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miércoles, 13 de marzo de 2019

ARMANDO RIBAS, LIBERALISMO: CAMINO A LA LIBERTAD


He estado insistiendo en lo que considero la confusión reinante en el mundo, como consecuencia de la ignorancia prevaleciente respecto a los principios determinantes del mundo en que vivimos. Al respecto reconoció William Bernsein en su The Birth of Plenty que hasta hace unos doscientos años se vivía como vivía Jesucristo.

Esa confusión reinante surge como consecuencia de la aparente ignorancia respecto al carácter filosofico político del liberalismo. En gran medida se considera erróneamente que el liberalismo entraña una forma de pensar del ser humano, cuando es el producto de las ideas que dieron la luz al sistema ético, político y jurídico que cambió la historia del mundo.

Esas ideas surgieron en primera instancia del pensamiento de John Locke en Inglaterra que determinó la transformación inglesa a partir de la Glorious Revolution de 1688. Y voy también a insistir en que ella no se debió a la llamada cultura anglosajona, pues como reconoció David Hume: “Los ingleses en aquella era estaban tan sometidos que, como los esclavos de Este, estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre si mismos y a su propia expensa”.

Podemos ver entonces que de conformidad con la anterior observación, las ideas de Locke partieron del reconocimiento de la naturaleza humana y no de la pretensión de transformarla. En virtud de esa concepción Locke reconoció que los monarcas también son hombres y por tanto se requería la limitación de las prerrogativas del rey. Y al respecto escribió: “ Esto es como si los hombres al abandonar el estado de naturaleza entraran en sociedad y aceptaran que todos ellos menos uno debía estar bajo la restricción de la ley”. O sea estaba en contra del derecho divino de los reyes e igualmente a favor de la libertad religiosa. Y al respecto escribió: “Nadie puede ir al cielo con una religión en la que no cree”.

Por supuesto también estaba a favor de la propiedad privada, que consideraba producto del trabajo del hombre. Voy a insistir entonces en un principio al cual consideraba el fundamento de la libertad. Al respecto escribió en su Un Ensayo Concerniente al Entendimiento Humano. “El derecho del hombre a la búsqueda de la felicidad es el principio fundamental de la libertad”.

Ese principio fue reconocido prácticamente por Adam Smith en su concepción de la mano invisible y así escribió: “En la persecución de su propio interés el frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que cuando realmente intenta promoverlo. Yo nunca he visto mucho bien hecho por aquellos que afectan negociar por el bien público” Y a los hechos me remito en la actualidad respecto al realismo de esa observación.

Lamentablemente todavía se habla del liberalismo francés, que considero una falacia de la historia. Como bien dijera Ayn Rand: “La filosofía americana de los derechos del hombre nunca fue totalmente comprendida por los intelectuales europeos”. Y valga la redundancia, recordemos el pensamiento de Rousseau, Kant, Hegel y Marx como el baluarte del totalitarismo como la racionalización del despotismo.

No obstante esa realidad en un libro de Ignacio de Posadas Montero “El Rescate de un Liberalismo Perdido” el autor persiste en el pensamiento de Locke pero ignora el derecho a la búsqueda de la felicidad. Seguidamente se refiere al liberalismo francés y al respecto cita a Condorset en el sentido de que el liberalismo creo un proceso de perfección de la naturaleza humana.

Nada más falaz que ese pensamiento, pues como reconociera David Hume, siguiendo el pensamiento de Locke: “Es imposible el cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación”. Y en función de esa realidad. Peter Drucker escribió: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XIX es la creencia de que la Revolución Norteamericana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa y que fuera su precursora”.

Los anteriores principios señalados por Locke, Hume y Adam Smith fueron llevados a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787 y el Bill of Rights de 1791. Y perdón pero voy a volver a citar a James Madison que escribio: “¿Pero que es el gobierno mismo sino la mejor reflexión de la naturaleza humana? Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres, ningún control externo ni interno sería necesario. Al organizar el gobierno que va a ser administrado hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto: Usted debe primero capacitar al gobierno para controlar a los gobernados; y en segundo lugar, obligarlo a controlarse a si mismo. Una dependencia en el pueblo es sin duda el control primario; pero la experiencia ha enseñado a la humanidad la necesidad de precauciones auxiliares”.

Esas precauciones auxiliares definieron la creacion del llamado Judicial Review, que surgio del caso Marbury vs. Madison en 1793 en el cual el juez Marshall decidió: “Todos aquellos que han organizado una Constitución escrita la consideran la ley fundamental y suprema de la nación y consecuentemente la teoría de todos eso gobiernos debe ser que una ley de la legislatura repugnante a la Constitución es nula…Es enfáticamente el ámbito y el deber del departamento Judicial decir que es la ley”.

Así se creo el sistema llamado el Rule of Law que voy a insistir de acuedo con los Founding Fathers de que no es la democracia. Y por esa razón Thomas Jefferson dijo: “Un despotismo electivo no fue el gobierno por el que luchamos”. Y Hamilton: “Una peligrosa ambicion más a menudo yace bajo la especiosa máscara de los derechos del pueblo” A partir de ese criterio igualmente insisto en que el sistema no es económico sino ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia. El llamado libre mercado es la consecuencia del respeto político de los derechos individuales.

Lamentablemente todo parece indicar que el llamado populismo se ha apoderado de la política en Occidente. En un reciente artículo de Foreingn Affairs Freed Zakaria escribió “Populism on the March”. Y el populismo prevalece en Europa a traves de la Social Democracia. El populismo es de izquierda el socialismo y de derecha el nacionalismo. Y llego el nacionalismo a Estados Unidos vía Trump y su proyecto America First. Pero ahora surgió la figura de Bernie Sanders que se reconoce como socialista y pretende la presidencia. Ignora por supuesto que el socialismo entraña la violación de la Constitución americana.

En fin perdón por la secuencia de las citas, pero mi defensa de las ideas liberales no son mías, si fuesen mías viviriamos en la edad media. Y este reconocimiento no es producto de mi modestia, ese defecto yo no lo tengo. Ja ja ja.

Armando Ribas
@aribas3

jueves, 29 de octubre de 2015

PEDRO PAÚL BELLO, LA NATURALEZA HUMANA.

No es exagerado decir que la gran tentación de la naturaleza humana es el considerarse, la persona, sea hombre o mujer, como “la medida de todas las cosas” tal y como se expresa en la Biblia, de manera que son sus propios intereses la suprema norma que todo lo rige y gobierna, haciendo caso omiso de la presencia de Dios, que es el Creador de todo. La consecuencia de ese fatal y falso error son el odio, las guerras, los crímenes de todo tipo, el inútil sacrificio de los semejantes que son también personas, así como de la maldad en todas sus expresiones. El origen del mal en el mundo no es otro, en las naciones, sociedades y comunidades, que el mal inventado por la tentación del orgullo y del dominio despótico, que son las fuentes maléficas que se extienden y cubren todo este mundo.

A todo lo largo que existen y se sostienen las historias de todas las naciones, que desde sus principios y hasta el presente en el que vivimos, el dominio, las esclavitud que reinó en el pasado todavía cercano, el odio y el atropello hacia los semejantes, no han todavía retirado esa sed insaciable de poder que permanece como sed insaciable de tantos que lo ejercen. Prevalece todavía, en los tiempos del presente, esa insaciable sed que es la causa principal de todas las guerras y conflictos que constantemente acosan a gran parte de la humanidad.

La humanidad, a lo largo de toda su existencia establecida por el Creador,  ha olvidado que solo es Él, la única y verdadera autoridad que puede juzgar las conductas humanas sin hacer referencias a estas, y que las decisiones muchas veces urdidas con finalidades inconfesables, suelen carecer de la verdad, para afincarse en la mentira urdida y alimentada por odios inconfesables.

Quienes no crean que eso es lo único cierto, vuelvan sus mentes hacia lo que está aconteciendo hoy en un mundo que se suponía avanzado: la terrorífica guerra que desarrolla la llamada Isis, que no solo asesina en el medio-oriente, sino que extiende sus alcances hasta Europa y amenaza al mundo entero. 

Esa guerra, cruel hasta el mayor extremo, no es una guerra cualquiera más: es la sobrevivencia de un odio acumulado por siglos que hoy, en este mismo día y en los venideros, pone en peligro la existencia de la humanidad sobre la tierra. Y, mientras esa guerra avanza en sus propósitos, el mundo entero, en vez de buscar y lograr soluciones que la contengan, pierde su tiempo en mentiras de otro signo que se multiplican en todos los continentes.

Leo en la Biblia: “Cuando los seres humanos desplazan a Dios para ubicar en su lugar al mismo ser humano y sus tendencias acaparadoras, el resultado es que los intereses personales de ese ser humano, casi siempre institucionalizados,     se convierten en una norma absoluta de los demás, pervirtiendo así hasta el vocabulario --llamar justo lo que es injusto--  e imponerlo sobre los otros. Ese es el gran llamado de nuestro mito que, al dar respuesta a las causas del mal, denuncia el inmenso mal que en la historia produce una conciencia pervertida, máxime cuando se trata de una conciencia que tiene poder.

Tenemos que derivar como lo hizo Jacob, el mal en bien; el error en solución en esta Venezuela que es una Patria que se nos desploma. Tenemos que reconstruir lo que puede parecer a muchos imposible. Pero para realizarlo y superar errores que se produjeron desde los últimos años del siglo pasado y hasta el presente, debemos integrar a todos los venezolanos, cualesquiera que sean sus maneras de pensar y de ser. Integrarlos como personas que aman y quieren sostener esta patria donde han nacido o que les ha acogido.

Para alcanzar este logro es indispensable restablecer una unidad que se ha perdido en estos tiempos, una verdadera unidad en la cual, la renuncia a intereses personales, políticos o no, es condición indispensable para rescatar la armonía y la verdad.

Unidad que rescate nuestros valores comunes, de generosidad, ayuda, asistencia y propósitos. 

Sólo, y únicamente así, podremos volver a tener esta bendita tierra de gracia.

Pedro Paúl Bello
ppaulbello@gmail.com
@PedroPaulBello

Caracas