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lunes, 27 de mayo de 2019

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, MARTES 28-05-2019

GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS: TRAGANDO GRUESO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 7 minutos
Decía Rafael María Baralt, ese zuliano soldado, escritor, poeta, historiador, primer hispanoamericano miembro de la Real Academia Española, que la paz no da lugar a la historia, que la guerra con sus victorias y derrotas –mientras más sangrientas mejor– son las que por lo general se ponen al frente para narrar nuestro devenir como humanidad. Es decir, la paz una vez lograda, rara vez hace titulares, solo la guerra con sus miserias. “No news are good news”, dicen los ingleses: “es una buena noticia que no haya noticias”. Así las cosas, las degollinas de la guerra de independencia y ... más »

MIGUEL HENRIQUE OTERO, POPULISMO CONTRA DEMOCRACIA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 20 minutos
El uso por Pablo Iglesias de la Constitución de España durante la pasada campaña electoral es más que un simple recurso de mercadeo político. Además de un descarado homenaje a su maestro y financista, Hugo Chávez Frías, es un recordatorio de la nuez estratégica del populismo: aprovechar bienes como las libertades políticas y de expresión, el respeto a los derechos humanos, el pluralismo y la tolerancia a la diversidad de las ideas, para enrumbarse al poder y destruir la democracia desde sus entrañas. Ese proceso de destrucción de la democracia no se produce, como ocurre con los gol... más »

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: EL DIALOGO DE OSLO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 52 minutos
A propósito del acercamiento, calificativo con el cual se prefiere explicar, dado que apenas se está iniciando, el proceso facilitado por el gobierno de Noruega entre representantes de Nicolás Maduro y de Juan Guaidó. que pudiera llevar a otra dimensión más concreta esas conversaciones exploratorias; no está de más recordar de que manera han interpretado los gobiernos de Chávez y Maduro, la función y la finalidad de los instrumentos de solución de diferencias y de conflictos, tales como diálogos, conferencias de paz, debates, negociaciones, mediaciones y otro tipo de inici... más »

ARMANDO DURÁN: LABERINTOS, OSLO, APACIGUAMIENTO Y RENDICIÓN

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Cada vez que los dirigentes de la mal llamada revolución bolivariana se han encontrado en aprietos, sectores de la “oposición” y de la comunidad internacional han acudido en su ayuda y le han proporcionado al régimen suficiente oxígeno y tiempo para recuperar el aliento y los espacios perdidos. Eso le ocurrió a Hugo Chávez después del sobresalto histórico de su forzada renuncia el 11 de abril de 2002 y eso le ha ocurrido a Nicolás Maduro dos veces, en 2014 y en 2018. Ahora, desde Oslo, en esta ocasión con la mediación del gobierno noruego, los colaboracionistas de siempre sencillam... más »

JOSÉ GREGORIO MEZA, EL CEMENTERIO CHAVISTA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
La rabieta de Isaías Rodríguez va más allá de lo anecdótico, a pesar de que en muchos análisis se vea más la forma que el fondo. Su pataleo significa la ruptura definitiva de este gobierno con el pasado. Otra seña más. No es cualquier cosa que se distancie de Nicolás Maduro y su combo el que fuese el primer vicepresidente de la República en tiempos de Hugo Chávez y luego su adorado fiscal. “Con fe absoluta me he aferrado al chavismo, cual una tabla de salvación en este océano de contradicciones que rodea su gobierno. He llegado, sin embargo, a comprender definitivamente que no pued... más »

ROBERTO MALAVER: DIÁLOGO PLATÓNICO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Arcipreste Montiel no lograba superar los conflictos que día a día tenía que enfrentar mientras vivía con Dorotea Ancizar. Era tal enfrentamiento, que Arcipreste decidió hablar con uno de sus amigos, quien le recomendó un asesor matrimonial. Y hasta allá se fue Arcipreste. Escuchó atentamente al asesor. Y supo que lo único que se podía hacer era dialogar con esa mujer para ver si llegaban a un acuerdo. El asesor le contó todo lo que se podía hacer para comenzar a lograr ese acuerdo. Y Arcipreste salió con la esperanza abierta a la paz y el amor. Dispuesto a proponerle a Dorotea t... más »

ARMANDO DURÁN: LABERINTOS, OSLO, APACIGUAMIENTO Y RENDICIÓN

Cada vez que los dirigentes de la mal llamada revolución bolivariana se han encontrado en aprietos, sectores de la “oposición” y de la comunidad internacional han acudido en su ayuda y le han proporcionado al régimen suficiente oxígeno y tiempo para recuperar el aliento y los espacios perdidos. Eso le ocurrió a Hugo Chávez después del sobresalto histórico de su forzada renuncia el 11 de abril de 2002 y eso le ha ocurrido a Nicolás Maduro dos veces, en 2014 y en 2018. Ahora, desde Oslo, en esta ocasión con la mediación del gobierno noruego, los colaboracionistas de siempre sencillamente intentan repetir la hazaña.

Esta pretensión, por supuesto, se adorna con la supuesta necesidad política y existencial de entablar un diálogo entre las partes, en este caso entre Maduro y Juan Guaidó, para eludir la tragedia de una indeseable y violenta confrontación recurriendo al pacífico, democrático y civilizado mecanismo de una consulta electoral. Recurso al que además se le da un carácter de “inevitabilidad”, o esto o lo otro, como esta semana han coincidido en señalar con presunta repugnancia y falsa resignación dos personajes tan disímiles como Moisés Naím, mediático ex ministro de Carlos Andrés Pérez, y Josep Borrell, ministro español de Asuntos Exteriores, quien con estos gestos sin duda trata de sumar puntos para fortalecer su aspiración a ser el próximo responsable de la política exterior de la Unión Europea.

El argumento no es nuevo. Hace 16 años, José Vicente Rangel, principal asesor político de Chávez en los primeros tiempos de la travesía del ex teniente coronel golpista como electo jefe del Estado venezolano, planteó el argumento teórica y éticamente razonable de que “o nos entendemos o nos matamos.” Gracias a lo que en definitiva era una trampa caza-bobos, Chávez logró sobrevivir a una tormenta que parecía irresistible y pudo consolidar un régimen que a todas luces agonizaba sin remedio. Actuando de acuerdo con esa misma y supuesta buena conducta pública que entonces, con el aval de César Gaviria, a la sazón secretario general de la OEA, y del ex presidente norteamericano Jimmy Carter, le sirvió a muchos para respaldar la astuta maniobra chavista, se pretende adornar ahora lo que de veras se persigue en Oslo: frenar al precio que sea el “cese de la usurpación” como primer paso imprescindible para restaurar en Venezuela la democracia y el estado de Derecho.

Más allá de la distracción que genera la polémica sobre la agenda y las propuestas que se manejan en la casi clandestina ronda negociadora de Oslo, la intención de sus promotores es ocultar la finalidad apaciguadora que en verdad se persigue, aunque disimulada tras un leve velo de aparente civilidad. En ello radica precisamente la perversidad de la maniobra, porque se recuerdan las dos monstruosas guerras mundiales del siglo pasado para imponerle a los políticos “serios” de Venezuela y del resto del planeta, así sea cubriéndose la nariz con un pañuelo perfumado, la ineludible tarea de impedir por todos los medios que se produzcan tragedias humanas como la que se vislumbra en el inmediato futuro venezolano si no se consigue impedir a tiempo que, por culpa de la estupidez ideológica y moral de unos pocos fanáticos de derecha e izquierda, los venezolanos se vean arrastrados a una aventura de consecuencias imprevisibles. Justa y hasta santa misión que le corresponde asumir a la comunidad internacional para propiciar la celebración de nuevas y prontas elecciones (lo de las condiciones electorales vuelven ahora a no tener la menor importancia), como único dispositivo aceptable para garantizarle al país, aunque sea desde un punto de vista exclusivamente formal, la posibilidad de avanzar hacia un porvenir de estabilidad política y social sin necesidad de disparar un solo cañonazo.

Puro disfraz. Lo cierto, lo únicamente cierto de una ronda de negociaciones de la que no sabemos los detalles con certeza, es que estas conversaciones que se han iniciado estos días a más de 8 mil quinientos kilómetros de distancia de Venezuela, en la tranquila ciudad de Oslo, nada tienen que ver con la turbulenta realidad que viven y padecen hoy en día 30 millones de venezolanos exasperados, al borde de un colectivo ataque de locura. Vaya, que mientras en las calles del país los efectos de la crisis acorralan a los ciudadanos de a pie, en Noruega los representantes de Maduro, con la habitual colaboración de presuntos opositores, buscan la manera de darle un giro de 180 grados a la agenda política planteada por Guaidó y respaldada por la inmensa mayoría de la población. No con la intención de acelerar el fin a un régimen culpable de la descomposición física, económica, humanitaria y moral de Venezuela como nación, sino para validar mediante una nueva manipulación electoral la desmesura de quienes en nombre de una revolución que nunca lo ha sido, y solo a cambio de favorecer a unos cuantos privilegiados, han arrasado al país hasta hundirlo en el fondo de un abismo de miseria física y espiritual sin precedentes en la historia nacional.

Lo llamativo de esta insólita situación es que todo el mundo, incluso muchos de quienes enarbolan la bandera de una urgente solución pacífica y electoral de la crisis venezolana, rechaza desde hace meses la legitimidad de Maduro como presidente constitucional de Venezuela. Un muero porque no muero casi místico que le permite a los promotores de la iniciativa europea achacarle al discurso de Donald Trump y a los errores cometidos por los dirigentes de la oposición, el último de los cuales ha sido el improvisado intento de sublevación cívico-militar del 30 de abril, el motivo para invertir así como así los términos de la ecuación planteada por Guaidó como hoja de ruta no transable a seguir. Y así, en lugar del cese de la usurpación, la conformación de un gobierno de transición y finalmente la celebración de elecciones limpias, democráticas y transparentes para devolverle a Venezuela la vigencia de su Constitución, desde Oslo se trata de impedir el estallido de una posible catástrofe convocando ya, lo que se dice ya, elecciones generales como primer paso para propiciar el anhelado cese de la usurpación.

En el marco de este confuso intercambio de falsedades e imposibles, lo que queda claro es, por una parte, que Maduro, en lugar de declararse dispuesto a negociar su salida del poder, ha ordenado arreciar la represión de sus adversarios y ha propuesto la celebración de elecciones parlamentarias con el único objetivo de desmontar definitivamente el único poder constitucional que no controla. Por otra parte, el lenguaje del presidente Donald Trump y el de sus asesores ha adquirido desde el 30 de abril un tono que deja entrever que en Washington, a pesar del optimismo de algunos, nunca se manejó la alternativa de una intervención militar en Venezuela o ya han dejado de pensar en ella. De ahí que hace un par de día el almirante Craig Fuller, jefe del poderoso Comando Sur, declaró que si bien su comando está muy pendiente de lo que ocurre en Venezuela, “nuestra planificación se centra en el futuro, en nuestra colaboración con un (futuro) gobierno legítimo.” Es decir, que aunque en la Casa Blanca se hayan barajado todas las opciones posibles para enfrentar la crisis venezolana, en este punto crucial del proceso, el gobierno de EEUU no tiene planes para aumentar las presiones sobre Maduro, sino para fortalecer lo que ellos llaman la “cooperación” con Guaido y los venezolanos. En decir, para nada de nada.

Estas nuevas circunstancias dejan en el mayor de los desamparos a los 30 millones de venezolanos que sufren a diario las crecientes y devastadoras consecuencias de la crisis. Y que ahora, en lugar de estar a un paso de conseguir la rendición de Maduro y compañía, el apaciguamiento de la oposición promovido por sorpresa desde Oslo, deja de lado por completo el anhelo ciudadano de cambiar cuanto antes de presidente, gobierno y régimen. 

Una nueva realidad que nos transmite un mensaje desalentador: si Guaidó, víctima de sus propios demonios y de los de su entorno, no recobra a muy corto plazo el nervio y el impulso necesarios para reconstruir una agenda política real, convincente y efectiva para derrotar a Maduro y sacarlo de Miraflores, lo que le toca a la Venezuela democrática que hasta hace muy pocos días acorralaba al régimen en un callejón sin salida es la rendición. Como si en Venezuela, a pesar de las apariencias, lo habitual es que lo que parece suele no ser.

Armando Durán
@aduran111

lunes, 16 de noviembre de 2015

ARMANDO DURÁN, LA OEA DENUNCIA A MADURO Y A SU CNE

Hace dos semanas, Ricardo Lagos, ex presidente socialista de Chi-le, al referirse a la situación política de Venezuela y a la prisión que sufren Leopoldo López y otros opositores del régimen chavista por el simple hecho de disentir, se lamentaba de que sobre estos penosos temas se escucha “un silencio estruendoso en América Latina”.

Esta tendencia cambió drásticamente y de repente el martes pasado, cuando Luis Almagro, socialista como Lagos, canciller de Uruguay durante el gobierno de José Mujica y actualmente secretario general de la OEA, en respuesta a la negativa del CNE a autorizar la presencia en Venezuela de una misión de observadores del organismo en las elecciones del 6-D, le escribió a Tibisay Lucena una carta esclarecedora. En las 18 páginas del texto desnuda Almagro, una por una y con lujo de detalles, las artimañas con que ha sembrado el régimen el camino del 6-D para impedir la victoria de la oposición, y alza la voz, protesta y denuncia la inaceptable conducta de Nicolás Maduro y de su CNE.

Sin la menor duda se trata del documento de mayor trascendencia elaborado en estos 16 años sobre el régimen chavista. Sobre todo, porque no recoge una mera posición personal de Almagro. Cuando el secretario general de la OEA fija posición sobre un asunto de tanto peso como la violación sistemática de los principios democráticos en un país de la región, no puede hacerlo sin previa consulta y aprobación de los gobiernos miembros del organismo. De manera muy especial si su conclusión, alejada por completo de ambigüedades diplomáticas, cómodos equívocos políticos y de la nada disimulada connivencia de su predecesor con los intereses más tortuosos del régimen venezolano, constituye una advertencia terminal a Maduro y a su subalterna Lucena: “No puedo hacer la vista gorda”, sostiene Almagro con rotunda firmeza al final de su demanda a Venezuela, “ante hechos concretos que claramente vulneran derechos en el marco de la campaña electoral y del propio proceso electoral… Por todo lo expuesto en esta carta, existen razones para creer que las condiciones en las que el pueblo va a ir a votar el 6 de diciembre no están en estos momentos garantizados al nivel de transparencia y justicia electoral que usted, desde el CNE, debería garantizar.”

Frente al silencio “estruendoso” con que los gobiernos de la región sí se han venido haciendo los locos en el caso venezolano, la carta de Almagro, auténtico preaviso al régimen y al CNE, corrige ese rumbo y transmite el mensaje de que hasta aquí llega la paciencia latinoamericana. Si en esta hora difícil Maduro decide seguir adelante con sus planes para ganar las elecciones del 6 de diciembre “como sea”, tendrá que atenerse a las consecuencias. Vaya, que si a pesar de esta advertencia regional decide convertir su retórica bravuconada de guapetón de barrio en el antidemocrático acto de violentar la voluntad popular de los venezolanos y resuelve hacer realidad sus reiteradas amenazas de no reconocer un eventual triunfo electoral de sus adversarios, estaría transgrediendo flagrantemente las normas esenciales de la Carta Democrática de la OEA y cometiendo un fraude que, en esta ocasión, no contaría con el habitual y estruendoso silencio de América Latina.

En otras palabras, con la carta de Almagro, la OEA insinúa que desde el gobierno de Venezuela se ha fraguado y se está poniendo en marcha un golpe de Estado para asegurarle al régimen una ilegítima victoria electoral el 6-D y le aclara a unos y a otros que en esta ocasión la comunidad latinoamericana no guardará silencio. Situación que coloca a Maduro ante un dilema imposible. O lanza al país al abismo del megafraude que él necesita para darle continuidad a su proyecto político, o admite la derrota, lo cual equivaldría a marcar ese día crucial como el primer día del fin de su Presidencia. Esta es la irremediable realidad electoral de Venezuela.

Armando Durán

@aduran111

Caracas - Venezuela