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miércoles, 30 de enero de 2019

PEDRO BENÍTEZ, ¿ES POSIBLE UNA FRACTURA EN LA FUERZA ARMADA DE VENEZUELA? ‏


¿Por qué el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López, advierte del riesgo de guerra civil en Venezuela? 

Esta sólo es posible si hay una fractura en el mundo militar. “Estamos para evitar un enfrentamiento entre venezolanos, no es la guerra civil, no es la guerra entre hermanos la que va a solucionar los problemas de Venezuela, es el diálogo”, dijo este jueves el ministro. ¿Qué ocultan las palabras del general que sostiene a Maduro en el poder?

Pasaron casi 24 horas desde que Juan Guaidó asumiera formalmente el cargo de presidente encargado de Venezuela para que el generalato de la Fuerza Armada Nacional (FANB) renovara públicamente su respaldo a Nicolás Maduro.

Por boca del ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López, afirmó que para ellos el único presidente es Maduro. Calificó como reprochable y gravísimo el acto por medio del cual Guaidó asumió la Presidencia con respaldo de la Asamblea Nacional (AN) en medio de un gigantesco “cabildo abierto” en una de las principales avenidas de Caracas.

Flanqueado por los comandantes de la Aviación, el Ejército, la Armada, la Guardia Nacional, la Milicia y los jefes del Ceofanb (es decir, del generalato), Padrino López acusó a la AN, sin nombrarla, de fraguar un golpe de Estado con apoyo extranjero e intentar instalar un gobierno paralelo.

Hasta allí lo previsible. Pero luego del ya trillado discurso de ocasión agregó lo novedoso:

“Los militares hemos aplaudido la opción del diálogo, porque la guerra no es nuestra opción”.

“Los que llaman a la guerra no saben lo que convocan, nosotros, los militares, estudiosos de la guerra, sabemos las consecuencias”.

“Estamos para evitar un enfrentamiento entre venezolanos, no es la guerra civil, no es la guerra entre hermanos la que va a solucionar los problemas de Venezuela, es el diálogo”.

“Agradecemos la voluntad de los gobiernos que han propiciado un diálogo. Que propician el diálogo”.

Compuesto por civiles, el movimiento antichavista nunca ha contado con grupos armados a su disposición, ni los ha intentado organizar; al contrario del chavismo que no se ha conformado con el control de la FANB y de las policías, sino que además ha organizado o patrocinado grupos paramilitares urbanos

Padrino dio la clave, el temor de los altos jefes militares venezolanos: la guerra civil. No habló de invasión sino de la guerra entre hermanos. Sin embargo, una guerra civil sólo es posible si la FANB se divide. Él lo sabe.

El temor a que un enfrentamiento dentro de la institución entre partidarios y adversarios de un gobernante derivara en una guerra civil fue lo que llevó a los presidentes-generales Isaías Medina Angarita (1945) y Marcos Pérez Jiménez (1958) a abandonar el poder.

En el caso concreto de la Venezuela actual, a los ojos del alto mando militar esa posibilidad se potencia por el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos, Brasil y Colombia a la Asamblea Nacional y a Guaidó.

Hasta ahora prácticamente nadie ha hablado con seriedad de esa posibilidad en Venezuela. Son los altos jefes militares los que en este momento la plantean abiertamente.

Compuesto por civiles, el movimiento antichavista nunca ha contado con grupos armados a su disposición, ni los ha intentado organizar; al contrario del chavismo que no se ha conformado con el control de la FANB y de las policías, sino que además ha organizado o patrocinado grupos paramilitares urbanos (los colectivos), aparte de la ya conocida alianza con las FARC y el ELN de Colombia.

Pero por las palabras del general Padrino se colide que eso podría cambiar. Y eso (insistimos) sólo es posible si un sector muy amplio de la institución militar (donde bulle el descontento) no está por defender a Nicolás Maduro, sino por todo lo contrario.

Y así, Padrino vuelve una vez más a recurrir a la carta de la que ya ha hecho uso para mantener alineada a la FANB desde que asumió como ministro en 2014: el diálogo.

A partir del momento en el cual culminó la intervención de Padrino, como si se tratara de un guion, el tono del discurso de los jerarcas del régimen chavomadurista cambió. Pocos minutos después el presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) aún leal a Maduro, Maikel Moreno, invito al Poder Legislativo a que “deponga la actitud de desacato y se incorpore con nosotros”. “Nuestras manos siguen extendidas, esperando de ustedes un entendimiento sano. Esta casa de justicia también es de ustedes”.

Un tono muy alejado del que exhibió el día anterior el presidente de la Sala Constitucional de ese Tribunal, cuando exhortó a la Fiscalía a tomar acciones contra los procedimientos de la AN y su presidente.

¿Por qué no detienen a Guaidó?

Pero el fiscal general designado por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Tarek William Saab, no ha hecho (por ahora) eso. En la intervención pública que siguió a la del TSJ remachó su apoyo a Maduro, acusó a Guaidó de golpista, pero no ordenó su captura o el inicio de un proceso penal contra quien supuestamente está dando un golpe de Estado. Eso pese a que desde el 21 de enero, el TSJ le ordenó determinar las responsabilidades penales, civiles y administrativas de los miembros del Parlamento venezolano.

¿Retrocede el régimen? ¿A qué espera? ¿Lo tiene paralizado y sorprendido la reacción internacional y la masiva protesta dentro de Venezuela? ¿Quiere ganar tiempo mientras se prepara para el contragolpe?

Pero por las palabras del general Padrino se colide que eso podría cambiar. Y eso (insistimos) sólo es posible si un sector muy amplio de la institución militar (donde bulle el descontento) no está por defender a Nicolás Maduro, sino por todo lo contrario

En cualquier caso, esta no es la reacción acostumbrada del chavismo, que suele actuar de manera implacable, y que por mucho menos de lo hecho por el presidente Juan Guaidó ha encarcelado a otros dirigentes opositores.

Por su parte Maduro trata de agarrarse del salvavidas que le lanzan gobiernos como los de Uruguay y México: “Estoy de acuerdo en una iniciativa diplomática para el diálogo, para el acuerdo, la negociación. Hablar, oírnos y entendernos y que acudan todos los sectores de la nación”.

No es la primera vez que manifiesta esto y como en otras ocasiones es obvio que trata de ganar tiempo. Espera que sus adversarios bajen la guardia y que la presión, sobre todo interna, se desgaste con el tiempo como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Es una de sus conocidas tácticas. Pero, ¿el resto de los dirigentes civiles y militares del régimen lo acompañarán es esta ocasión?

Maduro no es sincero. Suficientes pruebas para llegar a esta conclusión ha dado en el pasado. No obstante, sí puede ser una alternativa política que con pragmatismo asuma tanto el generalato como un sector del chavismo, como los gobernadores Rafael Lacava y Héctor Rodríguez (que esperan tener un futuro político y vienen abogando por esa tesis), siempre dejando claro que cualquier negociación es a partir del punto de reconocimiento de Maduro como presidente.

Pero desde el lado de los partidos que controlan la Asamblea Nacional, de Juan Guaidó y de los gobiernos del Grupo de Lima y de Estados Unidos, las cartas parecen echadas: Maduro tiene que irse y cualquier negociación es sin él.

Esa negociación es también, por cierto, la opción más razonable para otro actor del drama venezolano: Cuba, hoy sometida a una tremenda presión por parte de Estados Unidos. Sólo queda por ver cuán sincero es el planteamiento del general Padrino.

En resumidas cuentas, el diálogo es la táctica a la que Maduro va a apelar en los próximos días mientras intenta detener la escalada de presión internacional, particularmente de Estados Unidos.

Pero este jueves, mientras expresaba su voluntad de dialogar, con la otra mano sus siniestras Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) reprimían y cazaban a manifestantes que han protagonizado los disturbios de las tres últimas noches en los barrios más pobres de Caracas.

Pedro Benítez
@PedroBenitezF ‏

viernes, 11 de diciembre de 2015

PEDRO BENÍTEZ, LA SEGUNDA MUERTE DE HUGO CHÁVEZ ES POLÍTICA Y ELECTORAL

Chávez pensó haber dejado todo atado y bien atado. Pero nunca en Venezuela un gobierno había perdido unas elecciones parlamentarias más o menos libres de manera tan contundente. Ni siquiera los militares en las elecciones que finalmente desconocieron en diciembre de 1952.
En septiembre de 1981 falleció Rómulo Betancourt y 17 años antes había abandonado la Presidencia de la República. Dos años después, en diciembre de 1983, su partido obtenía la más grande victoria electoral con la elección de Jaime Lusinchi. Cinco después, en 1988, revalidaría su predominio político con otro triunfo. Luego vendrían los años de las dificultades, pero AD mantendría su predomino hasta la elección de Hugo Chávez en 1998 y el proceso constituyente de 1999.  En total, el esquema de poder político diseñado por Rómulo Betancourt le sobrevivió 17 años.
Hoy sigue siendo una referencia obligada para los que estudian la política y la historia venezolanas. Que se sepa, Betancourt nunca pretendió haber diseñado un sistema político para la eternidad. Simplemente había dado un aporte muy importante, junto con otros de su generación, a la construcción de la democracia en Venezuela.
Para Jorge Olavarría y José Vicente Rangel, Hugo Chávez fue el sepulturero de ese proyecto histórico.
Así, que como lo que es igual no es trampa, valga la comparación:
Oficialmente Hugo Chávez falleció en marzo de 2013. Un mes después, el heredero designado por él para dirigir el gobierno y el partido, se imponía por un estrecho margen en una cuestionada elección de presidencial. En diciembre de ese año, el PSUV confirmaría claramente su predominio electoral en las elecciones municipales.
Dos años después, diciembre de 2015, hemos sido testigos de la mayor debacle electoral de un grupo en el poder en Venezuela.
Sí, el sistema electoral concebido por el chavismo sobre representa a la mayoría, que las candidaturas de la MUD a la Asamblea Nacional alcanzaran las 99 o 100 curules era lógico. El PSUV más sus aliados lograron 98 en 2010, en un país polarizado. Pero que la oposición unida alcance los dos tercios, ante un partido que está en el poder, disfrutando de todas sus ventajas, solo tiene precedentes en las elecciones que se hicieron en Polonia en 1989 cuando el comunismo se venía abajo en Europa Oriental.
84Un resultado así no es normal en elecciones de este tipo en ninguna de las democracias modernas.
El Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela estuvo a solo un voto de esos dos tercios en Sudáfrica en 1999.
En la elección a la Asamblea Constituyente de 1999, los candidatos de Chávez lograron el 90% de los puestos, gracias a un sistema electoral diseñado por Nelson Merentes precisamente para  garantizarles un predomino absoluto. Fue una elección sin ningún rastro de representación proporcional.
Por cierto, de haberse aplicado la misma regla el domingo pasado, el oficialismo habría obtenido 20 diputados menos.
Un resultado como el de esta elección sólo tiene antecedentes en nuestro país en los comicios para elegir las asambleas constituyentes de 1947 y la de 1999. Con un detalle: ganaron los que la convocaron ya estando en el poder, AD y el Polo Patriótico.
Nunca en Venezuela un gobierno había perdido unas elecciones parlamentarias más o menos libres de manera tan contundente. Ni siquiera los militares en las elecciones que finalmente desconocieron en diciembre de 1952.
El chavismo logró el control total de la Asamblea en 2005 gracias a la abstención de la oposición. Pero en las elecciones parlamentarias de 2000 y 2010, aunque consiguió cómodas mayorías, estuvo lejos de los 110 diputados, pese a las manipulaciones del sistema y al ventajismo.
Chavez4Es un éxito para la alianza opositora que supera todas las expectativas previas. Pero como suele ocurrir en todas las elecciones, en todas partes, no es la oposición la que las gana, es el gobierno el que pierde.
En este caso, de qué manera.
De confirmarse los resultados (por encima de 112 diputados) los representantes electos de la MUD tienen  casi un mandato constituyente.
El país se le volteó al chavismo, como se le volteó a AD y a Copei en 1998.
Para Chávez su proyecto había llegado para quedarse. Era eterno y de alcance mundial. El socialismo del siglo XXI ofreció “salvar la especie humana”.
Por lo visto, no ha sobrevivido mucho.
Como Francisco Franco, Chávez pensó haber dejado todo atado y bien atado. La hegemonía político-institucional del PSUV sería respaldada por una hegemonía comunicacional, una sujeción de todos los aspectos de la vida económica y social del país al petro-estado rojo-rojito, y unas Fuerzas Armadas comprometidas con el proceso.
Además, un firme respaldo de los gobiernos aliados en el exterior. Nada de eso ha servido.
Todos esos factores están jugando en contra del chavismo en estos momentos.
La oposición le ha arrebatado al chavismo la legitimidad electoral, su principal atractivo en el ámbito internacional.
Ahora es que el chavismo va a comprender por qué las revoluciones no se cuentan. Lenin y Fidel Castro los sabían, por eso nunca se contaron y se ahorraron las explicaciones.
MaduroA estas alturas, los gobernadores chavistas ya se vieron en el mapa de los resultados electorales del domingo, y saben que ahora son ellos los que enfrentaran la marea azul que se les viene encima.
A Nicolás Maduro solo queda desmontar la hegemonía, o al menos facilitar un proceso que luce hoy inevitable.
Todo sabemos que estos resultados son consecuencia de la debacle del modelo económico que Chávez empezó a crear desde 2005, que ya estaba haciendo aguas en 2012, pero la bomba le reventó a Maduro ANTES de la caída de los precios del petróleo.
Es y ha sido la economía. Las colas han asesinado a la revolución.
La gente sabe que el modelo económico chavista nos trajo a esto, los estudios de opinión han indicado claramente que la abrumadora mayoría (incluso lo que han votado ahora por el PSUV) no se tragan el cuento del guerra económica.
El socialismo del siglo XXI ha terminado haciendo más por reivindicar la iniciativa privada que Fedecámaras y Cedice.  No es casualidad que el empresario privado más emblemático de este país aparezca entre las figuras más valoradas, junto con Leopoldo López y Henrique Capriles, que no vienen precisamente de la extrema izquierda.
No estamos ante el fin del chavismo como movimiento, ni mucho menos. Pero si ante primer paso concreto en el desmontaje de la hegemonía institucional edificada por Hugo Chávez en sus años en el poder.

Pedro Benitez
@PedroBenitezF
Caracas - Venezuela