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viernes, 26 de junio de 2020

ENRIQUE PRIETO SILVA, CONFLICTOS Y GUERRAS DEL SIGLO XX


“Toda guerra conlleva siempre lágrimas, sufrimientos, muerte, pérdidas, sangre y heridas. La guerra es implacable con todos, con los ancianos y los jóvenes, con los cobardes y con los valientes. No todos han salido con vida en medio de la metralla, de las explosiones de bombas, minas, proyectiles y sepultado por los escombros de los edificios”  

Bernard Brodle, arquitecto estadounidense conocido como "el estadounidense Clausewitz” por establecer los fundamentos de la estrategia nuclear,  declaró en 1946 que las fuerzas armadas ya no tienen una razón de existencia racional que no sea disuadir la guerra, no obstante, casi la generalidad de los países tienen fuerzas armadas, que en sentido racional se entiende que se preparan para hacer o enfrentar la guerra en la denominada defensa nacional. 

 Es este el enfoque y orientación de nuestro reciente libro “Conflictos y Guerras del Siglo XX”, que denominamos (Tomo III), que complementa los contenidos de los anteriores: “Educación para la Paz” y “Nomenclatura de Guerra” del gran contenido de “La Guerra por la Paz”, que como indicáramos antes, pareciera una contradicción querer lograr la paz haciendo la guerra; dicho sea el fenómeno venezolano, donde algunos piensan que para cambiar de régimen político es necesaria una intervención militar, obviando el decir mismo de Clausewitz, y con ello obviando también que, todo conflicto bélico es una caja de Pandora, donde se pueden encontrar muchas sorpresas, y en todo caso, con victoria o con derrota todos pierden.  

Como decimos en el corolario y en el epilogo de nuestro libro, “se logrará la paz después de la guerra, pero quedarán las grietas y las heridas a que conducen todos los conflictos bélicos. No hay dudas, solo quedará el sabor de justificar la guerra por la paz pero lo único válido y verdadero es que hay que evitarla”. 

Relacionado con la política actual, venimos manifestando el equívoco de querer usar la fuerza de las armas en la solución definitiva del conflicto político venezolano, que se ha dado en llamar “cese de la usurpación”, en la consideración política que busca la instalación de un nuevo régimen de gobierno ejecutivo y unas elecciones libres; lo que se ha visto atacado con la llamada guerra del teclado y las malas acciones de algunos líderes de la Oposición, que no han querido entender que nuestro sistema, como en todo sistema democrático, la única solución política es la electoral, y que, si el proceso es bien vigilado por los partidos de oposición, sin desmayo hasta el final, es imposible que se haga fraude no demostrable en una controversia jurídica de defensa. 

Es indudable, que con el advenimiento del ignaro Chávez, se impuso en Venezuela una teoría de guerra, que hizo creer a la gran mayoría de los venezolanos, que se instauraba una “revolución armada”, todo lo contrario de la teoría de la paz que pregona el desarme de la guerra, donde se justifica la organización de fuerzas armadas para la defensa, que en Venezuela, conforme al artículo 328 de la Constitución es solo para la defensa militar. 

Así debemos entenderlo, ya que pese a la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, conforme lo establece el artículo 2.4 de la Carta de la Naciones Unidas, la sociedad internacional parece compelida irremediablemente a padecer constantemente las convulsiones de la guerra y a conocer nuevas víctimas. Esta normativa de la ONU, desmonta la posibilidad del uso de la fuerza en conflictos bélicos y, obviamente, la posibilidad de usarla en conflictos políticos. 

Concluimos con una expresión del libro en referencia, que nos hace un alerta en la propuesta de algunos políticos venezolanos: “A pesar de la expresión de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, como se han desenvuelto los acontecimientos en un mundo globalizado y la acción de los entes internacionales y regionales, la política tiene otras connotaciones y otros desempeños; situación que ha dado al traste con los puntos de vista inspirados en el pensamiento de Clausewitz, más allá de los descalabros que le causó la Revolución Francesa”.  

Enrique Prieto Silva 
enriqueprietosilva@yahoo.com
@Enriqueprietos

sábado, 15 de febrero de 2020

EDUARDO FERNÁNDEZ: SIRIA


Uno sabe cómo comienzan las guerras. Lo que no se sabe es como se desarrollan, ni cómo ni cuándo terminan.

La guerra en Siria comenzó en mayo del 2011. Se inició como una confrontación de la mayoría suní contra el régimen dinástico de Bashar al – Assad de la tribu de los Alauís.

Han transcurrido nueve años del inicio de aquella matanza espantosa. Se han producido horrores que superan en crueldad a los peores ocurridos en cualquiera de las dos guerras mundiales del siglo pasado. Además de la acción de la dictadura Siria, de Daeshi y de Al Qaeda, poco a poco se han ido incorporando al conflicto milicias Kurdas, Chiíes, turcas, de Hezbolá además de la participación de Irán y de Arabia Saudita, además de la participación de Rusia y de Estados Unidos y fuerzas de la coalición Europea.

Como ha dicho, en un artículo dedicado a este mismo tema, mi amigo Leopoldo Martínez Nucete: “Cuando las armas se oponen a las armas no hay modo de saber cómo evolucionará el conflicto, ni quienes lo liderarán, ni cuando finalizará, ni cuál será el costo del mismo”.

Lo cierto es que la guerra en Siria ha servido de marco para degollamientos, muertes masivas por fuego aéreo y terrestre, desmembramientos, linchamientos y otras formas variadas de salvajismo y de crueldad. La guerra es una estupidez. La guerra representa el fracaso de la inteligencia, el fracaso de la política, el fracaso de la humanidad.

Cito de nuevo a Leopoldo: “las desgarradoras imágenes de lo que ha ocurrido en la ciudad histórica de Alepo son una diana destinada a los ojos y oídos de todo aquel que piense que no hay alternativa al conflicto y que no hay rutas negociadas para resolver diferencias políticas entre gentes de una misma nación”.

Seguramente los que en Siria voceaban la palabra “guerra” en abril o mayo del año 2011 lo hicieron con la misma frivolidad y con la misma ligereza con que lo hicieron los europeos cuando comenzó la primera guerra mundial.

Seguramente pensaron que la guerra sería cuestión de unos días, al cabo de los cuales regresarían victoriosos los ejércitos en medio de marchas, desfiles y aclamaciones populares. Nunca se detuvieron a pensar en la infinita capacidad de destrucción física, de asesinatos y de torturas que supone una apelación a las armas de destrucción que se utilizan en una guerra.

La crisis venezolana está tentando a los demonios de la guerra. Ojalá prevalezca la inteligencia, la humanidad y el buen juicio antes de que sea demasiado tarde.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
efernandez@ifedec.com
@EFernandezVE

viernes, 20 de septiembre de 2019

LUIS UGALDE: ASALTO A LA UNIVERSIDAD

Me impresiona cada día más el terco empeño del dictador en borrar la trágica realidad nacional con mentiras, invento de guerras e invasiones, atentados, drones asesinos, milagros económicos, próximas cosechas ubérrimas y supuestos entusiasmos revolucionarios de gente acarreada. ¿No hay sensatez ni capacidad para reconocer la muy dolorosa verdad y abrir puertas para rehacer el país? Aunque no puedan encabezar la reconstrucción democrática, al menos permitirla y no dejar la cárcel cerrada botando la llave.

Entre los últimos golpes desesperados han utilizado a la Sala Constitucional del TSJ para decretar unas ilegítimas elecciones en las universidades autónomas (Sentencia del 27-8-19 en plenas vacaciones del poder judicial). Refuerzan el ridículo -no sabemos si por error o por rabia- incluyendo en la sentencia a la UCAB, con otro modo legítimo y aprobado de elegir y de nombrar autoridades.

Nadie en su sano juicio puede pensar que de la nueva ilegal fórmula electoral venga la solución de los gravísimos problemas que vive la Universidad, arrastrada por el cerco sectario y por la ruina del desastre nacional. Si la dictadura creyera en la fórmula electoral que quiere imponer para las autónomas, hace años que la hubieran aplicado en Cuba, suplantando el dedo castrista que impone rectores; también la hubieran implantado en las “universidades experimentales” en Venezuela, donde sin elecciones el Ejecutivo pone rectores a dedo para formar "revolucionarios “serviles.

Las reacciones no se han hecho esperar con razones jurídicas contundentes. Mencionaré solo el excepcional comunicado de las ocho Academias Nacionales unidas que denuncian la anticonstitucional suspensión de tres artículos de la Ley de universidades, “en franca violación de la autonomía universitaria y pretensión de establecer “un inconstitucional régimen”. Todo ello “usurpando las funciones de la legítima Asamblea Nacional”, para imponer un absurdo e inviable sistema electoral cambiando los integrantes de la comunidad universitaria reconocidos en la Constitución.

No es la primera vez en nuestra República que los dictadores quieren asaltar la Universidad arrancando de raíz su autonomía, es decir el derecho y el deber de desarrollar el libre pensamiento y la responsabilidad intelectual en una universidad clave para el desarrollo democrático del país.

Logros de la Universidad democrática (1958-1998)

Cuando moría el dictador Gómez no llegaba a 1.000 el número de estudiantes universitarios; al amanecer del 23 de enero de 1958 eran menos de 8.000, incluidas las dos privadas y el Pedagógico. Con la democracia la educación superior se extendió por todo el país con una gran variedad de instituciones y en 1998 el número de estudiantes era ampliamente superior al 1.000.000. Esa universidad en democracia fue una maravillosa oportunidad de ascenso social; se formaron universitarios en centenares de miles de familias que salían de la Venezuela rural y analfabeta para responder a la rápida urbanización e “industrialización sustitutiva” que demandaba millones de profesionales. La autonomía se respetó incluso en los años sesenta cuando varias universidades eran el epicentro de la lucha armada; muchos de los que querían imponer el modelo cubano fueron autoridades y gozaron de generosas becas en el extranjero pagadas por los gobiernos que ellos querían derrocar. Con tensiones y problemas… pero la autonomía no pereció.

Cuando el Régimen actual vio que electoralmente no podía ganar las universidades libres y autónomas, intentó rendirlas por hambre y por imposición de autoridades. Los presupuestos en términos reales fueron reduciéndose, en reparto con las improvisadas y numéricamente infladas universidades bolivarianas y militares, semilleros de “revolucionarios” clientelares. El asedio a las universidades autónomas fue apretando con un empobrecimiento presupuestario alarmante. Hasta que hace un año -más por incapacidad que por intención programada- les estalló la hiperinflación quitando todo estímulo al trabajo y a la producción nacional y vaciando la universidad de profesores, investigadores, empleados, estudiantes, trabajadores… Simplemente no se puede vivir con 2, 10 ó 20 dólares al mes y los jóvenes no ven futuro en el país para sus estudios. A pesar del asedio no pudieron tomarla, ni rendirla por hambre. Ahora con esta decisión esperpéntica y anticonstitucional, anuncian el asalto final, pero lo que queda de universidad resistirá sabiendo que el futuro de la universidad libre y autónoma (como deben ser todas) necesita la liberación del régimen usurpador para que el país y la universidad vuelvan a ser viables. Es imprescindible la salida del dictador y el cambio de régimen.

El régimen sabe que esta sentencia no va a ser acatada por las universidades y en ella anuncian la verdadera intención: en ese caso el Poder Ejecutivo “designará a las autoridades que les parezca, sin participación alguna de la comunidad universitaria”. Total fraude para tomar por asalto las universidades autónomas, luego de haberlas vaciado con un presupuesto que no llega al 10 % de las necesidades. Pero no van a poder. 

SJ. Luis Ugalde
lugalde@ucab.edu.ve
Caracas - Venezuela
@LaMujica
fernandamujica@gmail.com