domingo, 27 de febrero de 2022

ALFREDO M. CEPERO: LA “POBRE” HILLARY

Esta señora es tan radiactiva que ni su misma gente la quiere, pero ella no parece darse por enterada.

Al leer este título muchos pensaran que he perdido la razón. ¿Cómo sentir lástima por una mujer que ha sido Primera Dama, Senadora, Secretaria de Estado, multimillonaria, madre y abuela? Solamente con uno de esos atributos cualquier persona normal se consideraría dichosa y sería totalmente feliz. Pero Hillary Rodham Clinton no es una persona normal. Esta mujer—tarruda, mentirosa, intrigante, corrupta y vengativa—tampoco presta atención a ninguna de sus verdaderas desgracias. Porque, para ella, su mayor desgracia—según su conducta y sus declaraciones—es no haber podido llegar a la presidencia de los Estados Unidos.

Por aquello de que “a la tercera va la vencida”, después de haber fracasado dos veces en sus aspiraciones a la presidencia, Hillary se prepara ahora para hacerlo por tercera vez. Y, tal como ocurrió en 2016, cuando perdió frente a Donald Trump, Hillary se aferra a su corona y los demócratas no saben qué hacer con ella. Su reciente discurso ante el Partido Demócrata de Nueva York fue el de una candidata que prepara su aspiración a la presidencia.

El periodista William Safire, asesor de presidentes y brillante articulista del rotativo The Washington Post—antes de que el Post contrajera el virus de la izquierda—la consideraba una mujer despreciable. En un ensayo publicado el 8 de enero de 1996, cuando Hillary era primera dama, Safire escribió: "Hillary Clinton es una mentirosa congénita". Y agregó: "Ella tiene el hábito inveterado de mentir y nunca se ha visto obligada a reconocer sus mentiras o las mentiras que ha hecho decir a sus subordinados".

Por mi parte—aunque sé que no me van a escuchar—les doy a los demócratas que quieran mejorar sus probabilidades de tener aunque sea un éxito relativo en las elecciones presidenciales de 2024 el mismo consejo que les di en 2016. El 12 de marzo de 2015 escribí: “Los demócratas tienen, por lo tanto, que tomar una decisión terminante: Hundirse con los Clinton o arrancar la corona de las manos de Hillary. Y eso, tomando en consideración la maldad de esta mujer, no será una tarea fácil”.

La realidad es que las trampas interminables de Hillary Clinton durante la campaña de 2016 pueden ser catalogadas como un “golpe de estado” en cámara lenta. Esa es probablemente la razón por la cual una encuesta de la compañía TechnoMetrica Institute of Policy and Politics (TIPP) arroja el resultado de que el 66 por ciento de los demócratas quieren que Hillary sea investigada sobre cualquier papel en que ella haya participado en la mentira de que Donald Trump conspiró con los rusos. Esta señora es tan radiactiva que ni su misma gente la quiere, pero ella no parece darse por enterada.

Por su parte, el ex congresista republicano Devin Nunes declaró a Newsmax que los delitos descubiertos por el Fiscal Especial John Durham en relación con la campaña presidencial de Hillary Clinton en 2016—se dice que su equipo pagó a una compañía de internet para que penetrara en las computadores de Trump Tower y de la Casa Blanca—“podría resultar en muchos más enjuiciamientos”. Y agregó: “Así que Durham tiene que investigarlo todo. Ya ha procesado a uno de los abogados de los Clinton y otros parecen estar en peligro”

Abundando sobre el tema, el congresista republicano por Ohio, Jim Jordan, afirmó que el informe publicado la semana pasada por John Durham revela que otro abogado de los Clinton, Michael Sussman, trabajó con el experto en computación Rodney Jaffe para crear conexiones entre Trump y los rusos. Los informes de Durham también revelan que Sussman pasó la cuenta de sus honorarios a la campaña de Hillary por su trabajo en las alegaciones del “Russia Bank 1”. La Casa Blanca, por su parte, se ha negado a contestar preguntas sobre las alegaciones de que la Campaña de Clinton en 2016 pagó a una compañía de computación para que se infiltrara en los computadoras de la Casa Blanca después que ya Donald Trump era presidente. Una bajeza que sólo podría esperarse de la Cuba de Castro o la Venezuela de Maduro.

Ahora bien, de lo que no me cabe duda alguna es de que las maquinaciones ilegales de Hillary fueron el detonador de cuatro años de histeria nacional, una nación dividida y peligrosas tensiones con una potencia nuclear como Rusia. Por ejemplo, Clinton contrató al ex espía británico, Christopher Steele, para que compilara información perjudicial a Donald Trump. Los antiguos subordinados y amigos de Hillary sembraron las mentiras del documento de Steele a través del Departamento de Justicia, el FBI y la CIA. Una burocracia politizada y una mujer diabólica no tuvieron escrúpulos en hacerle daño a los Estados Unidos con tal de destruir a un adversario político.

Y todas estas trampas sirvieron de columna vertebral a lo que siempre se ha considerado como un imposible en la nación americana. En este clima de locura colectiva creado por Hillary Clinton, generales retirados se refirieron a Donald Trump como un déspota a la manera de Hitler o Mussolini. Se llegó al extremo de que un exfuncionario del Pentágono formulara un escenario de un golpe militar para destituir al presidente.

De todas maneras, y a pesar del odio que tuvo que enfrentar, Donald Trump logró poner en vigor una lista gigantesca de éxitos: seguridad en las fronteras, independencia energética, empleo total sin inflación, reducción de regulaciones gubernamentales y una política exterior de contención sin intervencionismo. Solamente un hombre de cualidades excepcionales pudo superar tantos obstáculos y tanta maldad. Donald Trump es ese hombre excepcional.

Hillary Clinton ha demostrado ser todo lo contrario. Su mayor éxito ha sido convertirse en una maestra del escándalo. La lista de sus bajezas es capaz de hundir a un transatlántico: la inversión fraudulenta en acciones futuras de ganado vacuno, los documentos desaparecidos del bufete de Rose en Little Rock, las trampas de Travelgate, la corrupción de Uranio Uno, los correos electrónicos perdidos y el falso informe de Steele.

Pero el esfuerzo fraudulento de sus asociados para penetrar en las comunicaciones ultra secretas de un candidato presidencial y utilizar más tarde esa información ilícita para arruinar la institución casi sagrada de la presidencia pasará a la historia americana como una obra maestra del engaño.

Alfredo M. Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Cuba - Estados Unidos

EDUARDO FERNÁNDEZ: CAMBIO ECONÓMICO

La semana pasada hablamos acerca del cambio político. Toca hoy hablar sobre el cambio económico. Ha fracasado ruidosamente el modelo socialista. El daño hecho por el socialismo del siglo XXI a Venezuela es inconmensurable. Una caída escandalosa del PIB. Un episodio de hiperinflación prolongado en el tiempo y un crecimiento exponencial de la pobreza y de la miseria. Ese es el resultado de 20 largos años de socialismo.

Nosotros, desde Ifedec, proponemos asumir un modelo más parecido a la economía social de mercado. Es el modelo que hizo posible la recuperación de Alemania y de todos los países de Europa Occidental después de la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial. “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”.

La recuperación económica de Venezuela supone la atracción de enormes inversiones. Vamos a necesitar la ayuda financiera de los organismos internacionales como lo acaba de decir el distinguido economista Pedro Palma. Vamos a requerir la colaboración del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, del Banco Interamericano de Desarrollo, de la Corporación Andina de Fomento. Desde luego, para lograr esa colaboración se requiere un clima político interno de estabilidad que inspire la confianza de esos organismos.

La recuperación de la economía venezolana requiere muchas inversiones: inversiones públicas, pero, sobre todo, inversiones privadas. Inversiones nacionales, pero también y sobre todo, inversiones internacionales. De nuevo, la condición para que podamos contar con esas inversiones es que seamos capaces de generar confianza.

Sin confianza no habrá inversiones y sin inversiones no habrá recuperación económica. ¡Así de simple! Para que haya confianza debe haber un clima político propicio, paz, tranquilidad, un gobierno con un gran respaldo de opinión y, sobre todo, respeto a las reglas del juego democrático. Reglas claras, confianza en el sector privado de la economía, respeto a la propiedad privada. La buena noticia es que Venezuela tiene todo lo que se necesita para recuperarse económicamente. Hago apenas una lista de nuestras ventajas competitivas y comparativas: ubicación geográfica, recursos humanos, petróleo y otros recursos energéticos, agua y un gran potencial hidroeléctrico, recursos minerales, potencial agrícola y pecuario, un inmenso potencial para desarrollar una industria turística formidable y potencial industrial.

A la recuperación económica hay que pedirle que genere oportunidades, empleos modernos, bienes y servicios para todos. La recuperación de la economía venezolana es urgente, pero además, es posible.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE
Twitter: @ifedecve
Instagram: @Ifedecvenezuela
Facebook: @ifedecVZLA
Venezuela

VICENTE BRITO: MIGRACIÓN Y FUTURO

Buena parte de nuestros emigrantes se encuentran dispersos en diversas regiones del mundo, principalmente del continente americano, donde se estima que alrededor de 5 millones de venezolanos se encuentran entre países de norte, centro y sur América. Siendo Colombia el que alberga a más venezolanos con una cifra estimada sobre el millón de personas viviendo en ese país.

Algunos analistas consideran que la cifra de Venezolanos que han salido fuera del país es cercana a los 7 millones estima que alrededor de unos 5 millones de estos emigrantes son jóvenes con edades comprendida de los 15 años a 35 años, está conformada principalmente por trabajadores especializados y profesionales de las distintas áreas, están incluidos técnicos petroleros, médicos, ingenieros, albañiles, ganaderos, agricultores, informática, redes telefónicas, constructores, pesca, transporte, etc. Pero no todos han tenido las posibilidades de obtener trabajos adecuados a sus conocimientos y muchos realizan labores con salarios menores a los que se les cancela a los nacionales de esos países, se dan casos de las explotaciones a las cuales se encuentran sometidos y las dificultades que padecen. Lo preocupante es que una cuarta parte de nuestros jóvenes se encuentran dispersos por otros países con sus consecuencias en nuestro futuro para el necesario desarrollo del país.

Las razones para la gran mayoría de los venezolanos que han salido fuera del país, es de lograr un mejor futuro, ante la falta de empleos y oportunidades para alcanzar una mejor calidad de vida. A pesar de los anuncios de que está mejorando la situación económica y los malos tratos que recibimos en muchos de los países a los cuales se quiere emigrar, se sostiene un flujo de venezolanos que insisten en viajar a otros países, asumiendo riesgos y penurias que llaman a la reflexión.

La imposición de visas por muchos países limita aún más la posibilidad de viajar legalmente, optando buena parte de nuestros emigrantes en utilizar los servicios de organizaciones que les prometen el libre paso para alcanzar su destino final. Lo triste es la forma como los países a los cuales tratamos a sus inmigrantes, con un abrazo de bienvenida en décadas anteriores, hoy nos maltratan y humillan como personas dañinas e inconvenientes para sus países.

Nuestros compatriotas enfrentan un futuro de desafíos y pocas oportunidades al no lograr los éxitos esperados al emigrar a otros países. Es por ello necesario lograr para el país un verdadero desarrollo nacional desentrabando al sector privado de tantas regulaciones y se desmonte el estado empresario causante de la inflación y la caída de la producción nacional, para axial lograr un mejor futuro para nuestros emigrantes.

Vicente Brito
vicent.brito@gmail.com
@vicentejbrito
Presidente
Red por la defensa al Trabajo, la Propiedad y la Constitución
Venezuela

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ: EL LADO CORRECTO DE LA HISTORIA

Hay quienes afirman que la revolución bolivariana está sobregirada. Es posible, pero si es así ¿por qué? Y la respuesta hay que buscarla en la calidad de oposición que ha tenido enfrente hasta hoy. A mi juicio, parte del error de los adversarios al régimen bolivariano es definirlo como a un grupo autoritario, de inescrupulosos y de criminales.

Tal caracterización es incorrecta, ya que constituye una respuesta intuitiva y hasta histérica, que no ayuda a entender el fenómeno. Olvida algo básico: no se está enfrentando a un gobierno o a un régimen, se está enfrentando a una revolución en el poder, lo cual es mucho más letal para cualquier país. Lo que se desprende de lo anterior, y que define su naturaleza, es que las revoluciones y los revolucionarios creen estar “del lado correcto de la historia”, una idea muy viciosa y deformante, que hace que las revoluciones y los revolucionarios sean eventos y sujetos políticos muy peligrosos.

No existe tal cosa como “el lado correcto de la historia”. Existen ideas o causas moralmente correctas, que es otra cosa muy diferente, ya que lo primero nos remite a lo peor del historicismo de la teoría marxista, que instruye a los que detentan el poder, para en nombre de sus ideas, cumplir inflexiblemente y a cualquier precio el mandato que dictan las profecías sociales de las que son devotos. El gulag en la extinta URSS, el paredón cubano y el Muro de Berlín, son ejemplos, por citar sólo algunos, del legado de las utopías socialistas.

El error básico de la oposición venezolana sigue siendo que no ha entendido bien la naturaleza de su adversario. Siempre lo desafía en su terreno. La Ley de vida de las revoluciones es el conflicto. Se les da muy bien, están en su elemento. Es su fortaleza. 

Su debilidad : todas las revoluciones degeneran en gobierno. El conflicto y la turbulencia constituyen la ley de vida de las revoluciones. Es su fortaleza. Su debilidad: hacer de forma competente la rutina que supone la buena marcha de una gestión pública. Todas las revoluciones degeneran en gobierno, una verdad que amarga y tempranamente descubrieron a partir de 1910 los revolucionarios mexicanos. “Y la revolución degeneró en gobierno” célebre frase que se le atribuye a Emiliano Zapata.

Lo lógico sería combatir a la revolución bolivariana de manera sistemática y orgánica en atención a su altamente deficitario desempeño, apuntando sobre su precaria capacidad de gestión. Esto requiere gran sentido del oficio político. Demanda una acción constante de partidos políticos, asociaciones y gremios que cuestionen de forma cotidiana las carencias sociales y plantee soluciones a cada problema, en cada momento y sitio.

Nada de eso caracteriza a los factores que antagonizan al chavismo. Por el contrario, lo que hemos visto son movimientos y maniobras temerarias que de forma episódica se activan cada cuanto tiempo, con resultados muy pobres y hasta trágicos. Esta es la verdad que está detrás de cada fracaso opositor. Sin embargo, lo que no deja de ser notable es que, de forma casi espontánea, el músculo democrático venezolano responde, una y otra vez, a pesar de las derrotas y se vuelve a levantar por su enorme apego a la libertad.

Pero no hay que confiar demasiado en que ese músculo democrático conserve indefinidamente sus atributos atléticos. Por desgracia, lo que se conoce en la disciplina de la demografía como “factores de expulsión”, está provocando la inmensa diáspora venezolana que trágicamente conocemos. Tal fenómeno a la larga puede dejar dentro del país sólo a una población resignada y cada vez más envejecida que viva de las remesas y del emprendimiento de los millones que decidieron buscar oportunidades más allá de nuestras fronteras.

Pedro Elías Hernández
pedroeliashb@gmail.com
@pedroeliashb
Venezuela

sábado, 26 de febrero de 2022

ACTUALIZACIÓN EL REPUBLICANO LIBERAL II: DIARIO DE OPINIÓN, SABADO 26/02/2022,



AQUÍ TITULARES DE HOY SABADO 26/02/2022, DIARIO DE OPINIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, PARA LEER PULSA SOBRE EL TITULAR

CAROLINA JAIMES BRANGER: ¿QUÉ TE LLEVAS DE VENEZUELA?

Hace poco conversaba con una alumna que también se va de Venezuela. “Estoy decidiendo qué me voy a llevar”, me dijo. “Tantas cosas no me caben en dos maletas”, añadió. Las “cosas” a las que se refería no eran lo que usualmente uno esperaría que se llevara alguien que se va del país. Ella tenía desplegado encima de su cama, además de su ropa, un oso de peluche que le había regalado su abuelo el día que nació. Una almohadita llamada “la bobita” con la que dormía desde que tenía uso de razón. Dos enormes corchos y como quince álbumes llenos de fotos de sus momentos más felices. Franelas firmadas por sus compañeros del colegio y la universidad. Una colección de caramelos de cristal y una muñeca tan vieja que ya se parece a la novia de Chucky, el perverso muñeco de las películas de terror, pero que a ella le parece tan bella como el día que se la regalaron.

Es verdad, pensé. Lo que se llevan de aquí quienes se van no cabe ni en una, ni en dos, ni en cien, ni en mil maletas. Ya sabemos que quienes se marchan lo hacen por lo malo que está esto. Dejan lo malo, pero lo que se llevan es lo bueno. Lo que no se olvida. Lo que hace que siempre estemos conectados. Lo que logra que sintamos nostalgia cada vez que algo detona un recuerdo.

De aquí se llevan el azul del cielo. No hay cielo más azul, ni luz más blanca que la de Venezuela. De aquí se llevan también los colores de las flores, la infinita gama de verdes de nuestra vegetación, el terracota intenso de la época de sequía y el blanco de las nieves perpetuas. Se llevan los aguaceros torrenciales seguidos de un sol radiante, lo salado de nuestros mares, el verdeazul y las arenas blancas de las playas del Caribe, el marrón café con leche del Orinoco y el tono ferroso del Caroní. Se llevan los altos tepuyes, las imponentes montañas de los Andes, la intrincadísima selva amazónica, los médanos de Coro y el relámpago del Catatumbo, aunque nunca hayan visto uno en vivo.

Se llevan los escándalos matutinos de las guacharacas, el vuelo de las guacamayas surcando nuestras ciudades, el canto de los pajaritos y los garridos de los loros. La música a todo volumen de los guateques y los bailes en ollas con los panas, aunque los acabes de conocer. De aquí se llevan la simpatía, la cordialidad, la informalidad de la gente.

De Venezuela se llevan los olores de los fogones de las casas de las abuelas. Del onoto de las hallacas cuando hierven en Navidad. Del café recién colado, porque no hay café que huela mejor que el café venezolano acabado de colar. De la tierra mojada por la lluvia, de los brotes encapullados, del aire del amanecer.

De aquí se llevan las caricias de las madres, los abrazos de los padres, el amor de los abuelos. Las carcajadas con los amigos, que siempre son nuevas aunque sean tan viejas. Las veladas y las desveladas, las fiestas, porque no hay fiestas mejores en el mundo que las fiestas que hacemos aquí. Se van también los esfuerzos, los trabajos, las recompensas, las expectativas.

Se van los recuerdos, las ganas de volver, las ansias de reconstruir. Y todas esas cosas caben sólo en el corazón de un venezolano, de ése que no quiso irse y que no sabe cuándo, ni si va a regresar. De Venezuela se fue la nostalgia. Está regada por el mundo y cuando la despiertan los recuerdos –como cuando se escucha el hablado venezolano o el Alma Llanera como música de fondo en un restaurante- es cuando entiendes que tu cuerpo está allá, pero tu corazón quedó aquí, esperando que regreses.

Carolina Jaimes Branger
carolinajaimesbranger@gmail.com
@elsoldmargarita
@cjaimesb
Venezuela
Fuente: 

OSCAR ARNAL: ¿Y SI LA GUERRA LLEGA A VENEZUELA?

Se sabe cuando comienza una guerra, pero nunca cuándo, ni cómo termina. Una sola chispa puede incendiar la pradera. Putin está demostrando que es capaz de todo y que no perderá esta oportunidad sino para ganar terreno. De perder la guerra se arriesga a salir de su propio gobierno. Por lo demás, arriesga su vida, un cohete teledirigido podría hacer lo mismo que con Soleimani.

Su intención es clara, si nada cambia el destino que lleva su invasión a Ucrania, en breve habrá derrocado al presidente Zelenski e impuesto un gobierno títere. No le importa violar la Carta de la ONU, las negociaciones anteriores, ni los tratados de derechos humanos. Sin duda recuerda a Hitler en la Convención de Múnich, un año antes de la Segunda Guerra Mundial. Hitler a pesar de haber firmado la paz, tal y como lo hizo Putin con “los acuerdos de Minsk”, un año después invadió Polonia, estallando la conflagración total.

Aprovechando la coyuntura, China podría hacer lo que viene planeando hace años e invadir a su vez Taiwán. Los EE.UU podrían entonces asegurar su zona natural de influencia, y tomar Cuba, Venezuela y Nicaragua. Hay un refrán que señala “que cuando los grandes pelean, los pequeños que se meten salen estropeados”. En ese sentido, las declaraciones de Maduro sumándose de forma incondicional a Rusia, ponen a Venezuela en el ojo del huracán continental. De manera torpe, se rompe con la tradición histórica nacional de no involucrarnos en conflictos ajenos. Durante la Primera Guerra Mundial el presidente Juan Vicente Gómez, sentía una empatía sin igual por los alemanes. Sin embargo, se mantuvo en silencio. Durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que el petróleo venezolano resultó vital para el ejército aliado, Venezuela se mantuvo neutral, aún cuando países afines como Argentina se sumaban a la guerra.

Los acontecimientos están en pleno desarrollo, las consecuencias económicas ya son devastadoras para la recuperación económica mundial. Rusia no tiene la capacidad para aguantar demasiado tiempo. Su talón de Aquiles está marcado por una moneda que se viene a pique y un mercado bursátil que está perdiendo lo inimaginable. El gas y petróleo que Rusia vende a Europa está en juego. Rusia hoy es un gigante con pies de barro. Su economía es una décima parte de la de China. A partir de la caída de la Unión Soviética catorce países nuevos han ingresado a la OTAN.

En esta guerra de nuevo están enfrentadas las tiranías contra los gobiernos libres. Los valores de la libertad, los derechos humanos y la legalidad contra el absolutismo y el personalismo. Ojalá y esto no vaya a más. Aunque los próximos días serán muy duros. Aquí la sensatez debe privar en función de que no haya más muertos, ni heridos, y que pueda salir adelante la economía mundial, luego del fin de la pandemia.

Oscar Arnal
@OscarArnal
Venezuela

ANTONIO JOSÉ MONAGAS : TIEMPOS DESESPERADOS

Cuando la palabra no es capaz de explicar lo que la mente asoma, es porque no existe la razón, el interés, ni la necesidad que hace brotar lo que guarda el pensamiento. O es porque la impaciencia, confabulada con la desesperanza, induce el conflicto necesario para que asome la desconfianza y la duda. En consecuencia, se traba la palabra y se turban las ideas.

Es exactamente el problema que confunde al hombre cuando se abandona a la suerte de las circunstancias. Es ahí cuando se reduce la posibilidad de entrar “al mañana”. Pero por la puerta grande.

La paciencia y el tiempo, saben actuar en conjunto para así restarle oportunidades a la indecisión toda vez que se viste de angustia. Aunque la dificultad de resistir los ataques que acaecen, de ver lo que el dorso reviste, se convierten en importantes ocasiones para aprender por encima de lo que la fuerza o la pasión son capaces de enseñar.

El terreno en el que estos avatares son vistos, encajan perfectamente con los contravalores (irrespeto, deshonestidad, injusticia, intolerancia, egoísmo, intransigencia, arrogancia, irresponsabilidad, entre otros) que históricamente han estado del lado de la inmediatez mal concebida. Ello constituye la ruta que lleva a vivir la desesperación la cual siempre ha servido al poder para enrolar cualquier antivalor al ámbito de las realidades.

Experimentar cualquier conflicto deparado desde los canales de la desesperación, y ayudado por la confusión que dicho problema causa, es desterrar los valores éticos y morales cuya presencia no debe faltar en ningún ámbito de la vida humana. Especialmente, cuando esta se practica en convivencia.

En el plano de tan graves dificultades, se ve afectada la sociedad de manera inconmensurable. Al mismo tiempo, se ven involucrados los gobiernos que las rigen toda pues a sus interioridades se incuban gruesas prácticas de corrupción. Éstas, al diseminarse, irradian problemas que brindan el espacio político suficiente para que la soberbia y la insolencia, asumidos como recursos del poder, provoquen cuantos inconvenientes o contrariedades le resulten útil a los intereses políticos administrados con perversidad e impudor.

Esta situación pareciera haber trascendido del apéndice de los libros que hablan de los contravalores que asedian al hombre, a la actitud humana. Incluso, contagiando la aptitud sobre la cual se asientan las ideas que, supuestamente, conciben el desarrollo de los pueblos. Aquí es posible dar con el problema sobre el cual se suspenden y propenden las crisis que agobian importantes naciones.

Ante las consecuencias de la desesperación

No hay duda de que los tiempos que hoy se viven son tiempos desesperados. Sobre todo cuando, quienes desde el poder administran el discurrir de todo un conglomerado, resbalan en las debilidades que arrastra la desesperación.

Es cuando, la rutina esclaviza el tiempo de trabajo. Es cuando la actitud confisca la aptitud convirtiendo al hombre en triste veleta movida por los aires de las intemperancias. Las mismas intemperancias generadas por el clamor disonante de una muchedumbre que sin conocimiento pertinente de las crisis, o extraviada ante el ruido producido por disímiles llamados, amodorran las emociones hasta aplastarlas o neutralizarlas. Justo ahí, las oportunidades se desperdician o se desgastan entre divagaciones de cualquier color.

En la mitad de tan azarosas condiciones, quienes tienen la difícil misión de actuar en consonancia con las exigencias del destino, caen cual tristes víctimas de las coyunturas. Es así como el desconcierto los apresa al extremo que, la misma desazón, hace que actúen tan confundidos como perdidos entre los escombros que sus decisiones han ocasionado.

La dificultad más severa que padecen estos personajes, casi todos embelesados por el poder, es aquella que lo hace creer que liberarse del cautiverio que los tiene atrapados, soluciona el problema que los hace andar de trompicón en tropezón. Ahí es cuando ya resulta imposible zafarse de las ataduras que los ha mantenido impávidos e incapaces de actuar a conciencia del problema en su real configuración.

Las desviaciones que han establecido sus equivocados recorridos o trayectos, les impide tener pleno conocimiento de saber que fueron sus errores lo que los sacó de la ruta correcta. Y todo así sucede, porque han estado viviendo y dejándose someter por los actuales y peligrosos tiempos desesperados.

Antonio José Monagas 
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela