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martes, 8 de enero de 2019

NOEL ÁLVAREZ, ME IMPORTA UN VERBO


Este artículo no pretende ser una clase de lingüística y mucho menos de gramática, solo intenta prevenir sobre situaciones que, en principio parecieran quiméricas, pero que pudieran ocurrir por la instrumentación y manejo errático del idioma castellano. Los angloparlantes reconocen que el castellano es uno de los idiomas más difíciles de aprender, a pesar de ser muy fonético, porque sus conjugaciones y tiempos verbales son muy complicados de asimilar. Para ellos, por ejemplo, representa un karma entender las diferencias entre los verbos castellanos “Ser” y “Estar”. Esto ocurre porque en su idioma nativo, ambos vocablos están contenidos en un solo verbo: To Be.

En castellano, las características atribuidas a una persona o cosa a través del verbo “Ser” implican una condición permanente o por lo menos muy difícil de cambiar en el tiempo. Cuando digo que fulanito es de raza blanca, le estoy atribuyendo una característica que es casi imposible de variar. Por el contrario, si alguien utilizando el verbo “estar” dijera ¡Noel si está flaco! Me estaría atribuyendo una característica temporal o coyuntural que pudiera ser modificada. De hecho, esa afirmación es cierta, solo en estos momentos, porque hasta hace muy poco, yo estaba gordo y si me descuido, esa condición podría retornar.

Para establecer la diferencia de conceptos entre los verbos “Ser” y “Estar”, les propongo que examinemos esta hipotética situación. Yo soy un americano recién llegado a Venezuela, por supuesto, con un manejo muy limitado del idioma castellano. Unos amigos me presentan una dama muy agradable. La invito al cine y ella acepta acompañarme. Esa noche paso por su casa a buscarla y al llegar le pregunto ¿tú eres lista? Ella me corrige, explicándome que la frase correcta es: ¿Tú estás lista? Internalizo el termino y le pido que nos vayamos al cine. Al intentar pagar en la taquilla me informan que, debido un mecanismo prehistórico llamado control de cambio, no me pueden aceptar dólares como forma de pago. Ante la eventualidad surgida, La dama muy amablemente se ofrece a pagar las entradas. Recordando lo que me enseño anteriormente, le digo: muchas gracias ¡tú estás buena! Nuevamente me corrige. Entramos al cine, el aire acondicionado estaba como para pingüinos, pasé mi brazo por encima de su hombro para protegerla del frio, a la vez que le decía ¡eres muy fría! Ese comentario terminó de congelar el romance en ciernes.

Estos enredos con el manejo de los dos verbos le ponen la vida de cuadritos a quienes están aprendiendo el idioma castellano. Pero, justo es reconocer que, muchos connacionales también hacen un uso deficiente del lenguaje nativo. 

En consecuencia utilizan mal el significado de algunos términos, en este caso invierten los conceptos de los verbos “Ser” y “Estar”. Cito específicamente el caso de aquellos ciudadanos que al asumir un cargo de carácter temporal, comentan en forma rimbombante: yo soy presidente, diputado, gobernador, alcalde…, cuando lo correcto sería decir: Yo estoy como presidente, diputado, gobernador, alcalde u otro. Al escuchar esto, uno debiera corregirlos: usted no “ES” presidente, usted “ESTÁ”, temporal y circunstancialmente, desempeñando el cargo de presidente.

Estas “inocentes” equivocaciones parecieran no tener ninguna importancia para el desarrollo de la vida en un país, pero si revisamos con detenimiento la actuación de los autócratas que, a lo largo de la historia, se han creído dueños de la vida y muerte de personas y países, podremos darnos cuenta que, a fuerza de tanto cometer estos gazapos, pareciera que el subconsciente termina por creerse el cuento de la infinitud de los cargos y de allí solo queda un paso para proclamar “el Estado soy yo”, como lo hizo Luis XIV. Si esto les parece descabellado o muy utópico, los invito a que retrocedamos un poco la película y examinemos la tragedia por la que ha transitado nuestro país en los últimos veinte años.

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE
Noel Álvarez
noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv

sábado, 14 de noviembre de 2015

SAÚL GODOY GÓMEZ, PORQUE LA VERDAD IMPORTA,

Hay gente por allí, diciendo que la verdad no existe, que todo es cuestión de cómo se mire el asunto, a estos “relativistas postmodernistas” solo puedo señalarles que sólo con la verdad es posible unir y desarrollar un país, hacer trasplantes de hígado, sostener un matrimonio estable y feliz, levantar una empresa exitosa, poner a unos hombres en la luna y regresarlos a la tierra, son unos pocos ejemplos donde la verdad hace posible hechos concretos en nuestras vidas; con la mentira no se va a ningún lado, aunque a veces aparente ser la reina de las situaciones.
El concepto de verdad, tradicionalmente, se define como la conformidad del pensamiento con las cosas.  El hilo conductor de esta idea es la concordancia, la adecuación, la correspondencia, también la coincidencia y la rectitud.
Para conseguir la verdad hay que hacer un duro trabajo de análisis de las evidencias que la mayoría de nosotros no hacemos en nuestra cotidianidad, conformándonos a lo sumo, con lo que nuestros sentidos captan y cotejándolo con nuestras experiencias, si hay relación y similitudes, es muy probable que aceptemos como cierto lo que nuestros sentidos nos revelan, sin mayor verificación.
Y es que la información viaja, del objeto de nuestra atención, hasta nuestros sentidos, y de estos, a nuestros centros neurales de procesamiento, lo hace por un camino muy largo donde suceden muchas cosas, donde se filtra y se le agrega a esa información gran cantidad de atributos, hasta que finalmente, decimos “conocer”.
De acuerdo a la teoría del conocimiento, éste proceso se complica cuando obligatoriamente tenemos que recurrir al lenguaje ordinario, que ya, semióticos, lingüistas, antropólogos y sociólogos nos advierten, no es la mejor herramienta para expresar nuestras ideas debido, entre otras razones, a la pluralidad de significados que puede tener una palabra, a las múltiples paradojas que presenta la sintaxis, la denotación, la funcionalidad lógica, significados y significantes.
Es por esta debilidad del lenguaje que los filósofos y científicos desarrollaron otros lenguajes más analíticos, cercanos a las matemáticas, para tratar de reducir estas posibilidades de error.
Pero también juega un papel importante en esta “transformación” de la verdad, la ideología, las creencias, la experiencia y otras múltiples capas de “agregados” que influyen de manera importante el resultado final del conocimiento.
Nietzsche fue uno de los primeros que vio en el lenguaje concordancias que se desvencijaban con el tiempo y que hacía de las palabras y significados “monedas gastadas”, Jaques Lacan, el psicoanalista, fue mucho más radical, consideraba que había una ruptura entre cultura y naturaleza que hace que el hombre siempre se encuentre a distancia de la verdad, la verdad se sustrae del lenguaje y solo podemos instaurar relaciones y/o alianzas con la verdad, como en efecto hace la ciencia, sin llegar nunca a ella.
El hombre todavía duda en afirmar que es realidad y que no lo es, no porque la realidad sea relativa, que algunas veces lo es, sino porque la realidad tiene múltiples planos y en cada uno de estos planos
funciona con unas leyes muy particulares, que se invalidan cuando cambiamos de punto de vista.
Para Berguer y Luckman, ambos estudiosos del marxismo, en su obra La Construcción Social de la Realidad, dicen que la realidad es una interpretación que hace el hombre de su entorno y que tiene un significado subjetivo de un mundo coherente, esa interpretación de la realidad está afectada por lo que ellos llaman “mercaderes de ideas” entre los que se encuentra el Estado, como uno de los principales interesados en “fijar” sus significados en la conciencia del mundo, por medio de sus agentes, discursos, propaganda, etc.
La razón tiende a conservar nuestra integridad para la vida, aquellos que vemos que se hacen daño, que llevan una vida sin control, esclavos de los vicios y las pasiones, pensamos, no tienen razón, algunos filósofos nos dicen que la razón fundamenta el derecho y la ley cuando buscan la equidad y la justicia para todos, lo que nos eleva sobre los animales, pero cuando el derecho y la ley dejan de ser razonables para convertirse en instrumentos ideológicos y de intereses partidistas, lo usan para convertir la gente en animales, seres que responden de manera condicionada a los estímulos sin que medie la razón o el pensamiento.
Dependiendo de la educación, de determinadas condiciones socio-económicas, los sujetos pueden tener acceso a grados superiores de razón, una persona de mayor cultura tiene, supuestamente, una razón que es más compleja y diversa.  Las personas se van cultivando, están en capacidad de darle significados profundos a la vida, de irle asignando contenido moral al mundo.
Todos nosotros estamos sujetos a las desigualdades que existen en la naturaleza y la sociedad, lo injusto que puede resultar que haya personas con un nivel de razón que raya en lo bestial, y que sea la pobreza uno de los limitantes al desarrollo de la misma, aunque conocemos de ejemplos extraordinarios, de personas que se han levantado de la miseria más abyecta y triunfado, gracias a la razón y en buena parte a la voluntad, porque todos nacemos con estas capacidades.
Baruch Spinoza, dijo que lo mejor que puede hacer un hombre por otro, es ayudarlo a razonar, explicarle el mundo, porque, al final, el hombre tiende a la perfección y ésta no la puede lograr solo; la mayor causa de felicidad de un hombre es estar entre gente con la que puede intercambiar y compartir afectos y conocimientos; si la sociedad tiene un fin, éste debe ser el elevar la condición humana y una de sus demandas es, perfeccionar el poder de razonamiento de la gente.
Las personas no deben tener pena por tener razón, la humildad no consiste en dejar que la ignorancia y la mentira triunfen, o se hagan dueñas de una situación; una persona razonable debe tratar de eliminar las incertidumbres, o al menos señalarlas cuando las encuentra; lo que no es razonable es que nos hagamos cómplices de una falsedad o de un error cuando lo veamos; si se nos presenta una duda o nos enfrentamos a lo desconocido, tenemos el deber de buscar mejor información, para no explicarlo con supuestos, al menos que se esté ejercitando la imaginación; ante una injusticia o una barbaridad, la razón nos impulsa a corregir la situación en aras de que se restablezca el equilibrio.
Cuando alguien nos miente y sabemos que lo que dice es falso, la persona razonables está en el deber moral de emplazarlo y descubrir la discordancia, la mentira es peligrosa, sólo lleva a la confusión y a malas decisiones que no solo afectan a la persona de manera individual sino que puede poner en peligro la convivencia social, que en principio y como hemos visto, se basa en la buena fe, en reconocer las cosas del mundo sin grandes verificaciones.
Como dicen los pragmáticos, las asunciones verdaderas son, por definición, las que provocan acciones con resultados deseables.
La razón nos hace ser tolerantes pero solo hasta el punto de no ver nuestros valores reducidos a entelequias inoperantes, o convertirnos en paralíticos morales, por ello es que la razón nos impulsa a la acción, a combatir lo absurdo, a denunciar la ignorancia y el engaño.
En este sentido observa el filósofo español Ortega y Gasset: “la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional. Todas las demás, incluso comer, son necesarias bajo la condición de que haya verdad, esto es, de que tenga sentido vivir”, por ello es que la razón nos impulsa a combatir el nihilismo y la desesperanza.
Finalmente, la razón es limitada, no tiene todas las explicaciones a todas las preguntas, aunque intentamos llenar esos vacíos razonablemente, y para ello utilizamos el lenguaje, que debe ser lo más preciso posible, llamando las cosas por su nombre, sin sucumbir al miedo que los ignorantes con poder imponen, cuando no quieren ser descubiertos en las mentiras que viven y predican. –
Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

Miranda - Venezuela