martes, 29 de octubre de 2019

MARYHEN JIMÉNEZ MORALES: SÍ AL ESTADO Y LA SOCIEDAD PODEROSA

Hoy más que nunca la pregunta sobre cuál es la receta perfecta para sostener y consolidar una democracia está más que vigente. Los economistas James Robinson (Universidad de Chicago) y Daron Acemoglu (MIT) nos han iluminado sobre algunos elementos que son necesarios para que las naciones no colapsen.

En su bestseller ¿Por qué fracasan los países? Acemoglu y Robinson desarrollan un marco global para explicar por qué la libertad florece en algunos Estados, pero no en otros. El argumento central de la obra resalta que los países no florecen o caen por temas culturales, geográficos o de oportunidades, sino por el poder de sus instituciones. Es decir, la fortaleza de las instituciones estatales, realmente importan.

En su nuevo libro Narrow Corridor (pasillo o corredor estrecho) estos autores hacen un análisis de la historia mundial y dinámicas contemporáneas y elaboran una nueva teoría sobre cómo se alcanza la libertad y democracia. Robinson y Acemoglu sugieren que la libertad solo se consolida cuando se alcanza un equilibrio delicado entre el poder del Estado y el poder de la sociedad. En otras palabras, para que la libertad, y con ello la democracia, florezca, los países requieren tanto un Estado fuerte, como una sociedad civil fuerte. Desde su punto de vista, el Estado es fundamental para abordar temas importantes como crisis financieras, desigualdades contemporáneas y estructurales, así como para brindar seguridades sociales a los ciudadanos. En sus propias palabras: «Se necesita un Estado fuerte que controle la violencia, haga cumplir las leyes y proporcione servicios públicos esenciales para una vida en la que las personas estén facultadas para tomar y seguir sus propias decisiones».

Al mismo tiempo, los autores destacan que los países deben tener sociedades civiles fuertes para poder exigirle al Estado que rinda cuentas y para que se enfoque en alcanzar el bienestar común de la sociedad. Robinson y Acemoglu explican que «el despotismo fluye de la incapacidad de la sociedad para influir en las políticas públicas y acciones del Estado». Es por ello que, según esta obra, la democracia y la libertad, surgirá en un «pasillo estrecho», en el cual exista un balance adecuado entre un Estado fuerte y una sociedad civil fuerte. Es esa la combinación que garantiza una dinámica ideal de movilización, políticas públicas y transparencia.

Dado nuestro contexto de Estado fallido, deberíamos considerar los argumentos propuestos por Robinson y Acemoglu. Por un lado, el liderazgo político tendrá que trabajar para recuperar las capacidades básicas de un Estado, tales como el control efectivo del territorio nacional, y, la capacidad para poder brindar servicios públicos básicos a la ciudadanía, por ejemplo, el acceso al agua, la luz, la seguridad ciudadana, el transporte, la educación, entre otros. Pero, además de esos temas, el Estado venezolano también deberá proteger a los ciudadanos de diferentes formas de desigualdades sociales y económicas. Al mismo tiempo, para poder vivir en democracia, necesitamos una sociedad civil fuerte que pueda exigirle al nuevo Estado que rinda cuentas sobre sus acciones y de esa manera lograr que nunca más seamos sujeto de un sistema de dominación política por unos cuantos. Mientras el primer factor aún está ausente, el hecho de que en Venezuela ya exista una sociedad civil vibrante, nos permite tener esperanza en cuanto al segundo elemento.

Las últimas semanas han puesto a prueba al Estado en toda nuestra América Latina. Igualmente, hemos visto cómo las sociedades, mayoritariamente de una manera pacífica, han logrado expresar sus inquietudes por desigualdades estructurales y deseos de cambio. Viendo hacia Chile, hemos podido constatar el inmenso poder que tiene la sociedad para exigirle al Estado un cambio de dirección en su política pública. El gobierno de Piñera, sabiendo que las demandas son legítimas, está atendiendo –paulatinamente– las solicitudes de la población chilena. Quizás este puede ser el surgimiento de un nuevo “pasillo estrecho” en Chile, en el cual se vaya fortaleciendo la democracia como resultado de una interacción sana entre un Estado fuerte y una sociedad fuerte.

Mientras Venezuela llega a la anhelada transición, la ciudadanía y el liderazgo político debería estudiar y aprender de otras experiencias. Las conclusiones que podamos sacar del análisis comparado nos podrán servir de inspiración para ir diseñando nuestro propio “pasillo estrecho”, que algún día nos permita vivir en libertad y democracia.

Maryhen Jiménez Morales 
maryhen.jimenezmorales@politics.ox.ac.uk. 
@maryhenjimenez

No hay comentarios:

Publicar un comentario