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domingo, 8 de marzo de 2020

NÉSTOR SUÁREZ: COHERENCIA Y CONSISTENCIA EN EL DISCURSO.

Siempre hemos tenido el mismo discurso y la misma oferta. Nuestro discurso puede resumirse asi:

1.- No creemos en el socialismo, ni el socialismo revolucionario o bolchevique ni en el democrático o menchevique, que es solamente una antesala o estación de paso rumbo al primero, tal como en Venezuela, donde a la etapa de socialismo democrático siguió la fase de socialismo duro desde 1998 hasta hoy en día. De allí siempre nuestra consigna "No al socialismo", Si al Capitalismo de libre mercado o liberal ".

2.- Creemos firmemente en el libre mercado y el capitalismo liberal como única vía al Primer mundo para salir de la pobreza y el subdesarrollo. No por capricho, sino porque así lo demuestra la evidencia histórica y contemporánea de los países que son ricos o están saliendo de la pobreza. De allí nuestra otra consigna, la misma de siempre : "Capitalismo liberal, la verdadera esperanza de los pobres".

3.- Creemos en las autonomías regionales, para todos los estados de nuestro país. Pero no como un fin en sí mismo, sino como un medio para que las regiones puedan comenzar a practicar la sociedad de libre mercado, y así crear riqueza, reducir la pobreza y disfrutar de los beneficios del desarrollo. Como es en China, bajo la tesis "Un País, dos sistemas". Ese fue el discurso y propuesta del movimiento político e ideológico de orientación liberal Rumbo Propio en el Zulia, hace 15 años. En esa propuesta no hubo nada de separatismo. Donde está la región de China que se ha separado de ese país?

4.- Siempre alertamos sin miedo y sin complejos sobre lo que significaba y significa el socialismo del siglo 21. No era un juego, era para tomarlo en serio por las consecuencias que traería. Se trataba nada menos que encontrarle nuevos fundamentos ideológicos al socialismo comunista. Una tarea titanica, pero posible, porque el papel aguanta todo. Y cuáles son esos nuevos fundamentos ideológicos? Algunos no son nuevos, pero son cinco básicamente. Socialismo cristiano, socialismo utópico, socialismo postmarxista, socialismo criollo (Simón Bolívar y su maestro socialista Simón Rodríguez). Y el socialismo políticamente correcto, que le dieron ciertas claves Posmodernista y de nueva era, y asimismo el ambientalismo, el feminismo, el indigenismo trebalista y la "responsabilidad social" y brindan no despreciable puntos de conexión con la Nueva izquierda norteamericana de los Clinton, los Gore, los Obama, Sander, etc. Al igual que con la ONU.

Es esta mezcla del socialismo del siglo 21, incoherente? Puede ser, pero esa misma incoherencia, en una atmósfera hostil a la razón, a la lógica y a la consistencia, y exaltadora de las emociones y sentimientos, no es una debilidad sino una fortaleza. Por eso y por muchas razones más, debemos ser consistentes y coherentes en nuestro discurso. La salida a esta tragedia y destrucción socialista e intervencionista, es el Capitalismo de libre mercado. No hay otra. No hay terceras vía. La única vía al Primer mundo es el Capitalismo de libre mercado. Hace falta una mayor consistencia y coherencia en el discurso de nuestra dirigencia pública y privada. Solo una auténtica democracia liberal y una verdadera economía de mercado pueden garantizar la libertad, el bienestar y la prosperidad de la humanidad y en particular de Venezuela y América latina.

Nestor Suarez
nsuarez07@hotmail.com
@NestorSuarezRB
Miembro de la Comisión Plan País y asesor de la comisión de Energía y Minas de la Asamblea Nacional de Venezuela

viernes, 6 de septiembre de 2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: COHERENCIA

Cuán bueno sería no equivocarse. No tener que bregar con el costo de las reparaciones, exhibir al final de la vida una línea de pensamiento-acción tan estable que recuerde, por contraste, las sacudidas de las arritmias cardíacas. Ese quizás es furtivo anhelo de quienes viven de tomar decisiones que afectan a muchos, el de ganar en buena lid la reputación de estrategas imbatibles, oráculos cumplidores como hojilla. Ah, pero somos humanos, demasiado humanos, como diría un Nietzsche víctima de la enfermedad, en suerte de viaje interior que lo confronta con sus mazmorras y dudas, con la tiranía del propio yo, con los pinchazos de una voluntad libre. “La bestia en nosotros quiere ser engañada”, sentencia, descarnado. Y cuesta desdecirlo. 

Debemos contar entonces con que los errores -y las mudanzas estratégicas- son parte ineludible de nuestra condición y tránsito en la vida. Que toca forcejear con eso responsablemente, sabiendo que habrá instantes en que reconsiderar una postura asumida con ardores y rumboso rasgado de vestiduras, será giro forzoso si un bien mayor lo reclama. 

Todo se mueve, nada permanece, susurra Heráclito, artífice de la idea de las abluciones irrepetibles en idéntico río. El ser humano no puede quedar al margen de esa movilidad propia de la existencia. Con tal certeza habría que mirar entonces el compromiso del político con la coherencia. Hablamos de la cohesión entre una cosa y otra, esa consecuencia lógica respecto a un antecedente, esa facultad de mantener en misma frecuencia los pensamientos, palabras y obras, el decir y hacer. Claro, dada la multiplicidad de variables que en este caso refutan la idea de la inconmovible “anatomía social”, la coherencia en política no supondría infalibilidad o casorio con posturas pétreas, y sí cuidar que un propósito superior -atado a un corpus ético y de valores, a un método, a la cualidad de un “cómo”- no sea desatendido por el atasco en la coyuntura. Sólo así se garantizaría evolución. 

En tiempos de prepolítica y desmesura, de infantilización por un lado y vanidad con atavíos de dignidad por otro, esa idea de la coherencia podría aparecer distorsionada. No faltan políticos –algunos ajenos al trajín real de la gestión de gobierno o a la militancia en partidos con estructura; no protopartidos, no cofradías- que la confunden con camisa de fuerza, con la sujeción a ideas fijas sobre el abordaje táctico de un problema, así las circunstancias cambien drásticamente. No advierten que eso sacrifica una cualidad de la gestión del liderazgo: la capacidad para adaptarse, para captar texturas en la “lógica de los hechos” y dar con estrategias que atajen el imprevisto. Maquiavelo habla de virtù, Isaiah Berlin de juicio político. En ambos casos la realidad es dato inobjetable. 

Podríamos decir que la percepción de coherencia en el político depende en buena medida de que este evite la tentación de hacer promesas imposibles de cumplir o del todo ajenas a sus coordenadas éticas. De no confundir ese legítimo deseo de transformar la realidad con el voluntarismo propio y nada pragmático (locura, diagnostica Barbara Tuchman) de quien ignora una y otra vez la evidencia. 

Eso tal vez explique por qué estudios como el de Datanálisis siguen registrando llamativos niveles de desconfianza respecto al liderazgo en Venezuela, escama por cierto bien estrujada por los paladines de la antipolítica. Aunque en principio la confianza pudiese implicar suspensión temporal de la incertidumbre, su reforzamiento -a diferencia de la fe incondicional en un dogma, propia de la religión- estriba en la constatación de resultados. Sin obras, no hay amores. Sin éxito tangible, la confianza y la esperanza caducan. 

De allí la importancia de ser consecuente con el decir-hacer, en especial cuando el político ha cultivado la impresión de contar con el ascendente y los recursos para modificar lo que perturba. Lo otro es demagogia, manosear la expectativa ajena como si se tratase de una liga irrompible, permitirse la veleidad de afirmar una cosa hoy y otra mañana, negar tozudamente lo que todos perciben o peor, no dar explicaciones mientras el peso de la evidencia sepulta la oferta original. Acá lo reprochable no será haberse equivocado, no, sino no darse por aludido cuando voces críticas advertían el estrago que eso implicaba. 


En país donde el poder fáctico sigue en manos de un régimen autoritario, donde la calidad de vida se desploma a ritmo de vértigo y nuevos retos electorales se asoman, la coherencia democrática de hombres y mujeres de acción es clave. Toca releer el momento con actitud amplia y sin prejuicios, de apelar a ese don para integrar “una enorme amalgama de datos en perpetuo cambio, intrincados, evanescentes, siempre superpuestos… demasiado entremezclados para atraparlos, clavarlos con un alfiler y etiquetarlos como si fueran mariposas”, según dice Berlin. Los cambios de timón que resulten de ese vidrioso examen no deberían pasar como “traición”, y sí como cabal ejercicio de juicio político. 


Mibelis Acevedo Donis
@Mibelis

viernes, 26 de julio de 2019

SJ. LUIS UGALDE: BARBADOS Y MÁS ACÁ

Impresiona la coherencia de nuestra Conferencia Episcopal, que nos orienta con su valiente reflexión ética y religiosa en la creciente tragedia nacional. No es fácil que medio centenar de obispos año tras año se ponga de acuerdo en un documento claro, preciso y valiente que no se queda en principios cristianos generales. Este mes de julio acogen el dramático Informe del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y el clamor del país que exige cambio para evitar que el barco se hunda.

Más allá de los deseos no hay muchas alternativas con reales posibilidades de salida y de reconstrucción. Creo que es posible la que los demócratas están defendiendo en las negociaciones de Barbados con facilitación de Noruega. En ella van confluyendo los países democráticos del mundo: la Unión Europea, Estados Unidos y el Grupo de Lima, la OEA y la ONU. Hasta China y Rusia empiezan a ver que las elecciones presidenciales limpias (con todo lo necesario para hacerlas) es la única salida.

La dictadura se resiste, pero hay que hacerle sentir que ni tiene razón ni la fuerza suficiente para  perpetuar su  tiranía sembradora de miseria y violadora de derechos humanos. Es imprescindible que dentro del país ese 85% de venezolanos que quiere una república con vida, dignidad y democracia se concentre en esta sola ruta, sin necesidad de uniformarnos. Tomo del documento de los obispos esas líneas maestras que necesitamos en la mesa de Barbados y más allá en cada país democrático y más acá en cada demócrata venezolano:  

“La tarea de reconstruir Venezuela: decisiones urgentes”

“12- Como afirmamos el pasado mes de enero, ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo, una vuelta a la Constitución. Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo presidente de la República. Para que sea realmente libre y responda a la voluntad del pueblo soberano, dicha elección postula algunas condiciones indispensables tales como: un nuevo Consejo Nacional Electoral imparcial, la actualización del registro electoral, el voto de los venezolanos en el exterior y una supervisión de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea, entre otras; igualmente el cese de la Asamblea Nacional Constituyente”.

“13- Ante la ‘emergencia humanitaria’ en la que el sistema económico y político vigente ha sumido a toda la población, es urgente que se permita la entrada masiva y distribución de la ayuda de alimentos y medicinas, con participación y supervisión internacional, y deslastrada de las diatribas partidistas y del flagelo de la corrupción. La Iglesia Católica, a través de sus instituciones, y particularmente las Caritas parroquiales, diocesanas y nacional, renueva su compromiso de participar, junto a otras organizaciones, en la recepción y distribución de esta ayuda humanitaria”.

“14- Los miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, los órganos policiales y el Ministerio Público, en el cumplimiento de sus deberes constitucionales, deben obrar conforme a la justicia y la verdad, y no al servicio de una parcialidad política. Así erradicarán de su seno las prácticas de persecución y tortura, y resguardarán, defenderán y harán respetar los  derechos de todos, por encima de cualquier interés personal o partidista”.

Esos son los cambios exigentes y complejos en su concreción, para lo cual es fundamental la movilización de todos los sectores nacionales. La Iglesia afirma su aporte: “Para contribuir a esa renovación nacional, reiteramos nuestro compromiso como Iglesia de seguir fortaleciendo la fe en Jesucristo que sana y libera, y llevando esperanza a nuestro pueblo, a través del desarrollo de programas de formación y organización que permitan la defensa de los derechos humanos, la recuperación de la institucionalidad democrática y la reconstrucción del país de una forma pacífica. Desde nuestras instituciones educativas, seguiremos brindando una educación de calidad que eleve los valores espirituales y ciudadanos de nuestro pueblo”.

El camino está claro. La negociación de Barbados resultará si hay presión fuerte de las naciones contra la tiranía y una movilización en todas las instancias sociales, económicas, políticas, culturales, religiosas… nacionales, como nos repite cada día el presidente encargado Juan Guaidó.

Los obispos terminan animando y convocando a todos los católicos a sembrar esperanza y multiplicar el trabajo concreto para la salida y la reconstrucción: “Agradecemos y felicitamos a los sacerdotes, diáconos, religiosas y laicos, el esfuerzo que realizan cada día para mantener viva la esperanza y profundizar la evangelización del pueblo venezolano y, en particular, por las iniciativas para la atención de las personas más vulnerables”.

“Queremos convocarlos una vez más a no ceder en el buen propósito de orar con humildad y trabajar con confianza por el bienestar de nuestro país”.

http://cronicadesdewashington.blogspot.com/2019/07/sj-luis-ugalde-barbados-y-mas-aca.html
Enviado a nuestro Twitter por
Manuel Acevedo
@acevedomanuel