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martes, 17 de marzo de 2020

BEATRIZ DE MAJO: PEKÍN Y WASHINGTON, DE TÚ A TÚ. CHINA HOY

Una vez que concluya el trágico episodio de la pandemia del Corona Virus, ¿a dónde irán a parar las ansias chinas de construir un nuevo orden internacional en el que el rumbo y el ritmo se establezcan desde Pekín? 

Nadie duda de que la economía del coloso asiático saldrá muy resentida de este capítulo sanitario y de salud pública que aún no  dominan totalmente pero que les ha permitido de nuevo alzarse como como líderes de sus vecinos asiáticos, a través de un tratamiento adecuado y temprano de la emergencia. A su rol de gendarme regional ahora viene a sumarse un éxito global evidente que otros países, no solo sus vecinos incluyendo a su rival hindú,  han tenido que emular en cuanto a su abordaje y al combate de su voracidad. 

Con asombro el mundo ha constatado como las muertes por contagio fueron disminuyendo a en la medida en que las autoridades lograban controlar la velocidad de contaminación gracias a un secuestro progresivo y programado de sus habitantes a lo ancho de la vastísima geografía del gigante chino. 

Así fue como ante los ojos del mundo, China, desde Pekín, consiguió demostrar que la vía para doblegar la contaminación del Virus Corona-19 era la contención de su propagación, mucho antes que abocarse al tratamiento médico o clínico de los enfermos.  Ahora lo emulan en todas partes: esa ha sido la estrategia española y la francesa-  la de la cuarentena- y van por buen camino.  Ese está  siendo el abordaje de Italia, con menos éxito  por la irreverencia ciudadana y será la de todos los países que se acerquen a Pekín en busca de cooperación y de experiencia relevante. Lo estamos viendo en Venezuela donde, por las malas, conseguirán la reclusión de la población – no necesariamente la erradicación del mal por su enclenque sistema hospitalario y la inexistencia total de medicinas- después de pedir el asesoramiento de sus socios estratégicos , los chinos.  

Pero estemos claros, la reclusión forzada de la ciudadanía no fue un acto de ejercicio democrático en el país asiático, muy por el contrario.  Las órdenes se impartieron desde lo alto del poder y no hubo miramientos frente a los transgresores de la directriz ni con respecto a la crítica interna. La población estuvo todo el tiempo amordazada y atemorizada por las sanciones impuestas. Pero resultó! 

No falta hoy quien aplauda esta manera autoritaria de abordar una crisis por el resultado alcanzado que, sin duda, está a ojos vista. Así pues, China se anotó un buen punto en cuanto a su liderazgo y su manera impositiva de reclamar la obediencia de su población. En este momento hacen algo inteligente: transmiten a su población un relato sobre la trascendental ayuda que están llevando a Italia y a España. 

 Los Estados Unidos, mientras tanto, se esfuerzan por ser exitoso en el otro extremo de la  cadena de contaminación, la que tiene que ver con una detección temprana de la presencia del virus a  nivel de los individuos que es lo que permitiría controlar su progresión durante la etapa silente de la enfermedad que resulta ser la más larga y la más perniciosa. 

Si los americanos lo logran, las dos potencias de nuevos reproducirán esta situación de tú a tú, esa batalla por la primacía en el liderazgo mundial con la cual mantienen ambos al planeta en vilo y dentro de la cada uno de los titanes consideran tener la clave de la gobernanza global.   

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1

sábado, 20 de abril de 2019

CARLOS ALBERTO MONTANER, LAS RAZONES DE WASHINGTON


Cuba está detrás del horror venezolano. La Isla aprendió de los soviéticos el arte de controlar a una sociedad, aunque el 80% de las personas se opongan al sistema impuesto. Basta el 0.5% de la población adscrito a la contrainteligencia, para conseguir la sumisión del conjunto.

La gente obedece por temor, no por amor, y mucho menos por razones ideológicas. En Cuba y en Venezuela, como en todo el ámbito del socialismo del siglo XXI, del que solamente quedan Bolivia y Nicaragua, apenas existe un puñado de descerebrados que se crean las consignas marxistas-leninistas. 

Pero el problema no es ése. Al fin y al cabo, no es la primera vez que una isla pequeña controla a una nación mucho mayor, más poblada y rica. Esa es la historia del Reino Unido y la India. El problema es a lo que se dedica la colonia, más allá de ser explotada por la implacable metrópolis cubana.

La jefatura militar venezolana, encabezada por Nicolás Maduro, el títere elegido por La Habana, se dedica, primordialmente, al narcotráfico. De ese turbio negocio obtiene miles de millones de dólares. Mas ahí no terminan los compromisos venezolanos con el delito. Les prestan apoyo a los terroristas islamistas, a Irán y a todo aquel que diga estar contra Occidente. Es la manera que tienen de dignificar sus actividades delictivas. Las cubren con un manto ideológico “antiimperialista” de izquierda. 

Eso es lo que piensan John Bolton, Mike Pompeo, Elliott Abrams y los cubano-americanos Marcos Rubio y Mauricio Claver-Carone. Nunca había habido una unidad de criterio tan consolidada en Washington. Todos saben lo que ocurre en Venezuela y no ignoran la importancia de Cuba como el poder detrás del trono.  

El problema es cómo enfrentarse a ese peligro. Han llegado hasta solicitarle a Raúl Castro que abandone su presa venezolana. Parece que ése era el mensaje que llevaba el príncipe Charles en su sorprendente viaje a Cuba disfrazado de turista con su dulce Camila colgada del brazo. Es lo que Abrams les transmite a sus interlocutores de Cuba y Venezuela. 

Pero es inútil. Cuba está dispuesta a pelear hasta el último venezolano. Primero, porque lo necesita desde un punto de vista material. El sistema impuesto a los cubanos –el “Capitalismo Militar de Estado”- es absolutamente improductivo y requiere adosarse a otra nación para que los sostenga y mantenga. Y, segundo, porque durante 60 años les ha dado resultado para controlar el poder y saben que sus adversarios cambian o se cansan. Todo está en mantenerse firmes en la misma posición.

Ante estos hechos, John Bolton, Asesor de Seguridad de Donald Trump, el 17 de abril pasado, en Miami, reveló las medidas que USA adoptará contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, las tres naciones que hoy constituyen “el eje del mal”. 

Como se sabe, Estados Unidos ha optado por sanciones económicas incluidas en la Ley Helms-Burton aprobada durante la administración demócrata de Bill Clinton. Esa ley, promulgada por el Congreso y el Senado norteamericano, viene a decir que cualquier país que haga negocios con Cuba, en transacciones que involucren a las propiedades de estadounidenses, confiscadas por la revolución comunista, pudiera enfrentarse a represalias y a demandas ante los tribunales norteamericanos. 

Asimismo, limita las remesas y las visitas de los emigrantes cubanoamericanos a los niveles que tuvieron durante el gobierno de George W. Bush (hijo), e impone un periodo de seis meses sin atracar en Estados Unidos a los barcos que toquen previamente suelo cubano. Esa medida ya ha provocado el terror entre algunos armadores y la parálisis del tanquero “Despina Adrianna” en aguas venezolanas, originalmente destinado a Cuba.   

Realmente, esas son razonables medidas tácticas de mantenimiento de una semi hostilidad, pero no necesariamente conducen al fin de las dictaduras de Cuba y Venezuela. Si lo que se pretende es liquidar esos gobiernos enemigos de Estados Unidos, se impone el desarrollo de una estrategia, sometida a un calendario, para lograr esos fines antes de las elecciones del 2020, cuando pudieran cambiar las tornas. 

Para conseguir esos objetivos, es importante alinear a todos los factores esenciales, y eso sólo lo puede hacer Estados Unidos si habla en serio cuando afirma que se “reserva todas las cartas”. Ningún actor internacional de primer orden (Canadá, el Grupo de Lima, la Unión Europea, la OTAN) le negaría a Washington su respaldo para eliminar a unos Estados forajidos dedicados al narcotráfico y a las conspiraciones antidemocráticas, y seguramente colaborarían en el empeño. 

De lo contrario, si Washington opta por limitarse a enseñar los dientes y ser un “tigre de papel”, como teme y ha escrito Humberto Belli, el ensayista nicaragüense, no tiene sentido mortificar con más penurias a la sociedad cubana. En ese caso, Estados Unidos debe volver a la estrategia de contención: vigilancia, propaganda y denuncias precisas contra los transgresores de las leyes. Naturalmente, la pistola caribeña seguiría amenazando las cabezas de todos, como ha ocurrido a lo largo de seis décadas.  

Carlos Alberto Montaner
@CarlosAMontaner

jueves, 10 de enero de 2019

HEINZ DIETERICH, LA BATALLA DE CARACAS: WASHINGTON RETIRA A SU OPERADOR MADURO


1. La Batalla de Caracas: Una ofensiva general del Imperio, minuciosamente planeada, ha sellado el fin de la dictadura de Maduro-Cabello-Padrino López. Entendiendo a la estrategia como "el empleo de las batallas para conseguir el fin de la guerra" (Carl von Clausewitz), se evidencia el Plan de Operaciones de la Batalla por Caracas. Este prevé tres operaciones claves: las del cuatro, cinco y diez de enero y la penetración de las tres líneas de defensa preparadas por el Madurismo: la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el Tribunal Supremo y la ocupación de la calle. Tres "divisiones de tanques" encabezan el ataque: Guaidó y la Asamblea Nacional; el Grupo de Lima y la triada imperialista-sionista de Trump, su clon neofascista tropical Bolsonaro y el presidente del régimen de los "falsos positivos", Iván Duque. No está previsto ninguna negociación con Maduro y su camarilla. Lo que se espera de Maduro, en lenguaje de la Segunda Guerra Mundial, es el rendimiento incondicional (unconditional surrender). Ha cumplido su tarea de destruir la herencia del presidente Hugo Chávez y de la Patria Grande de Bolívar. Ahora, al igual que Pinochet después de destruir a las fuerzas progresistas de Chile, se convierte en un estorbo. A Pinochet se retiró con un plebiscito. Maduro y su camarilla sólo saldrán por la fuerza.

2. El Plan de Operaciones

La ofensiva final comenzó el viernes, cuatro de enero, con demandas ultimativas del "Grupo de Lima". De los trece países que forman el grupo, sólo México se abstuvo digna y correctamente de firmar la declaración respectiva. Los demás se pronunciaron por desconocer las elecciones presidenciales venezolanas de mayo 2018, no aceptar un nuevo mandato de Maduro y exigir la transferencia del poder ejecutivo a la Asamblea Nacional, controlada por la oposición (MUD). En términos de la Doctrina militar bolivariana, fue una acción de fuego de ablandamiento. El asalto principal a la plaza siguió el día siguiente. Juan Guaidó, el flamante presidente de la Asamblea Nacional (AN) y ejecutor político del Grupo de Lima, destruyó discursivamente toda la superestructura apócrifa creada por Maduro-Cabello para legitimar su régimen, y anunció la ruta de salida de Maduro. Es decir, la ruta de la toma del poder. Esta prevé cuatro pasos: 1. El reconocimiento, de que la AN es la única representación legal del país ante la comunidad internacional. 2. La entrega incondicional del poder de Maduro a la AN. 3. Formación de un gobierno provisional de transición y un presidente interino por la AN. 4. Convocatoria a elecciones libres.

3. Colapsan líneas de defensa maduristas

La primera línea de defensa madurista estaba montada en el Palacio Federal Legislativo. Este amaneció el 5 de enero controlado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y la Guardia Nacional. El plan gubernamental consistía en impedir la sesión de la Asamblea Nacional encabezada por Guaidó. Ante el madruguete del Grupo de Lima, el día anterior, y la presencia masiva de diplomáticos del imperialismo occidental, el régimen no se atrevió a ejecutar el plan orquestado. La Asamblea Nacional entró en funciones y declaró lo que equivalía a la de facto destitución de Maduro.

La segunda trinchera defensiva madurista es la juramentación de Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el diez de enero, ante la negativa de la Asamblea Nacional, de cumplir con el protocolo constitucional en la AN. No está claro, si el TSJ tendrá quorum o no para utilizar ese mecanismo previsto en la Constitución. Pero, de hecho, no importa, porque tal juramentación no será más que un acto de onanismo político de un gobierno prácticamente ya virtual, sin trascendencia real.

La última trinchera, dada a conocer por Diosdado Cabello el mismo sábado 5 de enero, es la instalación de campamentos bolivarianos en la capital, para controlar la calle en favor de Miraflores. Aunque esta medida funcionara, tendría sólo un efecto táctico real, no estratégico. Podría dilatar el desenlace final de la Batalla de Caracas. Pero, como sucedió con los "ejércitos fantasmas" (Geisterarmeen) de Hitler en la Batalla de Berlin, 1945, el fin de la guerra está decidido. Dada la correlación de fuerzas, el colapso de Berlin ante la ofensiva final de 2.5 millones de soldados soviéticos era inevitable. Tal como es inevitable el colapso del régimen fantasma madurista ante el asalto final de Washington.

4. La postguerra

La razón de toda guerra es la determinación del orden de post-guerra, por el vencedor. Siendo evidente quién será el vencedor del conflicto, está claro el Ordine Nuovo, que espera a Venezuela. Sus coordenadas son definidas por los neofascistas de Washington (Bolton, Pompeo), la mafia anti-cubana monroeista de Miami, el neofascista Jair Bolsonaro que "liberó a Brasil del Socialismo" y promete liberar al país de "marginales rojos" y las universidades "del marxismo", y el representante de la política de "falsos positivos", Iván Duque, bajo cuyo gobierno sigue impune el programa de asesinatos políticos contra opositores y activistas. Los dos tropicales, como es sabido, son arduos admiradores del criminal de guerra sionista Netanyahu.

5. La postguerra con Guaidó

Quiénes hoy día proponen apoyar incondicionalmente a Guaidó, no deben tener ilusiones sobre el futuro que representa: una combinación de los modelos de represión neofascista colombianos y brasileños, que es el patrón de dominación y explotación escogido para América Latina por Washington, en su competencia con China y Rusia. De ahí, que dejarle mano libre para que la Asamblea Nacional nombre autónomamente a un presidente interino y un consejo de transición, significa cambiar el cáncer llamado Maduro por el SIDA llamado MUD. Apoyar a Guaidó sin caer en las ilusiones y burradas propagandísticas de la democracia burguesa significa, reclamar las posiciones de poder y las personas que las van a ocupar, antes de pactar con él. Y, por supuesto, organizar las fuerzas capaces de garantizar estos acuerdos una vez que Maduro haya caído.

6. Corresponsabilidad de la izquierda oportunista

La gran derrota del progresismo en Venezuela se debe a varios factores, entre ellos, la falla de Hugo Chávez de construir un partido-movimiento nacional de vanguardia, la formación sistemática de cuadros de transformación y la reconversión del corrupto Estado burgués petrolero en un conductor nacional moderno y eficiente del Siglo 21. El oportunismo político nacional e internacional que se dedicó a aprovechar las prebendas del proceso, fue otro factor dañino. Los "discurseros" españoles de "Podemos", como J.C. Monedero, que cobró más de 400.000 Euros por sus trabajitos insignificantes; los intelectuales latinoamericanos que se llevaron el Premio Libertador de 150.000 dólares (sic), como el ecuatoriano Bolívar Echeverría, y cuyos trabajos no contribuyeron nada al futuro de la revolución; la intranscendente TeleSur y su "comentocrácia" incestuosa, así como los partidos, movimientos y gobiernos, que por ventajas materiales elogiaron el proceso o guardaron un silencio cómplice ante sus desviaciones --llamándolo "socialista" y "bolivariano"-- cuando desde el año 2009 ya no tenía estas características. No había, en resumen, un correctivo revolucionario, un correctivo de una auténtica Izquierda, que podía enfrentar a la derecha "bolivariana", que ya en el año mencionado había tomado el poder y corrompido el proceso. De esta manera, una Revolución separada de la verdad y de la razón crítica, estaba condenada a sucumbir. La troika Maduro-Cabello-Padrino López es la consecuencia lógica de este proceso, que ahora se repite con Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.

7. Maduro: agente del Imperialismo

Ante cualquier crítica de su desgobierno, Maduro calumnia a los críticos como "agentes del imperialismo". Pero, la verdad es que Washington no podría haber encontrado un mejor agente contrarrevolucionario para destruir la obra libertaria de Hugo Chávez, Lula, Fidel y Kirchner, que Nicolás Maduro Moros. De la Patria Grande, de la UNASUR, del ALBA, del Consejo de Defensa Suramericano, hoy día sólo quedan ruinas. Y la orgullosa Nación de Libertadores es una sombra de lo que fue, con un presidente que donó 500.000 dólares de todos los venezolanos a la inauguración de Donald Trump y ha enajenado el patrimonio del país al capital internacional.

Si hoy día el Imperio retira a su operador más eficiente del hemisferio, no es por diferencias políticas. ¡Es, porque ya no lo necesita!

Heinz Dieterich
Fuente: https://www.aporrea.org/tiburon/a274031.html

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