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domingo, 12 de julio de 2020

RICHARD CASANOVA, DEL FALSO DILEMA AL VERDADERO DEBATE (PARTE I)


Mientras el país se hunde en una crisis pavorosa y la amenaza del Covid19 se cierne sobre la población, el gobierno indolente está dedicado a montar un inútil fraude electoral y ha encasillado al mundo político en el falso dilema de votar o no, alejándonos del verdadero debate que debe darse en la oposición. Antes de explorar la ruta a seguir, conviene explicar por qué será infructuoso ese fraude y por qué es estéril el debate en cuestión.


Desde el principio, cuando ilegalmente le quitaron a la oposición los 2/3 del parlamento, el régimen ha hecho esfuerzos sistemáticos por liquidar a la Asamblea Nacional (AN). El gobierno -vía TSJ- ha anulado todas sus decisiones y después montó su constituyente cubana para intentar suplir sus funciones. Por tanto, aunque el parlamento ha sido para la oposición un instrumento político, realmente poco le ha importado a la dictadura y la única razón por la cual al gobierno le interesaría una nueva AN es para lograr reconocimiento internacional, superar el aislamiento y lo más importante, acceder a financiamiento externo, sin el cual es imposible superar la crisis. Pero con unas elecciones fraudulentas, el desconocimiento del régimen se prolongará y la AN que surja de esa bufonada tampoco será reconocida.

Así las cosas, unas elecciones amañadas no sirven a la oposición para producir un cambio político, ni al país para superar la crisis, la cual obviamente se agudizará; pero tampoco le sirven al régimen para garantizar gobernabilidad. Al contrario, con la profundización de la crisis social y económica, la amenaza aterradora de la pandemia, el hastío del país y el cierre de la vía democrática, los pronósticos para el gobierno son absolutamente adversos. Súmele a eso el incremento de la presión internacional que los aísla cada día más, al punto que hoy los vándalos y sus cómplices ni siquiera pueden comprar un sartén por Amazon. La posibilidad de sostenerse en el poder se ve comprometida pero lo más grave: el país se hace inviable, la crisis adquiere dimensiones espantosas y la posibilidad de un colapso de la economía y de los servicios públicos, es una tendencia evidente. Por eso advierto que son inútiles los esfuerzos por montar está tramoya electoral, el resultado conduce al desastre y no se traduce en una salida para el gobierno. Incluso, el intento de montar su propia oposición con "la mesita" y robándose las siglas de PJ, AD y VP, está condenado al fracaso. Todo ese "liderazgo" será licuado y reducido al 12% que tiene la narco-dictadura. El rechazo del régimen ronda el 90% y eso no es algo que puedan superar con esas operaciones delictivas.

Lo otro, decía que votar o abstenerse es un debate equivocado y absolutamente estéril pues el escenario está diseñado para desgastar a la oposición en un tortuoso camino y luego –sea que participe o no- el resultado político será el mismo. En efecto, el gobierno se robó las tarjetas más representativas de la oposición, así participar es muy difícil pero aún si se lograra inscribir candidatos en una tarjeta, no sería fácil venderla en las circunstancias actuales y compitiendo en las más hostiles condiciones. Pero siendo optimistas y suponiendo que ganáramos -vistos los extremos a los que ha llegado el régimen- uno puede inferir que éste no tiene razón alguna para reconocer esa victoria, más bien está obligado a desconocerla. Y vamos más allá, pasemos del optimismo a la ingenuidad y digamos que el país -en medio de la cuarentena- sale a protestar, no hay represión y el gobierno termina reconociendo nuestro triunfo. En tal caso, el régimen sigue teniendo su "real y medio": el TSJ y la constituyente cubana para burlar al nuevo Poder Legislativo.

Queda claro que "votar o no" es un falso dilema, cuando -indistintamente de lo que se haga- el cuadro de hoy genera un mismo resultado político. El verdadero debate entonces no es en torno a la participación sino como cambiamos ese cuadro que líquida al voto como instrumento democrático y condena al país a una tragedia. Hay que asumir que el problema no es sólo electoral sino el desmontaje de ese andamiaje de poder que clausura la vía electoral y empuja al país a un oscuro abismo. Esto y reconectarse con las verdaderas necesidades y angustias de los venezolanos debe ser el centro del debate en el campo opositor.

Entonces ¿Hay salida? ¿Qué podemos hacer? Claro que hay salida y en nuestra próxima entrega intentaremos dibujar una ruta ante esta sombría coyuntura. Que nadie pierda la esperanza y mantengamos en alto nuestras banderas. ¡Venezuela no se rinde!

Richard Casanova
richcasanova@gmail.com
@richcasanova

(*) Dirigente progresista / PJ / Vicepresidente de la ANR del Colegio de Ingenieros de Vzla.

sábado, 27 de junio de 2020

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, EL DEBATE ENTRE LA SOBREVIVENCIA Y LA DESESPERACIÓN


Desde que las ideologías dejaron de existir como fundamentos de proyectos políticos pensados como esquemas fácticos de gobierno, los problemas se exasperaron. Y aquellas ideologías que aguzaron sus ausencias, se convirtieron en razones para retrotraer el ejercicio de la política a estadios depauperados en cuanto a condiciones de desarrollo de plausible categoría. 


Buena parte de los problemas que de tales carencias derivaron, terminaron rozándose con conflictos que se insuflaron de la desesperación del hombre cuando se ve perdido entre las múltiples incógnitas que no logra despejar. Pero también, porque terminaron vinculándose con serias crisis de vida que se hacen más profundas a medida que el individuo se insume en otro problema. Tan grave como el primero. Y eso ocurre, cuando no consigue la ruta más inmediata que busca el hombre para sobrevivir en medio del caos en que se ve envuelto. O que lo arrastra. 

He ahí la razón que explica el debate entre la sobrevivencia y la desesperación. O sea, un tanto lo que se deduce del hecho de advertir la debacle que se da cuando el hombre se ve acosado por la ignorancia. Por la ignorancia disfrazada de verdad. O camuflada por el excelso tricolor: “cultura, moralidad y ética”. Bastante incierto, pero cuyo eco conmueve ilusos, furibundos y falsos revolucionarios. 

La crisis política que en los años del siglo XXI logró instalarse en buena parte de países occidentales, sin que otros hayan podido eximirse de caer en la angustia de dicha crisis, hizo que las libertades se vieran supeditadas a variables impuestas por doctrinas ortodoxas o puritanas. Hasta suspender dichas libertades en dimensiones extrañas de espacio y tiempo. Oportunidades éstas de las cuales se valieron rezagos de vetustas ideologías para mimetizar la economía. Al extremo que pudieron someter la sociedad, a sus más casuísticos postulados e vehementes criterios. 

Fue la razón para incitar al hombre a verse considerado como entidad política frente a los embates provenientes del conflicto. Del conflicto que asoma su sobrevivencia en el plano social. Y la desesperación, en el terreno económico, toda vez que delimita objetivos de vida asumidas bajo el patrón del “bienestar”. 

Nuevos desafíos 

Aunque la ley de la competencia pueda dificultarle al hombre alcanzar metas en el menor tiempo y con el mayor provecho posible. Sin embargo, en ese mismo camino se debate con otros problemas que lo asaltan en su proceder político, cultural y social. Pero aún así, sobrevive. Quizás no tanto como para ufanarse de alcanzar el pódium instalado al final del recorrido emprendido. Pero sí, como para sentirse orgulloso de las capacidades demostradas a lo largo del esfuerzo realizado. 

Sin embargo, el ser humano sigue confrontando dificultades que enrarecen proyectos de vida. Pero que si bien las mismas, en tanto que al mismo tiempo pueden considerarse como desafíos, no son óbice para sacarlo del trayecto al que sigue aferrado. Pero que sí lo atrasan a riesgo que los avatares lo insuman en una cruenta desesperación. Más, al entender que vivir, no siempre, constituye un acto de coraje. 

En todo caso, comprender las dificultades que acosan la vida humana, en medio de las circunstancias que forjan el debate entre la sobrevivencia y la desesperación, no es fácil. El camino a surcar luce borroso por la presencia de otros problemas de insidiosa ascendencia. Problemas que tienden a desubicar al individuo del contexto en el cual afianza sus fuerzas y esperanzas. Problemas relacionados con la incertidumbre, la imprudencia, la obcecación, la insensatez y la premura, entre otros. Sin embargo, todos tienen un denominador común que es la política sobre la cual se asientan las perspectivas y expectativas de vida, propias de todo ser humano que se precie de sus libertades y sus derechos para actuar de cara a los desafíos o retos que puedan surgir en el trayecto a recorrer. O en tránsito. 

Y naturalmente, es así. Más, al reconocer la política como espacio de relación entre individuos para quienes el sentido del poder político, varía según la situación que viven. O según las oportunidades que pueda disponerle el espacio que requieran en términos de sus  intereses inmediatos y necesidades más urgentes.  

Sin embargo, se ha dicho que el fondo del problema radica en la tramada posibilidad que tiene el hombre para actuar al amparo de las libertades. Y de los derechos habilitados por la consistencia y coherencia del sentido que disponen dichas libertades. Y es que, cuando se convierte en eslabón de un proceso político que lo considera supuestamente consustanciado con las razones que motivan el encadenamiento entre lo político, lo social y lo económico, tiende a caer en la trampa creada en su apremio por escapar del dilema en que se ve atrapado inmisericordemente. O de perderse en los intríngulis que para ello han confeccionado esas mismas razones. Por lo tanto, busca perfilar su vida para así evitar o mermar tan crudos contratiempos. Por ello, deberá vivenciar los problemas que se suscitan en el debate entre la sobrevivencia y la desesperación.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

viernes, 21 de febrero de 2020

GINA MONTANER: LA IGLESIA CATÓLICA AVANZA COMO EL CANGREJO

Si fuera cierta la extendida creencia popular de que los cangrejos caminan hacia atrás (en verdad se desplazan de lado), habría que aplicarla a la Iglesia católica.

Según el primado papal, Jesucristo le encomendó al apóstol Pedro difundir su iglesia y se convirtió en el primer Papa. Desde entonces, los sucesivos jerarcas de la Iglesia de Roma han trazado los preceptos a seguir. Uno de los más discutidos en los últimos tiempos ha sido el celibato.

Tras el retiro de Benedicto XVI, apegado a la línea más conservadora, ha sido su sucesor, el Papa Francisco, quien ha avivado el debate en una época en la que cada vez es más difícil despertar entre los jóvenes la vocación del sacerdocio.

A diferencia de otras Iglesias como la protestante, que permite que los pastores se casen, en una era en la que los milénicos y la generación que los sigue se definen en su mayoría como agnósticos o ateos, el voto de castidad no es la mejor arma de proselitismo. Sin duda, Francisco es consciente de que un aire remozado y más acorde a los tiempos ayudaría a revitalizar seminarios que se vacían.

Preocupado por la falta de sacerdotes dispuestos a incentivar la eucaristía en un lugar tan remoto como la Amazonía, Francisco tuvo en mente ordenar a hombres casados para ejecutar este cometido. Incluso se aventuró a la idea de otorgarles a mujeres la capacidad de ser diáconas para impartir algunos sacramentos.

Poder viajar con la familia podía ser un aliciente frente a la solitaria alternativa de sacerdotes célibes en una parte del mundo en la que la vida ya de por sí es difícil.

Finalmente, este primer paso que podría haber abierto la puerta a cambios trascendentales en la Iglesia, se ha dado de bruces con la negativa del ala ultraconservadora que ve peligrar el celibato.

Y Francisco, que en su momento contó con el respaldo de su antecesor para ocupar la silla papal, no se ha atrevido a romper esquemas en una institución milenaria cuya esencia ha sido la de oponerse a la evolución de los tiempos.

Pero el inmovilismo no ayudará a aliviar la alarmante escasez de sacerdotes. Si de lo que se trata es de diseminar el Evangelio, este documento de 52 páginas carece de estímulos que atraigan a jóvenes con aptitudes religiosas. No debe ser la Amazonía el único rincón del mundo que inquieta al Vaticano. A fin de cuentas, hasta en las grandes capitales cada vez es más infrecuente ver sacerdotes y monjas.

Si para el sector más progresista de la Iglesia católica esta vacilación del Papa Francisco representa un balde de agua fría en lo que concierne a una mayor flexibilidad respecto al celibato, en lo relativo a la importancia de las mujeres en el seno de la Iglesia, sencillamente es como vagar en el desierto.

El planteamiento más osado es proponer que una mujer pueda ser diacona. Poco más. En el escalafón de la Iglesia las monjas no tienen el estatus del sacerdote a la hora de administrar los santos sacramentos. Y en los conventos y abadías siguen siendo las ciervas no solo de Dios, pero también de los curas, limitadas a ser sus asistentas.

La Iglesia católica aspira a perdurar y para ello no debe desaprovechar devotos, sino multiplicarlos. Es evidente que resistirse a avanzar le está pasando factura. El Papa Francisco lo sabe, aunque no se atreva a decirlo en voz alta.

Gina Montaner
ginamontaner@gmail.com
@Ginamontaner
El Nuevo Herald
©FIRMAS PRESS

viernes, 16 de agosto de 2019

MARYCLEN STELLING: RED DIALOGANTE

Recientemente tuvo lugar una histórica reunión que congregó diferentes expresiones de la sociedad civil, convocadas y unidas en torno a dos temas centrales: el dialogo y la paz.

La reunión ocurre en un escenario de crisis de confianza política y de legitimidad, contexto en donde destaca el papel que juegan los medios de comunicación peligrosamente devenidos en actores políticos. 

En una suerte de despertar, “la gente” se reconoce y se asume como un eje importante en la reflexión política; como actor fundamental en la resolución pacífica de la confrontación política, en la preservación de la democracia y, además, como protagonista principal del diálogo y de la paz en el país. 

En una asamblea donde imperó el respeto, la confianza y la libertad de expresión se acordó configurar cuatro áreas de trabajo: Articulación: dirigida a identificar los grupos que se encuentran haciendo esfuerzos similares y construir una amplia red de contactos, promover el intercambio de experiencias y desarrollar actividades en conjunto. Microdiálogo y microacuerdos: con miras a fortalecer un nuevo tejido social, donde tiene lugar un proceso espontaneo de exploración y ejecución de acuerdos pragmáticos para enfrentar la crisis multidimensional. Comunicación para el dialogo: fortalecida la relación con los medios, la sociedad civil se convierte en actora y generadora de mensajes y propuestas en torno a la necesidad de reencontrarnos, reconocernos y dialogar. Se acordó además apoyar el dialogo en Barbados y expresar la confianza en dicho mecanismo. 

A dos días de la reunión, cambia radicalmente el contexto. Trump firma una orden ejecutiva que congela todos los activos del Gobierno y prohíbe transacciones, lo que se interpreta como “acción radical” orientada hacia la imposición de “un embargo económico total”. Las reacciones de la fracturada oposición se debaten entre el apoyo a tales medidas y el rechazo a las mismas. El Gobierno suspende su participación en el diálogo de Barbados, en “razón de la grave y brutal agresión perpetrada de manera continuada y artera por parte de la administración Trump contra Venezuela”. 

Hoy más que nunca es necesario la configuración, desde “la gente”, de una red dialogante para la paz, el dialogo y la democracia.
Maryclen Stelling
@maryclens