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sábado, 29 de abril de 2017

LEONARDO MORALES P., DEMOCRACIA ASEDIADA

ÁGORA DE IDEAS

Las calles no se vacían, siguen llenas de ciudadanos que protestan. Todos los días y a diversas horas, gritos claman por un cambio de rumbo. Es una protesta de miles, de millones de personas que alzan la voz contra un régimen cuyas virtudes democráticas terminaron de palidecer en la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

También uniformados de cuerpos militares y policiales, hacen su aparición en la calle para reprimir a quienes tienen sobradas razones para protestar, no para combatir el hampa, de eso no se encarga nadie. A estos uniformados se unen otros que, al amparo de los primeros, destruyen bienes públicos y privados, pero más grave aún, atentan contra la vida de los ciudadanos.

La protesta ha sido dura, diaria y, hasta ahora, multitudinaria. La magnitud de la represión ha sido también dura, inusualmente violenta. Muchos detenidos, con o sin informe policial, pero presos. Los muertos aumentan diariamente. Lágrimas, dolor y rabia aprisionan a los deudos.

La protesta seguirá, razones sobran, no hace falta seguir explicándolas. La represión continuará, seguirá siendo violenta, desmedida y obtendrán nuevos fallecidos. El gobierno necesita poner en evidencia lo que algunos distraídos dudan: su fortaleza. El régimen necesita atemorizar al pueblo y recurre a todos los medios. El gobierno no se está cayendo y necesita hacerlo saber dentro y fuera del país.

El gobierno reprime y la oposición toma la calle. Protesta, represión, gases, disparos, asfixiados, heridos, presos y muertos. Ese es el escenario diario, nada ha cambiado. En esa ruta, sin mirar hacia los lados, se llenarán los penales, las salas de emergencia y los cementerios.

Alguien tiene que atravesarse. Debe aparecer uno o varios individuos con indiscutible auctoritas para llamar la atención a uno y otro lado. Hay que impedir que se profundicen odios entre ciudadanos que comparten una misma nacionalidad y un mismo territorio. No hay razón para que luego de cada protesta el gobierno sume otros muertos a su cuenta.

El país necesita una salida que debe ser negociada con los que hoy se enfrentan. Una negociación política puede abrir los caminos para una solución a la crisis que lleva al país por derroteros indeseados. Hay que decirlo con claridad: es una negociación política la que puede devolver la normalidad extraviada desde inicios de este siglo.

Los tres expresidentes, que van y vienen, fracasaron en su intento. Los acuerdos arribados en la Mesa de Diálogo no se cumplieron. Los facilitadores nunca imaginaron que la palabra del chavismo hay que acompañarla de fiadores.

Una negociación debe garantizar el pleno ejercicio democrático que pasa por el reconocimiento del veredicto popular del 6D, que otorgó amplia mayoría a la oposición en la Asamblea Nacional. Reconocer y aceptar las funciones de la AN es una aspiración irrenunciable, así mismo, exigir el restablecimiento de los derechos del estado Amazonas en cuanto a su representación en la AN.

Insistir en el cumplimiento de la Constitución fijando la fecha de elecciones de gobernadores, suspendidas en clara violación de la norma constitucional, y la fecha de las elecciones de alcaldes y concejales cuyo ejercicio vence este año 2017. Y, qué impide, que se fije la fecha de las elecciones presidenciales de una vez.

Una negociación que repare los daños infringidos al régimen democrático permitiría posteriormente actuar en aquellos otros asuntos que han sido colocados en la mesa de negociación: ayuda humanitaria, liberación de detenidos y de otros tantos que requieren del concurso del Ejecutivo y del Legislativo.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

jueves, 23 de marzo de 2017

LEONARDO MORALES P. - ALMAGRO REVITALIZADO

ÁGORA DE IDEAS

Luego del accidentado proceso de dialogo que se diera a finales del año pasado entre gobierno y oposición que solo produjo la liberación algunos de los presos políticos, la posibilidad de reiniciarlo como mecanismo racional para la superación de varios de los problemas que afectan a la mayoría de los venezolanos es, de acuerdo a la voz de los participantes, poco posible.

La oposición ha dicho que no volvería a una mesa en la cual no se respetan ni se ejecutan los acuerdos, mientras el gobierno tan solo lo auspicia, pero no hace nada para satisfacer las exigencias de la oposición. Pero peor aún, luego del anuncio de un cronograma de elecciones anunciado por el CNE, la conducta del ente electoral en honrar la palabra comprometida luce muy distante.

Las cosas siguen sin cambiar, la vida del venezolano transcurre penosamente; desde saltar de una farmacia a otra para tratar de conseguir una medicina, siempre escasa y desaparecida de los anaqueles, hasta sorprenderse por los exorbitantes precios que han adquirido muchos de los bienes esenciales.

El gobierno y sus voceros son muy dados a la construcción de relatos que buscan justificar la realidad presente; de ellos mismos exaltan virtudes inexistentes y colocan la crisis en un horizonte en el que nadie lograr divisar certeramente el culpable de las tragedias del presente y que amenazan con perdurar. La culpa no es del gobierno sino del atracador que somete a los ciudadanos, la culpa es del panadero que no hace pan así el gobierno no le suministre la harina. En esa dirección llegaremos a conseguir al enemigo, un capitalista feroz, que detestamos amorosamente porque desde Disneylandia nos compra y nos paga el futuro: petróleo.

El gobierno muere de inacción, seguramente con los bolsillos llenos, pero muere. Los gobernados, los ciudadanos, fenecen ante la incompetencia gubernamental. Todo ello nos conduce a que la democracia se vea tremendamente resentida. Dice la Carta Democrática Interamericana, suscrita por Venezuela, como elementos esenciales de la democracia: “…el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas…”

Muy lejos encuentra Venezuela de poder satisfacer ese artículo tercero de la Carta, de allí que, ante el fracaso del diálogo iniciado al año pasado, el Secretario General de la OEA consiguiera, aún más que antes, elementos para iniciar un proceso mediante el cual el gobierno venezolano pudiera ser sancionado por el ente regional.

Leer los 28 artículos de la Carta nos advierte que vivimos en un país violador de un acuerdo que suscribimos, pero que insólitamente inobservamos reiteradamente, al extremo que somos sujetos a ser sancionados. Una lectura minuciosa de la Carta Interamericana no deja dudas respecto al déficit de democracia por el cual atraviesa el país.

La incitativa adelantada por Almagro y respaldada por otros países debería ser tenida por la oposición y por importantes sectores oficialistas como una oportunidad para reconducir los destinos del país por aquella ruta sobre que la cual no existen desacuerdos: la ruta democrática.

Hay clarinadas que anuncian la pertinencia de acuerdos, corresponde oír las tonadas.

Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela   

jueves, 9 de marzo de 2017

LEONARDO MORALES P., MIS PARTIDOS Y LOS TUYOS

ÁGORA DE IDEAS 

El gobierno sigue su camino, anda en lo suyo. Eso de la solución a los problemas que aquejan a los venezolanos: inseguridad, inflación, escasez, reducción del empleo, crecimiento de la pobreza… no son más que eso, problemas de la gente y no entra en la agenda de la oligarquía roja que aspira perpetuarse en el poder. El ejercicio del poder y de la violencia legítima, pero ilegítimamente apropiada por ellos, pudiera permitirles seguir gozando de los privilegios del poder.

No tenemos al frente a un gobierno totalitario, pero hacia allá aspira llegar la jerarquía roja; la instrumentación permanente de nóminas vinculadas a integrantes de consejos comunales, a miembros de círculos bolivarianos y colectivos, a patriotas cooperantes y más recientemente los llamados para la entrega del carnet de la patria, no son más que mecanismos para el control social, formas de mantener monitoreados a los suyos y a los contrarios.

La lucha contra la tiranía y los gobiernos despóticos condujeron al establecimiento de un conjunto de normas que impidieran que esa suerte de tentación se apoderará del poder. La democracia vino a configurar el mecanismo para que los ciudadanos de un determinado país lograran superar sus diferencias, pero, además, para impedir la instauración de regímenes dictatoriales y totalitarios.

Los individuos de un país no puedan dejar su suerte a lo que decidan los detentadores del poder, siempre han de estar atentos y participando de aquellos asuntos públicos que son de su incumbencia y que definitivamente afectan el normal desarrollo de sus vidas. Habrá instituciones distintas a las del poder que actuarán, pero siempre será indispensable, en palabras de Ostrogorski, el poder intimidatorio que ejercen los ciudadanos.

Hasta ahora, el gobierno no ha avanzado más en sus pretensiones dictatoriales y totalitarias porque los partidos políticos, muchas veces despreciados por la sociedad, han servido de contención a la desviación totalitaria. Pero hay que decir más, si ello ha sido así, es porque la sociedad ha brindado un respaldo extraordinario a las fuerzas políticas democráticas del país. Si en algún momento el apoyo a los partidos cejara en su intensidad, la idea totalitaria comenzaría, sin obstáculos, a apoderarse de cada rincón de la sociedad. Partidos y sociedad democrática han de actuar como una yunta para detener el propósito comunista.

El apego al ideal democrático ha de ser integro. De nada basta respaldar unas iniciativas y otras no. Los partidos políticos son instituciones fundamentales para el desarrollo del ideal democrático y, aun con las observaciones que sobre ellos hubiere, en algunos casos justificados, de nada sirve su desaparición o debilitamiento.

En momentos en que el régimen actúa para deslizarse hacia un sistema de partidos único o hegemónico los sectores democráticos deben responder con un respaldo público y activo en la renovación que se inicia a partir del 4 de marzo.  Acompañar a Avanzada Progresista entre otros, en el primer grupo, y luego a las otras organizaciones políticas, AD, PJ, VP, UNT, MPV y a todas aquellas que decidan participar, tiene un valor democrático inconmensurable.

Que partidos como el PCV y LCR, esta última nacida del primero, hayan decidido hacerse a un lado en este proceso, bien por las limitaciones y obstáculos que impone el régimen o por las debilidades obvias de ambas, es un golpe sensible al sistema de partidos venezolanos que no puede celebrarse. En otros tiempos la democracia venezolana aupaba la aparición y participación de nuevas fuerzas políticas, nacionales o regionales.


Acompañar a los partidos políticos democráticos a transitar por esta difícil prueba, haciendo que cada uno de ellos pueda renovarse, sería una respuesta categórica a las pretensiones totalitarias del chavismo.

Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

viernes, 3 de marzo de 2017

LEONARDO MORALES P., SORPRESAS E INDIGNACIÓN

ÁGORA DE IDEAS

Para los venezolanos de estos tiempos cada amanecer es una sorpresa que, en muchos casos, se termina convirtiendo en indignación. Cada mañana, al abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor nos atosigamos de noticias, no siempre buenas, más bien terribles. Todas las cosas que nos asombran desde temprano atropellan nuestro sosiego y zarandean la capacidad de comprender.
Muy cierto que Venezuela nunca fue un país cuya vida transcurriera apaciblemente; revueltas, insurrecciones y conspiraciones son una parte no poco significativas de nuestra historia. Tres obras saltan a mi memoria inmediatamente: los tres tomos de Jesús Sanoja Hernández, Entre Golpes y Revoluciones; Mondolfi con Temporada de Golpes y, más recientemente, el de Thays Peñalver, La Conspiración de los 12 Golpes, textos que todo venezolano debe leer para entender un pasado que pareciera acompañarnos en el presente y nos amenaza con seguirnos en el futuro.

Cuando creímos haber iniciado una ruta armoniosa, tranquila y democrática, nuestra historia, nuestro pasado, se apersonó para intentar derrocar el sistema inaugurado en 1958 y prefiguraron mal tiempo y tempestades. Ni siquiera cesaron una vez que el golpista Chávez se hiciera del poder por vía electoral comenzado este nuevo siglo y, aun hoy, pareciera que algunos navegantes de endebles naves agitan los mares para alimentar salidas cuyo destino es de muy dudosa orientación.

El cambio político inaugurado por la revolución bolivariana -casi todas las revoluciones se han inspirado en Bolívar-  debía encaminarnos por un mundo más humano y de inmensa paz. Del “hombre nuevo”, nos hablaron.

Cada mañana vemos la edificación de ese “nuevo hombre” nacido en la revolución. Nos sorprendemos e inmediatamente no indignamos interrogándonos: ¿Qué nos ha pasado? Que tres niñas liceístas agredan a su compañera de estudio en estado de gravidez hasta propinarle la muerte debía ser un suceso de la Venezuela pasada y no de esta patria socialista. Cómo es eso que los habitantes de Cariaco en el estado Sucre acusen a unos malandros u “hombres nuevos” para evitar recibir la represión policial de quienes siempre confunden al inocente con el culpable.

Cómo no sorprenderse al ver que en Brasil varias localidades suspenden la inversión en el Carnaval como en Porto Ferreira donde optaron por comprar una ambulancia o que en Rio Grande do Sul el alcalde destine los fondos del Carnaval para disminuir las colas en los hospitales públicos y financiar un proyecto para niños especiales.

Enerva e indigna saber que en Venezuela los niños con cáncer mueran frente a la cara de los gobernantes por falta de tratamiento y medicamentos para sus padecimientos como igualmente ocurre con los niños con problemas cardíacos; cómo comprender que unos niños mueran por consumir leche con cal o por comer yuca amarga. Hechos incomprensibles e indignantes cuando el presidente anuncia que destinará casi 700 millones de bolívares para celebración del Carnaval mientras los enfermos del país mueren por falta de tratamiento y medicinas. Cómo no sorprenderse e indignarse ante la postura indolente de un gobierno al que solo le duele dejar de aprovecharse de los privilegios del poder.

Siempre amanece, por estos días muy oscuro todavía, pero ya llegará el momento en que coincida el amanecer con la claridad, tiempo en el que los venezolanos elegirán un gobierno genuinamente democrático que conduzca a sus habitantes por senderos del progreso, constituyan una institucionalidad fuerte y al servicio de los intereses nacionales.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela

sábado, 18 de febrero de 2017

LEONARDO MORALES P., VARAPALOS CONSTITUCIONALES

ÁGORA DE IDEAS

Si quisiéramos hacer un diagnóstico acerca de la salud democrática del país llegaríamos a la lamentable conclusión de que las prescripciones que establece la Constitución venezolana en esa materia están severamente afectadas. Hasta hace poco todo se refería a la ruptura del hilo constitucional por las interferencias del Poder Judicial con dictámenes contra el Poder Legislativo para favorecer los antojos de Maduro y su régimen. Sentencias dirigidas al resquebrajamiento del principio de división de poderes que, además, afecta seriamente otro principio como el de la representación, que ha sido, desde que el oficialismo perdió vergonzosamente la mayoría parlamentaria, vulnerado y desconocido por el gobierno.

La democracia no es solo eso. Es también una práctica gubernamental que debe satisfacer las demandas sociales que hacen posible que la sociedad viva de acuerdo a unos niveles que tiene razones de exigir. Así, cuando el gobierno no es capaz de velar por la alimentación, la salud, la seguridad personal y de los bienes de todos sus ciudadanos, pone en evidencia el incumplimiento de aspectos normados por la Constitución quebrantando decisiones y aspiraciones democráticamente logradas por todo el tejido social.

Los poderes abyectamente subordinados a los dictados del Ejecutivo -así ocurre en los regímenes no democráticos-, han ido configurando y desarrollando impúdicamente el legado de Chávez. Nada de lo adelantado se corresponde con un extravío político momentáneo, más bien se trata de unas ejecutorias que tarde o temprano se impulsarían.

Cada vez que el gobierno actúa contraviniendo el cuerpo normativo de la Constitución lo hace contra la voluntad de todos los venezolanos y, en razón a semejante conducta, viola los principios democráticos. Este es un gobierno transgresor que desde muy temprano violaba y viola a una Constitución que aún no llega a sus 18 años.

El TSJ o el gobierno, que actúan agarraditos de la mano, trasgreden sistemáticamente los derechos políticos de los venezolanos; el estado Amazonas tiene un año sin su representación política en la Asamblea Nacional luego de una sentencia del máximo tribunal del país cuyo único objetivo era impedir que la oposición contará con las dos terceras partes del cuerpo legislativo que obtuvo legítimamente en el 2015.

El CNE, integrante activo del steel band oficialista, facilitó la suspensión del revocatorio atendiendo, como gusta y suele hacer, a las peticiones palaciegas y, por si fuera poco, se sumó a una nueva violación constitucional al no convocar las elecciones regionales previstas para el 2016.

Ahora, el derecho a la asociación y la promoción de la participación política de los venezolanos es restringida por el Poder Electoral o por el gobierno, que son lo mismo, afectando a los partidos políticos tanto del Polo Patriótico como a los asociados en la MUD. El anunció del CNE, sobre la renovación de los partidos políticos, persigue afinar la aspiración del líder supremo de contar con el partido único de la revolución y va más allá al pretender con otra eventual decisión gubernamental desde el TSJ, sacar a la MUD del juego electoral.

Como en aquellos regímenes decimonónicos que encabezaron Stalin, Mussolini o Hitler se avanza a la fuerza de medidas judiciales y administrativas para echar por tierra los derechos políticos establecidos en la constitución para satisfacer el sueño inacabado de Chávez y que ahora impulsan sus herederos.
En las condiciones que presenta el CNE y el gobierno, habrá competencia electoral en tanto a reglas de juego que rigen los procesos electorales, mas no habrá competitividad por cuanto se pretende imponer límites a las disputas electorales al reducir la oferta electoral a la que presente exclusivamente el gobierno.


Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP
Caracas - Venezuela