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martes, 21 de julio de 2020

ARIEL PEÑA, CANDIDATURA PRESIDENCIAL ANTICOMUNISTA PARA EL 2022, CASO COLOMBIA

Ideológicamente el comunismo totalitario o marxismo, ha sido confrontado desde sus inicios, en primer lugar por los libertarios, encabezados por Mijaíl Bakunin y Pierre-Joseph Proudhom en el siglo XlX, con ocasión de la Internacional de los trabajadores; quienes develaron las intenciones estatistas y absolutistas del señor Karl Marx, y desde esa época hasta nuestros días se han venido delatando las atrocidades cometidas por la secta marxista, denuncias mejor conocidas como anticomunismo.

Los dogmas marxistas leninistas le han hecho mucho daño a la humanidad; por esa razón en las elecciones de 2022 en Colombia, para que el país no sea víctima global de semejante engendro, tendrán que unirse las fuerzas democráticas y libertarias para enfrentar a las huestes comunistas, a sus idiotas útiles y a los larvados que tienen el mismo proyecto político totalitario.

El anticomunismo no solo ha tenido expresiones en la política, también lo vemos en la cultura, las religiones, la economía, la moral, la ética, la sociología, la filosofía y en el movimiento de los trabajadores, entre otros; en consecuencia al convertirse la doctrina de Marx desde que existe, en enemiga de la humanidad por todas sus acciones genocidas, buscando conquistar o defender el poder político, se tiene que prevenir a la ciudadanía para que no se deje ilusionar de supuestos “cambios”, cuyos resultados más patéticos los contemplamos en la vecina Venezuela.

El programa político marxista leninista en Colombia para la toma del poder con todos sus apéndices abiertos y ocultos, como primera tarea tiene la de desprestigiar a personas de la política tradicional, que han servido de muro de contención en contra del comunismo, lo cual no lo perdonan y por eso le dan calificativos de mafiosos, asesinos asquerosos, criminales y otros calumnias e insultos, usando medios de comunicación y redes sociales; amen del alarde que hace la denominada izquierda, proclamando la “segunda independencia” y la defenestración de la oligarquía, que según los mamertos lleva 200 años en el manejo del Estado; todas esas argucias responden a la estrategia para Latinoamérica del Foro de Sao Pablo acolitado por el Grupo de Puebla.

El discurso miserabilista que utiliza la mamerteria, con una supuesta sensibilidad social a favor de los pobres, ya se sabe que es una simple patraña para ganar adeptos, de la misma manera cuando fingen combatir la corrupción también es otra treta, debido a que la corrupción más grande que se conoce en Latinoamérica en los últimos años, la realizó la empresa Brasileña Odebrecht amparada por el expresidente marxista de Brasil Luis Ignacio Lula da Silva, quien quería usar los sobornos en los diferentes países para desarrollar el plan político del Foro de Sao Pablo, con miras a llevar a la región a gobiernos del socialismo del siglo XXl, que es la versión neocomunista del totalitarismo marxista.

A pesar de que Tirios y Troyanos, ante la pandemia de la Covid-19 o virus chino, han tomado la calamidad de la peste como asunto de cada país, no se puede ocultar la responsabilidad total del partido comunista de China, por ser la nación asiática el origen y difusión por el planeta de la plaga, que es una nueva tragedia para la humanidad que nos regala el marxismo en su aplicación práctica, por lo tanto ese es otro motivo para organizar un movimiento republicano anticomunista en el 2022 y, así evitar que Colombia caiga en el anzuelo marxista que posee varios partidos y grupos, realizando un trabajo inicuo para llevarnos a una dictadura.

De suerte que en Latinoamérica conocemos perfectamente las “bondades” del comunismo en el poder, teniendo el espejo más cercano en Venezuela, que sin conocerse plenamente las consecuencias del Coronavirus tiene una pobreza del 96% ganándole en miseria a Haití, y sin duda ese será el destino de Colombia, si se deja llevar ingenuamente por los parlanchines del “cambio”, que utilizan la falta de conocimiento de algunos ciudadanos para vender ilusiones, cuyos resultados son catastróficos para una nación.

En las negociaciones de La Habana entre el gobierno de Santos y las Farc, un punto que exigía el grupo terrorista, era el de proscribir el anticomunismo, puesto que saben de la lucha ideológica que le ha dado ese movimiento a través del tiempo, sin olvidar que la inmensa mayoría de los millones de crímenes que ha cometido el comunismo en el mundo, los ha realizado en contra de los que no han estado de acuerdo con su proceder totalitario, y por eso ha declarado como enemigos en varias ocasiones a los libertarios o anarquistas, a la democracia liberal, a la socialdemocracia y a muchos otros sectores, que por ser defensores de la libertad como condición suprema de la humanidad, han sido objetivo del comunismo para apabullarlos.

El comunismo monta sus planes aprovechándose de la falta de conocimiento de los pueblos; en virtud de lo cual la concientización de las masas es un empresa fundamental que deben implementar los demócratas, para no tener que lamentar mañana la perdida de las libertades, por lo cual desde ya, hay que organizar un movimiento anticomunista de cara a las elecciones de 2022, teniendo como base un pleno robustecimiento de la lucha ideológica, a pesar de que el comunismo totalitario busca enceguecer a la población con falsedades; se debe iluminar a la ciudadanía con la luz de la verdad, para que no sea avasallada por las fuerzas totalitarias marxistas.

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG
Colombia

domingo, 12 de julio de 2020

BEATRIZ DE MAJO, PETRO A LA PRÓXIMA CONTIENDA ELECTORAL, CASO COLOMBIA

Cuando Gustavo Petro dejó su puesto en la alcaldía de la capital colombiana, las encuestas midieron su índice de desaprobación y este era de 58% de los ciudadanos. No había pasado mucho tiempo cuando concurrió a las presidenciales y allí fue el único, aparte de Iván Duque, en lograr pasar a la segunda vuelta.

Los resultados los conocemos de sobra y también la empinadísima cuesta que le ha tocado enfrentar a quien llegó con poca experiencia administrativa a la Presidencia de Colombia hacen ya 2 años. Pero el exguerrillero del M-19 no ha perdido un día de su tiempo para valerse de las dificultades que las circunstancias le pusieron enfrente como reto al mandatario actual para ganar fortaleza: en primer lugar, el agotamiento inherente a tener, “per forza”, que poner en ejecución un Plan de Paz y un esquema de Justicia para la Paz adversados por la mitad de sus compatriotas, el fortalecimiento de la disidencia de las FARC como fuerza de combate guerrillero, además de  la comandita estratégica del ELN con el gobierno vecino, la invasión de casi 2 millones de venezolanos hambreados y repletos de necesidades y la pandemia del coronavirus con su secuela de problemas sanitarios y económicos. Todo ello mantendrá al inquilino del Palacio de Nariño en jaque por el resto de su período constitucional.

Algunas de estas circunstancias sobrevenidas, ajenas al accionar gubernamental, han sido ideales para trabajar a favor de implosionar al gobierno de Duque, para magullarlo, para ponerlo en juicio frente a la población más impactada que es la más pobre. En esto se ha vuelto un experto este as del populismo, quien, al conectar bien con las clases más débiles, se empeña en hacerles creer –y lo logra en parte– que él es uno de los suyos y uno capaz de entender sus inmensas necesidades.

Si nos retrotraemos a sus ofertas electorales del año 2018 nos asombraremos de lo que era capaz de urdir como plan para concebir y prometer la ilusión de una nueva Colombia agraria, desvinculada del petróleo, de la minería y de la industria para dale cabida al campesinado olvidado por todos los gobiernos.

Sus ejecutorias al frente de los cargos ejercidos no han podido ser más anodinas y banales, aparte de haberse singularizado como un individuo incapaz de aglutinar un equipo de colaboradores a su alrededor. Con una fama de déspota bien ganada, este líder de las izquierdas radicales en lo que sí ha sido bueno es en fraguar una alianza fuerte con el castro-chavismo. Este género de colaboradores le será útil en el montaje de una estrategia comunicacional plagada de populismos para una nueva candidatura, aun cuando ni Cuba ni Venezuela podrán meterle el hombro en el terreno de lo económico.

A año y medio de distancia, aun no es posible definir la baraja del próximo proceso electoral colombiano, pero los candidatos de la derecha ya empiezan a dibujarse. Con un difícil panorama económico como el que se está presentando y con la pobreza en ascenso como corolario del coronavirus, el discurso para recuperar el músculo perdido de Gustavo Petro –único candidato seguro para 2022–, deberá ser polarizante y, de nuevo, se tornará el más populista de todos y defensor de los afectados. Su mensaje “antiestablishment” le puede ganar afectos entre los jóvenes y las clases desfavorecidas, pero hoy muchos de sus seguidores no solo lo tildan de tóxico, sino que estiman que ese estilo es un punto en desfavor en un país como Colombia en el que las ansias de paz son superlativas como en ningún otro.

Lo que puede favorecerlo nítidamente es la incapacidad de Duque de revertir el curso de desfavor de las encuestas en lo que respecta a su propio desempeño. Esta situación va a penalizar a todas las fuerzas políticas de derecha, no cabe duda, y puede ser el escenario más adecuado para que Petro pesque en río revuelto, como sin duda sabe hacer.

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1

domingo, 15 de marzo de 2020

BEATRIZ DE MAJO: NI ACELERADOS NI TARDÍOS. CASO COLOMBIA

Juanes, Alejandro Sanz y Raphael están entre los primeros afectados por el coletazo del virus Covid-19 en Colombia. Sus presentaciones en la vecina tierra neogranadina fueron aplazadas sin que aún exista una fecha de rescate anunciada. Ayer eran ya trece los casos y van subiendo a la velocidad exponencial que la enfermedad ha mostrado en el mundo entero.

Lo que sí hay es conciencia en Colombia. A la espera de una buena noticia proveniente del área científica que permita abordar el tratamiento de la enfermedad eficientemente, lo que es preciso hacer es desacelerar la agresividad del contagio. Y en ello llevan más de ocho semanas -antes que nadie en nuestro Continente- y se adentraron muy temprano en la etapa de contención donde ya llevan buena parte del camino andado.

Ya activaron, desde la casa de Nariño un marco normativo que les permite declarar una emergencia sanitaria con lo cual van a poder tomar decisiones de carácter rápido y sobre todo excepcionales. El presidente Duque se apersonó de la situación y ha llegado hasta aconsejar a la población sobre imprescindibles prácticas sanitarias personales. Los protocolos de tratamiento al tema incluyen un llamado al aislamiento preventivo de personas provenientes algunas localidades altamente contaminadas fuera del país.

Como en todas partes del mundo, hay elementos de la pandemia más críticos que otros pero todos están siendo abordados desde una óptica equilibrada de prevención. Ya la suspensión de clases en los colegios pasa a ser una prioridad si como evitar todo tipo de concentraciones de personas. Allí han sido más exigentes que en otras latitudes y se prohíben los encuentros públicos de más de 500 personas.

Lo que es imposible para los vecinos, dentro de su tan excepcional organización ante la crisis, es la determinación de los casos que pudieran haber ingresado en las pasadas tres semanas a través de las fronteras terrestres con Venezuela. Pero sobre este tema no se especula en los estratos oficiales. Es evidente que una buena coordinación con Caracas habría sido indispensable para controlar la porosidad de esa línea limítrofe en esta importante materia sanitaria, pero ello es como pedir peras al olmo. Así, pues, las comunidades de venezolanos están siendo atendidas con la misma diligencia que el resto de la ciudadanía a pesar de que existe conciencia que hay allí un punto flaco de la política sanitaria.

Las autoridades económicas han estado monitoreando los efectos directos e indirectos de esta atípica situación de inestabilidad que contagia al planeta más allá de la crítica situación de la salud. Si la economía mundial se está resintiendo en variados terrenos, hay dos áreas en las que Colombia ha sido netamente impactada: el dólar y el petróleo. Ambos elementos están provocando descuadres que redundarán también en una menor debilidad del comportamiento económico del país. La deuda externa pública, que representa 23% del PIB colombiano, es hoy cercana a 73.000 millones de dólares. Cualquier impacto sobre la tasa de cambio representativa de mercado tendría enorme significación para los pagos de deuda de este año.

Los precios a la baja del petróleo también causarán estragos en los ingresos del país. Cada dólar que pierda el precio del Brent, si se mantiene a lo largo del año, significaría una reducción de 1.500 millones de dólares que se reparten entre dividendos de Ecopetrol y en menor recaudo tributario del sector energía.

Sobre estos dos elementos, el dólar y el petróleo, la incapacidad de maniobra de sus líderes es total y es necesario subrayar que, dada la dependencia de los mercados colombianos de sus importaciones, la inflación de los precios locales también superará cualquier anticipación.

Para un país acostumbrado a planificar su comportamiento económico y a ceñirse a una disciplina para alcanzar sus metas de crecimiento, estos elementos externos arriesgan todos los resultados y los hacen vivir en un ambiente de volatilidad.

Así, pues, Colombia está asumiendo con rigor la coyuntura sobrevenida del coronavirus. Sus autoridades no están actuando aceleradamente ni tardíamente, pero todo hace pensar que su gobierno tendrá una cuesta empinada frente a sí.

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1

domingo, 8 de marzo de 2020

BEATRIZ DE MAJO: DUQUE: SÍNDROME DE PIEL FINA, COLOMBIA EN CAPSULAS

El informe presentado esta semana en Naciones Unidas sobre la desastrosa situación de los derechos humanos en Colombia nos lleva de vuelta al tema de esa paz – PAZ con mayúsculas - que algunos creyeron que era posible instituir en Colombia una vez concluido el bien ponderado Acuerdo de La Habana entre las FARC y el Gobierno Juan Manuel Santos.  

Quienes pensaron que aquél presidente al concluir su gesta habanera y con un documento escrito y rubricado daba por cerrado el capítulo de la pacificación de la guerrilla de las FARC, se ubicaban dentro de un cuento de hadas que les convenía abrazar. La ingenuidad no era lo que correspondía.    

Aun habiendo funcionado correctamente los propósitos de enmienda de los insurgentes negociadores y la entrega de sus armas, tales planes no envolvían la totalidad de las acciones de terrorismo del país ni daban solución a esa inveterada inclinación violenta de los actores sociales, de la fuerza pública y de los particulares que se enraizó en Colombia a lo largo de medio siglo de horrores.   

De hecho, las disidencias de las FARC hoy cometen tropelías, asesinatos, masacres, del mismo tenor que sus predecesores quienes observan el panorama cómodamente desde el parlamento colombiano. En esa otra categoría caen cantidad de violaciones de derechos humanos que requieren atención minuciosa y dedicación agresiva como es el de la vigilancia de las propias fuerzas armadas colombianas a quienes corresponden, en este informe recién salido del horno, severos señalamientos de violaciones de los sagrados derechos de sus compatriotas.   

¿Es esto lo que más  molestó al Presidente Ivan Duque, principal responsable desde hace dos años de llevar adelante una política eficaz de retorno a la calma en su país? ¿O fue la incapacidad propia para contener el evidente y constante asesinato de líderes sociales lo que también es tema de reseña de todos los días para la prensa nacional? En el informe de Misión presentado por Michel Forst no hay falacia ni exageración. Un ejemplo: su reseña da cuenta del número de asesinatos de líderes sociales - 108 en 2019 – lo que es inferior incluso al reconocido por la propia Defensoría del Pueblo colombiano que lo situó en 134 en el mismo año. 

El panorama que dibuja la misión de observación de la ONU es complejo y en él se hace patente el retroceso a momentos anteriores a 2014 cuando las masacres estaban en el orden del día en Colombia. Lo que el informe no es, es destructivo, y hace recomendaciones específicas para que la situación mejore y para que la situación de indefensión legal o falta de acceso a la justicia de los afectados progrese igualmente. Lo apropiado reconocer que la impunidad si perpetúa la violencia. En el caso de los asesinatos de líderes en favor de la paz apenas 11 % de casos han sido esclarecidos, frente a un 89 %  no resueltos en cuanto a determinar la culpabilidad. 

Es explicable que Ivan Duque haya desarrollado un síndrome de “piel fina” frente a estos hallazgos porque sin duda que el esfuerzo de su gobierno debe haber sido colosal en torno a un problema no solo heredado, sino resuelto de manera facilista en los textos de La Habana. El presidente se apresuró a calificar al informe muy airadamente de “incompleto, desbalanceado, superficial y limitado”. Su lenguaje para reprobar el informe ha podido ser más elegante, pero no es el tema crucial.   

Pedir la expulsión de la ONU como solicitó el presidente Alvaro Uribe, con su particular estilo agresivo y contundente, equivale al viejo cuento de “vender el sofá” para terminar con la infidelidad de la pareja.   

Total que si, Colombia queda desnuda frente al mundo a dos años de haber firmado una paz que sigue siendo una entelequia. Pero no es el gobierno de Iván Duque el señalado. Intervienen en ese lamentable estado de cosas las responsabilidades de la sociedad entera aunque el garante de la calma sea el gobierno de turno.  

A aprender del Informe es a lo que tocan. No a descalificarlo.  

 Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1

domingo, 9 de febrero de 2020

ARIEL PEÑA:¿CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA?

Política, histórica e ideológicamente no tiene ningún sentido negar el conflicto armado en Colombia de los últimos 60 años, la clave es saber quién es el responsable, y eso no tiene discusión, así la mamerteria  meta alaridos buscando entelequias para torcer la verdad, porque ya sabemos del carácter criminal y genocida del marxismo durante su tenebrosa existencia, resaltando que  bandas terroristas en el país han abrazado esa doctrina perversa, por ello no hay necesidad de empantanarse con disquisiciones sobre el tema, recordando que en un documento presentado al  gobierno de los EE.UU  a principio de 1989 llamado “Santa Fe ll”, reconocía que en Colombia se vivía un conflicto de baja intensidad y agregaba que el país tenía una doble amenaza a su seguridad y a sus instituciones democráticas fundamentales, siendo  ellas la insurgencia comunista y los carteles de la droga; más claro no podía ser el documento.  

Un organización  fantasma denominada “ Coalición Internacional de Sitos de Conciencia” sacó como miembro al Centro Colombiano de Memoria Histórica que dirige el doctor Darío  Acevedo Carmona, por no estar de acuerdo  con las posiciones ideológicas de dicha entidad de dudosa procedencia, que quiere que el organismo nacional cuente la historia de acuerdo a las invenciones   comunistas, subrayando que los mamertos son ciegos ante lo que no quieren ver y sordos frente a lo que no quieren escuchar, cuando de lo que se trata es de dar el debate acerca del conflicto interno que ha vivido el país, en donde los sofismas comunista no tienen ningún asidero dentro de la rigurosidad histórica y por eso salen con excusas bastante peregrinas.  

La historia como madre y maestra,  sirve para comprender el presente, de ahí que no se puede pasar de agache acerca del único responsable del conflicto político militar en Colombia, que sin lugar a dudas es el comunismo totalitario que ha pretendido la toma del poder mediante la violencia que es un principio marxista, por lo que es necesario que la democracia impulse un amplio debate a ese respecto, ya que están de por medio millones de víctimas, entre los que se cuentan 250 mil asesinatos, 7 millones de desplazados y unas pérdidas económicas de más de 300 mil millones de dólares que hubieran servido para reducir la pobreza de manera sustantiva para que Colombia  no fuera un país tan desigual, entonces es hora de establecer responsabilidades, superando esa reverencia supersticiosa que algunas élites del país le han tenido al marxismo el cual usa diferentes tintes para engañar a los cándidos,  observando  sin lugar  a dudas que el marxismo leninismo ha sido el componente ideológico del conflicto, desprendiéndose de esa manera las desgracias y sufrimientos del pueblo colombiano.  

También sectores políticos han planteado que en Colombia no ha existido un conflicto armado,  sino una amenaza terrorista; olvidando,   que el marxismo es  intrínsecamente terrorista, de ahí que no podemos olvidar que las guerrillas creadas hace 6 décadas y otras que surgieron posteriormente,  se originaron orquestadas al amparo de la ideología marxista leninista.  

Cuando se habla de amenaza terrorista,  se puede pensar que el terrorismo solamente está al acecho para realizar sus acciones macabras, pero en Colombia por el contrario ha actuado con saña en contra de la sociedad y el Estado, luego el terrorismo que han practicado las bandas armadas comunistas en las ultimas 6 décadas, lo ha sentido la ciudadanía con todo su rigor, así que una cosa es la amenaza y otra la práctica del terrorismo.  

Se  ha dicho  que con el terrorismo no se negocia, y eso se ha visto a nivel internacional con grupos como el Isis o Al Qaeda, sin embargo en otras ocasiones han  habido diálogos como sucedió con la  OLP de Palestina y en   Afganistán hubo acercamiento con los  talibanes, también sin ir muy lejos en Colombia se ha negociado con grupos como el M-19 y EPL a principio de la década de los 90, y después con las Farc, todo ello de acuerdo a las condiciones peculiares de cada país que ha vivido el flagelo del terrorismo.  

No Vale la pena negar el conflicto armado en Colombia y, hay que ir a la esencia del mismo, que demuestra inequívocamente sobre quien recae la responsabilidad absoluta, pues al negarlo  directa o indirectamente se está exculpando al comunismo totalitario o marxismo, algo que no contribuye para nada  a la verdad histórica,  que tanto se necesita para no caer en los mismos errores.  

No solo en Colombia surgió un conflicto político militar que propició la doctrina marxista a principio de la década de los sesenta del siglo pasado, sino que ello también  tuvo ocurrencia en 13 países de Latinoamérica con 26 grupos guerrilleros, patrocinados por el régimen  cubano de Fidel Castro y con la anuencia de la URSS, quedando patentado que todas esas guerrillas seguían las orientaciones doctrinarias del totalitarismo comunista y buscaban igual que en Colombia tomarse el poder, demostrándose  que si ha existido un conflicto armado impulsado por un proyecto político absolutista.  

Se ha señalado que por el hecho de que la guerrilla comunista en Colombia cayó  en el narcotráfico, para financiar sus actividades criminales, dejó de tener objetivos políticos, lo cual es un argumento muy insólito, cuando indudablemente el delito  ha sido un medio para lograr  fines políticos(ello ocurre con el marxismo) como lo hacia el genocida de Stalin a principios del siglo XX en Rusia, en donde maneja casas de lenocinio, realizaba atracos a los bancos y secuestros con miras a la “revolución”. Entonces negar el conflicto en nuestro país crea confusiones, desconociendo la catadura criminal del marxismo con sus agrupaciones armadas, que ha tenido como estrategia la combinación de todas las formas de lucha.  

Eludir la existencia del conflicto armado en Colombia, no contribuye en nada a la autentica comprensión de la tragedia, por lo tanto lo que se debe de analizar sin atenuantes es ¿donde está la responsabilidad? Conociendo los resultados  calamitosos, porque no se puede olvidar que la organización genocida que más ha cometido crímenes en la historia de la humanidad es el marxismo leninismo, desde  donde surgieron las guerrillas comunistas en el país, que han utilizado el terrorismo como uno de sus métodos de lucha, para someter a  a la población a sus instintos infames, mediante una dictadura  perpetua. 

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG

domingo, 8 de diciembre de 2019

ARIEL PEÑA: SIGUEN ESPERANDO SU DÍA DE SUERTE, CASO COLOMBIA

Desde el 21 de noviembre, las fuerzas extremistas de la llamada izquierda, continúan desesperadas, por desestabilizar el gobierno, impulsando “asambleas ciudadanas, populares y sociales en los barrios”, aunque por lo visto esas convocatorias van desfalleciendo y ya la población está en Modo Navidad, total de que no creemos que haya movilizaciones importantes a partir de mediados de diciembre, además Gustavo Petro anuncia que el movimiento seguirá para el otro año, como si él fuera el “maestro de la protesta social”, suplantando a las organizaciones sociales y sindicales; con esto queda demostrado que los mamertos siguen esperando su día de suerte para materializar la conspiración.

De acuerdo a la anterior consideración es un artificio marxista, confundir la lucha social que es inherente a los seres humanos con la lucha de clases, que es un sofisma del comunismo totalitario, para crear una asimetría maquiavélica y así confundir a las personas y sembrar el odio buscando satisfacer sus apetitos burocráticos. El “sindicalismo clasista” es una invención para vender la idea de que la doctrina de los trabajadores como por arte de magia es la marxista, lo que constituye un exabrupto que ofende la democracia, la independencia y el pluralismo que son los pilares del movimiento de los trabajadores.

Porque las contradicciones entre el capital y el trabajo con las que se desgañitan los miembros de la gruperia mamerta, recibió un fuerte golpe hace mas de 42 años, cuando el partido comunista chino se alió con las grandes transnacionales especialmente las norteamericanas, para desarrollar una gran producción manufacturera en el país asiático, lo que tiró por la borda la tan cacareada contradicción, ya que la esencia del marxismo es tener la hegemonía en el poder político sin importar el precio, por eso Zhou Enlai y después Deng Xiaoping líderes chinos supieron discernir que la economía centralizada y estatista eran un fracaso y tomaron el camino de la economía de mercado, lo que deja sin argumentos a aquellos que todavía insisten en la discordancia entre el capital y el trabajo.

Así que los dogmas económicos y políticos que siguen utilizando los comunistas en Colombia del señor Karl Marx, quedan desvirtuados con lo sucedido en La China y en otras partes del mundo, porque es el colmo de la terquedad que una doctrina que desde sus comienzos en el siglo XlX fue repudiada por los trabajadores, pero que mediante la mentira y la violencia se tomó gobiernos en algunos países de la tierra en el siglo pasado, fracasando estruendosamente con la caída del muro de Berlín y la debacle de la URSS, y todavía los seguidores de esa doctrina de manera supersticiosa insistan en un sistema que para lo único que sirve es para montar camarillas genocidas y burocráticas que envilecen a los pueblos mediante el crimen y la tortura, como ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El “sindicalismo clasista” que tanto promocionan las fuerzas totalitarias marxistas y que pretende ser vanguardia de las movilizaciones nacionales, no es más que una entelequia que procura convertir al movimiento de los trabajadores en correa de transmisión del comunismo quitándole su autonomía, siguiendo las enseñanzas de Marx quien planteaba que los obreros no debían tener ideología sino conciencia de clase, lo que lleva a que los trabajadores con sus organizaciones se convirtieran en simples rebaños de las elites comunistas, negando el carácter libertario impreso desde los albores en las primeras luchas sindicales, siendo el caso más emblemático el de los Mártires de Chicago en 1886, quienes abrazaban los ideales anarquistas que eran contrarios al absolutismo marxista.

Hay que reiterar cuanta veces sea necesario, que el marxismo jamás puede ser un precepto para la lucha de los trabajadores, ni mucho menos

la brújula que guía hacia un mundo mejor, sino que como secta perversa lo que busca es subyugar a los pueblos mediante lineamientos totalitarios, que necesariamente conducen a la esclavitud política culmen del comunismo para avasallar a las naciones, como lo ha demostrado durante su tenebrosa existencia.

Las personas somos únicas e irrepetibles, así que hablar de clases degrada a cualquier ser humano a la condición de un zombi, que sin voluntad es conducido, por lo se debe desbaratar definitivamente el mito de la lucha de clases y por ende también desvirtuar el llamado “sindicalismo clasista”.

Por lo tanto el sindicalismo serio conjuntamente con las organizaciones sociales, en la actual coyuntura debe impulsar una negociación pragmática con el gobierno, para lograr las reivindicaciones sociales y económicas de la población que son apremiantes, ya que a la mamerteria lo único que le interesa son los asuntos políticos de los 13 puntos que se le presentaron al gobierno, con ocasión de las movilizaciones que se iniciaron el 21 de noviembre.

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG

domingo, 1 de diciembre de 2019

ARIEL PEÑA G.. LA POSMODERNIDAD, LA LUMPENIZACIÓN Y EL MARXISMO CULTURAL

Las movilizaciones en Colombia realizadas desde el 21 de noviembre, tuvieron un acontecimiento especial el día 22, cuando una mujer conocida como “ Epa Colombia” cuyo nombre es Daneidy Barrera, hizo exaltación a la violencia destruyendo una estación de Trasmilenio y ejecutando otros actos en contra del transporte público e instigando a delinquir en un vídeo que ella misma envió; esto demuestra como la lumpenización es parte de lo que llaman posmodernidad en donde el marxismo cultural hace presencia, porque ya la razón no existe y lo que vale es la emotividad, pues como diría Federico Nietzsche: “No hay hechos, hay interpretaciónes”.

Dentro de la posmodernidad, al no existir la razón, la verdad, la ética, la moral y la lógica, todo es permitido, así que aquello que dice, hacer el bien y evitar el mal, y no hagáis a los demás lo que no quiere que te hagan a ti, para lo posmodernidad no tiene ningún valor, porque lo que interesa es la descomposición social guiada por la motivación y en algunas ocasiones por el eclecticismo, por eso la mayoría de jóvenes que asisten a las diferentes movilizaciones en estos días en Colombia es manipulada por el marxismo cultural, pues no sabe en su gran mayoría porqué protesta, y acuden a lugares comunes para responder cuando se les pregunta.

La escuela de Frankfurt que originó el marxismo cultural, es responsable de lo que se llama “insurrección molecular disipada”, que ha actuado en Chile, Colombia y Ecuador, y nace en 1923 con el patrocinio del multimillonario marxista judío Felix Weil con el nombre de Instituto para la investigación social dirigida Georg Lukás, y en 1930 toma las riendas de la escuela de Frankfurt , Max Horkheimer quien específicamente plantea, que la mejor manera de destruir la Civilización Occidental es con el ataque

sistemático a todos sus valores como son: La familia, la propiedad, la religión, las libertades individuales, la democracia liberal y todo lo que tenga que ver con una vida ordenada y decente de los individuos. Posteriormente Theodoro W adorno, Erich From y Hebert Marcuse de la misma escuela esbozaban que las diferencias sexuales son construcciones propias de la sociedad burguesa.

El que le pone la impronta sin ninguna vacilación al marxismo cultural, es el comunista italiano Antonio Gramsci(1891-1937) quien plantea sin reato la irracionalidad y el comportamiento de los comunistas como una pandilla para la toma del poder del Estado por siempre, en donde hay que lumpenizar a las masas( tenemos el ejemplo de vándalos y terroristas) para volverlas más dúctiles a las elites comunista, ya que la razón y la verdad son perjuicios burgueses que deben desaparecer de la sociedad como lo enseñó el déspota ruso de Lenin.

Con el socialismo del siglo XXl en Venezuela se dio una demostración del marxismo cultural, cuando el difunto presidente Hugo Chávez, propició la creación de bandas armadas o colectivos para defender la “revolución”, lo cual ocasiono que aumentara de manera exponencial el número de homicidios y que el vecino país se convirtiera en uno de los más violentos del mundo con cifras de muertos peores que el de una nación en guerra, todo ello fue planificado por el régimen marxista para someter a la población mediante el miedo.

En la actualidad la hambruna que sufre Venezuela, desde luego que es promovido por el gobierno, porque como decían los libertarios que enfrentaron a Marx en el siglo XlX: “ el Estado comunista reproduce y mantiene la miseria de las masas como condición necesaria de su existencia”, que es lo que sucede cuando los comunistas totalitarios se toman el poder, por eso así como se habla de la cultura de la muerte, el marxismo cultural no es solo muerte, sino además envilecimiento, enajenación, adocenamiento y pérdida de valores para convertir a los seres humanos en zombis.

Un asunto claro es el libre desarrollo de la personalidad con la aceptación de la diferencia, y otra muy distinta las estrategias políticas diseñadas desde hace varias décadas por el comunismo totalitario que con sus diferentes máscaras busca esclavizar a nuestras naciones, primero culturalmente y luego política y económicamente, por ello sin lugar a ninguna duda hay que afirmar que el marxismo cultural, la lumpenización, la escuela de Franfort y los ciclos que están utilizando en Colombia para conspirar en contra de la democracia como son: el escalonamiento, el copamiento y la saturación se encuentran en concomitancia, y es posible que el gobierno colombiano no esté enterado.

Tratar como fuerzas reaccionarias a quienes se oponen a las intenciones del comunismo totalitario, es muy simplista y ridículo, pues la cosa tiene mucho de fondo, y de pronto en Colombia no se ha tenido la suficiente capacidad de discernimiento para conocer las intenciones de fuerzas exógenas que medran para aplicar sin cortapisas el relativismo moral. Que permite que grupos de personas actúen en contra de sus semejantes y de las instituciones, siendo eso una acción coordinada de las cuadrillas absolutistas del marxismo con miras a la toma del poder para siempre.

De ahí que las movilizaciones que se han realizado en Colombia desde el 21 de noviembre, tienen mucho de justas, por la deuda social del Estado con la ciudadanía colombiana, pero que desafortunadamente la mamerteria utiliza inescrupulosamente, ya que no les interesan las reivindicaciones sociales y económicas de la población, sino cumplir con su proyecto político de terror, para esclavizar al pueblo. Entonces posmodernidad, lumpenización y marxismo cultura van de la mano para asaltar la democracia en Colombia.

ariel peña 
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG 
Desde Colombia

lunes, 18 de noviembre de 2019

ARIEL PEÑA: LOS MAMERTOS ESTÁN A LA ESPERA DE UN DÍA DE SUERTE, CASO COLOMBIA,

El sindicalismo serio en Colombia, encabezado por la central obrera CGT( Confederación General del Trabajo)  está convocando para una movilización pacífica, democrática y pluralista el próximo jueves  21 de noviembre, en donde la justeza de la protesta se encuentra bien encaminada; sin embargo la mamerteria criolla habla de un gran paro nacional, sin  saber qué sectores de la industria, el comercio, los servicios, agropecuarios o estatales van a parar realmente, porque lo  que están esperando los mamertos es un día de suerte, para que se produzcan  situaciones similares o de pronto peores a las que  vivieron  Ecuador y Chile recientemente.  

A la mamerteria marxista poco le importan las movilizaciones que buscan las reivindicaciones económicas y sociales de la población, porque lo que le interesa es  la “huelga política” para la toma del poder, siguiendo la cartilla leninista  que plantea “de la huelga a la toma del poder”,  de ahí que los actos violentos en las movilizaciones son como “la chispa que prende la pradera”, por eso este 21 de noviembre hay que repudiar a los encapuchados y otra hierbas que responden a los intereses del comunismo totalitario; pero miembros de lo que llaman izquierda dicen que los encapuchados son policías infiltrados o miembros del gobierno, lo cual es un sofisma, porque si eso fuera cierto, los primeros que deberían defender el desarrollo pacífico de las movilizaciones tendrían que ser los que hacen semejantes afirmaciones, pero por el contrario a los mamertos les interesa  el caos, pues no debemos pasar por alto que en Chile fue el partido comunista el que propició con su militancia, la quema de Iglesias, el saqueo del comercio, la destrucción de  las estaciones del Metro y otras acciones violentas, lo cual es un espejo para Colombia.  

 Aunque la protesta está al orden del día, sin embargo para el marxismo leninismo con sus diferentes remoquetes, lo que busca es desestabilizar el Gobierno Nacional; subrayando que para el comunismo totalitario de acuerdo a las orientaciones leninistas hay que agravar el sufrimiento de las masas, para que pueda haber “una situación revolucionaria” siendo el caos el fundamento para ese objetivo, observando que en algunas oportunidades cuando en las movilizaciones hay actos  de violencia, los sectores democráticos comprometidos en las manifestaciones, no deben permitir que los mamertos manejen la agenda de la protesta ciudadana.  

La lucha social es humanista y dialéctica, pero de ninguna manera el totalitarismo comunista  puede guiarla, ya que los intereses mamertos son diametralmente opuestos a los del pueblo colombiano, resaltando que al marxismo por su doctrina absolutista poco le importa el sufrimiento o las aflicciones de las masas, pues lo que le interesa es utilizarlas para alcanzar el poder político y así montar una dictadura que conducirá a la nación  a una esclavitud  vitalicia.  

 También hay partidos y grupos  que pertenecen a la extrema izquierda marxista, que por haber perdido influencia en los sectores sociales tradicionales organizados, especialmente en el sindical, acuden a crear aparatos coyunturales, que aparecen y desaparecen de acuerdo a las circunstancias, pero que de ninguna manera representan significativamente la protesta social, y mucho menos el querer de las masas, ya que de forma supersticiosa por seguir los dogmas marxistas, como  por arte de magia los miembros de esos bandos  se  creen voceros de los trabajadores y  de los sectores populares, sin serlo.  

 La movilización social   debe de ser un  elemento aglutinador de las grandes mayorías nacionales, y  no es patrimonio exclusivo de un grupo  político en particular, sino que como columna vertebral de la unidad de acción  mediante el  pluralismo  y la solidaridad, debe conducir a las reivindicaciones inmediatas e históricas de la población con  democracia y libertad  

El socialismo fundamentado en el marxismo, es un fracaso total y absoluto en la tierra, como lo demuestran más de 160 años de historia, y sabiendo de su falta de vigencia los mamertos tercamente siguen insistiendo en ese sistema para imponérselo a Colombia, por ello hay que  incrementar la batalla ideológica  como la mejor forma de contrarrestar  las  enseñanzas  inescrupulosas del comunismo totalitario, que no se basan en la razón, sino en la bestialidad, creando dicotomías maquiavélicas entre el socialismo y el capitalismo.  

La protesta ciudadana por  las vías pacificas, es la mejor forma de demostrar la capacidad de movilización  que tienen las organizaciones sindicales y sociales, que sin presiones de ninguna naturaleza libre y conscientemente  realizan manifestaciones  en donde las personas que participan no son sometidas a presión, como ocurre cuando la narcoguerrilla ha hecho los llamados “paros armados”, que mediante la fuerza bruta obliga con las armas a que participe la población, lo que demuestra que las gentes  paralizan sus actividades por miedo, o sea que las bandas armadas comunistas intimidan,  pero no convencen.  

El mamertismo se caracteriza por el oportunismo, de ahí que la protesta social  en el país, no debe de ser direccionada por ese adefesio, ya que es ajeno a las autenticas aspiraciones reivindicativas de la ciudadanía, que debe estar en la calle no solamente en busca de solucionar los problemas apremiantes de cada sector, sino también defendiendo la institucionalidad con la movilización pacífica, democrática y pluralista, que de ninguna manera  está en concordancia con la estafa comunista del marxismo leninismo.  

Cuando los sectores extremistas hablan de un paro nacional, los dirigentes sindicales prudentes ya conocen qué capacidad organizativa existe, y el porqué los grupos marxistas hacen mención de ese lance, encontrando que por ejemplo los miembros del sindicato más grande que existe en Colombia que es Fecode, en su  inmensa mayoría  se  encuentran en vacaciones, luego el paro de los maestros en  primaria y  bachillerato no es posible, y  de la misma manera  también sucede con  otro sectores de la educación, luego hay que recoger la posición realista de la CGT, en  el sentido  de que el Jueves lo que hay es una marcha y  no un paro, como pretenden los mamertos que como afiliados al foro de Sao Pablo buscan pescar en río revuelto de forma aventurera. 

Ariel Peña  
@arielpenaG 

viernes, 30 de agosto de 2019

ANDRÉS HOYOS: URIBE EN LA ENCRUCIJADA

En los próximos meses el expresidente Álvaro Uribe y su partido, el Centro Democrático, pasarán por una prueba de fuego: él podría ir a juicio. Cualquier colombiano que no haya estado en coma los últimos 20 años sabe que el personaje en el ojo del huracán es un caudillo de intenso narcisismo y sumo cuidado. De los muchos rumores que sobre él han circulado —sospecho que la mayoría son falsos, no todos—, la manipulación de testigos es una acusación levemente menor, pero es delito.

Ya se oyen voces destempladas y algo histéricas que hablan de la imperativa necesidad de detener el proceso mediante un golpe de Estado o lo que sea. Sucede, sin embargo, que un intento de esta trascendencia no está al alcance de los vociferantes, de modo que se repetirá lo que varias veces en el gobierno de Duque: campanadas sueltas que no conducen a ninguna misa. Solo el presidente o tal vez un grupo grande de militares de alto rango tienen el poder de intentar algo así y no se ven por ninguna parte las intenciones de semejante aventura suicida.

De modo que, entre estridencias y lamentos, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) seguirá el proceso, ojalá apegada a las reglas, porque casos se han visto en que el aparato de la justicia en Colombia procede de manera sesgada y saltándose las garantías legales. El dolo —hay que reiterarlo— debe demostrarse con pruebas contundentes, no mediante suposiciones alegres. Si la prueba central del caso es que Diego Cadena, abogado de Uribe, ejerció presión sobre el testigo Monsalve, tendría que probarse que fue por orden expresa de Uribe, no porque ajá.

Se ven venir tres escenarios posibles, con variaciones. Los menciono en un orden que no implica valoración alguna.

El escenario uno es que terminada la indagatoria no se encuentren indicios sólidos y haya cesación de procedimiento. Para Uribe sería el resultado ideal, así a estas alturas sea muy improbable porque la CSJ no avanza tanto para después salir con un chorro de babas.

El escenario dos sería un llamamiento a juicio, al final del cual se dé un fallo absolutorio, sobre todo por no poderse probar el dolo en las acciones del acusado. Aunque un resultado como este, imposible de prever ahora, sí le serviría al ex, su imagen saldría averiada, lo que sin duda afectaría al CD, no se sabe en qué medida.

El tercer escenario sería que el juicio termine con un fallo condenatorio. En tal caso, es muy probable que el presidente Duque otorgue un perdón al condenado —tiene las facultades, aunque desconozco cómo funciona el asunto en Colombia—. Entonces Uribe se iría para su casa y el CD terminaría tan vapuleado, que correría el riesgo de desaparecer como partido. Claro, si por cualquier razón no hay perdón presidencial, Uribe iría a alguna forma de cárcel y tendría la opción de apelar ante la sala plena de la CSJ, con la esperanza de que esta halle errores o evidencias nuevas para reversar el fallo. Muy improbable corolario.

Debo decir que el resultado fundamental de los dos últimos escenarios, sobre todo del último, es lo que algunos sugerimos hace nueve años cuando terminó la segunda presidencia de Uribe. Señor, decíamos, para bien y para mal usted ya hizo lo que iba a hacer, váyase para su finca y/o dedíquese a cualquier cosa que no sea la política activa. Los expresidentes activos en política son una aberración que conviene archivar y no solo en Colombia.

Andrés Hoyos 
@andrewholes   
andreshoyos@elmalpensante.com

domingo, 16 de junio de 2019

JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA: ENTRE LA REALIDAD Y LA MENTIRA

Maquiavelo recomendaba no buscar por la fuerza lo que pueda ganarse con mentiras. Es la estrategia de distorsionar la realidad como arma política, que hoy mueven “las redes”, los medios y algunos “deformadores de opinión”, en la oposición y “el tibio centro”, esparciendo pesimismo para hacer sentir que el país va mal y para “disminuir” al presidente, porque –dicen– el país está “desgobernado”.

Que se obsesionó con las objeciones; que la economía está estancada; que le falta norte y “tono”; que obedece a Uribe y al CD, que es lacayo de Estados Unidos; que quiere acabar con la JEP y, por cuenta de unos expertos de la ONU, que incita a la violencia contra los ex Farc, desprecia su derecho a la vida e incumple el Acuerdo.

La cosa no para ahí. Un caricaturista lo pinta como niño con banda presidencial prestada, otro como cerdito ingenuo, y una revista lo muestra solitario. Es el mensaje subliminal de “pobretear” al presidente, con mucha doble moral y mezquinos intereses políticos.

En el reciente especial de Caracol, construido sobre esa percepción negativa, yo vi a un presidente diferente, a un Duque empoderado, rebatiendo con cifras, con hechos y sin titubear, los argumentos de los arúspices de la calamidad nacional, que solo está en las intenciones de opositores y oportunistas.

La doble moral es patética. Los que ayer se aglutinaron para descalificar al ministro de Defensa, son los mismos que enterraron la moción de censura. Botero salió fortalecido.

Los que hoy reconocen validez en las inquietudes presidenciales y proponen “ley interpretativa” para buscar lo mismo que las objeciones: claridad; ayer las combatían anunciando la destrucción del Acuerdo si se le tocaba una coma a la JEP.

Los que defendieron las competencias de la JEP en el caso Santrich, se sumaron a la teoría del complot para extraditarlo y condenaron la indignación del presidente ante la posesión, son los mismos que, para no quedar mal, se unieron afanosos al rechazo.

Los que dicen que Duque no tiene agenda legislativa, aprobaron la ley de financiamiento, el Plan Nacional de Desarrollo y la Ley TIC, entre otras; y claro, hundieron la reforma política porque no les conviene; y otra vez la reforma a la justicia, como lo han hecho desde hace más de diez años.

Son los mismos que, bajo el argumento de la gobernabilidad, mandan mensajes extorsivos para que vuelva la mermelada y se reparta el botín burocrático y presupuestal, según ellos, la única manera de gobernar.

Mentiras; el país puede recobrar la dignidad política; la economía no está mal, como lo confirma el Banco Mundial; a Duque lo acompañan sus principios y millones de colombianos; y tiene el norte de construir futuro desde la legalidad, el emprendimiento y la equidad.

Quienes le apuestan a la mentira contra un gobierno decente, juegan con candela de cara al 2022.

Félix Lafaurie Rivera
@jflafaurie

miércoles, 5 de junio de 2019

ARIEL PEÑA: EL CONFLICTO ARMADO Y EL MARXISMO

Existen políticos que desde hace algunos años, han planteado que en Colombia no ha existido un conflicto armado, sino una amenaza terrorista; por lo que hemos escrito en algunas oportunidades, acerca de que el marxismo es intrínsecamente terrorista, de ahí que no podemos olvidar que las guerrillas creadas en las ultimas 6 décadas, se originaron orquestadas al amparo de la ideología marxista leninista.

Cuando se habla de amenaza terrorista, se puede pensar que el terrorismo solamente está al acecho para realizar sus acciones macabras, pero en Colombia por el contrario ha actuado con saña en contra de la sociedad y el Estado, luego el terrorismo que han practicado las bandas armadas comunistas en las ultimas 6 décadas, lo ha sentido la ciudadanía con todo su rigor, así que una cosa es la amenaza y otra la práctica del terrorismo.

Se ha dicho que con el terrorismo no se negocia, y eso se ha visto a nivel internacional con grupos como el Isis o Al Qaeda, sin embargo en otras ocasiones han habido diálogos como sucedió con la OLP en Palestina y se menciona que en Afganistán hay acercamiento con los talibanes, también sin ir muy lejos en Colombia se ha negociado con grupos como el M-19 y EPL a principio de la década de los 90, y últimamente con las Farc, todo ello de acuerdo a las condiciones peculiares de cada país que ha vivido el flagelo del terrorismo.

En el caso Colombiano, que ha sufrido los rigores terroristas de la narcoguerrilla comunista, hay que ser enfáticos en la génesis del conflicto político militar vivido en el país, en donde la responsabilidad exclusiva recae sobre la dogmatica marxista para la toma del poder, rechazando argumentos bastante inanes, sobre la perdida de los “ideales” de la guerrilla, la falta de compresión del marxismo, su falta de aplicación correcta o la perdida como guía para la acción, todo eso es mendaz, ya que esa doctrina totalitaria ha considerado a la fuerza bruta, como la mejor manera de oprimir a las naciones, donde desde luego se encuentra inmerso el terrorismo.

No tiene sentido negar el conflicto armado en Colombia y, hay que ir a la esencia del mismo, que demuestra inequívocamente sobre quien recae la responsabilidad absoluta, pues al negarlo directa o indirectamente se está exculpando al comunismo totalitario o marxismo, algo que no contribuye para nada a la verdad histórica, que tanto se necesita para no caer en los mismos errores.PATROCINA

No solo en Colombia surgió un conflicto político militar que propició la doctrina marxista a principio de la década de los sesenta del siglo pasado, sino que ello también tuvo ocurrencia en 13 países de Latinoamérica con 26 grupos guerrilleros, patrocinados por el régimen cubano de Fidel Castro y con la anuencia de la URSS, quedando bien claro que todas esas guerrillas seguían las orientaciones doctrinarias del totalitarismo comunista y buscaban igual que en Colombia tomarse el poder, demostrándose que si ha existido un conflicto armado impulsado por un proyecto político absolutista.

Se ha tratado de indicar que por el hecho de que la guerrilla marxista en Colombia cayó en el narcotráfico, para financiar sus actividades criminales, dejó de tener objetivos políticos, lo cual es un argumento muy peregrino, cuando indudablemente el delito ha sido un medio para lograr fines políticos(ello ocurre con el marxismo) como lo hacia el genocida de Stalin a principios del siglo XX en Rusia, en donde maneja casas de lenocinio, realizaba atracos a los bancos y secuestros con miras a la “revolución”. Entonces negar el conflicto en nuestro país crea confusiones, desconociendo la catadura criminal del marxismo con sus agrupaciones armadas, que ha tenido como estrategia la combinación de todas las formas de lucha.

Soslayar la existencia del conflicto armado en Colombia, no contribuye en nada a la autentica comprensión de la tragedia, por lo tanto lo que se debe de analizar sin atenuantes es ¿donde está la responsabilidad? Conociendo los resultados calamitosos, porque no se puede olvidar que la organización genocida que más ha cometido crímenes en la historia de la humanidad es el marxismo leninismo, desde donde surgieron las guerrillas comunistas en el país, que han utilizado el terrorismo como uno de sus métodos de lucha, para someter a a la población a sus instintos perversos, mediante una dictadura perpetua.

ariel peña gonzalez
@arielpenaG

domingo, 21 de abril de 2019

BEATRIZ DE MAJO, LA PAZ NO SALE DE TERAPIA INTENSIVA, CASO COLOMBIA ,

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se acaba de expresar con angustia sobre el futuro del proceso de pacificación colombiano. No es poca cosa lo encomendado a Christoph Heusgen, presidente de la máxima autoridad en materia de seguridad de las Naciones Unidas. La formal carta colgada en la página web de la organización contiene un estado de situación del proceso de paz de Colombia que se inició en 2017 con la firma del Acuerdo de Paz de La Habana, rubricado por Juan Manuel Santos y la cúpula de la organización guerrillera FARC. 

El recuento contenido en el documento toma en consideración los obstáculos que pueden arriesgar su instrumentación y dos, entre todos, son particularmente dicientes. 

El primero tiene que ver con el régimen transicional de justicia para la paz, cuestionado en aspectos formales por el gobierno de Iván Duque. El mandatario no recibió hace pocas semanas el aval que esperaba del Congreso para sus múltiples objeciones a la JEP, todas ellas de carácter legal-constitucional y, por lo tanto, difíciles de entender para el ciudadano común. El agresivo pulso que hubo entre las fuerzas partidistas que representan a los colombianos lo que denota es una fractura importante del electorado frente al elemento más relevante del acuerdo que es el modelo de justicia que ha de aplicarse durante la desmovilización guerrillera y la vuelta del país a la paz. Porque las objeciones existentes no son legales ni formales sino de carácter político y porque, además, el mayor elemento de desacuerdo en el país es la severidad del trato penal a los criminales guerrilleros que la mitad de la población lo considera laxo, débil o injusto.        

Otro de los elementos de preocupación del Consejo de Seguridad está muy en línea con el anterior y tiene que ver con los asesinatos de ex combatientes de las FARC que se siguen produciendo en la geografía colombiana. En el documento los miembros del consejo piden a los colombianos acelerar los esfuerzos para asegurar la reincorporación socioeconómica, política y legal de los ex miembros de las FARC, cuando son más de 130 los ex combatientes guerrilleros asesinados desde la firma del acuerdo. 

Lo que ocurre, en el fondo, es que la Colombia sufrida, la que tiene historias cercanas que contar sobre la violencia que los castigó durante medio siglo a través de la criminal acción guerrillera, sigue sin convencerse de que hay que hacer un sacrificio en la justicia ordinaria a cambio de los beneficios de la paz. Estos beneficios, para el común de la ciudadanía, son conceptos vagos: verdad y reparación. Y la otra ventaja de la paz pactada, la que sus defensores proclaman a los cuatro vientos, aún sigue sin materializarse. Hablamos del silencio de los fusiles, nada hay más falso que las FARC hayan abrazado la dejación de las armas.  

De nada sirve que las Naciones Unidas una entelequia incomprendida por el grueso de la población– abogue por la reincorporación socioeconómica, política y legal de los ex miembros de las FARC-EP” y por el fortalecimiento de las garantías de seguridad a través de medidas preventivas y de protección, con vistas a la participación de todas las partes en las elecciones” de este año. Para el grueso de los colombianos tales compromisos no son sino adefesios imposibles de hacer andar cuando la sangre de las victimas aún está fresca y no se ve la voluntad real de los antisociales de reparar los daños causados ni de regresar sobre sus pasos mediante un desarme real y el abandono del negocio de la droga.   

Sea lo que sea, los acuerdos de La Habana y los instrumentos que los materializan deben ser respetados aun cuando un segmento importante de la población civil les tenga ojeriza o los rechace de raíz. La teoría que debe ser aplicada ante el fin de todo conflicto pactado entre partes enfrentadas es esa: es preciso estar dispuesto a ceder frente a los atropellos, a perdonar, a pasar la página ante los desafueros. 

Buena parte de la sociedad neogranadina no parece aún estar lista para ello. 

Beatriz De Majo 
@beatrizdemajo1