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sábado, 25 de abril de 2020

ROMÁN IBARRA, AYUDA PARA LOS VENEZOLANOS

Hemos visto con atención en los últimos días las propuestas de ayuda y financiamiento realizadas, tanto por el economista Francisco Rodríguez, presidente de la Fundación Venezuela por Petróleo, dirigida fundamentalmente a ayudar a los venezolanos en el exterior, así como la ofrecida por el presidente de la AN, Juan Guaidó para estimular a los trabajadores del sector salud, y también la solicitud hecha por los profesores de la UCV al Consejo Universitario para promover ayudas económicas en divisas para financiar a los agremiados mientras dure la crisis creada por la pandemia del COVID-19.

Según entiendo, y he leído de sus propulsores, todas comportan la posibilidad de alcanzar aportes por el orden de los 100 dólares mensuales, mientras dure la crisis.

La de Francisco Rodríguez, se refiere a la cancelación de 100 dólares (por familia) de quienes residen en el exterior; la de Juan Guaidó, de 100 dólares por cada trabajador del sector salud durante 3 meses, en medio de la pandemia del Covid-19, y en el mismo sentido, la Apucv solicita al Consejo Universitario de la UCV, el pago de 100 dólares para sus agremiados para paliar la crisis a ser cancelados con recursos del fondo de jubilaciones de los profesores, es decir, con sus propios recursos.

En nuestra opinión, todas son propuestas loables y creíbles, pues no son desproporcionadas y además existen los recursos para ello.  Tienen un carácter humanitario indiscutible, y además son realmente justas. Creo además, que tienen el antecedente exitoso de la puesta en práctica por parte del gobierno de los Estados Unidos, de la ayuda a sus ciudadanos con cantidades muy superiores, debido al tamaño de su economía, evidentemente.

Todas están dirigidas a paliar la crisis producida en medio de la pandemia y la cuarentena forzada por ella, y en ese sentido las acompañamos como algo positivo.

No obstante, habría que concluir que si bien es cierto que los sectores mencionados están en condiciones precarias, y merecen ser protegidos ante la devastación producida por la crisis, no es menos cierto que también se encuentra desprotegido y en grado extremo el pueblo venezolano en su conjunto, toda vez, que las condiciones a las que ha sido sometido en estos 21 años de socialismo, lo llevan a ser víctima directa de las peores políticas económicas, y sociales, pero sobre todo, a sobrevivir en condiciones de absoluta precariedad con salarios de hambre, como jamás se ha visto en país alguno.

Por ello, nos preguntamos si para corregir estos entuertos que acaban con la vida  de nuestros ciudadanos, es hora de sentarse a negociar una salida política para conjurar nuestra crisis?

Será posible que los sectores en pugna, oficialismo y oposición, entiendan que por encima de los intereses legítimos que ambos puedan tener, está el interés superior de preservar la vida de la ciudadanía hoy depauperada en grado sumo?

No hay en general prestación de servicios básicos, como agua, luz, internet, telefonía, vialidad, salud, alimentación, empleo, entre otros. El país está destruido por la acción deletérea del oficialismo en el poder; por lo tanto su responsabilidad es mayor obviamente.

Pero la oposición, vista su conformación y el apoyo internacional que concita, mucho puede hacer también para ayudar. Se trata entonces de una actividad que se puede realizar mediante un acuerdo, y entre todos los sectores comenzar por reconocerse mutuamente; eliminar distorsiones ¨institucionales¨ que afectan el desarrollo de planes concretos, y dedicar los esfuerzos a resolver este drama humanitario.

Se hace necesaria una transición sin la presencia de Maduro, ni Guaidó para resolver primero el drama socioeconómico. Luego habrá tiempo para atender la política mediante elecciones acordadas y supervisadas internacionalmente. Si se puede! 

Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

jueves, 26 de enero de 2017

EUGENIO MONTORO, DIOS SE FUE DE VACACIONES

UN PROBLEMA PARA LOS VENEZOLANOS

         Una película de Woody Allen, cuyo nombre no quiero acordarme, tiene una escena donde aparece Allen haciendo cola para entrar al cine. Un tipo de la fila, justo detrás de él, habla alto y lo fastidia y luego discuten sobre cuál es el verdadero mensaje que quiere dar el director de la película. De pronto Woody se dirige al trípode donde estaba el cartel que anuncia el film y de allí saca a su director. Lo trae al lado de su molesto contrincante y el director le da la razón a Allen y regaña al otro por ignorante. “Si la vida fuera como esto (de fácil)”  dice Allen viendo a la pantalla y cerrando la escena.

         Por supuesto se trata de “Annie Hall” un clásico del cine por el que Allen ganó un Oscar al mejor director y Diane Keaton a la mejor actriz.

         De la misma forma, imaginemos ahora a un ciudadano que todos los días escucha a Maduro en cadena Nacional hablando, por ejemplo, del simulacro militar que se hizo, alabando la excelente organización, lo bien que resultaron los cañonazos y el impresionante poderío militar del País. Casi al mismo tiempo por los pocos medios libres y las redes sociales, se muestran fotos de gordos barrigones y viejitos disfrazados de militares haciendo burla al cómico y desastroso ejercicio y criticando el dinero que se gastó en esa tontería cuando hay miles de personas pasando hambre y enfermos sin medicinas. Pues bien ¿Quién tiene la razón? Dios, que sería un buen árbitro para este tipo de cosas, está de vacaciones y, además, no se mete en asuntos de libre albedrío.

         Multipliquemos ese ejemplo por miles y tendremos una buena idea del enorme follón informativo en el que estamos metidos. Todos los temas tienen opiniones contrarias y mucho.

La sabia Constitución incluyó una forma de resolver estas discrepancias y la llamó referéndum. Con ese mecanismo todos los ciudadanos opinan y bajo la premisa de que el pueblo es “la voz de Dios” y el que manda, se terminaba la discusión. Pero sorpresa, si alguien tramposamente controla una institución esa consulta popular puede alterarse, diferirse o eliminarse según convenga. Y exactamente así pasa en Venezuela. El pueblo tiene un deseo de cambio, pero el gobierno no quiere “entregar el coroto” y entonces enreda todo y no permite preguntarle al “soberano”.

         Entonces, Dios está de vacaciones, el pueblo tiene un trapo en la boca y ni siquiera hay un director detrás del trípode. ¿Qué hacemos?

         Muchos Países han recurrido a la guerra civil donde la vaina trata de resolver el asunto a plomo limpio. En otros los ciudadanos han protestado de una manera tan contundente que los gobernantes han tenido que retirarse. Kennedy que decía que los inteligentes son los que saben contratar a otros más inteligentes que él. Eso también es una opción y buscar ayuda internacional más allá del verbo, no debe descartarse.

         Pero, en cualquier caso, solo los ciudadanos podemos limpiar a Venezuela de esta boñiga roja. El 23 de enero luce bien.

Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es
@yugemoto67
Zulia - Venezuela