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lunes, 14 de septiembre de 2020

LUIS FUENMAYOR TORO, LA VULNERABILIDAD DE VENEZUELA

Mientras menos desarrollado sea un país, mientras más atrasado, más vulnerable será a los efectos deletéreos de sus contradicciones internas, a las agresiones externas de distinto tipo y ante las apetencias de sus vecinos, si éstas existieren. Mayores serán también las limitaciones y el sufrimiento de su pueblo, expuesto a todo tipo de noxa y de riesgos, así como muy limitado en la satisfacción de sus necesidades básicas. Ésta ha sido nuestra historia, lejana y reciente, a pesar del heroísmo de nuestros líderes históricos, del trabajo y los sacrificios del pueblo y de las infinitas riquezas naturales existentes en nuestro territorio. Las mismas, paradójicamente, han aumentado la fragilidad nacional, al contribuir a generar una sensación de seguridad y control en las clases y grupos dirigentes, no cónsona con la realidad que se vive, ni propicia para la elaboración de programas de desarrollo a mediano y largo plazo.

Hoy, nuestra vulnerabilidad se agudiza alrededor, precisamente, de la carencia del recurso natural que tenemos en forma abundante y del cual hemos vivido en el último siglo. ¡Curioso! La misma riqueza natural, que desde hace cien años ha cimentado la transformación positiva de nuestras condiciones de vida, y de la cual poseemos en el subsuelo supuestamente las mayores reservas mundiales, es en la actualidad la que nos falta, la que necesitamos ingentemente, la que nos martiriza y la que doblega la férrea voluntad hegemónica del gobierno actual.

Dispusimos de petróleo en sumas ilimitadas y lo utilizamos como combustible libremente, para movernos y para exportarlo y, con su venta, para vivir cada vez mejor, a pesar de las iniquidades existentes. Algunos, considerados expertos y señalados como muy revolucionarios, mantuvieron un modelo que simplemente se dedicó a gastar lo que el comercio de este recurso nos daba, con la convicción de que era una riqueza ilimitada y que su precio jamás caería.

Revolucionarios que, contradictoriamente, nada nuevo significaron en la forma de administración del petróleo. Esta debe ser la única “revolución” en el mundo, que repite exactamente el mismo modo de explotación económica de la riqueza esencial del país, que practicaban sus derrotados enemigos. No hay en realidad ninguna diferencia esencial entre lo que se hizo en el pasado, desde Gómez hasta Caldera II, y lo que hicieron Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro. Todos se dedicaron a vender combustible fósil, sin pensar en su transformación en productos de mucho mayor valor agregado. Y, por favor, no me vengan a hablar de petroquímica, pues su desarrollo, iniciado acertadamente con anterioridad a 1958, nunca dejó de ser marginal a la producción de crudo. Tampoco me hablen de la meritocracia antinacional de Luis Giusti y compañía, que trabajaron más como accionistas de transnacionales petroleras, que lo eran y siguen siendo, que en función de los intereses venezolanos.

Lo cierto es que hoy, con PDVSA destruida, “mérito” que nadie le podrá quitar al gobierno “revolucionario”, las presiones estadounidenses se centran en 
impedirnos comprar el recurso que antes regalábamos. No producimos petróleo para poder defendernos de las sanciones. No producimos gasolina, pues todos los complejos refinadores están por el suelo, desde mucho, pero mucho antes de las sanciones. Somos vulnerables principalmente porque no generamos el recurso que antes producíamos sin mayores problemas. Somos vulnerables porque no desarrollamos aguas abajo y aguas arriba la industria petrolera. Somos vulnerables porque siempre tuvimos como meta la producción de más millones de barriles de crudo y más nada. Somos vulnerables porque no desarrollamos las ciencias y la tecnología necesarias para no serlo.

Esa es la verdad, aunque les duela a todos los responsables. Que involucra al pasado puntofijista, al presente pseudosocialista y pareciera involucrará también a los gobiernos futuros, a menos que asuman una conducta cualitativamente distinta, que no alcanzo a percibir en los discursos presentes.

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro
Caracas-Venezuela

jueves, 21 de abril de 2016

PEDRO A. PALMA, RESERVAS INTERNACIONALES Y VULNERABILIDAD

El 15 de abril pasado las reservas internacionales (RI) cerraron en 12,9 millardos de dólares, un nivel muy bajo que no se veía desde mediados de septiembre de 1998, cuando el BCV hizo frente a una fuerte salida de capitales ante las posibilidades cada vez más ciertas del triunfo de Chávez en las elecciones de diciembre de ese año, y el debilitamiento de los precios petroleros debido a la crisis de los países asiáticos, lo cual, combinado con una alta sobrevaluación cambiaria, generó una expectativa de una inminente devaluación. 

En esa oportunidad el instituto emisor decidió defender el bolívar, implementando una política monetaria muy restrictiva con el fin de limitar la disponibilidad de bolívares para comprar dólares, e incrementando la venta de divisas para atender la mayor demanda de moneda extranjera.  Eso hizo que, por una parte, las tasas de interés locales se dispararan a niveles muy elevados y, por la otra, que las RI  bajaran a 12,93 millardos de dólares. Ante esa situación, muchos de los que se habían endeudado en bolívares para comprar dólares con el fin de protegerse de la esperada devaluación, decidieron liquidar sus posiciones en moneda extranjera y cancelar sus deudas en bolívares, ahora altamente costosas, ante el convencimiento de que el BCV estaba decidido a no devaluar, para lo cual contaba con unas amplias reservas.

Dijimos ya que el nivel actual de RI es muy bajo, y de hecho es mucho menor que el existente en septiembre de 1998. Eso se debe a que un dólar de hoy compra mucho menos que uno de aquella época, por lo que, si tomamos en consideración el nivel de inflación de los EE. UU., las RI actuales equivalen a 8,9 millardos de  dólares de septiembre de 1998. Vale entonces que nos preguntemos por qué han bajado las reservas a esos niveles tan bajos, y qué implicaciones tiene eso para la economía.
Obviamente, la caída de los precios del petróleo que se ha materializado desde mediados de 2014 a esta parte es uno de los factores que ha causado aquella contracción de las RI, pero no es el único. La irresponsable decisión de forzar al BCV a transferir las mal llamadas “reservas excedentes” al Fonden con el fin de financiar gasto público, así como la de asignarle la responsabilidad de pagar parte de la contribución por altos precios petroleros, impuesta a Pdvsa, permitió que se dilapidaran más de 60 millardos de dólares de RI entre 2005 y 2014.  La abrupta contracción de los ingresos de divisas debido al desplome más reciente de los precios petroleros, combinado con el menguado nivel de RI, hizo que la disponibilidad de dólares para importar y para cubrir obligaciones externas fuera mucho menor que los niveles requeridos, produciéndose una escasez crítica de divisas. Ello, además de generar una mayor necesidad de financiamiento externo, ha producido una gran presión sobre las RI, haciendo que entre diciembre de 2014 y mediados de abril del presente año estas hayan bajado más de 9100 millones de dólares, lo cual equivale a una reducción de 41,6%. Las reservas de oro y la tenencia en Derechos Especiales de Giro (DEG) en el Fondo Monetario Internacional, son los componentes que mayor caída han sufrido, pasándose de una tenencia de más de 11,62 millones de onzas troy de oro en diciembre de 2014 a 8,81 millones a fines de 2015, una contracción de 24,3%, siendo muy probable que esa reducción haya continuado en lo que va del presente año. Por su parte, la tenencia de DEG bajó casi 2,5 millardos de dólares en 2015, una caída de 75%.
Todo ello ha incrementado la vulnerabilidad de la economía, exponiéndola cada vez más  a la debilidad de los precios petroleros, sobre los que no tenemos capacidad de influencia, pero de los que dependemos de forma casi absoluta, pudiéndose decir que, en buena medida, ello se ha debido a la irresponsabilidad y falta de previsión del gobierno durante la última década.
Pedro Palma
palma.pa1@gmail.com
@palmapedroa

Caracas - Venezuela