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lunes, 25 de mayo de 2020

NOEL ÁLVAREZ: EL ENTRONQUE DEL PODER CON LAS PANDILLAS

Los tiempos de guerra pueden forjar extrañas alianzas, después de todo, “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”, dice un refrán. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Británico y los Estados Unidos se aliaron con la Unión Soviética de Stalin, probablemente el adversario más peligroso, antes de que a Hitler le diese por invadir a sus vecinos. Pero una alianza menos conocida surgió cuando las autoridades militares de los Estados Unidos reclutaron la cooperación de uno de los pandilleros más conocidos de la historia, Charlie “Lucky” Luciano, quien, viendo la oportunidad de mejorar su situación, accedió a prestar sus servicios, acompañado de todos sus compinches.

¿Quién era el pandillero, objeto de esta audaz operación? A los 14 años, Charlie, como ya era conocido, abandonó los estudios para trabajar como repartidor en una tienda de sombreros ganando siete dólares a la semana, sin embargo, cuando ganó $244 jugando a los dados, decidió que el trabajo honesto no era rentable y que él podía obtener dinero más fácilmente. Al poco tiempo ya tenía su propia pandilla y, además de pequeños robos, ofrecía protección a muchachos judíos, para defenderlos de sus vecinos irlandeses. En 1919, cuando el Senado Americano ratificó la enmienda constitucional que ilegalizaba la producción, distribución y consumo de bebidas alcohólicas, propició la aparición de un mercado negro del alcohol, el cual fue aprovechado por Luciano para enriquecerse.

Luciano no se limitaba a la práctica del contrabando, sino también al robo, la extorsión y, especialmente, a la prostitución. Mandó a eliminar a los principales capos sicilianos en la Gran Manzana y se convirtió en la figura dominante del crimen organizado en los Estados Unidos. Ser el jefe de la mafia, obviamente, le atrajo la atención. Durante los primeros años de su “reinado”, y ya con el apodo de “Lucky”, cuya traducción es “afortunado”, comenzó a dejarse ver en los mejores locales de la ciudad, del brazo de actrices famosas, entre ellas la despampanante Marilyn Monroe, quienes lucían esplendorosas joyas y siempre tenían en sus manos un cigarrillo conocido como Lucky Strike. Se dice que controlaba unas cinco mil mujeres entre Nueva York y Washington.

Las autoridades, conocedoras de los negocios sucios del mafioso italiano, al fin decidieron hacer algo al respecto. Thomas Dewey, un fiscal especialmente nombrado para perseguir el crimen organizado, llevó a cabo una investigación sobre los negocios del italiano. En febrero de 1936, durante una redada en 200 burdeles en Manhattan y Brooklyn, más de un centenar de personas resultaron detenidas. Tres de ellas, confesaron formar parte de un círculo cuyo responsable final era Luciano. El 7 de junio, este fue encontrado culpable de 62 cargos de prostitución forzosa y sentenciado de 30 a 50 años, en compañía de varios de sus compinches. La buena vida de uno de los más célebres mafiosos parecía terminar para siempre. Todo cambió el 7 de diciembre de 1941, cuando las fuerzas aéreas y navales de Japón atacaron la base naval de Pearl Harbor. A partir de ese hecho, los Estados Unidos decidieron tomar parte en la II Guerra Mundial.

Una de las primeras preocupaciones del gobierno norteamericano era la actividad de los submarinos alemanes en el atlántico que, a principios de 1942 aún se encontraba en ascendencia a pesar de la implantación de los convoyes, llegando a hundir más de dos millones de toneladas al mes durante la primera mitad del año. Debido a que muchos de los barcos eran interceptados al poco tiempo de zarpar de Nueva York, los americanos comenzaron a sospechar que los alemanes tenían agentes infiltrados en los muelles. La inteligencia naval situó agentes en el puerto para intentar averiguar algo, pero lo único que encontraron fue un sólido silencio.

Ante el mutismo de los trabajadores portuarios, la inteligencia naval americana decidió aproximarse a los jefes de la mafia para solicitar su colaboración. Oficialmente, nunca hubo un trato, pero, el destino final de Luciano, pareciera señalar lo contrario. El comandante Charles R. Haffenden creó la Operación Underworld, Inframundo, para investigar la relación entre la Cosa Nostra y los sabotajes en los muelles. Como un primer paso, los agentes navales se acercaron a Joseph Lanza, jefe del Mercado Fulton y aliado de Luciano, pero este rechazó cualquier colaboración sin la autorización del Capo encarcelado. Según Meyer Lansky, que era judío y odiaba a los nazis, fue él quien intercedió para lograr un acuerdo. Los detalles permanecen oscuros, pero lo cierto es que durante el resto de la guerra. no volvió a ocurrir ningún accidente, ni huelga, en los muelles.

Pero la relación no terminó con los estibadores de Nueva York. En julio de 1943, mientras los aliados se preparaban para llevar a cabo la invasión de Sicilia, los militares pensaron, correctamente como se pudo comprobar, que los contactos de Lucky Luciano en su tierra natal podrían ser de utilidad para los desembarcos. Una nueva petición al mafioso consiguió la cooperación de las familias locales, quienes no solo enviaron fotografías de las playas de la isla, sino que, una vez llegadas las primeras tropas norteamericanas, les proveyeron de guías y de sus propios soldados para eliminar los puntos de resistencia nazi. Tanto era el respeto y admiración que los sicilianos sentían por Luciano, que la sola mención de su apellido por los estadounidenses, les ofrecía la mayor colaboración.

El gobierno americano nunca admitió haber recibido ayuda de Luciano, pero este fue liberado cuando, solo había cumplido 10 años, de los 30 a que había sido sentenciado. Lucky Luciano fue deportado a Italia y durante unos meses, entre 1946 y 1947, residió en La Habana. El mafioso falleció el 26 de enero de 1962, en el aeropuerto internacional de Nápoles, mientras esperaba a un productor de Hollywood, quien estaba interesado en filmar una película sobre su vida. En los corrillos políticos mundiales se comenta que, cuando un gobierno quiere hacer algo “non sancto”, sus mejores aliados son los delincuentes.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
@Gente4G
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

lunes, 10 de febrero de 2020

NOEL ÁLVAREZ: CUATRO MANDAMIENTOS

En 1939, cuando Europa era el caldo de cultivo de la Segunda Guerra Mundial y Francia empezaba en gangrenarse por el miedo a la invasión alemana, y sus élites políticas y medios de comunicación se disponían a entregarse sin pudor al III Reich, el periodista francés Albert Camus, escribió un texto sobre la libertad de expresión, que nunca fue publicado. El trabajo periodístico abordó la libre prensa y expresión durante el ya asentado siglo XX.

Para ese entonces, Camus era el coeditor del rotativo Soir républicaine, en la Argelia francesa. Como periodista, fue un combatiente con su pluma en la prensa clandestina, durante la ocupación nazi de Francia. Al terminar la Segunda Guerra Mundial irrumpió como uno de los periodistas y editorialistas más influyentes de Francia y de Europa. Siempre señaló: “la libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir porque allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o perpetúa.

Camus criticó también a los políticos de su época porque se repartían comisiones, mientras simulaban actuar en nombre de la justicia, la libertad y los derechos humanos, aunque a la prensa declaraban lo contrario. En apenas tres folios elaboró un alegato a favor de la libertad de prensa. Al defender la utilidad del oficio de informar en tiempos de guerra, Camus sostuvo el derecho de cada ciudadano a elevarse sobre el colectivo para construir su propia libertad, y definió los cuatro mandamientos del periodismo libre: lucidez, desobediencia, ironía y obstinación.

La lucidez suponía, según Camus: “la resistencia a los mecanismos del odio de la ira y el culto a la fatalidad. Un periodista, en 1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar desesperanza”.

Frente a la creciente ola de estupidez, el segundo mandamiento era concretado a través de algún tipo de desacato. “Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu limpio acepte ser deshonesto”, decía Camus, para luego añadir: “Es fácil comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda su atención en ello. Porque, si no puede decir todo lo que piensa, puede decir lo que no piensa o lo que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de lejos, la más importante de todas, ya que permite servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas, o al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar, que es, servir a la mentira”.

La tercera condición para ser libres es la ironía que es un arma sin precedentes contra los poderosos. Nace, por lo tanto, como medio de expresión de la oposición al poder, generalmente ante medidas bastante impopulares. La sátira completa a

la rebeldía en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto. Para cumplir lo anterior, la cuarta regla indispensable decía Camus, es: “un mínimo de obstinación para superar los obstáculos que más desaniman, a saber: La constancia en la tontería, la abulia organizada y la estupidez agresiva”.

El lema de Camus fue que “un país vale a menudo lo que vale su prensa”. El "nuevo" periodismo crítico propuesto por él consistió en ayudar a la comprensión de los acontecimientos que son noticia. Para ello es necesario seleccionar los temas, atender al estilo, la expresión, pero, sobre todo convertir el periódico en portavoz del pueblo, entrar en sintonía con la voluntad popular. El diálogo frente a la mentira y el silencio se convierte en una necesidad social.

Camus escribió: “El hecho de que un periódico dependa de la competencia o del humor de un hombre demuestra mejor que cualquier otra cosa el grado de inconsciencia al que hemos llegado. Uno de los buenos preceptos de una filosofía digna de ese nombre es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un estado de cosas que no puede ser evitado. La cuestión en Francia no es hoy saber cómo preservar la libertad de prensa. Es la de buscar cómo, ante la supresión de esas libertades, un periodista puede mantenerse libre”.

El 2 de enero de 1960, ante una información publicada sobre la muerte del ciclista italiano Fausto Coppi, Camus, ignorando que la noticia era falsa, hizo una extraña afirmación: “No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto”, dijo. Paradójicamente, al día siguiente, en un accidente automovilístico, en la carretera nacional francesa número 5, cerca de Le Petit-Villeblevin, el Premio Nobel de Literatura, Albert Camus perdió la vida, cuando apenas contaba 47 años.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

sábado, 20 de julio de 2019

ALEJANDRO ÁLVAREZ (H): EL ROBOT OLVIDADO EN LA LUNA EN 1970 QUE DESMIENTE LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS

Los Estados Unidos emergieron de la Segunda Guerra Mundial como la potencia indiscutida. Militar, económica y científicamente se sentían muy superiores, especialmente frente a su nuevo contendiente por la supremacía política del mundo, la Unión Soviética (URSS). Tenían razones de sobra para sentir un orgullo nacional sin límite: habían contribuido de manera fundamental a la derrota del nazismo y casi en soledad derrotaron a Japón en el teatro de operaciones del Pacífico; allí demostraron al mundo su superioridad tecnológica al lograr hacerse con el control del poder del átomo y lo probaron lanzando la primera y la segunda (y únicas hasta ahora) bombas atómicas utilizadas contra población enemiga en una guerra.

Inmediatamente después de la rendición de la Alemania nazi, y pasados los primeros momentos de aparente concordia, los dos gigantes de la posguerra comenzaron con recelos, desacuerdos y enfrentamientos más o menos solapados. Los soviéticos cerraron completamente su zona de ocupación en Europa -la famosa "cortina de hierro"- y el presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, anunció el 12 de marzo de 1947 la que conocemos como "Doctrina Truman" para contener y combatir la expansión de la influencia soviética en todo el mundo. Se popularizó a partir de entonces el uso del término "Guerra Fría" entre los columnistas de la época para describir esta disputa por la supremacía mundial sin llegar al enfrentamiento directo.

La seguridad y el orgullo norteamericanos quedaron por el piso cuando el poder y la tecnología soviética les aplicaron un golpe terrible. El 4 de octubre de 1957 la URSS logró colocar en órbita el primer satélite artificial de la historia. La paranoia y la desesperación se apoderaron del público, los medios y los políticos estadounidenses. El cine, la televisión, los periódicos y la gente en general no hablaban de otra cosa. Todas las noches miraban al cielo buscando al Sputnik –literalmente, "compañero de viaje"– que se atrevía a sobrevolar, solitario y triunfante, el sagrado territorio de los Estados Unidos. Con su aspecto futurista, una esfera plateada con antenas, y su característica señal de radio que emitía sistemáticamente y podía ser captada por cualquier radioaficionado, el ánimo estadounidense estaba por el piso.

Un mes más tarde, sin tiempo para recuperarse ni un poco del primer golpe, llegó el segundo. La URSS anunció el lanzamiento exitoso del Sputnik 2, con el agregado de que llevaba a la perra Laika a bordo, el primer ser vivo terrestre en orbitar la Tierra. Recién tres meses más tarde fue puesto en órbita el satélite de prueba Vanguard por los estadounidenses. Jrushchov, premier de la URSS, lo ridiculizó comparándolo con un "pomelo". La carrera espacial ya formaba parte fundamental de la política, el prestigio y la estrategia de la Guerra Fría.

Estados Unidos reaccionó inyectando los fondos necesarios para alcanzar y superar a los soviéticos. En 1958, el presidente Dwight Eisenhower fundó la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio -NASA por sus siglas en inglés-, que comenzó a funcionar el 1 de octubre de ese año.

El honor y el prestigio estadounidenses no pudieron ser restaurados por un retraso de apenas 23 días. Ese tiempo les faltó para ganar la carrera por poner el primer hombre en órbita. En consecuencia, el 12 de abril de 1961, a bordo de la nave Vostok 1, el astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio.

Recién el 5 de mayo de 1961, Estados Unidos envió a Alan Shepard en un vuelo suborbital a bordo de la cápsula Mercury Redstone 3, y Jrushchov volvió a reír calificándolo de mero «salto de pulga». La nave de Shepard alcanzó una altitud de 187 km, en un vuelo que duró 15 minutos, frente a los 357 km de altura máxima y la hora y 48 minutos de Gagarin. Claramente, el marcador era muy malo para Estados Unidos. Estaban perdiendo.

Pero quedaba el premio mayor, una última carta para restaurar el honor: ser los primeros en pisar la Luna. La carrera se volvió frenética: prácticamente todos los meses se conocía un nuevo logro soviético y casi al mismo tiempo un avance norteamericano. Los medios y la población del mundo seguían el tema con un interés, diríamos nosotros, "futbolístico". Los columnistas especulaban, los militares se alarmaban, y los niños –incluso los estadounidenses- soñaban con ser Gagarin.

Recién cuatro meses después del lanzamiento del Sputnik 1, Estados Unidos consiguió lanzar poner en órbita su primer satélite, el Explorer 1. Durante ese tiempo se habían producido varios lanzamientos fallidos, cuyos fracasos fueron ampliamente difundidos, de los cohetes Vanguard desde Cabo Cañaveral. Mientras en la carrera a la Luna ya la URSS llevaba una clara ventaja tras el éxito soviético de colocar el primer satélite en órbita, los estadounidenses centraron sus esfuerzos en enviar una sonda a la Luna. El programa "Pioneer" fue el primer intento.

El programa soviético "Luna" empezó a funcionar con el lanzamiento de la "Luna 1" el 4 de enero de 1959, convirtiéndose en la primera sonda en llegar a la Luna. Además del programa "Pioneer", los estadounidenses, tenían el "Ranger", el "Lunar Orbiter" y el robótico "Surveyor", con el objetivo de buscar lugares de alunizaje para el Programa "Apolo", que apuntaba al mayor logro de la carrera espacial, el de más alto costo y mayor riesgo, con el cohete más grande y pesado jamás construido: llevar a una tripulación humana hasta la Luna.

El nuevo presidente, John Kennedy, y su vice Lyndon Johnson, buscaron un proyecto espacial que capturara la imaginación de la gente. El nuevo Programa "Apolo" reunía los requisitos y prometía vencer tanto las resistencias de quienes defendían gastar ese presupuesto en programas sociales como de aquellos que exigían orientarlo a un proyecto más claramente militar. Kennedy y Johnson consiguieron cambiar la opinión pública: hacia 1965, el 58 por ciento de los estadounidenses apoyaban el proyecto "Apolo", en contraste con el 33 por ciento de 1963.

Después de que Johnson se convirtiera en presidente, en 1963, el apoyo al programa no sólo continuó sino que se incrementó al ritmo de la información que indicaba que la URSS estaba también tras el premio mayor. Sin embargo, los soviéticos, a pesar de haber ya construido un módulo de alunizaje y seleccionado los cosmonautas para la misión a la superficie lunar, diversificaron su programa espacial que comenzó a tener un carácter cada vez más militar. Debido a esto, y a los sucesivos fracasos de lanzamiento del cohete N1 soviético en 1969, los planes para el alunizaje tripulado sufrieron primero varios retrasos y más tarde una postergación indefinida.

Las teorías conspirativas

Para muchos autores, quizá un poco conspirativos, y para mucha gente por todo el mundo, el alunizaje norteamericano, que tuvo lugar el 20 de julio de 1969 y que la televisión transmitió en vivo, fue un montaje cinematográfico. Numerosos especialistas y científicos reconocidos han gastado horas y horas explicando con argumentos y datos muy variados la veracidad del viaje a la Luna. Una gran cantidad de gente sigue dudando, y con razón, teniendo en cuenta cierto oscurantismo de algunos aspectos del programa espacial norteamericano.

El argumento, al estilo de la serie "Expedientes X", de que un todopoderoso gobierno de EEUU, amparado en las sombras y el secreto, conspira para fabricar u ocultar hechos, prevalece. La cultura popular, el cine, los videos de internet y hasta canales especializados en documentales reproducen esta visión conspirativa.

Pero cuando parecía ya una causa perdida convencerlos, la vieja URSS vino a demostrar, sin lugar a dudas, lo contrario. Además, es imposible pensar que la desaparecida Unión Soviética pudiese haber participado de semejante engaño.

Podrán decir los escépticos que no hay pruebas ni testigos porque la URSS desapareció. Pero se equivocan: hay un testigo "vivo" privilegiado que, desde la mismísima Luna, nos confirma la realidad de los hechos. El 10 de noviembre de 1970 la misión "Luna 17" de la URSS se puso en marcha y llevo al robot Lunojod 1 a la Luna. Fue el primer aparato automático que se controló a distancia fuera de la tierra, hecho que lo convierte en un logro histórico. El robot recorrió más de 10 km entre el 17 de noviembre de 1970 y el 14 de septiembre de 1971, permaneciendo operativo durante más de 300 días, transmitiendo a la Tierra más de 20.000 imágenes televisivas y 200 vistas panorámicas de una zona de más de 80.000 metros cuadrados. Finalmente, en octubre de 1971, el robot dejó de funcionar, debido al agotamiento de la pila isotópica de la calefacción del equipo de instrumentos, con el consiguiente congelamiento del mismo. Fue olvidado, y su ubicación, tras el caos administrativo al desaparecer la Unión Soviética, es desconocida. Una chatarra soviética más en el áspero suelo lunar.

Pero en 2010 el Lunojod 1 fue localizado por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, que orbitaba la Luna mapeando su superficie. Esta información llego a oídos de Tom Murphy, profesor asociado de física de la Universidad de California en San Diego, y el 22 de abril, él y su equipo, enviaron pulsos de luz láser desde el telescopio de 3.5 metros en el Observatorio de Apache Point en Nuevo México hacia la posición del recién encontrado robot soviético. Según consta en el informe de la NASA, el doctor Tom Murphy señaló: "Rápidamente verificamos que la señal era real y descubrimos que era sorprendentemente brillante, al menos cinco veces más brillante que el otro reflector soviético, el del Lunokhod 2, al que habitualmente enviamos pulsos de láser. La mejor señal que hemos visto de Lunokhod 2 en varios años de esfuerzo es de 750 fotones de retorno, pero obtuvimos unos 2.000 fotones de Lunokhod 1 en nuestro primer intento. Tiene mucho que decir después de casi 40 años de silencio".

En consecuencia, tenemos allí un robot soviético que responde a las comunicaciones, independientemente de quien la emita. Ya que, pobre, aun no sabe que sus creadores ya no existen, que la URSS ya no enviará más a nadie. Ningún aficionado a las conspiraciones puede decir que no existe o que está controlado por EEUU. Pues bien, resulta que nuestro amigo en la Luna transmitió, entre sus muchas fotografías y videos, pruebas de la presencia norteamericana, lo cual fue recientemente confirmado por uno de los técnicos y operadores soviéticos -aún quedan cuatro con vida- del robot desde la tierra, Viacheslav Dovgán, que vio, desde su puesto de operador de Lunojod 1, las huellas de la presencia de astronautas estadounidenses en la Luna, donde aterrizaron, hace 50 años, el 20 de julio de 1969 en el marco de la misión Apolo 11.

Al panel del operador ruso llegaba un enorme flujo de información y de imágenes desde el Lunokhod 

1. "¿Quién dijo que no estuvieron los estadounidenses en la Luna? […] Nosotros lo vimos todo. El país no lo vio, pero somos seis personas, cuatro de ellas están vivas, y nosotros lo vimos", afirmó Dovgán a los medios rusos en noviembre de 2015.

Paradójicamente, la extinta Unión Soviética es, 50 años más tarde, la fuente irrefutable de la llegada de los norteamericanos de la misión Apolo 11 a la Luna. 
Pequeña digresión: dos décadas después de la puesta en órbita de Lunojod, su diseñador, Alexander Zemurdzhian, colocó un robot para la limpieza de la azotea de Chernobyl, como se puede ver en la miniserie. Los altos niveles de radiación limitaron la efectividad del robot, mientras que Zemurdzhian sufrió quemaduras por radiación.

A 50 años de la misión Apolo 11, que llevó al primer hombre a la Luna, estamos viviendo un renacimiento del interés por el espacio y un renovado gasto de las grandes potencias en la carrera espacial. Parece que el amor por el espacio decae o crece al ritmo de las tensiones internacionales. Hoy vivimos un renovado clima de guerra fría, con más o menos los mismos actores y los mismos conflictos. Todo vuelve, y ahora Washington, a raíz del aniversario de la misión APOLO 11, promete enviar a una mujer a la Luna en 2024: la misión Artemisa, hermana gemela de Apolo. Mientras Israel intentó aterrizar en la Luna en abril pasado, pero la sonda Beresheet no lo logró, China se anotó un éxito muy especial al llevar su sonda robótica Chang'e-4 al lado oscuro de la Luna en enero pasado. A este selecto club pretende ingresar la India, que postergó hace pocas horas el lanzamiento de su sonda lunar Chandrayaan-2, debido a un "problema técnico", su segunda misión a la Luna, con la que pretendía explorar el polo sur del satélite. El problema se detectó 56 minutos antes del lanzamiento. 

Evidentemente la Luna está de moda.

El autor es profesor de Historia Económica (UBA y UNlaM). Fue asesor de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación.

Alejandro Alvarez(h)
@AleCiroAlvarez