Mostrando entradas con la etiqueta VENTANA DE PAPEL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VENTANA DE PAPEL. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de abril de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LOS NIVELES DE LA REPRESIÓN EN VENEZUELA

PIDO LA PALABRA Y VENTANA DE PAPEL

La alteración o ruptura de la institucionalidad establecida constitucionalmente, dio al traste la forma del Estado, el ejercicio de la soberanía nacional y la división del Poder Público.

La dinámica política es enfática. Los cambios que caracterizan el discurrir de estos últimos años, son reveladores del ímpetu con el cual la política determina el camino de los pueblos. De cómo la política traza el ritmo de los tiempos. De manera que no hay duda de la fuerza que contiene la política, para transformar realidades tan rápido como inmediatamente. 

Las variaciones de las situaciones que vienen aconteciendo no sólo en Venezuela, sino también en cada rincón del mundo, dan cuenta de la magnitud del impacto político cuyos efectos son capaces de construir o destruir todo lo que se cruce o se interponga en su paso. Pero ante lo arriba descrito, se hace necesario explicar su razón. 

Todo ello deriva del problema que se configura alrededor del egoísmo que detenta el hombre en tanto que sentimiento posee la capacidad emocional, física y psicológica, así como condiciones éticas, conceptuales e ideológicas, capaces de motivar reacciones que llevan al ser humano a actuar a la defensiva u ofensiva frente a acontecimientos que, a juicio propio, puede considerar amenazadores ante objetivos y expectativas de vida definidas desde una perspectiva individual o colectiva. 

Adam Smith, en su obra La Riqueza de las Naciones, (1762)  ya había aludido a factores subjetivos que condicionan las preferencias y decisiones del hombre en su afán por elevar su nivel de vida. En su interpretación de la riqueza de una nación, describe cómo es posible el ajuste del desarrollo de una sociedad humana a los valores y motivaciones que la incitan. Por eso explica el papel que juega el egoísmo como actitud mediante la cual el hombre se plantea sostener un nivel adecuado de bienestar individual, así como razones para equilibrar sus deseos personales con las realidades donde circunscribe su vida social, económica y política. Ello lo refiere aduciendo que la vida es el resultado del libre ejercicio del “interés individual que beneficia exitosamente al bien común en la solución de problemas y satisfacción de necesidades propias”. 

Ahora bien. Si este problema se traslada a la política para desde su ámbito causal justificar cambios que lejos de consolidar y aupar procesos sociales, terminan por desguarnecerlos de consideraciones que alientan sus principios y razones, es posible hallar argumentos que confirmen las desviaciones de las que ha resultado ser cuestionado objeto inculpado de las consecuencias que incita. Precisamente en su interés por asentir su fuerza doctrinal, con esos mismos argumentos busca convalidar la coerción aducida como criterio a los fines de imponer su autoridad valiéndose de prácticas desmesuradas de represión. Formas éstas que al desglosarse de su conjunto, revelan el exagerado grado de violencia intrínseco a sus concepciones. 

El caso Venezuela es ejemplo patético del grado de desviación o aberración, con el cual el régimen autoritario se vale de dicho principio profundamente explicado por Max Weber en su libro: Economía y Sociedad. Es así que al apostar a sostenerse en el poder, indistintamente de la ilegitimidad que define su postura, utiliza métodos no sólo ilegales. Al mismo tiempo, mecanismos intensamente represivos pues en ellos el régimen ha conseguido la fórmula, aunque de autoría castrista, para lograr que sus amenazas, propias de una retórica ramplona, se convirtieran en una especie de condena cuyo efecto demoledor inhibiera las protestas propias de este tipo de soborno físico. 

Precisamente, con motivo de las decisiones aprobadas en principio por la Sala Constitucional del tribunal supremo de justicia (con minúsculas), las cuales han pretendido despojar de las atribuciones y facultades que la Constitución Nacional, basada en el criterio jurídico-político de separación de poderes, le establece al Poder Legislativo. Tan aberrante situación, sumada a otras más que vinieron sancionándose por tan ilegítima instancia judicial, luego del momento en que la oposición democrática obtuvo las dos terceras partes de los escaños del Parlamento Nacional, dio pié a que la paciencia del país político se desbordara y se tradujera en reiteradas manifestaciones de protestas y de resistencia civil. Fue oportunidad para que el pueblo demostrara finalmente su acumulada resignación y contenida indignación al gobierno ante los descarnados atropellos que trastocaron el abastecimiento de alimentos, medicamentos y rubros de todo tenor.

En consecuencia, el país recién entró en una fase de legítima y necesaria desobediencia. Además, calificada como derecho constitucional (Artículo 350). Prácticamente, Venezuela se paralizó o quedó suspendida entre reacciones que desesperaron al alto gobierno. Más, cuando el miedo consumió el “orden” interno que mantenía a las filas del partido de gobierno subordinadas a insolentes politiqueros con ínfulas militaristas. La alteración o ruptura de la institucionalidad establecida constitucionalmente, dio al traste la forma del Estado, el ejercicio de la soberanía nacional y la división del Poder Público. De manera que el gobierno central, aturdido ante este tipo de problema irresuelto ante su efímera capacidad de gobierno, optó por medidas cuya severidad lo obligó a actuar apegado a la fórmula del Estado Opresor. Fue el momento para que el régimen exhibiera su condición tiránica. Así apeló a reprimir desmedidamente a la población por tres vías. Primeramente, acudiendo a las fuerzas de seguridad pública representada por la Policía Nacional Bolivariana. Luego, entra en acción la retorcida Guardia Nacional, ahora adosada al remoquete de “Bolivariana”. Y como “guinda de torta”, permite la violenta intromisión de facinerosos organizados para robar, agredir y hasta asesinar ante los ojos complacientes de quienes comandan las fuerzas del Estado-opresor y Estado-victimario. He ahí los círculos de la embestida gubernamental cuando actúa en nombre de la paz (del cementerio). Es lo que traduce la manida expresión de “gobierno cívico-militar”. Son los niveles de la represión.

VENTANA DE PAPEL

ATRINCHERADO EN EL PODER

Para el pusilánime, para el agazapado, “todo hueco es trinchera”. Todo escondrijo es cual muralla, lo suficientemente conforme para que funja de defensa ante la cobardía que lo apresa, lo amordaza y lo sujeta de manos, brazos y hasta de ideas. Así es como se ve al actual gobierno nacional toda vez que sus decisiones son razones de escondite o de escape. Aunque no sólo de escape o huida hacia delante o hacia atrás. También, como se dice, sus ejecutorias u órdenes de cual “comando mercenario”, evidencian un escape por la tangente. Parafraseando la teoría política, sus determinaciones revelan actos de traición a su propia palabra.

El hecho de presumir actuar a instancia de los preceptos constitucionales sin respeto a lo establecido taxativamente por la referida letra legislativa, es manifestación absoluta de “desacato” llano y simple. Aunque igualmente, puede considerarse como expresión de ramplona burla. O sea, sarcasmo o mofa de la peor calaña. Traición al mejor estilo arribista y orillero.

Sin embargo, el problema de tan vulgar y desvergonzada desfachatez, obedece a distintas razones. Entre otras, y atendiendo la importancia de causa, cabe mencionar la razón de tipo meramente política. Pero no política en el entendido del concepto más elevado de “política”. Sino según lo que el término “política”, descubre de cara a burdos intereses facinerosos y groseramente viscerales.  Otra razón que explica tan gruesa irreverencia del régimen hacia el más excelso significado del vocablo “patria”, se encuentra en el fondo de lo que cada “bolsillo revolucionario” puede juntar. De manera de tener la posibilidad de disfrutar la vida en su más excelsa plenitud, pero “vacilándosela” donde mejor pueda. Y que efectivamente, no es en Venezuela, pues en el país no podría, ni tampoco debería por simple deducción al absurdo, un revolucionario quitarse el disfraz de “socialista” ya que sería un desparpajo de absoluta aberración. Lo haría donde su “capital” le rinda los mejores beneficios.

Estas dos razones entre muchas de igual repercusión, incluso moral, ética y hasta de corte histórico, dejan al descubierto lo que encubre tantas medidas gubernamentales profundamente contradictorias, que solamente dejan ver un régimen vulgar, arrogante, inepto, soberbio, insolente, confundido, equivocado y obstinadamente, atrincherado en el poder.  

“Un gobierno que presuma de las virtudes de sus conductores, tanto como de la notoriedad del proyecto de gobierno que detenta, es porque  está escondiendo las carencias que padece”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela


domingo, 16 de abril de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, “AMOR” EN TIEMPOS DE TIRANÍA

PIDO LA PALABRA Y VENTANA DE PAPEL

El país político advirtió la rotura del estamento constitucional al violarse la ilación de preceptos que ensamblan la institucionalidad del sistema político ordenado por la Constitución venezolana.

La violación de los derechos constitucionales en Venezuela ha alcanzado tal grado de exasperación, que el ejercicio de la gestión pública, ejercida por el alto gobierno en los últimos años, rompió las barreras de la resignación, la conformidad y de la paciencia al abusar de la autoridad. O sea, trasgrediendo las prerrogativas que las leyes le confieren. Cada discurso presidencial, ha pecado de falsas acusaciones, cruentas humillaciones. Pero sobre todo, insolentes señalamientos que inculpan, sin prueba alguna, a quien cuestione las desvergonzadas e ilegales arbitrariedades cometidas por un gobierno cargado de la vulgaridad y soberbia propia de todo tirano.

Cada pronunciamiento de algún alto funcionario, expresa no sólo injuria y difamación. También, es contentivo de una alevosa manifestación de prepotencia. O de un desquiciado sentido de superioridad, que calza exactamente con el tamaño de la indecencia y del desconocimiento. Además, cargado del atrevimiento de todo ignorante capaz de asomar tanta torpeza, sin que logre comprender la necesidad y obligación de recular o de excusarse ante el dislate cometido. Las disonancias de lenguaje y expuestas órdenes de presumida cuartelaría, son demostrativas del primitivismo político que viene caracterizando la contrariada y cuestionada labor gubernamental. 

Lo que se ha visto durante estas dos últimas semanas a lo largo y ancho de Venezuela, ha sido en respuesta al paroxismo alcanzado ante la animosidad del régimen no sólo por mantenerse en el poder, a pesar de la ilegitimidad y exagerado nivel de maniobras con el cual ha intentado delictuosos hechos de inconstitucional tenor e ilegal cometido. Debe reconocerse que el régimen venezolano forzó toda medida de aceptada legalidad, mediante arbitrariedades logradas a la fuerza Así pudo desprenderse de las ataduras constitucionales que obligan al Poder Público Nacional a someterse a lo que la ley consagra como norma. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, sordo, ciego y mudo ante las decisiones tomadas, y en complicidad con ilegítimos magistrados adscritos a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de (In)Justicia, puso al descubierto la sucia jugada de asaltar al Poder Legislativo valiéndose del predominio del cual goza a través de conspicuos asociados colocados en cargos claves relacionados con la elaboración de las torcidas decisiones que luego procedió a hacer efectivas.

Así el alto gobierno, se voló el ordenamiento jurídico abusando de la autoridad que le permite actuar desde las alturas del poder. En consecuencia, el país político advirtió la rotura del estamento constitucional al violarse la ilación de preceptos que ensamblan la institucionalidad del sistema político ordenado por la Constitución venezolana. Esta situación tuvo eco en una población agobiada, maltratada y vapuleada. En una población con hambre y con enfermedades. En una población sin un empleo que le asegure el sustento ya que el régimen se ha empeñado en incumplir su decretado compromiso de “estabilidad laboral”. Por otra parte, ha sido consecuente con la impúdica política de desconocer derechos que exhortan libertades económicas que resguardan la propiedad privada de intrusos agentes de  la economía y hasta del gobierno. Pero las realidades de estos días, demostraron que la paciencia llegó al límite superior y se desbordó en protestas que, la misma Constitución, permite y exalta como derecho humano adquirido. Tan convulsiva situación hizo que la paciencia popular explotara e implocionara. Pero también llevó a la exacerbación de la resistencia que venía asumiendo como conducta social. 

La presunción inconstitucional de desconocer al Poder Legislativo para sustituirlo por el ilegítimo fuero de la Sala Constitucional, sumado a decisiones de revolver y transgredir la convivencia social basada en el pluralismo político y democrático, tanto como la persecución a dirigentes políticos, y a quienes llegan a opinar en desmedro de las mentiras y trampas ordenadas y cometidas por el régimen, provocó el necesario enfrentamiento de sectores populares a las desmedidas imposiciones gubernamentales. 

Tanto ha sido el nivel de confrontación, que la justicia gubernamental se volvió plastilina. El diálogo pretendido entre actores de la oposición y agentes del gobierno, quedó sin oportunidades ni alternativas cónsonas con lo que pudo haber logrado lo políticamente ansiado por la unión organizada de factores de oposición. La inmadurez política demostrada por el régimen, hizo pensar que se estaba fraguando un Golpe de Estado desde el Imperio. Y con el auxilio de una oposición sectaria. Cuando contrario a dicho cuadro de falsedades, las realidades fueron el mejor retrato del engaño diseñado seguramente por colaboradores cubanos. La situación que de ello resultó, hizo ver que todo fue una manipulación concertada entre altos funcionarios con el propósito de asegurar el enroque sobre el cual ha venido sosteniéndose a duras penas, pues su popularidad se vino al suelo. La militancia del partido del oficialismo, se desgranó en tanto toletes como cuadros revestidos de decepción por el mal gobierno adelantado.

La furia producida en la maltratada población venezolana por tanto abuso gubernamental y humillación padecida, alcanzó su máximo apogeo cuando el gobierno -subestimando la indignación del pueblo- el pasado 11-A, convocó a un acto de masas en San Félix, Edo. Bolívar, con la burda excusa de conmemorar el bicentenario de la Batalla de San Félix. El enardecimiento y la iracundia contenida por dicha población, se tradujo en arrebato de violencia al término de un discurso presidencial cargado del más asqueroso populismo. A su salida, la comitiva presidencial fue objeto de contundentes y aireados reclamos, lo que no fue óbice para que le lanzaran huevos, tomates y piedras que dieron en la humanidad de algunos funcionarios y oficialistas. 

Tan inaudita acción, demostró que se perdió el miedo frente a la represión armada con la cual responde el régimen. Inclusive, con la impune intervención de civiles armados. Aunque el hecho no pasó a mayores, significó una abierta demostración de que el pueblo se hastió de tanta indolencia gubernamental. Su clamor es desatendido por el alto gobierno lo cual es entendido como descarada burla. 

De estos sucesos se aprendió que “quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna, no lo conseguirá. Pero terminará sabiendo manejar la honda” (Proverbio árabe). Es claro que todo ello no fue ninguna respuesta de amor o de apoyo al gobierno nacional, tal como fue insinuado por algunos afectos al régimen. Aunque si pudiera verse como una contrariada expresión de “amor” en tiempos de tiranía. 

VENTANA DE PAPEL
  
CAMBIO DE FRECUENCIA

La historia es reveladora y fehaciente testimonio del poder de la oración. No sólo la Biblia lo confirma. También, los hechos sucedidos en medio de tempestades físicas, espirituales, militares Y desde luego, políticas. Sobre todo, ante el furor que una crisis política incita pues las desgracias que éstas acarrean, no sólo inhiben libertades. También, inducen estampidas cuya fuerza de arrastre genera los peores vendavales y tsunamis que jamás se hayan visto o imaginado.

De ahí que la oración se convierte en un arma tan poderosa como la de mayor potencia. Aunque la diferencia estriba en que un arma militar tiene efectos destructores pues su objetivo es arrasar con una realidad que, a juicio de quienes dirigen la fuerza armada, entorpece propósitos encaminados a ganar espacios políticos sobre los cuales se articularán nuevos intereses. Más de naturaleza económica y mercantilista, que de otra índole que pueda animar el desarrollo económico y social. Aunque la historia revela crasas excepciones.

La oración, por su parte, tiene la capacidad de inducir emociones y sentimientos que igualmente producen un sacudón. Pero de espiritualidad. De tal forma y magnitud, que es capaz de transformar actitudes, cambiar perfiles, adecuar condiciones, modificar consideraciones y reformar aptitudes. Es decir, la oración provoca un cambio de frecuencia a nivel de todo aquello que es susceptible de variación hacia lo mejor, hacia lo sano y lo constructivo por cuanto incita el crecimiento de cuanta humanidad haya estado aletargada, paralizada o desviada del camino de la solidaridad, la comprensión y la verdad.

La oración trasmuta disposiciones. Pero más aún, la creencia de estar obrando en consonancia con el bien, cuando en el fondo podría estar causando el peor mal que puede animar una decisión tomada arbitrariamente, o al margen de toda consecuencia posible. La oración pronunciada desde el alma, tiene la potestad de lograr el equilibrio espiritual y asentir en su justo lugar, valores morales hoy tan deliberados. Pero igualmente, desatendidos por quienes viven ofuscados ante la tentación que brinda el poder como instrumento de violencia y como equivocado ejercicio de ordenamiento. La oración tiene el impulso para hacer ver que muchas intenciones políticas, tienen un errado asidero pues se dictaminan como órdenes sin siquiera considerar sus verdaderos alcances. La oración sabe develar el error que se comete cuando se abordan criterios de justicia, libertad, democracia, igualdad encapsulados en la ambición, la obstinación y el resentimiento.

Razones éstas, justifican la necesidad de orar desde el alma y con el convencimiento de su eficacia y trascendencia. La oración es pues el mejor instrumento para lograr la necesaria transformación que claman obtusas y confusas realidades siempre avivadas por una política retorcida. Más, la oración elevada desde lugares de crítica realidad, sin duda alguna, provoca un real y hondo “cambio de frecuencia”. 

“ Cuando la política gubernamental alude al amor como razón para reivindicar ideales, está desviando el sentido que estructura su concepción. Por eso, la política busca justificarse en su capacidad para entrometerse hasta en el amor y así manipular los intereses que lucen convenientes a sus ámbitos de intervención”


Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

lunes, 27 de marzo de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS - ¿IMPERTURBABLE TESTARUDEZ?

VENTANA DE PAPEL


Aunque suele ser por ratos, luce extrañamente contrariado comprender la ofuscación de quienes gobiernan Venezuela que sabiéndose perdidos o acorralados, se empeñan en continuar girando órdenes en la dirección de imponer su fracasada revolución bolivariana. Mas luego de tanto tiempo, vivir tan gruesa incoherencia, dicha preocupación se volvió reincidente. O sea, se cundió del mismo problema que genera el hecho de padecer la reincidencia acumulativa orgánica de alguna molestia.

Cualquier análisis sobre tan grave dolencia política, da cuenta de una flemática reticencia producida por la ceguera y sordera de quien cree tener ganarlas todas. Además, abstraído de las realidades cuando comportan efectos insidiosos. Porque no es posible aceptar, ni mucho menos adular, a quien en conocimiento del clamor popular ante la avalancha de problemas de índole estructural, no circunstancial, se aferra a pensar en lo contrario. Es decir, que por incapaz o soberbio, no reconoce dificultades muchas de las cuales están ante los ojos de cualquiera. Más, si se trata de la atención que debe prestar un gobernante con responsabilidad en la conducción de una nación.

Es lo que está aconteciendo en Venezuela toda vez que ante la falta de medicamentos y la carencia de alimentos, es decir de derechos constitucionales vulnerados por la desobediencia abierta de quienes gobiernan, el pueblo cae en una fase de depresión con la fuerza necesaria para arrastrar el país hacia estadios de violencia peligrosamente acentuados.

Es, precisamente, lo que cuesta comprender. Sobre todo, cuando faltan razones viables que justifiquen la conservación del poder por factores enquistados sin más resultados que la pronunciación de una crisis de carácter global. Esto conduce definitiva y compulsivamente, a que el país entre en una situación de franca animadversión para luego caer en serios enfrentamientos capaces de hundirlo a niveles freáticos de encarnada ebullición social. Ya la economía perdió su asidero operacional. La sociedad, se degradó al extremo que la anomia envolvió casi todas sus reacciones por lo que el desorden luce de difícil control para una fuerza policial-militar contaminada por la corrupción y la apatía de sus miembros.

El desarreglo venezolano, inspirado en revoluciones fracasadas, representa otra manifestación más de cuando la avaricia por poder se convierte en excusa para degradar la espiritualidad del hombre y colocarlo a merced de las coyunturas. Por eso, las dictaduras terminan rompiéndose por dentro. Es exactamente, lo que deriva de cualquier arribo al poder ganado sobre la ignorancia política de un pueblo, además engañado. Será lo que resulta de una ¿imperturbable testarudez?


 “Cuando se habla de una ciudad sin ley, pudiera pensarse en lo que constituye una ciudad a la deriva. O sea, a merced de los acontecimientos o circunstancias. Es en lo que se ha convertido cualquier ciudad venezolana, luego de que el régimen ha buscado desarreglar todo para que con el resultado de tan fatídica hazaña, pueda provocar la regresión del país a tiempos del oscurantismo, la ignorancia y del ocultismo. En ello converge el socialismo del siglo XXI”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

jueves, 23 de marzo de 2017

ANTONIO JOSE MONAGAS - EL SACERDOTE QUE LLEVÓ LA UNIVERSIDAD EN SU CRUZ

VENTANA DE PAPEL
(IN MEMORIAM AL PADRE JESÚS ABAD)

La decisión de invitar al Santo Padre, Juan Pablo II, en su visita a Mérida, en 1985, fue clave para que la Arquidiócesis adoptara la decisión de formalizar la creación de la Parroquia Universitaria, con sede en el recién estrenado Núcleo La Hechicera de la Universidad de Los Andes. Para su conducción, se escogió al Reverendo Sacerdote Claretiano, Jesús Abad. Tan determinante designación no pudo ser más acertada en términos del trascendental compromiso eclesiástico que, en lo sucesivo, iba a desarrollarse. Ni tampoco, más acorde con el profundo sentimiento de educador de Jesús Abad, dada su condición de ser hombre de magisterio.

Nunca el concepto de Universidad se vio más y mejor comprendido, que con la llegada del Padre Abad a la Universidad de Los Andes. Lo que recita el artículo primero de la Ley de Universidades, de que “es una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre”, fue palabra santa y juramento de vida del padre Abad. Asentó y afianzó su labor eclesiástica y docente en tan profundo concepto. Su trabajo pastoral lo desarrollo convirtiendo la capilla universitaria en bastión de comunión. Ahí reunió a la comunidad universitaria. Trabajó exaltando la espiritualidad como razón en la búsqueda de la verdad y en la exhortación de los valores morales del universitario. Misiones de catequesis, de evangelización, de divulgación, de información y de acercamiento con la comunidad aledaña, hizo del Padre Abad el sacerdote a quien todos solicitaban el camino para acercarse a Dios desde el recodo emocional que habita en los sentimientos de cada feligrés universitario o vecino de la Parroquia Universitaria.

Como profesor de Ética Profesional en la Escuela de Derecho, fue respetuoso de cada proyecto de vida que encarnaban sus alumnos. Como sacerdote, su devoción alcanzó a los vecinos de Los Curos. En los predios de tan populoso sector merideño, compartió la labor evangelizadora de la Iglesia Católica merideña con otros sacerdotes claretianos.

Su vida fue la del incondicional amigo, solidario y desprendido de todo cuanto fuera expresión de presunción. Fue el verdadero pastor de almas, jardinero espiritual de corazones ganados al Cielo. Fue lo que el nombre de la Capilla Universitaria exaltaba: Jesús Maestro. Fue un hombre esculpido en la sencillez por lo que conquistó el aprecio y admiración de todos quienes lo conocían y trataban. Su afecto desbordaba sinceridad y hermosa humildad. Su amor no cabía en su cuerpo, porque lo respiraba desde el alma. Fue el sacerdote que llevó la Universidad en su cruz. 

“Toda universidad que no respete y siga el curso de lo que su autonomía le exige y determine, es tristemente algo convertido en reducto de la intelectualidad que presta su nombre y brinda sus esfuerzos en la dirección equivocada de coadyuvar al desarrollo de realidades que le son inmanentes a su complexión”


Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

lunes, 13 de marzo de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, SIMPLIFICAR LA UNIVERSIDAD

VENTANA DE PAPEL

En los predios de un país asediado por la violencia, la ilegalidad, la ilegitimidad y la discordia, por nombrar las características menos insidiosas, se viven agudos desafíos de cara a problemas profundamente lapidarios cuyo nivel de infección ha contaminado la dirigencia encargada de conducir los destinos patrios. Especialmente, por los caminos de la incertidumbre, la impunidad y la desmoralización de la gente. Sin embargo, lo peor o más arduo que hace palidecer a cualquier actor político-institucional nacional, no es lo que deja verse a instancia de la aguda crisis que caracteriza una situación-problema de tal magnitud.

Lo que más estrago causa frente a variables de tanta trascendencia como son el tiempo y el espacio sobre el cual se extienden los efectos de tan grave hecho, es la pérdida de valores que desboca en una crisis de conciencia y libertades. Una crisis cuyos indicadores y expresiones del alcance de sus daños, reposan en medio de lo que fundamenta el conocimiento. Y el conocimiento como manifestación de lo que moviliza a una sociedad y su economía, su cultura y su ciencia cuyo desarrollo se da en correspondencia con el saber acumulado, sólo se asienta en la funcionalidad de sus universidades. Aunque, tristemente, esta concatenación de frentes que hablan por una realidad preocupada por su futuro, sólo puede ser comprendida por la dirigencia de una sociedad con una sensibilidad de alta reciprocidad y de expedita velocidad de respuesta.

El caso que representa Venezuela, en términos de su convulsionada situación, es profundamente conmovedor. El carácter “revolucionario” que se arroga su dinámica política, definitivamente poco o nada ha sintonizado el llamado que hace la academia universitaria para exaltar el significado de sus catalizadores de más resonancia y efecto operativo. Quizás, el que mayor reconocimiento tiene, razón por lo cual debe otorgársele el puesto clave en función de la responsabilidad que maneja, es el de la autonomía universitaria. Tanto así, que la propia Constitución Nacional le concedió un papel de predominante postura. Tiene categoría constitucional.

El problema se suscita toda vez que el gobierno se halla sin la capacidad y comprensión suficiente para compadecerse de las dificultades que encara la universidad al no contar con la disposición que por ley debe brindársela desde el presupuesto de la nación. 

Contrario a todo ello, personajes gubernamentales se empecinan por cerrarle el paso a las universidades nacionales a través de la violencia amedrentadora. De esa forma, se empeñan en perturbar sus programaciones y condiciones mediante dictámenes dictatoriales que sólo buscan reducirlas a su mínima expresión. Por eso hablan de “simplificar” la Universidad. 

Las contrariedades infundadas por un gobierno envuelto en problemas de corrupción y trampas, hace tanto daño a la moral de su pueblo, que por causa de dicho embrollo ese pueblo tiende a adoptar una conducta totalmente agresiva y descarriada

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

miércoles, 1 de marzo de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, FERIAS SIN LEY

VENTANA DE PAPEL

Cuando las bajas pasiones toman por asalto las realidades sociales, desaparece el esplendor de la vida pues se embotan los esfuerzos y se relajan los momentos. De ahí aquel dicho popular que reza: “dale migajas a un pueblo hambriento y se desquiciará su conciencia”. De ello resultará una aborrecible contracción de la noción de ciudadanía hasta convertirla en nauseabundos despojos. Sólo que de los mismos, se aprovechará todo gobierno fachoso de una gestión pública en forzado curso, en su desesperación por ensanchar su poder político.

Problemas de esta índole, degeneran no sólo en tragedia moral. También de naturaleza fáctica afectando toda una comunidad. Aunque debajo de tan nebulosas realidades, se encuentra emplazada la manoseada estrategia política de “pan y circo” que suele emplear todo gobierno soliviantado por vulgares apetencias. Es el caso del gobierno venezolano. De esa manera, hace posible apaciguar y distraer la atención de la población mediante la presentación de espectáculos emplazados con el fin de mantener la gente ocupada en cuestiones que sólo emborrachan aspiraciones y zarandean actitudes.

Cuando ante problemas sustantivos, un gobierno se entrega por completo a organizar y producir actos de características feriales, es porque en su intención reposa la idea de privar al pueblo de sus razones para expresar sus disgustos. Esa misma población se envicia tanto, que hasta hipoteca su malestar social, político o económico por fiestas que le induzcan el olvido necesario conveniente a los intereses del gobierno. Esto no es otra cosa que “pan y circo”. O “pan y fútbol”, como le llaman en otros países. Pero que bien acá, podría hablarse de “pan y toros”.  O lo que significa una aviesa manipulación y depravada banalización y degradación de valores cívicos que, en otra coyuntura, sustentarían la moral y el civismo como recursos políticos capaces de despertar conciencia y exaltar razones de crítica ante cualquier género de dificultades.

Es pues contraproducente que en el centro de la crisis de acumulación y del otro tipo de crisis de dominación que agobia al venezolano, todavía hay quienes siguen convencidos de que estas distracciones públicas tienen el acento de una gestión gubernamental con sentido social compensatorio. 

De manera que resulta lamentable que el pueblo haya desarrollado una adicción a recibir favores políticos en forma de fiestas y ferias. O que en nombre de santos, vírgenes o bondades de la naturaleza, depusiera sus deberes de ciudadanía lo cual ha llevado a convertir el país, desde sus ciudades y poblaciones, en burdos motivos para justificar a duras penas, ferias sin ley.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

domingo, 12 de febrero de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ENTRE GRITONES, CAMORREROS Y ABUSADORES

PIDO LA PALABRA 

Y fue así como el país político hizo un salto (al vacío), un quiebre de erradas proporciones, en su historia política contemporánea.

La vida del país cambio casi radicalmente. Fue, quizás, el resultado más contundente que arrojó la llegada de la “revolución”. 

No hay duda. El país se descompuso. Pero no sólo se imprimieron daños a su estructura urbanística, a su condición moral y a su dirección de vida. También, se afectó en cuanto al régimen político que se estableció luego del advenimiento de una pléyade de militares defraudados y derrotados por decisión propia. Pero igualmente, por la desesperación de verse y sentirse asfixiados por la voracidad de gobernar en nombre de una historia por ellos mismos usurpada.

Desde que este grupo de equivocados conductores de procesos políticos, sin conocimiento alguno de los modos de operar la política apostaron a alcanzar propósitos sin mayor contenido, además con determinaciones infundadas sobre postulados militares con lo cual ganaron el espacio político necesario para gobernar un país sacudido por la crisis de Estado que venía desarrollándose desde la década de los ochenta, Venezuela comenzó su veloz rodada cuesta abajo. Sin un freno que al menos paliara los desórdenes que sus atribulaciones fueron causando en tan perturbado recorrido. Su interés estuvo centrado en generar más reacciones pasionales, que lo que sus promesas y ofertas electorales habían planteado. Detrás de cada pretendido programa o acción de gobierno, iba disfrazado toda una ristra de objetivos preparados alevosamente con el único fin de enquistarse en el poder a costa de todo.

 “El poder por el poder”. “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Consignas éstas que sin necesidad de ser divulgadas, iban camufladas. Aún así, no dejaban de exudar el hálito corrosivo del fascismo. Por cierto, bastante disimulado. Para entonces, estaba ya asintiéndose un estilo de gobierno con aires despóticos. Los años del primer quinquenio del siglo XXI, comenzaron a trazar un camino con un nauseabundo olor a totalitarismo. Aunque fumigado con aires de un populismo embadurnado por los abultados ingresos que sólo podía conseguirse del mercado petrolero.

De hecho, estos militares con ínfulas de gobernantes, comenzaron a afilarse las uñas para de esa forma afincar sus ambiciones políticas en cuanto proyecto de gobierno presentaban al país. Fue momento para dar cuenta de una reforma constitucional que pretendió imponerse por vía de la coerción y la amenaza. Pero esta idea no logró levantar el vuelo que la perfidia de sus estrategas calcularon. Sin embargo, apelaron a la fuerza de los poderes públicos en sus manos. Y fue así como el país político hizo un salto (al vacío), un quiebre de erradas proporciones, en su historia política contemporánea. Se abrió un nuevo período de mayor beligerancia cuyo espacio en el tiempo consintió que se dieran nuevas contingencias que, a su vez, permitieron las posibilidades para poner de manifiesto la procacidad e irreverencia contenidas en las vísceras de estos militares.

Fue así como se llegó a la segunda década del siglo XXI. O sea, entre golpes y traspiés. Pero que, sin pausa pero con prisa, fueron desacomodando la democracia que con dificultad logró instalarse desde 1958. La ideología sobre la cual se montaba el encubierto totalitarismo, mal llamado socialismo, desbordó el terreno político para intervenir espacios de la sociedad y hasta de la familia venezolana. Y aunque a la actualidad, todavía no se ha establecido una ideología única de manera obligatoria, el panorama viene decreciendo y oscureciéndose a consecuencia del carácter impositivo y carente de toda sentimiento de desarrollo económico y social, propio del estilo del régimen militarista. Sobre todo, cuando cada morisqueta del cancerbero mayor es recibida por su gente entre aclamaciones y aplausos. Particularmente, sin llegar a reconocer el tamaño del daño que está haciéndose sobre el futuro de la nación. Quizás por desconocimiento o simple interés, dado el beneficio que creen poder recibir en el curso de sus halagos y alabanzas ante el poder. O sencillamente, porque actúan sin entender que su proceder sólo refleja cruda manipulación que se da al interior de un macabro juego político realizado entre gritones, camorreros y abusadores.

VENTANA DE PAPEL
¡ABAJO CADENAS!

Tristemente, las cosas en este país se desenvuelven al revés. Y asimismo se resuelven.  En esta onda de graves contradicciones, se violenta la Constitución, se atropella al ciudadano, la corrupción rebasa los límites de la arbitrariedad, la violencia social cunde toda realidad. ¿Y qué decir de la violencia política o la violencia institucional, cuando las realidades se ven aplastadas por sus efectos?

Las instituciones gubernamentales casi ni funcionan pues lejos de sus objetivos, se han dedicado al proselitismo político con cínico descaro. La administración pública se extravió entre compromisos foráneos que, por extemporáneas razones, desatendió su naturaleza como servidora de la ciudadanía y garante de justicia.

En medio de tal revuelo, había que justificar las ejecutorias del gobierno mediante la imposición de un modelo político que no sólo encubriera tan exagerados disparates, sino también que permitiera el desorden administrativo como fundamento de una mal llamada “revolución bolivariana”. Así, con la depravación que representaba sustentar tanta dispersión de recursos y esfuerzos, tanta desintegración del sentido venezolanista sobre el cual se han forjado valores cívicos, morales y familiares, surge el término “socialismo del siglo XXI”. Precisamente, para retrotraer el país hacia niveles de depauperación económica, debilidad social y anemia política. Por eso se exalta la pobreza y se alaba la miseria.

En esas condiciones, será fácil incitar conductas de genuflexión y subordinación que permitan al gobierno erigir una sociedad de uniformados, sumisos y aduladores. Pero la Venezuela demócrata no es dócil. La historia ha demostrado su tenacidad. La sociedad venezolana siempre ha actuado entendiendo que “la fuerza es la unión” y según el sabio aforismo convertido en grito de lucha: ¡Abajo cadenas!


 “En el seno de todo gobierno que acude a la fuerza para imponer sus decisiones, sólo se consigue entre los recursos a los que apela para acometer sus propósitos, la miseria humana de sus gobernantes”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

lunes, 30 de enero de 2017

ANTONIO JOSE MONAGAS, ¿DEMOCRACIA SORDA, CIEGA Y MUDA?

VENTANA DE PAPEL
UNIVERSIDADES CHANTAJEADAS

Aunque es bien sabido que la democracia es una forma de gobierno, su praxis se ha deformado por causa de criterios engañosos que han dejado ver que el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que exhorta la Constitución de la República, no es gobierno de todos, ni por todos ni para todos. Escasamente es el gobierno de unos pocos quienes usurpan los derechos de otros para su beneficio particular.

El compromiso constitucional mediante el cual queda determinado que Venezuela, dada su condición de Estado federal descentralizado, se rige por principios de cooperación, solidaridad concurrencia y corresponsabilidad, tanto como por preceptos que enaltecen valores políticos como la inclusión, la participación y el pluralismo, es enteramente pertinente. Más, porque exalta valores sociales y económicos que se plantean el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, la promoción de la prosperidad y bienestar de los habitantes de la patria de Bolívar. Pero según las realidades propias, estos ideales se han visto vulgarmente abolidos de un plumazo. Sobre todo, por el necio afán del presidente en su desquicio por zarandear los sentimientos y anhelos democráticos de los venezolanos.

En medio de un mediocre ejercicio democrático, los actuales gobernantes han demostrado suma incapacidad para actuar en la dirección de construir un país con plena conciencia de sus potencialidades afectivas y productivas. El bullicio que dicho desgobierno provoca, inhibe disposiciones normativas que sólo reflejan la descomposición institucional la cual incita el necesario desorden jurídico para actuar al margen de la esfera constitucional. Así sería posible pensar un Estado de Derecho sin participación determinante de la opinión lo cual pareciera seguirse en el país para evitar la presencia de medios libres y pluralistas. Por supuesto, en los predios de una presunta democracia, que además podría acusarse de ¿democracia sorda, ciega y muda?
 
La universidad es fuente de lucha por la democracia. Históricamente así ha sido.

Por esa razón, sería absurdo pensar que por el hecho de que una institución universitaria autónoma sea alimentada financieramente por compromiso gubernamental, deba arrastrarse la universidad a los pies del gobernante quien por fungir de omnímodo, pretende hacer que la universidad sucumba ante el poder político y económico que ese gobernante infundadamente se arroga”


Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

jueves, 26 de enero de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA DESIGUALDAD COMO EXPRESIÓN DE DICTADURA

VENTANA DE PAPEL

Aunque existen muchas formas forma de robar y de abusar, muchas de ellas son legales. Las leyes permiten y amparan delitos cometidos bajo condiciones especiales. Los mismos legisladores son parte interesada y por tanto, juegan a la impudicia amparando fechorías que disfrazan para suponer actos de legítima facturación. Con base en tan absurdos criterios pero ciertos y contundentes, se consolidan estados-naciones. Sobre todo, aquellos política y económicamente encarecidos por el despotismo, la arbitrariedad y el autoritarismo propio de regímenes que se suscriben a modelos políticos intransigentes.

Por muchos valores políticos y morales que exalte la Constitución de un país, no necesariamente el ejercicio de su gobierno es significado de solidaridad, tolerancia y dignificación de la persona. Generalmente, las realidades son demostrativas de condiciones bastante alejadas de la teoría que registra la ciencia política o la ciencia administrativa.

A pesar de protestas que objetan la indebida apropiación de la economía por parte de un Estado retorcido por la obstinación, incapacidad y resentimiento de sus artífices, ha venido fortaleciéndose la idea de consolidar un Estado absoluto. De un Estado en manos gubernamentales pues en el propósito de centralizarlo y dominarlo todo, está la razón de un gobierno suspendido sobre los fundamentos que le proporcionan el manejo del Estado desde una perspectiva que abarque la mayor parte de lo que puede fungir o ser declarado de interés estratégico. Sólo que los criterios para calificar el carácter estratégico de algún elemento público-nacional, es potestad de una sola parte y que no es otra que la representativa del gobierno.

Es el caso específico de cuanto sucede en Venezuela provocando la degeneración de procesos fundamentales para la vida de la nación. Sobre todo, a consecuencia de ambiciones de gobernantes que siguen viviendo sin escrúpulo alguno. Sólo, atendiendo intereses personales obviando todos aquellos que configuraron promesas de campaña electoral. Ha sido así como el concepto de igualdad que suscribe la Constitución Nacional, ha resultado tristemente un “saludo a la bandera” para no decirlo con la beligerancia que merece el hecho de repudiar tanta desvergüenza asentida en cada decisión gubernamental.

El concepto de “igualdad” pareciera no comprenderse en su exacta acepción. No solamente ha sido descontextualizado en su ámbito político. Igualmente, social y económicamente lo cual trastocó la naturaleza de la democracia pretendida habida cuenta de ser un valor que en principio asistió la necesidad que vieron los griegos hace más de dos mil quinientos años para validar el sentido y composición de la democracia.

De manera que resulta incomprensible utilizar el término “igualdad” para rellenar frases que exaltan libertades y derechos humanos y que luego se tornan huecas en su aplicación por cuanto su interpretación es vulgar y alevosamente manipulada. El “quítate tú para ponerme yo”, tal como suena, es consecuencia de la manera demagógica como es traducido el concepto de “igualdad” cuando se impone la arbitrariedad como recurso de dominación. O cuando se actúa según el crudo aforismo de: “lo ancho para mí, lo angosto para ti”. De ahí que las tiranías buscan someter sus pueblos con el manejo perverso de situaciones coloreadas con el valor “igualdad” sin siquiera considerar el talante moral y semántico de su contenido filosófico. Por eso, en cualquier régimen autocrático, y es la patética realidad que se asoma en Venezuela, se tiene la desigualdad como expresión de dictadura. 

Cuando un gobierno actúa al margen de fundamentos de teoría económica dirigidos a reordenar la vida nacional en función a objetivos que impulsen la calidad de vida, le toca actuar contrariamente a la lógica. Así justifica el gasto realizado sin posibilidad de garantizar resultados loables.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

lunes, 16 de enero de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ¿MENGUADO O ATIBORRADO DE PODER?

VENTANA DE PAPEL

La situación política venezolana, no es nada fácil. Tampoco sencilla de comprender. Alrededor de ella, intervienen múltiples variables que aparte de enmarañadas, son sumamente volubles o inconstantes en virtud de su tendencia a cambiar permanentemente de dirección, sentido y magnitud. El Acuerdo emitido por la Asamblea Nacional, el pasado 9 de Enero 2017, propende a sacudir todo con el propósito de despejar las rutas que han dificultado el camino hacia la reconquista de las libertades. Pero también, ha tendido a revolver todo por cuanto las opiniones no sólo son encontradas. Igualmente, porque son de diversa factura conceptual. Muchas de las mismas, provienen de vaporosos análisis jurídico-legales, tanto como de frágiles criterios políticos que buscan más confundir que aclarar.

En total, el panorama es profundamente serio. Sobre todo, por la participación o intervención de actores políticos en medio de lo que pretende ser un diálogo entre las partes en conflicto. O sea, entre la oposición democrática representada por la Mesa de la Unidad Democrática, y el Alto Gobierno, encarnado por personajes cuya intransigencia y soberbia dificulta el entendimiento necesario a los fines de llegar a mutuos arreglos.

Sin embargo, los compromisos asumidos con la intención de lograr la resolución de los problemas en discusión, no terminan de fraguarse dado el carácter indolente, irrespetuoso y de morbo con el cual actúa la parte gubernamental. En medio de tan exacerbado estado de acusaciones, el Poder Legislativo, con base en las funciones de control que le confiere la Constitución de la República sobre el gobierno y la Administración Pública nacional, dictaminó el abandono de las funciones constitucionales inherentes al ejercicio de la presidencia de la República.

En consecuencia, la Asamblea Nacional decidió asentir, de conformidad con los artículo 232 y 233 constitucionales, que ha habido abandono del cargo por parte del presidente de la República. Ciertamente, hay hechos demostrativos de haberse generado una grave ruptura del orden constitucional y democrático derivada de la violación de derechos humanos, del quebranto de la economía nacional y de los delitos cometidos en contra de la integridad republicana sucedido en los más recientes años. Por lo tanto, luce inminente restituir el orden democrático pautado constitucionalmente de la forma no sólo más urgente, sino más eficaz y con el mayor sentido de paz posible.

Precisamente, ante tan enrarecida y anormal situación, resulta atinente preguntarse sobre el alcance de la susodicha decisión legislativa, sus implicaciones y secuelas. Pero al mismo tiempo, examinar si acaso, entre las razones de la presente, situación se encuentra el dilema que encoleriza a gobernantes con ínfulas de dictadores. Y es si el régimen, luego de su franco y continuo fracaso político, puede verse en el centro del problema luego de comprender que los problemas que ha sobrellevado, ha provocado que advierta estar en medio de una situación  ¿menguado o atiborrado de poder?


 “Cuando el lenguaje de la política no se concilia con un verbo respetuoso y culto, están sentenciándose interpretaciones que van a exaltar reacciones tan viscerales como la violencia que de dicha situación puede devenir”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

sábado, 14 de enero de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, EL DESTAPE DE LA LOCURA

VENTANA DE PAPEL

Si bien es posible de alguna forma asentir algún mínimo esfuerzo por ordenar la obstruida funcionalidad del país político-económico, también deberá admitirse que con la decisión del nombramiento del gabinete, hecho éste ocurrido el miércoles 4 de Enero, 2017, a manera de regalo de Reyes Magos, las posibilidad de reconciliación que venía animándose, aunque con evidente debilidad, se vino a pique. 

Lejos de haberse tomado un giro en la conducción del país que diera como resultado el inicio de un tímido cambio que generara la paz de la que tanto habla cada discurso presidencial, las condiciones se invirtieron. O mejor dicho, regresaron a un punto en el cual la inflexión es nula o negativa. 

Y no puede ser de otra forma, toda vez que los nombramientos recayeron en personas no sólo precarias en ideas de reconstrucción de la democracia perdida. 

Peor aún, precarias en iniciativas para enfrentar juntos, como país nacional, los retos de la reindustrialización, el llamado de la unión, la incidencia de una incertidumbre mal definida y los desafíos de una crisis que afecta a todos por igual. O al menos, así pareciera. 

El inicio de 2017 se ha dado entre decisiones asumidas con el mayor desparpajo posible. Con la mayor saña posible y el resentimiento más encendido. De hecho, el nombramiento de los nuevos miembros del Poder Ejecutivo, es expresión de todo un diseño retorcido de lo que estos gobernantes han entendido como “gestión de gobierno”. O sea, ejercer el poder con los recursos que les provee el resentimiento, el odio, la venganza, el sectarismo y la retrechería. Indistintamente de si ello apunta a la “radicalización de la revolución” o la “cubanización de Venezuela”, el problema seguirá fundamentándose en el establecimiento de un régimen autoritario, totalitario, arbitrario y despótico. O sea, un gobierno dictatorial. Es decir, el destape de la locura. 

Decisiones apresuradas, casi siempre son garantía de fracaso. Y en política, este problema sigue minando el camino hacia la consecución de respuestas signadas de la armonía necesaria que demanda el desarrollo de los pueblos.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela