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miércoles, 30 de marzo de 2016

ANGÉLICA MORA, LA SEGUNDA BOFETADA, APUNTES DE UNA PERIODISTA, DESDE NUEVA YORK ESTADOS UNIDOS

Se demoró pero llegó,  la segunda bofetada en el rostro para Barack Obama por parte del régimen cubano.

La primera fue la humillación que se le deparó al Presidente de los Estado Unidos al no ser recibido con honores de estado a su llegada a Cuba; y recibir la bienvenida solo  por parte del canciller Bruno Rodríguez, en vez de Raúl Castro, como se hace con los dignatarios ilustres
El que escribe los mensajes, supuestamente atribuidos a Fidel Castro, recibió esta vez órdenes de ser lo más irónico posible en el texto.
Además el gobierno cubano tenía que salvar la cara, ante el posible daño que los discursos de Obama pudieran haber hecho en la ciudadanía cubana.
Raúl Castro no salió bien parado en la mental comparación que se hicieron los cubanos frente al visitante, que aunque debería haber dicho más, no podía malograr lo que ha logrado hasta ahora en el acercamiento, que ha beneficiado abiertamente al régimen castrista, pero que lo ha proyectado a él a la Historia.
El gobernante de Cuba no tiene buenos reflejos, ya se vio en la conferencia de prensa conjunta con Obama, en la que salió mal parado ante la simple pregunta de los presos políticos. El general actúa lento, pero al fin  reacciona...
A Raúl Castro le tomó una semana rumiar lo acontecido con el viaje de Obama a Cuba y vió que tenía que decir algo para salvar las apariencias del daño ocasionado por las palabras libertad y derechos humanos sugeridas por el visitante.
Lo único verdadero en el mensaje, supuestamente escrito por Fidel Castro, es la parte en que dice que el discurso de Obama" podría provocar un infarto".
Y así es, más de un ataque al corazón. Y existe el temor que ese discurso de Obama se mantenga en el ambiente y en la mente del pueblo, dando vueltas y vueltas... como esos asados que los cubanos tienen prohibidos paladear
Por eso Raúl Castro ordenó al que redacta los mensajes, supuestamente escritos por su hermano Fidel, ser irónico e hiriente en el que se le envió públicamente al mandatario estadounidense,
Desde el encabezamiento, "Hermano Obama", la burla está ya está concebida. Y en el texto especificar, para salvar las apariencias  que "no se necesita que el Imperio nos regale nada... " (Ya se los ha regalado casi todo lo que necesitan para sobrevivir la hecatombe de la falta de ayuda proveniente de Venezuela).
 Desgraciadamente para Raúl Castro, el mundo ya conoce como se dan las cosas por la Isla de la Felicidad y han tomado este mensaje como un elemento de despecho, proveniente de la tierra gobernada  por los hermanos dictadores Raúl y Fidel Castro.
Angelica Mora
angelicamorabeals@yahoo.com
@copihueblanco
Nueva York - Estado Unidos

domingo, 27 de marzo de 2016

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, GUERRA DE CULPAS, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL, EN LUGAR VACIO

El concepto de “guerra económica” fue elaborado a instancia de la perversión de quienes poco o ningún conocimiento de los postulados de la economía manejan como criterios de gobierno.

Mucho se ha inculpado como razón de la crisis que arrastró a Venezuela hacia la merma del estado político y económico que con suma dificultad había alcanzado en cuatro décadas de persistentes esfuerzos, a una “guerra económica”. No obstante, antes de continuar la presente disertación, bien cabe revisar el aludido concepto toda vez que el mismo tiene propósitos un tanto confusos. Sobre todo, si se tiene en cuenta que su ascendencia destaca el interés político en desfigurar causas que tocan la génesis de tan enredada situación. Y es que la teoría económica explica lo que hay debajo de cualquier revuelta social animada con base en acusaciones que invocan la dinámica de la economía. Y que pongan en riesgo, la estabilidad de todo sistema político. Más, si se trata de: democracia.

Nada más lógico y propio de toda realidad económica, que no sea lo que la teoría económica plantea alrededor del juego que se establece entre la oferta y la demanda. Cuando las relaciones entre quienes ofrecen servicios o productos y quienes solicitan éstos se dan en medio del equilibrio garante de una avenencia acordada sobre la satisfacción de ambas partes, se configura un abanico de relaciones que devienen en condiciones de acomodo y reacomodo dirigidas a motivar un estado de relativa conformidad que se reproducirá en la medida que dichas condiciones se renueven y se lleven a prácticas inmediatas.

Mientras que esta dinámica comprometa la movilidad social sobre la cual se asienta el discurrir político de un colectivo, nación o país, hay seguridad de manejarse los problemas obvios de toda sociedad. Cuando algunas de las variables que participan en el referido juego sale de la ecuación, por razones extrañas a su condición, entonces se enrarecen las situaciones que definen el acompasamiento natural de la susodicha realidad. Es ahí cuando la mano oscura de gobernantes sin escrúpulos, moral, ética, ni dignidad, se apresura a forzar cualquier solución posible sin entender que las variables de la economía son susceptibles de toda inhabitual injerencia.

Justamente, como la economía no se ajusta a cambios elaborados desde contextos no identificados, es decir extraños a su misma naturaleza, no hay respuesta exacta que concilie factores de distinta procedencia. Es el momento cuando los oficiantes de la mala política, o ejecutores de un mal gobierno, se ven empujados a tomar decisiones en falso positivo. Decisiones apuntadas por la improvisación, la torpeza y la ignorancia.

Es cuando apelando a la jerga militarista, divorciada de la nomenclatura que marca el acervo de la política, apela al concepto de “guerra económica”. Definición ésta, elaborada a instancia de la perversión de quienes poco o ningún conocimiento de los postulados de la economía manejan como criterios de gobierno. Pero que se apoyan  de algún sufijo o prefijo que disimule el analfabetismo que en materia económica tienen. Sin embargo, lo que se escurre entre los intersticios gubernamentales, es lo que encubre la malversación y la corrupción toda vez que por esas razones los gobernantes buscan siempre no hacer transparente las cuentas o finanzas del erario nacional.

Es el problema que a su vez encubre lo que encierra las culpas que vive quien a conciencia o sin ella, reconoce de alguna forma, que todo tiene su explicación en la ineptitud, la codicia, la rapacidad, y todas aquellas voracidades que estimulan la oportunidad que despierta el poder político en quienes sin valores ni principios, se atreven a ocupar posiciones de gobierno a sabiendas que las alforjas nacionales han de cargarse de buenas divisas. Y que en el caso venezolano, son  provenientes del negocio petrolero el cual llegó a escalar niveles portentosos y codiciados.

De forma tal que en el plano de una administración de provechosos ingresos, el negocio que  mejor se correspondía con las oportunidades, desde la óptica del socialismo del siglo XXI, ha sido el de fungir como gobernante. Por tanto, había que jugársela para ocupar tales responsabilidades. Aunque luego, las culpas abatieran a los depredadores de la economía venezolana. Pero para entonces, ya no importaría pues los bolsillos estarían cocidos en bancos extranjeros cuyos intereses fueran solamente financieros. La excusa de la “guerra económica”, habría servido para distraer la atención del país hacia menesteres de menor consideración. Sin embargo, y a pesar de reconocer que los problemas creados por causa de la incompetencia de gobernantes aferrados a intereses bursátiles, cambiarios y financieros propiamente, dejaron al país en la inopia, literalmente en el suelo, la guerra que dicen haber desacreditado al gobierno nacional, sin advertir que fue al país todo al que afectó, no fue “económica”. Fue, simple y descaradamente, una “guerra de culpas”.

VENTANA DE PAPEL

EN LUGAR VACÍO

 Seguramente, no fue nada fácil para el gobierno norteamericano, mucho menos para Barack Obama, aceptar condiciones que no parecieron terminar de definirse en las conversaciones que se dieron entre los mandatarios razón del aludido encuentro. O sea, Raúl Castro y éste. Hay analistas cuyos datos que no cuadran con las cuentas en que se basan algunas revisiones. Por ejemplo, persisten dudas en cuanto a que no habrá consonancia en los beneficios que derivarían de todo esto. Así se tiene que no será difícil inferir que el gobierno cubano, por razones ciertamente populistas, sabrá sacar mejor provecho de la susodicha relación. Provecho éste que no llegará al pueblo cubano más inmediatamente que al alto gobierno de la isla caribeña.

El hecho de que Raúl Castro negara con cinismo la existencia de presos políticos, hace ver que los cambios en ciernes podrán ser meras declaraciones de intención. Más, por la sospecha de que estos cambios aludido en el encuentro entre los mandatarios de EE.UU y Cuba, beneficiarán al Gobierno cubano. Pero para el pueblo, pudiera parecer que no haya ningón cambio, pues las realidades seguirán siendo iguales. El interés principal tiene que ver con la cancelación del embargo que le declarara EE.UU. a Cuba. De esa manera, Cuba podrá abrirse al mundo libre a través de esquemas de comercialización que brindarán beneficios directos a sus gobernantes. Mientras tanto, el pueblo seguirá viviendo dificultades económicas y restricciones políticas. De hecho, el canciller cubano había declarado que “en nuestra relación con Estados Unidos no está, de ninguna manera, la realización de cambios internos en Cuba, que son y serán de la exclusiva soberanía de nuestro pueblo. (…) Nadie podría pretender que para avanzar hacia la normalización de relaciones entre ambos países, Cuba tenga que renunciar a uno solo de sus principios, ni a su política exterior profundamente, históricamente comprometida con las causas justas en el mundo y con la defensa de la autodeterminación de los pueblos”

Este discurso lo dice todo. De poco valdrá la apertura comercial, el desarrollo económico y la fluidez de la información. El gobierno castrista parece no haber comprendido que la forma de asegurar la confianza necesaria que ha sido propósito del referido encuentro presidencial ha variado respecto de los esfuerzos precedentes. Así que no existe factor que explique mejor el éxito de la democracia en una sociedad que la prosperidad económica, y la seguridad jurídica. De no ser así, el encuentro de estos mandatarios habrá caído en lugar vacío.

“Cuando un gobierno no comprende el tenor de las necesidades que clama el pueblo que conduce, busca armar cualquier excusa que lo saque del paso. Lo demás, es un problema que por añadidura, será capoteado bajo el manto de la improvisación. Es el caso de gobiernos que llegan al poder por coyunturas alejadas del sentido de la política”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

Merida - Venezuela

PEDRO CORZO, SIN NOVEDAD EN EL FRENTE, OBAMA Y CUBA

Así pudiera  escribir un cronista sobre el inmovilismo de la dictadura ante  los esfuerzos del presidente Barack Obama de flexibilizar las sanciones vigentes en contra del régimen insular, en la confianza que el gobierno de los hermanos Castro dispondrá medidas que promuevan el establecimiento de una sociedad democrática y respeto a los derechos ciudadanos.

Una apretada síntesis de las disposiciones del gobierno de Estados Unidos que benefician a la dictadura  va desde la excarcelación de tres espías convictos, uno de ellos por conspiración de asesinato, la eliminación de Cuba de la lista de países terroristas, la supresión de medidas que restringían el comercio y la ampliación de las relaciones económicas, el restablecimiento de relaciones diplomáticas y un viaje presidencial  que el gobierno interpreta, así lo informó el diario Granma, como una victoria de la “revolución en el poder, encabezada por su liderazgo histórico”.

La dictadura pretende que Estados Unidos resuelva los graves problemas económicos que enfrenta sin reformas estructurales que pongan en peligro el poder que detenta y menos aún, aperturas políticas que quebrarían un régimen agotado, que solo sobrevive por la represión y la desesperanza de la población.

La prioridad de la clase dirigente cubana es conservar el poder, que el proceso de sucesión iniciado en el 2006, culmine con una transición en la que los barones de la revolución y sus descendientes, no enfrenten problemas legales y puedan continuar disfrutando a perpetuidad las riquezas expoliada por décadas al pueblo, un proyecto contrario a los valores y principios sobre los cuales se ha construido Estados Unidos.

El cambio de política Washington hacia Cuba ha sido un factor determinante para que altos funcionarios europeos y de otros continentes,  incluidos jefes de estado, hayan visitado la isla y firmado convenios de ayuda, en particular, el acuerdo suscrito en La Habana con la Unión Europea, que en la práctica, pone punto final a la Posición Común hacia Cuba, una política que exigía al gobierno de los Castro respeto a los derechos de los cubanos.

Este acuerdo redunda directamente en beneficio del régimen al generar posibilidades de inversión  a las que, por la estructura jurídica de la isla,  solo tienen acceso la clase dirigente y los sectores privilegiados allegados a la misma,  y no la población en general, por lo que  se aprecia que  las gestiones de muchos de los gobiernos más democráticos del mundo benefician exclusivamente la dictadura.

Por décadas, independiente al embargo y la ayuda que la Casa Blanca prestó a la oposición cubana, Estados Unidos abanderó en las instancias internacionales la defensa de los derechos humanos  y propició con  denuncias, críticas y medidas coercitivas,  que los crímenes del castrismo no disfrutaran de absoluta impunidad.

Washington ha sido solidario con los cubanos en aspectos sociales, incluido el migratorio. La mayoría de las veces apoyó a la oposición al castrismo, aunque en numerosas ocasiones, es razonable, sus intereses primaron sobre los de sus aliados, si bien,  muchos de ellos perdieron la vida, o la arriesgaron, peleando en sus guerras como si fueran propias.

A fin de cuentas siempre habrá personas que más allá de intereses y conveniencias actuaran inspirando en sus convicciones y otros  que motivados por consideraciones opuestas,  asumirán diferentes conductas.

Un ejemplo al respecto lo puso el editor Ángel de Fana, al apuntar que Carlos Gutiérrez,  secretario de Comercio del ex presidente George  W. Bush y  quien apoyó concienzudamente las políticas restrictivas del presidente 43 a la dictadura cubana, en el presente aprueba y promueve las decisiones del mandatario 44, Barack Obama, totalmente opuestas a las de su predecesor y a las ideas que Gutiérrez en el pasado defendió.

El antiguo alto funcionario recientemente  destacó la importancia de los derechos económicos para  los residentes de la isla y dijo que en Cuba se habían producido cambios al respecto,  como si la dictadura permitiera a sus siervos acceder a una economía libre e independiente,  y como si los cubanos no estuvieran en capacidad de disfrutar los derechos políticos vigentes en una sociedad democrática.

El debate seguirá siendo intenso, los valores que cada quien defienda siempre serán trascendentes,  pero independiente a las intenciones, habrá que ver si las decisiones del presidente Obama influyen para que en Cuba se establezca un estado de derecho, una sociedad plural y tolerante,  o si simplemente un escriba del futuro parafraseando a Eric Maria Remarque, reseñará, "Años después de las concesiones y la visita,  siguen los arrestos y golpizas,  los derechos humanos continúan conculcados, la economía controlada por el estado, la miseria se ha incrementado,  fue un día  tranquilo y calmado, el cuartico está igualito, sin Novedad en el Frente”.

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com
@PedroCorzo43
Periodista de Radio Marti

Estados Unidos