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domingo, 15 de marzo de 2020

THAYS PEÑALVER: LA VENEZUELA DE BERNIE SANDERS

Bernie Sanders espera que en 2020 su mensaje progresivo haya calado tan profundamente que el Partido Demócrata esté listo para convertirlo en su nuevo líder. BY LINDSAY CLAIBORN | META VIERS | JOSE SEPULVEDA

El senador Bernie Sanders ha encendido todas las alarmas en Venezuela con su defensa pública al régimen de Castro con su frase: “es injusto decir simplemente que todo está mal” y más aún cuando frente a Alan Gross un prisionero estadounidense, que había perdido sus dientes agredido físicamente y torturado le dijo: “no se que malo tiene este país”.

Por eso el régimen de Caracas que ya ha logrado sobrevivir al embate mediático de Trump y sorteado las sanciones al mejor estilo cubano, llega al final de este mandato estadounidense necesitando desesperadamente que el presidente Trump pierda contra Sanders, pues necesitan esa mentalidad en el Despacho Oval.

Ahora bien cuando me refiero a mentalidad, no quiero proponer que se trate de un comunista que no le parece malo el modelo cubano, sino porque el régimen chavista tiene en el discurso de Sanders una gran oportunidad, basada en la cantidad de coincidencias con el modelo de pensamiento propuesto por Hugo Chávez.

Si analizamos por ejemplo, el “Discurso: sobre la codicia de las grandes empresas y el declive de la clase media” de Sanders, nos encontramos de frente con las mismas propuestas que cimentaron al chavismo, comenzando por la capitalización de las frustraciones que en aquel momento —1998— sufría la clase media, pasando por la explotación sistemática de los fundamentos de la lucha de clases, para finalmente proponer el cambio radical del sistema como único medio posible de solución. Una oferta convertida en trampa en la que las sociedades frustradas y manipuladas caen de manera irremediable.

Observamos que está pasando anímicamente lo mismo que con Venezuela de los años noventa aún cuando la clase media estadounidense objetivamente no se encuentra en declive sino progresando, está económicamente más cómoda que en el pasado y sus ingresos son superiores a los de todas las décadas —de acuerdo al Censo—, pero en una sociedad moderna y mucho más compleja que en el siglo pasado, no significa que una parte importante no se encuentre sumamente frustrada por las expectativas no alcanzadas. Y eso fue lo que supo explotar el chavismo como motor generador de cambios, antidemocráticos pero cambios al fin.

Para el chavismo es emocionante escuchar un discurso que explique que los estadounidenses viven en “una economía obscenamente corrupta, concebida por las personas más ricas de este país, para beneficiarse a sí mismas a costa del resto de la población” y aplauden a rabiar estas coincidencias: que no deberían existir los ricos o el famoso “ser rico es malo”.

'Sanders siempre ha sido de extrema izquierda, nunca ha sido demócrata' dice analista político demócrata

Hector Caraballo, fundador del Cuban American Democratic Club, dijo en una entrevista con el Nuevo Herald que las posiciones de Bernie Sanders siempre han sido favorables a los regímenes autoritarios, comunistas, de América Latina. BY ESTHER PICCOLINO

Pero ni Chávez, ni Sanders tenían razón. Ni la economía era obscenamente corrupta, ni mucho menos había sido concebida por las personas más ricas. Pero mientras los fundamentos de la lucha de clases estén presentes en el discurso político, no hay nada que se pueda hacer, porque desde el manifiesto comunista, siempre ha calado en las angustiadas clases trabajadoras.

De hecho lo que sí es obscenamente corrupto es el pensamiento chavista que se traduciría en Estados Unidos en que un granjero de Omaha tenga que trabajar 24 horas partiéndose la espalda, para pagar impuestos que sostengan a dos o tres citadinos que no están dispuestos a trabajar. Lo que es obscenamente corrupto es que el héroe del trabajo solo cuenta como un voto desechable en la mentalidad chavista.

Pero el chavismo sabe que nadie le pone rostros al granjero y a los citadinos, así como tampoco tienen rostro “los más ricos” que se enriquecen, según la propaganda socialista, “a costa de los más pobres”.

Ahora bien, el asunto cambia porque a nadie se le pasa por la mente que Bill Gates, Jeff Bezos, Warren Buffet o Mark Zuckeberg se reúnan a aplaudir como vampiros después de beber la sangre de los pobres, pero lamentablemente los políticos educan de esta forma y generalmente lo hacen así.

Lo que nos lleva a las supuestas maravillas forjadas por Castro a su pueblo. ¿Por qué es una defensa? La alfabetización masiva de Cuba comenzó cuando Fidel era apenas un bebé, el propio Fidel lo reconoció cuando explicó que el 77% de la población ya no era analfabeta cuando llegó la revolución y apenas el 23% restante fue localizado y alfabetizado durante años, dejando a más de 250,000 que quedaron analfabetos. La verdad es que más allá de la propaganda comunista, el castrismo la tuvo más fácil y le costó la misma cantidad de años erradicarla, que al resto de América Latina.

Pero lo que el chavismo o el senador Sanders no explican hoy ni jamás reconocerán, es que países como Chile o Costa Rica por ejemplo, además de alfabetizar lograron tener los sistemas educativos más avanzados —verdaderamente auditados— así como excelentes sistemas de salud y seguridad social. De paso habría que añadir que hoy pueden dar cuenta de tener los mejores récords de inversión, exportación, empleo formal, distribución de la renta y contar con los mejores sueldos mínimos de Latinoamérica. Pero a ellos más les vale un castrismo alfabetizador, que un demócrata que trae prosperidad.

Chile o Costa Rica son el granjero de Omaha, los verdaderos héroes a los que Sanders debería referirse, porque lograron muchísimo más que Castro pero en democracia y con libertades.

Y es precisamente ese pensamiento el que da miedo a los venezolanos, que los cubanos no hayan tenido derecho a la prosperidad, ni a la libertad, ni a un trabajo formal y bien remunerado, pero deben estar obligados a vivir agradecidos con el tirano por solo saber leer y escribir y que no se mueran en las calles. Esto al parecer para algunos políticos, académicos y socialistas del primer mundo, es lo que nos merecemos en Venezuela y en Latinoamérica

Lo bueno es que gracias a la libertad y el poder del voto, el estado de Florida tiene siempre la última palabra.

Thays Peñalver
thays.penalver@me.com
@thayspenalver

Abogada, escritora y columnista. Autora de “La conspiración de los 12 golpes”, un libro que desnuda la realidad de las Fuerzas Armadas de Venezuela y al mito de Hugo Chávez Frías.  

jueves, 17 de diciembre de 2015

HÉCTOR DE LIMA, LA DERROTA DEL SOCIALISMO SIGLO XXI

Existen dos eventos históricos que se asemejan en el tiempo: la masiva votación a favor de Chávez el domingo 6 de diciembre de 1998  y la extraordinaria votación del pueblo el domingo 6 de diciembre del 2015.

Los dirigentes de la cuarta república en aquel entonces, nunca hicieron un análisis autocrítico sobre lo que realmente había acontecido. Igual que hoy, culparon al pueblo, hablaron de resentidos, de ignorancia, y una sorda diatriba entre intereses de grupo con acusaciones de financiar la campaña de Chávez, dio origen a la expresión: “60% del pueblo votó por Chávez y el 40% restante se lo merecía”.
Nadie aceptó que esa masiva votación iba dirigida contra un modelo económico estatista, corrupto y excluyente, propugnado por los dos partidos del sistema, cuya diferencia programática era apenas semántica: socialistas cristianos y socialistas demócratas pero ambos se beneficiaban de las empresas del estado y  favorecían a sus grupos económicos en detrimento de las grandes mayorías venezolanas.
Si el oficialismo no supo administrar su derrota, el chavismo no estaba en capacidad de administrar su victoria. Acusaron a Carlos Andrés de neoliberal por sus esfuerzos de darle por primera vez a Venezuela, la oportunidad de experimentar un  sistema democrático de libre mercado, en una Venezuela que durante sesenta años no ha conocido lo que es eso. Con la ayuda de un barril a cien dólares y la chulería cubana, moldearon el estatismo que ya existía y lo llevaron al paroxismo frenético de ese raro injerto, denominado socialismo del siglo XXI.  Construyeron un cascarón de frases pomposas: “Ahora PDVSA es del pueblo”. Se hartaron de frases grandilocuentes, como corresponde a sus ejecutores militares, que acostumbran esconder sus complejos detrás del uniforme. Este estatismo militar tenía que buscar un enemigo (sin enemigos no hay militares) y arremetieron contra los productores nacionales, el sistema de libre empresa y contra todo empresario exitoso que produjera una libra de harina pan, una pasta dental o un pote de aceite. Ellos estaban en guerra contra la producción capitalista.
Como verdaderos Dráculas se abalanzaron contra las “santamarías” de los pequeños comerciantes y le negaron a todo el mundo las divisas que ellos guardaban celosamente en los bancos de Andorra y Suiza. El resultado de ese frenesí irracional, fueron las colas a orilla de los supermercados, la inflación y la escasez y el surgimiento de un nuevo marchante al que llamaron “bachaquero”. En este estado de cosas crearon la palabrita “guerra económica” y arremetieron contra el único cliente que pagaba su factura petrolera “el imperialismo”, tan denostado y visitado por los amigos chavistas encantados con Miami.
Maduro finalmente tenía su prospecto de guerra para salvar la revolución bolivariana continental, del colapso avizorado por las empresas encuestadoras, miró hacia la frontera de Colombia, hacia Guyana, hacia Fedecámaras, hacia la Polar y finalmente dijo que en caso extremo defendería su revolución en un “bunker” cívico militar, donde no volvería a construirle ni una sola casa a esos infelices desagradecidos. Pero sus bravuconadas no fueron compartidas por el resto de la tropa, que parece haberle dicho: “por allà fumea”, “el pueblo votó contra usted, acepte su derrota”.
Así llegamos al segundo evento histórico, LA DERROTA DEL CARTEL SIGLO XXI, que por coincidencia cayó en la misma fecha. Abrumadoramente el pueblo del 23 de Enero, Petare y las barriadas pobres, en un solo abrazo con los “escuálidos” que habían resistido durante 17 años, se presentaron decididos en los centros de votación y a pesar de los Tupamaros, las bandas de la Piedrita y los círculos armados, trajeron este nuevo amanecer donde el clamor principal es que quieren un cambio del perverso modelo económico que nos atormenta a todos. Hoy como ayer el clamor es el mismo.
La oposición debe facilitar, a través de leyes que permitan transformar el modelo estatista de desarrollo, por un modelo sustentable, nacionalista y democrático de libre empresa y libre mercado.
Las empresas básicas en poder del Estado y manejadas por la nomenclatura corrupta, deben ser nacionalizadas mediante la venta de acciones a todo el pueblo de Venezuela. Los bancos pueden financiar la compra para que ningún venezolano se quede sin su pedazo de propiedad. El dinero obtenido con la venta puede destinarse a reflotar esas empresas o para programas específicos de beneficio social. Entonces y solo entonces, si sería cierto que “Petróleos de Venezuela es del pueblo” como dicen los camiones que transportan gasolina
Hector De Lima
hectordelima@gmail.com
@venecolombo

Miami - Estados Unidos