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viernes, 30 de agosto de 2019

ANDRÉS HOYOS: URIBE EN LA ENCRUCIJADA

En los próximos meses el expresidente Álvaro Uribe y su partido, el Centro Democrático, pasarán por una prueba de fuego: él podría ir a juicio. Cualquier colombiano que no haya estado en coma los últimos 20 años sabe que el personaje en el ojo del huracán es un caudillo de intenso narcisismo y sumo cuidado. De los muchos rumores que sobre él han circulado —sospecho que la mayoría son falsos, no todos—, la manipulación de testigos es una acusación levemente menor, pero es delito.

Ya se oyen voces destempladas y algo histéricas que hablan de la imperativa necesidad de detener el proceso mediante un golpe de Estado o lo que sea. Sucede, sin embargo, que un intento de esta trascendencia no está al alcance de los vociferantes, de modo que se repetirá lo que varias veces en el gobierno de Duque: campanadas sueltas que no conducen a ninguna misa. Solo el presidente o tal vez un grupo grande de militares de alto rango tienen el poder de intentar algo así y no se ven por ninguna parte las intenciones de semejante aventura suicida.

De modo que, entre estridencias y lamentos, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) seguirá el proceso, ojalá apegada a las reglas, porque casos se han visto en que el aparato de la justicia en Colombia procede de manera sesgada y saltándose las garantías legales. El dolo —hay que reiterarlo— debe demostrarse con pruebas contundentes, no mediante suposiciones alegres. Si la prueba central del caso es que Diego Cadena, abogado de Uribe, ejerció presión sobre el testigo Monsalve, tendría que probarse que fue por orden expresa de Uribe, no porque ajá.

Se ven venir tres escenarios posibles, con variaciones. Los menciono en un orden que no implica valoración alguna.

El escenario uno es que terminada la indagatoria no se encuentren indicios sólidos y haya cesación de procedimiento. Para Uribe sería el resultado ideal, así a estas alturas sea muy improbable porque la CSJ no avanza tanto para después salir con un chorro de babas.

El escenario dos sería un llamamiento a juicio, al final del cual se dé un fallo absolutorio, sobre todo por no poderse probar el dolo en las acciones del acusado. Aunque un resultado como este, imposible de prever ahora, sí le serviría al ex, su imagen saldría averiada, lo que sin duda afectaría al CD, no se sabe en qué medida.

El tercer escenario sería que el juicio termine con un fallo condenatorio. En tal caso, es muy probable que el presidente Duque otorgue un perdón al condenado —tiene las facultades, aunque desconozco cómo funciona el asunto en Colombia—. Entonces Uribe se iría para su casa y el CD terminaría tan vapuleado, que correría el riesgo de desaparecer como partido. Claro, si por cualquier razón no hay perdón presidencial, Uribe iría a alguna forma de cárcel y tendría la opción de apelar ante la sala plena de la CSJ, con la esperanza de que esta halle errores o evidencias nuevas para reversar el fallo. Muy improbable corolario.

Debo decir que el resultado fundamental de los dos últimos escenarios, sobre todo del último, es lo que algunos sugerimos hace nueve años cuando terminó la segunda presidencia de Uribe. Señor, decíamos, para bien y para mal usted ya hizo lo que iba a hacer, váyase para su finca y/o dedíquese a cualquier cosa que no sea la política activa. Los expresidentes activos en política son una aberración que conviene archivar y no solo en Colombia.

Andrés Hoyos 
@andrewholes   
andreshoyos@elmalpensante.com

martes, 12 de enero de 2016

GUSTAVO CORONEL, ENTRE EL AZUL Y EL ROJO, RESPUESTA A HENRI FALCÓN

Sr. Falcón:

Mediante el Decreto No. 7.836 del 18 de noviembre de 2010, publicado en laGaceta Oficial No. 39.556 del viernes 19 de noviembre de 2010, el entonces presidente Hugo Chávez prohibió el uso de “(…) el nombre, imagen, y figura del Presidente de la República (…) en bienes inmuebles ubicados en el territorio de la República y cuya propiedad, administración, gestión, dirección, tutela, control, construcción, elaboración, y supervisión se encuentre asignada o de cualquier forma atribuida a los diversos órganos que integran la Administración Pública Nacional”

De nuevo nada usted entre dos aguas. Da unas declaraciones que no pueden pasar sin rechazo de los demócratas venezolanos.

Dijo usted que había que “respetar los símbolos históricos de Venezuela para evitar la confrontación entre sectores políticos, pues ello podría llevar al país a un escenario de guerra civil”. Se refería usted a la decisión que se tomó en la nueva Asamblea Nacional de sacar las imágenes de Hugo Chávez Frías y algunas de un Bolívar hecho a la medida por el chavismo, a fin de colocar allí al verdadero rostro de Bolívar.

Sr. Falcón: La razón para sacar las imágenes de Chávez del Capitolio es clara. El irrespeto no fue sacarlas, el irrespeto fue el haberlas colocado allí.

Hugo Chávez no es un venezolano cuya imagen merezca estar en un recinto que pertenece a toda la nación. Y no lo es porque su vida estuvo dedicada a convertir a un grupo de venezolanos en enemigo de otro grupo de venezolanos. Porque entregó la soberanía de Venezuela en manos de sus amos, los Castro. Porque sembró odio en el país y lo arruinó con su suicida política de dádivas a sus amigos ideológicos.

A Hugo Chávez se le debe la ruina material y espiritual de Venezuela y sus múltiples imágenes están bien sacadas de la Asamblea Nacional. Si hay imágenes que deberían estar allí son las de los grandes legisladores venezolanos de la etapa democrática, no la de un déspota.

Esto es tan evidente, Sr. Falcón, que su reclamo parece confirmar nuestra presunción de que usted no ha dejado nunca de pertenecer al chavismo. Quien considere a Chávez como merecedor de estar en imagen en la Asamblea Nacional es, en mi criterio, corto de entendimiento o chavista. Elija usted la razón que más le guste.

En cuanto al retrato de Bolívar, oímos a HRA decir que repusieran en el recinto la figura del Bolívar que todos los venezolanos conocemos desde niños y que aceptamos como la verdadera, no la que el chavismo creó para desprestigiar al prócer, dándole un aspecto negado por la verdadera historia. Que usted acepte ese retrato distorsionado por la grosería chavista habla mal de usted.

Habla muy mal de usted que siga defendiendo lo que a todas luces es un inmoral culto a la personalidad del sátrapa fallecido. Cuando usted habla de la necesidad de no excluir a nadie, en referencia a la salida de las imágenes de Chávez en la A.N., se equivoca de medio a medio.

Es precisamente para no excluir a nadie que tienen que salir. ¿O es que usted piensa que la obscena presencia gráfica de ese dictadorcillo de mala muerte es la única que debería estar allí? Para no excluir a nadie tendríamos que poner en el recinto las imágenes de todos los presidentes democráticos de Venezuela y hasta a los no-democráticos, así como a todos los grandes legisladores (que los hemos tenido, Pedro Carreño favor abstenerse). En el Congreso Estadounidense hay edificios enteros que llevan el nombre de sus grandes legisladores, con la aprobación de todos los congresistas, no solo de una fracción.

¿Pero todo lo que usted pretende es que la Asamblea Nacional permanezca contaminada con la efigie de Hugo Chávez?

Sr. Falcón: Pide usted respetar nuestras diferencias con grandeza. Los falcones pian tarde! Resulta que por 17 años las diferencias entre los venezolanos han sido irrespetadas por gente como Chávez, Maduro y Cabello. Se equivoca usted de destinatario de sus pedimentos.

Termina usted diciendo: “Todos los venezolanos llevamos en el corazón un sentimiento nacionalista que debe ser respetado por encima de cualquier diferencia partidista”.

El nacionalismo, Sr. Falcón, es un sentimiento integral de amor por la Nación, no un acto de celestinaje hacia miembros de pandillas que la han arruinado. El amor paternal, el filial, son los más parecidos al amor por la Nación pero aún ese amor no puede ser ciego. Habrá quien ame a Chávez. Bueno, que ponga su retrato en su casa. No nos pida un nacionalismo ciego e incondicional, Sr. Falcón, porque eso fue lo que llevó a la Alemania de Hitler y a la Rusia de Stalin al fracaso.

Gustavo Coronel

gustavocoronelg@hotmail.com
Estados Unidos