Mostrando entradas con la etiqueta SACRIFICIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SACRIFICIO. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de mayo de 2020

FERNANDO MIRES, LA ECONOMÍA DEL SACRIFICIO, POLÍTICA Y CULTURA

1.

Prefiero morir de covid-19 que de hambre. Al leer esa pancarta chilena sentí un escalofrío. Fue lema en las demostraciones de La Pintana y Puente Alto, dos comunas con predominio de personas de bajos ingresos. Allí el bicho picó fuerte. No obstante, pasado el efecto del impacto y observando con más detención al video, pude percibir que los manifestantes se expresaban más o menos con el mismo estilo, disposición y griterío de los llamados estallidos de octubre de 1919.

La pandemia es la continuación del estallido bajo otras formas habría dicho Clausewitz si hubiese sido chileno. Fuertes insultos en contra del presidente Piñera, rostros aparentemente iracundos, puños cerrados y en alto, todo en modo comunacho.

La pancarta te ponía entre dos alternativas: o te mueres contaminado o de hambre. En el fondo, nada original. A los chilenos gusta la palabra muerte. No por casualidad somos el país con más alta tasa de suicidios del continente (en algo hay que distinguirse pues). Sobre todo si la muerte anda rondando y no deja otra alternativa que vencer o morir. O tú me das lo que te exijo, o me muero. Dilema muy irreal por lo demás.

Entre morir de hambre o de covid 19 hay una paleta de posibilidades. Por otra parte, no hay seguridad de que todos estén convencidos de que entre morir de modo coronario a de raquitismo hay que elegir lo primero. Porque eso de perecer intubado o agonizar boca abajo es una tortura dantesca, por no decir pinochetista. En esas condiciones quizás algunos prefieran morir de hambre. No había razón entonces para impactarse tanto con la pancarta. Pero de pegar, pega. Y pega duro.

Continuando con el video pude darme cuenta que no todos los manifestantes protestaban por la mala distribución de alimentos. Otros lo hacían en contra del paro de la producción y del comercio, del cierre de fabricas y de los consecuentes despidos ocupacionales. Y por supuesto, no faltaban los que simplemente protestaban en contra de las medidas de protección. En fin, como habría dicho Ernesto Laclau, un compendio de demandas inequivalentes articuladas bajo un significante vacío. El significante vacío es ese odio (sí, odio) que despierta Piñera entre distintos sectores de la sociedad chilena (no sólo entre los más pobres)

No es el lugar para causalizar ese odio. O porque es millonario, o porque todo lo que dice le sale mal (en tono falsete), o porque es pesado de sangre, o qué se yo. El hecho es que ni entre los suyos es querido o por lo menos, respetado. Su autoridad, cuando la ejerce, deviene del cargo, no de su persona. En fin, la manifestación chilena no parecía ser sino una clásica reacción tercermundista donde las adhesiones personales suelen ser más fuertes que las políticas o las ideológicas, en un país también tercermundista que durante un tiempo padeció de ínfulas primermundistas.

¿O no? Tal vez no. Parece que no es todo así.

2.

Una impresión diferente obtuve cuando llegó el momento de observar las reacciones públicas que han despertado en Alemania las medidas de protección recomendadas por el gobierno de Ángela Merkel. Un gobierno que a escala mundial figura como modelo de sabiduría y prudencia, sobre todo si es comparado con el de mandatarios como Johnson en Inglaterra o Sánchez en España. O con Trump, quien al intentar minimizar la grave enfermedad solo puede encontrar su parangón en el irresponsable Jair Bolsonaro.

Cierto es que la mayoría de los ciudadanos alemanes han seguido las instrucciones del gobierno con disciplina. Pero a la vez, aunque parezca sorprendente, en pocos países es posible computar tantas protestas masivas en contra del gobierno. Una paradoja. Aunque la explicación no es tan compleja. En Alemania, los dos extremos, los protofascistas de Afd (Alternativa por Alemania) y Die Linke (la izquierda) han llegado a un acuerdo tácito (no explícito): protestar en conjunto en contra de Merkel.

Las imágenes televisivas hay que tomarlas en serio. En Berlín y otras ciudades los manifestantes suman miles. Difícil es saber quienes son de extrema izquierda y quienes de extrema derecha. Si se diferencian en algo es por la indumentaria. Los de derecha prefieren colores oscuros, los de izquierda, más bien chillones. Pero los gritos son los mismos. Pocas veces la conocida frase “los extremos se tocan” ha alcanzado mayor verosimilitud pues los manifestantes, desafiando a la regla de la distancia física, se “tocan” de verdad.

Algunas pancartas son ingeniosas y hasta sorprendentes: “Devuélvannos la libertad” “Me han robado mi primavera”. Otras son radicales: “Vivimos bajo la dictadura de los virólogos” hasta llegar a las conspirativas: “Covid-19 es una invención de Bill Gates” y otras parecidas. Todo eso podría pasar al ítem de los acontecimientos exóticos que ha originado la pandemia. No obstante, la impresión es que los manifestantes expresan un malestar muy difundido. Esos grupos no han inventado ese malestar, pero sí intentan, a su manera, politizarlo. Y, gracias a la inmensa – y sospechosa- cobertura de la prensa, lo están consiguiendo.

En pocas palabras, lo que ambos extremos de la política alemana han captado, es la dimensión social de la crisis pandémica. Una muy heterogénea. Desde las familias que no se soportan en sus departamentos, pasando por quienes ven sus puestos de trabajo amenazados, hasta llegar a los grandes comerciantes, a la industrias gastronómicas y turísticas y a los cientos de ramas empresariales sometidas a receso temporario.

Dicho sin el patetismo de los manifestantes chilenos, son cada vez más los ciudadanos alemanes que prefieren arriesgar y enfermarse con el virus a tener que soportar la inseguridad de un descenso social, las inevitables desventajas económicas, las desocupaciones masivas, o simplemente, cambiar de modo de vida. La presión ejercida en contra de Merkel es enorme.

Merkel no da su brazo a torcer. Está cien por ciento convencida de que un relajo en las medidas impuestas puede llevar a una segunda ola pandémica. Ha dicho que más vale esperar unas semanas. Pero no puede pasar por alto el carácter federal de la nación. Al fin, confiando en la inteligencia de los ministros presidentes, ha cedido a ellos la toma de iniciativas destinadas a controlar los efectos de la crisis.

Todo parecía marchar bien, hasta que estalló la rebelión de Ramalow, en Turingia

Bodo Ramalow, miembro de la Linke, ministro-presidente gracias a votos socialcristianos, puso la nota alta. Decidió suprimir todas las medidas de protección, conservando solo una, el uso de la mascarilla, vale decir, la que se encuentra en un muy tercero lugar después de la distancia física y del lavado de manos.

El oportunista ministro-presidente pensó seguramente que había llegado su momento de gloria. De hecho, con su desobediencia – no solo a Merkel sino al consenso establecido por los demás ministros-presidentes - perseguía tres propósitos. Primero, conquistar adhesiones en el creciente público que prefiere enfermarse a cambiar su modo de vida (sobre todo las vacaciones que para muchos son sagradas) Segundo, hacer una zancadilla a Merkel y lesionar su imagen de líder europea en contra de la pandemia. Y tercero, el más decisivo, recibir el apoyo de los principales grupos económicos de Turingia ¡Qué mejor!

3.

La gran mayoría de los gobiernos regionales y de los partidos políticos, con excepción de AfD, se pronunció en contra de Ramalow quien hubo de pasar a la defensiva aduciendo haber sido “mal interpretado” (imposible, fue demasiado claro). Sin embargo, Ramalow no puede cantar derrota. Lentamente los gobiernos regionales comienzan a hacer suya, en contra de la opinión de Merkel y de los institutos de virología, la tesis de Ramalow, pero expresada de modo más civilizado. La tesis dice así: la desescalización se irá realizando paso a paso, en tanto no aumente el número de contagiados. Suena bien. Pero hay un detalle: ¿qué quiere decir “no aumente”? Ahí esta el problema: No quiere decir que la curva baje sino que se mantenga “aplanada” y eso a su vez quiere decir, en la medida de que el número de personas contagiadas y muertas, que de hecho es muy alto, no siga subiendo. En claro idioma: la pronta estabilización de la economía pasa por aceptar una cantidad “razonable” de muertos.

Frente a la crisis pandémica hay dos alternativas. Una es la del gobierno Merkel: prolongar las medidas restrictivas hasta que el peligro de contagio sea reducido al mínimo. La otra es la de la economía: mantener un equilibrio entre la curva de ascenso de la mortalidad y la curva de crecimiento económico. Esa es la posición que en estos momentos prevalece. La recuperación inmediata de la economía pasa inevitablemente por el sacrificio de vidas humanas, sobre todo la de personas debilitadas por enfermedades crónicas, no todos ancianos. Como dijo con brutalidad un alcalde del Partido Verde: “Al fin y al cabo. los viejos van a morir pronto”. Su brutalidad le costó el puesto, pero todos sabemos que si bien pocos se atreven a decirlo públicamente, esa es la opinión de gan parte de la ciudadanía.

Entre la pancarta chilena “prefiero morir de covid-19 a morir de hambre” y la tesis predominante en la política y en la economía alemana, “preferimos una determinada cantidad de personas muertas a tener que bajar nuestro nivel de vida”, hay una innegable relación de parentezco. Ambas ponen la razón económica por sobre la razón de la vida. La economía de nuestro tiempo continúa siendo sacrificial.

He escrito “continúa”, y me explico: en estos días pandémicos he estado leyendo los libros de Yubal Harari. En su magnífico Sapiens, Harari hace una detallada descripción de la economía de los pueblos cazadores-recolectores. Tanto en la caza como en la recolección, los seres discapacitados, los viejos y los heridos, eran un obstáculo y por eso mismo debían ser sacrificados. Ahora bien, la crisis pandémica ha demostrado que si bien ya no somos recolectores ni cazadores, la lógica económica de nuestro tiempo no está tan alejada de la de nuestros antepasados más originarios. En situaciones límites la sociedad moderna, pese a todos los adelantos tecnológicos y digitales, vuelve a sus inicios sacrificiales. Probablemente tenía razón Nietzsche cuando afirmó que el humano todavía no ha salido de su pre-historia.

Lo aquí escrito – entiéndase bien – no debe ser tomado como crítica, ni social ni cultural. Es solo una constatación. Nada más.

Fernando Mires
mires.fernando5@gmail.com
@FernandoMires1
Alemania-Chile
https://polisfmires.blogspot.com/2020/05/fernando-mires-la-economia-del.html

jueves, 25 de abril de 2019

ORLANDO VIERA-BLANCO, ES VENEZUELA HIJO: ¡ENTIENDELE!

«El sacrificio de la mujer venezolana por estos días es gigantesco. Le ha tocado sobrevivir y cuidar a su familia en un país devastado. Es sumarle a la soledad y desarraigo, la indignación.»

Llegué a casa [en el exterior] que no es mi hogar. Uno de los destinos que abrigan esa palabra complicada:Tránsito, de paso, temporal. ¿Hasta cuando tanta transitoriedad? Un episodio me alegró y estremeció la vida. Mamá y papá habían decidido venir a casa a pasar Semana Santa. Al menos podía amanecer en transitoriedad(solo estaría 48 horas en casa), disfrutando su compañía y un café único: el que prepara mamá…

LA PROCESIÓN VA POR DENTRO

Son las 5:30 am. Siento el aroma a café Caraqueño. Es mamá que desde hace media hora está en la cocina colando el culto milagroso. Su proceso es clásico. No el café instantáneo sino con greca y leche evaporada. Me voy directo a la cocina. Mamá está ahí como lo ha estado desde que nací. Encarando el amanecer. De pronto va al cuarto al lado de la cocina. Mientras hierve el café, va a chequear a papá quien sufre un párkinson espástico avanzado…Llego a la habitación y la veo contemplando a papá. Parada, de brazos cruzados, cabeza gacha, mirada dulce a medio camino entre llorar y reír. Lágrimas que contiene, al ver a quien fue siempre un roble ahora con sus ramas lánguidas y dobladas. Risa que aflora, porque aún vive, reconoce y habla.

-¿Qué haces mamá? Pregunto. «Ya te estoy preparando tu café», responde como si se tratara de una orden-sic-!que no lo es!. ”Vine a ponerle un poco de música a tu papá» Boleros tocados a Piano por el prodigioso Cubano de Cien Fuegos, Enrique Chía [Otro talento en el exilio con Cuba en su corazón]. ¡Cuanta alegoría! “A él le gustan porque los murmura, ahora con menos voz y oído. Le veo acostado [a mi padre] y me quedo como mamá. A medio camino, entre reír y llorar. Muy delgado, mirada voluntariosa entre fatiga, olvido y vejez. Me ve y me dice bromeando: “¡Excelentísimo, dios te bendiga!”. Cuanta alegría recibir al menos unas gotas de lucidez y buen humor. “Como están todos; Gabi, las niñas, los niños. ¿Cómo ves al muchacho [Guaidó] y Venezuela?» Le respondo: ¡Vamos muy bien padre! Pero tú: ¿Cómo vas?. «Bueno paseando como la manzana: de la sala al comedor.”

De pronto quiere salir y tomar aire. Mamá de inmediato se inclina para sobreponerle. Está muy rígido. Poco mueve sus piernas. Traté de intervenir pero desconozco “la técnica”. No puedes jalarlo sopena de lesionarlo. Tiene su método. A pesar de estar delgado, pesa. Mamá con una destreza única, lo incorpora. ¿De dónde una mujer tan frágil y pequeña con más de siete décadas a cuesta, saca fuerza y destreza para vencer aquella inmovilización? Pues no puede venir de otro lugar que de un amor inmenso e infinito que confiere el poder de Goliat a quien parece un colibrí […] El café anuncia que está a tono. Sale rápidamente de la habitación. Dice que sostenga a papá que va por el café. No tarda más de 5 minutos y regresa con dos tazas. La otra es para papá. Le da un sorbo, le termina de levantar, y se lo lleva a dar una vuela. Hábilmente, trepidante, heroicamente. No pude tomarme el café. Me senté desplomado en la cama y pensé: Venezuela, un matriarcado de linaje imbatible, no merece otro desenlace que la misma nobleza materna y poderosa que nos distingue. Es hora de sanear un país que intitula tanta historia de libertad y honor. Es hora…

NUESTRA MUJERES SON ÚNICAS

El sacrifico de la mujer venezolana por estos días es gigantesco. Le ha tocado sobrevivir y cuidar de su familia en un país devastado. Es sumarle a la soledad, desesperanza y desarraigo, la indignación. Pero no se permiten ni llorar ni ser consoladas. Su misión es dar alegría, paz y vida aún a cuenta de la propia. ¡Cuando sentido de honestidad, de entrega, de lealtad! Es la denominada justicia de vientre materno. !Imbatible!

No he visto en nuestra mujeres expresión de derrota. Pueden estar cansadas pero no capitulan. Tampoco recuerdo queja que no venga acompañada de una sabia reflexión…Siendo un niño de 7 años caí de un árbol tratando de salvar un gato de meses que no sabía como bajar. En el intento de llegarle la rama colapsó y caí torpe al cemento. Recibí un fuerte golpe en la espalda que asustó a mi padre como a todo médico cuando el paciente es él o un familiar. También se enfadó por “la travesura” cuya razón desconocía. Mamá en silencio sólo dijo cuatro sabias palabras: ”Es tu hijo. Entiéndele…»

(…) Mamá llegó «del paseo» [10 minutos] de vuelta con papá. Aún no había probado el café. Estaba pensativo, triste. ¿Por qué nos tocó vivir tanta separación en momentos que demanda necesitamos tanta unión? ¿Por qué aún no alcanzamos el derecho a vivir o morir en nuestros en nuestro jardín? Ayudo a acostar a papá nuevamente. Ella sonrió. Es que nuestras madres en los momentos más difíciles, no tienen nada más para sus hijos y para la vida, que una sonrisa, una palabra de aliento y un dios te bendiga. Le dije: ¡Mamá llevas muy consentido a papá. ¡Le haces todo! Y me respondió con sus cuatro sabias palabras: Es tu papá. Entiéndele…

Así son mujeres: únicas. Mujeres santas de tierra de gracia. Mujeres abnegadas, madres de la decencia, de la bondad y el amor. Con ese linaje y con esa majestuosa huella perenne ¿quién pierde la esperanza, la fuerza y el espíritu de lucha?.

Cuando dije a mi madre que a veces me siento un poco cansado y ansioso, ya todos sabéis que me respondió… «Es Venezuela hijo. Entiéndele…» Y no es una orden…

Orlando Viera-Blanco
@ovierablanco 
Embajador de Venezuela en Canadá