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lunes, 14 de septiembre de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XVIII

Inicialmente, cuando decidimos escribir esta serie, la idea era recordar el origen de nuestros males actuales, relatando la historia reciente desde la democracia civil desde 1958, hasta 1998, y luego estos 21 años de ensayo deleznable de lo que se ha llamado pomposamente, socialismo del siglo XXI.

Darle ¨apellido¨ de siglo XXI a ese engendro del socialismo, creado intelectualmente en el siglo XIX, puesto en práctica en el siglo XX, primero en la URSS, y países aliados; China; Cuba, y otros países, no es sino el intento de maquillar a la máquina de la destrucción política, económica y social que ha sido puesta en marcha como muestra inequívoca de la intención totalitaria de sus cultores para el control de la humanidad, y anulación del individuo y su desarrollo en libertad.

Aunque la intención era desnudar el triste y obscuro desempeño de estos gobernantes, para nuestra tristeza personal, y para ser justos, también nos hemos visto en la obligación de dar cuenta de los desatinos de la dirigencia de la oposición, con lo cual, se ha contribuido –por acción, u omisión- en la perpetuación en el ejercicio del poder de esta claque que destruye; humilla, y desnacionaliza a nuestro país.

Evidentemente no se puede utilizar el mismo rasero para medir la responsabilidad de gobierno y oposición, pero adversarios del gobierno como hemos sido a lo largo de todo su ejercicio, incluso antes, desde la misma noche aciaga del golpe de estado del 4 de febrero de 1992, duele mucho tener que admitir los errores y omisiones de la oposición, que siendo hoy mayoritaria desde el triunfo clamoroso del 6D/15, haya dilapidado ese capital entre divisiones, megalomanías y aspiraciones extemporáneas. A veces parece que hay más candidatos que gente!

Hoy estamos frente a un nuevo disparadero en el que algunos intentan ¨fusilar en el paredón¨ de los medios de comunicación, a quienes son parte esencial de las luchas opositoras, pero que sostienen posiciones distintas al llamado de abstención frente a las parlamentarias a realizarse este diciembre de 2020.

Siempre hemos sabido que las reglas que impone el gobierno son ventajistas y abusivas; violatorias incluso de toda legalidad, pero que a pesar de eso y en circunstancias similares, les hemos derrotado ampliamente como en 2007, y 2015. Debemos recordar incluso, que el

respaldo y reconocimiento de 60 países de los más importantes del planeta existe, gracias a la participación electoral de la oposición y sus triunfos.

Han sido los aliados internacionales quienes han sugerido presionar y negociar salidas electorales, pero hay quienes han preferido optar por vías contrarias a la Constitución que luego han sido derrotadas, produciendo frustración, tristeza, enfermedad, cárcel, y muerte.

Hoy, frente a la tragedia y destrucción que supone el peor desempeño y manejo económico de país alguno en todo el mundo, hay que agregar otros dramas muy significativos como las sanciones económicas que afectan al gobierno, es verdad, pero mucho más al ciudadano común que padece a diario la imposibilidad de acceder a bienes y servicios suficientes para el sustento diario, y todo ello en medio de la pandemia del coronavirus-19, también con pésimo manejo y tratamiento por parte del gobierno.

Estamos en medio de lo peor de nuestras vidas, sin la comprensión y consecuente actuación del responsable mayor como es el gobierno, pero también en medio de la incomprensión de la dirigencia de la oposición que no ha sabido estar a la altura de la circunstancia.

En esta hora todos deberíamos estar luchando por acompañar el recurso introducido por el ex presidente del CNE, Andrés Caleca, y otros, y organizándonos para competir y ganar las elecciones parlamentarias contra el ventajismo y la adversidad. Se hace tarde!

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

domingo, 6 de septiembre de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XVII

La crisis venezolana es tan profunda y grave que genera acontecimientos con frecuencia exagerada, que obligan a que nos desviemos por unos instantes de la narración de los hechos que animaron esta serie de artículos, que ya alcanza el capítulo XVII. 

Artículos dedicados a explicar la historia política reciente y el por qué llegamos a este ambiente de crispación y deterioro terminal en el que vive nuestro país, y del cual, todavía es mucho lo que hay que analizar porque nuestro drama, lejos de finalizar para comenzar la reconstrucción, continúa y no se le ve final. 

En efecto, el capítulo anterior lo terminamos con la inmensa alegría de la liberación parcial de nuestro amigo, el diputado Juan Requesens, quien ahora está en su casa luego de la medida otorgada. Juan es inocente, y todos lo sabemos. 

Gracias a Dios y a la mediación de la Unión Europea; la Cancillería de Turquía, y la participación de varios dirigentes políticos, entre quienes destacan Henrique Capriles, y Stalin González, se logró también la liberación de otros 110 presos y exiliados, para la alegría de sus respectivas familias, y de casi todos los venezolanos. 

Casi todos, porque para algunos (los que gracias a Dios nunca estuvieron presos), los que están en el exilio, o refugiados en embajadas, ha supuesto la oportunidad de atacar la medida por una parte, pero sobre todo, para atacar a quienes fungieron de mediadores. Claro que hay razones para criticar la medida por razones jurídicas o políticas, pero de igual manera es motivo de alegría por la liberación de quienes estaban sometidos a torturas físicas y psicológicas.  

Lo que sí ha sido muy malo, es la guerra que se ha desatado en el seno de la dirigencia de la oposición contra Capriles por haber contribuido con la liberación de esos ciudadanos, y porque se desmarcó de la línea abstencionista iniciada equivocadamente por Guaidó, tal como hemos advertido en otros artículos. 

La dirigencia de la oposición se ha convertido hoy en un saco de gatos, para alegría y regocijo del comunismo gobernante. Por un lado, aparece el presidente de la AN, el diputado Juan Guaidó, llamando a la abstención sin haber consultado a todos los factores, de manera anticipada, y sin haber dado una lucha en el orden electoral que pudiera servir de argumento para tamaña decisión. Por otro lado, aparece la señora María Corina Machado, líder del partido Vente, rechazando la invitación de Guaidó a acompañar su propuesta, y ofreciendo por el contrario su visión, que no es otra que la machacona iniciativa según la cual, no hay posibilidades de salir de la crisis, si antes no se conforma una ¨fuerza militar de paz¨, que saque a Maduro del poder. Formula ampliamente despreciada por toda la comunidad internacional, aliada de las luchas del pueblo venezolano por recuperar la democracia.  

Insiste en un tema que sabe de imposible realización, pero que –según ella- la convierte en la verdadera y fiel intérprete de los deseos de la mayoría, y por ello auspicia la continuación y profundización de las sanciones aplicadas hasta ahora, que dificultan las labores del régimen, pero producen mucho daño en la población común que sufre horrores para acceder a los bienes y servicios esenciales para el sustento familiar. 

Y en una posición distinta de las dos anteriores, aparece Capriles llamando a organizarse y luchar para conformar los equipos y candidatos que representen a la oposición en las parlamentarias convocadas. Esta es a nuestro juicio la posición correcta, y la explica con lujo de detalles el Profesor Fernando Mires en su artículo ¨Capriles, o el regreso de la política¨ cuya lectura recomiendo ampliamente (polisfmires.blogspot.com). Seguimos. 

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

sábado, 29 de agosto de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XVI

En el capítulo anterior, analizamos las potencialidades que podían explotarse en caso de que la oposición venezolana toda se uniera tras las propuestas, primero del ex presidente del CNE, Andrés Caleca y otros distinguidos ciudadanos, a través del amparo solicitado ante el TSJ, y luego, tras el documento de la Conferencia Episcopal, llamando a la acción política y no a la abstención sin más propósito.

Lamentablemente para nuestros deseos de lograr la sindéresis en la política venezolana, ninguna de las dos propuestas ha conseguido un respaldo significativo, y por el contrario, el extremismo opositor estimulado por la cerrazón, y la prepotencia, han dedicado ingentes esfuerzos para destruir ambas, y desacreditar a sus proponentes.

Parece que este frasco de yerros y torpezas acumuladas, usa varias tapas igualmente equivocadas, aunque una de ellas, evidentemente revestida de carácter académico.

Por una parte, vistas las declaraciones desesperadas del diputado Guaidó, llamando –ahora si- a la unidad (imposible) entre quienes piensan igual, y cometen los mismos repetidos errores, no es otra cosa que reincidir en la argumentación de la abstención por las conductas ventajistas y absurdas propuestas por el régimen. Oh, gran descubrimiento! Como si en las elecciones anteriores hubiera sido distinto.

Por la otra, nos encontramos con un documento elaborado por la denominada Cátedra Constitucional de la UCV, en el que se avala la tesis de la prórroga del mandato de la actual AN, habida cuenta de que ¨las elecciones convocadas son ilegales e inconstitucionales¨, como si esto fuera un asunto solo jurídico y no de la política real.

Lo lamento porque ahí hay varios viejos amigos, pero se vuelven a equivocar. Esa tesis es imposible de imponer en las circunstancias actuales, precisamente porque el país carece de un estado de derecho, y unas instituciones a las cuales acudir. Sin representación parlamentaria, sencillamente no existimos, y Maduro se frotará las manos en Miraflores, otra vez. Objetivo logrado para él.

Lo nuestro tiene que estar en sintonía con la realidad; nuestra gente necesita orientación para organizarse y participar. No podemos seguir con la necedad de la repetición del mantra de imposible ejecución, ni de declaraciones desesperadas por el descenso vertiginoso en las encuestas. Se trata de pisar tierra, y hacer lo que corresponde.

La oposición liderada por Guaidó tiene que empeñarse –aún hay tiempo- en la reunificación de todos los sectores tras el fin electoral, y no el de las aventuras guerreristas como la del 30 de abril, o el ridículo Macutazo. No puede ser que la respuesta a un asunto tan serio y de tanta desesperación por la crisis terminal en que vivimos, sea un eslogan miserable como el de ¨ÚNASEOAPÁRTESE¨ celebrado por un tonto refugiado en una embajada, mientras la gente de a pie intenta sobrevivir en medio de las sanciones que los asesinan a diario.

Vayan y díganle a los que a diario buscan desesperadamente gasolina, gasoil, medicinas, alimentos, dinero efectivo en los cajeros, comida, hospitales y seguridad, semejante grosería. Quienes deben unirse o apartarse, pero de la estupidez, son ellos; los que tienen 19 meses fracasando e insistiendo en el mantra imposible.

Este artículo que viene a ser parte de una serie sobre nuestra desgracia republicana, desde la misma noche del golpe asesino del 4/F-92, y sus protectores mediáticos, políticos, y de quienes le otorgaron sobreseimiento (perdón total) a su felonía e insensatez, hoy no ha podido dedicarse a la secuencia debida, porque los acontecimientos narrados arriba se agolpan y angustian.

Mientras escribo estas líneas, me llega la feliz noticia de la liberación parcial de mi amigo el diputado, Juan Requesens. Le dieron casa por cárcel, pero está en casa desde hoy, abrazando a su esposa e hijos. Dios lo bendiga.

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

viernes, 21 de agosto de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XV

Cerramos el capítulo anterior, comentando brevemente el documento de la Conferencia Episcopal Venezolana, y ahora retomamos por su importancia.

El documento de la jerarquía eclesiástica es una pieza muy importante, no solo por el prestigio que tiene la iglesia católica, sino porque pone el acento en la necesidad de abrir caminos en la búsqueda de salidas posibles; soluciones que parten de la necesidad de la acción, y no de la omisión.

En medio de la tragedia que vivimos los venezolanos en virtud del desastre ocasionado por la gestión irresponsable de Chávez-Maduro, como ejecutores de los planes y designios de la dictadura cubana, y sus socios rusos; chinos; sirios; Farc; ELN; Hezbollah, y afines, la iglesia venezolana cumpliendo con su deber orientador, ofrece estas reflexiones para la discusión y –repito- la acción política.

Ese es un debate que debe abrirse de inmediato para juntarlo con otros esfuerzos como el ya emprendido por el ex presidente del CNE, Andrés Caleca, y otros importantes ciudadanos, comentado en el artículo anterior.

Maravilloso sería que así como a diario se adhieren más y más venezolanos a la solicitud de suspensión de las elecciones parlamentarias, tal como están planteadas, para corregir aspectos constitucionales y legales violados por el actual CNE, también la oposición toda se tomara con seriedad la propuesta de la Conferencia Episcopal, y proceder de inmediato a conversar con todos los factores de la oposición sin mezquindad, ni cálculos subalternos para alcanzar, primero la participación de todos, y luego la presión necesaria para acompañar ambas gestiones: la de Caleca, y la de la Conferencia Episcopal.

La pandemia en medio de las condiciones sanitarias de nuestro país, no ofrece condiciones aceptables de participación de la población en el proceso electoral. Es necesario presionar para que con el recurso ante el TSJ, se puedan suspender y a partir de ahí luchar por mejores condiciones para participar, y ojalá que se alcance también la constitución de alianzas perfectas para las planchas opositoras y convertir el abuso, y el ventajismo del gobierno, en una oportunidad de oro para derrotarlos de nuevo, y conservar ese escenario de lucha.

El gobierno tiene el agua al cuello, y por eso hace todo tipo de maniobras para dividir y reinar en un parlamento que le sea sumiso. Precisamente para amargarle esa posibilidad, hay que hacer todos los esfuerzos de participación, luchar por la suspensión de las elecciones con el recurso de Caleca y aliados, y concitar una gran discusión y acuerdos con la propuesta de la Conferencia Episcopal. Lo que no puede ser una opción, es la abstención sin más.

Nos hacemos solidarios de ambas propuestas, e invitamos al conjunto de ciudadanos preocupados en tal sentido, a acompañar esas propuestas para buscar salidas a esta profunda crisis que acaba con la vida del país, y su gente.

Para que el gobierno consiga recursos internacionales, necesita de la aprobación de la AN, y si esta está en manos de la oposición como en la actualidad, está obligado a negociar con ella.

De tal manera, que la abstención es un grave error; por el contrario, hay que insistir en derrotarlos, y presionarlos para alcanzar acuerdos políticos que solucionen problemas emblemáticos de la ciudadanía como la electrificación; las hidrológicas; el sistema de salud; el transporte superficial, y subterráneo; la recuperación de las refinerías y la producción petrolera, entre otros.

Para evitar suspicacias de lado y lado, pues que los recursos que se consigan mediante acuerdos, sean administrados por los propios organismos internacionales. Lo importante es meterle un frenazo al empobrecimiento vertiginoso de la mayoría de los venezolanos: Parar la destrucción, y avanzar hasta que podamos elegir nuevo Presidente de la República. Que el pueblo decida!

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

sábado, 15 de agosto de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XIV

En el capítulo anterior, quedamos en la fecha 15 de diciembre de 1999, en la cual se aprobó mediante referéndum la nueva Constitución, esta vez con nuevo nombre incluso: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sustentando su pensamiento –supuestamente- en la doctrina del Libertador.

Decimos supuestamente, por la razón obvia de que transcurridos estos 21 años, el pensamiento de nuestro Libertador, no es sino una falsificación caprichosa y estafadora de quienes usando su figura, no han hecho otra cosa que destruir a la nación, entregándola para ser colonizada por la satrapía vulgar; ladrona; oportunista y asesina de los Castro en Cuba.

Revolcándose en su tumba debe estar el Libertador Simón Bolívar, de saber lo que han hecho un conjunto de bandoleros, y estafadores con el uso de su prestigiosa figura, para reconvertirse de recogelatas de la política, en potentados multimillonarios sin haber trabajado ni un solo día de sus vidas.

Con la nueva Constitución se introducen importantes cambios, en comparación con la anterior. Cambios pretendidamente revolucionarios, y que en nuestra opinión, solo sirvieron para destruir el orden institucional previo, y con grandes defectos, como la conversión a una sola cámara, en lugar de las dos anteriores, es decir la cámara de diputados, y la del Senado.

También fue cambiado el nombre de Congreso de la República, para pasar a llamarse Asamblea Nacional. Los militares adquieren la posibilidad del voto, lo cual a nuestro juicio es una equivocación, toda vez que quienes detentan las armas de la República no deben tomar partido por ninguna fuerza en pugna por la conquista del poder. Su misión es la de resguardar la seguridad del territorio nacional, y coadyuvar en el desarrollo de país.

Los militares no deben votar, y al contrario deben estar supeditados al poder civil, no deben ser deliberantes para evitar distorsiones como las que se viven actualmente. Pero ahora se sabe claramente, cuál era la intención de Chávez y sus amos cubanos al imponer esta figura en la nueva Constitución, y no es otra que la de convertir (prostituir) a las fuerzas armadas nacionales, en el partido político personal del todopoderoso presidente, y vaya que lo logró. Hoy la FAN es un instrumento de abusos; corrupción; invasión de competencias institucionales,

y especialmente el sustento que mantiene la estructura corrompida de poder que impera en Venezuela.

A propósito de la destrucción institucional a que hemos sido sometidos con el comunismo militarista de Chávez-Maduro, y sus jefes cubanos, quiero hacer un inciso para reconocer dos esfuerzos positivos y señeros ocurridos recientemente, que van a contrapelo de la tonta e irresponsable actitud de Guaidó y su gente al llamar a la abstención sin más propósito.

Me refiero al recurso intentado por un conjunto de figuras independientes y académicos, encabezados por el ex presidente del CNE, Andrés Caleca, mediante el cual solicitan al TSJ suspender la celebración de las elecciones parlamentarias, en virtud de que los propios rectores por ellos designados, lejos de adecuar las condiciones para la participación, están violando el mandato ordenado en la sentencia No. 68 del TSJ, mediante la modificación y derogatoria de artículos de la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPRE), y de la propia Constitución para ¨ejecutar un cronograma electoral inviable¨, según sus propias palabras de experto electoral. A esta solicitud se suma en la cotidianidad los estragos que causa la pandemia del Coronavirus-19, lo cual afecta a todos por igual.

El otro acontecimiento, tiene que ver con el documento de la Conferencia Episcopal Venezolana, en el que se recomienda la participación electoral y la lucha por alcanzar condiciones de participación. De esto y más, comentaremos en nuestra próxima entrega, por falta de espacio. Seguimos.

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

sábado, 8 de agosto de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XIII

Continuamos con esta serie explicativa de nuestra historia reciente, intentando orientar a nuestros conciudadanos acerca de los errores que hemos cometido, con la idea de no volver a cometerlos, aunque no siempre ello es posible. 

A propósito de la recurrencia en la comisión de errores que lejos de ayudarnos a resolver, agravan nuestra crisis y postergan la posibilidad de atender con eficacia la demanda social, hacemos un inciso para mostrar nuestro más profundo desagrado por el llamado que ha hecho la oposición liderada por el Diputado Juan Guaidó para abstenerse en las elecciones parlamentarias convocadas para el mes de diciembre. 

Ya antes habíamos sugerido que, a pesar del ventajismo y el abuso del régimen, tanto en la forma en que se produjo la designación de los rectores del CNE, como por la normas, el número arbitrario de nuevos diputados, y los procedimientos aprobados para el proceso, la oposición liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, tenía la obligación de reconfigurar la unidad maltrecha que hoy existe, y convertir la adversidad en oportunidad para derrotar al gobierno y demostrar –otra vez- de qué lado está la mayoría. 

Era necesario un movimiento muy cohesionado para presionar interna e internacionalmente con nuestros aliados, a objeto de garantizar mejores condiciones electorales; participación y observación internacional, y reanimar a toda la sociedad tras la búsqueda de salidas políticas a la crisis, y no seguir enviando mensajes ambiguos. 

Se trata de desarrollar una sola agenda político-electoral, y con ella ofrecer una válvula de escape a la presión interna que agobia la vida de nuestros ciudadanos. 

No obstante, la decisión como otras veces antes, pide a la ciudadanía abstenerse, a sabiendas de que ese mecanismo no ha servido sino para perpetuar a Maduro y su gente en el poder. Es una pena que a estas alturas la oposición no haya aprendido de sus propios errores. Lo pagaremos caro, pues seguiremos postergando las soluciones que el pueblo necesita en un país que se hizo imposible por la falta de estado de derecho; una economía en el subsuelo; una inflación por las nubes, inseguridad, desempleo, pandemia, y la muerte rondando en cada esquina. Es insufrible la vida hoy en Venezuela. 

Luego de este que para mí es un craso error, llegará Enero 2021 y Maduro estará feliz con una Asamblea Nacional favorable, y la oposición habrá desaparecido en las nebulosas del reclamo de esa tesis peregrina, según la cual, pretenden –por arte de magia- prorrogar el mandato de la actual, y con ello seguir administrando los recursos pertenecientes a la nación, y que gracias a los aliados han sido confiscados en Estados Unidos y Europa. 

Amanecerá y veremos, pero me temo que lo que viene es –otra vez- un largo y tortuoso camino para los venezolanos, por no haber hecho lo correcto la dirigencia de la oposición que no fue capaz de articular la unidad de manera permanente, entre otros errores. 

Volviendo a lo nuestro, debemos recordar que luego de que la Asamblea Nacional Constituyente interviniera el poder judicial, y el congreso de la República, el 30 de agosto de 1999, decreta la emergencia legislativa, y suspende toda actividad del congreso recién electo, aunque el cese efectivo se cumplió el 27 de diciembre de ese mismo año, dando paso al congresillo, el cual funcionó hasta agosto de 2000, apenas seis meses. 

La nueva Constitución aprobada en referéndum de fecha 15 de diciembre de 1999, en medio de la tragedia natural de Vargas, introdujo cambios importantes con relación a la anterior. Dejó de llamarse Congreso Nacional, para pasar a llamarse Asamblea Nacional, copiando el nombre de la cubana, y ahora unicameral. Se acabó el espacio, continuará.  

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

sábado, 1 de agosto de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XII


Continuamos con esta serie, y aprovechamos para recordar que en el capítulo anterior estuvimos comentando el momento en que Chávez asumió la Presidencia de la República, con un discurso cargado de odio al momento de juramentarse en presencia del Presidente saliente, Caldera, y el Presidente del Congreso, Luís Alfonso Dávila.


Comenzaba así el plan de destrucción de la República civil, y para ello emplearía toda la fuerza del estado, para ir desmontando progresivamente el mismo Estado que le correspondía dirigir, hasta convertirlo en esta ruinosa existencia que es hoy la República Bolivariana de Venezuela; veamos.

Cuando Chávez gana las elecciones de 1998, hubo alta abstención y ello se demuestra porque las cifras del CNE de entonces indicaban que solo votó el 63.45 % de los electores inscritos, esto es una abstención del 36.54% de los electores. Así, aunque Chávez ganó esa elección con el 56,20%, fue un universo muy reducido de un poco más de 3.6 millones de votos.

Pudiera interpretarse que la abstención como fenómeno, es expresión de la posible desafiliación de los ciudadanos de los procesos políticos marcados en la Constitución, quizás por el incumplimiento –total, o parcial- del Estado, dirigido por los gobiernos, en cuanto a la demanda social. No obstante, hay que advertir que la abstención –por donde se le vea- ni ayuda, ni resuelve el problema de fondo. Todo lo contrario, lo agrava.

Es un hecho consumado, pero es obvio que el resultado pudo haber sido distinto si la gente hubiera votado masivamente.

A partir de esos datos de la realidad, Chávez y su gente comienzan a dar pasos acelerados para la transformación anunciada en su discurso de toma de posesión, y así el 25 de abril de 1999, previo Decreto Ejecutivo, se celebró el referéndum consultivo nacional para responder lo siguiente: ¨Convoca usted una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado, y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una democracia social y participativa¨?

En ese referéndum participó apenas el 37.65% de la población electoral, quiere decir que la abstención fue del 62,35%. Otra vez el fenómeno de la abstención fue decisivo en contra de los intereses de la mayoría, que de haber participado hubiese rechazado la intención de Chávez de acabar con el Estado venezolano contenido en la Constitución vigente entonces.

Con ese triunfo, se convocó de inmediato elecciones para elegir a los representantes de la Asamblea Nacional Constituyente, mediante un sistema nominal que destruía el conocido sistema de representación proporcional de las minorías. Esa elección ocurrió el 25 de julio de 1999. En ella se impusieron los aliados de Chávez, quienes con el 60% de los votos, obtuvieron el 95% de los diputados a elegir, mientras que la oposición con casi 40% de los votos, apenas obtuvo el 5% de los escaños, es decir, solo 6 diputados.

Un mecanismo absolutamente desproporcionado e injusto, que privó al 40% de la población de estar representados en la Asamblea Nacional Constituyente.

Acto seguido, y haciendo uso y abuso del carácter plenipotenciario conferido por el pueblo, la Asamblea Nacional Constituyente, intervino el poder judicial, y el parlamento recién electo en 1998. A partir de ahí, la reforma judicial comenzó a llevarse a cabo, generando todo tipo de cambios, y distorsiones, que hoy 21 años después, podemos asegurar que ha habido un retroceso gigantesco, que solo nos ha conducido a la peor crisis de nuestra historia republicana.

No obstante, eso fue solo el comienzo de la ¨nueva visión republicana¨ que estamos obligados a conocer en detalle para pensar fríamente cuales ha sido nuestros errores, y de qué manera solucionarlos. Hemos visto que la abstención no ayuda. Seguimos.

 Román Ibarra
@romanibarra
Para: Diario 2001

sábado, 25 de julio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XI

Continuando con la serie que nos ha puesto a revisar la historia reciente de nuestro país, en el capítulo anterior recordamos episodios lamentables de lo que fue la actuación de uno de los políticos más importantes de la democracia civil venezolana, a partir del Pacto de Punto Fijo, y que paradójicamente fue también factor fundamental para su destrucción. 

Pues sí, las líneas gruesas de la política venezolana dan cuenta de que nada positivo, nada trascendente fue el segundo gobierno de Caldera, y por el contrario dejó grandes frustraciones e incumplimientos, por lo cual, debemos insistir en que su enfermiza obsesión, y ambición desmedida, lejos de hacerle bien al sistema democrático, le hicieron un gran daño. 

No sólo por el empeño reeleccionista, sino porque con su conducta, primero con su discurso del 4F/92 en el Congreso, y luego con el otorgamiento del Sobreseimiento desde la presidencia, avaló toda la destrucción a la que ha sido sometido el país en manos de comunistas enemigos del concepto de patria, pisoteando el orgullo de nuestros compatriotas, y poniéndonos al servicio de una dictadura voraz, y asesina como la cubana.  

Pésimo servicio prestado a la democracia, lo cual, nos lleva a ratificar que la reelección conspira contra el desarrollo de nuevos liderazgos, y desarrolla vicios en quienes se sienten predestinados. Tendrá que ser materia para la revisión, y eventual eliminación en futuras reformas, habida cuenta de que con los comunistas hoy en el poder, el tema de la reelección es peor, porque se hace eterno. 

He ahí la importancia capital, en nuestra opinión, de buscar mecanismos cívicos, pacíficos, constitucionales y electorales para salir del régimen que destruye a la nación en los últimos 21 años, y evitar la muerte de nuestro país, cuya existencia real está seriamente comprometida. 

El 2 de febrero de 1999, ocurrió la toma de posesión de Hugo Chávez, luego del triunfo electoral del año anterior que le fue servido en bandeja de plata, a pesar de su inmensa felonía con los golpes de estado del 92, y que lo llevaron a una cárcel dorada y llena de privilegios inaceptables para un criminal que buscaba no sólo el derrocamiento de un Presidente legítimo, sino incluso su muerte física, tal como lo demuestra la saña con que fue atacado el Palacio de Miraflores, así como la residencia oficial de La Casona, en la que permanecía la primera dama, y parte de su familia. 

Los medios de comunicación, así como la información oficial, ofrecieron un saldo de más de 300 muertos en esos golpes. Muertes que nadie pagó por el borrón y cuenta nueva que se les dio con el Sobreseimiento cómplice. 

Quedó registrado para la historia para quien quiera investigarlo, el momento de la juramentación, su discurso lleno de odio y resentimiento, con el cual, Chávez asumió el poder, prometiendo acabar con el orden constitucional vigente, y dar paso a una ¨nueva república¨. Aquel fue un día aciago. 

Hoy, 21 años después, podemos hacer examen claro, y preciso. Descarnado y sin pasiones de lo que era, y es hoy el país, luego de que él (Chávez) y su gente accedieran al poder. 

Ese análisis y recordatorio es lo que nos proponemos realizar con este y otros artículos sucesivos, para refrescar la memoria de quienes todavía creen que están haciendo lo correcto desde el gobierno, y para quienes en la oposición se empeñan en ser ineficaces con la forma en que asumen la política, a pesar de que se les ha dado una oportunidad inmensa de enderezar el entuerto. 

Lo más dramático es que no entienden que si no hacemos lo correcto hoy, no habrá mañana, ni más oportunidades como en el comunismo real. Seguimos.    

Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra  

sábado, 18 de julio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN X

En el capítulo anterior, estuvimos rememorando episodios de cómo fue el segundo gobierno del ex Presidente Rafael Caldera, y lo que a nuestro juicio eran vinculaciones implícitas, y a veces explícitas con las aventuras golpistas de Chávez, y lo que ello comportaba en términos de deslealtad con el sistema de libertades fundado, entre otros por él, y que había quedado registrado en el Pacto de Punto Fijo; acuerdo político moderno y que luego serviría de modelo a otro hecho político histórico, como fue el Pacto de la Moncloa, el cual dio luz a la oscuridad española, luego de la horrenda guerra civil.

La democracia civil venezolana pudo haber tenido mejor desempeño, y mayor luminosidad si no hubiesen estado presentes algunos elementos o condiciones que, tanto en la conducta personal de algunos líderes, como en los términos constitucionales, permitieron actuaciones fundamentadas, más en el ego y hasta en la megalomanía de algunos, que en el pensamiento sano a favor del país y el desarrollo de sus potencialidades.

Es y ha sido un drama recurrente en toda Latinoamérica el tema del personalismo político desde el siglo XIX, y en la era contemporánea -en cuanto a la democracia se refiere- el asunto de la reelección ha terminado siendo un factor negativo para el devenir del sistema democrático y la renovación de sus cuadros.

No fue posible llegar a un acuerdo para eliminar la reelección de manera definitiva en la Constitución del 61, y en cambio se permitió aspirar de nuevo, luego de 10 años de haber ejercido el cargo. Eso ha producido que importantes líderes siempre acariciaran la idea –lamentable- de volver a aspirar y con ello empeñarse, más en sus posibilidades de reelección, que en el bienestar del país; el pueblo, e incluso de sus respectivos partidos.

Evidentemente, estoy haciendo referencia tanto a Carlos Andrés Pérez, como a Rafael Caldera. Estoy convencido de que ambos hubieran sido grandes artífices de la renovación del sistema, si no hubieran acariciado y logrado, como ocurrió, sus segundas oportunidades en la Presidencia de la República.

En el caso de Pérez II, fue una lucha titánica en el seno de Acción Democrática por los bandos en pugna, y en el caso de Caldera, porque él como nadie incurrió en conductas deleznables para destruir al partido que fundó, Copei.

Es interesante recordar como Caldera, cuando fue derrotado de manera aplastante por Jaime Lusinchi en la contienda electoral de 1983, dijo frente a las cámaras de televisión para reconocer su derrota: …el Pueblo nunca se equivoca¨. Un esfuerzo retórico para ¨masajear¨ la razón popular, sin enajenársela pensando en otro evento futuro.

Pero si comparamos esa sentencia del 83, con su actitud de pasar a la reserva, es decir, a no mover un dedo a favor de la candidatura de Eduardo Fernández, cuando éste lo derrotó en el Poliedro en 1987, hay un abismo.

Esa actitud de Caldera fue obviamente un acto de deslealtad, y sobre todo de hipocresía, que seguramente le llevaría a solazarse en el triunfo reeleccionista de Pérez II contra su antiguo aliado, y luego a emprender la jugada de reelegirse, al precio incluso de la destrucción, no solo del partido Copei, sino del país todo, por haberlo servido en bandeja de plata para la llegada de un criminal golpista y acomplejado como Chávez.

Son muchas las cosas negativas que derivan de esa ambición desmedida, y sin sentido. Pero lo cierto, es que la sentencia más cruel, es que la gente sabe que ese segundo gobierno no dejó nada bueno, y peor aún, entregó al país en las peores manos posibles, a plena conciencia de cuanta maldad y destrucción con ello produciría. Continuará.

Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra  

sábado, 4 de julio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN VIII

En el capítulo anterior, comentamos la campaña electoral de 1993, en la que compitieron Oswaldo Álvarez Paz (Copei); Claudio Fermín (AD); Andrés Velásquez (Caura R), Y Rafael Caldera (Convergencia; MAS; PCV; MIN, entre otras fuerzas), alianza conocida popularmente como El Chiripero.
Recordamos también, como la descomposición social, y política, se expresaba en la forma ampliamente ventajosa con la que se trató en la brevísima cárcel, al criminal cobarde que fue Hugo Chávez, reconvertido de militar fracasado y mediocre, en una suerte de ¨estrella del Rock¨, gracias al celestinaje de la clase política; los medios, y los notables, amén de la izquierda desleal e irredenta

Permítanme hacer un alto en la narración de los hechos de esa campaña, pues mientras escribimos estas líneas están sucediendo asuntos de mucha importancia para el país, que debemos comentar: el gobierno de Maduro acaba de recibir cinco (5) duros golpes contra su manera aviesa y cruel de dirigir –más bien destruir- a Venezuela.

En primer lugar, tuvieron la osadía de ordenar la expulsión de la embajadora de la Unión Europea, generando un conflicto internacional de marca mayor, para luego retractarse 48 horas después sin argumentación creíble; el poder judicial de EEUU ordenó la incautación de las embarcaciones que transportan gasolina hacia Venezuela por considerarlas como fuente de financiamiento del terrorismo; negaron por segunda vez el Hábeas Corpus solicitado por los abogados de Alex Saab, allanando el camino para su extradición a EEUU; el poder judicial del Reino Unido ordena poner en custodia del reconocido Juan Guaidó, las reservas de Oro venezolano depositado en Londres, y la Alta Comisionada de los DDHH de la ONU, Michele Bachelet, presenta un informe demoledor por violación sistemática de los derechos fundamentales.

Como se ve, duros golpes contra la administración de Maduro, de lo cual, podría esperarse una respuesta racional y esperanzadora de la oposición, para reanimar sus fuerzas y ponerlas a la ofensiva frente a un régimen que está muy comprometido, pero no. La respuesta de Guaidó ha sido la de rechazar la convocatoria previa a elecciones parlamentarias de manera terminante, es decir, sin dejar espacio para la maniobra. Como los Borbones de antes, ni olvidan, ni aprenden.

No recuerda que ellos mismos son producto de una elección en condiciones desventajosas, con un CNE impuesto ilegalmente por el TSJ chimbo, pero que es lo que existe y gobierna. Ha llamado a la abstención, cometiendo el mismo error de 2005. De esa torpeza –si no corrige a tiempo- nos quedaremos sin representación parlamentaria.

Si hubiera un poquito de inteligencia, y sentido estratégico, ha debido convocar a una gran alianza por la unidad total de la oposición, buscar una tarjeta alternativa que nos agrupe a todos, y convertir esa elección desventajosa y abusiva convocada por Maduro, en un plebiscito para volverlo a derrotar. Decisión equivocada, y aprobada por un entorno minoritario;  mezquino; extraviado; prepotente, sin pensar en la situación calamitosa por la que atraviesa el pueblo venezolano. La tesis de la ¨prórroga del mandato de la AN¨ es la cosa más ridícula de que se pueda echar mano, sin pisar tierra. Pena ajena.

Bueno, pero volvamos a lo nuestro. De la contienda electoral de 1993, resultó ganador el sempiterno aspirante, Rafael Caldera, quien venía siendo candidato –casi ininterrumpidamente- desde 1941, salvo por impedimentos constitucionales, luego de su primer gobierno, así como por la derrota sufrida y nunca asimilada, digerida, y mucho menos aceptada del Poliedro de Caracas en 1987.

Caldera, un importante líder de la construcción de la era democrática, con virtudes, y defectos; con grandezas y miserias, y como veremos, capaz de llevarse por delante parte de su obra para satisfacer su ambición. Continuará.

Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra  

sábado, 27 de junio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN VII

En el capítulo anterior, comenzamos a comentar las candidaturas que se presentaban a la contienda de 1993, luego de la destitución del Presidente Carlos Andrés Pérez, y del interinato del Dr. Ramón J. Velásquez. 

Citamos entonces, el hecho de que la candidatura del ex Gobernador del Estado Zulia, Oswaldo Álvarez Paz, surgió de las elecciones primarias abiertas convocadas por el ex secretario general de esa tolda, Eduardo Fernández, lo cual, produjo algunas críticas de gente cercana, advirtiendo para entonces que ello podía ser utilizado por otras fuerzas para inclinar los resultados. Pero cierto o falso, de esa convocatoria surgió un liderazgo candidatural muy claro. 

En el caso de Álvarez Paz, recuerdo una frase de pre campaña, que a nuestro juicio fue un error. Buscando el acompañamiento del líder fundador de Copei, Rafael Caldera quien ya andaba intentando armar una candidatura supra partidos, dijo: ¨Copei estará donde esté Caldera¨. Algunos medios suponían que el triunfo abrumador de Álvarez Paz, animaría la renuncia de Caldera para apoyarlo, pero no fue así. 

Caldera, obsesionado con la Presidencia de la República; ambicioso sin medida, no iba a perder esa oportunidad de lanzarse, otra vez, tras la búsqueda del poder, aunque con ello pusiera en riesgo la existencia del partido que había fundado, Copei. Pues en efecto, el peso del liderazgo de Caldera en el universo socialcristiano, hizo que buena parte de su dirigencia le acompañara, abandonando a su partido y al candidato Álvarez Paz. Pero de Caldera nos ocuparemos luego, habida cuenta de que resultó ganador de esa contienda. 

Por su parte, Claudio Fermín se impuso a la maquinaria del partido controlada por la tendencia liderada por el Lusinchismo que impulsaba la candidatura de Carmelo Lauría, figura muy importante del gabinete de su gobierno. Recibió el acompañamiento de las bases de su partido de entonces, AD; siendo investido como su candidato presidencial. 

En el ámbito de la Causa R, formación política vinculada con las luchas por la defensa de los trabajadores, resultó como candidato presidencial, Andrés Velásquez, líder fundador de ese partido, sin que mediara ningún proceso interno para elegirlo; hubo consenso. 

La otra candidatura, la que encabezaba el ex Presidente Rafael Caldera, se conformó con una amplia coalición de fuerzas entre las que se contaban, su nuevo partido Convergencia; el Movimiento al Socialismo (MAS); Partido Comunista de Venezuela (PCV); Opinión Nacional (Opina); Movimiento de Integridad Nacional (MIN), entre otras fuerzas. 

El descrédito de la figura de CAP II, luego de su destitución, más una corriente de opinión popular favorable a los acontecimientos ocurridos con los dos golpes de estado de 1992, impulsada por algunos medios de comunicación de manera abierta y en otros casos encubierta, más la aquiescencia de los llamados Notables, hicieron del discurso de los cuatro candidatos mencionados, opiniones favorables a la liberación de los golpistas con la presunta intención de ¨pacificar¨ al país, en caso de que ellos resultaran favorecidos con el respaldo del pueblo. 

Una clara intención de captar los votos de quienes se sentían representados en las aventuras golpistas, evidenciada en esa clase de ¨propuestas¨ de los entonces candidatos. 

Entretanto, Chávez y sus socios golpistas seguían presos en condiciones más ventajosas que las que tuvieron otros delincuentes como Pablo Escobar Gaviria, en Colombia, o el Chapo Guzmán en México. 

Toda clase de garantías y prebendas recibieron; visita profusa de mujeres distintas a sus esposas; desfile de toda clase de oportunistas; serenatas de cantantes mediocres buscando notoriedad, así como toda la izquierda extremista y desleal a la democracia civil; declaratorias de amor eterno por parte de alguna (s) periodista (s), cual fan enamorada. 

De esa contienda de 1993 resultó ganador Caldera. Continuará.       

Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra  

domingo, 21 de junio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN VI

Terminamos el capítulo anterior de esta serie, con un breve relato de lo acontecido con el interinato del Dr. Ramón J. Velásquez, quien fue designado por acuerdo parlamentario para culminar el período que dejó la vacante del Presidente Carlos Andrés Pérez, luego de su destitución, y que llevaría al país a prepararse para la celebración de nuevas elecciones presidenciales y escoger a un nuevo jefe de estado y de gobierno.

Sin embargo, necesito permitirme hacer un par de incisos muy breves, para relatar algunas cosas muy graves que están sucediendo en nuestro país actualmente, y que como se verá luego, forman parte de todo el deterioro que como consecuencia de estos largos años de dictadura, han llevado a que Venezuela colapse en grado terminal, aunque como se ha visto, siempre se puede descender más; siempre se puede estar peor.

En primer lugar, quiero referirme y con ello reclamar el deterioro institucional y el abuso que significa que el régimen comunista, a través de su brazo judicial el TSJ, dirigido por gente sin calificación profesional, ni moral, esté minando los resquicios de democracia que van quedando. Me refiero a la manera grotesca y absurda jurídicamente de arrebatarle a los dirigentes y militantes de los partidos políticos sus instituciones, en un manotazo, sin el debido proceso, ni derecho a la defensa. Un asalto impúdico y asqueroso, sin el más mínimo decoro.

El segundo aspecto al cual quiero referirme es al hecho de que las autoridades universitarias, y especialmente las de la UCV, estén actuando al margen de la Constitución y la Ley, obstruyendo investigaciones, cuya respuesta están obligados a dar. Todos los funcionarios públicos están obligados a brindar respuesta oportuna y veraz, frente a cualquier solicitud. Están obligados a rendir cuentas, y eso en la UCV, luego de la renuncia del Vicerrector Administrativo, se ha vuelto una caja negra.

Compraron, sin autorización del Consejo Universitario, un centro de diagnóstico denominado CEDIVI, con un presunto sobreprecio de más de 3 millones de dólares, y no solo lo niegan, sino que obstruyen la investigación al respecto. Pues bien, esa investigación hay que proseguirla hasta el final, así como investigar por qué se auto asignan con la complicidad del gobierno, unos bonos millonarios de ¨responsabilidad¨, mientras el conjunto de los profesores viven prácticamente en la indigencia por culpa de los sueldos miserables del sector educativo. Para 
eso hay dinero, pero no para los profesores; empleados, y obreros, y mucho menos para mantener la infraestructura física de la universidad que se cae a pedazos, literalmente.

Regresando a lo nuestro, como vimos, la labor fundamental del interinato del Presidente Velásquez, tenía por misión garantizar la paz social y conducir al país a la celebración de elecciones para que el país escogiera un nuevo líder, luego de los duros acontecimientos vividos en la caída del gobierno del Presidente Pérez.

Se presentaron a la contienda varios candidatos, y entre los más significativos estaban: Oswaldo Álvarez Paz, quien derrotó en primarias abiertas de su partido Copei, al hasta entonces Secretario General y líder de ese partido, Eduardo Fernández. Haciendo abstracción de si fue o no un error hacer elecciones primarias abiertas, lo cierto es que de ese proceso emergió la figura del ex gobernador del Zulia hacia la Presidencia de la República.

Por el partido Acción Democrática, resultó como candidato Claudio Fermín, ex Alcalde de Caracas, quien se impuso contra la pre candidatura de Carmelo Lauría, impulsado por el gobierno del Presidente Lusinchi. Es decir, logró vencer a la maquinaria del gobierno y del partido desde las bases.

Es mucho lo que se puede decir de los candidatos Álvarez Paz y Fermín, pero se acabó el espacio. Continuará.

Román Ibarra: 
romanibarra@gmail.com
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sábado, 13 de junio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (V)

En los capítulos anteriores de esta serie, estuvimos descubriendo como las conspiraciones y alianzas diabólicas contra natura de gente aparentemente disímil, fueron posibles gracias a resentimientos, y odios sin medida, y conductas irresponsables que apuntaban, como ha quedado demostrado, a sus intereses particulares y ambiciones infinitas, pero deletéreas para el conjunto de la nación.

Las evidencias del crecimiento económico del país en esos años, no fueron suficiente argumento para los desleales que jamás renunciaron a llegar al poder por cualquier vía, aunque con ello se llevaran por delante, no solo la precaria institucionalidad de entonces, sino también la tranquilidad y el potencial desarrollo del país, y la gente común, cuyos deseos de crecimiento familiar y personal habían sido largamente postergados.

El Presidente Pérez, y su plan del Gran Viraje, se propusieron recomponer la situación económica del país con un conjunto de reformas estructurales, que su gabinete económico de reconocidos, y muy calificados profesionales logró implementar, así como importantes propuestas modernizadoras en lo político y lo económico, impulsadas desde la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), quienes también encontraron respaldo en la visión de Pérez, y que produjeron de manera inmediata un refrescamiento de la política venezolana con la elección directa de Alcaldes y Gobernadores.

No obstante, los conspiradores jamás renunciaron al empeño de destruirlo todo para acceder al poder, y prefirieron dar golpes certeros, aunque con ello arrastraran tanto al gobierno, como a las instituciones del Estado, y al sistema democrático en general. Así se montaron en la ola del Caracazo de 1989, y luego con los golpes de estado del 4/F, y 27/N 92, dieron una estocada muy fuerte al gobierno de CAP II.

Armaron un proceso judicial en el que como se demostró, mezclaron delitos incompatibles como la malversación de fondos de la partida secreta, y peculado doloso, amplia y magistralmente denunciados por la defensa de Pérez, encabezada por el muy reputado catedrático, Alberto Arteaga Sánchez. Quedó demostrado en el juicio que no hubo apropiación, que no hubo enriquecimiento de fondos públicos, que Pérez no se había cogido un cnetavo; sin embargo, era necesario alcanzar la meta de destruir al gobierno con la destitución política, revestida de un ¨pulcro¨ proceso judicial.

Cumpliendo con los pasos ordenados por la Constitución vigente entonces, había que dar paso al nombramiento del encargado de la Presidencia de la República, en este caso, el Presidente del Congreso de las República, el Senador Octavio Lepage, quien luego dio paso al interinato que por acuerdo de las fuerzas mayoritarias representadas en el parlamento, recayó en la figura prominente del Dr. Ramón J. Velásquez, luego de la destitución definitiva de CAP. Velásquez, hombre de amplia trayectoria política e intelectual y reconocido por toda la nación.

Asumió como Presidente interino de la República para dirigir los destinos de la nación por un breve lapso que comenzó el 5 de junio de 1993, hasta el 2 de febrero de 1994, fecha en la que asumiría el presidente electo.

Su mandato estaba destinado esencialmente a mantener el orden constitucional y llevar al país en paz a la realización de las elecciones presidenciales como expresión de la soberanía popular.

Ese objetivo lo logró, y su breve período estuvo caracterizado por la concordia relativa, aunque se vio manchado por dos eventos importantes. Uno de carácter fundamentalmente económico porque no pudo controlar la crisis financiera que devenía de la caída del gobierno anterior. El otro episodio de ingratos recuerdos para una figura de su trayectoria, fue el indulto al narcotraficante Larry Tovar Acuña, episodio que terminó tardíamente con la derogatoria del Decreto, habida cuenta de que ya había sido liberado y emprendido su partida hacia destino incierto. Continuará.

Román Ibarra: 
romanibarra@gmail.com
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sábado, 6 de junio de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (IV)

En el capítulo anterior, en el número III de esta serie muy apretada, estuvimos analizando, no solo la campaña electoral de 1988, sino el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, y las jugadas sucias y traiciones que se ejecutaron en contra de su gestión, mediante lo que se conoció como ¨El Caracazo¨, así como los cobardes golpes de estado del 4/F, y el 27/F-92, que pusieron al país en una constante zozobra, y en la vorágine conspiradora de quienes luego fueron calificados como, La Rebelión de los Náufragos, recogidos en la maravillosa obra de la escritora venezolana, Mirta Rivero.

Unos militares ambiciosos de poder, de larga data conspiradora, los cuales contaron con padrinos de las altas jerarquías militares, y políticas, y también con la incompetencia de la inteligencia militar de entonces, que no actuó en correspondencia con la gravedad de la trama urdida durante años, conocida luego por boca de los propios militares traidores.

Articularon un discurso ¨redentor¨ para justificar la felonía, achacándole al sistema democrático todos los males de la República, y cargándole la mayor responsabilidad de los incumplimientos sociales, económicos y políticos, a quien entonces lideraba el país, el Presidente Carlos Andrés Pérez. Discurso y golpe que encontraron defensores abiertos, y encubiertos que sirvieron para continuar fraguando las complicidades necesarias, hasta dar con el enjuiciamiento, y posterior destitución del Presidente.

La historia recoge perfecta y claramente, el discurso de Caldera en el Congreso el 4F/92, en el que justificó con sus palabras el golpe asesino y cobarde que acababa de ocurrir. Una sesión para aprobar la suspensión de garantías, y en defensa de la democracia, se vio impactado por lo que a nuestro juicio, fue un acto de deslealtad contra la democracia, con el cálculo oportunista de quien pretendía la presidencia de la república a cualquier precio, y esa fue la oportunidad que encontró para comenzar a transitar su regreso, sin importar las consecuencias que para el sistema ello comportaba.

Lo cierto, es que a partir de esa fecha aciaga, comenzó la perpetración sistemática y continuada de la destrucción del gobierno de Pérez (II), y la continuación de la conspiración en su contra con una representación variopinta en la que participaban figuras de la intelectualidad más reconocida, y homenajeada por la democracia, junto a políticos y ex altos funcionarios de

distintos gobiernos democráticos, y dirigentes de la izquierda desleal al sistema, quienes nunca renunciaron a la idea de tomar el poder por ¨asalto¨.

Todo tipo de jugadas políticas, y anti políticas; judiciales; de partidos, e independientes, quienes en sus resentimientos y odios del pasado, jamás se detuvieron a pensar en las consecuencias que ello podría propiciarle al sistema. Actuaron con el inmediatismo de sus intereses mezquinos.

Pues sí, lo lograron. La conspiración multifactorial alcanzó su cometido y puso en jaque al gobierno, creando una crisis que dio origen al enjuiciamiento y destitución del Presidente, lo cual, contó incluso con colaboración de quienes en su propio partido votaron por su expulsión, facilitando con ello toda la jauría que se desató en su contra.

Luego del enjuiciamiento y destitución del presidente, mediante la sentencia política (y no jurídica) llevada a cabo por quienes desde el poder judicial eran cómplices también de la trama, incluso por magistrados a quienes Pérez ayudó a encumbrar y que luego de haber votado en su contra, fueron a llorarle en su Despacho diciendo que habían sido presionados. Farsantes e hipócritas al servicio, no solo de la conspiración criminal, sino como se vio luego, al servicio también de la corrupción del régimen de Chávez y Maduro, pero de eso hablaremos en su momento. Continuaremos con el interinato del Dr. Ramón J. Velásquez.

Román Ibarra: 
romanibarra@gmail.com
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viernes, 29 de mayo de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (III)

En la parte anterior de esta serie, estuvimos analizando la contienda electoral de 1988, en la que compitieron dos de las más importantes figuras de la política venezolana de entonces, como fueron Eduardo Fernández, y Carlos Andrés Pérez.

Recordamos como cada uno –en su situación respectiva- fue víctima de traiciones. En el caso de Eduardo Fernández, fue clara víctima de la perversidad de Caldera, quien no aceptó su derrota a manos de uno de sus antiguos discípulos, al cual perjudicó absteniéndose de participar en su competencia por la presidencia de la República, a pesar de que cuando fue derrotado abiertamente por el entonces candidato Lusinchi, pronunció una frase demagógica e hipócrita, según la cual: ¨el pueblo nunca se equivoca¨!

Por su parte, el Presidente Pérez, exageradamente confiado en su liderazgo, creyendo además que otros políticos debían pensar –como él- sin viejos rencores, ayudó a impulsar a la asunción de cargos de mucha relevancia, a antiguos enemigos quienes esta vez se preparaban para el asalto contra la democracia, a pesar de las advertencias al respecto de dirigentes de su partido.

En efecto, tal como narran los testigos del momento histórico, David Morales Bello –entre otros- en medio de una reunión partido-gobierno, hizo serias advertencias al Presidente Pérez acerca de la posibilidad de que un sujeto como Ramón Escovar Salom, removido como Canciller en su primer gobierno, accediera esta vez a la Fiscalía General de la República, frente a lo cual, Pérez llegó a decir –palabras más, palabras menos- que no creía que alguien pudiera a actuar conforme a viejos rencores. Pues Morales Bello, pidió dejar constancia en el Acta de la reunión, que se oponía abiertamente a esa candidatura a la Fiscalía.

En efecto, como ha quedado para la historia, Escovar Salom desde la Fiscalía fue uno de los artífices de la persecución y destitución de CAP, aliado con otros políticos capaces de anteponer sus odios personales a los intereses de la nación, sin medir las consecuencias.

Pérez, actuando a contracorriente de su primer gobierno, y empeñado en la necesidad de dar un vuelco a la conducción del país, se propone el gran viraje político y económico y respalda abiertamente la reforma del estado, chocando así incluso con su partido desde donde se produjeron conspiraciones en su contra, llegando al extremo de votar por su destitución en el congreso de la República, como es conocido.

También fue víctima Pérez de dos golpes de Estado, el 4 de febrero, y el 27 de noviembre de 1992, perpetrados, el primero por Hugo Chávez, eterno conspirador, frente a cuya actuación falló la inteligencia militar, dejándolo actuar sin freno por años, y luego justificado en su traición por Caldera en su discurso en el congreso, cuando expresó otra de sus frases demagógicas, al decir: ¨es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y democracia, cuando esta no es capaz de darle de comer¨.

Sin medir consecuencias, o quién sabe si midiéndolas muy bien para favorecer su desmedida ambición, fue capaz de pronunciar ese discurso, como si su primer gobierno no tuviera responsabilidad alguna en las carencias materiales del pueblo venezolano.

Lo cierto, es que con su actitud contribuyó de manera decisiva a la destrucción, no sólo de Carlos Andrés Pérez, sino del sistema democrático venezolano, como seguiremos viendo en el desarrollo de esta serie de artículos que estamos presentando.

El segundo período de Pérez en la presidencia de la República, como se sabe, estuvo envuelto en una serie de convulsiones políticas, a pesar de que en esos años, luego del Caracazo, los golpes de estado del 92, y la inestabilidad generada por las conspiraciones, fue el país que más creció económicamente en América Latina.

Continuará.

Román Ibarra: 
romanibarra@gmail.com
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sábado, 23 de mayo de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (II)

En la entrega anterior de esta serie, por razones de espacio, hicimos apretadísima síntesis de los primeros cinco (5) gobiernos de la democracia civil, sistema construido como dijimos, a pesar del asedio permanente de las fuerzas desleales. Advertimos que esa construcción fue posible, gracias a la firmeza del liderazgo, los factores comprometidos con su desarrollo, y por supuesto las instituciones que de ella derivaban, aunque con el tiempo –hay que admitir- se fueron deteriorando, producto de importantes vicios.

Queremos resaltar que el saldo exhibido hasta ese entonces por el desempeño del joven experimento democrático, es francamente positivo, sin negar como advertimos, los errores, e injusticias cometidos.

En las elecciones de 1983, se produce el triunfo arrollador de Jaime Lusinchi, médico pediatra, y dirigente político de mucha significación en su partido AD, y en su condición de veterano parlamentario. Jefe de la fracción parlamentaria en el congreso, y Secretario General de su partido, lo cual, le abrió camino hacia la candidatura presidencial.

Continuaba el desarrollo de la democracia como sistema, y se profundizaban también los casos de presunta corrupción administrativa, con los cuales, se ponía en evidencia el abuso de poder de algunos de sus funcionarios; no así del Presidente Lusinchi, cuyo decencia no tuvo discusión en lo personal. Sin embargo, episodios como el refinanciamiento de la deuda pública externa hicieron mella en su desempeño.

Hay que destacar, para ser justos, el extraordinario desempeño del Presidente Lusinchi frente al episodio del Caldas, con la incursión de esa fragata colombiana en aguas territoriales venezolanas. El Presidente Lusinchi, hizo de ello un manejo ejemplar; no solo por la firmeza de su advertencia a Colombia para que retiraran en el plazo dado por él para su retiro, sino porque además, mostró liderazgo responsable y serio convocando a todos los partidos sin excepción para participarles su decisión, y en ello obtuvo el más amplio respaldo afortunadamente, preservando así la soberanía de nuestro territorio.

Otro aspecto destacable de la figura del Presidente Lusinchi, era su simpatía personal, demostrada ampliamente con todos los sectores, incluso con quienes para la época fungíamos de dirigentes estudiantiles en las distintas universidades.

Al final de su gestión, y a pesar de que salió de la presidencia con gran popularidad por un manejo publicitario eficaz de su gobierno, luego se descubrió que el país había quedado ampliamente endeudado, lo cual, manchó sin duda su trayectoria como Presidente.

No obstante, el saldo de la democracia como sistema seguía siendo positivo, en virtud de que seguía habiendo paz social, y libertades fundamentales bajo el imperio de la constitución.

En las elecciones de 1988, se presentan a la contienda dos candidatos de mucho peso político: el ex presidente Carlos Andrés Pérez, y el Secretario General de Copei, Eduardo Fernández. Dos figuras claves de la política venezolana, víctimas probablemente de las mismas mezquindades.

En el caso de Eduardo Fernández, y gracias a su triunfo en las elecciones internas derrotando a Caldera, produjo en éste último una reacción impensable para una figura de su jerarquía, y liderazgo. Declaró que pasaba a la reserva, es decir, se inhibía de participar en la campaña; dicho en cristiano, no movió un dedo a favor de la candidatura de su antiguo y fiel aliado.

En el caso del Presidente Pérez, algunas viejas y también nuevas antipatías intrapartidistas, dieron pie a conspiraciones que se juntaron con las viejas aspiraciones de los desleales a la democracia para hacerle gran daño a su gobierno, y a la democracia como sistema.

La excesiva confianza en su propio liderazgo, llevaron al Presidente Pérez a cometer –a nuestro juicio- algunos errores importantes que seguiremos desarrollando en próximas entregas. Se nos acabó el espacio. 

Continuará.

Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
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martes, 19 de mayo de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (I)

La era de la democracia civil venezolana que va desde 1958, hasta 1998, sin duda, ha sido la de mayor desarrollo en todo sentido. Ello no quiere decir que estuviera exenta de errores, o vicios.

Sin embargo, el hecho de su instauración en medio de toda clase de dificultades políticas; económicas, y sociales, y luego de largos años de dictadura, la convierten en un hito histórico.

Asedios internos y externos, hacían de la incipiente democracia venezolana, un sistema frágil y proclive al decaimiento, la cual, sobrevivió gracias a la fortaleza de su liderazgo, y la lealtad de los factores comprometidos en su establecimiento.

El Pacto de Punto Fijo, modelo de alianzas políticas de las élites dirigentes para la construcción de un sistema de gobierno estable y alternativo, que auspició la apertura para la construcción de una sociedad moderna con la participación del sector privado de la economía, y la dirigencia organizada de los trabajadores en sus sindicatos y federaciones.

Aun en medio de la suspensión de garantías económicas en el gobierno de Betancourt, hubo participación del sector privado de la economía en libertad. Del mismo modo, se abrió la posibilidad de desarrollo para la clase obrera; se masificó la educación pública, y se comenzó la construcción de la obra civil en todo el país.

El quinquenio del presidente Betancourt, sometido a toda clase de ataques desde distintas posiciones ideológicas internas e internacionales. Los golpes de Estado, y alzamientos militares, fueron derrotados afortunadamente, poniendo a prueba la solidez del liderazgo político, y el interés ciudadano en el establecimiento de un sistema de libertades.

En el del presidente Leoni, consolidación paulatina de la democracia, pero también la continuación del asedio de los comunistas nacionales, auspiciados por la dictadura cubana y la URSS, período dentro del cual, promovieron –entre otras afrentas- la invasión por Machurucuto en 1967, por fortuna derrotados por el entonces glorioso ejército venezolano. Quinquenio difícil, pero que logró derrotar política y militarmente a los enemigos de la democracia venezolana, y comenzar a partir de allí con el proceso de pacificación.

Luego vino el primer gobierno del presidente Caldera, hecho político importante habida cuenta de que con la división del partido Acción Democrática, nació el Movimiento Electoral del Pueblo, dirigido por el maestro Prieto Figueroa, cuya candidatura presidencial dividió la votación de AD, y permitió el triunfo de Copei por breve margen. Continuación de la consolidación de la democracia como sistema, y culminación del proceso de pacificación para la integración mayoritaria de las fuerzas desleales a la democracia, hasta integrarse en la sociedad partidista con amplia participación.

En el 73 se produjo el triunfo arrollador de Carlos Andrés Pérez, marcando un nuevo estilo de liderazgo, signado por el dinamismo. El país accede a la explosión de los precios internacionales del petróleo, y lamentablemente no se cumplió con el mensaje que el propio presidente Pérez había anunciado: ¨Administrar la abundancia con criterio de escasez¨. Por el contrario, esa riqueza súbita pervirtió la forma de gobernar, y comenzaron los más sonados casos de corrupción. Pero también hay que admitir, que se crearon instituciones que fortalecieron y desarrollaron nuestro sistema, tales como el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho; el sistema nacional de orquestas infantiles y juveniles. Además, se nacionalizó la industria del petróleo y el hierro, entre otras obras.

Luego vino el quinquenio del presidente Herrera, y el país vivió una nueva bonanza petrolera, que tampoco fue aprovechada para el desarrollo del país. La honestidad indiscutible del presidente Herrera, contrastaba con la voracidad y afán de riqueza de buena parte de sus funcionarios. Un hombre vinculado de verdad con la cultura y el deporte, y solidario ampliamente con la lucha de los pueblos centroamericanos por la democracia.

Continuará.

Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

sábado, 16 de mayo de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (I)

La era de la democracia civil venezolana que va desde 1958, hasta 1998, sin duda, ha sido la de mayor desarrollo en todo sentido. Ello no quiere decir que estuviera exenta de errores, o vicios.

Sin embargo, el hecho de su instauración en medio de toda clase de dificultades políticas; económicas, y sociales, y luego de largos años de dictadura, la convierten en un hito histórico.

Asedios internos y externos, hacían de la incipiente democracia venezolana, un sistema frágil y proclive al decaimiento, la cual, sobrevivió gracias a la fortaleza de su liderazgo, y la lealtad de los factores comprometidos en su establecimiento.

El Pacto de Punto Fijo, modelo de alianzas políticas de las élites dirigentes para la construcción de un sistema de gobierno estable y alternativo, que auspició la apertura para la construcción de una sociedad moderna con la participación del sector privado de la economía, y la dirigencia organizada de los trabajadores en sus sindicatos y federaciones.

Aun en medio de la suspensión de garantías económicas en el gobierno de Betancourt, hubo participación del sector privado de la economía en libertad. Del mismo modo, se abrió la posibilidad de desarrollo para la clase obrera; se masificó la educación pública, y se comenzó la construcción de la obra civil en todo el país.

El quinquenio del presidente Betancourt, sometido a toda clase de ataques desde distintas posiciones ideológicas internas e internacionales. Los golpes de Estado, y alzamientos militares, fueron derrotados afortunadamente, poniendo a prueba la solidez del liderazgo político, y el interés ciudadano en el establecimiento de un sistema de libertades.

En el del presidente Leoni, consolidación paulatina de la democracia, pero también la continuación del asedio de los comunistas nacionales, auspiciados por la dictadura cubana y la URSS, período dentro del cual, promovieron –entre otras afrentas- la invasión por Machurucuto en 1967, por fortuna derrotados por el entonces glorioso ejército venezolano. Quinquenio difícil, pero que logró derrotar política y militarmente a los enemigos de la democracia venezolana, y comenzar a partir de allí con el proceso de pacificación.

Luego vino el primer gobierno del presidente Caldera, hecho político importante habida cuenta de que con la división del partido Acción Democrática, nació el Movimiento Electoral del Pueblo, dirigido por el maestro Prieto Figueroa, cuya candidatura presidencial dividió la votación de AD, y permitió el triunfo de Copei por breve margen. Continuación de la consolidación de la democracia como sistema, y culminación del proceso de pacificación para la integración mayoritaria de las fuerzas desleales a la democracia, hasta integrarse en la sociedad partidista con amplia participación.

En el 73 se produjo el triunfo arrollador de Carlos Andrés Pérez, marcando un nuevo estilo de liderazgo, signado por el dinamismo. El país accede a la explosión de los precios internacionales del petróleo, y lamentablemente no se cumplió con el mensaje que el propio presidente Pérez había anunciado: ¨Administrar la abundancia con criterio de escasez¨. Por el contrario, esa riqueza súbita pervirtió la forma de gobernar, y comenzaron los más sonados casos de corrupción. Pero también hay que admitir, que se crearon instituciones que fortalecieron y desarrollaron nuestro sistema, tales como el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho; el sistema nacional de orquestas infantiles y juveniles. Además, se nacionalizó la industria del petróleo y el hierro, entre otras obras.

Luego vino el quinquenio del presidente Herrera, y el país vivió una nueva bonanza petrolera, que tampoco fue aprovechada para el desarrollo del país. La honestidad indiscutible del presidente Herrera, contrastaba con la voracidad y afán de riqueza de buena parte de sus funcionarios. Un hombre vinculado de verdad con la cultura y el deporte, y solidario ampliamente con la lucha de los pueblos centroamericanos por la democracia.

Continuará.

 Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
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