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viernes, 19 de junio de 2020

GABRIEL BORAGINA, EL IMPUESTO Y LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

Las sociedades antiguas estaban divididas en su mayoría en castas o clases sociales, y se impedía férreamente pasar de una casta a la otra y todo ello por disposición de las leyes dictadas por los gobernantes y no por los "ricos" en abstracto. Todo eso aseguraba a los líderes políticos el poder económico, impidiendo a las castas inferiores subir de peldaño. El nacimiento dentro de una determinada casta o clase determinaba toda la vida económicamente, y así, era posible de antemano saber quién viviría como rico y quien como pobre. Situaciones todas estas que recién terminan con el advenimiento del capitalismo en el siglo XVIII, primero en Inglaterra y luego en Europa y Estados Unidos.

"Contrariamente, existieron épocas en que los favorecidos de la fortuna y del favor del gobernante, estaban eximidos de costear los gastos de la administración pública, como un privilegio graciosamente otorgado por los autócratas y así, mientras la clase alta por privilegio, y la baja, por carencia de bienes, no contribuían a las cargas fiscales,, hete ahí que un sector generalmente pequeño de clase media, era el único que trabajaba empeñosamente para que el socio gratuito que poseía, el Estado, se quedara con la mayor parte del fruto de sus esfuerzos."[1]

Eran favorecidos de la fortuna, porque -primero- habían sido favorecidos del favoritismo del gobernante. En la cita se invierten "los términos de la ecuación". Pero ese privilegio que otorgaba el gobernante no era gratuito como parece presumir el autor. Toda prerrogativa siempre era concedida a cambio de otra cosa, y no por simples simpatías que podía haberlas, pero eran excepcionales.

Con todo, es cierto que existieron esas épocas, tal como sucede en la actual, sólo que la nobleza ha sido reemplazada por empresarios prebendarios y allegados al partido político al mando, que consiguen beneficios del poder de turno, aun así, son pocos. Pero nadie de salva de tributar, porque el gobierno tiene hoy más herramientas que ayer para conseguir que nadie escape al impuesto. Simplemente, el impuesto reviste actualmente formas tan variadas y diferentes a las que tenía en la antigüedad que la mayoría de las veces pasan inadvertidas. Pensemos, por ejemplo, en la inflación, el tributo -quizás- más letal de todos, al presente ampliamente utilizado por la mayoría de los gobiernos mundiales. Impuesto que no es nuevo, ya lo practicaban los gobiernos de la antigüedad, circunstancia que parece que el autor ignora.

Es cierto que en este momento hay una elite que no tributa (al menos directamente que no indirectamente) pero ella pertenece casi con exclusividad al elenco gobernante que -comparativamente- es muy reducida al resto de la población. Lo que ha cambiado es el tamaño de la mal llamada "clase media" que actualmente es mayor a la de las dos "clases" restantes ("alta" y "baja").

En el presente, el gobierno ("estado" para el autor) es socio gratuito de todas las "clases sociales", si es que puede hablarse de tal cosa como de "clase social", dado que en el capitalismo no existen "clases sociales" sino individuos.

"Este problema de hacer incidir la carga fiscal sobre el mayor número de habitantes, de modo que aquellos que más poseen afronten las mayores responsabilidades, pero sin excluir a los que poseen poco, constituye una de las ciencias más sutiles de las finanzas modernas y puede decirse que en ello radica la felicidad de los regímenes políticos y de sus habitantes."[2]

Un párrafo pletórico de ignorancia es el de arriba. Toda carga fiscal alcanza indefectiblemente a todos los que viven en el lugar donde la ley impositiva ha sido dictada, por lo tantas veces dicho: el impuesto descapitaliza, ataca el ahorro, desalienta la producción, reduce los salarios reales y -consiguientemente- aumenta la cuota de pobreza. Cuanto más se les quita a los que más poseen más pobres se vuelven los que nada poseen. Los que tienen poco podrán no pagar directamente, pero lo harán indirectamente vía un menor consumo, por un doble factor: el impuesto al aumentar los costos de producción, reducirá la oferta de bienes, además de mermar el poder adquisitivo de los salarios más bajos. El jurista ignorante de la economía no puede advertirlo. Sencillamente no lo ha estudiado. Y por ello, se limita a repetir el dogma socialista. Las finanzas "modernas" difieren poco de las antiguas en cuanto a sus métodos, y en cuanto a sus fines lar arcas estatales son infinitamente más ricas que las antiguas.

"Pero digamos que la distribución del impuesto no se limita a esto: a subvenir más o menos científica y cuerdamente las necesidades del Estado, sino que cumple una altísima función de equilibrio al tomar intervención, de una manera indirecta por cierto, en la distribución de la riqueza de los habitantes. Esta es quizá la misión trascendental que el legislador asume, restringiendo las excesivas utilidades de algunos en beneficio de todos, limitando a cierto máximo las posibilidades de beneficiarse integralmente con el producto de las especulaciones que cada persona asume según su capacidad, el monto de su fortuna, la cuantía de los negocios y hasta el factor del azar."[3]

Sigue el ignorante en economía haciendo, con absoluto desparpajo, exhibición de su ignorancia supina en temas económicos. No cuestiona el impuesto sino su distribución, cuando el problema no es esta sino la existencia misma del tributo. Habla -otra vez- de "necesidades" del "estado" cuando ya demostramos antes que esto es un mito, o dos mitos en realidad; el primer mito es el "estado" como ente vivo y orgánico con "inteligencia" y "voluntad" propias (a lo que ahora le agrega "cordura"), y el segundo es que, algo que no existe en el mundo físico pueda tener "necesidades". Es decir, este autor construye frases en torno a una mitología.

Ignora, por tanto, que la distribución de la riqueza no es función del "estado" sino del mercado, y que es este y no el gobierno el que cumple dicha actividad equilibradamente, conforme a sus propias leyes económicas, que difieren de las leyes que dicta el burócrata.

[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

Gabriel Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina  
Argentina

lunes, 8 de febrero de 2016

VICENTE BRITO, LA RIQUEZA DEL ESTADO VENEZOLANO CONTRASTA CON LA POBREZA DE LOS VENEZOLANOS, RED POR LA DEFENSA AL TRABAJO, LA PROPIEDAD Y LA CONSTITUCIÓN

Es evidente que la mayor CAPACIDAD ECONOMICA de la NACION  está en manos del ESTADO. Esto cubre las distintas áreas comerciales y productivas que son del dominio público y se evidencia por el mayor número de empresas de su propiedad o bajo su control.

Esta inmensa RIQUEZA en manos del ESTADO contrasta con los niveles de POBREZA DE LA GRAN MAYORIA DE LOS VENEZOLANOS.

Nos referimos a las distintas empresas propiedad del ESTADO VENEZOLANO, que están presentes en todos los sectores de la vida económica nacional tales como: bancos, líneas aéreas, empresas eléctricas, hoteles, ferrys, telecomunicaciones, emisoras de radio, plantas de televisión, cemento, acero, aluminio, almacenadoras en silos, granjas avícolas, centrales azucareros, transporte, todo el complejo petrolero y petroquímico, salinas, procesadora de Cacao, fábricas de carros, autobuses y tractores, ferrocarriles, papeleras, metro, terminales portuarios, barcos, AlbaPesca y muchas más.

Se estima que el TOTAL del patrimonio público empresarial es de alrededor del 80% del VALOR TOTAL de las EMPRESAS NACIONALES. Siendo la proporción del valor de activos de 4 a 1 la relación entre PUBLICAS y PRIVADAS; lo cual nos indica que este porcentaje es el más alto del Continente, al compararlo con los demás países de la región en función de la relación porcentual de las empresas publicas existentes.

Esto ubica al ESTADO VENEZOLANO dentro de los 5 países del mundo que tienen el mayor grado de PROPIEDAD y CONTROL de su economía por ser el principal propietario de las EMPRESAS del país.

Se estima que ese patrimonio empresarial publico oscila entre los 400.000 y 600.000 millones de dólares, indicando que  el estado no es solo dueño del petróleo, oro, diamantes, demás minerales y otras riquezas naturales de la nación cuyo valor es de TRILLONES de $$$, sino que además lo es del inmenso número de empresas del cual es propietario, colocándolo como uno de los ESTADOS MAS RICO DEL MUNDO.

Esta realidad contrasta con los altos niveles de POBREZA que afecta a casi el 85% de las familias Venezolanas, al tomar el valor de la canasta alimentaria como referencia para los niveles de pobreza (estimamos alrededor de 7 salarios mínimos el valor de esa canasta) que consideramos como el ingreso mensual familiar para cubrir sus necesidades mínimas de alimento y gastos esenciales. La pobreza critica la estimamos en 45% (son aquellas familias con ingresos por debajo a 3 salarios mínimos al mes).

Consideramos que los programas públicos de distribución y venta de alimentos subsidiados ha descendido a un 20% del total del consumo nacional, bajando de un 35% que era el promedio en años anteriores y que resulta afectado por la baja de los ingresos en dólares por el precio del petróleo ya que estos alimentos vendidos en las cadenas públicas casi todos son importados.

Tomaremos como referencia el número de 5 personas por familia para nuestro estimado. Esto nos da un total de 6 millones de familias por los 30 millones de habitantes que vivimos en Venezuela.

Esta ecuación  nos indica que unos 25 millones de venezolanos están recibiendo ingresos mensuales insuficientes para cubrir sus necesidades mínimas de alimentación y gastos esenciales. Dentro de estos 25 millones unos 14 millones están ubicados en niveles de pobreza crítica con limitaciones y solo pueden adquirir el 65% de sus necesidades de alimentos y cubrir algunas de sus básicas.

Este grave contraste entre un ESTADO muy rico, propietario de nuestras riquezas naturales además de un gran complejo empresarial  y las FAMILIAS Venezolanas sometidas a graves limitaciones en cubrir sus necesidades esenciales y baja calidad de vida no se JUSTIFICA.

Lo preocupante es que parte de las empresas de ese inmenso complejo empresarial público están perdiendo dinero, ya que la capacidad productiva de ellas no logra niveles satisfactorios y menos generar recursos para cubrir sus gastos operativos y necesidades financieras.

Lo más angustioso es que sus necesidades adicionales de recursos los pagamos los venezolanos con dólares del petróleo, impuestos o inflación (generados por la cantidad de bolívares que imprime el Banco Central) para ser entregados a esas empresas como aportes para cubrir sus necesidades de dinero.

El dilema es que este complejo empresarial público ha estado afectado por ineficiencia, que causa limitaciones en el consumo cuando buena parte de esas empresas no alcanzan las metas de producción acorde con su capacidad instalada; consideramos esas graves fallas como responsable de los altos niveles de escasez y costo de vida. Dando como resultado las realidades que hoy vivimos todos los venezolanos.

Vicente Brito
vicent.brito@gmail.com
@vicentejbrito
Presidente

Red por la defensa al Trabajo, la Propiedad y la Constitución Vicente Brito