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martes, 18 de abril de 2017

EGILDO LUJÁN NAVA, SÍ TENEMOS CON QUÉ TRIUNFAR

FORMATO DEL FUTURO, 
" MORAL Y LUCES SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES "
SIMÓN BOLÍVAR

Pues sí, de la misma manera que el actual régimen decidió cambiarle el nombre al país, argumentando cualquier cosa para vincular su supuesta revolución con la histórica identidad bolivariana de la nación, hoy, cuando ya no está el mentor, Hugo Chávez, también tiene sentido otra posibilidad de cambio. Porque Venezuela, definitivamente, sin trámites ni consultas, debería llamarse "Veneparto ".

¿Y es que acaso existiría algo más apropiado para todos los originarios, cuando cada uno está obligado a hacer de su vida un eterno alumbramiento ante la terrible situación económica que asfixia a  la Nación, como por el permanente sometimiento a la inseguridad, a la  escasez, al hambre y a las turbias esperanzas?. 

Sin embargo, entre parto y parto, de repente, emergen situaciones excepcionales que son capaces de reanimar la confianza y la esperanza en que aquí no todo está perdido. Por lo que, a partir de allí, entonces, la luz que nace y se hace presente, obliga a describir vivencias en primera persona. También a hilar pensamientos y sentimientos influidos por el  efecto que es capaz de provocar en el espíritu ajeno el impacto del mensaje de la Semana Santa. Pero, además, hechos propios de una sociedad arrastrada por la miseria del apego ya no oculto a las penumbras  y a las tinieblas, como lo apreció toda la ciudadanía y sufrió la feligresía cristiana católica el Miércoles Santo, con los hechos suscitados en la Iglesia Santa Teresa de Caracas.

Pero en pleno Domingo de Resurrección, más vale  honrar las  vivencias del rescate de la convicción de que aquí no todo está perdido:

“Porque también esta semana fui impactado por un rayo de esperanza, al honrar la deferencia de  ser  invitado a un mini concierto en el Colegio Emil Friedman de Caracas; por cierto, único Colegio en Venezuela donde la instrucción musical es  una cátedra obligatoria.  Y cuya aceptación, asumida como una opción convenida entre institución educativa y Padres y Representantes, ha hecho posible el nacimiento de  maestros de la música a nivel internacional, como el Director Gustavo Dudamel Ramírez, oriundo de la merecidamente  bien llamada Capital Musical de Venezuela, Barquisimeto.

En el sitio, un recital ofrecido, entre otros, por niños de 5 a 7 años, alumnos de primero y segundo grado de primaria, hizo posible un encuentro espiritual de padres, abuelos e invitados especiales con la maestría infantil puesta en escena a cargo de una generación que, con violines, flautas, chelos y un piano, hizo posible despertar emoción, orgullo venezolano y lágrimas de sincera identidad “con los que vienen detrás”.

Sí, en efecto, ver, escuchar y sentir lo que transmitieron aquellas criaturas, definitivamente, fue  emocionante e impactante. Porque verlos ejecutar piezas clásicas con tal maestría, seriedad y ejemplo de responsabilidad estudiantil, no podía menos que producir aplausos con entusiasmo, en el medio de una multiplicidad de inquietudes  y de aceleradas  preguntas y respuestas. Pero también del innegable convencimiento de  que sí tenemos reservas humanas para sacar a nuestro país adelante, especialmente de  la terrible destrucción moral  y ética a que ha sido deliberadamente sometido,  como a su antinacional destrucción económica, social y cultural.

Luego de esa bella experiencia, surgió el inevitable interés por conocer un poco más de ese gran Colegio fundado por el inolvidable buen amigo y fallecido Profesor Emil Friedman;  de esa gran casa de estudios de niños y adolescentes que cursan desde pre escolar hasta quinto año de bachillerato.  Y lo hicimos. Acompañados de la Presidenta de la Sociedad  de Padres y Representantes, Begoña Sánchez de Luján, quien, amable y diligentemente, se ocupó de liderar  un recorrido por las instalaciones del instituto educativo. Pero, además, de hacer posible que sostuviéramos  una amigable conversación con maestros,  alumnos y otros visitantes.

Fue así como, en el sitio, sin intermediarios, pudimos  tener un encuentro con aulas, el estupendo auditorio del Friedman; con salas de estudio; canchas deportivas, etc. Pero, sobre todo, con la monumental casa de enseñanza y aprendizaje en donde el máximo propósito es el de “no fallarle al país”; el de no convertir el tiempo del año lectivo en una simple formalidad de “materias vista”, sino de dedicación a cimentar valores y principios para responderle a los retos del futuro.

No dejó de llamarnos la atención el estupendo y bello estado de su paisajismo ornamental  y de sus esculturas en los distintos espacios de la jardinería y de los patios exteriores. Una demostración  evidente de que allí se combinan, para satisfacción de todos, la dedicación al resguardo de esos bienes, como del  profundo respeto que les dispensan los estudiantes. Quizás de la misma manera como se interrelacionan el mantenimiento con la limpieza; el respeto por el ambiente  y la civilizada dedicación a resguardar lo que es y en lo que se traduce al final del camino la  sana convivencia entre todas las partes comprometidas con el funcionamiento de dicho Colegio.

 ¿Por qué no es posible que esa misma conjunción de situaciones y condiciones positivas puedan darse en todas las instituciones escolares, especialmente en las escuelas públicas?. ¿A qué se debe que al evaluar el estado físico, ornamental y de funcionalidad  docente de gran parte de esas instalaciones oficiales, lo normal sea el deterioro y mal estado de sus instalaciones, pero, además, el sometimiento de los educadores a no poder rendir en su importante trabajo, por su condición de inestabilidad laboral y ausencia de condiciones motivacionales para tener que trabajar entre espacios de jardinería convertidos en terraplenes llenos de basura y de escombros?.

Desde luego, después de concluir el recorrido, los  enriquecedores diálogos y de asumir una subjetiva interpretación de lo que es y se aprecia en el Colegio Friedman de Caracas, no es posible salir de allí sin sentirse uno comprometido con la obligación moral de calificar lo que sucede en esas instalaciones como de excepcional. Asimismo, con el deber ciudadano de congratular y felicitar tanto esfuerzo positivo.

Es un justo reconocimiento que también se hace extensivo a profesores(as),  maestros(as), alumnos y a todo el personal administrativo y de apoyo logístico. Y, desde luego, a las  autoridades del Colegio por el estupendo trabajo educativo y de dedicación a la formación de los venezolanos del futuro. Si se quiere, es un reconocimiento sincero ante quienes son capaces de demostrar que todo trabajo realizado con profesionalismo, dedicación y cariño por lo que se acomete, hace posible la consecución de  objetivos y de, en este caso, la formación de nuevos y valiosos ciudadanos.

Comentario aparte, y no por ello menos importante, fue la conclusión extraída de la conversación con  estudiantes  de primaria como de bachillerato. Porque permitió  percibir un alto nivel intelectual y académico acorde con sus respectivas edades,  y apreciar, a partir de los temas abordados, su gran interés y preocupación por las posibilidades futuras de Venezuela. Suficiente para concluir en que no hay destrucción triunfante del país, a pesar del ensañamiento, cuando también hay formación infantil y juvenil convencida de su responsabilidad con la Venezuela del mañana. 

Es la misma sensación  que nace y se asienta con firmeza, cuando desde el exterior viene la noticia de que  un grupo de estudiantes universitarios venezolanos fue capaz de salir airoso en una competencia académica internacional sobre política exterior, promovida  por la 0rganización de las  Naciones Unidas en Nueva York. Allí cada competidor proveniente de las mejores Universidades del mundo, debió representar a un país distinto al de su origen, con base en temas de conflictos internacionales. ¿Resultado?:  equipos representantes de universidades venezolanas terminaron siendo los  galardonados, después de convertirse en inobjetables y convincentes  ganadores de la prestigiosa competencia internacional.

¿Cómo no reanimar y reactivar la esperanza en el futuro del país, a partir de estos dos hechos  relacionados precisamente con lo más sensible e importante de toda Nación, como es la educación de su muchachada?.

Sin duda alguna, no obstante el gran deterioro que exhibe el país,  y a pesar de haber registrado  un éxodo a más de 90 diversas naciones de centenares de miles de profesionales y de técnicos en búsqueda de seguridad y futuro profesional, todavía Venezuela conserva en su juventud  una innegable reserva de valores humanos, de talento  generacional consustanciada con las exigencias de los retos  planteado para enfrentar y sacar el país adelante.

Es, como lo diría uno de los educadores  que nos dedicó atención y tiempo para intercambiar puntos de vista sobre dichos retos, las otras semillas generacionales  que creen seriamente en la obligación de germinar, aun en un ambiente de malas yerbas.

Desde luego, no bastan los buenos propósitos,  si no se hacen presentes otras repuestas que emergerán  desde el devenir nacional y lo que, inevitablemente, hará posible la presión internacional para que Venezuela, como otros países latinoamericanos, se rencuentre  con el ámbito de sus innegables oportunidades.

Muchos creen en que parte de dicha respuesta, está asociada con la experiencia histórica de  la Venezuela de los años sesenta, cuando fue el refugio mundial de emigrantes de todas las latitudes que vinieron a nuestra tierra en busca de oportunidades,  como de un futuro promisorio. Es decir, equivaldría al reencuentro generacional de venezolanos atraídos y motivados por el mismo propósito

0tros, por el contrario, consideran  que esa experiencia sería válida, siempre y cuando países que aportaron esfuerzos y capitales para que aquí hubiera una mayor producción de riqueza distinta a la que ya generaba el desarrollo petrolero, como es el caso de las migraciones de España, Portugal e Italia, entre otros, no se desvinculan de la posibilidad de que sus segundas y terceras generaciones  sigan funcionando como la bisagra continental de una parte importante de los que están migrando, con miras a un retorno no lejano a su Patria.

En todo caso, se trata de apreciaciones, interpretaciones y hasta de convicciones   que nacen a la luz de las mismas inquietudes que fue posible escuchar durante las conversaciones  con educadores y educandos, luego de un impactante concierto infantil  en el Emil Friedman. Y que, al final, para satisfacción esperanzadora de una pretendida interpretación de lo escuchado, se traduce en todo aquello que se convierte en grito, en reclamos  y en exigencias ciudadanas. Es, si se quiere,  la  lección inobjetable de que la mayoría de las generaciones de los venezolanos del 2017 que demandan atención, lo que desean y añoran es vivir en un ambiente signado por la paz, el entendimiento entre hermanos y la disposición de connacionales en convertir a Venezuela en una referencia triunfadora.

Sí. De la misma manera como lo lograron demostrar para el resto del mundo académico, los muchachos que se alzaron con una resonante victoria en Nueva York. Demostrando con hechos que sí tenemos con qué triunfar, siempre y cuando trabajemos organizadamente para alcanzar dicha meta”.
(*) Serie Vivencias

Egildo Lujan Navas
egildolujan@gmail.com
@egildolujan
“Gente” Generación Independiente
Coordinador Nacional 
de Independientes Por el Progreso (IPP)
Miranda - Venezuela

Eviado a nuestros correos por
Edecio Brito Escobar
ebritoe@gmail.com
CNP-314

martes, 4 de abril de 2017

EGILDO LUJAN NAVA,OSTRACISMO ENCONADO AGONIZANTE (OEA),

FORMATO DEL FUTURO
"Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer”    
 Mahadma Gandhi.

Es imposible entender a qué obedece la actual e increíble situación sociopolítica que vive y se vive en Venezuela. Ningún razonamiento lógico le da cabida al hecho.

Porque Venezuela es un país que goza de la ventaja comparativa de disponer de recursos naturales y humanos con los que, sin discusión alguna, hoy debería ser uno de los más desarrollados del Occidente. ¿Cómo no serlo si, adicionalmente, ha dispuesto de ingentes recursos financieros provenientes del negocio petrolero, con los que, desde luego, también pudo haberse convertido en una nación referencial en el Continente a partir del uso inteligente de esa inmensa fortuna en su transformación económica y social?.

Por otra parte,¿ cómo no podría estar hoy diseñando su nueva estrategia competitiva global si dispone de las mayores reservas petroleras probadas del mundo?.  

Porque tampoco más allá de las fronteras de la nación es eso comprensible, inclusive, es por lo que a otros países y sus gobiernos del mundo no se les hace fácil aceptar y justificar que aquí se hable de crisis humanitaria de medicinas y de alimentos. Adicionalmente, que haya la disposición de ”meterse la mano en el bolsillo” para ayudar a un país en donde, por otra parte, es muy poco lo que se hace para emplear eficientemente los ingresos que aún sigue percibiendo diariamente por la venta de petróleo.   

Internamente, nadie duda que, como lo describe la historia venezolana, aquí se han cometido errores, derrochando recursos a manos llenas y han abundado malos manejos económicos. También que de las dificultades se pudo salir, después de actuar acertadamente ante las causas de las mismas, lo cual, desde luego, permitió seguir avanzando con miras a alcanzar un desarrollo positivo.

En otras palabras, salvo por circunstancias de contingencia natural, nunca antes hubo que hacer grandes colas desde altas horas de la madrugada para comprar alimentos o medicinas, ni tener que someterse a la obligación de comprar y consumir lo disponible, ya que  dejó de ser posible la libre escogencia de marcas, tamaño, variedades en general y, mucho menos,  de comprobada y certificada calidad.

¿Quién habría de pensar alguna vez que Venezuela terminaría convirtiéndose en el  país más violento de la tierra y con la inflación más alta del mundo?. Pero a eso se ha llegado. Y esa es la tarjeta de presentación con la que se “compite”. Porque Venezuela es un país sumido en la miseria, en el hambre y en la violencia.
De igual manera, actualmente los venezolanos conforman una sociedad huérfana de justicia. Pasó a ser la expresión terminal de un país en donde la impunidad refleja el alcance de lo que significa ser víctima de  un ostracismo enconado agonizante. Y todo porque, de paso, aceptó como hecho normal y rutinario que ciertas individualidades se permitan dictar normas, impartir sentencias a partir de la subjetiva interpretación de la Constitución. Y también hacer de la arbitrariedad el nuevo espíritu rector de lo que significa pensar y dar pasos en respuesta  a la ventaja de la responsabilidad del cargo que se ejerce, como de la justificación para actuar desde allí en respuesta a argumentos caprichosos.

¿Cómo impedir que desde la Organización de Estados Americanos, y  con el peso propio de las instituciones democráticas en donde votar es la base de su vigencia y proyección, al igual que de las Naciones Unidas, se vea a Venezuela como a un país en calamitosa gravedad y como a un Estado forajido?.

¿Qué decir cuando después de presumir de ser un ejemplo de país en donde todo se subsanaba por vía electoral, ahora se hace necesario que la mayoría de los países del Continente le  esté exigiendo al Gobierno venezolano que permita la celebración de elecciones para dirimir diferencias, y liberar más de un centenar de presos políticos, en demostración de que se pregona y se practica la Democracia?.

¿Por qué hay que agotar discursos y explicaciones legales para demostrar que tales solicitudes no guardan relación alguna con intenciones ocultas de invasión, de injerencia y mucho menos de  intromisión en asuntos internos?.

Por supuesto, lo obvio no necesita ni depende de explicaciones. Porque lo que se percibe es que gritos, ofensas y agravios, en realidad, no pasan de ser argumentos desesperados para justificar violaciones que no se están practicando, y en las que nadie cree.

Es que no es delito ni expresión de intentos ocultos, el hecho de que los ciudadanos nacionales como del resto del mundo estén demandando la posibilidad constitucional de ejercer el derecho a votar, a elegir las autoridades que les garanticen lo contrario de todo aquello  a lo que hoy no tienen acceso, aun cuando la Constitución reza que esa es la responsabilidad que deberían ejercer tales gobernantes.

Hoy es imposible esconder el clamor mayoritario en repudio a la actual situación. Los ciudadanos han demostrado hasta la saciedad que no tienen armas ni tampoco quieren salidas violentas. Esa mayoría ha dicho una y otra vez que  sólo cree en  salidas Constitucionales, en la recurrencia a un proceso de elecciones. Y también ha manifestado que a las Fuerzas Armadas Venezolanas les corresponde actuar en consecuencia con los principios y fundamentos por los que juró al uniformarse y ser garante institucional de lo que está expresamente consagrado en la Constitución: defender la integridad, la seguridad y los derechos ciudadanos.

¿A qué se le teme o a qué se le sirve cuando se guarda silencio sepulcral ante una realidad que exige otras actitudes y conductas?. ¿Acaso a que ruja esa misma mayoría y que explote un torbellino de violencia de impredecibles consecuencias, y sin que  las armas ni la fuerza puedan contener la expansión de más disgusto?. 

Una vez más, el presente llama a la responsabilidad histórica. Hay que dar pasos al frente. Y uno de ellos, sin duda alguna -y que también está contemplado en la vigente Constitución Nacional- es el llamado a una Constituyente que permita avanzar después en la celebración de elecciones generales, promovidas y administradas por un Consejo Nacional Electoral signado por  su imparcialidad.

A la ciudadanía no le pueden seguir escamoteando sus derechos constitucionales y los que la  misma sociedad considera que deben hacerse presentes para impedir riesgos de tragedia, a saber: reformulación de fundamentos constitucionales que permitan honrar los derechos ciudadanos; descentralizar la administración de los estados;  independencia real de  los Poderes Públicos; restitución del proceso bicameral (Diputados y Senadores); reducir el período gubernamental;  eliminación del  presidencialismo; doble vuelta electoral;  descartar la reelección, entre otras.

Hay que actuar ya. Y hacerlo viendo al futuro.

Venezuela no carece de recursos naturales y humanos; tampoco de apoyo internacional. Actuar de esa manera, es lo que permitiría  regresar a una senda de eventual progreso; a la posibilidad de vivir en un ambiente con justicia, equidad y felicidad.

Si eso no se hiciera, el mundo entero, ese mismo que en estos días ha estado haciendo sentir su preocupación por lo que aquí sucede, y que tiene los ojos puestos sobre los factores de decisión en Venezuela, tendría que seguir sin entender por qué aquí se vive como sucede, cuando existen todas la posibilidades para vivir en otras condiciones.
          Egildo Lujan Navas
        egildolujan@gmail.com
        @egildolujan
        Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)
        Miranda – Venezuela

        Enviado a nuestros correos por
        Edecio Brito Escobar
        ebritoe@gmail.com

martes, 21 de marzo de 2017

EGILDO LUJÁN NAVA, DEL “DAKAZO” AL “CANILLAZO”

FORMATO DEL FUTURO…


" Dios todo poderoso y misericordioso, no permitas que el pan nuestro de cada día sea convertido en agua o en otra ruta de la empanada"  Plegaria de un venezolano cualquiera.

No existe una sola ciudad venezolana en donde no funcionen, por lo menos, una farmacia o una panadería, si bien los expendios independientes de medicinas ya han comenzado a cerrar sus puertas al no disponer de productos para la venta.   Ayer fueron la botica y el lugar donde se combinaron la producción artesanal del pan original del sitio, para consumirlo con un café sembrado y desarrollado también en Venezuela. De ahí, por supuesto, que las panaderías que nacieron con la llegada de los inmigrantes europeos, lo hayan hecho sobre terreno fértil. En este caso, con el aprovechamiento inteligente de un componente cultural que, de repente, se vio mejorado cuando el país se convirtió en un receptor de tecnología foránea, y de una mano de obra que pasó a diversificar la oferta panificadora.

¿Cuántos tipos de café se expenden en el país?.¿Cuántos tipos de pan?. Lo cierto, arremeter contra esa simbiosis que, además, también está presente en el seno de los hogares venezolanos, es cargarle a otro hábito de consumo nacional la incidencia de un nuevo componente destructivo. Es decir, extender lo que ya se convirtió en tarjeta de presentación en Venezuela y para el mundo, de un grupo de gobernantes  que, es verdad, insiste en escribir su pasantía por el ejercicio del poder. Pero que también lo hace dejando la infame huella de una actuación de mala fe, matizada por el desprecio de lo propio, de burla socarrona del sentimiento que hace intencionalmente de  miles de ancianos, niños y adultos, sin importar lágrimas, llanto, rabia y frustración.

Marzo del 2017, entonces, es otro momento histórico  inolvidable para los venezolanos. Por lo que se ha hecho contra las panaderías. Por lo que, evidentemente, se promueve contra una diversidad de colonias de inmigrantes que, desde la madrugada y hasta altas horas de la noche, se esmera en hacer de las panaderías un accidental -pero siempre agradable- sitio sustitutivo del hogar. Al igual que sucedió con el retumbante “dakazo”, que se convirtió en sala de parto de un estilo de conducción del país referencial del continente, hoy se llega a lo que coloquialmente han bautizado los venezolanos como el “canillazo”. ¿Que traduce qué?.

Para el venezolano, sencillamente, la panadería es un refugio. Y lo es por lo que representa social y culturalmente. Porque allí confluyen todas las comunidades sin distinción social y económica para comprar pan, desde luego; también para disfrutar del encuentro entre amigos para compartir  un cafecito, algún dulce -cuando hay- o para hacer posible el desayuno con un cachito y el café de rigor que no se pudo consumir en la casa.

¿Cómo no calificar de agradable  y de casi festivo compartir un buen café en un sitio con mesitas para sostener gratas tertulias o escuchar  el  ocasional chismorreo entre vecinos, de compañeros de trabajo y encuentro con políticos de maletín?

Pero es que más allá de eso, para quienes  se acercan a una panadería es sinónimo de sostener una relación circunstancial con un sitio de camino o de cuadra, en donde, además, empleados y panaderos, mejor dicho,  profesionales de la panificación, dejan sentir el producto de un exigente  trabajo. Esfuerzo de sabiduría alcanzada después de muchos años de oficio y que terminan convirtiéndose en parte del vecindario, apreciados, hasta terminar siendo el “pana” por excelencia. ¿0 es que alguien duda todavía que esa justa derivación proviene precisamente de esa relación que terminan convirtiéndose en amistad pura?. ¿De una amistad de “panas”?..

El “canillazo”, sin duda alguna,  es la puntilla de una deliberada decisión dirigida a desatar persecución y atropello  en contra de  un sector innegablemente trabajador. De más de 300.000 empleados directos  y de  1.700.000 indirectos que, desde la madrugada hasta la noche, se ocupan en satisfacer los requerimientos  de millones  de consumidores, mejor dicho,  de un contingente humano que accede así al 40% de la distribución nacional de alimentos por intermedio de ese ahora atacado sector comercial.

Empresarios de la panificación, maestros panaderos y pasteleros, despachadores, distribuidores y procesadores de alimentos ahora están a merced de una actitud hostil de parte de quien, aviesamente, además, convierte la responsabilidad de importar y vender trigo, en una intencional  decisión de castigar a quienes se atreven a demostrar qué es lo que sucede realmente: se orientan acusaciones contra  los consumidores de harina de trigo para minimizar lo que sí es magnificable. Es decir, que en Venezuela no hay la suficiente cantidad de trigo para que se pueda producir pan en cantidad suficiente y a gusto de los consumidores .Porque no se debe olvidar que los panaderos dependen de la importación de trigo, a cargo de la acción monopólica que ejerce el Gobierno, el  único y verdadero responsable de la escasez del citado cereal, como lo es también de la ausencia en los anaqueles de harina precocida de maíz, de arroz, de avena, etc, y también de medicinas.

No hay abastecimiento en Venezuela, de todo aquello que el Gobierno ha dispuesto que sea así .Y eso es válido para alimentos y medicinas, como lo sabe la ciudadanía. Pero también de repuestos para cualquier artefacto importado o fabricado en el país, como en el abastecimiento de combustible, gas licuado, gas natural, agroquímicos, fertilizantes, semillas. Y de, como si fuera poco, la posibilidad de patentar cualquier innovación intelectual o tecnológica, sacar una cédula de identidad, pasaporte, cancelar un recibo de servicio eléctrico, servicio de aseo urbano o ser atendido en cualquier dependencia gubernamental.

Es posible que la hegemonía comunicacional haya ganado tanto terreno, como para suponer que un importante número de habitantes  aún no se haya percatado de esa gigantesca verdad. No obstante, la mayoría de los venezolanos que ha comenzado a transitar de su rol de “tonto pueblo” para convertirse en ciudadano, asume que esa ventaja le ubica ante la posibilidad de identificar derechos y de exigir el respeto a su pleno disfrute, incluso cuando le corresponde someterse a la voluntad ajena del comercio de alimentos importados, como está establecido en el sistema Clap.
 
De igual manera, ha entendido cuál es el verdadero alcance de la administración de justicia en el país, a partir de lo que ha sabido y/o vivido en su relación con los centros carcelarios del país. Varios de ellos, por cierto, según han descrito medios internacionales, han sido exhibidos  como centros de operación de vida entre lujos y comodidades en  versión cinco estrellas, al incluir discotecas, piscinas, etc.

Desde luego, esa misma población hoy es capaz de discernir, con dominio y propiedad, acerca de  que establecer panaderías bolivarianas, vendiendo pan barato, sólo dejará otro vertedero de dinero y de pérdidas, que fue en lo que se tradujeron los cultivos organopónicos, la ruta de la empanada, los gallineros verticales, las areperas socialistas y la siembra de hortalizas en los balconcitos de los apartamentos, y tantas otras quimeras.

Se trata, en fin, de millones de venezolanos  que claman por sindéresis, a la vez que alertan estar conscientes de que su empobrecimiento está atado precisamente a esa desquiciante manera de conducir al país, y cuya peor referencia es la hiperinflación, como el desempleo y la inseguridad, sin restarle peso e importancia al hambre y a la escasez de medicinas. Por supuesto, son los mismos  componentes de la base de lo que expresan las encuestas, según las cuales el 80% de los ciudadanos contactados no duda al identificar al  Gobierno Nacional y a quien le conduce como responsable de aquello que hoy supera lo malo, porque se adentra en lo peor.

Es la misma mayoría que deduce que el modelo económico es el que no sirve y al que  hay que cambiar. Y hacerlo recurriendo a las posibilidades que ofrecen los artículos 347, 348, 349 de la aún vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Sí, de la misma que no permite la recurrencia gubernamental a procedimientos administrativos como los que hoy sirven de excusa para justificar el “canillazo”, aun cuando se sabe perfectamente que todo está dado por la insuficiente disponibilidad de trigo para que funcionen las 11.000 panaderías instaladas en todo el país . Es muy difícil que eso suceda, cuando se requieren 130.000 toneladas mensuales de trigo, y el monopolio gubernamental sólo importa 30.000. 
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)

Egildo Lujan Navas
egildolujan@gmail.com
@egildolujan
“Gente” Generación Independiente
Coordinador Nacional 
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jueves, 2 de marzo de 2017

EGILDO LUJÁN NAVA, Y ECUADOR GRITÓ: ¡CUIDADO,VENEZUELA¡

 “EL QUE NO OYE CONSEJO, NO LLEGA A VIEJO"
FORMATO DEL FUTURO…

Los propósitos del Foro de Sao Paulo, una vez más, han terminado haciendo aguas en el Continente. Y tanto se ha desplazado el péndulo político y de la gobernabilidad apegada a los fundamentos de la Democracia y, con ella, hacia la libertad plena y la economía de mercado, que, hasta su mentor, Inacio “Lula” Da Silva, y su mítico comportamiento moralista -como se lo autoatribuyen todos los que se autocalifican “de izquierda”-, están a las puertas de un posible encarcelamiento. ¿Y por qué?. Porque tampoco fueron todo lo sinceros y firmes en la práctica de esa cansona prédica también muy conocida por Venezuela, de que “ser rico, es malo”.

Es decir, del cuento del Comunismo disfrazado de oveja Socialista, varios países Latinoamericanos, sencillamente, han  comenzado a sacarle provecho con sus particulares aprendizajes de las repercusiones que implica vivir influidos por el aura populista y fascista. Y lo han hecho incorporándose a los imponderables de un sacudón ideológico, es verdad. Pero también apelando a las ventajas de disponer todavía de un basamento institucional público funcional,  como al compromiso -otra vez-  de aceptar que la obligación actual es la de ocuparse de lo determinante.

Por supuesto, lo determinante es una realidad de vieja data, más que el Foro ideado por “Lula” asistido logísticamente por los hermanos Castro Ruz: asumir el reto de trabajar responsablemente para evitar que sus países, como los otros del Continente, sigan siendo actores protagonistas de otras de las mayores tragedias del mundo: ser asiento añejo históricamente injustificado como sede de los peores desequilibrios sociales a los que las instituciones multilaterales le vienen haciendo seguimiento desde siempre.

En Brasil y en Argentina, sus terremotos políticos han comenzado a convertirse en piso firme para la acción administrativa apegada a los fundamentos de una evolución administrativa, económica, social y moral. En Bolivia, por su parte, las aguas siguen agitadas en respuesta a lo que gran parte de su población demanda, es decir, cambiar. Y eso ha sido posible porque  sus ciudadanos le han dicho no, y haciendo uso de su legítimo derecho constitucional a decidir por la vía electoral, a que su Gobierno ya no sea el mismo; el que lidera Evo Morales, quien insiste en continuar siendo expresión de un componente de choques que han ahondado sus históricas fracturas sociales, aunque ahora  envenenadas con resentimiento étnico.

Mientras que Nicaragua, sencillamente, ha terminado convirtiéndose en la gran hacienda Centroamericana de Daniel Ortega y de su otrora cuestionadora esposa. Y todo porque el sandinismo, siempre asistido y asesorado por el combo de los Castro Ruz y de su estructura invasora, supo entender perfectamente cómo es que se puede controlar a un país desde arriba hasta abajo, cuando sus autocalificados dirigentes políticos opositores -que no líderes-, afectados por su egolatría patológica, prefieren condenar a sus países al sometimiento de un falso caudillo, antes que sacrificar sus ambiciones de mando.

Se recuerda que ese cuarteto de países apostó a triunfar políticamente  en la región de la mano del para entonces dispensador de fondos Hugo Chávez Frías, el Presidente de Venezuela. Y lo hizo valiéndose de la ventaja de que el  petroestado se posicionó en la región en el Siglo XXI, montado sobre un banco de dólares al servicio de las llamadas causas de la visión progresista de los pueblos latinoamericanos .

Una inmensa fortuna, entonces, cohabitó  con el Foro de Sao Paulo y fueron capaces de engendrar la neoversión del Comunismo en esta parte del mundo, conocido como Socialismo del Siglo XXI. Comenzó la compra de solidaridades incondicionales, la seducción de frágiles voluntades políticas en la región, hasta que se cambia el panorama comercial petrolero influido por la crisis económica norteamericana y europea, además de hostilidades en el Medio Oriente y la aparición de la oferta energética del fracking.

Con la caída del precio del crudo, desde luego, se desploma el ingreso. Y ya no fue posible la continuidad del derroche y de la mitomanía, mucho menos del uso pedante y arrogante de la espada que camina por América Latina. Pero sí es suficiente para recordar que esas naciones y otras, hay escuelas, hospitales, carreteras, sistemas de electricidad, acueductos, aeropuertos y hasta lo que se hizo con el desfile de una comparsa de carnaval en Río de Janeiro construidos o donados por Venezuela. En fin, todo se produce de la misma manera como sucede en la casa del pobre, cuando éste se gana el gordo de la lotería: es querido y muy bien amado mientras abunda el dinero, pero luego queda arruinado y abandonado.

Como componente de dicha realidad política y social regional, aparece inmersa la Venezuela de comienzos de 2017: un país en ruinas; en una condición administrativa y social desastrosas, y, de paso, involucrada, en su nombre y por la gracia de individualidades, en un innumerable grupo de hechos nacionales e internacionales  que la presentan en peores ruinas  en su esencia ética y moral.

Y si esa es la fachada  de lo inocultable, peor todavía es saberse convertida en el acusado lugar del mundo en donde más del diez por ciento de su población, para satisfacer su derecho a la alimentación, tiene que disputarse las bolsas de desechos de otros habitantes que, en el medio del contraste económico y social que siempre ha estado presente a pesar de más de cien años de trayectoria de nación petrolera, puede adquirir ciertos productos a precios internacionales. Muy pobres, pobres, sobrevivientes y pudientes convertidos, además, en imagen de víctima permanente, real o potencial, para múltiples grupos delictivos siempre dispuestos a agredir o a asesinar.

En el medio de este 0céano de dificultades de todo orden, sin embargo, y mientras reconocidas individualidades se atreven a perseverar en la necesidad de no flaquear ni claudicar en reclamos y participación para enfrentar las causas del panorama general que, por igual, lo asocian con causas políticas y económicas,  emerge el nombre de Ecuador. No sólo por su experiencia iniciada en el año 2000, cuando decide hacerle frente a una destructiva hiperinflación con base en un proceso dolarizador, sino también por su reciente vivencia electoral presidencial.

Fue un evento que  capturó la atención del Continente a partir el 19 de febrero hasta el 22, cuando la ciudadanía, finalmente, supo qué había sucedido durante dichos comicios. A ellos, concurrieron Lenín Moreno, Candidato que siempre se identificó como continuador de la gestión del saliente  Rafael Correa, y que obtuvo 39,91% de los votos, con su bandera del Socialismo del Siglo XXI. De igual manera,  e insólitamente,  7 candidatos  que se autodenominaron oposicionistas  al Gobierno de Correa, y que lo hicieron de manera individual.

De este último grupo,  los 2 primeros fueron Guillermo Lasso, con 28,27% de respaldo,  y Cynthia Viteri, con 16,3% de los votos. Ellos, y los otros 5 aspirantes, sencillamente, ignoraron la experiencia venezolana de 2015, cuando la expresión opositora consolida un entendimiento  electoral alrededor de la figura de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), y logra propinarle una sonora derrota al llamado movimiento chavista, hasta convertirlo en una expresión grupal minoritaria dentro y fuera de la Asamblea Nacional. Pero, además, en una fuerza política que hoy está consciente de su inevitable derrota, en caso de no mantener el mismo esquema, y si es que  se realiza algún día un nuevo proceso electoral general.

Tan segura es la eventualidad de una victoria electoral oposicionista venezolana unida - y si se diera un proceso comicial en esos términos- que al Gobierno no le ha quedado otra alternativa que violentar todas las normas vigentes que hagan posible dicho proceso, incluyendo a la Constitución,  y mostrar un rostro y una conducta ajenos a lo que significa decir ser demócratas y actuar como tales.

Desde luego, el reto para Ecuador y los dirigentes políticos ecuatorianos es determinar qué van a hacer ante lo que está en juego el 2 de abril del año en curso, cuando se produzca la segunda vuelta, con un enfrentamiento electoral Moreno-Lasso. Porque si lo que persiste entre ellos son las aspiraciones personales y se desecha la obligación de pensar primero en el país, nada impedirá que Moreno pase a ser el nuevo puntal del Socialismo del Siglo XXI, y los ecuatorianos, con o sin dolarización, terminen convirtiéndose en el tercer peón de lo que otros países han desechado, y que en el nuevo escenario serían la expresión prolongada con Nicaragua y Venezuela.

Sin duda alguna, hay otra lectura ante dicha realidad. Y es que ese mismo conglomerado electoral opositor decida unirse, reeditar el episodio venezolano del 2015, y proyectar hacia acá lo que se haga. Entonces, si así sucediera, ese hecho le debería servir de espejo a Venezuela y a su dirigencia política opositora, hoy literalmente secuestrada por ambiciones e intereses personales y en abierto menosprecio a lo que plantea más del 80% de los venezolanos. Este alto porcentaje de ciudadanos insiste en exigir que se  ocupen más del país, antes que del parcelamiento  con el que hoy andan por las calles de la nación.

Lo de Venezuela y la unidad opositora, no es asunto de frías frases o de discursos cargados de expresiones acomodaticias a la circunstancialidad de un hecho electoral. El asunto es de interpretación del firme grito que se dejó escuchar en Ecuador, luego de que los opositores, al unísono,  y por intereses creados, decidieran crear las condiciones para que Rafael Correa y lo que él representa, pudiera seguir siendo mayoría dominante y determinante en el gobierno de dicho país.

Los ecuatorianos,  aún alineados con los postulados del Foro de Sao Paulo, decidirán qué camino tomar el 2 de abril. ¿Y en Venezuela?. ¿Bajar tranquilos y desunidos al sepulcro de la política?. ¿No entendiendo todavía que el individualismo sólo puede traducirse  en lágrimas y dolor?. En todo caso, la historia de los países se escribe cada segundo que transcurre, y si esa presunta –y muchas veces presuntuosa- dirigencia política nacional no asume el rol que le corresponde, la historia se ocupará de juzgarla, sobre todo como ejemplo de una reprobable y cuestionable conducta negativa, y asumida conscientemente en rechazo al importante hecho de amar a su Patria y respetar a sus ciudadanos.

Egildo Lujan Navas
egildolujan@gmail.com
@egildolujan
Coordinador Nacional 
de Independientes por el Progreso (IPP) 
Gente 
Miranda - Venezuela

Eviado a nuestros correos por
Edecio Brito Escobar
ebritoe@gmail.com
CNP-314

martes, 7 de febrero de 2017

EGILDO LUJAN NAVA, “¿QUÉ DIFERENCIA AL PSUV DE LA MUD?”

FORMATO DEL FUTURO…

" El odio, la envidia y la venganza, conforman la amarga bilis del ser. La bondad,  el perdón y una sonrisa son el elixir de la vida. "

¿Rivales?. ¿Contrincantes?. ¿Adversarios?. ¿Enemigos?. Cada quien lo denomina de acuerdo a su mejor apreciación. Aunque en un país que dice vivir en Democracia, lo lógico sería que se les llamara grupos antagónicos por causas ideológicas. Nada más. Pero aquí, en Venezuela, en donde existe una mescolanza de interpretaciones que va desde lo democrático hasta lo autocrático, y que pasa por una  tropicalísima interpretación en la que se combinan neodictadura y populismo,  para concluir en que la cosa es de narcisismo insuflado con revanchismo social y senilidad histórica, entonces, todo queda en la práctica deductiva similar a lo que sucede con la economía: mucho oscurantismo hace fácil la abundancia interpretativa y deductiva de un degradante neolenguaje, cargado de suspicacias y curiosas impresiones.

En fin, lo visible ante los ojos de quien se ocupa de auscultarlo con detenimiento, es que, en verdad, todo termina siendo una práctica  de dibujo libre, en la que una parte se autocalifica ser de izquierda, cuando pensamiento y conductas terminan demostrando que es expresión de lo contrario. Mientras que la antítesis, la otra parte, insiste en demostrar que no es de derecha; que sencillamente es de algo que se barniza con nuevo brillo, dependiendo del sitio donde se actúa, cómo se hace y con qué fin se promueve.

Se trata, en fin, de la manera como la población percibe al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y a la Mesa de la Unidad Democrática (Mud). Dos fuerzas, grupos o expresiones antagónicas que aún no han terminado de demostrar en qué consiste su diferencia. Porque  cuando cualquier inquieto analista trata de interpretarlo objetiva y responsablemente, se encuentra ante la necesidad de preguntarse qué representan los componentes de dichas siglas, porque la verdad verdadera es que su estructuración organizativa y desenvolvimiento social, evidencian que, entre tales partes, no hay mucha diferencia. Por el contrario, que hay mucha similitud entre ambas.

En primer lugar, habría que analizar quién trabaja para cuál de las dos o para las dos. A la luz de las acciones y reacciones de ambos bandos, lo único que aprecian desesperados y decepcionados ciudadanos, es que la citada combinación de siglas tiene un objetivo común: la ambición y control del poder en sí; no accionar primordialmente en atención y  beneficio del ciudadano; del hombre y la mujer de a pie a quienes ya poco les interesan las diatribas, como sí de qué manera va a evitar que la inflación le siga arruinando, o que la inseguridad le termine convirtiendo en parte de una finalmente manipulada estadística.

Durante las últimas casi dos décadas, es decir, cuatro gobiernos de los de antes, al PSUV-Gobierno, en su actuar sólo se le ha visto presionado por un desenfreno alrededor de todos los recursos lícitos o ilícitos necesarios para mantenerse al frente del Gobierno a toda costa, y convertir el ejercicio del poder en un instrumento de uso sistemático –cuando ha sido necesario-  al margen de lo que le exige e impone la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Inclusive, no ha sido cauteloso en la mejor administración del sonrojo, cuando ha necesitado, además, apelar al populismo exacerbado  para justificar un capcioso reparto de fondos públicos, un encadenamiento verbal para justificar formas de dilapidar millones y millones de dólares, y siempre al margen, absolutamente  desentendido de la obligación de someterse a la norma rectora del control. Sí, de ese cacareado control social que se le encomienda al eufemísticamente llamado pueblo cuando se trata de vigilar a cualquier burócrata aparentemente realengo en la entrega de cuentas, pero que desaparece cuando el celo, el reparo y la exigencia se centra en los llamados a ser ejemplo de pulcritud, honestidad, modelo de moralidad: a los administradores.

¿Resultado?: todo eso que expele mal olor por la presunción de su materialización, y de lo que ya hay jurisprudencia para que no se cite, mencione o se insinúe: corrupción. Mucha y poderosa corrupción, dentro y fuera del ámbito de la nación. Mejor dicho, destrucción casi absoluta del sustento moral del que Venezuela venía haciendo alarde histórico, pero que después sirvió de excusa para que se gestara una acción insurreccional en contra de la institucionalidad democrática, hasta concluir en la destrucción del aparato productivo público y privado, en el motivo principal de una ruina total, en hambre en el pueblo, y en la consagración de la violencia y de la inseguridad. De hecho, a tanta violencia se ha llegado en el país que hoy se disputa, con otras dos naciones, el liderazgo en ese renglón de peso mundial.

¿Y la otra expresión política?. ¿La llamada fuerza opositora organizada?. Desde que la otra parte se hizo del poder, su gran objetivo ha sido siempre el mismo: rescatar ese espacio; convertir en hecho la desafortunada práctica de "Quítate tú para ponerme yo"; causa, motivo y razón lo suficientemente poderosa, como para convertir en práctica común la producción de errores, la de reeditarlos, hasta terminar en el sacrificio histórico de hacer del país un espacio para la práctica democrática con base en la información y formación de la población.

La presunción de aciertos, por supuesto, reaparece cuando se hace necesario minimizar la gravedad de los equívocos. Pero eso no impide que se tenga presente el haberle dejado la Asamblea al libre dominio del Psuv y del Gobierno; de sacar a la población a la calle a llevar sol y concluir en cierres simbólicos, hasta concluir en el desafortunado momento que nace con un triunfo electoral, del cual hoy sólo saca provecho quien controla el poder, mientras se trata, ingenuamente, de avivar esperanzas entre hambre y decepciones.

En el alma del ciudadano ofendido, burlado  y frustrado pesa excesivamente la incidencia general en la que se ha traducido la manera como los poderes Ejecutivo y  Judicial han actuado, en un abierto reto al Poder Legislativo, que ha terminado dejando entrever una conducta permisiva, tolerante y cuasitimorata. Esa misma población cree que es la Asamblea la responsable de la destitución de los Diputados de Amazonas para complacer un absurdo,  de haberse desperdiciado la oportunidad del referendo revocatorio, de no haber impedido la permanencia en sus cargos de los mal llamados Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y rectores del Consejo Nacional Electoral y hasta la prolongación en su cargo del Contralor General de la República, entre otros.

¿Cómo se puede actuar y no ser aguerrido en la lucha, mientras, simultáneamente, se trata de convencer a la población de que en Venezuela no se vive bajo la formalidad de un régimen realmente democrático?. Y si en razón de dicho razonamiento se dice que Venezuela vive bajo el peso de una Dictadura Comunista, ¿a qué se debe que la estrategia de resistir y de confrontar responda más a los obvios fines individuales de capitalizar posiciones públicas, y no de convertir al mismo decepcionado y frustrado ciudadano en un promotor del cumplimiento de la Constitución, que sigue vigente?.

La Constitución en una Democracia es un traje a la medida que consagra el derecho ciudadano, pero a ese mismo ciudadano no se le puede ni debe someter a la voluntad de una conducción  cargada de ambiciones individuales, ajena a lo que debe ser y proyectarse como la conducción de un verdadero liderazgo. Porque un asunto es autoconsiderarse dirigente  y otra hacer sentir que se es líder. ¿A qué se debe la timidez con respecto a exigir soluciones electorales en Venezuela, tal y como está establecido en la Constitución?. ¿Por temerle al costo que implicaría dejar de ser opositor para ejercer conducción en un ambiente hostil? .

Tomando en consideración todas las encuestas realizadas hasta hoy en término de simpatizantes, se observa que, porcentualmente, en Venezuela la población de aquellos ciudadanos inclinados a favor de una pronta solución de la situación que se vive en el país, está dividida en cifras redondas en tres partes: Psuv-Gobierno: 20%; Mud: 20% e Independientes 60%. Por supuesto, ir a elecciones, plantea la posibilidad de que las expresiones democráticas independientes y la Mud pasen a constituir una fuerza capaz de configurar una población votante del 80%. ¿Y por qué no es posible llegar a ese objetivo?.

La mayoría de independientes que triplica individualmente a cada uno de los otros dos incluyentes de casi todos los partidos políticos en Venezuela, de hecho, conforma un fenómeno mundial, según el cual los ciudadanos cada día participan menos en los partidos  y no buscan el poder. Lo que ellos desean, es: trabajo, paz, seguridad jurídica, un gobierno descentralizado con independencia de poderes, un sistema bicameral, producción abundante, seguridad alimentaria y de salud, una moneda fuerte y de libre convertibilidad, buen sistema educativo, libertad de prensa y expresión, libertad empresarial y respeto a la propiedad privada, erradicación del Estado empresario. Igualmente, un excelente sistema de comunicaciones de vialidad, como en telecomunicaciones. De igual manera, colaboración y amistad en el foro mundial de naciones y que, obviamente, los ciudadanos, los únicos y verdaderos dueños del país, puedan pensar y planificar para un futuro próspero y posible. 

Eso, desde luego,  no se podrá lograr si esos dos grupos minoritarios se mantienen terca y absurdamente en un enfrentamiento sistemático, con el que  sólo lograrán arrastrar al país a una eventual guerra civil de impredecibles consecuencias, aun a sabiendas de que, al haber sangre, habrá más violencia que la actual, indistintamente de que tampoco pueda haber perdón.

Hay que detener la marcha desenfrenada del presente hacia ese camino de nada ni de nadie. No se le debe temer a una amnistía entre las partes, que concluya en acto público con todas las garantías de rigor y en un llamado a las Fuerzas Armadas del país, para que, como los civiles comprometidos, asuma que el entendimiento entre los venezolanos en disputa, se hace imprescindible. Ese Acuerdo, desde luego, tiene que concluir en una Asamblea Nacional Constituyente, para reorganizar el país en profundidad y que facilite el nombramiento de un Gobierno de transición. ¿Por cuánto tiempo?: no más de 2 años y sólo para estabilizar a la nación, a partir de la elaboración de un plan de desarrollo inalterable en atención a cambios estructurales , supeditado  al compromiso de que sea el gobierno electo el responsable directo de concluir su ejecución.

En ese Gobierno de transición, las Fuerzas Armadas, apegadas al cumplimiento de lo que les establece  la Constitución, tendrían que ser las garantes de restaurar el orden, defender al país y la seguridad ciudadana. Tienen que volver a los cuarteles y dejar que la administración del Estado y los poderes públicos sean ejercidos por la población civil. No más pretorianismo comprometedor de la que debería ser expresión inobjetable de una institución respetada y respetable.

De igual manera, el país tiene que crear condiciones para que el imperio de la ley sea una verdad; no otro instrumento más para enmascarar solvencia moral y rectitud administrativa. Y eso pasa, inclusive, por la obligación de garantizar una cierta  independencia de poderes públicos y la idoneidad de sus responsables directos, como igual debe suceder con el funcionamiento del Banco Central de Venezuela. Este debe ser autónomo, capaz de funcionar con base en los términos que le fija la Constitución, y no en obediencia sumisa a la voluntad de algún Poder. 

Si nada de eso fuera posible, porque los venezolanos  prefieren seguir optando por la convivencia en un ambiente de rabia, de odio y a merced de lo que les impone la ambición de unos pocos, nada impedirá que tal conducta termine en destrucción y en dolor.

Egildo Lujan Navas
egildolujan@gmail.com
@egildolujan
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