jueves, 13 de junio de 2019

CARLOS BLANCO: EL PASO EN FALSO DE OSLO

Las tratativas de Oslo entre el régimen y un sector de la oposición han desconcertado a la ciudadanía opositora y han generado un ambiente de desconfianza hacia el proceso que encabeza Guaidó y que el país había respaldado con entusiasmo.

El propio Guaidó ha sido ambiguo con el tema. A veces dice que no hay diálogo; a veces dice que no hay nueva reunión en Oslo; a veces dice que en caso de haberla es para plantear “el cese de la usurpación”.

Resulta extraño que el régimen se avenga a discutir su fin con los enviados de Guaidó. La idea que transmiten es que lo que no se ha logrado hasta ahora, con las jornadas de calle desde 2014, los levantamientos militares fallidos, el zapaterismo dialogante, las sanciones, se va a lograr con las conversaciones noruegas.

Obviamente, lo que se discute no es la salida del régimen y punto. Lo que el correo de las brujas habla es sobre la realización de elecciones acordadas con el régimen. Tema perfecto para un sector de la oposición que ha defendido este como el camino (Falcón, Rosales y, en cierta medida, AD); pero no en el caso de Guaidó y su partido, Voluntad Popular, y Primero Justicia, que han enunciado el abracadabra del “cese de la usurpación”, como exigencia irrenunciable.

Ese diálogo noruego está en entredicho por el secretismo que lo ha rodeado, precedido por meses de reuniones en el apartamento del componedor electoral. Se argumenta que las negociaciones son secretas. Es posible que una negociación deba tener una dimensión secreta; pero jamás debe ocultarse que existen negociaciones ni mucho menos la agenda. Por tal razón, ese proceso carece de respaldo nacional y se presenta como la continuidad del fracaso de otros intentos, ahora con el añadido de que está en juego la reputación de Guaidó, a quien el país no le encomendó el diálogo sino el del “cese de la usurpación” sin adornos ni excusas.

Hay quienes dicen que los aliados internacionales más sólidos respaldan ese camino. Eso es completamente falso. Ni Estados Unidos, ni Colombia, ni Brasil, entre los fundamentales, lo respaldan, aunque no manifestarán jamás su discrepancia de forma pública. Todos fueron sorprendidos por la jugada de unos estrategas disparatados, posiblemente los mismos de la fallida revuelta del 30 de abril en alianza con Maikel Moreno y Padrino López.

Esos países se jugaron entero por el “cese de la usurpación” y lo que han hecho es un repliegue discreto porque obviamente pueden acompañar a Guaidó, pero no imponerle un camino si es que este decide cambiar el original por el de unas elecciones inciertas acordadas con Maduro.
Guaidó tiene la palabra. Ojalá escuche otras campanas diferentes a las de quienes lo desvían de su compromiso. Solo las voces consecuentes serán reconocidas.

Carlos Blanco
@carlosblancog

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