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martes, 17 de septiembre de 2019

BEATRIZ DE MAJO: LO QUE DICE LA BOLA DE CRISTAL. CHINA HOY


George Friedman es uno de los más reconocidos gurús de la economía planetaria, dedicado en alma vida y corazón a analizar el futuro, a escarbar dentro de sus implicaciones y en presentar sus vaticinios en los más selectos foros económicos y financieros. Cuando Friedman habla de China todos se callan y el estratega claramente ha hecho saber los nubarrones que se ciernen sobre el cielo de la nación más populosa del planeta.  


Friedman lleva ya unas cuantas lunas poniendo el dedo sobre la llaga. El Director de Geopolitical Futures y quien fue, por al menos dos décadas la cabeza de Stratford,  una de las firmas de asesoramiento en pensamiento más reputadas en los círculos empresariales, viene sosteniendo que el crecimiento acelerado de China desde 1980 ha estado provocando presiones y desigualdades que el gigante no está atendiendo adecuadamente.   

Su criterio es que el coloso terminará pagando caro. Una de dos, ha dicho el experto: o bien China se fragmenta política y culturalmente, o desde la capital se da un giro muy importante en la manera de abordar los problemas nacionales y, entre ellos, el relativo a la desigualdad social y económica que su crecimiento debocado ha generado entre el interior del país y la próspera región costera.  

Al lado de ellos, otro fenómeno en ocurrencia es el cuestionamiento creciente y cada vez más generalizado de parte de la ciudadanía hacia los postulados del Partido Comunista, aunque no se manifieste de manera abierta como ocurre, por ejemplo, en Hongkong. Por una lado las élites chinas que creyeron en las promesas de prosperidad que traería el crecimiento económico ahora deben contentarse con no perder la bonanza que han acumulado o que, al menos, esta bonanza sea protegida. 

Por el otro, la población de a pie a lo que aspira apenas, es a una mejor calidad de vida para si y para sus hijos. No es extraño pues que  la legitimidad de sus gobernantes de estos últimos años y del propio Partido, ya no venga determinada por la ideología igualitaria que pregonan ni por el sentimiento de honor nacional que cacarean, sino por su capacidad de agregarle bienestar y prosperidad a sus vidas.   

Valores subjetivos  que históricamente fueron explotados desde la capital para mantener el sentimiento de orgullo patrio ya no provocan el mismo efecto. ¿De qué le sirve al ciudadano común que su país disponga del mejor ejercito del planeta, ni que sea el héroe financiero como prestamista, de una gran cantidad de países lejanos? O incluso, ¿cómo es qu
e la educación, el trabajo o las oportunidades del hombre chino del interior mejoran como consecuencia de los éxitos de la Ruta de la Seda en Europa?  

La realidad es que el país asiático se encuentra en una difícil encrucijada en lo interno, aun antes  de considerar las turbulencias de los escenarios internacionales y lo que  otros países resuelvan hacer con sus propias circunstancias, particularmente Estados Unidos y una Europa debilitada por el Brexit.  Los escenarios futuros muestran que una desaceleración mundial está a la vuelta de la esquina y aunque no adquiera las características de una crisis global, China, como gran exportador, acusará un severo golpe.    

Si el escenario internacional sigue reclamando la atención que hoy amerita de parte de la administración estatal china, al interior del país será imprescindible manejarse de nuevo con una mano de hierro, y se hará patente la necesidad de limitar o eliminar los espacios para la disidencia de manera de que Hong Kong no se convierta en un modelo o en una metástasis al interior de la geografía china. 

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

miércoles, 10 de julio de 2019

BEATRIZ DE MAJO: HONGKONG, FENÓMENO DE MEDIOS

Siguen en el orden del día internacional los movimientos de protesta contra China Central, esta vez localizados en la ciudad que conecta a Hongkong con China. La movilización de descontentos juveniles es cada vez más grande y más agresiva, habiéndose convertido en una verdadera piedra en el zapato de las autoridades en Pekín. Son una novedad los jóvenes enmascarados en números que ya alcanzan centenares de manifestantes y que no vacilan en enfrentarse cuerpo a cuerpo con las autoridades.

El motivo sigue siendo el mismo en apariencia, un proyecto de ley que autoriza las extradiciones hacia China. La realidad es que después de que el texto fue sabia y estratégicamente retirado por los líderes comunistas, la calle se ha calentado hasta el punto de pasar a ahora a reclamaciones de mucho mayor calado. Lo que los jóvenes exigen va tan lejos como la corrección de la pérdida de libertades en su territorio y exigir avances en torno a la democracia.

El abordaje informativo de estas manifestaciones es diferente según quien relate ante la prensa los hechos acaecidos en este importante centro ferroviario, sea el gobierno central o sean los responsables de las protestas, toda vez que éstas están teniendo lugar de cara al mundo que está comenzando a asumir posiciones en torno al fondo del asunto. Estados Unidos, por ejemplo se colocó del lado de quienes proponen democracia.

En esto han sido exitosos los movimientos disidentes que ahora reclaman la dimisión de la jefa del gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, quien es abiertamente inclinada a aceptar los designios de la capital china sobre este territorio que es autónomo solo a medias. Pero igualmente reclaman amnistía total de detenidos y una investigación seria sobre la actuación de las fuerzas policiales. Para ello, la escogencia del lugar no pudo ser mejor: el sitio seleccionado se encuentra repleto de turistas por tratarse de la estación de trenes de alta velocidad, recientemente puesta en funcionamiento para conectar a Hongkong con la red interna de trenes chinos.

Estos movimientos no están huérfanos de líderes, pero quienes llevan la batuta han aprendido a proteger sus nombres y a invisibilizarse del escrutinio oficial chino, porque este tipo de dislates terminan pagándose caro. El movimiento que se hizo público en enero estaba encabezado por un joven activista cristiano de apenas 24 años, Joshua Wong, quien apenas contaba con 17 cuando tuvieron lugar las primeras manifestaciones en contra de un régimen de “educación patriótica” de carácter compulsivo que Pekín deseaba imponer.

El principal objetivo de la juventud que lidera estos movimientos que hoy se autodenominan “ Operación paraguas” es la de conseguir que sus propósitos democráticos se tornen virales en las redes y sean replicados en el mundo libre, lo que han conseguido en una alta medida, a juzgar por el apoyo recibido de parte de la prensa global. 

Este sería un dardo en el corazón de Pekín si sus aspiraciones recibieran eco dentro de la China comunista y en ello se van a empeñar pese a la murralla informativa montada por la capital. Lo cierto es que mientras la prensa oficial apenas daba noticias de menos de 50.000 manifestantes y circunscribían los reclamos al abandono de las medidas de extradición ya retiradas, los jóvenes consiguieron reunir más de 300.000 voluntades para estas manifestaciones en pro de las libertades ciudadanas.

Una metástasis está en marcha.

Beatriz de Majos
@beatrizdemajo1