturales; pero hay otros generados por la maldad humana como el empobrecimiento de pueblos por el enriquecimiento ilícito, la malversación de fondos públicos o escandalosos derroches. Se ve que la realidad humana no marcha solamente según las leyes de las ciencias naturales y sociales, sino en sentido positivo o negativo de normas éticas, de valores morales. La economía no se maneja por sí misma; es el ser humano su tejedor.

No escasean ideologías que formulan un hombre nuevo como fruto de reestructuraciones económicas, políticas y culturales, considerando al ser humano como tendiente simplemente a lo razonable y bueno. Tal es el marxismo y un liberalismo economicista. La perfección humana vendría dada por reacomodos de medios de producción, mayor disponibilidad de conocimientos, reformulaciones jurídicas o cosas por el estilo.Transformación del hombre desde afuera.

Hay categorías que no se encuentran en libros como los de economía y derecho, pero que imprimen su huella existencial en los varios órdenes del quehacer humano. Tales son las de pecado y tentación, de moralidad y virtud.  Las genocidas cámaras de gas fueron construidas por buenos expertos ingenieros, físicos y químicos; los torturadores son summa cum laude en las asignaturas del hacer sufrir; la corrupción administrativa de altura exige especialistas de bajos fondos.

En los libros de moral y religión se habla de los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. También de que la libertad que se perfecciona en el bien y se distorsiona con el pecado, al cual invita la tentación. Cuando san Pablo habla del hombre nuevo hace hincapié en la genuina libertad, que se funda en la verdad y se esfuerza hacia el bien. En perspectiva cristiana la libertad humana es no solo limitada y frágil, sino también amenazada siempre por la atracción del mal moral o pecado, que es ruptura de la comunión con Dios y con el prójimo. La historia humana es dramático entrecruce de luz y sombra, bondad y maldad, virtud y vicio.

Por eso al ser humano no se lo puede arreglar solo ampliando sus conocimientos, habilidades y bienestar material, así como cambiando apenas normas y o estructuras. El evangelio invita, por ello, a la conversión, al cambio positivo en el ejercicio de la libertad, en la orientación de la conciencia hacia la verdad y de la vida hacia el bien.

En la presente crisis nacional es preciso tener presente estas cosas para evitar en lo posible la reedición de dramas y tragedias. Un repunte económico y una normalización democrática no comportarán necesariamente un progreso integral nacional. Se hace imprescindible una reeducación en el sentido de los mejores valores morales y espirituales. Vale recordar aquí una frase muy diciente del Señor Jesús: “Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”.

Los pecados capitales amenazan. Más fuertes, sin embargo, son el ejercicio responsable de la libertad y su acompañamiento divino.

Ovidio Perez Morales
@OvidioPerezM

sábado, 31 de octubre de 2015

OVIDIO PÉREZ MORALES, 6D, APERTURA

El 6D será la caída del muro venezolano, que tiene encerrado al país en un proyecto ideológico-político inviable y en un ámbito en que imperan el desabastecimiento, la corrupción, el autoritarismo, la inseguridad y lo narco en diversas formas.

La jornada electoral de diciembre constituirá, por tanto, la apertura nacional a un efectivo y solidario desarrollo económico, a una convivencia política democrático-pluralista, a una auténtica recuperación ético-cultural.
Como un aporte a la actitud con que, de modo positivo y comprometido, hemos de afrontar esa trascendental jornada, expongo a continuación cinco elementos fundamentales.
Primero, oración. Quienes creemos en Dios invoquemos su amorosa y fuerte asistencia, a fin de que los venezolanos nos reencontremos para construir juntos esta patria, que nos ha regalado. Él nos hizo libres y nos ha planteado la historia como tarea, pero no es menos cierto lo que dice el salmo  127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”. Misteriosa paradoja: pidamos lo que debemos hacer. A  la oración individual –a la cual  hemos de unir el ayuno y obras de misericordia- juntemos la comunitaria, también en expresiones ecuménicas e interreligiosas.
Segundo. Voto. Acudamos todos a votar, convencidos de que la alternativa puesta al país es extremadamente grave, dramática. Se trata de escoger entre proyecto totalitario o democracia; desarrollo integral o empobrecimiento global; progreso económico, o parálisis improductiva y hambreadora; estado de derecho o reino de la arbitrariedad;  respeto de la persona y sus derechos fundamentales o masificación deshumanizante;  cultura de calidad  ética y espiritual o dogmatismo y praxis de signo materialista.
Tercero. Entusiasmo. Vivir y difundir júbilo por lo que traerá de positivo y esperanzador esa jornada. Alentar un clima de contagiosa alegría, de confianza en la capacidad de los venezolanos para grandes causas. Que corran aires de compartir, de encuentro colectivo, y resuenen consignas no ya de enfrentamiento, odio y retaliación, sino de reconocimiento fraterno y disposición a un caminar juntos el futuro nacional. La caída del Muro de Berlín  fue fruto de un tsunami festivo, de una multitudinaria alegría.
Cuarto. Fortaleza. Disponernos con lucidez, vigilancia y entereza para que la jornada transcurra y concluya con seriedad, respeto mutuo y estricto cumplimiento de la escogencia libre ciudadana. Participar de modo responsable y eficaz para asegurar una secuencia pacífica, desde la conformación de las mesas de votación hasta la  proclamación de los legítimos resultados. No se trata simplemente de emitir el voto, sino de garantizar su efecto. A la Fuerza Armada le impone la Constitución una estricta coherencia institucional, consciente de que a quien se deben los militares, no es a un partido, una cúpula, un gobierno, sino al soberano, a la República. El proceso ha estado plagado, lamentablemente, de vicios, abusos y corruptelas oficiales, pero eso, antes que debilitar  el espíritu ciudadano tiene que  fortalecerlo.
Quinto. Trabajo. Los venezolanos debemos entender que el 6D es el inicio de un proceso de apertura y no la exhibición del producto acabado. Inaugura un tiempo muy exigente, en el que estamos obligados a echar adelante corresponsablemente el país con sabiduría, constancia, coraje y paciencia. Se requerirá gran generosidad, disponibilidad y espíritu de servicio. Quienes estén al frente de órganos de poder, partidos, organizaciones, asociaciones y comunidades han de entender que la suerte del pueblo, especialmente del más débil y necesitado, les exige una gran dosis  de solidaridad, entrega y sacrificio.
El 6D será la apertura de puertas y ventanas hacia el futuro de Venezuela, “casa común” de y para todos los aquí nacidos o sembrados. Venezuela una y unida, no “a pesar de” nuestras diferencias, sino “precisamente por y con” ellas.  Con sus diversos rostros. Multicolor. Polifónica.
Ovidio Perez Morales
ovidioperezmorales@gmail.com
@OvidioPerezM

Arzobispo-Obispo Emérito de Los Teques