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jueves, 23 de abril de 2020

OSCAR ELÍAS BISCET, CUBA, CÓMPLICE DE LAS MUERTES DEL CORONAVIRUS, DESDE CUBA

La irresponsabilidad y la codicia del régimen castrosocialista de Cuba le hizo retardar medidas oportunas para minimizar el efecto virulento del COVID-19.

La proyección de la personalidad es la característica inherente del régimen castrosocialista de Cuba. Los castristas, en sus evaluaciones médico-epidemiológicas diarias por los medios de información castrenses, siempre exacerban las dificultades de salud de otros países, en especial, las de EEUU y dan un enfoque minimizado y controlado de la pandemia por la COVID-19 en Cuba.

¿Qué de cierto hay en las cifras y datos estadísticos dados por el Sistema de Salud y los dirigentes del régimen de Cuba?

Realmente, ninguna confiabilidad. Recordemos que el Partido Comunista de Cuba (PCC) es el director y administrador del país y del Estado. 

La administración política, económica y sociales en el país están bajo la jurisdicción y control directa de los miembros, o simpatizantes de las organizaciones de masa, del partido comunista.

Esto hace que, de facto, los centros de trabajos, ya sean hospitales, policlínicos, círculos infantiles, escuelas, universidades, funerarias, cementerios, los medios de información, de prensa y otras instituciones, sus estadistas están bajo la supervisión y control de PCC. Esta falta de libertad académica e intelectual dificulta el acceso a las fuentes estadísticas sin la autorización debida del partido-estado.

Por supuesto, en la era de Internet, una situación tan objetiva como la pandemia por COVID-19 o neumonía de Wuhan es difícil poder esconder la realidad. Por eso, cuando el gobierno cubano moderaba la gravedad de la crisis epidémica, la población por el temor de que enfermaran sus hijos, exigió el cierre de la escuelas y círculos infantiles; hasta que el partido gobierno tuvo que acceder esas preocupaciones.

La irresponsabilidad y la codicia del régimen castrosocialista le hizo retardar las medidas oportunas y adecuadas para minimizar el efecto virulento del COVID-19. Por ejemplos: la publicación tardía de casos enfermos en el país, la demora del cierre de las fronteras, el cierre oportuno de escuelas y círculos de infantes y la prolongación de realizar pruebas diagnósticas a la población.

Cuba castrista expone con alarde que es una potencia médica, que tiene el mejor servicio de salud y envía ayuda médica a otros países. Esta última situación es una forma de obtener dinero de las exportaciones de los servicios sanitarios y, lo más vergonzoso es que, estas operaciones de negocios son con la explotación y esclavización de su personal.

Del mismo modo, la crisis de salud cubana es tan antigua que no existe jabón, agua corriente ni medicamentos, incluso estos ni para los ancianos con enfermedades crónicas, que poseen una tarjeta regulada de sus medicinas en sus farmacias del barrio. La mayoría de estos ancianos están desnutridos y anémicos por la falta de alimentos en el país.

El colmo del cinismo y la desvergüenza de la cúpula del régimen y sus secuaces es publicitar los más de 140 mil kits o pruebas diagnósticas rápidas recibidas de donación de China comunista y la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, sin embargo, realizan pocas pruebas investigativas a la población para el diagnóstico de la enfermedad de COVID-19.

Quizás, algunos piensen que están reteniendo las pruebas diagnósticas para el momento más agudo del proceso infeccioso; pero la realidad es que las pruebas no tienen la calidad científica necesaria para el diagnóstico de los casos portadores del coronavirus 19, como sucedió en España, Italia, Checa, Turquía, Francia y Gran Bretaña.

El régimen castrocomunista, a través de su rama gubernamental, el Ministerio de Salud Pública, ofrece conferencias televisivas diarias sobre la pandemia en el país. Muchas de ellas son expuestas por el Dr. Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología, quien explicó (02/04/2020) que están en posesión de los kits de diagnóstico rápido de procedencia china y en su aplicación a 18 849 casos investigados, resultaron 15 personas positivos a el COVID-19, que al realizarles la prueba de biología molecular, el PCR en tiempo real, se confirmó un número menor de la presencia del coronavirus, cuyo dato no fue revelado, o sea, los falsos positivos o negativos de los casos de los kits rápidos; posiblemente del mismo modo fracasado y sucedido en Francia, Gran Bretaña y los otros países europeos.

¿Por qué sin las autoridades de salud tienen en su posesión más de 140 mil kits rápidos, solo se han realizado unas pocas pruebas? ¿Cuántas pruebas rápidas de diagnóstico del COVID-19 se han realidad en el país? ¿Por qué las autoridades sanitarias hablaron de hacer el kit rápido a todas las personas sospechosas, en vigilancia epidemiológica o de riesgos y en estos siguen las cifras altas sin diagnostico? ¿Por qué existen tantos niños afectados con la COVID-19? y ¿está esto relacionado con el cierre tardío de las escuelas?

Otras preguntas en relación a la información libre

¿Por qué no asiste a la conferencia de prensa del Ministerio de Salud los medios de información internacionales acreditados en Cuba y únicamente les permiten las preguntas indirectas a través de un moderador oficialista? Si es por el aislamiento en el país, entonces, ¿por qué no hacen video-conferencias en vivo y con la participación directa de la prensa acreditada y otros periodistas?

En realidad, al no existir una prensa libre surge esta situación desidiosa, donde se oculta la verdad al pueblo cubano, en momentos críticos, en que la muerte puede asirse de cualquier persona y destruir a muchas familias. Esta es la esencia malsana de régimen socialista cubano.

Oscar Elías Biscet: 
lanuevanacion@bellsouth.net
@oscarbiscet
@DLasAmericas
Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos
Presidente del Proyecto Emilia
Medalla Presidencial de la Libertad

domingo, 5 de abril de 2020

AURORA LACUEVA: URGENCIA DE ACUERDOS

Las cosas se están complicando para nosotros: a lo que ya era una situación difícil se sumó primero una fuerte caída en los precios del petróleo, y ahora la pandemia del coronavirus.

Esta pandemia es un reto para cualquier país, mucho más en nuestro caso: el Gobierno no tiene los recursos económicos para superarla como debe ser. Hasta ahora, el manejo sanitario de la enfermedad ha sido acertado, con la estricta cuarentena desde temprano y la obtención de medicinas, “kits” de prueba y equipos gracias a la ayuda de países aliados. Pero es imprescindible evitar que la economía se derrumbe por completo con la parálisis obligada. Por el contrario, hace falta paliar efectos y, luego, abrir caminos de trabajo productivo, justicia y bienestar. Podríamos discutir lo que se debió haber hecho en la economía hace siete años, mas lo que urge determinar es lo que es necesario y factible hacer ahora.

Venezuela requiere obtener financiamiento del Fondo Monetario Internacional, como lo ha solicitado: se trata de un tipo de préstamo para emergencias, sin imposiciones, al cual el país tiene derecho como miembro de esa institución. También requiere tener acceso a nueve mil millones de dólares suyos, que se encuentran represados en bancos del exterior debido a las sanciones del gobierno de Trump.

Además, necesita poder vender libremente su petróleo, que ahora se comercia con importantes descuentos por las dificultades que las mismas sanciones imponen. Un convenio del tipo “Petróleo por alimentos”, supervisado por la ONU, sería una salida temporal a este enorme obstáculo. Más allá de estos primeros remedios, el país necesita de inversores nacionales y extranjeros para reanimar el agro y la industria, incluyendo la propia industria petrolera. El Estado por sí solo no cuenta con el capital necesario.

Para poder avanzar en las áreas mencionadas se impone resolver la crisis política: Gobierno y oposición tienen que negociar. Ya basta. La victoria total sobre el contrario no es viable, tampoco deseable si queremos democracia. Ambos lados tienen que ceder en algo y alcanzar acuerdos hacia una estable y digna convivencia política y unas sensatas iniciativas económicas. Es urgente dejar de hundirnos en la pobreza.

Aurora Lacueva
lacuevat@hotmail.com
@AuroraLacueva 
@UNoticias