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lunes, 10 de febrero de 2020

NOEL ÁLVAREZ: CUATRO MANDAMIENTOS

En 1939, cuando Europa era el caldo de cultivo de la Segunda Guerra Mundial y Francia empezaba en gangrenarse por el miedo a la invasión alemana, y sus élites políticas y medios de comunicación se disponían a entregarse sin pudor al III Reich, el periodista francés Albert Camus, escribió un texto sobre la libertad de expresión, que nunca fue publicado. El trabajo periodístico abordó la libre prensa y expresión durante el ya asentado siglo XX.

Para ese entonces, Camus era el coeditor del rotativo Soir républicaine, en la Argelia francesa. Como periodista, fue un combatiente con su pluma en la prensa clandestina, durante la ocupación nazi de Francia. Al terminar la Segunda Guerra Mundial irrumpió como uno de los periodistas y editorialistas más influyentes de Francia y de Europa. Siempre señaló: “la libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir porque allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o perpetúa.

Camus criticó también a los políticos de su época porque se repartían comisiones, mientras simulaban actuar en nombre de la justicia, la libertad y los derechos humanos, aunque a la prensa declaraban lo contrario. En apenas tres folios elaboró un alegato a favor de la libertad de prensa. Al defender la utilidad del oficio de informar en tiempos de guerra, Camus sostuvo el derecho de cada ciudadano a elevarse sobre el colectivo para construir su propia libertad, y definió los cuatro mandamientos del periodismo libre: lucidez, desobediencia, ironía y obstinación.

La lucidez suponía, según Camus: “la resistencia a los mecanismos del odio de la ira y el culto a la fatalidad. Un periodista, en 1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar desesperanza”.

Frente a la creciente ola de estupidez, el segundo mandamiento era concretado a través de algún tipo de desacato. “Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu limpio acepte ser deshonesto”, decía Camus, para luego añadir: “Es fácil comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda su atención en ello. Porque, si no puede decir todo lo que piensa, puede decir lo que no piensa o lo que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de lejos, la más importante de todas, ya que permite servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas, o al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar, que es, servir a la mentira”.

La tercera condición para ser libres es la ironía que es un arma sin precedentes contra los poderosos. Nace, por lo tanto, como medio de expresión de la oposición al poder, generalmente ante medidas bastante impopulares. La sátira completa a

la rebeldía en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto. Para cumplir lo anterior, la cuarta regla indispensable decía Camus, es: “un mínimo de obstinación para superar los obstáculos que más desaniman, a saber: La constancia en la tontería, la abulia organizada y la estupidez agresiva”.

El lema de Camus fue que “un país vale a menudo lo que vale su prensa”. El "nuevo" periodismo crítico propuesto por él consistió en ayudar a la comprensión de los acontecimientos que son noticia. Para ello es necesario seleccionar los temas, atender al estilo, la expresión, pero, sobre todo convertir el periódico en portavoz del pueblo, entrar en sintonía con la voluntad popular. El diálogo frente a la mentira y el silencio se convierte en una necesidad social.

Camus escribió: “El hecho de que un periódico dependa de la competencia o del humor de un hombre demuestra mejor que cualquier otra cosa el grado de inconsciencia al que hemos llegado. Uno de los buenos preceptos de una filosofía digna de ese nombre es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un estado de cosas que no puede ser evitado. La cuestión en Francia no es hoy saber cómo preservar la libertad de prensa. Es la de buscar cómo, ante la supresión de esas libertades, un periodista puede mantenerse libre”.

El 2 de enero de 1960, ante una información publicada sobre la muerte del ciclista italiano Fausto Coppi, Camus, ignorando que la noticia era falsa, hizo una extraña afirmación: “No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto”, dijo. Paradójicamente, al día siguiente, en un accidente automovilístico, en la carretera nacional francesa número 5, cerca de Le Petit-Villeblevin, el Premio Nobel de Literatura, Albert Camus perdió la vida, cuando apenas contaba 47 años.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

lunes, 14 de octubre de 2019

ARIEL PEÑA: BORRAR LA IMAGEN DEL CHE GUEVARA EN LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

Es un ultraje a la inteligencia que en algunos centros de educación superior del Estado, se le hagan homenajes a un criminal de la talla de Ernesto “che “Guevara” teniendo su efigie en los principales lugares de reunión; ya que ese asesino serial exaltaba al terrorismo y a la dictadura, además no solo despreciaba la vida humana, sino que consideraba al resto de seres humanos como simples objetos  para satisfacer sus fines políticos y los de su pandilla.  

La  malicia y perversidad del tirano cubano Fidel Castro condujo al “che” Guevara a morir en Bolivia, porque no podía permitir las críticas que le hacía a los gobiernos de la  cortina de hierro, encabezados por la URSS, amén de que   la bestia argentina prefería la línea comunista de Pekín en vez de la de Moscú, lo que provocó que Castro se desasiera de ese incomodo compañero, para complacer las peticiones del Kremlin que había convertido a Cuba en su santuario en plena guerra fría, o sea que la aventura de Guevara en Bolivia fue una simple jugarreta de La Habana, así que los homenajes que le hacen algunos estudiantes y profesores son producto del desconocimiento o de la militancia política.  

Borrar definitivamente la imagen del terrorista marxista  Ernesto “che” Guevara  de las principales plazas de algunas  Universidades públicas, especialmente de la UN en Bogotá  es cuestión de principios humanos, aunque en algunas oportunidades grupos de estudiantes ya lo han hecho, no obstante los energúmenos  seguidores de semejante zafio han vuelto a pintar su imagen, desconociendo de adrede que le produjo inmenso dolor a los pueblos latinoamericanos  y africanos en la década de los sesenta del siglo pasado, por  ello debe haber un acuerdo en la comunidad universitaria para que desaparezca por siempre la figura de un personaje que es símbolo de dolor, muerte y totalitarismo.  

El 9 de octubre se cumplió el aniversario 52 de la muerte del guerrillero de marras, quien  junto a los hermanos   Fidel y Raúl  Castro se tomaron   el poder en Cuba el primero de enero de 1959. El “che” Guevara murió  a manos del ejército  boliviano, convirtiéndose por obra y gracia del aparato propagandístico del régimen cubano en el símbolo del “guerrillero heroico” y mediante un montaje fotográfico en el emblema de la  rebeldía,  manipulado por la perfidia marxista leninista, especialmente en Latinoamérica.  

El “che” Guevara cuyo grabado  a adornado los uniformes durante varios años de  guerrilleros de las Farc y el Eln, fue un asqueroso criminal que en una carta que le escribió a su padre después de haber mandado fusilar en Cuba  a un prisionero, le  decía: “ tengo que confesarte  papá, que  en ese momento descubrí que realmente me gusta matar” semejante afirmación es propia de un psicópata que solo es producida por  el odio  del adefesio  comunista, y no es que el marxismo sea  solamente un guía para la acción, como dicen algunos oportunistas, sino que sus dogmas conducen a que muchos  de sus miembros se crean predestinados por las enseñanzas supersticiosas de esa doctrina infame, para avasallar y matar a los demás, teniendo como ejemplo patético al  “che “Guevara.  

El terrorista argentino, se le conoció desde que estaba en la  Sierra Maestra combatiendo al lado de Fidel Castro, su inclinación  por el crimen, por ello en una carta que le envió a su esposa de ese entonces una peruana llamada Hilda Gadea, decía   que estaba en la manigua  y que vivía sediento de sangre. Por su vesania se le denomino al  “che” Guevara como  el Carnicero de la Cabaña, ante la crueldad como dirigía los fusilamientos en esa fortaleza cubana, en los primeros años de la revolución, mostrando su carácter enfermizo; y  fueron miles de cubanos los que murieron en ese lugar a manos del desalmado sátrapa.  

Ese salvaje argentino era racista y homófobo, ya que en varias oportunidades  no solo se pronunciaba en contra de los negros y los homosexuales, sino que también los perseguía, denotándose que  el “mártir marxista” en su vida fue una persona inhumana y cruel en contra  de los  semejantes que no  fueran de su agrado, lo  cual fue muestra de  la catadura moral de ese  sujeto, que además le hacía  exaltación al terrorismo cuando afirmaba: “ ¡ el odio es el elemento central de nuestra lucha! el odio tan violento que impulsa al ser humano mas allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndose en una máquina de matar violenta y de sangre fría” ahí también  queda patentado lo  que fue ese falso apóstol de la causa social, que buscaba oprimir a los pueblos latinoamericanos con el comunismo totalitario.  

La enfermedad comunista del “che” Guevara la demostraba además en el repudio que le tenía  a la libertad de prensa, cuando eructaba la siguiente frase: “hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa” así que  tener de  icono a un personaje tan siniestro, como lo portan algunas gentes en su vestuario desconociendo la historia de esa rémora de la   democracia,  es un ultraje al humanismo y a  los progresos de la civilización, por ello  todavía no se puede  entender que en la Universidad Nacional de Colombia durante 43 años, su plaza  principal según los mamertos lleve el nombre de ese  psicópata, cuando han habido verdaderos mártires en  Colombia a los cuales se les podría hacer un  homenaje  en ese centro docente como son: José Antonio Galán, Jorge Eliecer Gaitán, José María Melo o el humorista Jaime Garzón.  

“Ante la duda, mata” esa fue la consigna del “che” en la Cabaña, ya que ese genocida nunca trato de ocultar su crueldad, por el contrario, entre mas se le pedía compasión, se mostraba más cruel.  Del terrorista argentino se  recuerdo su discurso en la ONU el 11 de diciembre de 1964 que con todo el cinismo del mundo afirmo:   “Si hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando”  por ello con semejante alimaña  no se puede sino repudiar  al marxismo quien es el que fabrica esos engendros para tomarse el gobierno de las naciones, condenando a los pueblos al envilecimiento mediante la esclavitud política.  

El mito del  “ guerrillero heroico” con el “che” hay que mandarlo a la cloaca de la historia, enseñándole a las nuevas generaciones la facha criminal de semejante bestia, rechazando la manipulación de la fauna marxista  leninista que con el socialismo del siglo XXl y el  foro de Sao Pablo, pretenden engañar sobre la figura de Ernesto Guevara  de La Serna, subrayando que la burocracia neocomunista en Latinoamérica con  Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa,  Daniel Ortega y desde  luego los hermanos Castro en Cuba, buscaron y buscan presentar  como referente de las luchas sociales a  ese  asesino; por ello en la lucha ideológica en contra del  totalitarismo comunista lo primero que se debe hacer es bajarle del pedestal a sus  “ídolos” porque con el debate  fértil de las ideas se pone a temblar al marxismo, ya que este carece de razón, lógica y moral por ello la imagen del “che” Guevara debe de ser una maldición del pasado que constituye una vergüenza para la humanidad. 

Ariel Peña Gonzalez
@arielpenaG
Autor del Libro  Democracia y Fetichismo entre otros y Presidente de la federación Sindical UTRECOL y miembro del c.e de la CGT. Colombia. 

sábado, 11 de mayo de 2019

ALEJANDRO A. TAGLIAVINI, LIBERTAD HAY UNA SOLA: LA LIBERTAD

Los humanos no creemos en la libertad, decimos que sí… pero con límites que, por cierto, son los que a cada uno se le antoja y que justifica con argumentos “razonables” siendo el más utilizado el de que “la libertad no puede ser absoluta”. Discusión bizantina. 

Efectivamente, en los hechos la libertad no es absoluta, nadie puede hacer todo lo que quisiera, no puede, por caso, lanzarse desde un edificio y pretender volar como un pájaro. Pero que la libertad no sea absoluta no da derecho a que cada uno le ponga límites “razonables” y los fuerce con violencia, ya sea personal, policial o militar. 

Dos periodistas de Reuters, Wa Lone y Kyaw Soe Oo, pasaron año y medio en la cárcel por violar la ley de secretos oficiales cuando investigaban una matanza militar de rohingyas en Birmania, investigación que les valió el Pulitzer. Condenados a 7 años, salieron de prisión gracias a una amnistía que benefició a 6520 presos. 

Todo muy “legal”, a criterio de los mandantes del momento, tanto que el Tribunal Supremo rechazó el último recurso de apelación de los reporteros. Irónicamente, según Human Rights Watch, desde que la “muy respetable” Aung San Suu Kyi -premio Nobel de la Paz por defender los derechos humanos- accedió a la dirección política del país, tras ganar los comicios de 2016, el número de periodistas detenidos creció hasta 43. 

Sucede que la Información es la mejor solución contra la violencia. Si nos “defendemos” con armas corremos el riesgo de salir heridos o herir a inocentes. En cambio, con información suficiente podemos adelantar al agresor y resguardarnos. De modo que los violadores necesitan controlar la información porque la violencia solo es posible con desinformación. Por caso, nada puede el ejército más poderoso contra un niño solo si éste puede anticiparlo y escapar. 

Según un informe de Reporteros sin Fronteras -que podría ser ideológicamente ubicada en la centroizquierda- el número de países seguros para los periodistas disminuyó en 2019. Muchos gobiernos autoritarios están fortaleciendo su control sobre los medios de comunicación. 

Este ranking de Libertad de Prensa en el mundo, que incluye a 180 países, empieza con Noruega, Finlandia y Suecia. Luego, entre los que mejoraron figuran Uruguay hoy en el puesto 19, España 29, Gran Bretaña 33, Dominicana 55, Panamá 79, Perú 83, Colombia 129, México 144, Eritrea 178 y Corea del Norte 179. 

Entre los que no variaron figuran Costa Rica en el puesto 10 y Guatemala en el 116. Finalmente, entre los que cayeron están Chile en el puesto 46, EEUU. 48, Argentina 57, Ecuador 97, Brasil 105, Bolivia 113, Nicaragua 114, Honduras 146, Venezuela 148, China 177 y, el último de la lista, Turkmenistán 180. 

Ahora al comparar esta lista con la de Libertad Económica de la conservadora The Heritage Foundation comprobamos que, considerando las diferencias ideológicas, ambas tienen un destacado grado de coincidencia: en general, los países con mayor “libertad económica” gozan de más “libertad de prensa”. Lo que resulta lógico, ya que “ambas libertades” están íntimamente relacionadas -de hecho, es la misma libertad- ya que para coartar ambas hace falta la misma fuerza de la violencia estatal directa, o indirecta como en los países donde algunas drogas muy dañinas están prohibidas por el Estado, y surgen bandas de narcos que asesinan periodistas, en México por caso. 

Alejandro Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California 
@alextagliavini 
www.alejandrotagliavini.com