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lunes, 2 de agosto de 2021
AQUÍ TITULARES DE HOY LUNES 02/08/2021 PULSA SOBRE EL TÍTULO PARA LEER
SOLEDAD MORILLO BELLOSO: EL LIDERAZGO NO ES PARA CUALQUIERA
El país ha vivido por estos días una inusitada y sabrosísima alegría. Los atletas olímpicos venezolanos nos ha regalado esa maravilla de sentir que el corazón se nos salía por la boca, que el tricolor ondea dentro nuestro, que nadie por mucha idiotez que dijera podía borrarnos la sonrisa. Sí, escuchamos el himno nacional y no nos sonó a cancioncita barata que algunos cantan como relleno en actos sin pompa. Y quienes eso no han sentido por estos días, pues por esos hay que sentir lástima. Y dejar que sus comentarios idiotas se deslicen por nuestro ánimo convertido en sartén de teflón.
El domingo pasado comenzó pintado de felicidad. Estábamos ciertamente con los músculos risorios prestos para un severo ataque de gozo. Ya habíamos saboreado durante la semana la dulce gloria con los éxitos de unos espléndidos jóvenes a quienes a pesar a miles de kilómetros de distancia sentíamos conciudadanos muy cercanos. Las calles de Venezuela y de muchas ciudades del mundo se poblaron de los fantásticos gritos que se escapaban de las casas de millones que supimos ser lo que mejor sabemos ser: venezolanos. Y quienes trataron de apropiarse de méritos ajenos y empañar nuestra alegría, se quedaron con los crespos hechos.
Lo que estos muchachos nos han dado no hay cómo tasarlo. Ni medirlo. Ni adjetivarlo. Quizás lo necesitábamos, desesperadamente. Para sentirnos vivos, para entender que las adversidades no son escollos insuperables. Para metabolizar que no hay que ir al mercado de otras plazas emocionales a procurar esa fuerza que tenemos por dentro.
Por estos días he tenido el placer de entablar franca (y descarnada) tertulia con venezolanos brillantes y valiosos que me honran con su amistad y cariño. Han sido palabreos difíciles e intensos con personas extremadamente bien preparadas y que aman a nuestro país con toda su alma. La vida cotidiana es muy dura en Venezuela. Que nadie crea lo contrario. Que nadie se atreva a pretender decir que exageramos. Pero a pesar del chorro de tonterías y simplezas que uno escucha a diario, de tirios y troyanos, hay que quitarse las lagañas para poder ver el país que no tenemos ahora pero que sí podemos tener. En el futuro. En eso hay que pensar. Por eso, por ese mañana, para tenerlo, hay que trabajar hoy. Y aunque hoy no consigamos verlo con diafanidad, porque el aire está enrarecido, hay con qué y hay con quiénes.
Si resulta que los liderazgos que aspiran a recibir nuestra confianza no logran hacer méritos para ocupar esas posiciones de liderazgo, si sentimos que no están dando la talla, si están ciegos, agotados, si sentimos que han llegado al límite de su capacidad o ya no tienen ideas creativas, pues nos quedan dos caminos: o les exigimos mejor desempeño y los ayudamos con desprendimiento, o los descartamos, entendiendo bien que si eso hacemos estaremos a la deriva.
El liderazgo, sea político, empresarial, sindical, social, religioso, profesional, es como el deporte olímpico. No es para cualquiera que crea que basta con un traje o un uniforme. Detrás de cada atleta hay un equipo, que lo asiste, que lo ayuda.
El liderazgo no es asunto de hombres y mujeres que lo entienden como espacio de su propiedad. El ejercicio de liderar tiene las mismas exigencias de los deportes de alta competencia y exigente rendimiento. Yo creo que quien no se ocupe, pues que desocupe. Y el que se preocupe, pues que se ocupe. Pero las cosas como son: nadie puede hacer un buen trabajo de liderazgo recibiendo una lluvia de piedras. Si Ceballos se equivocó, si dijo una sarta de necedades, muy bien reprenderlo, llamarlo a capítulo, leerle la cartilla, pero es también asunto de traerlo de vuelta a la sensatez. Tirarlo por el barranco es un desperdicio.
La cosa no está para monsergas. Millones literalmente arrastran por las calles y caminos una trágica miseria. Millones no ganan ni tan siquiera lo suficiente para poner comida sobre la mesa. Millones no viven, apenas sobreviven. Pero hay miles que creen que la cosa no está tan mal. Son los tontos que viven en su pequeño y mullido mundo, sin ver hacia afuera, enclaustrados en su propia película. Creen en aquello de ojos no ven corazón que no siente. Pero son extremadamente activos en las redes, desde las cuales lapidan a placer en un juego de ejercer una libertad irresponsable.
Yo creo en la unidad, no como un fin, sino en la única forma posible de hacer musculatura política. Se acercan las elecciones del 21N. Tengo muchísimas dudas. Pero de una cosa estoy completamente segura: si cada cual tira de una esquina de la cobija, lo que acabará teniendo en la mano serán hilachas.
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
Venezuela
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ: ATRAPADOS SIN SALIDA
AMÉRICO MARTÍN: LA NUEVA GENERACIÓN
¿Será necesario que una nueva generación tome la dirección política en Cuba y Venezuela para hacer lo que no quieren o no pueden los viejos líderes?
El prejuicio que la indicada interrogante expresa en cuanto al desempeño de los viejos conductores es históricamente insostenible, salvo que pasemos por alto el papel cumplido por ancianos ilustres como Churchill, Adenauer, De Gaulle, Eisenhower, Nixon, Chou Enlai, Mao Zedong y muchos otros. En la Segunda Guerra Mundial y en su posguerra, ese viejo liderazgo —hablando sin hipérboles y partiendo de conflictuadas esquinas— salvó al mundo.
Más obligatorio que salvar los méritos legítimamente logrados es dar vuelta a esa pregunta del indicado foro, con el fin de poner en evidencia su falacia.
Recuérdese que una nueva generación conduce en nuestro país el timón de la nave y que ha ocurrido de manera más formal en Cuba. Pese a la índole planificada y cuidadosamente manejada del proceso cubano, ha sido este más peligroso y cruento que el venezolano.
En la históricamente agitada isla, escenario del liderazgo extremadamente contradictorio del apóstol José Martí y del mítico dictador Fidel Castro, la revolución protagonizada por los hermanos Castro, el Che, Camilo, Huber Matos, sencillamente mostraba ya signos avasallantes de fracaso, pese al colosal esfuerzo de sus líderes tradicionales para ocultarlo. Lo lograron a medias, pero cuando las malas noticias sobre su desempeño invadieron el alma tempestuosa de Fidel, y casi inmediatamente la del sobrio Raúl, la onda mortalmente pesimista se expandió como una feroz pandemia por casi todo el cuerpo de la festinada revolución. Sin embargo, entre la cautela y la esperanza, la mayoría decidió confiar en algún milagroso discurso del caudillo para recuperar la fe en la causa, ahora puesto en discusión su destino. A un abismo muy abrupto se habría desplomado la zozobra del máximo líder, que su esperada respuesta fue realmente aterradora.
Convocó un homenaje a sí mismo en el Aula Magna de la Universidad de La Habana —recinto en el que, por cierto, nunca tuvo mayor relevancia— donde volcó un estado de ánimo impregnado de derrotismo. Comenzó preguntando a la nutrida concurrencia: ¿Ustedes creen que la revolución pueda sucumbir? ¿No piensan que una perestroika cubana pueda destruir la Cuba socialista?
Como un resorte, la multitud se puso en pie rugiendo. ¡Nunca! ¡El socialismo nunca será vencido! Castro la cortó en seco. Pues yo creo que si no hay una vigorosa reacción y cambiamos ahora, todo se irá al diablo.
Era obvio que el caudillo no podía más, con el tiempo lo siguió su incondicional hermano menor, con una decisiva diferencia, asomó el contenido del cambio: la apertura económica y la apertura política y urgió a aplicarlas inmediatamente. Sus palabras fueron: «No podemos seguir dando vueltas al borde del precipicio sin caer en su oscuro fondo».
Raúl siempre fue un hombre práctico que no se ufanaba de su manejo de la ideología y se aferró a lo que estaba a la vista y daba resultado, «el socialismo de mercado chino», salido de la férrea voluntad de Den Xiao Ping. No se le escapó a Raúl la perspicacia y el pragmatismo del reformador asiático y procedió a hacer lo mismo.
Muy a pesar de las abismales diferencias entre las dos realidades, impusieron a los cubanos una serie de retoques con el objeto de «cubanizar» el viraje.
Fue así como, del flamante proceso abierto a la imaginación de los líderes emergentes, se fue estructurando la nueva generación del cambio en Cuba.
Su fuerza reside en la autenticidad de origen y en su habilidad para sumar aportes de otros. Del grupo de nuevos miembros del Buró Político del PCC, el más joven y uno de los más competentes es Miguel Díaz-Canel, quien fue ministro de Educación. Estuvo con Raúl en tiempos cruciales y específicamente durante la realización del VI Congreso del PCC, que le dio el mando del Estado, del partido y del poderoso Ejército cubano después de quitárselos, sin estridencias ni maltratos, a Fidel.
El hermano menor pronunció entonces su primer discurso oficial desde la cima del poder. Díaz-Canel fue el encargado para responder, de modo que fue muy visible la identidad política de los dos. Y la razón por la cual se otorgó el honor y tamaña responsabilidad evidenciaron sus lazos de amistad.
La cuestión es que los dos fueron percibidos como los aliados decisivos del alto mando estatal y partidista, pero aparentemente podría explicar los delicados problemas que, en tiempos recientes, han estallado en las esferas dominantes de la organización, al punto de dejar entrever el ardiente drama que está manchando la casi familiar conexión alrededor de Raúl y Díaz Canel, entre los más altos dirigentes políticos y militares.
Presento esta prueba maciza al canto: es público y notorio que en solo nueve días murieron cinco generales de la más alta graduación y elevadas responsabilidades. ¿Como murieron? ¿Quién los asesinó?
Un hecho tan brutal y escandaloso no puede permanecer oculto en la bruma ni tapiado por un oscuro e interesado silencio. La verdad brillará profunda y certera como el canto de la alondra en la mañana. y entonces habrá que preguntar cuándo llegará esto a su fin.
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin
@DiarioTalCual
Venezuela
VICENTE BRITO: ELECCIONES. ¿DESCENTRALIZACIÓN VS CENTRALISMO?
LEANDRO RODRÍGUEZ: ¿DIÁLOGO Y VOTO?
ROMAN IBARRA: LOCA POLARIZACIÓN
domingo, 1 de agosto de 2021
ESPECIAL DEL DOMINGO. NICK LONGRICH: POR QUÉ ALGUNAS ESPECIES PROSPERAN TRAS LAS CATÁSTROFES Y QUÉ PODEMOS APRENDER LOS HUMANOS DE ELLAS
Hace 66 millones de años, un asteroide impactó en la Tierra. El mundo quedó sumido en la oscuridad, y murieron los dinosaurios junto con más del 90% de las especies vivas.
Hoy, todos los seres vivientes descienden de ese puñado de especies sobrevivientes. Pero no todos aquellos que sobrevivieron prosperaron.
Algunos grupos —aves y mamíferos placentarios, mariposas y hormigas, girasoles, hierbas— se diversificaron, aprovechando la devastación.
Algunos, como los cocodrilos y las tortugas, no lo hicieron. Y otros, como los mamíferos multituberculados y los champsosaurus, sobrevivieron al asteroide pero se extinguieron después.
¿A qué se debe esta diferencia? Sorprendentemente, lo que separó a ganadores de perdedores no fue cuán duro fue para ellos la extinción."Aunque ninguna especie debería extinguirse, algunas lo harán": en qué se basan los científicos para elegir las especies que salvan
La diferencia está en que los ganadores tenían cualidades que los hicieron más adaptables y competitivos tras la extinción: crecían rápido, eran móviles, cooperativos e inteligentes.
Algunos grupos fueron completamente eliminados: dinosaurios, pterosaurios, plesiousaurios y amonites.
Obviamente, no pudieron participar en la recuperación. Pero, entre los sobrevivientes, los grupos que corrieron con ventaja fueron aquellos más azotados por la extinción.
DESVENTAJA INICIAL
Los cocodrilos, las tortugas y los tiburones se salvaron de la extinción, pero hoy día no son particularmente diversos.
Mientras que grupos que hoy son dominantes fueron devastados. Serpientes y lagartijas sufrieron una devastación de un 80%. Los mamíferos resultaron aún más golpeados, con un índice de extinción del 90%.
Quizás tres especies de aves sobrevivieron, lo que indica una tasa de extinción del 99,9% o más.
Estos grupos fueron los ganadores pero solo en un sentido relativo (99,9% es terrible, pero es mejor que una tasa de extinción del 100%).
¿CUÁL SERÁ LA ESPECIE DOMINANTE SI LOS HUMANOS NOS EXTINGUIMOS?
Pero mientras que estos animales sufrieron inicialmente, prosperaron cuando —literalmente— el polvo se asentó.
Cuatro cosas les dieron ventaja.
METABOLISMO
Primero, los ganadores tenían un metabolismo rápido. La tasa metabólica se refiere a qué tan rápido ocurren los procesos biológicos (las reacciones químicas que les permiten a los organismos crecer, moverse, digerir y reproducirse).
Los metabolismos más rápidos requieren más comida. Inicialmente, esto fue una desventaja para las aves de sangre caliente y los mamíferos durante el invierno que siguió al impacto, cuando las plantas no podían sintetizar alimento.
Las plantas con flores que crecen rápido, sobre todo las hierbas, prosperaron a expensas de las especies de crecimiento más lento.
Pero después, el poder comer, crecer y reproducirse rápidamente les permitió alas aves y los mamíferos incrementar rápidamente su población, competir efectivamente y colonizar nuevos hábitats.
Las plantas con flores que crecen rápido, sobre todo las hierbas, prosperaron a expensas de las especies de crecimiento más lento.
Incluso dentro de estos grupos, vemos cómo el metabolismo rápido proporciona ventajas.
Así fue el último día de los dinosaurios después del impacto del meteorito que acabó con ellos
Entre los mamíferos, los placentarios, con metabolismos más rápidos, superaron a los marsupiales. Las paseriformes, el grupo más diverso de aves, también tienen tasas metabólicas más altas que otras aves.
MOVILIDAD
Segundo, la movilidad promueve la adaptabilidad. El vuelo le permite a aves, murciélagos y hormigas colonizar nuevos hábitats. Los mamíferos, al ser muy móviles, invaden rápidamente nuevos hábitats —piensa en los conejos en Australia o los renos en Nueva Zelanda— de una forma en que las tortugas no pueden hacerlo.
Las plantas con flores también desarrollaron sus trucos —frutos, erizos, cascarillas flotantes— para que el viento, el agua o los animales transporten sus semillas.
Es difícil desplazar a los competidores una vez que se establecen, por eso ser el primero en un nuevo hábitat ofrece enormes ventajas competitivas.
COOPERACIÓN
Tercero, los ganadores tienden a cooperar. Leones y lobos forman manadas para cazar presas y defender territorios, los elefantes y las cebras crean rebaños para defenderse.
La cooperación fue fundamental: las aves, por ejemplo, vuelan en bandadas para encontrar comida y evitar depredadores.
Las aves vuelan en bandadas para encontrar comida y evitar depredadores.
Las hormigas y las termitas forman grandes grupos familiares, superando a los insectos solitarios.
Las aves, los mamíferos y los insectos sociales también cooperan con sus parientes, alimentando y cuidando a su descendencia, para preservar sus genes de manera más eficiente.
También hay especies que cooperan con otras especies. Las hormigas cortadoras de hojas y las termitas forman alianzas con hongos y los cultivan a cambio de alimento.
Las plantas con flores le brindan néctar y frutos a los animales, que a su vez polinizan sus flores y esparcen sus semillas.
LA OLA DE 1.600 METROS QUE PUDO ACABAR CON LOS DINOSAURIOS
Al cooperar, estas especies compiten de forma más efectiva, por ellos los animales que cooperan como las hormigas, los elefantes y las orcas tienden a jugar un rol más importante en los ecosistemas que los animales solitarios como los caimanes y las tortugas.
INTELIGENCIA
Pero quizás, la tendencia más notable es el aumento de la inteligencia. Los mamíferos y aves tienen los cerebros más grande del mundo animal. Los mamíferos con cerebros más grandes, los placentarios, superaron a los marsupiales y a los monotremas (que ponen huevos).
La inteligencia de los animales acelera su adaptación.
Las aves más diversas, los paseriformes y los loros, son las más inteligentes.
Entre los insectos, los sociales —hormigas, abejas y termitas— tienen comportamientos complejos que emergieron de las interacciones de individuos no inteligentes.
El fenómeno se conoce como inteligencia de enjambre y, no por casualidad, estos insectos dominaron los ecosistemas después del invierno que siguió al impacto del asteroide.
Pero la inteligencia no solo hace a los animales más competitivos. Acelera su adaptación, porque el primer paso para cambiar el ADN es cambiar tu mente.
Por ejemplo, antes de que los mamíferos pudieran evolucionar a ballenas, primero tuvieron que aprender a nadar y pescar. Solo después la selección natural pudo crear aletas y un sonar.
Por qué el asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios cayó "en el peor lugar posible" de la Tierra
Antes de que pudiesen evolucionar los caballos, sus ancestros omnívoros cambiaron a un dieta vegana, luego la selección natural favoreció cierto tipo de dientes y una sistema digestivo complejo para procesar plantas.
EL COMPORTAMIENTO LIDERA, LOS GENES VAN DESPUÉS.
Cuanto mayor sea la flexibilidad del comportamiento de un animal, mayor será su potencial de adaptación.
Cuanto mayor sea la flexibilidad del comportamiento de un animal, más trucos podrá aprender, y su potencial de adaptación será mayor. Los animales no deciden conscientemente su futuro evolutivo.
Pero eligen lo que comen, cómo buscan comida o dónde viven.
Los ancestros de las ballenas no soñaban con convertirse en delfines, pero sí en atrapar peces, y se imaginaron nuevos lugares donde encontrarlos. Ser capaces de aprender de ayer, procesar información en sueños esta noche, imaginar diferentes resultados mañana (aprendizaje, procesamiento de memoria, creatividad) aumenta la cantidad de potenciales futuros evolutivos.
NO ES ACCIDENTE
Los continentes se aislaron en la era Cenozoica temprana, justo después del impacto del asteroide. Sin embargo, los ecosistemas notablemente similares dominados por mamíferos y aves evolucionaron independientemente en América del Sur, África, Australia y el supercontinente euroasiático y norteamericano.
Eso implica que el dominio de estos grupos no fue un accidente.
Lo sorprendente es que estas tendencias no eran nuevas: los dinosaurios muestran patrones similares. Los dinosaurios del período Cretácico tenían tasas de crecimiento más altas que sus ancestros triásicos antiguos. Eran más móviles, algunos eran corredores rápidos, otros —pájaros— volaban.
Los cerebros de estos dinosaurios eran más grandes que sus homólogos anteriores. T. Rex era más rápido, más inteligente y tenía un metabolismo más rápido que sus antepasados. Muchos tenían comportamientos de rebaño desconocidos en dinosaurios anteriores.
Durante el invierno que siguió al impacto del asteroide, las reglas cambiaron por un tiempo breve. A las aves, mamíferos y dinosaurios de sangre caliente, rápidos, cooperativos e inteligentes les fue mal en comparación con las tortugas y los caimanes. Los dinosaurios desaparecieron. Posteriormente, estas tendencias se reafirmaron.
La evolución puede ofrecernos aquí algunas lecciones. Sé rápido. Muévete para encontrar nuevas oportunidades. Trabaja con otros. Prueba cosas nuevas. Pero, sobre todo, cambia, adáptate.
Estas son casi siempre buenas estrategias, pero especialmente cuando estás deprimido, tratando de recuperarte.
Nick Longrich es profesor de biología evolutiva y paleontología de la Universidad de Bath. Paleontólogo y biólogo evolutivo estudia dinosaurios y criaturas extintas y escribe ciencia.
ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL II: DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com DOMINGO 01/08/2021
AQUÍ TITULARES DE HOY DOMINGO 01/08/2021 PULSA SOBRE EL TÍTULO PARA LEER
MIBELIS ACEVEDO DONÍS: ¿ROTURA O COOPERACIÓN?
Sobre el poder de imaginar colectivamente y cómo ello condiciona la cooperación humana a gran escala, escribe Yuval Noah Harari en “Sapiens, de animales a dioses”. “Contar relatos efectivos no es fácil. La dificultad no estriba en contarlos, sino en convencer a todos y cada uno para que se los crean. Gran parte de la historia gira alrededor de esta cuestión: ¿cómo convence uno a millones de personas para que crean determinadas historias sobre dioses, o naciones, o compañías de responsabilidad limitada? Pero cuando esto tiene éxito, confiere un poder inmenso a los sapiens, porque permite a millones de extraños cooperar y trabajar hacia objetivos comunes”.
Sin habla ni comunicación, sin habilidad para contar historias o usar la palabra para crear mitos y constructos con los que la mayoría se conmueva e identifique, es inconcebible la asociación humana. Podemos decir, por ende, que sin realidad imaginada no hay política. Y que tampoco hay política efectiva sin buen narrador, sin chamanes que prestos a seducir aportando fibra y vuelo al discurso, logran sacar agua de las piedras, aun en tiempos turbulentos. Por contraste, cabe pensar que la impericia para pulsar las teclas del Logos y el Pathos e inspirar así la virtuosa Philia de la comunidad, suscribe la crisis de liderazgo.
Ese boquete es patente en Venezuela. La palabra que cautiva, junta y repara no sólo es escasa, sino que la percepción de su eficacia se ata a la nociva polarización que el neo-populismo encajó en nuestra dinámica relacional. La impronta del caudillo -era innegable el talento de Chávez para contar historias, forjar mitos y fomentar entre los suyos una cohesión cuasi tribal- sigue viva, animando la distinción moral entre “ángeles” y “demonios”, puros e impuros, verdaderos y falsos, valientes y colaboracionistas. El fantasma de la antipolítica medra donde la indigencia no sólo conceptual y material, sino afectiva, copa el imaginario.
Aquí y allá, con más de uno armado de piqueta para ensanchar la brecha, prospera la resistencia a valorar matices, a trajinar con la humana ambivalencia. En los últimos años, además, lejos de eludir ese derrotero suicida y oponer un contradiscurso tendiente a despolarizar -el hito de 2015 brindó clara oportunidad para eso- cierta oposición miró hacia atrás y se dispuso a calcar el referente de “éxito” de la fullera praxis. ¿El resultado? No sólo la estigmatización de la diferencia llevada a niveles bufos, sino una atomización de la potencia difícil de contrarrestar de cara a las próximas elecciones.
La homogeneización en torno a una postura única e irrebatible, en virtud de la pugna por la hegemonía intra-oposición; y la ola de cismas y expulsiones que ha operado en los partidos, dan fe de esa deriva. Así, penosamente, organizaciones que por ser más democráticas y aglutinadoras estarían llamadas a debilitar el canon autoritario, pasan a ser agentes polarizadores. Lo mismo ocurre con ciudadanos que deciden identificarse con esa dicotomización, con el agrupamiento por afinidades cerradas, ascos y rabias. En ese contexto, a la opinión le cuesta cada vez más cursar libre, crítica e independiente; ahora es siempre susceptible de sospecha. No faltan los que al vivir cazando el ánimo de ataque, diluyen el punto de vista que disgusta en un previsible framing, lo rebajan y hacen parte del encargo a “grupitos”, de arreglos según los intereses más turbios. De nuevo: el despreciable “ellos” vs el impoluto “nosotros”.
¿A dónde lleva un relato que, antes que promover la toma de conciencia frente a la realidad y la acogida del distinto, antes que suscitar la cooperación de millones de extraños, más bien “dignifica” la segregación? Cuesta imaginar algo más adverso a la ética de la responsabilidad y menos proclive a la gesta contra el ethos autoritario. El fracaso opositor pone de relieve la incongruencia. No obstante, a la polarización sigue apelándose como recurso para atraer a los intransigentes, los que todavía creen que prescindiendo de las formas de la democracia tendrán algún chance de conquistarla. De modo que, justo cuando la estrategia pide inclusión, para esa dirigencia entrampado por sus propias reglas y dietas de palabras se hacen más indigestas las revisiones.
El balance de Luis Vicente León sirve de alerta: “el liderazgo político se encuentra en su peor momento histórico. Ningún líder (vivo) obtiene evaluación positiva superior al 20%, es decir: todos empatados en la nada”. Tres cuartas partes de la población creen necesario el cambio de gobierno, “pero también cambios en la estrategia y liderazgo opositor”. ¿Qué nos dice esto? Tal vez que si no hay relato distinto al de la rotura y la supresión, la lucha por la supervivencia seguirá tragándose la posibilidad de crear una nueva realidad. Esa tensión creadora que la palabra introduce, y que boquea en manos de piratas sin imaginación, oportunistas, bisoños, filotiranos. Y políticos que en lugar de sentirse retados, acaban acoquinados por la fealdad de los diagnósticos.













